El Cafecito


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México, ¿por qué?, por Carlos Antonio Villa Guzmán

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Qué difícil entender cómo y por qué México, el país que proyectaba hacia el mundo la imagen de un lugar de gente sencilla, casi siempre sonriente y amable; de una nación cuyos mayores encantos surgían, precisamente, de esa cordialidad; ahora se haya convertido en un lugar de pesadilla, sangriento y terrible; un sitio sin justicia ni ley; poblado de criminales y gente sin escrúpulos que son la peor amenaza que puede existir para los que viven honradamente y en paz; un imperio de impunidad y corrupción.

Si bien la etapa de la Revolución y la menos conocida pero igualmente sangrienta Guerra Cristera, ya habían marcado ésta como una tierra de gente rebelde y atrevida; como auténticos domadores de miedos; salvajes para jugar con la muerte, casi hasta la brutalidad; el siglo veinte continuó viviéndose en contextos de estabilidad política suficiente como para alcanzar el desarrollo que, en cierto momento, ubicó a México como una de las naciones más prósperas de Latinoamérica.

Medio siglo después de esa efímera bonanza y ya adentrados en el siglo XXI, México, el que era “Casi el paraíso”, como lo definió Luis Spota, “el país amigo”, que proyectaba sus bondades hacia el extranjero, devino en el lugar de la muerte.

Si volteamos hacia atrás, para tratar de encontrar la bifurcación por donde desviamos el rumbo, los orígenes de lo que en unas décadas se convirtió en una frenética matanza de gente que no se sabe bien a bien por qué, ni cuántos desaparecen o mueren todos los días, hasta que se van descubriendo las fosas u otros rastros o testimonios que revelan la indescriptible situación que desvanece las esperanzas de la gente y causa miedo, nos encontraremos con los terribles días de 1968 en los que se escribió el asesinato masivo de Tlatelolco un 2 de octubre, así como las cruentas persecuciones y crímenes que siguieron a esa fecha, hasta llegar al Jueves de Corpus de 1971, con otro asesinato de estudiantes. Fueron centenares o millares de desaparecidos forzados a manos de integrantes de grupos paramilitares y policíacos, como la Dirección Federal de Seguridad, DFS. En ningún momento de la historia contemporánea el Estado dejó de utilizar la fuerza contra todo aquello que transgrediera sus fines. Lo mismo se reprimió siempre a huelguistas que a estudiantes o periodistas. Al nacer el PRI cuyos antecedentes habían sido el PRM y el PARM, instituyó la práctica de perseguir a los opositores, como sucedió el 7 de julio de 1952, un día después de las elecciones, cuando los seguidores de Miguel Henríquez Guzmán festejaban el triunfo sobre la candidatura de Adolfo Ruiz Cortines y fueron brutalmente reprimidos en la Alameda.

Aun así, la imagen de los gobernantes ante la opinión púbica mundial se mantenía intacta, mientras que en su propio país éstos no provocaron los niveles de desprecio que la gente siente hacia los actuales representantes del poder estatal: Luis Echeverría, acusado de crímenes contra industriales e igualmente reconocido como autoridad que dio la orden de las emboscadas contra las concentraciones de gente que se revolvía con estudiantes en mítines y marchas, vivió aislado el resto de su vida mas no por ello se ocultaba plenamente. De vez en cuando, concedía entrevistas o aparecía en lugares públicos. Jugó a ser socialista pero se dice que era agente de la CIA. “Arriba y adelante” fue el lema de campaña que se mantuvo durante su gobierno, sin embargo el país retrocedió en términos de equidad y justicia social, además se perdió el valor de 12.50 pesos que había mantenido el dólar por mucho tiempo. Echeverría modificó la Constitución para hacer que Carlos Biebrich pudiera asumir la gubernatura de Sonora, cuando este no tenía la edad requerida para ocupar el cargo. Transformó el Instituto Nacional de Protección a la Infancia (INPI) en los sistemas DIF y en su período se fundó lo que ahora es el INFONAVIT; creó también la Coordinadora Nacional de Subsistencias Populares, (CONASUPO) desaparecida al inicio de la etapa neoliberal. Aspiró a ser líder de lo que entonces se conocía como el Tercer Mundo, en la distribución geopolítica del planeta. Para ello se vinculó con jefes de Estado procedentes de varios continentes e impulsó un proyecto que no alcanzó a nacer plenamente: La Universidad del Tercer Mundo, con inspiración africana. La sede comenzó a operar en San Pancho, Nayarit, México. Fueron montadas unas enormes estructuras e instalaciones con pisos y muros de materiales naturales como cortezas de árbol, troncos de bambú, techos de palma atados con soga de ixtle, etcétera. Se impartían técnicas para la producción agrícola y elaboración de conservas, así como el aprovechamiento de recursos pesqueros, entre otros. Sin embargo fue sumamente efímero este sueño latinoamericano.

Como vemos, no hubo en esos años conflictos que remotamente se asemejen a los que se manifiestan en estos días. Por cierto, en 1968 los pobladores de San Miguel Canoa, en Puebla, acusaron de comunistas a unos trabajadores de la Universidad Autónoma de Puebla, UAP y los agredieron; dos de ellos murieron por linchamiento. Se han mantenido las rupturas ideológicas como parte de lo que arrastra o lleva a cuestas nuestro pasado, sólo que ahora se suma la vorágine del crimen organizado y lo que el Estado hace en torno a ello, que es bastante confuso, ambiguo, ya que va de un extremo a otro: para ciertos grupos o sujetos utiliza una fuerza y saña descomunal, en tanto que para otros actúa con evidente complacencia, como el caso del recientemente fugado Chapo Guzmán.

Ya podemos hablar de la guerra en México; la que se libra todos los días en diferentes lugares, con actores que igualmente varían de condición y problemática, pero que tienen una característica que los iguala: No quieren que el gobierno les imponga su voluntad. Para la gente que vive en constante inconformidad y lo manifiesta de alguna forma, organizada o no, el gobierno desparramó toda su credibilidad, no tiene absolutamente nada a favor como para ser digno depositario de su confianza. Para la mayoría de los que vivimos y trabajamos en este país, el actual gobierno de Peña Nieto ha fracasado. ¿Qué seguirá?

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO y doctor en Política y Gobierno por la Universidad Católica de Córdoba y en Administración Pública por la Universidad Complutense de Madrid. Es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


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¡Ayotzinapa! Un síntoma del fracaso de la distribución del goce mexicano, por Enrique Puente Gallangos

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Desde el discurso del psicoanálisis entendemos que la instauración de la Ley en el sujeto y en lo social, tiene que ver con la castración. Una castración que se instaura a través del otro y del lenguaje.

Respecto de lo social, esta Ley parte la escena de que lo real es imposible de nombrar, pero que está ahí, y se instaura en un escenario binario. Por un lado se instaura el campo de lo simbólico, por otro que es el mismo, se instaura el campo de lo imaginario, como consecuencia de la instauración del simbólico. El campo de lo simbólico es el campo de lo normativo, institucional, del Derecho. Jaques Lacan en el Seminario XX dice que “la esencia del derecho; distribuir el goce”. Se formula en ese momento una consigna universal ¡sólo podemos gozar dentro del Derecho!, castración que implica la construcción de una ficción estructurante, que nos aparta de la posibilidad de una relación armónica en lo social, que nos excluye de cualquier intento de compatibilidad entre del Derecho y del sujeto en sociedad. ¡Sólo podemos gozar dentro del Derecho! Tiene como pretensión ordenar, clasificar, medir, nombrar; limitar la conducta del Sujeto y las conductas sociales.

Generando la ilusión, el Imaginario del bien común, libertad, justicia, igualdad; es para todos, porque todos somos iguales. ¡Ayotzinapa! Como un síntoma del fracaso de la distribución del Goce Mexicano; dice algo: ¡Solo podemos gozar dentro del Derecho! Está dejando de ser una consigna universal, se ha forcluido un significante, solo podemos. Ahora la consigna es ¡gozar dentro del derecho!, lo que nos lleva plantearnos ¿Quiénes ya no podemos gozar? ¿Quiénes son los que ahora gozan?

La caída del muro de la Ley, de la norma, de la autoridad nos confunde. La caída del muro, es la caída del límite que distribuía el goce; está desapareciendo. Las clasificaciones, las medidas, los significados, la libertad, la justicia, la igualdad esta puesta a prueba; a juicio, al juicio de lo social. ¡Ayotzinapa! Es un síntoma, es un síntoma del fracaso de la distribución del Goce Mexicano; los límites entre gobernantes y gobernados no están más, los límites entre el cielo y el infierno, entre ángeles y demonios no están más: Hoy en México el presidente “light”, la tremenda corte y los 628 cínicos que integran el congreso de la Unión actúan sin límites. ¡Ayotzinapa! Es un síntoma de lo que está por venir a nivel Federal, Estatal, Municipal y Global. Desde lo global, los derechos humanos a la deriva; desde lo municipal, los grupos étnicos a la deriva; desde los Estatal los estudiantes a deriva; y desde lo Federal todos a la deriva: los ángeles, los demonios, los presuntos, los inocentes, los ciudadanos, los migrantes, los sicarios, los maestros, los que nos resistimos, los reprimidos, todos. Todos estamos expuestos al vacío, al riesgo.

Un Estado garantista de los derechos humanos, se perfila construir en México, iniciando no fortuitamente en la procuración y administración de justicia. Los nombrados “juicios orales”; apareciendo como un instrumento tecnológico y novedoso, en respuesta a una “sociedad del riesgo” Ulrich Beck. Pero desgraciadamente los “juicios orales” no aparecen como un fortalecimiento de la ficción jurídica no toda, sino como verdad toda y única, la del Código Penal. Una verdad plena y sin límites, ahora el nuevo Código Penal Federal promulgado por el presidente “light”. El sistema penal garantista no es más que un síntoma de lo que se repite, no es más que la repetición del “derecho penal del enemigo”, ese derecho penal del enemigo que no es más que la repetición de la “sagrada congregación del santo oficio”. Terrorista es todo aquel sujeto, que no esté de acuerdo con el presidente “light”, que es estudiante, que lea y que asumiendo una actitud neurótica se resista y avance organizadamente por las calles, gritando demandas, demandas de una barrera que limite el goce, democracia, legitimidad. Los síntomas seguirán apareciendo y desapareciendo; 43 estudiantes desaparecidos, 11 terroristas aparecen consignados por gritar como neuróticos el pasado 20 de Noviembre en el Distrito Federal, se suman a larga lista de desaparecidos. ¡Ayotzinapa!, ¡Los 11 del 20 de Noviembre! *

*Indica lo que está por ser nombrado, y que es parte de los síntomas del fracaso de la distribución del goce mexicano.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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La mujer maltratada, por Lot Gamboa

La mujer maltratada es un grupo minoritario que ha sido sistemáticamente discriminado, ignorado y explotado por la sociedad. Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada.”, existen muchos tipos de maltratos pero los que considera la ONU son los derivados de la violencia de pareja y la violencia sexual.

Históricamente la mujer ha estado subordinada al varón, “Al menos una de cada tres mujeres en el mundo ha padecido a lo largo de su vida un acto de violencia de género (maltrato, violación, abuso, acoso,…) Desde diversos organismos internacionales se ha resaltado que este tipo de violencia es la primera causa de muerte o invalidez para las mujeres entre 15 y 44 años”. (Osborne, R., Apuntes sobre la violencia de género, Ediciones Bellaterra, 2009)

Muchos de estos problemas de maltrato se derivan de la cultura de los pueblos, de las actitudes de la población en este caso no sólo de las personas que ejercen directamente el maltrato, sino de todos incluyendo las mujeres maltratadas que no denuncian.

Este grupo vulnerable se encuentra en un abandono socio-político, aunque se han hecho esfuerzos por ejemplo: Las Naciones Unidas  en 1993, ratificó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer,  y en 1999 aprobó declarar el 25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Existe una percepción casi general  en los países latinoamericanos, sobre la identidad de las mujeres, desde los diferentes ámbitos en los que se desarrolla y a través de la historia, como niña, joven, adulta o vieja y los medios de comunicación influyen para la construcción y afirmación de esa identidad, que es general es de sumisión y subordinación al hombre, dedicada al espacio doméstico y con un género simbólico asignado socialmente, y se han instituido identidades tradicionales: de niña, con sus vestidos rosas y sus moños y cintas en el cabello. La joven preocupada por la moda y estar al día, cuidando una jerga que la televisión y las revistas que la han convertido en una grande consumidora, etc.

El techo de cristal más visible en el desarrollo de  cualquier mujer es sin duda en tener que esforzarse más que un hombre en la vida política y económica, y el pago de algunos costos  por ese deseo.

Considerando lo que explica Fernández (Fernández, P., Representaciones sociales y paradigmas, 2012) y haciendo un analogía con la mujer maltratada se puede decir que: La mujer maltratada  es un colectivo “colonizado” por una cultura dominante, los varones, que impone sus criterios y define las situaciones en este caso de poder, partiendo para ello de la premisa de que la mujer es  incapaz para auto-definirse y auto-regularse. Desde este punto de vista el modelo del varón  no hace otra cosa que perpetuar la jerarquía del varón más que la mujer, asignándole un papel secundario, incapaz de regular su destino, y que por lo tanto ha de ser privada de sus derechos.

Dilemas que se plantean en el desarrollo del modelo

Para el caso de las mujeres maltratadas el primer dilema de los descritos por Fernández, sería el resolver, cómo enlazar de manera provechosa la Deficiencia con la Discapacidad.  En este caso mejorar las relaciones entre hombres y mujeres para evitar la violencia, una educación en valores, tanto de autoestima para la mujer y de respeto a la mujer por parte del hombre.

“El segundo dilema es el de compatibilizar una visión universal de la discapacidad con la necesidad de diferenciar la especificidad de cada individuo, de forma que nos permita identificar sus necesidades diferenciales y satisfacerlas.”  En  el grupo vulnerable que presento es importante que la mujer maltratada conozca sus derechos

“El tercer dilema es el relacionado con la necesidad de clasificar y medir la discapacidad y al mismo tiempo eliminar el elemento de estigmatización y discriminación que toda clasificación, y por consiguiente etiquetado, tiende a producir.” Las sociedades en las que están inmersas deben de reforzar la percepción que se tiene sobre la mujer, y que los medios de información fomenten y promuevan un trato igualitario.

“El cuarto dilema es cómo conseguir aplicar un lenguaje neutro y positivo a la hora de definir y clasificar la discapacidad, y hacer esto compatible con la promoción de políticas dirigidas a garantizar los derechos y necesidades del colectivo, lo cual en gran medida exige la utilización de un lenguaje que, al describir las deficiencias y limitaciones, se carga de elementos negativos y por lo tanto susceptible de incorporar un componente peyorativo.”  El maltrato a una mujer también se da por el lenguaje,  el maltrato verbal también es violencia.  Todo el daño emocional que podemos hacer cuando usamos palabras duras, amenazas o calificativos de menosprecio hacia las mujeres.

Citando a Fernández y a manera de conclusión “la lucha contra muchas dinámicas de exclusión social requiere de una visión “macrosocial” de estas relaciones intergrupales así como intervenir para generar nuevas dinámicas, opuestas a las anteriormente expresadas (de tendencias y resistencias), orientadas a prevenir y contrarrestar las actitudes y estereotipos negativos y, a menudo, los prejuicios y formas de desvalorización y marginación “de los otros” (Fernández, P., Evolución histórica de los modelos científicos de discapacidad, extracto  de trabajos realizados conjuntamente por la UIPC y el IMSERSO, 2012).”

Creo que todavía estamos a tiempo de cambiar actitudes, no es demasiado tarde.

Lot Gamboa, es de Acaponeta Nayarit. Es profesora normalista, licenciada en Ciencias Sociales por la Normal Superior de Nayarit, y master en Estudios Humanísticos con especialidad en Literatura del ITESM. Actualmente estudia la Maestría en Ética para la Construcción Social de la Universidad de Deusto España. Imparte clases en preparatoria, profesional y maestría, así como diplomados y cursos de actualización profesional y empresarial en el ITESM.


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La visión violenta, por Rubén Chávez

“Ser es ser percibido” dicta Berkeley. Utilizamos el término “existir” para significar algo que tiene su ser fuera de nosotros, algo que es independiente por sí, incluso aún si no lo conocemos. En ese uso, aceptamos tácitamente que hay un mundo material más allá de nuestra capacidad de percibirlo. ¿Lo aceptamos, realmente? —Quizá no. Escépticos como somos —conforme a naturaleza humana— sólo aquello que toca nuestros sentidos tiene dignidad de existencia. Es.

Para la Literatura, construcción eminente entre las cosas humanas, es un asunto propio, entregable a sus lectores, si conduce a materializar nuestros anhelos y nuestros temores. Es una fuente deliberada de existencias. No importa si lo tratamos en un género u otro. La Literatura no distingue de realidad o fantasía cuando de provocar existencias se trata. Y he aquí nuestro tema. La violencia como material y como construcción literaria.

Acudamos a definiciones. La violencia (del latín violentia) es un comportamiento deliberado, que provoca, o puede provocar, daños físicos o psicológicos a otros seres, y se asocia, aunque no necesariamente, con la agresión física. Letra por letra. Golpe por golpe. Ser violento es actuar en abuso de una cierta fortaleza. Si puede ser escrito, es obligado, es menester el daño. Puede ser irresponsable pero nunca inocente. Es también ser víctima propicia. Dice Stevenson en El extraño caso del Dr Jekyll y Mr Hyde: “Y si soy el mayor de los pecadores, soy también la mayor de las víctimas”. ¿Pero es eso posible?

Creemos en la violencia. Sí. Creemos sus efectos de restauración. De puesta en orden. La maldad también es un orden. El odio circula sangre. Oxigena. Eso creemos. Nos atenemos a décadas de violencia pública y siglos de violencia privada. Creemos. Porque no es posible entender, esclarecer sus connotaciones en todas las esferas: de Estado, familiar, de sexos, de manos izquierdas y de manos derechas. Creemos. Y no hay reproche.

El cuento infantil es una educación para la crueldad. Nos forman esas descripciones largas, degustables, irónicas, malintencionadas, de los monstruos. Esos son nuestros verdaderos héroes favoritos. Las brujas y los lobos. Que deben ser quemados. Despellejados. Muertos en mil y un formas posibles. Por ser tan queridos. Por amados. Por saboreados en su moraleja de quema al distinto y serás bueno.

Sí, la Literatura, la buena Literatura, es un ejercicio extremo de violencia. Donde siempre hay un crimen velado. Un ahorcado por verso. Una cámara de gases por estrofa. Pero esperen. No pasa nada. No hay que llamar a la policía ni traer al párroco. Este es un tipo de crimen diferente. En éste, se dice, no hay víctimas. Sólo el lector… ¿pero alguien ha visto a uno? ¿No? –Ha de ser que no existe.

La literatura favorece el extrañamiento. En su mejor intención rompe las relaciones que se han establecido con lo cotidiano. Con padre y madre. Con vecino y con prójimo. Arranca brutalmente a la persona del tiempo y lo arroja a la página. Violenta a gratuidad que se digan amores o desamores. Censura nuestra ética del “todo está bien”. Arguyendo que no. Que luego debiéramos salir a ver de nuevo. Y el vecino es mujer. Y el padre es de izquierdas. Y la persona que usa faldas no es ni remotamente lo que percibes de ella. Es la Coatlicue. Así que —por favor— guarda tu distancia.

La Literatura es violencia. Porque sí. Porque al fin y al cabo todas las cosas tienen su sitio. Y aquí se puede escupir, quemarle el brazo al de junto, dejar marcas de sangre en busto y cuello. Aquí se puede arrancarle la vida al amor que nace. Aquí se puede odiar. Muy a gusto. Muy sin pena. Por fortuna.

                                                                                Rubén Chávez, es ingeniero civil con maestría en Gestión Pública Aplicada. Poeta. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio Nacional de Literatura Salvador Gallardo Dávalos (1996 y 2007) y el Premio Punto de Partida (2009).
En 2010 ganó el tercer lugar en la categoría de poesía en el Certamen Internacional Letras del Bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz, con el libro Un naipe de picas.


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Nuestros días, por Víctor Luis Martínez

La sonrisa enmascara la inseguridad de su mundo, el mundo que se tambalea. El grito recurrente que reafirma el silencio abrumador del interior hueco y vacío, que a fuerza de ignorarlo, sigue gritando a través de las cajas que se han adueñado de los hogares, llamadas televisores.
La perspectiva de ser descubiertos en su insulsez, provoca la exageración del maquillaje y el amaneramiento de su comportamiento teatral y no por eso artístico. La estupidez brota incesante a través de las ondas que cruzan invisibles el territorio sembrado de muertos.
Muertos. Ni culpables, ni inocentes, simplemente cadáveres de mexicanos regados sobre las ciudades, lejos de cualquier resquicio de pudor. Atrás queda ya la hipocresía de las fosas escondidas y anónimas; de las desapariciones, que de tantas, parecen pasajes de otras vidas, ahogadas en los llantos silenciosos de todos aquellos que ya no esperan, y tampoco se atreven a olvidar completamente, por temor fundado a desaparecer también ellos. La burla grotesca de la inseguridad, se exhibe ya en el espacio cotidiano, no es necesario el uso abusivo de la belleza obscura y forzada de la noche inocente. El miedo a estar.

Y tú, ¿cuánto más podrías contemplarlo sin vomitar? ¿Cuánto más podrías controlar el impulso natural del asco? ¿La desesperación violenta, la crispación de las manos y los labios sangrantes por la impotencia? Mucho, mucho, demasiado, porque seguías ahí, impávido; como escultura bizantina, fragmentado de colores, inexpresivo y ausente, profundo e inquietante. Paralizado de estupor, de auténtico miedo, de terror justificado.

La gente la llamó loca, otros simplemente Marisela, Marisela Escobedo. La gente te llama loco, otros simplemente Javier, Javier Sicilia. Y tantos y tantos locos… Pero son cada vez más, los que buscan en sus actos inesperados, la oportunidad de respirar un poco de un aire menos denso y más fresco. La oportunidad de sentir la vida. De sentirse vivos. Sin miedo.

La prisión no son los otros, y reconocerlo duele, porque eso representa asumir la responsabilidad por tanto tiempo negada.
Y ya suman varios Javier, los que sacan las cabezas y abren los ojos y los corazones al verlos pasar, al ver su rostro transformarse, al ver su rostro actuar como espejo interminable de los rostros de todos. Un rostro que se encuentra por fin, con un corazón. Un corazón que evoluciona, que trasciende las imposiciones asumidas. Los hombres no lloran. Un corazón de padre, de hombre, que camina y se transforma, que pasa de la ira y del sentimiento de piedra dura e insondable, al consuelo silencioso y a la comunión con los iguales.
Ahí estás tú, en medio de la multitud deseosa de respuestas y consuelo, tú; que más que nada desea ser consolado y escuchar respuestas.

Poco a poco comienzas a ser consolado por la empatía de los que pudieran compartir tu dolor indescriptible. Indescriptible por terrible, por inconmensurable, porque es tuyo y al contemplarlo yo, quisiera que fuera de todos. Porque ya es mío, lo confieso. Y también desde mi propio silencio lloro.

Buscas junto a otros en el terreno fangoso del desierto. Ya voy contigo. Buscamos en el peregrinaje inverso al de los antiguos pobladores del Valle. Nos alejamos del lago, del águila, del nopal y de la piedra idealizados, para descubrir la crudeza y la belleza reales del desierto hostil que negamos ¿Habremos olvidado la fraternidad sedienta e insolada, y la capacidad de supervivencia necesariamente comunitaria, en los grandes territorios otrora nómadas del norte?

Y sí, al final han salido los rostros y los corazones del desierto, al encuentro silencioso. Los dolores indescriptibles e inconmensurables de los otros se encontraron. Los brazos, abrazaron los corazones y los ojos empañados, compartieron sobre las mejillas, las lágrimas silenciosas del dolor que no encuentra reposo.

Caravana del consuelo. ¿Cuántos recorridos tendremos que hacer por la inmensidad del territorio entrañable en la memoria y secuestrado por el miedo, para encontrar el consuelo individual? ¿Tendremos todos que experimentar el sacrificio de nuestra sangre, para sentir el dolor de la ausencia de las sangres de los otros?

Víctor Luis Martínez Delgado es arquitecto lúdico-contemplativo, analista en el IMPLAN, catedrático en el Centro de Ciencias del Diseño y la Construcción en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

“Nuestros días” fue publicado originalmente en el blog En el principio (http://santino.blogspot.com/2011/06/nuestros-dias.html).


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Un fantasma femenino en Ciudad Juárez, por Enrique Puente Gallangos

“Lacan usa “fantasme” (que podría traducirse por fantasía pero se tradujo más habitualmente como fantasma) tanto para referirse al concepto freudiano como para designar lo que él introduce como concepto nuevo.

Le da una fórmula matemática: $<> a (Sujeto barrado losange objeto a).

El <> (rombo o losange) indica una relación de doble implicación (implicación recíproca) entre los términos que une, es decir:

$ (Sujeto barrado)   si y solamente si    objeto a y recíprocamente:

Objeto a      si y solamente si    $ (Sujeto barrado).

Así como en lógica de enunciados decimos “Si p entonces q”.

También el losange (<>) indica los signos (intersección)  y (unión)  en teoría de conjuntos.

Lacan designa con esta fórmula la relación del sujeto del inconsciente (sujeto barrado) con el objeto causa del deseo (objeto a), indicando una relación estable del sujeto con aquello que lo causa en su deseo y, por ende, lo divide”.

Mabel Fuentes, Reseña sobre el fantasma.

Una “madre”, Marisela Escobedo Ortiz; una “hija”, Rubí Marisol Frayre Escobedo y una “nieta”, Heidi Barraza Frayre. Dos “padres”, el “padre” de Rubí y el  “padre” de Heidi. El gran “Otro”, el Tribunal de juico oral, el Tribunal de Casación y la Suprema Corte de Justicia de la Nación y un fantasma. Esta historia, donde la ciencia ficción y lo paranormal son superados dramáticamente por la realidad de los hechos y el derecho, nos convoca a reflexionar desde una plataforma psicoanalítica y jurídica un término que, se enraíza en todas las historias familiares que genealógicamente estructuran al sujeto: el deseo y su fantasma.

En este caso centraremos el análisis en el deseo y el fantasma de Marisela Escobedo Ortiz, una mujer, una “madre” que, a raíz de la muerte de su hija, se enfrenta al gran “Otro”, los Tribunales de Ciudad Juárez, México, para pedir justicia. El deseo inconsciente del sujeto se encuentra bordeado por angustia y goce. Un goce que está prohibido e imposible para el sujeto, goce prohibido del deseo del sujeto, goce que divide, angustia y atraviesa al sujeto.

Esto que divide, angustia y atraviesa al sujeto es el fantasma. Un fantasma que se presenta a Marisela como respuesta al homicidio de su hija, un fantasma que se presenta como soporte de su deseo de justicia, un fantasma que se presenta como una defensa frente a la omnipotencia de los jueces, magistrados, la inoperancia del ministerio público y la policía, un fantasma que se presenta como “un goce de poder” de los medios, “un goce de poder” de las instituciones que hacen como que le ayudan, que solo gozan y gozaron hasta la muerte de Marisela y Rubí. Un fantasma de justicia que muy pronto fue develado por la sentencia en juicio oral, juicio oral que no debió llegar a esa instancia por las pruebas inconsistentes del ministerio publico. Un fantasma de justicia que se presentó como un vacío, como respuesta inesperada para Marisela, para Heidi, para las mujeres de Juárez, para todas y para todos. Un fantasma que era la respuesta esperada, pero que los jueces dijeron que la pregunta estaba mal elaborada, un fantasma que pretendía defender a la víctima y que termino siendo victimada.

Todo es posible en el mundo del derecho, en el mundo de la impartición de justicia; hoy ya nada puede ser posible en la ciencia ficción y las caricaturas, ya todo está dicho. ¡Un fantasma más!, un “fantasma femenino” en Ciudad Juárez que sostiene y se cae, que defiende y pierde, que busca y no encuentra, un fantasma femenino del que solo goza la Diosa Temis y quienes la sostienen con sus sentencias justas, sentencias que se imponen al cuerpo, al cuerpo de las mujeres de Juárez. Un cuerpo que no da goce a las mujeres, sino un cuerpo que es gozado por el Otro, por los otros, por nosotros.

Todo es posible en el mundo del derecho; de las “madres” que citamos al principio no queda ninguna de ellas, de los padres que citamos al principio tal vez quede uno, uno que no quiere ocupar el lugar de padre pero que, si acude a la Diosa Temis a pedir ser reconocido en su lugar de “padre”, tal vez ella pueda otorgarle justamente la paternidad de Heidi. Heidi, que es hija y nieta de las víctimas, que es mujer, que hoy es ya una víctima, que mañana puede ser victimizada por el fantasma de su deseo y que pasado mañana el fantasma femenino de Juárez dará cuanta de ella y su deseo. Todo es posible en el mundo del derecho, así como todo fantasma femenino de Juárez es posible en México.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho; Maestro en Derecho Constitucional; Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes; Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autonoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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Me duele este México rojo, por Dorismilda Flores Márquez

When the violence causes silence, we must be mistaken.

The Cranberries, “Zombie”.

 

La primera vez que estuve en Tlatelolco tuve una sensación muy extraña, al estar parada sobre el lugar donde nuestros antepasados indígenas hacían sacrificios humanos y donde ocurrió la masacre de los jóvenes estudiantes en 1968. En muchos momentos de nuestra historia, las manchas de sangre se han acumulado —literal y simbólicamente— en espacios geográficos concretos. Asistimos ahora al enrojecimiento de nuestro mapa, los asesinatos, ya no de individuos sino de grupos de personas, ya no sólo de “delincuentes” sino también de ciudadanos que cometen el grave error de estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado, con las personas equivocadas y se convierten en “daño colateral”. ¿Hasta qué punto es normal? ¿Dónde comienza a ser demasiado?

*

Recuerdo mucho una tira de Mafalda, donde ésta señalaba que tenía un enfermo en casa. Se trataba de un mundo recostado, ya que, en palabras de ella: “Le duele el Asia”. Si retomamos esa metáfora, quizá podamos decir que al mundo le duele todo, le duele China y también Birmania, Inglaterra, Haití, Afganistán y más. También le duele México, con sus graves problemas de feminicidios y el incremento en la comisión de delitos relacionados con el crimen organizado, con el olor a miedo y los ríos de sangre y los gritos de ayuda que no son escuchados.

*

“Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y la prosperidad de la Unión, y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande”[1], con esas palabras Felipe Calderón tomó protesta como presidente hace casi cuatro años. Alguien no está haciendo bien su trabajo si el bien y la prosperidad se traducen en una supuesta guerra contra el narcotráfico, que ha dejado más destrucción y muerte que soluciones, donde la sensible pérdida de miles de vidas es reducida a un daño colateral. Del otro lado, si la inseguridad y la violencia llevan al silencio y la indiferencia, los ciudadanos —en tanto Nación— no estamos asumiendo nuestros derechos y obligaciones de demandar a nuestros representantes que hagan su trabajo.

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Recientemente fue publicado en Nexos, el artículo “Cómo reducir la violencia en México”, de Eduardo Guerrero Gutiérrez. El autor delinea las tendencias en la violencia en nuestro país desde el año 2001, hace una crítica a la actuación del gobierno mexicano y plantea propuestas concretas de acción. La crítica es clara: “El gobierno federal falló en dos temas cruciales: el diagnóstico del mal y el método para combatirlo. El gobierno supuso, equivocadamente, que las organizaciones criminales no tendrían capacidad para reaccionar ante el asedio gubernamental. Peor aún: el gobierno creyó que él mismo estaba en condiciones de iniciar la guerra en enero de 2007. Este error de cálculo ha implicado enormes costos para el país en términos de vidas humanas y bienestar. El incontrolable aumento de la violencia en varios puntos del país ha propiciado que la estrategia oficial se revierta en contra del gobierno mismo. Junto con la violencia crecen el secuestro y la extorsión, el consumo de drogas y la percepción pública de que la guerra se perdió”[2]. Con frecuencia, el discurso oficial habla del narcotráfico y las organizaciones criminales como si se tratara de una realidad aparte a la que se ataca, pero no se ha reconocido lo que Guerrero Gutiérrez y otros analistas han señalado, la relación entre los “golpes” que el gobierno ha dado con la detención o ejecución de grandes capos y el incremento en los niveles de violencia en la reorganización de las geografías del narco y la reapropiación de territorios.

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En El rechazo de las minorías. Ensayo sobre la geografía de la furia, el antropólogo Arjun Appadurai habla de un contraste entre dos lógicas: la del sistema vertebrado de los estados-nación modernos y la del sistema celular del las redes terroristas. Estas últimas están “conectadas, pero no dirigidas verticalmente; coordinadas, pero notablemente independientes; capaces de dar respuestas sin contar con una estructura centralizada de comunicación; borrosas, pero con claridad”[3]. Quizá sea un error comparar las organizaciones terroristas con el crimen organizado, de entrada, porque aunque existan claras similitudes, hay también muchas diferencias. Sin embargo, quizás esto ayude a entender las fallas en la “guerra” o “lucha” contra el narcotráfico que ha emprendido el gobierno mexicano, porque el enfrentamiento entre sistemas distintos no ha conducido a la añorada tranquilidad, sino a la rearticulación y multiplicación de las organizaciones delictivas.



[1] 500 años de México en documentos (2006, diciembre 1). Toma de protesta de Felipe Calderón como Presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos. Disponible en: http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/2006_413/Toma_de_Protesta_de_Felipe_Calder_n_Hinojosa_como_Presidente_constitucional_de_los_Estados_Unidos_Mexicanos.shtml

[2] Guerrero Gutiérrez, E. (2010, noviembre 3). Cómo reducir la violencia en México. Nexos. Recuperado el 5 de noviembre de 2010, de: http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=1197808

[3] Appadurai, A. (2007). El rechazo de las minorías. Ensayo sobre la geografía de la furia. Barcelona: Tusquets.

Dorismilda Flores Márquez es Licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y Maestra en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO; edita El Cafecito, casi siempre de madrugada.