El Cafecito


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Los chistes, una prueba de la reprimida sociedad mexicana, por Enrique Puente Gallangos

El deseo inconsciente si bien puede ser reprimido en sus manifestaciones representativas, no puede serlo como carga afectiva, es decir como pulsión libidinal. Esto hace posible que ese deseo se desplace y se condense en representaciones que la conciencia pueda tolerar sin despertar en ella la sospecha que active el mecanismo de censura. Freud pone el ejemplo, entre muchos otros, de las limitaciones de la libertad de expresión en una sociedad bajo una dictadura: toda clase de chistes y de alusiones sustituirán la expresión franca y sincera de la inconformidad del pueblo. De la misma manera el deseo tolerará cualquier tipo de deformación con tal de conseguir su expresión.

Freud, La interpretación de los sueños

Algo que caracteriza a nuestra sociedad mexicana es el manejo del sentido del humor ante las situaciones adversas. La muerte podría ser una de ellas, para poder simbolizar tan real dolor que se presenta con la muerte del otro y hacer más digerible la pena solemos recordar momentos “chistosos” o humorísticos de nuestro ser querido. Pero la cosa no queda solo ahí, una traición de negocios, de amistad o como vulgarmente se dice “ponerle cuernos”  al otro, suelen pasar por momentos cómicos al hablar de ellos después de un tiempo. Cuando somos despedidos, cuando reprobamos un examen, cuando nuestros padres se enteran de nuestra mala conducta, después de un susto generalmente lo hacemos simbólico de manera graciosa.

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Hoy pongo la atención sobre los chistes que platicamos día a día y que es cuchamos y vemos en los medios de comunicación, son breves historias de desgracias, sí, de desgracias, desgracias sexuales, laborales, de las personas ancianas, de los niños, de las mujeres, de las suegras, de las esposas, del marido, del sancho, de la pobreza, de la miseria, de cosas fantasiosas, de los indígenas, de las discapacidades, de la religión, de los maestros, de la policía, de las razas, etc.

Esto me lleva a plantear una hipótesis, la situación económica, de seguridad, educativa y política de este país, parece no interesarle a nadie, sólo a los analistas que lo denuncian día a día y afirmo que parece no importarle a nadie porque el actuar de nuestros gobernantes en materia económica, de salud, de seguridad, educativa, de empleo, es francamente mala. Corrupción en las Instituciones del Estado, impunidad, des-estado de derecho, falta de democracia, cinismo, en fin tantas cosas que podrían hacernos pensar en una falta de autoridad a todos los niveles, federal, estatal, municipal, en todos los poderes, en el ejecutivo, en el legislativo y en el judicial. Estado en guerra contra el narcotráfico, educación sindicalizada, la nota roja más roja que nunca, desempleo, video fugas, grabaciones de nuestros servidores públicos, militares encarcelados por denunciar a sus superiores, virus que matan pero no tanto, desvío de recursos, el narcotráfico infiltrado en el Estado.

¿Cuál es la respuesta de la sociedad?, ¿el silencio? Sí, el silencio, el silencio reprimido en la elaboración de chistes que desvíen la atención de lo real, lo monstruosamente real de lo que está sucediendo en el país, chistes que hacen reír al ciudadano y le hacen olvidar que es un desempleado, que está en la cárcel, que no tendrá más que delinquir para no morir de hambre, que los maestros están en paro, que pusieron una bomba en el zócalo de mi ciudad donde estaban mis hijos, que en la escuela de mis hijos hubo un enfrentamiento de narcos y soldados, que mi mujer me dejó por otro que sí tiene trabajo, que mi madre está con los angelitos porque no había camas para ser atendida en el hospital civil, que mis hijas se prostituyen, que mi papá es un alcohólico, en fin una serie de parodias sobre lo real de México.

Los diarios extranjeros parodiaron el virus H1N1 de la siguiente manera: México zona de temblores, construido sobre un lago, con gran contaminación y presidentes corruptos, lleno de huarachudos borrachos y, para acabarla, virulentos de los cerdos. Veo con tristeza que los niños son  fanáticos de estos chistes, escritos y televisivos y que sus padres comparten con ellos los domingos, los sábados y todos los días de la semana, para asegurarse que no tienen empleo, que golpean a su esposa, que mataron a su padre en fin. Seguiremos viendo la debacle institucional del Estado mexicano y de las demás instituciones  como la familia y la escuela y seguiremos elaborando chistes sobre esta desgracia y seguiremos riendo sin parar, sin actuar y hacer algo para poner fin a esto y cambiar el rumbo.

Para terminar a tono, contaré un chiste:

— Mamá, mamá, en la escuela dicen que estoy loco.

— ¿Quien dice eso hijo mío?

— L a s  a r d i l l a s.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños; actualmente estudia la Especialidad en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en la FLACSO Virtual Argentina; es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

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La pulsión epistemológica de la sociedad ¡sita!, por Enrique Puente Gallangos

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Cuando en el niño, aproximadamente después de los 30 meses de nacido se instaura la pulsión epistemológica, “sita” o pregunta a sus padres, cosas que en cualquier escenario científico se pudieran parecer más a una hipótesis. Este niño después de observar y escuchar  a sus padres, a sus hermanos, al otro como él, observa y escucha, escucha y observa: ¡eres un niño!, ¡eres una niña!, ¡trasero!, ¡pop! Escuchar y observar al otro, además de escuchar y observar su cuerpo, el niño pregunta. Pregunta que pondrá en el precipicio al padre, a la madre, al otro que sabe sobre ello, al médico, al abogado, al analista. Y la respuesta, la haya o no, será estructuradora del niño, será la ley. Ley que no sólo le permitirá ser instaurado en lo social sino  en un saber, un saber sobre su sexo. Los niños entonces esperan, esperan siempre del padre, de la madre, pero no esperan un regalo, dinero, joyas, un juguete, los niños esperan una respuesta significativa que les permita ser, ser sujetos, ser libres, ser niños, ser niñas.

Haciendo una analogía niño-sociedad, ante los acontecimientos sociales, políticos, económicos, jurídicos o mejor dicho ante lo que la sociedad está observando y escuchando, escuchando y observando día a día, semana tras semana, mes con mes, año con año; en fin ante eso que se repite y que hace síntoma, la sociedad “sita” y pregunta. Pero, ¿a quién le pregunta? ¿Quién es mi papá-mamá? ¿Quién tiene el saber para contestarme? ¿Quién tiene la autoridad? En nuestro país son los medios — no todos, aclaro — que, ante la incapacidad del gobierno, su falta de autoridad y de saber, los medios de manera perversa responden. Responden sobre educación con su barra de entretenimiento, responden sobre salud con su barra deportiva, responden sobre el Estado mexicano en sus noticieros.

Planteo lo siguiente: ¿quién está preguntando? Y me dirijo hacia los medios para ver a quién le responden los medios, los medios le responden al consumidor. Un ser humano que ha perdido sus valores, un sujeto  que ha perdido su ser, un ciudadano que ha dejado de emitir su sufragio, hombres sin  ser, hombre que lo han convertido y se ha convertido en un consumidor. Un consumidor enmascarado de ciudadano, de sujeto y de ser humano “sita” y pregunta. “Sita” y pregunta al gobierno de esta República, al gobierno Estatal, al municipal, de tal manera la sociedad ante los acontecimientos en que se encuentra nuestro país y el mundo espera una respuesta, una respuesta significativa, una respuesta estructurante, que me diferencie, que me devuelva mi ser, mi ser ciudadano, mi ser sujeto, mi ser humano, que me quite la máscara de consumidor.

La sociedad espera, sigue esperando, tal vez cansada de esperar. El punto es, la sociedad está llegando a la frontera, al límite de su espera y un Otro, Otro con Poder, con autoridad, Otro con saber, está preparado o preparándose para dar respuesta. Otro que responde pero que no está legitimado para responder, un Otro dueño del medio de comunicación, un Otro que te ha enseñado a pedir y pedir, a esperar y esperar respuesta como el cristianismo pregona, un Otro país soberano que te ofrece convertirte en una estrellita más de sus 13 barras y sus 50 estrellas. Otro deslegitimado, falto de autoridad que no está en condiciones de responder, otro perverso asecha y espera, espera el momento, espera el escenario propicio para responder.

Ante esta falta de autoridad y de respuesta ante la “sita” social, la sociedad tiene dos salidas. La primera y que conviene a intereses piadosos la espera, la espera permanente, pasiva, ilusoria, sumisa de que Dios proveerá, no hay mal que dure cien años. La segunda y que no es piadosa es buscar una nueva autoridad, autoridad legitimada por las mayorías, autoridad con saber, autoridad con respuestas, con leyes, decretos, reglas que respondan a la “sita” económica, educativa, de seguridad, de salid, de empleo, de cultura, repuesta significativa, significante.

Un Gobierno Federal que no responde, un Gobierno Estatal, un Gobierno Municipal que no da respuesta no es autoridad, no tiene autoridad para dar respuesta, lo que provoca en la sociedad son dudas y de la misma manera, supuestos Otros con Poder y autoridad para responder, que no hacen más que poner dudas sobre las dudas. Ante la incapacidad del Partido en el Gobierno Federal y la falta de seriedad de una izquierda más zurda y deslegitimada, en las próximas elecciones para renovar la Cámara Federal Baja, la de Diputados la que representa a todos los mexicanos se ve conformada en tan solo unos meses por una marea roja, marea roja del partido que está cumpliendo 80 años y que parecía estar eliminado, está más vivo que muerto y amenaza seriamente y digo amenaza como un hecho que producirá daño, que ha demostrado en 80 años hacer daño, un daño al Estado mexicano y la sociedad mexicana, un daño real, simbólico y que nuestra imaginación no puede explicar qué tanto será el daño.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños; actualmente estudia la Especialidad en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en la FLACSO Virtual Argentina; es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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El bullying, un caso de transformación social, por Carlos Alberto Ruiz

Las condiciones económicas y tecnológicas principalmente, han empujado hacia una reconformación de las estructuras sociales, esencialmente en el marco y concepto de familia. Los fenómenos de consumo y su relación directa con la integración y pertenencia, orillan a un nuevo orden de las prácticas de convivencia adoptadas por los individuos.

La consecuencia natural de tal alineación social, ha devenido en un identificable reacomodo de lo femenino y lo masculino, integrando con ello, otras posibilidades y lecturas al cuadro de la familia, que en su aspecto básico, sugieren el panorama social que enfrentan los grupos contemporáneos en un clima de ambivalencia que escapa y se expresa en la violencia, intolerancia y discriminación.

De tal modo, la estructura de la familia moderna enfrenta nuevos caminos en su composición, rumbos muy notorios en número y roles que desempeñan sus integrantes. En el caso de la Ciudad de México, la transformación se ha naturalizado de manera tan acelerada, que su climatización sucede de prisa, tanto que a primera cuenta propone miradas más profundas para identificar lo amplio de su mutación. Dicho de otro forma, si Oscar Lewis regresara a este espacio y tiempo a levantar de nueva cuenta una investigación etnográfica, los resultados sustánciales que arrojaría ésta diferirían abismalmente de lo recogido en los años cincuentas en Los Hijos de Sánchez. La sociedad de la capital mexicana se ha instalado en lo vertiginoso, violento; colocándose en una agresión que se adopta como su temperatura cotidiana.

Por supuesto, tal condición supone disfuncionalidades que tienen origen en el núcleo familiar, eje que ha enfrentado grandes cambios en la vida contemporánea. Así, los roles y funciones que cumplen los integrantes de la “familia moderna”, se encuentran alejados de las normas tradicionales, tanto en estructura como en su desempeño, que en consecuencia, resultan en inestabilidades que afectan por completo a los individuos y su percepción, afectando de este modo su desarrollo social que comúnmente encuentra en la agresión su principal expresión.

Al tiempo, la revelación de las prácticas de violencia se afina e incluso acoge nombres propios; un caso: el bullying (intimidación), un fenómeno propio de la sociedad infantil y adolescente que recurre a conductas de abuso físico, amenazas y otras maneras de maltrato entre compañeros de colegio. Por supuesto, las víctimas se reducen a un grupo menor que recibe las constantes agresiones del resto, sin embargo, tal escenario, cada vez se instala más como una constante en las escuelas. Que si bien esta práctica ya ha atrapado la atención de los gobiernos en otros países, en México, particularmente en el Distrito Federal, donde la situación pareciera más grave por el número de instituciones que integra, el bullying apenas comienza a ser comentado más que ser atacado.

Evidentemente, la respuesta que identifica al bullying y su origen, apunta a que los agresores manifiestan enojo como una respuesta habitual a los conflictos que atraviesan en lo social, sobre todo en el ámbito familiar, siendo ellos las víctimas en estos contextos, buscando resarcirse adoptando el papel de victimarios en círculos donde pueden ejercer poder y superioridad en alguna medida.

Al respecto, autores como el terapeuta Gill Gorrell Barnes, sostienen que los procesos y cambios sociales requieren ser distinguidos y atendidos por los gobiernos para evitar el caos, previniendo así que desajustes como el bullying alteren en gran magnitud y de forma irreversible las organizaciones sociales. A la vez, se sugiere que se integren proyectos de trabajo dirigidos a líneas específicas que desarrollen tareas hacia orientaciones familiares que permitan restituir en alguna medida, lo que la autora Ikram Antaki definió como el clima de consentimiento a la violencia en el que se desarrollan las sociedades contemporáneas.

El pensar un reordenamiento de la familia implica una concepción alejada de lo que en un principio ya se destacó como la “familia clásica”, por otro lado, sí involucra la conciencia e integración de las nuevas estructuras familiares, que en su carácter contemporáneo, igualmente encuentran la esencia de las distribuciones y valores del pasado. Siendo de esta manera que el trabajo de los órdenes sociales debe moverse en mucho hacia la búsqueda de la claridad en el juego de roles y jerarquías, particularmente en lo que compete a los círculos de familia. La reafirmación de valores y la solidificación de ambientes de cordialidad conforman una sólida vía que puede contrarrestar en gran medida las deficiencias que ha venido experimentando la sociedad moderna en su convivencia, que como refleja el caso del bullying, incluso ha degenerado las formas de interacción entre los pequeños.

Considerando que tales transformaciones no pueden alentarse por sí mismas, es inevitable dirigir la mirada a las instituciones, exhortándolas hacia posiciones de compromiso y actividad. El trabajo en este sentido, ya viene siendo atacado por algunos gobiernos que han sabido escuchar la alerta sigilosa de la intimidación, misma, que en el caso mexicano, debiese ser ya atendida, iniciando de esta forma el camino hacia el saneamiento de la relaciones de su sociedad.

Referencias

Gorell Barnes, G. (2004). Family Therapy In Changing Times. Reino Unido, Palgrave McMillan.

Antaki, I. (2000). El manual del ciudadano contemporáneo. México, Ariel.

Archundia, M. (2008). “¿Qué onda con el bullying? ¿Lo ejerces o lo padeces?” en El Universal [En línea]. México, disponible en: http://blogs.eluniversal.com.mx/weblogs_detalle6286.html [Accesado el día 20 de enero del 2009]

Carlos Alberto Ruiz es Licenciado en Comunicación por la Universidad Justo Sierra. Actualmente se desempeña como coordinador de la asignatura de Historia Moderna de México en la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnologías Avanzadas del IPN. Su trabajo puede ser revisado en: http://carlosarm.blogspot.com


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Derecho y justicia, por Enrique Puente Gallangos

¿Qué es el derecho? ¿Qué es la justicia? Son preguntas que los sujetos en sociedad se hacen consciente e inconscientemente desde hace muchos años. Las respuestas varias que la filosofía, la argumentación, la teoría, la doctrina, la ciencia jurídica en general nos han dado, sólo han confundido al sujeto en sociedad ya que cada una de ellas desde su perspectiva explica desde su propio lenguaje y en una misma idea lo que es el derecho y la justicia.

Tratando de ordenar las ideas diremos que existen tres grandes escenarios desde donde podremos explicar estas figuras que no son términos eminentemente jurídicos. El primero de ellos es el ius-naturalismo, teoría del derecho que se basa en argumentos morales como el que Dios nos da las reglas del juego y es el mismo Dios quien nos dará la justicia divina. En segundo lugar tenemos al ius-positivismo, donde se trata de argumentar que el derecho no deriva de una divinidad, sino de órganos razonablemente constituidos para ello: las leyes las hace el órgano legislativo, las ejecuta el órgano ejecutivo y la justicia la da el órgano judicial; estos órganos encuentran su facultad en una constitución o estructura política, económica y social que, por medio de un acto constituyente, una mayoría determinara el tipo de Estado que se quiere para un tipo determinado de sociedad. En tercer lugar las teorías modernas varias como el feminismo, el ecologismo, los derechos humanos, los derechos de los grupos étnicos, la sociología jurídica, la psicología jurídica, el garantismo, intentan explicar el derecho en relación a su propia necesidad, la diferencia con el positivismo la encontramos en que las teorías modernas dejan al juez la última palabra interpretativa de la justicia, pasando por encima de la interpretación legislativa y la facultad ejecutiva.

Como podemos ver, la responsabilidad de la justicia en México y la mayoría de los países que cuentan con una constitución se encuentra en los jueces, en los Tribunales, en la Suprema Corte de Justicia. Ahora bien, el derecho podemos definirlo como la actividad coactiva del Estado a través de normas jurídicas que buscan mantener un orden social, político y económico. Como podemos ver el derecho no tiene como finalidad la justicia sino mantener un orden a través de coacción de la ley, esto es que, en caso de que no te sometas a la ley, tendrás que ir a los Tribunales para que resuelvan tu controversia y es ahí donde un juez te dice si eres responsable o no de cumplir la ley y si eres o no merecedor de la pena. La justicia, en cambio, la podemos definir como un deseo que tienen los sujetos en sociedad de que sean reconocidos como iguales frente al derecho y que éste no abuse de su facultad coactiva. Para explicarles mejor a nuestros lectores, el actuar del derecho no tiene pensado ni por un ratito la justicia, sino sólo limitar la conducta del sujeto a un hacer o no hacer y buscar el orden, el control social y, para lograrlo, tiene a los jueces y a los Tribunales. La justicia, como la democracia, como el amor, son deseos que tiene el sujeto en sociedad y, en la medida que sea reprimido por el control social y este sujeto se someta a él, tendrá justicia; por lo tanto, el reprimir y el someterse es algo que no es propio del sujeto en sociedad, ¿cómo someterse a un conjunto de mandatos, a un conjunto de leyes?, ¿quien dijo que yo tengo que obedecer esas leyes?

En el mundo podemos ver a los diferentes grupos sociales mayoritarios o minoritarios exigir justicia frente al gran Otro que es el Estado que los gobierna y en muchos casos el Estado que ¡NO! los gobierna. ¡Justicia!, ¡justicia!, frente a las bombas que caen sobre mi hogar. ¡Justicia!, por la muerte de mis hijos por parte de las guerrillas. ¡Justicia!, frente al despido de trabajadores. ¡Justicia!, frente a Tribunales que no pueden legitimar elecciones. ¡Justicia!, frente a la tala inmoderada de árboles y la muerte de animales en peligro de extinción. ¡Justicia! Una llamada sorda del sujeto en sociedad que no encontrara respuesta y, en caso de acudir a un juez o a un Tribunal, hay muchos factores como la corrupción, que impedirán se cumpla nuestro deseo de justicia. Jueces y tribunales que día con día inclinan la balanza de la justicia a quienes tiene la razón, pero no la razón jurídica, sino la razón del dinero, de la impunidad, de la coacción.

Tal vez encontremos una respuesta que nos permita como grupo social entender estos conceptos: primero, el derecho no da, no tiene el don, el derecho limita; segundo, la justicia no la dan los jueces porque no tienen el don, ellos la imponen; la justicia tal vez habría de buscarla en otro lado, tal vez en un sujeto historiador como Dios, Buda, Jehová que nos permita pedir, que nos permita buscar, que nos permita ¡creer!, aunque no encontremos lo que buscamos: la justicia, claro está. O tal vez buscar el un objeto perturbador, como las drogas, el alcohol, la comida, el ayuno, las guerras, la política, los videojuegos, ¡imaginar!, aunque no encontremos lo que buscamos: la justicia, claro está. Y finalmente, no buscar en estos sujetos y en estos objetos una respuesta a nuestra pregunta, sino buscar a través de un lenguaje significativo cuál es la posición del sujeto de la sociedad frente al fenómeno del derecho y la justicia y preguntarnos un poco sobre quién soy yo, qué es lo que deseo, para qué estoy en este mundo y, ¿por qué no?, que el lenguaje del otro del inconsciente nos diga “sométete al control social y reprime tus deseos”.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños; actualmente estudia la Especialidad en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en la FLACSO Virtual Argentina; es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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La tecnificación del erotismo, por Carlos Alberto Ruiz

La masificación de la tecnología ha propiciado que la transmisión de mensajes se incline hacia la eficiencia y la simultaneidad como sus objetivos principales. Tales innovaciones son consecuencia de aquellas trasnacionales que, bajo la máxima de facilitar la vida del hombre, crean artefactos que proporcionan nuevos satisfactores y transfiguran los hábitos de consumo.

De acuerdo con Erich Fromm, “la sociedad está constituida por las relaciones de mercado y las sociales[1]”. En consecuencia, el hombre moderno distribuye la mayor parte de su tiempo realizando una tarea que le es remunerada económicamente, para después emplear la gratificación en artículos o servicios que su contexto mercantil le tiene reservados como dotadores de placer.

En este escenario de modernidad, mercado y goce, es inevitable referir el gran peso que la industria pornográfica representa para la sociedad contemporánea, aunque sin duda, ésta ha estado presente a lo largo de toda la historia. En tiempos prehistóricos ya se trazaban expresiones de carácter sexual como senos enormes y falos prominentes.

El concepto de pornografía — tal como lo conocemos — fue inventado en el siglo XIX por hombres conservadores de clase alta, quienes lo dotaron de un halo prohibido y enfermizo. Desde su origen, la pornografía se relacionó directamente con la tecnología. Cuando el teléfono se incorporó a la vida social a principios del siglo XX, algunos lo consideraron algo tan escandaloso como la distribución de imágenes de cuerpos desnudos y actos sexuales.

Poco a poco, el mercado de la pornografía se fue apoderando de todo medio que facilitara su reproducción y acceso, hasta consolidarse en una industria gracias a la aparición del cine y el video. Industria que en la actualidad ha abaratado sus costos a través de la distribución vía Internet.

El investigador Román Gubern[2] sostiene que la pornografía constituye la aplicación recreativa más extendida en el ciberespacio. Bajo esta óptica, no resulta descabellado considerar que cualquier evolución de la estructura informática será adoptada como una nueva manera de distribución de pornografía en los próximos años.

Es así que los nuevos dispositivos representan rutas propicias para acrecentar esta industria.

En 1993, Octavio Paz afirmó que una de las diferencias más importantes entre la sexualidad animal y el erotismo humano es que en este último, uno o varios de los participantes pueden ser entes imaginarios[3]. A esto podríamos agregar que la masificación de la tecnología permite integrar nuevos medios y gadgets como cómplices de la sensualidad y la sexualidad de las personas.

Así, el factor distancia ya no se concibe como una barrera para las relaciones humanas, sino como un elemento erótico.

Fuentes

Fromm, Erich. El Arte de Amar, 2004, México, Paidós.

Paz, Octavio.  La Llama Dobre, Amor y Erotismo, 1991, México, Seix Barral.

Gubern, Román. El Eros Electrónico, 2000, México, Taurus.


[1] Fromm (1956). El Arte de Amar.

[2] Gubern (2000). El Eros Electrónico.

[3] Paz (1993). La Llama Doble. México.

Carlos Alberto Ruiz Maldonado es Licenciado en Comunicación por la Universidad Justo Sierra. Actualmente se desempeña como coordinador de la asignatura de Historia Moderna de México en la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnologías Avanzadas del IPN. Su trabajo puede ser revisado en: http://carlosarm.blogspot.com


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Sociedad > pueblo > masas > materia prima > masa virtual, por Enrique Puente Gallangos

Algunos dicen que la Democracia es el gobierno del pueblo para el  pueblo, otros que la soberanía reside en el pueblo, algunos más argumentan que el pueblo es quien toma sus propias decisiones. Pueblo, ¿qué es el pueblo?, ¿quienes integran el pueblo?, ¿qué desea el pueblo? Bueno, las dos primeras interrogantes las podría responder la economía diciendo que son los consumidores y no estaría equivocada la doña economía; a la otra interrogante podríamos darle respuesta desde otro punto de vista, desde otro discurso, desde otro lugar que a fin de cuentas es el mismo, pero propone que el sujeto sea relanzado y deje de repetir el síntoma desde el mismo lugar y, bueno, ya plantados en el discurso psicoanalítico, diremos: ¿existe aun el pueblo? La idea de pueblo es la que está en falta, ya que ahora el sujeto no deviene del pueblo, sino de la masa, esa masa mediática que para ser convocada sólo se necesita un clic o apretar un botón y esa masa se reunirá sin necesidad de verse a los ojos y de estar juntos los unos con todos.

Es por ello que propongo replantar nuestra última interrogante y darle respuesta si es que acaso hay una respuesta para el deseo, ¿qué desea la masa virtual?, ¿puede la masa virtual tener deseos distintos al de consumir? Ahora bien, el simple hecho de que esta masa virtual, turba humana que vive en un desamparo organizado, activada y subjetivada mediáticamente siga llamándose “masa” tanto por sus abogados como por sus detractores amos, ya nos indica que el acceso de la gran mayoría al Estado de Derecho, Democracia, Constitución y Soberanía, puede ser percibido como un proyecto incompleto, en falta, tal vez inconcluso. Lo que trataremos de establecer es una lógica del cambio o mejor dicho de la torsión que se produce en el advenimiento del sujeto y el rol protagónico que le ocupó en la modernidad como una visión romántica idealista hasta transformarse en “materia prima” en su amparo organizado, de todo experimento totalitario o mediático.

El paso de pueblo a la metamorfosis de masa virtual- seduciéndola, incitándola, apropiarse de su voluntad o asegurarse de sus favores a la hora de las elecciones- propone una hipótesis temible de que el surgimiento de la masa va de la mano con la declinación de lo que hasta ahora había funcionado como principio de autoridad, cohesión y generador de sentido, el devenir salvaje de la masa en la escena es consecuencia de la desaparición de este principio, es decir, un síntoma de la inexistencia de ese Otro autoridad, ley. Esta llamada de emergencia que emite la masa la convertirá en un blanco móvil de los modos de fabricar gente. Emergiendo así dos políticas incompatibles en la construcción de la subjetividad de la masa, la reglamentación por el espectáculo y la política de las cosas frente a la política de la elección. Esto es la política del espectáculo en su “noble” afán del entretenimiento de la masa irrumpe en el inconsciente colectivo provocando que se sea masa antes que individuo y sujeto. Esa visión romántica de la Democracia y el sujeto democrático cuyo deseo de emancipación, independencia y soberanía hace de la masa un sujeto incapaz de obtenerla y de alcanzar su protagonismo histórico en la escena política. La turba humana, que emerge de la propia experiencia se transforma en la barrera que separa el espíritu del mundo de la colectividad a la que quiere abrazarse.

Entre masa, poder y actualidad se produjo una enorme transformación de las sociedades modernas, las masas actuales han dejado de reunirse en tumultos; han entrado en un régimen en el que su cualidad de masa ya no se expresa en la asamblea física sino en la participación en programas relacionados con los medios de comunicación masivos. Se es masa sin ver a los otros, el resultado de todo ello es que las sociedades actuales o posmodernas han dejado de orientarse a sí mismas de manera inmediata por experiencias corporales: sólo se perciben a sí mismas a través de los símbolos mediáticos de masas, discursos. Modas, programas y personalidades famosas.

Finalmente diremos que ante el deseo de la masa, consulta la guía de televisión. En la sociedad del espectáculo, que Guy Debord denuncia ya en los 60, “no hay sino voyeurs”, dice, “lo virtual sustituye a la vida real, y la muerte y lo imposible dejan de existir”.

Enrique Puente Gallangos es Maestro en Derecho Constitucional y estudia la Maestría en Psicoanálisis, es además catedrático de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y de la Universidad Regional del Sureste.


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El chimento es salud, por Luis Buero

El petisito hombre Neardenthal sólo necesitaba agua y algunas hierbas para no extinguirse. Los adonis griegos de la Edad Antigua agregaron la filosofía, el teatro y las olimpíadas a su místico existir. Los orientales sumaron la religión, y los varones medievales y modernos perfeccionaron el arte. El macho contemporáneo quedó encantado con el cine, y el homo-videns (según Giovanni Sartori) añadió la televisión como un elemento imprescindible para subsistir.

Pero hay algo que acompaña al individuo humano desde los tiempos de las cavernas hasta la era de Viviana Canosa: el chimento, radio pasillo o como se lo quiera llamar.

¿A que no saben lo que tengo para contarles?” murmura alguien que llega con una sonrisa maliciosa a la oficina, y todos suspenden sus actividades y se sientan expectantes, como niños pequeños en primera fila ante la función de un trapecista: ¡dale, dale, contá, contá!”, exigen los demás, sedientos y entusiasmados.

Ahora bien, con relación al tiempo,  hay dos tipos de chismes: uno es el que narra lo que se dice que ocurrió, y el otro responde a la sospecha de lo que supuestamente va a suceder. El primero procede de una información seguramente distorsionada sobre un hecho real, que puede transformarse en calumnia si el protagonista aludido es poco querido por la mayoría… o por el que narra. En cambio el rumor de lo que va a pasar tiene como combustible la ansiedad que muchas veces se genera en una institución, o en la sociedad, cuando se quiebra la comunicación entre los que mandan y los subordinados. Esas fracturas producen redes de incertidumbre y dan pie a una emergencia, la necesidad de depositar en otro esa información que causa temor. El chusmerío, en esos casos, es una forma imaginaria de estar en acción ante lo malo que se viene.

También podemos decir que hay chimentos rojos, verdes o negros (ustedes ya estarán pensando ejemplos), y los hay calientes, fríos, y hasta desactualizados, cuando el portador de la primicia descubre que todos lo sabían menos él. También están los chismes sabrosos, cuyo origen no es otro que el sadismo, que ya se sabe, así obtiene su catársis.

Finalmente están las voces que serpentean desde el  periodismo televisivo de espectáculos, que también cumple una función sanitaria. La gente critica mucho esos programas… pero los ve. ¿Por qué? Porque las estrellas son admiradas, pero por otro lado, provocan envidia, pues nos muestran a cada instante sus triunfos y nos señalan todo lo que nos falta. El chimento que las vitupera funciona entonces como un mecanismo restaurativo que nos permite proporcionarles una represalia simbólica, de tal modo que ellos pasan a ser las víctimas y nosotros los actores de su difamación.

En síntesis, si quieres que todo el mundo se entere de algo cuéntaselo a alguien en voz baja como un secreto, y siéntate a ver cómo se expande como fuegos artificiales en Navidad. ¿0 no es así?

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social.  Colabora para el cafecito desde Argentina. Visita su sitio:  http://www.luisbuero.com.ar