El Cafecito


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¿Qué tan pobres somos?, por Lot Gamboa Soto

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Un sentimiento angustiante que prevalece en la sociedad mexicana es la lucha contra la pobreza, los que son pobres queriendo salir de ella y los que pertenecemos a la clase media intentando no sumarnos a los afectados. Vemos a este monstruo deambular entre nuestros conocidos y alrededores y acercarse a pasos agigantados a nuestras vidas. Distinguimos a los indigentes por las calles de la ciudad ya no con lástima, sino con la asertividad de pensar que podemos convertirnos en uno de ellos; ¡ojo! estoy hablando de la clase media, seguro que a mis amigos ricos nunca les ha pasado por su mente una situación así al ver a un vagabundo; no es reclamo, son de los pocos afortunados de este país ¡ojalá y todos fuéramos ricos! Y para los que creen que me puse intensa les digo que no estoy exagerando, muchos de nosotros hace ¿10 años? nos sentíamos con un excelente ingreso, alcanzaba para pensar en cambiar el carro por otro menos viejo o pagar el enganche de uno nuevo, adelantar la hipoteca, o tomar 1 ó 2 veces al año vacaciones con la familia; ahora con un ingreso relativamente igual no nos alcanza para hacer nada de eso, a duras penas se cubren las necesidades básicas como son el pago de servicios, la educación, la alimentación y la vivienda; la gran mayoría estamos esperanzados con el pago del aguinaldo para recuperarnos de alguna deuda que adquirimos durante el año, o por lo menos, ponernos al día con nuestros acreedores.

Estoy verdaderamente preocupada, ahora con la reforma hacendaria la clase media nos convertiremos en clase “¿pobre alta?”, no estoy queriendo criticar al gobierno (ya hay muchos que lo hacen muy bien), sino pensar objetivamente en nuestro futuro, que es incierto con esta reforma aprobada tristemente por los legisladores que nosotros elegimos y que nos están poniendo la soga al cuello, sumemos la reforma educativa y la reforma energética, con todas éstas ya me están dando ganas de irme a vivir al extranjero con mi familia, a lo mejor en Timbuktú nos va mejor. Cada día hay menos fuentes de trabajo, los que tenemos alguna preparación debemos aceptar sueldos muy bajos y con el comentario “ganas mejor que los demás” “tienes más de 40” “es este puesto ejecutivo, es lo que pago” etc., etc. Los jóvenes recién egresados de las universidades ¿qué van a hacer? ¿Qué vamos a hacer con la filosofía de: “al que estudia le va bien”? Qué les decimos a nuestros hijos? tendremos que cambiar nuestros argumentos y la verdad ya no sé cuáles dar. Me molesta mucho que algunos digan “abre tu mente, sé emprendedora” o “está pobre el que quiere” creo que estas palabras no tienen fundamento, estas personas deberían de salir de su burbuja, la mitad de nuestra población es de pobres, entonces ¿la gran mayoría no tenemos visión? ¿Se puede emprender si no tienes ni siquiera para pagar el camión? ¿O para llevar el pan a tu casa?

Algunas universidades le venden la idea a los jóvenes de ser emprendedores, y pues es muy buena idea si se vive en un país donde te brinden oportunidades de desarrollo, créditos pagables, si tienes la “suerte” de que te los autoricen, imposible en nuestro capitalismo asfixiante, donde el dinero ya no vale, no en un país en el que se tiene el segundo lugar en corrupción si no eres clase media, y ¿Qué vamos a hacer con la cantidad de emprendedores que egresan? Son muy pocos los egresados universitarios a los que sus padres les pueden financiar sus negocios ¿A quién le van a vender sus ideas? ¿A quién si no hay dinero? Lo anterior no es mi percepción, podría decir alguien “cada quien habla como le va en feria”, estoy hablando con las estadísticas en la mano y los números no mienten, el INEGI acaba de publicar un documento “A propósito de día internacional para la erradicación de la pobreza” donde dice que la pobreza muldimensional disminuyó 46.1% a 45.5. La pobreza multidimensional se refiere no sólo al bienestar económico sino a los derechos sociales de la población. En respuesta al mandato que establece la Ley General de Desarrollo Social (LGDS), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) definió una metodología que parte de dos aspectos analíticos principales: el bienestar económico y los derechos sociales de la población, denominada Medición Multidimensional de la Pobreza en México, a partir de la cual se genera la estadística oficial en la materia desde el año 2008. No podemos estar bien en un país donde casi la mitad es pobre. Bueno, sigo con mi intento de no caer en la pobreza, pero cada día la veo más cercana.

 Lot Gamboa, es de Acaponeta Nayarit. Es profesora normalista, licenciada en Ciencias Sociales por la Normal Superior de Nayarit, master en Estudios Humanísticos con especialidad en Literatura del ITESM también es master en Ética para la Construcción Social con Especialización en Consutoría Ética de la Universidad de Deusto España. Impartió clases en preparatoria, profesional y maestría, así como diplomados y cursos de actualización profesional y empresarial en el ITESM y actualmente es consultora y capacitadora independiente, además de laborar en el INEGI.

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Sancho Panza está enojado, por Luis Buero

Desde que era chico mi familia, mis maestros, todos los que me rodeaban me presentaron la realidad como un juego de dicotomías entre opuestos aparentemente contradictorios. Y las posiciones eran Dios o el Diablo, Aristóteles o Platón, San Martín o Belgrano, Perón o Evita, Guevara o Fidel,  Lennon o McCartney, Porcel u Olmedo, Serrat o Sabina, Freud o Lacan y, por qué no ahora, Palermo o Riquelme.

Ya sé que no se trata de discutir si le vamos a dar la razón a Nietzsche o a Heidegger, pero en un país en el que tenemos la cabeza hecha pelota (por lo futboleros que somos, quiero decir), un conflicto más de todos los que parece sostener Riquelme son primera plana en los medios y no por ser una noticia de color nos impide hacer una pequeña reflexión. Al menos a mí.

¿Qué le pasa a Riquelme? No lo sé, pero su frase “así cualquiera hace goles” referida al súper premiado Palermo, nos puede dar una pista, una ventanita para asomarnos. No se trata de un “atolondradicho” casual, sino de una denuncia casi universal.

Veamos. Palermo me recuerda a Artime, un goleador famoso que siempre estaba en el área grande contraria, esperando. Los demás entramaban la jugada como una forzada tela de araña, luego él recibía el pase final, la metía en el arco y recogía, obviamente, la gloria.

¿Cuál sería, me pregunto, el destino de los Artime y de los Palermo sin todos los “hombres sin rostro” que armaron la estrategia anterior y se la dieron servida? No existirían, pero a los otros, con el tiempo, nadie los recuerda ni les otorga records.

Ese es nuestro gran problema, somos una nación narcisista y solo reconocemos al que llega, no a la maraña que lo empuja y sostiene. Todos queremos ser Don Quijote, ninguno se imagina como Sancho Panza.  ¿Y qué sería el Quijote sin Sancho Panza? Un loco perdido en el desierto. Sin embargo la novela lleva su nombre.

Pero el problema en el caso del fútbol, precisamente, es que se trata de un deporte de grupo. Sí, grupo, una palabrita que nuestra visión individualista y “messiánica “(por creer que Messi solito nos puede salvar en el Mundial) nunca nos deja comprender del todo.

Grupo es un vocablo de origen italiano que no tiene mucha antigüedad en los idiomas del mundo. Más bien nos despierta desconfianza, la sensación de que en él vamos a perder la identidad. Sin embargo hay una red de prójimos que nos constituye a cada minuto. Sí, el grupo es mucho más que la suma de las partes y el individualismo será siempre un absurdo error antropológico.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar


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¿La generación del disquete?, por Dorismilda Flores Márquez

He de confesar que no sé cuándo fue la última vez que usé un disquete y que tampoco logro recordar la primera, pero más de 50 de estos dispositivos reposan en un cajón de mi escritorio. Los usé durante años y en algunos momentos pensé que eran muy prácticos, en otros me resultó terrible descubrir que los archivos muy grandes no cabían, que habían sido víctima de virus o que, incluso, se negaban a abrir. Cuando aún no tenía Internet en casa, pero sí computadora, escribía mensajes largos largos largos para mis amigos, los guardaba en disquete y, tan pronto llegaba a algún lugar con conexión, los enviaba por correo electrónico. Era la edad de oro del floppy disk y también parte de los primeros acercamientos al equipo de cómputo que tuvo mi generación. En aquel tiempo existían también los discos de 5¼”, pero iban de salida y los de 3½” resultaban más chiquitos, más bonitos y quizá también con mayor capacidad.

Los años pasaron y se popularizaron otras opciones, más prácticas y de mayor calidad, para almacenar y trasladar contenidos. Entre los CD, DVD y las memorias USB, los usos de los disquetes disminuyeron considerablemente y, con ellos, decrecieron también las ventas. En mi caso, los fui abandonando gradualmente, pero el golpe definitivo vino cuando compré una laptop que no tenía lector de disquetes. Desde entonces, varias cajitas con discos de 3½”, perfectamente etiquetadas, permanecen prácticamente en el olvido.

Justo ahora, en pleno 2010, medio mundo está hablando de la muerte del disquete o floppy disk, luego de que Sony decidió dejar de producir y distribuir estos dispositivos de almacenamiento, frente a la disminución de la demanda. Mucho se puede decir sobre las transiciones tecnológicas y la obsolescencia de ciertos objetos; sobre los intereses de mercado que, de alguna manera, transforman nuestros usos y costumbres; sobre las maravillas de los nuevos dispositivos que, en poco tiempo, coexistirán y/o serán desplazados por otros más sofisticados; incluso, acerca del caos que implica recuperar archivos de discos descontinuados; pero me parece que un elemento clave de esto es la generación… los mayores conocieron hasta las tarjetas perforadas, los menores no han tenido el gusto de vivir con disquetes, mi generación sí.

El fin del disquete, como el fin de las camaritas Kodak y del ilustrísimo Betamax, es quizá algo que une a ciertas generaciones. La mía —la de los que tenemos de veintimuchos a treinta y poquitos— creció con los disquetes —y también con camaritas Kodak y con algunas películas ochenteras en Beta—  y aunque ahora que se va, no lo vamos a extrañar, es evidente que muchas memorias están en ellos… simbólica y literalmente. Un minuto de silencio por el disquete que ha muerto. Larga vida a la comunicación digital, independientemente de sus soportes.

Dorismilda Flores Márquez es Licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y Maestra en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO; edita El Cafecito, casi siempre de madrugada.


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Día del deseo femenino, por Luis Buero

El Día Internacional de la Mujer se celebra el 8 de marzo en todo el planeta  “para conmemorar la lucha histórica por mejorar la vida de la mujer”. Así cuentan los diccionarios.

Pero más allá de los hechos históricos que determinaron su día internacional (que precisamente no coincide con el Día de la Madre), esta fecha encierra otro símbolo y otra gesta, que nos promueve la reflexión. ¿Me acompañan?

Cuando Dios creó a Eva a partir de una costilla de Adán, no inventó solamente el número Dos, sino que apostó a la existencia de un partenaire complementario. Como si para los textos sagrados (redactados por hombres)  ésta fuera la función otorgada al género femenino, y la esperanza de que ese ser nuevo podría transportarlo a Adán a su estado anterior, es decir, que el número Dos fusionado en el amor,  podría convertirse en  Uno nuevamente.

Pero Eva, desde el vamos, no se ajustó al plan divino prefijado, y eso le costó el Paraíso. Desde entonces, en la historia, en la literatura, y en la vida cotidiana, no hacemos otra cosa que asistir a la denodada resistencia de muchas mujeres (por no decir todas) a ese lugar complementario o suplementario que le fue asignado sin pedirle permiso. Ese rol de estar en función de y del cual, se les dice, depende el equilibrio universal.

No importa entonces si ella es santa, prostituta, doctora, asesina serial, madre nutricia o presidenta; porque para nuestra cultura “falocéntrica”, ella es “la que no tiene”, la que viene al mundo a perfeccionarnos, y a  mecer la cuna.

Hasta el Psicoanálisis (otro invento masculino) nos informa que “la mujer no existe”, y que es un síntoma o un sueño del hombre, pues nunca se inscribe una esencia de qué es la feminidad en el inconsciente.

Contra todo esto, siento yo, se rebela a diario la mujer. Se opone a guardar el lugar de subrogante de la imagen materna ante su marido, y de objeto sexual degradado frente a su amante.  Porque se da cuenta de que lo femenino, encarnado en ella, es el paradigma de lo diverso, lo altero, lo héteros, que cuestiona el ordenamiento masculino del mundo. La mujer de hoy, a sabiendas o involuntariamente, se hace popó en algún momento de su vida en la corsetería cultural que le han impuesto, y cuando todo parece perfecto, cuando su tensión interna debería llegar a un equilibrio permanente (la tan nombrada homeostasis), aparece el incómodo deseo. Incómodo para su pareja cuando no está destinado a él.

De allí, que lo femenino tanto como su deseo, emergen como inquietantes, como aquello que pone en duda todo saber, toda certeza, toda garantía.
El Día Internacional de la Mujer debería llamarse Día del Deseo Femenino, esa energía  de ella dirigida a un goce que no es ajeno a los varones, inasimilable, porque nos revela que lo perdurable, lo previsible, ya no pertenecen al espejo en el que la obligamos a mirarse, si,  desde siempre.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar


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El líder, ¿nace o se hace?, por Magali de la Soledad Villalpando

A lo largo de nuestra existencia se nos presentan diversas situaciones en donde tenemos que tomar decisiones. Desde pequeños, la elección de portarse bien o no, posteriormente se recibirá una lección, ya sea positiva o negativa.

Las circunstancias que vive cada individuo en el transcurso del tiempo, van creando el carácter de la persona para ir enfrentando los diferentes procesos que se le vayan presentando. Sin embargo, hay niveles en la toma de decisiones; basándonos en el aspecto individual y profesional, es decir, adquiriendo un valor subjetivo u objetivo.

En el aspecto profesional, las decisiones se toman en beneficio de la empresa, institución o grupo al que se pertenezca, en esta ocasión, no me enfocaré al aspecto colectivo sino individual, refiriéndome a los individuos que están en las jerarquías más altas, aquellos donde recae la toma de decisiones más fuerte: “Los Líderes”.

Líder es aquel individuo que no sabemos el por qué nos inspira confianza y de cierta manera, sentimos su apoyo moral y profesional, puesto que, nos motiva y coordina para logar nuestras metas individuales y con ello, organiza y cumple los fines de la empresa, institución u organización a la que se pertenezca.

Éste a través de su comportamiento produce un efecto en la conducta de los distintos individuos ya sea para mejorar o empeorar los fines perseguidos, mediante el poder que posee como individuo y profesional.

Existe una confusión entre los administradores y los líderes, la cual explicaré a continuación: Normalmente creemos que dependiendo del cargo, hablando de las altas jerarquías o puestos, se es un líder o lo confundimos con un administrador, la diferencia es muy sencilla. El administrador sé encarga de cumplir el perfil del puesto, no importa las características del individuo, sino que cumpla las metas y objetivos que se requieren para cumplir con su labor su rendimiento se basa en resultados, su función es meramente administrativa. Por otro lado, tenemos al líder, éste se sitúa en su cargo por sus características personales, impulsa el trabajo en equipo a través de la motivación y la cooperación en conjunto.

La pregunta que todos se hacen es: ¿Los líderes nacen o se hacen? La respuesta es, de acuerdo al juicio de valores y la formación de quién formule el cuestionamiento.  Lo cierto es que la primera etapa de vida de todo ser humano es fundamental para el desarrollo de las siguientes etapas, las experiencias o vivencias que se presenten en dicho momento, serán la base de los logros posteriores.

La educación será uno de los factores determinantes en la formación de un líder, está característica le dará las herramientas teóricas para ejercer en la práctica con sustento y entendimiento de las circunstancias o problemas a enfrentar.

Este conocimiento teórico y práctico, sumando lo aprendido en la infancia, más el factor experiencia poco a poco irá rindiendo beneficios, provocando un énfasis en el cambio y un control de sí mismo.

Se debe precisar que un líder tiene una habilidad y especialidad para determinada área, si lo alejamos de su fortaleza, no cumplirá ninguna de las expectativas que estuviésemos acostumbrados a ver en él o ella. Es por esto, que un líder, sabe de que esta hecho, cuáles son sus aptitudes y habilidades así como sus defectos y carencias.

Un líder según Warren Bennis: “Tiene una idea clara sobre lo que quiere hacer profesional y personalmente, así como la fuerza para persistir en caso de contratiempo e, incluso, de fracasos”.

Sabemos que un líder es el guía de diversas personas, por tanto, está obligado a saber qué quiere y a donde se dirige, a ser congruente con lo que dice, piensa y hace, lo más importante es enfrentar las derrotas y fracasos, saber cuándo se debe persistir y cuando se debe retirar.

Ser líder se dice fácil pero no lo es, en el proceso de toma de decisiones recae el desempeño o desarrollo de todas la organizaciones, en ciertas ocasiones, éste tiene que delegar sus tareas, puesto que, la solución debe ser rápida y en tiempo para llevar a cabo determinada acción.

Este individuo debe de ser hábil y aprender a leer entre líneas cualquier circunstancia, a sus colaboradores individualmente, no obstante, está obligado a ser efectivo en la resolución de manejo de conflicto intergrupales como individuales, preverlos para así logar un ambiente de trabajo a través de la confianza, siendo integro con lo que se les pide a su grupo, actuar de manera constructiva para así llegar a las metas y objetivos preestablecidos.

En México, la cultura de trabajar en equipo y ejercer un trabajo de calidad son premisas que se contraponen, es deber del los jerarcas reaprender y aceptar el cambio, motivar y dar confianza a sus subalternos, por lo tanto; confiemos en tener un México diferente.

Fuente

Juan José Huerta, Gerardo Rodríguez. DESARROLLO DE HABILIDADES DIRECTIVAS. Editorial Pearson Educación, México, 2006.

Magali de la Soledad Villalpando, basada en el aprendizaje cotidiano de las mínimas a las máximas circunstancias, de todo cuando existe ya sean personas, cosas o la naturaleza… impulsada por cada instante, amante de la vida y vagabunda por condición.


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¿Sometidos al poder del rumor?, por Luis Buero

Que Walt Disney  está congelado dentro de un freezer, que las Ruinas de Machu Pichu fueron construidas por extraterrestres, que la canción Aserejé ocultaba un mensaje satánico,  que el calendario maya indica que el mundo se acabará en el 2012, que Paul Mc Cartney falleció en 1970, que un tipo conquistado por una bella muchacha fue llevado a su bulín donde al otro día amaneció sin un riñón, que una rubia modelo famosa pasó la noche con ese dirigente futbolero que falleció de un infarto en su cama, que al playboy Porfirio Robirosa una prostituta le cortó el pene con los dientes, o que una primera dama de un país tuvo un affaire con un gobernador norteño… ¿quién se anima a rebatirlo? Ahora le agregamos, dada la agenda que los medios privados nos quieren imponer, que por la nueva ley de radiodifusión, el canal TN de noticias va a desaparecer.

Por eso cuando una revista científica que leí hace poco afirma que: “El rumor sería más poderoso que los hechos comprobados para determinar la opinión que los seres humanos tenemos de alguien”, deberíamos responderle: ¡chocolate por la noticia!   Tal vez los nobles científicos que descubrieron eso no sepan que dos tercios de la programación de la tele se basa en chismes, radio pasillo y noticias construidas. Y la gente las consume a gusto. Es como si el público exigiera: “¡no me cuentes verdades, solo quiero rumores!”. Tal vez, incluso, no exista en el mundo una conversación que no sea más que eso, intercambio de rumores. Y el rumor ha sido usado hasta para propiciar golpes de Estado, cierre de entidades bancarias, y hacer pensar a una población ingenua que se está ganando una guerra.

Pero… ¿por qué prende tan fácil?. ¿De dónde nos nace esta disposición para creer aunque digamos que no?  Pensemos.

Una vez fuera del sitio sin carencias que nos proporciona la panza de mamá, somos lanzados a este planeta desangelado para estrenar dos sensaciones inevitables: el miedo al ataque y el miedo a la pérdida. A partir de allí, en algún punto de los pliegues de nuestro cerebro, siempre estamos “en guardia” en mayor o menor grado.

El canturreo de mamá, los cuentos de la abuela, las leyes que nos persuaden de que el hombre no es el lobo del hombre, la constitución social que armamos para darnos seguridad ontológica, y por qué no, la cultura, proveedora de historias en las que el crimen paga, nos aminoran esas ansiedades básicas. Claro que a veces la comunicación tranquilizadora no llega y pasa como si en nuestra psique se abrieran grietas, como las de la piel, y todo parásito de rumor se nos mete y nos desequilibra el organismo. Porque creemos que la vida es equilibrio y ausencia de conflicto, y no entendemos que es exactamente lo opuesto, sólo la muerte nos promete esa supuesta vuelta al mundo inanimado del que provenimos.

Entonces, si un presidente se interna por un chequeo de rutina, ya cualquiera dice, por hablar, que quizás el primer mandatario tenga una enfermedad grave. Y la información se propaga a velocidad increíble por una cadena de voceros sin rostro hasta que se produce un clima de pánico generalizado. Si en otra ciudad, una gran empresa que siempre abona los sueldos el cuarto día hábil del mes, en una oportunidad se demora cuarenta y ocho horas más en hacerlo, ya probablemente alguien instale la suposición de que se viene el recorte de personal, despidos masivos, la quiebra misma. Y ahora también resulta que si sale la nueva ley de medios nos vamos a convertir todos en personajes de una novela de George Orwell.

¿Cómo desactivar un rumor, un operativo de prensa que intenta inyectarnos una manera de pensar como si fuera una aguja hipodérmica? ¿Cómo no repetir que aquella mina se acostó con ese otro, que ese otro es yeta, y que los americanos nunca llegaron a la luna?

Quizás la forma, como propuso un Maestro, sea preguntarnos cuando la murmuración llega a nuestra lengua, si lo que vamos a repetir es verdad, si es bueno,  y si es necesario, y  entonces, si no logra atravesar estas tres pruebas, mejor será dejar ese chimento sepultado en el olvido, si es posible, para siempre. Y que el “muchacho que sabe” o la corporación que lanza la bola de carne podrida, se vaya a decir boludeces a otra parte.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar


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El regreso de la prisión escolar, por Enrique Puente Gallangos

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Ahora ya no es la primaria la prisión escolar, ahora es la secundaria: “¡sí, papá, ayer fui a la escuela; bueno, estaba cerrada por que las monjitas no estaban; pero parecía una prisión, una cárcel! ¡También descubrí que mi abuela me engañó, el curso no es obligatorio, tendré que ir a la prisión!”

 

La escena educativa nos revela en ocasiones personajes ya conocidos en otra escena, la familiar. En ella se revelan las distintas imágenes que un sujeto recluido en prisión experimenta: miedo, soledad, angustia, vacio, vacuidad, inferioridad, hastío, en fin, una serie de muertes simbólicas que, en el peor de los casos, son perpetuas; pero que, en el caso de los niños, esta imagen casera se presenta de dos modos.

 

El primero como una repetición de la escena familiar en la escena educativa, mamá-maestra, papá-maestro, hermanos-compañeros, amigos-rivales, una repetición que provocará una serie de síntomas histéricos en estos niños, como llegar tarde, no hacer tareas, pelear con compañeros, no obedecer a los maestros, miedo a los niños o niñas, malestar en la escuela.

 

Pero también sucede todo lo contrario, niños que ven en la escuela una posibilidad de suponer un padre, una madre, un hermano, un amigo, algo que me falta y que es importante en mi vida; posibilidad que de manera simbólica me permite identificar un afuera de la familia, un afuera de mí mismo. Someterme al horario, someterme a rezar antes de iniciar clases tendrá como fundamento un acto de legitimación, un acto de identificación con quien me llevó a esa escuela, un acto de identificación de creer en quien me llevo a la escuela o un acto de identificación, “tiene la razón quien me trajo a esta escuela”; identificación que legitimará mi estancia en la prisión escolar.

 

Pero, ¿qué sucede cuando no hay legitimación en esa decisión y por lo tanto no hay identidad del niño con quien lo mandó a la escuela? El niño entra por tres años o muchos más a estudiar, no a desarrollar habilidades; entra a la prisión escolar a cumplir una pena, un castigo, una culpa que, generalmente no es de ellos, es del otro, el otro que los llevó a la escuela; prisión escolar que en algunos casos se toma como una reincidencia, una repetición de una conducta que no entiendo, no comprendo, no puede hacer consciente aun el niño. Calificaciones malas, exámenes aplazados, años reprobados, sujetos descalificados, sujetos que hacen síntoma y hacen habla, hacen discurso y mensaje, mensaje enviado y leído por el otro. Otro que no responde y sólo amenaza con cambiarlo de prisión a donde sí puedan poner en cintura al hijo, a donde sí puedan hacer lo que yo como padre no puedo hacer. Niños hiperactivos, niños problema, niños que no hacen nada, niños ausentes, niños enfermos según los médicos y psiquiatras, futuros adictos que encuentran respuesta científica a su malestar con algún tipo de medicamentos que haga lo que la escuela no puede y lo que los padres no pudieron, medicamentos. Los fármacos son la última instancia de estos niños. Aunque no con esta misma suerte, los que ya no están en la prisión escolar, porque fueron promovidos a una clínica psiquiátrica o psicológica. Los niños que siguen en la prisión escolar mantienen una lucha dialéctica entre su deseo y el deseo de sus padres; lucha dialéctica entre ir de lunes a viernes a la escuela, rezar de lunes a viernes y un “¡no me gusta la escuela, las monjitas están bien mal!”

 

Pretendemos resaltar que en la escuela puede estar una solución de los problemas del niño en la escena familiar, pero también que en la escuela en ocasiones, se agravarán los problemas del niño con su familia. Lo más fácil de todo es culpar a los hijos y los maestros; pero los maestros muchas veces no están capacitados en los quehaceres de una guardería y no están capacitados como psicólogos y psiquiatras para dar una respuesta a estos niños, ¿por qué enfrentamos a estos niños a la no respuesta?

 

Culpar a los niños es evitar la responsabilidad que nosotros como padres tenemos con ellos, recuerden que la culpa siempre es compartida. Los errores de nuestros hijos son el resultado de nuestro fracaso como padres. Prisión escolar con readaptación, con trabajadoras sociales, con psicólogos, con psiquiatras, con psicoanalistas, con médicos, con licenciados en derecho, con profesionales interdisciplinarios que nos permitan darles una respuesta a estos niños; una respuesta medica, psíquica, una respuesta pedagógica y jurídica a estos niños; respuesta jurídica que nos permitirá determinar sobre la tutela de estos niños, apoyándolos en los dictámenes pedagógicos y psicológicos. A partir de entonces la prisión escolar, dejará de ser el lugar donde se tiene prisionero a un niño, culpable y responsable del otro, del otro que son sus padres; y se convertirá en la escuela donde, como parte de la continuidad familiar, se permitirá desarrollar al niño habilidades necesarias para poder hacer una mejor interpretación de la realidad que está viviendo.

 

 

 

 

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho; Maestro en Derecho Constitucional; Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes; Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autonoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.