El Cafecito


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Algo sobre El hombre de los lobos (todo sería demasiado), por Luis Buero

De haber nacido en la segunda mitad del siglo 20, hoy sería famoso como Ricardo Fort y tendría su propio blog, seguramente titulado “El loco de los lobos”, compitiendo con Malena Pichot  y su “loca de mierda”.

Pero no, le tocó venir al mundo antes que inventaran la radiofonía y la televisión,  aunque vivió lo suficiente como para que le dedicaran varios kilómetros de papel impreso a su nombre.

¿Qué nombre? Sergei  Pankejeff  (1886/1979), sí, ese buen mozo aristócrata ruso nacido en Odesa (Ucrania), que se hizo célebre  por ser uno de los pacientes de Sigmund Freud el cual lo bautizó El hombre de los lobos. Y no solo Freud escribió sobre él, sino también otros profesionales que lo atendieron, el propio paciente, y una periodista, que lo acompañó hasta la muerte.

Si la verdad tiene estructura de ficción y lo narrado por un paciente es su versión de la realidad, todos los profesionales que por décadas siguen haciendo leña del nogal del hombre de los lobos no hacen más que elucubrar sobre un relato que no oyeron, de un individuo al que nunca vieron personalmente.  Sobre él se ha dicho que era histérico grave, neurótico obsesivo, piscótico, hipocondríaco, maníaco-depresivo, y algunas cositas más, entre ellas “borderline” que significa: “no sabemos qué carajo es, pero ojo que en cualquier momento explota”.

Esta vez yo un simple ex paciente —no de Freud, por suerte— en solidaridad con este señor al que no conocí, pero creo comprender un poco (solidaridad de neurótico a neurótico), voy a decir algo sobre él.  Y voy a narrar esto en un idioma por demás vulgar, por el cual este trabajo no debería ser tomado en cuenta por nadie, y menos por un estudiante de Psicología.

Empecemos por reconocer que a Sergei le cagaron la vida en la casa aquella vez que siendo chiquito, en vez de elogiarlo al pibe porque no les rompía la paciencia a sus viejos, por el contrario estos le dijeron que él debía haber sido niña y su hermanita mayor (flor de kilombera) tendría que haber sido el varón, dada la diferencia de carácter de ambos… (y el estereotipo de género que encorsetaba a estos dos padres de cuarta).

Así es que Sergei —que como todo proyecto de neurótico asocia sobrevivir con ser amado— le quedó la sospecha de que para que sus padres lo quisieran (y de paso el mundo también)  y lo tuvieran en cuenta, debía convertirse en un chico-problema. Y desde ahí nunca más paró, porque un significante-amo como ese no se deja de lado así nomás.

Desde ese día ya habría empezado a preguntarse “quién soy” y si estaba vivo, muerto o qué se yo.  Y habría que agregar que nació en Nochebuena, como Cristo, al cual parece haberse identificado al llevar una vida llena de sobresaltos y una fama que lo excede después de muerto y que lleva los condimentos de la eternidad. Un Cristo al que en vida nadie lo comprendió demasiado o del todo, como a él. Pero fue reconocido como un Mesías, por algunos, igual que él.

Dice la crónica freudiana que su madre se dedicaba poco a los hijos, aunque sí lo llevaba de la mano al médico —de ella— y el pibe debía escuchar las quejas y temores que ésta le profería al doctor, con el cual adquirió otra frase de molde: “así no puedo vivir más”. Por otro lado esto le demuestra que la madre estaba castrada, que era un Gran Otro con agujeros.

Por otro lado el chico era consolado por ñañas, maestras y empleadas domésticas, con lo cual la imagen materna andaba repartida en cuotas en distintas mujeres.

Hasta que, según se dice, una tarde descubre a los padres haciendo el acto sexual en la posición del perrito y, obviamente, el muchachito se hace popó encima —yo digo que del susto—, mientras que los que saben aseguran que así se desprendió del objeto a.  Y nos quedamos más tranquilos.

Pero no es motivo de mi narración seguir historiando su vida, la cual pueden hallar mejor en textos certeros, no como éste, sino aclarar por qué para mí este paciente es un neurótico obsesivo y no un psicótico, como insisten algunas malas lenguas que lo quieren hacer pasar por loco.

Vayamos a las pruebas, señor juez:

1)     El muchacho va a consultarlo a Freud a los 23 años porque no sabe si casarse o no con una pobre muchacha (al igual que otro paciente menos famoso, el hombre de las ratas) ¿Duda? ¿Procastinación? Vamos en camino.

2)     No responde demasiado al tratamiento, de entrada no le da mucha bolilla a Freud, y esa dócil apatía responde a la seguridad del yo neurótico, que cree tenerla clara. Cuando Freud le pone un límite de tiempo, decide empezar a laburar. Si en cambio le hubiera puesto un límite de dinero en ese momento no hubiera pasado nada, el tipo contaba con buena plata.

3)     Angustia de castración, presente. La breve alucinación del dedo cortado luego de jugar con una navaja en un árbol, alude a las veces en las que sus ñanas lo amenazaron con que a los chicos que se orinan encima o se tocan los genitales, se los pueden llegar a cortar o pegarles en ellos. Por otro lado, ese niño no ha venido a ser el falo de completitud (el brillo fálico) de esa madre. Ni del padre. Ni de nadie.

4)     La escena primordial, ¿por qué se insiste en que se identifica con la madre en el acto sexual del perrito… y no con ambos? El pene del padre está “desaparecido” en la “cola de adelante” de la madre, la mujer puede hacerle desaparecer el pene al hombre. Puede castrarlo. La angustia ante la mariposa, que abre las alas en V como la Grusha abría sus piernas y mostraba su sexo, la V romana que es promesa de lo desconocido placentero, y de posible castración.

5)     El sueño de los lobos, el nogal asociado al árbol de navidad, ya presenta la amenaza de castración, la fobia a los lobos representa el miedo al padre (a ser castrado, asesinado, comido por el padre), ¿por qué solo ser sodomizado necesariamente? La fobia tiene detrás una fantasía de perder algo, angustia de castración. Por otro lado, el miedo a ser comido por un lobo es un relato común en niños de las generaciones que se cansaron de escuchar cuentos con lobos que se comen personas, comenzando por el de Caperucita Roja. Incluso ha sido usado por los padres como amenaza simbólica de castigo: portáte bien o te va a comer el lobo como a Caperucita.

6)     La castración implica el deseo hacia la madre y hacia las mujeres que como la madre y la hermana le exhiben el trasero. No quiere ser la madre en el acto sexual sino poseerla, como el padre.

7)     ¿Homosexualidad pasiva? Entonces, ¿por qué se excita al ver mujeres de espalda, hincadas lavando o ejerciendo una tarea que les deja las nalgas expuestas a su mirada?, ¿por qué se contagia gonorrea con una campesina que se llama como su hermana mayor? También declara sentir enamoramientos compulsivos hacia mujeres de grandes nalgas o que adoptaran la posición de la madre en el coito con el padre.

8)     Que la hermana le tomara el pene, jugando con él “como hacía la ñaña con el jardinero”, aún en su pasividad no lo quita de estar en la posición “del hombre”,  con el que ha sido comparado. La hermana tiempo después lo rechazará, demostrándole que todo no se puede. El querer ver las mujeres desnudas de la casa lo remiten a una actitud ya activa, no pasiva.

9)     La enseñanza de la religión dada por la madre (para apaciguarlo, porque ahora no les gustaba que el chico fuera tan nervioso), una ley escrita más allá de ella funciona —si todo lo anterior no fue suficiente— como inscripción del nombre del padre, y deriva en la neurosis obsesiva, con rituales reparatorios (rezar muchas veces a la noche, santiguarse repetidamente, besar todas las imágenes religiosas repartidas en el cuarto). Luego, importancia del maestro alemán, del alemán de Freud, el factor alemán permite el enganche transferencial positivo y lo tranquiliza.

10)    Masoquismo erógeno, femenino, moral. Placer de recibir dolor (enemas), angustia de ser devorado por el padre, poseído sexualmente y parir. Sentimiento de culpa por odio al padre, que se calma —según Freud— cuando cae en la miseria. Pero sigue manteniendo sus distintas enfermedades (satisfacción sexual de los síntomas) para seguir pagando de alguna manera por ese odio a quien prefería a la hermana sobre él, según su parecer, y a esa hermana que siempre era la más querida o preferida. El éxtasis ante la vista de su propia sangre saliendo de la mano del médico que le opera la nariz (sustituto inconsciente del pene) puede también interpretarse como la satisfacción ante el pago de esa culpa. Recordemos que la sangre es también un valor importante en Cristo. Sergei es alguien que necesita estar siempre enfermo. La hipocondría no responde sólo a ver en sus órganos objetos persecutorios, objetos malos diría Melanie Klein, sino a la simple estrategia de buscar modos de seguir pagando y evitando ser feliz.

11)   El paciente desea volver al útero materno, no haber nacido nunca. La vida no le ha deparado de entrada demasiadas satisfacciones. Su búsqueda de ser amado es la estrategia para luchar contra la pulsión de muerte. La fama que le da Freud es el único modo de trascendencia que encuentra, para demostrar que él sí tiene valor (para la ciencia, para la sociedad, incluso como artista). Es una forma de decirle a los padres que se equivocaron al preferir a la hermana antes que él y al hacer comparaciones odiosas e innecesarias entre ellos dos. Pero siempre le quedará sin respuesta la pregunta “¿qué me quiere el Otro?”.

12)   Algo más que nos afecta a todos, me refiero, a los varones que no vimos al padre —creo— a nuestros padres en coitus a tergo, pero igual nos hace arrugar: se trata de las fantasías originarias (según Freud).

Las Protofantasías de castración:  Surgen del temor a la castración por parte del padre si se cumpliera el deseo del hijo de acostarse con la madre. O de lograr cierta fusión con la madre, imposible, porque “el objeto está perdido”. De allí que convierte lo imposible en impotencia.

Estas protofantasías constituyen un patrimonio filogenético, por medio de las cuales vuelve el individuo a la vida primitiva. Es posible que estas fantasías originarias hayan sido en épocas tempranas realidades concretas y que el niño no haga más que llenar con esta verdad prehistórica lagunas de la verdad individual.

Al descubrir la importancia de las fantasías en la etiología de las neurosis y aceptar que la realidad aparentemente real de estas escenas no era más que realidad psíquica, cuya expresión no hace referencia a un mundo interior, sino que designa un núcleo resistente, el único verdaderamente “real”, puede hacer un viraje importante en su teoría, evolucionando desde la concepción de trauma de la escena sexual infantil hasta las protofantasías de seducción. Así la escena de seducción, es fantaseada por la histérica que busca a través de esta la satisfacción del deseo incestuoso.

13)   ¿Cuándo desestimó la castración?  De grande iba a ver prostitutas y se masturbaba delante de ellas por temor a contagiarse enfermedades venéreas (de hecho sufrió una en su adolescencia, en épocas en las que no existían los antibióticos).

14)   ¿Por qué aceptó ser un mantenido de Freud y la IPA? Porque su relación con el dinero había sido siempre así, el nació en una familia aristocrática y se acostumbró a ver que el dinero venía desde el afuera sin hacer nada especial para conseguirlo. En su psiquis era lo normal recibir dinero simplemente por ser, antes por ser el hijo de su padre, ahora por ser el hijo de Freud o de la IPA.

En síntesis, Sergei, o el hombre de los lobos, era un neurótico de ley, y no un psicótico, y si no le vimos la cara en persona, no podremos conocer su mirada,  sus ojos. Tal vez miraba el reloj detrás de Freud porque se aburría y esperaba que la sesión terminara pronto.

¿La solución a sus males? Un analista debería dejarlo impotente de todo saber, sacarlo de esa posición culta de ser que entiende sobre sus síntomas, borrarlo de ese sitio de omnipotencia de un saber que en realidad le pertenecía a ese gran Otro, Freud, más los otros grandes Otros que tuvo en su vida, empezando por esa voz que lo mandó a gozar, es decir, a sufrir para siempre.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar

 

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