El Cafecito


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¿Niño o niña?, por Enrique Puente Gallangos

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Un ser humano deviene sujeto por el Otro. El otro de la cultura, el lenguaje y su historia. La sexualidad de este sujeto tiene la misma vía; aunque no podemos negar el buen intento de la biología por dar un sexo, pero admitamos su insuficiencia. La ciencia globalizada al servicio del deseo, no del  hombre, no del ser, no del sujeto, si del consumidor y del deseo de los padres, ofrece la cirugía como rápida solución. Permitamos al sujeto un sexo, estructurado por su historia, su biología y su cultura; que descubra y conquiste su sexualidad; y no cubra lo que fue colonizado con un sexo por el otro de la ciencia plástica.

¿Cuál es mi sexo? ¿Qué es la intersexualidad?, ¿Qué órganos sexuales combinados en un cuerpo cuestionan la sexualidad del sujeto? Una niña, un niño, una mujer, un hombre, no son iguales, son diferentes. Diferencias generales, cualquier afirmación estricta sobre la naturaleza de su sexo necesariamente depende de una política social y de la ciencia.

La realidad es que hay sujetos que nacen con diferencias en los órganos, tipo mujer y tipo hombre. Al nacer el sujeto, en algunos casos, sus órganos genitales son confusos, pueden ser con un clítoris largo, pene pequeño, o un órgano que no es claramente pene o clítoris; mujeres con cromosomas XY y hombres XX, otras XXY, XO, XO/XY; mujeres con testículos internos y hombres con ovarios internos. ¡Puf! Cosa complicada para los padres, pero comprensible en la escena médica, ya que la anatomía sexual femenina o masculina comparte vías comunes en la matriz.

Monstruosa y vergonzosa es la intersexualidad para las familias de estos niños y es mejor no hablar del tema. Pero l@s adult@s intersex han decidido hablar y hay que escucharlos. Los médicos, de una manera cuantitativa, han otorgado sexo a estos niños intersex cortando lo que sobra y poniendo donde falta, claro, con las mejores intenciones para dar respuesta a las familias y a los niños; pero se olvidaron de un detalle, la asistencia psicológica para los padres y para los niños, porque bien sabemos que un niño o niña juegan indistintamente con juguetes para niños o niñas y que su familia los dirige hacia un sexo, masculino y femenino según sea el órgano. Pero también sabemos que aun sabiendo el órgano y seleccionando los juguetes de su sexo, los niños en ocasiones no se dirigen a un objeto del deseo sexual diferente al suyo, sino se dirigen a un objeto del deseo sexual igual a suyo. Esto es que la elección de un objeto del deseo de un sujeto no depende del saber del órgano que posee, así que las buenas intenciones de otorgar un sexo a estos niños intersex, según el dicho de los adultos intersex, les han presentado un sinnúmero de problemas; ya que implantándoles un pene o una vagina, los ha llevado con el tiempo, su cultura y su lenguaje, a buscar, siendo adolecentes y adultos, un objeto del deseo sexual muy distinto de lo que les indica su sexo implantado.

Tarea nada fácil para la ciencia en general determinar un sexo para el sujeto; pero demos oportunidad a otras disciplinas como el psicoanálisis y demos una oportunidad a estos padres y a estos sujetos que sean ellos quienes, desde su propio deseo de tener un niño o niña, estructuren a este ñiñ@ y con sus usos, sus costumbres, lleven a provocar a este ñiñ@ un deseo sexual y sea el mismo niñ@ quien haga un giro cultural  y se descubra sexuado y responda: “¡yo son un niño!” O: “¡yo soy una niña!” Nadie nace mexicano o ruso o argentino, ni mucho menos; nadie nace humanista, garantista o estructuralista; es el contacto con nuestra historia, nuestra cultura y el lenguaje la que nos estructurara subjetivamente y a través de la palabra podríamos decir: “soy María Paula, mexicana, orgullosamente oaxaqueña y mujer”.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho; Maestro en Derecho Constitucional; Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes; Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autonoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y adolecentes;Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina; Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP en la Universidad Autonoma de Tlaxcala; es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.
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Estupidez masculina y femenina, por Giovanni Salinas González

Hace un mes y medio aproximadamente, salió una campaña para evitar el consumo de huevos de tortuga, y el anuncio rezaba: “Mi hombre no necesita huevos de tortuga porque sabe que no lo hacen más potente“, junto con la foto de una modelo con cara cachondona.

Bueno, lo que pasa, estimada estimado lector foráneo, es que el mexicano generalmente se cree cualquier tontería que le digas (si no estas seguro, deja oxidar una lámina vieja y grita que le apareció la Virgen de Guadalupe y, mínimo, tendrás a los reporteros de TV Azteca), y bueno, por mí, la virgencita puede aparecer en láminas oxidadas, humedades de edificios viejos o en las manchas de las vacas, si quieres, pero a algún idiota se le ocurrió inventar que los huevos de tortuga con limón dan al hombre mayor capacidad de erección. Sí, tal cual. Entonces, ahí están de estúpidos los hombres mexicanos acabando con el medio ambiente para mitigar sus temores sexuales.
Bueno, eso es en lo que toca al hombre. Sus temores e ignorancia lo llevan a destruir el medio en que vive, gracias a una creencia vergonzosa e infundada. Ahora las mujeres.
Últimamente, la mujer ha peleado cada vez más por la equidad; lo cual está bien, pero se pelea con tanta garra y tan poca estrategia que, desgraciadamente, al pujar por la igualdad, algunas mujeres se van a la desigualdad, una desigualdad burda, tonta, y que raya en el desconocimiento de los contextos actuales. Es como si tratas de sacar un pez grande desde tu lancha y lo jalas con tanta fuerza que se te cae del otro lado del bote, ¿me explico?
El Instituto Nacional de las Mujeres ha criticado la campaña de la modelo de los huevos, alegando que tal campaña “es sexista y reafirma el estereotipo de objeto sexual de la mujer”.
Válgame Dios, que triste. No voy a opinar sobre la campaña, ni sobre si el anuncio es bueno o malo en términos de que ataca directamente al imbécil que come huevos de tortuga para evadir su disfunción eréctil o eyaculación prematura.
Voy a opinar sobre las ociosas del Instituto de las Mujeres, donde, al no esforzarse en ayudar realmente a generar equidad, se van sobre organizaciones ambientalistas que nada tienen que ver en la industria del sexo o la explotación de la mujer como juguete sexual.
Atacar a una organización ambientalista es más fashion, glamoroso, y genera más publicidad gratis, que ponerse a pensar responsablemente como mejorar la calidad de vida de las mujeres.
Si estas viejas (ora así les digo pa’que se les quite!) del Inmujeres, creen que en tal anuncio se “reafirma el estereotipo de objeto sexual”  de la mujer, yo les pregunto directamente:  ¿Alguna vez se han puesto a leer COSMOPOLITAN, TÚ, ó VANIDADES?  ¿Alguna vez se han puesto a ver los anuncios de Victoria’s Secret o de cualquier otra ropa interior?
Siempre que veo las portadas de esas revistas dice:  “SEXO: ¡LOS CUENTOS DE CAMA MÁS SALVAJES!” o “SEXO: CÓMO HACERLO TU ESCLAVO EN LA CAMA”.

Entonces, ¿qué hace una campaña “x” para combatir el consumo de huevos de tortuga en el hecho que la mujer, al hablar de sexo, sea satanizada como objeto sexual? Nosotros también lo practicamos, por si no lo sabían. Y con ustedes.
¿Por qué ofenderse con un anuncio, cuando las revistas, espectaculares, novelas, programas, libros, cajas de cereales, encuestas y todo lo demás orientado a la mujer, revelan que ustedes también lo practican y les gusta?
Vamos poniendo esto en su justa dimensión: no es que las mujeres del Instituto Nacional de las Mujeres realmente sientan que un anuncio “rebaja” a la mujer, de otra manera, estarían quejándose cada mes de las portadas de todas las revistas para mujer. Lo que pasa es que han de tener poco trabajo, y necesitan hacer ruido. Aunque sea un ruido estúpido.
¡¡Diablos!!

Giovanni Salinas González es diseñador industrial, con pasión por los viajes y la comida.


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Ideas peligrosas, por Samantha Muñoz Pérez

¿Cuántas veces no hemos estado de acuerdo con el dicho popular “el hombre llega hasta donde la mujer quiere“? Diariamente somos capaces de aceptar como verdad las falacias de la “sabiduría popular”, por llamarla de alguna manera, es decir, parecen verdades irrefutables esos dichos, pero no lo son. Esa palabrería se puede convertir en peligrosa al instalarse en nuestras mentes. La capacidad que todos tenemos de razonar debemos explotarla en este tipo de cosas también, porque aunque nos parezcan dichos triviales, no lo son, tienen mucho de fondo. De hecho, afectan la percepción social y he aquí mi refutación: las mujeres no somos las únicas responsables en una relación sexual, si a un hombre se le enseño desde niño a ser el ‘malcriado al que le permitían hacer lo que quisiera’ no es problema de su novia o su esposa, no es culpa de ellas que su pareja quiera tener sexo a toda hora, no es responsabilidad de ellas ‘tener ganas’ cuando a él ‘se le antoja’, no es responsabilidad exclusiva de ellas que tengan que parar a un hombre que trata de traspasar su espacio personal-sexual. ¡No!, porque si estamos de acuerdo con esto, quiere decir que aceptamos que el hombre debe comportarse como quiera, hasta violar a su pareja o a quien sea, puesto que la mujer en cuestión no le puso un alto. ¡Aguas! ¿Se dan cuenta de lo peligroso de no meditar lo que escuchamos diariamente?

Hay que aclarar que las mujeres sí somos culpables, pero de aceptar dichos como esos y aplicarlos en nuestra vida. Las consecuencias ya son visibles en juicios de violación en los que no puede probarse dicho acto y donde se falla a favor del atacante, ya que la mujer no puso un alto y en algún momento hasta coqueteó. ¿En qué momento puede decirse que la mujer propició que un tipo irresponsable y enfermo sexual (enfermo, porque tiene una falla en el cerebro para controlar sus impulsos sexuales) la viole? Tanto ha sido el libertinaje y la falta de valores difundidos en los medios de comunicación que esos casos van en aumento. Tanto el hombre como la mujer tienen el deber, el compromiso de controlar sus impulsos sexuales, por tanto, es responsabilidad de ambos ‘acordar’ hasta donde llegará su intimidad. Dios quiere que disfrutemos de nuestra sexualidad con amor y el amor es lo que no queremos comprender por la serie de compromisos que conlleva, y pensamos que es mejor si nos dejamos llevar con lo que la mayoría dice o cree, así que mejor es ‘hacer el sexo como en la tele’, comportarnos como en las series televisivas o en las películas, como ‘chupamirto’ (o sea, un animal que por instinto y necesidad anda de flor en flor extrayendo su néctar). Así que, para terminar, dejémoslo en que “el hombre llega hasta donde ambos, hombre y mujer deciden llegar”.

Samantha Muñoz Pérez es periodista; actualmente es miembro de la Red Ciudadana en Apoyo a Andrés Manuel López Obrador.