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Maldito público que no se ajusta a mis expectativas: el público y el otro cine, por Dorismilda Flores Márquez

Se hace cine por amor al arte y se acaba vendiendo el carro para terminar una película que el público ni ve. El cine es perfectamente comercializable y se puede vivir de ello. El Estado tiene que apoyar al cine como producto nacional. El Estado no tiene por qué apoyar al cine y si así fuera, la gente debería poder ver gratis ese cine, puesto que de sus impuestos se produjo. El público de cine es inculto. El público prefiere ver actores conocidos, en lugar de arriesgarse a ver algo desconocido, pero de calidad. El público ha sido educado por Televisa y está acostumbrado a recibir productos de mala calidad. El gran enemigo del cine es la distribución. La publicidad es una gran amiga del cine, éste la necesita para que la gente lo vea. La proyección digital puede ser una gran amiga del cine, para llegar a otros públicos. En torno a esto giró la reflexión en torno a públicos de cine en un panel en que participé recientemente en Lagos de Moreno, Jalisco[1].

El debate fue interesantísimo, como genial fue compartir ideas lo mismo con cineastas que con promotores de festivales y un publicista, del DF, Guadalajara, San Francisco del Rincón y Aguascalientes. Creo, sin embargo, que fuera de todo lo maravilloso que fue el diálogo, es lugar común hablar del público inculto o atribuir a determinadas instancias (saludos, Televisa) la incultura del público, o lo que es lo mismo, maldito público que no se ajusta a mis expectativas, sea como cineasta, sea como promotor. Pero no es lugar demasiado común hablar de qué tanto se encuentra o se hace el esfuerzo por encontrar al público.

De entrada, se hace la distinción entre cine (y público) comercial y de arte o culto, entre éxito y calidad, como si meter millones en taquilla y rentas y lo que se acumule estuviera peleado con un producto impecable y viceversa. Desde la distribución comercial, como negocio que es, se toma sólo aquello que pueda garantizar éxito comercial. Desde la distribución independiente y dos que tres festivales y foros, se privilegia lo culto, aunque no jale gente, y en muchos casos se programa lo que corresponde al gusto de los organizadores. En ambas vertientes, se espera que el público abarrote las salas.

Y, ¿quién diantres es el público? ¿Dónde está? ¿Le gusta el helado de vainilla? ¿Le alteran los balazos? ¿Brinca en el asiento con las películas de terror? ¿Le duele el trasero o se le enchueca el cuello con tan incómodas butacas? ¿Sale con enemil ronchas después de haber sido cruelmente atacado por los zancudos en alguna función al aire libre? ¿Y de todos modos regresa?

Vale la pena ir al origen del público, de acuerdo con García Canclini (1994ª, 15), “el espectador de cine es un invento del siglo XX”, es a partir de las construcción de salas, desde 1905, que se forman hábitos de percepción, asistencia, ritualidad colectiva: salas oscuras, elección de distancia de la pantalla, intercambiar impresiones a la salida, etc.

Si bien el mejor momento para el cine mexicano se dio en los años cuarenta y principios de los cincuenta, en la época de oro, gracias a la articulación de factores productivos, comunicacionales y de recepción (García Canclini; 1994b, 23); no se puede hablar hoy de la muerte del cine, como no se ha podido hablar de que el cine ha muerto, a raíz del invento y popularización de la televisión, el video e Internet, estos configuran otras opciones para llegar al cine, que muy seguido se entrecruzan. De hecho, hoy se ven más películas que en cualquier época anterior (García Canclini; 1994a, 14), precisamente porque hay más opciones para ello: cine comercial, centros culturales, ciclos y festivales en cines y otros espacios, televisión, video, Internet, autobuses, aviones, etc. Y se va al cine o se ve el cine principalmente en el tiempo de ocio, ese “tiempo extralaboral dedicado a la información, entretenimiento, diversión y formación” (Perceval; 2000, 64). Ir al cine, rentar una película o descargarla de ciertos sitios, cuesta; ¿qué hay de quienes no tienen dinero?

¿Y qué busca la gente en el cine? A ojo de buen cubero, busca entretenerse, a veces se trata de ver a cierto actor o las películas de cierto director, también las películas de cierto género o de cierto país, pero a veces se trata simplemente de tener un escenario para ir con alguien. Hay diferencias, sin embargo, entre ver el cine en el cine y verlo en televisión u otros dispositivos. En el cine como espacio social, se encuentra placer, entretenimiento y, en términos de García Canclini y Módena (1994, 80), un sentido de intimidad dentro de la multitud. En el cine visto en televisión, la “gratuidad” relativa y el entretenimiento. En video e Internet, películas específicas, algo así como cine a la carta. Y en los festivales y ciclos de cine, me atrevo a decir que se busca lo diferente, las películas que no estarán en cartelera comercial, que difícilmente llegarán a la televisión, otras caras, otras culturas, otras estéticas y narrativas.

Así, más allá de lamentaciones, me parece que es momento de explotar otros recursos, televisión, video, Internet (vivan YouTube y similares), festivales y foros. Es momento, para quienes programan, de diversificar la oferta. Y, si la gente no va al cine, que el cine vaya a la gente, a los espacios públicos, a la escuela, a los organismos no gubernamentales, a la Iglesia. Es momento de no cortar el proceso en que el público “vea” el cine y ya, sino de buscar la discusión y la reflexividad. Es momento, principalmente, de encontrar al público y no esperarlo sentados.

Referencias

García Canclini, Néstor (1994a). “El cine mexicano en los noventa: ¿última crisis o crisis final?”. En García Canclini, Néstor (coordinador). Los nuevos espectadores. Cine, televisión y video en México. México: CONACULTA – IMCINE. Pp. 13-21.

García Canclini, Néstor (1994b). “Del cine al espacio audiovisual”. En García Canclini, Néstor (coordinador). Los nuevos espectadores. Cine, televisión y video en México. México: CONACULTA – IMCINE. Pp. 22-37.

García Canclini, Néstor y María Eugenia Módena (1994). “La historia del cine mexicano mirada desde el fin de siglo”. En García Canclini, Néstor (coordinador). Los nuevos espectadores. Cine, televisión y video en México. México: CONACULTA – IMCINE. Pp. 41-86.

Perceval, José María (2000). “Medios de comunicación y educación en la sociedad del ocio”. En Pérez Tornero, José Manuel (compilador). Comunicación y educación en la sociedad de la información. Nuevos lenguajes y conciencia crítica. Barcelona: Paidós.


[1] Corte y nos vamos. Primer Encuentro de Cine. Casa Serrano. Lagos de Moreno, Jal. 20 y 21 de abril, 2007.

Dorismilda Flores Márquez es Licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, estudiante de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura en el ITESO, y editora de El Cafecito, entre otras curiosidades.