El Cafecito


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Paquito, por Enrique Puente Gallangos

Paquito es un sujeto de 60 años de edad, pero hace cuatro años se ha convertido en un Presidente.

Concebido por el Orden Jurídico Primario y la voluntad popular.

A Paquito le restan sólo dos años de vida y no se siente nada bien; presenta síntomas, inhibiciones, padecimientos  y angustias.

Él dice que tal vez esos malestares son producto de las envidias de los otros, pero puede afirmar que él “no ha hecho nada para merecer las criticas de los otros”, que simplemente ha hecho lo que el orden jurídico le ha permitido y lo que la voluntad popular le ha demandado”.

Pero aquí habrá que cuestionarnos: ¿qué es un Presidente?, ¿dónde vive?, ¿qué hace?, ¿tiene poderes?

Pero creo que no es el momento de desarrollar una clase de Derecho Constitucional, me limitaré a presentar la visión que se tiene del Presidente.

Desde que nacemos, hemos ido captando la existencia de un Presidente poderoso, que pensamos que lo puede todo o casi todo. Es un ser muy lejano a uno, de carácter que casi podría considerarse mítico y de quien depende, en una buena parte, lo que le acontezca al país y a uno mismo.

Estudios realizados con niños muestran que para ellos es el más trabajador, honrado, simpático. Una figura omnisapiente, omnipotente e infalible y esta concepción de los niños perdura en muchos adultos.

John F. Kennedy escribió: “La Presidencia es una Institución formidable, expuesta y misteriosa: afirmó que es formidable, porque es el punto de decisión último en el sistema político; que es expuesta, porque la decisión no se puede tomar en el vacío, ya que la presidencia está en el centro del juego de los intereses, presiones e ideas y es un torbellino en el cual los elementos de las decisiones nacionales son tomadas, y es misteriosa, porque la esencia de la decisión última permanece impenetrable para el observador y a menudo incluso para quien la tomó”.

Los especialistas en Derecho Constitucional opinan, como Daniel Moreno, que el Presidente es una reminiscencia prehispánica, con poderes casi mágicos, adhiriéndose a la afirmación de que es un emperador sexenal; otros como Daniel Cosío Villegas, que es un monarca sexenal; algunos más como Alberto C. Salceda lo consideran el centro  indisputable de la pirámide política.

Entre los no especialistas, Octavio Paz lo considera dueño de su partido político, dueño  de los medios de información y con facultades ilimitadas para usar los fondos públicos; Carlos Fuentes lo considera institución más que hombre, y sacerdote de un rito más que una institución .

Entre los extranjeros, Pablo Neruda dice que es un emperador azteca, mil veces más intocable que la familia real inglesa; es un dictador o totalitario. Para otros como Jacques Lambert es el patrón político; para James L. Busey representa la imagen del padre y del jefe para todos los habitantes del país.

Podemos decir que un Presidente es un sujeto poderoso y fuerte, con múltiples facultades, que casi todo lo puede y que su figura adquiere un carácter mítico.

Ahora entiendo los malestares de Paquito hoy que es Presidente, a cuatro años de vida se esta enterando que desde antes de nacer como Presidente, ya tenía existencia, que ya tenía cuerpo, un cuerpo imaginario que le  formaba la voluntad popular.

Si añadimos al cuerpo imaginario, el deseo de la voluntad popular (como madre) de tener un Presidente, este deseo enviste la representación de Paquito como hijo de ella y, para que esto cobre una dimensión simbólica, fundamental sobre él, debe enlazarse el deseo de un hijo por parte de su partenaire (el orden jurídico), ello instaura la dimensión del padre.

Pero las cosas no siempre suceden así, la voluntad popular, al cobrar existencia Paquito, como un cuerpo asimilado a su fantasma, que al nacer en vez de reconocerlo y reencontrarlo, es vivido como una separación.

Paquito al separarse de la voluntad popular, empezó a dar sus primeros pasos y a realizar sus primeras monerías, a balbucear sus primeras palabras y a realizar sus primeros juegos.

En otras palabras se produjo algo que la gente denomina identificación primaria, esto es el comienzo de todo, y le da sentido a palabras tan simples como el ser.

El momento del encuentro ahora como Presidente con la voluntad popular no fue el deseado ya que ella no acomodó el cuerpo imaginario de Paquito al real.

Paquito se siente rechazado por la voluntad popular y él dice que sólo ha hecho lo que el orden jurídico le ha permitido.

A cuatro años, Paquito tiene severas confusiones: al comienzo se sentía con poderes mágicos como Harry Potter, Emperador como galleta, Monarca como fanático del Morelia, sacerdote como Amaro, omnisapiente como Marx , omnipotente como Power Ranger.

Pero a lo que se resiste Paquito es a ser la imagen del padre para todos nosotros.

Enrique Puente Gallangos es Maestro en Derecho Constitucional, catedrático de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y de la Universidad Regional del Sureste.