El Cafecito


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¡Ayotzinapa! Un síntoma del fracaso de la distribución del goce mexicano, por Enrique Puente Gallangos

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Desde el discurso del psicoanálisis entendemos que la instauración de la Ley en el sujeto y en lo social, tiene que ver con la castración. Una castración que se instaura a través del otro y del lenguaje.

Respecto de lo social, esta Ley parte la escena de que lo real es imposible de nombrar, pero que está ahí, y se instaura en un escenario binario. Por un lado se instaura el campo de lo simbólico, por otro que es el mismo, se instaura el campo de lo imaginario, como consecuencia de la instauración del simbólico. El campo de lo simbólico es el campo de lo normativo, institucional, del Derecho. Jaques Lacan en el Seminario XX dice que “la esencia del derecho; distribuir el goce”. Se formula en ese momento una consigna universal ¡sólo podemos gozar dentro del Derecho!, castración que implica la construcción de una ficción estructurante, que nos aparta de la posibilidad de una relación armónica en lo social, que nos excluye de cualquier intento de compatibilidad entre del Derecho y del sujeto en sociedad. ¡Sólo podemos gozar dentro del Derecho! Tiene como pretensión ordenar, clasificar, medir, nombrar; limitar la conducta del Sujeto y las conductas sociales.

Generando la ilusión, el Imaginario del bien común, libertad, justicia, igualdad; es para todos, porque todos somos iguales. ¡Ayotzinapa! Como un síntoma del fracaso de la distribución del Goce Mexicano; dice algo: ¡Solo podemos gozar dentro del Derecho! Está dejando de ser una consigna universal, se ha forcluido un significante, solo podemos. Ahora la consigna es ¡gozar dentro del derecho!, lo que nos lleva plantearnos ¿Quiénes ya no podemos gozar? ¿Quiénes son los que ahora gozan?

La caída del muro de la Ley, de la norma, de la autoridad nos confunde. La caída del muro, es la caída del límite que distribuía el goce; está desapareciendo. Las clasificaciones, las medidas, los significados, la libertad, la justicia, la igualdad esta puesta a prueba; a juicio, al juicio de lo social. ¡Ayotzinapa! Es un síntoma, es un síntoma del fracaso de la distribución del Goce Mexicano; los límites entre gobernantes y gobernados no están más, los límites entre el cielo y el infierno, entre ángeles y demonios no están más: Hoy en México el presidente “light”, la tremenda corte y los 628 cínicos que integran el congreso de la Unión actúan sin límites. ¡Ayotzinapa! Es un síntoma de lo que está por venir a nivel Federal, Estatal, Municipal y Global. Desde lo global, los derechos humanos a la deriva; desde lo municipal, los grupos étnicos a la deriva; desde los Estatal los estudiantes a deriva; y desde lo Federal todos a la deriva: los ángeles, los demonios, los presuntos, los inocentes, los ciudadanos, los migrantes, los sicarios, los maestros, los que nos resistimos, los reprimidos, todos. Todos estamos expuestos al vacío, al riesgo.

Un Estado garantista de los derechos humanos, se perfila construir en México, iniciando no fortuitamente en la procuración y administración de justicia. Los nombrados “juicios orales”; apareciendo como un instrumento tecnológico y novedoso, en respuesta a una “sociedad del riesgo” Ulrich Beck. Pero desgraciadamente los “juicios orales” no aparecen como un fortalecimiento de la ficción jurídica no toda, sino como verdad toda y única, la del Código Penal. Una verdad plena y sin límites, ahora el nuevo Código Penal Federal promulgado por el presidente “light”. El sistema penal garantista no es más que un síntoma de lo que se repite, no es más que la repetición del “derecho penal del enemigo”, ese derecho penal del enemigo que no es más que la repetición de la “sagrada congregación del santo oficio”. Terrorista es todo aquel sujeto, que no esté de acuerdo con el presidente “light”, que es estudiante, que lea y que asumiendo una actitud neurótica se resista y avance organizadamente por las calles, gritando demandas, demandas de una barrera que limite el goce, democracia, legitimidad. Los síntomas seguirán apareciendo y desapareciendo; 43 estudiantes desaparecidos, 11 terroristas aparecen consignados por gritar como neuróticos el pasado 20 de Noviembre en el Distrito Federal, se suman a larga lista de desaparecidos. ¡Ayotzinapa!, ¡Los 11 del 20 de Noviembre! *

*Indica lo que está por ser nombrado, y que es parte de los síntomas del fracaso de la distribución del goce mexicano.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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La crisis de los medios en México, por Carlos Antonio Villa Guzmán

Se muestran vigorosos, nadie duda de su poder, sin embargo, los medios de comunicación pasan por una severa crisis. Quizá ni sus propios directivos hayan dimensionado de manera suficiente lo que comenzaron a enfrentar.

Por mucho tiempo los medios han mantenido un status quo privilegiado. Nadie o casi nadie, se mete con ellos y, en cambio, ellos se inmiscuyen en lo que les plazca; sin pudor alguno escarban en lo público o privado siempre que reditúe puntos a su favor.

Nos acostumbraron a esa suerte de soberanía discursiva que despliegan sobre el acontecer cotidiano, donde los emisarios o reporteros se abren paso, como si llevaran un cáliz o un arma que todos miran con respeto o cierto temor. El logo de la difusora envuelve con una cubierta de plástico el micrófono que llevan en la mano. Los identifica como acólitos de la noticia que contribuyen diariamente a ese ritual que escenifica el repaso de los acontecimientos, en un vertiginoso resumen de imágenes y frases cortas que enjuician lo que sucede y a quienes lo protagonizan.

“Ya llegaron los de la tele”, es un lugar común que se escucha en las aglomeraciones que se forman alrededor de un evento, un hecho, cualquier cosa, entre las muchas cosas que le dan sentido al tiempo y al espacio que habitamos. Como que sin la presencia de “los de la tele”, aquello no estuviera sucediendo o no hubiera pasado. Es hasta cuando llegan que  las cosas toman relieve. Cuando comienzan a grabar o transmitir los técnicos aquello que los locutores o comunicadores dicen o hacen, es entonces que se percibe esa singular sensación de que todo el conjunto, es decir, locutores y espectadores, pasan a la otra dimensión, la de las pantallas. Hay algo de emoción en el ambiente. Todo mundo se está viendo en la tele.

Lo mismo sucede o sucedía, hasta hace poco, con la prensa. Ninguna actividad podía quedar al margen de la presencia de periodistas. Los salones de hoteles u otros espacios quizá todavía generan buenos dividendos todos los días, al organizarse desayunos que en realidad son lanzamientos de noticias, aunque no todas tienen la suerte de ser publicadas o si acaso en forma muy superficial.

Sin embargo, las convocatorias por Internet ya ganan bastante terreno desafiando las reglas del oficio del periodismo presencial. Esto que se conoce como “la fuente”.

Indicadores primarios de la crisis mediática:

  1. Los diarios tienen dificultad para mantener o han bajado sus ventas.
  2. La credibilidad en los noticieros televisivos se ha desplomado.
  3. La competencia entre agencias mediáticas crece sin que mejore la oferta hacia las audiencias.
  4. El Estado se contrae y con ello sus gastos publicitarios.
  5. Los procesos electorales han tenido modificaciones que tienden a limitar la compra de espacio en los medios.
  6. La Internet se transforma aceleradamente como la mejor herramienta de comunicación e información.
  7. Los medios han sido incapaces de crear sus propias redes sociales.
  8. Han perdido respeto en la sociedad.
  9. Se han autocensurado ante la escalada de violencia contra comunicadores y en general la que atraviesa el país.
  10. Se contaminaron con el “mundillo” de los escándalos políticos y de toda clase, que presentan como productos.
  11. Se revelaron como extorsionadores o cómplices de políticos u otros actores sociales, que les compran protección para no ser exhibidos.
  12. Los niveles de profesionalización de los comunicadores dejaron de tomarse en cuenta, principalmente en radio y televisión.
  13. El ingreso al país de canales de televisión extranjeros que superan con mucho en calidad a los nacionales (Discovery, Disney, History, People and arts, Animal Planet, etcétera) les recorta mercados y espectadores (hablando exclusivamente de televisión).
  14. La piratería e irrupción de opciones para obtener a bajo costo o en forma gratuita géneros musicales, los mp3, iPods u otros, vuelven menos atractivo el radio para esta actividad.
  15. La crisis financiera mundial impacta negativamente en sus balances, al depender los medios de tecnología fabricada en el extranjero.
  16. Los sindicatos de los trabajadores de los medios de comunicación son totalmente blancos, quedando el personal vulnerable, en estado de indefensión ante despidos, abusos o falta de cumplimiento de contratos. Un número importante de trabajadores o empleados de las empresas de medios, operan bajo la forma de “free lance”, sin prestaciones, ni derechos de antigüedad u otros.
  17. Persiste un desequilibrio de género, dado que los titulares de los principales noticieros, así como directivos y personal, continúa siendo por mucho, mayoritariamente masculino
  18. La pluralidad del Congreso inhibe en alguna medida, aunque no de manera suficiente, el avance del poder de los medios al amparo de un marco legal instrumentado para salir beneficiados.
  19. La democracia ha tenido avances significativos, por lo que en las Cámaras es frecuente escuchar críticas puntuales hacia el comportamiento de los monopolios de la comunicación que operan en México, principalmente las dos televisoras privadas.
  20. La internacionalización de las noticias ofrece alternativas interesantes, como CNN.

Después de reflexionar acerca de cada uno de los veinte puntos  enunciados, nos parece notorio que algo sucede al respecto, una crisis mediática.

Quizá faltan otras observaciones que pudieran respaldar aún más lo hasta aquí expresado, o bien, matizar la crítica. Tal vez existen más señales de esta crisis que nos afecta como ciudadanía expuesta o de alguna manera en contacto con los flujos mediáticos. Por otra parte, seguramente hay quien no lo considere de esta manera y puede ser que tuviera razón, en todo caso tómese este artículo como un ejercicio de análisis que superficialmente despliega una mirada hacia los medios, en el contexto donde operan y los otros multiplicados y dispersos, donde llegan sus mensajes.

¿Esto es benéfico o negativo para la sociedad que depende de los medios para tener contacto con el mundo, en términos de estar al día en informaciones? Ni lo uno ni lo otro, es decir, en lo que siempre ha sucedido y que haya tenido que ver con medios de comunicación, los receptores escasamente han sido tomados en cuenta. Más allá de conocer si están o no al pendiente de lo que se les transmite, para comprobar el rating, las audiencias no tienen mayor importancia para los que dirigen los medios de comunicación. Por lo mismo, al no estar ligados a los medios electrónicos de una forma más interactiva, los televidentes o radioescuchas, permanecen hasta cierto punto indiferentes a lo que sucede en el espacio interno de los medios, de ahí que la crisis que se menciona en este artículo, ni siquiera sea percibida por ellos. Si quiebra una empresa o se fusiona con otra (algo que sucede con más frecuencia que antes), si desaparece del cuadrante o aparece con otro nombre, si Slim entra o no al mercado de la televisión (porque se lo pueda impedir Televisa a través del control de las instancias oficiales), es algo que a la gente no le causa mayor interés, o si acaso se comenta sin darle mucha importancia. Se trata de un tema más de conversación intrascendente que a nadie le quita el sueño. Aquí es donde surge la sospecha de que los medios se hallan sumergidos en una crisis profunda.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


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Sobre Wikileaks. ¿Quién será más rápido en esta nueva batalla por el ciberespacio?, por Esteban Enael Contreras Vázquez

La última semana de noviembre significó un cambio en la forma como entiendo la comunicación; tenía conciencia del potencial de la Internet y otras redes informáticas para desencadenar cambios y transformaciones sociales. A la Castells (2009), imaginaba que era posible utilizar Internet u otras redes descentralizadas digitales (RDD) para dar forma y, o, defender el cuestionamiento al statu quo de determinada o determinadas sociedades. Ejemplos de utilidad para situar esto son: el Movimiento Zapatista, que gracias a sus redes internacionales detuvieron su aniquilamiento (ésta es una impresión personal, fundada en opiniones o investigaciones, no estoy seguro; el statu quo en este caso es representado por la sociedad blanca y mestiza dominante del nativo americano, también mal llamado indígena o indio); la movilización del 14 de marzo del 2004 en Madrid, España (donde el statu quo es la tradición de manipulación informativa heredada de la dictadura de Franco), donde, con Internet triangularon y compararon la información difundida en televisión y, con teléfonos celulares organizaron una protesta espontánea; las redes de información y comunicación altermundistas surgidas a partir de la Batalla de Seattle (donde el statu quo es representado por las multinacionales que promueven una mono-visión de la globalización), que sirvieron como nodos de organización y difusión a nivel internacional; el movimiento del Free and Open Source Software (FOSS) (donde el statu quo es representado otra vez, por empresas productoras de software con tendencias monopólicas), que, sobre Internet, se organizan, trabajan y distribuyen su software; entre otros.

Wikileaks y el llamado “cablegate” transforma la forma en que entiendo los usos sociales de la Internet en dos sentidos: el primero, apunta a una concepción del periodismo independiente, periodismo ciudadano o ciberperiodismo, en la cual, cada vez más y en mayor medida, actores independientes de empresas de comunicación masiva (Thompson 2002) (es decir, que pueden o no estar relacionados con dichas empresas, pero su acción es ejecutada al margen de las mismas), eligen Internet como foro primario para la difusión de sus mensajes; en el sentido inverso (complementario), la opinión pública (o lo que creo que representa este concepto trabajado por Habermas 1981 y Sartori 1984, es configurada por los ciudadanos (no consumidores) también en Internet. Este proceso subraya no el desplazamiento de viejos medios de comunicación (radio, televisión, periódico impreso) por uno nuevo (Internet); sino, el desplazamiento de las empresas de comunicación masiva por, el ciudadano (no productor, no consumidor, no prosumer, solo ciudadano).

El segundo sentido, integra al anterior, la vulnerabilidad de los sistemas informáticos; por un lado el cablegate pone en evidencia la vulnerabilidad de la red de sistemas de comunicación e información del Gobierno de los Estados Unidos de América (EUA), en particular, la sección de Cancillería; por el otro lado, evidencia la vulnerabilidad del ciberperiodismo frente a los embates o presiones de gobiernos (en este caso EUA, pero no exclusivamente, China vs Google es otro ejemplo) contra uno o varios sitios web o sujetos, sea de forma directa mediante legislaciones o, indirecta, mediante empresas que brindan servicio de hospedaje, financiamiento o administración de ingresos a dichos sitios web o sujetos que realizan ciberperiodismo (en el caso de Wikileaks, Amazon y PayPal). Esta doble vulnerabilidad se vuelve aún más preocupante, cuando, los gobiernos o empresas afectadas por el ciberperiodismo se enfrentan con la opinión pública, configurada como red de apoyo o solidaridad para el ciberperiodista y; los ciudadanos nos enfrentamos con mecanismos de control y vigilancia por parte de gobiernos y empresas (que fundamentan su legitimidad en los derechos de autor, o propiedad intelectual).

La opinión pública como red de apoyo o de solidaridad, podemos imaginarla, además de las formas tradicionales de mecenas, voluntarios o defensores, como espejos, es decir, de sitios web que reproducen los contenidos del sitio web silenciado. En el caso de Wikileaks, su red de apoyo, dio de alta nuevos sitios que, sirven para articular la acción de la opinión pública y, difundir los sitios espejo. Esta actividad, lleva a que, cada vez que un sitio web es bloqueado o su DNS dado de baja (Domain Name System), nuevos sitios son dados de alta con los mismos y nuevos contenidos; es como cortar cabezas de hidra y ver cómo se reproducen. El riesgo que implica este efecto “hidra” es que los gobiernos adoptarán medidas de control masivas, cuyo fin último, será la transformación de Internet por medio de: medidas como disminución en la velocidad de subida de archivos a los usuarios (para imposibilitar la existencia de servidores caseros), criminalización (aún mayor) de clientes de intercambio de archivos (peer to peer) o trabas legales (de vigilancia) para la contratación de servicios de hospedaje y cloud computing.

Para finalizar, quiero apuntar que el pretexto para la implantación de políticas de vigilancia y castigo por parte de los gobiernos (statu quo) será, la defensa de la propiedad intelectual en Internet; la defensa de los derechos de autor será el ariete que los gobiernos utilizarán para atacar al ciberperiodismo, con este pretexto, será minado el derecho a la libertad de expresión en Internet, para lograr, la eliminación de una opinión pública capaz de convertirse en redes de apoyo para un movimiento, sujeto o sitio web. En la otra cara de la moneda, uno de los efectos de Wikileaks es ser un prototipo de ciberperiodismo, es decir, un modelo aspiracional para geeks y periodistas, que realizarán y difundirán auditorías masivas a sistemas informáticos, cuentas de correo y computadores de servidores públicos y empresarios. La pregunta que dejo es: ¿quién será más rápido en esta nueva batalla por el ciberespacio?

Como nota extra, no es correcta (o es complicado formular) la relación o “salto” entre opinión pública y redes de solidaridad; porque opinión pública, hace referencia a un tipo de interpretación del mundo compartido y redes de solidaridad, a relaciones de solidaridad o de apoyo entre distintos actores. Sin embargo considero que existe una relación entre subjetividad y acción, no directa, no maniquea, pero no por ello menos real.

Como siempre, sus comentarios son bien recibidos.

Referencias

Castells, M. (2009): Comunicación y poder. Madrid: Alianza.

Habermas, J. (1981): Historia y crítica de la opinión pública. España: Gili.

Sartori, G. (1984): La política: lógica y método de las ciencias sociales. México: Fondo de Cultura Económica.

Thompson, J.B. (2002): Ideología y cultura moderna. Teoría crítica social en la era de la comunicación de masas. México:UAM.

Publicado originalmente en el blog de Esteban Enael Contreras Vázquez, Pláticas Tecnológicas, el cual se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported.

Esteban Enael Contreras Vázquez es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO y participante en LinuxCabal AC.

 

 


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La transformación de las mediaciones en la crisis social: una disyuntiva mercantil ante el desafío ciudadano, por Carlos Antonio Villa Guzmán

En una sociedad controlada cada día más por los intereses del mercado, la organización capitalista globalizada y “liberada” de los anclajes restrictivos o reguladores, conformó una estructura en la que una minoría influye decisivamente en la opinión e interés de la mayoría. La tecnocracia apuntalada desde el poder de las minorías capitalistas, puede coartar las  corrientes de opinión pública de las mayorías a través del control del know how científico y de los medios de comunicación.

Las garantías constitucionales de la libertad de expresión, la libertad de prensa y la libertad de reunión, cuyo propósito ha sido asegurar gobiernos con una visión para el pueblo, adquieren nuevos significados a partir de la irrupción de un fenómeno tecnológico que llamamos “era digital y/o  virtual”. Sin embargo, estas herramientas de acceso limitado como son los teléfonos o las computadoras, que pudieran servir para abrigar dichas libertades, en realidad se utilizan como medios modernos de comunicación que incrementan el poder de los acaparadores de la información y del conocimiento, en lugar de aumentar las redes que verdaderamente proporcionan oportunidades en condiciones de equidad para los miembros de la mayoría. Los monopolios formados por los dueños de las grandes avenidas por donde transitan los cibernautas y demás usuarios del espacio radioeléctrico y la telefonía son un claro ejemplo de ello.

De acuerdo con el filósofo Iván Illich, la desescolarización de la cultura y la estructura social requieren el uso de tecnología para que la política de participación sea posible. Solamente con la base de “una coalición de la mayoría podrán determinarse los límites a los secretos y al poder creciente sin dictadura. Necesitamos un nuevo ambiente en el que el desarrollo sea sin clases, o tendremos un ‘Mundo feliz’ en el que el Big Brother nos eduque a todos” (Illich, 2006:146). Al parecer estamos inmersos en esta especie de panóptico mediático que dictamina para todos lo que unos cuantos han acordado.

La acción participativa, como mecanismo de defensa ante las decisiones de elite, opera, ciertamente, a través de distintas agrupaciones ciudadanas que han mantenido un frente de inconformidad manifiesta y explícita contra las inconstitucionalidades que parecen ser la constante en una sucesión de regímenes de marcada tendencia neoliberal y cuyo discurso sustentado en la fuerza mantiene a la república en el límite de su estabilidad social y política. Sin embargo, no ha sido suficiente hasta ahora la movilidad civil para generar los cambios desde las bases ciudadanas o en forma mixta en lugar de ejercerse solamente desde las cúpulas, como sucede desde hace décadas.

Están a prueba los caducos armazones institucionales, el frágil y acomodaticio marco legal, los intereses capitalistas y la acción participativa organizada desde y entre los ciudadanos. La tensión se agrava al intensificarse el choque de fuerzas con el arribo y protección conseguida por los poderes fácticos que, subterránea o abiertamente, inducen el imperio del crimen, cuyo poder se equipara o quizá supera cualquier otro, lamentablemente.

El poder utiliza el discurso y por lo tanto su contenido oral y/o visual tiene consecuencias sociales. De ahí que los dispositivos de la comunicación sean regulados y controlados, de ahí también que proliferen cada día más los medios alternativos. En el discurso se manifiesta la organización de la autoridad. No cualquiera tiene derecho a dar órdenes ni tampoco a hablar, no todos son vistos, escuchados ni obedecidos, aunque su mandato sea únicamente el respeto a sus derechos humanos. Como práctica, “el discurso se carga de volumen histórico” (Martín Barbero, 2002). De espaldas a las mayorías, cada día más apartadas de quienes asumen el “control” social, se planifican y toman los acuerdos que comprometen a los grandes conglomerados a mayor aislamiento y precariedad. “Y de un modo especial en los tiempos de ‘crisis’ como el nuestro, cuando los discursos participan masivamente en esa forma de control profundo que consiste en hacer que los pueblos, las masas, acepten como respirable lo que les asfixia” (Martín Barbero, 2002: 71).  Los discursos se traducen en fuerzas desconocidas que hacen de y con nosotros, pero muy poco nos dejan hacer con lo otro u otros que se encuentran más allá de nosotros. Somos dominados sin comprender con exactitud qué nos domina, por qué y sobretodo quién. Sentimos los efectos por lo que ya no tenemos de voz y presencia en el lugar donde se resuelven los asuntos colectivos. Se sabotea y sofoca la expresión por negársele canales o espacios amplificadores. El vertiginoso entrecruzamiento de intereses se suma a la avidez de los más rapaces y se nos diluye o aparta, para no serle obstáculos. Paradójicamente esto sucede cuando la sociedad se ha llamado a un “nuevo despertar” y adquiere, como nunca en la historia, el derecho a la representación y las libertades que únicamente la literatura exhibía como humanamente plausibles. La fuerza de la ola neoliberal nos cae encima justo cuando acallamos terribles fanatismos y barreras comunicacionales y cognoscitivas, mismas que nos mantuvieron siempre sujetos a los dogmas raciales, ideológicos y principalmente religiosos. Recién inauguramos una era de ruptura de “viejos moldes”, se nos vuelve a amoldar, pero en esta ocasión a base de convertirnos en mercancía que consume mercancías. La moral no es ya qué se piensa o se hace, sino cuánto se tiene, se gasta y en qué. A nadie le interesa ya el para qué de todo esto de tener, acumular y gastar; simplemente se practica.

Por cierto, todos los moldes se rompieron fueron reemplazados por otros; la gente fue liberada de sus viejas celdas sólo para ser censurada y reprendida si no lograba situarse —por medio de un esfuerzo dedicado, continuo y de por vida— en los nichos confeccionados por el nuevo orden (…) (Bauman, 2005:13).

Las nuevas formas de la interacción al igual que la reconcepción del Estado, son ya condicionadas por las presiones de los crecientes y frecuentes desplazamientos y reagrupamientos de quienes dominan con el dinero. Abiertamente se ha desterrado el ágora con la fuerza del “ágora fobia” y la plaza como espacio público se clausura para el debate social. En más de un sentido la sociedad no es tan participativa según lo que puede observarse en asuntos como la falta de interés en crear una fuerza de opinión y acción en temas políticos, ambientales, o ante el poderío de las televisoras, por ejemplo. Quienes van a las reuniones, marchan y colaboran activamente por el cambio total del sistema, representan una parte que todavía no alcanza a ser visible a pesar de su gran movilidad y el discurso que ha mantenido y en el cual se manifiestan los verdaderos problemas y urgencias que aquejan a la sociedad mexicana. Habrá que investigar más acerca de las causas, como constantes antropológicas, que inciden en esta condición de exclusión como limitante de la libertad de expresión.

Sorprende más que ninguna otra cosa, el ensimismamiento social de los grupos reducidos a ver el espectáculo detrás de las barreras que fijan y amarran la superestructura del control político y social que operan los dominantes. La exclusión ciudadana de los debates que deberían ser públicos y presentar además las diferentes interpretaciones de los asuntos, de las preocupaciones o de los hechos, se limita a ser una confabulación atrabiliaria y mediática que sugiere cierta participación de sectores bajo la controvertida figura de “consulta pública”. El espacio público cedió el lugar al mercado y sus métodos de síntesis conceptuales figuran bajo un plan homogéneo de integración regulada por la visión hegemónica de los ámbitos financieros.

Los arcana imperi contemporáneos tienen que ver con el distanciamiento técnico de una política que ya no es gestión común, con las realidades construidas desde las versiones o las imposiciones, con las brechas informativas que hacen que los pobres sean también quienes están provistos de información, sometidos muchas veces a una modernización acelerada y traumática que los excluye del espacio público como espacio de aparición y como herencia institucional (…) Con frecuencia la intermediación llevada a cabo por los medios, el papel de voceros que cumplen en sociedades civiles debilitadas, llega a cooptar estas relaciones directas, difuminando al ciudadano, ganando para sí institucionalidad y poder (Martín Barbero, 1999: 71).

La metáfora de la apertura democrática de la plaza se asocia a la posibilidad de comunicar y ser escuchados, así como el conocimiento amplio y el respeto a las reglas del juego, “a la tensión entre la palabra de la mayoría y las propuestas que hacen circular las minorías” (Martín Barbero, 1999) a la apertura como elemento constitutivo de un crisol de voluntades que participan de la decisión final que impulsa o detiene los proyectos. Consensos que en medio de la conflictividad del disenso no excluyen la posibilidad de que a los ciudadanos, afectados por ciertas decisiones tomadas desde las cúpulas, se les reconsideren sus posturas y juicios. Tomar en serio a los damnificados, afectados, subordinados, inconformes y en cierta forma invisibles, va más allá de dejarles participar en los diálogos. Es la manera en que se les incluye en el arbitraje mismo de los dispositivos que aseguran que los intereses de los participantes entren en juego en equidad de reglas, lo cual significa cuestionar y rectificar a fondo la dinámica mayoritaria como regla única de toma de decisiones.

Se garantiza así el respeto a las minorías, la defensa de derechos básicos, al igual que hacia posiciones de resistencia o desobediencia civil u objeción de conciencia.

Los medios de comunicación, sobretodo la televisión, no siempre participan en esta apertura; si bien al contrario; exhiben el montaje acordado entre las elites de control que no es otra cosa sino el factor de cohesión bajo el dictado de la ley del costo-beneficio.

Con frecuencia los medios suelen estandarizar la opinión homogeneizándola a partir de la sacralización de los énfasis mayoritarios que fabrican o con generalizaciones al desgaire (el público mediático como una ilusión escenográfica que ratifica posiciones generalizadas) o con encuestas y sondeos que se acogen sin mayores críticas o análisis. (…) la sociedad amenaza con el aislamiento y la exclusión a los individuos que se desvían del consenso; por eso las opiniones que reciben mayor apoyo explícito llegan a dominar la escena pública. Así no solamente quedan temas por fuera de la deliberación social facilitada por los medios sino que también se diluyen las variaciones posibles de sus interpretaciones en juego. La plaza en vez de reconocerse en su apertura se cierra en su ensimismamiento (Martín Barbero, 1999: 71).

La otra vertiente en la que se proyecta la participación ciudadana tiene que ver con la merma representativa del Estado. Vueltas a merced de los dictados de la economía, las instituciones naufragan entre el abandono burocrático y las ambiciones desmedidas de las elites empresariales. Poco le queda ya al Estado del viejo molde con el que se permitía el control político sobre los grupos encasillados en antiguas formas filiales o corporativas que le servían de fortaleza como centro rector de la actividad social. Las figuras y el fondo que las conservaba, fueron literalmente barridas por los embates transnacionales que hacen sucumbir hasta las más arraigadas inercias clientelares de la democracia ficticia o simulada, con la que se arropa el sistema.

Por todo esto, el proceso de “extinción” de los Estados nacionales que está en curso se encuentra rodeado por una aureola de catástrofe natural. No se comprenden plenamente sus causas; aunque se las conoce, no se pueden prever con exactitud, aunque se las prevea, de ninguna manera se pueden impedir (…) A lo largo de la era moderna nos habituamos a la idea de que el orden equivale a “ejercer el control” (…) (Bauman, 2004: 77).

Ante esta nueva realidad, los grupos asumen estrategias como para el reposicionamiento dentro de un sistema generado a partir de estados nacionales en el que los actores se lancen a luchar palmo a palmo por el espacio y la riqueza. En este sentido, todavía nos quedan grandes extensiones geográficas, cuencas hidráulicas y elementos del subsuelo que alguien seguramente contabiliza para expropiar y vender.

Los gobiernos estatales, antes ejecutores eficaces de esta estrategia, ahora se convierten en sus víctimas. La conducta de los “mercados” —sobretodo, las finanzas mundiales— es la fuente principal de sorpresas e incertidumbre. Por ello, no es difícil comprender que el reemplazo de los “Estados débiles” territoriales por algún tipo de poder legislativo y de policía global sería perjudicial para los intereses de los “mercados mundiales”. Así, es fácil sospechar que, lejos de buscar fines opuestos y estar en guerra la una con la otra, la fragmentación política y la globalización económica son aliadas estrechas y conspiran juntas (Bauman, 2004:93).

En tanto se instala una solapada ley de la selva en el ámbito social y continúa el derrumbe del Estado como defensor de derechos y mediador de injusticias privadas, existe un ámbito formal que no es tan vulnerable: Los medios de comunicación y sobretodo la televisión, como escenarios donde el poder juega sus cartas como juegos de simulación y entretenimiento procurando que nada entorpezca el desarrollo de los negocios.

Toda dictadura y todo imperio, todo capitalismo, debe utilizar para su legitimación y consenso el acceso a los medios. Hoy, la gente ha de buscar por los mismos canales las posibilidades de la mediación que a nivel discursivo es tan simple como la defensa del hombre ante el poder, la categoría superior de la víctima ante el verdugo y la verdad como liberadora de todas las tiranías reales y morales, lo cual nos instala en una elevada y legítima defensa de la libertad de expresión.

Por ello el gran juego, la gran apuesta se encuentra en el control de los medios de comunicación, porque es allí donde es necesario aplicarse para ser tomado en cuenta.

La visibilidad de actores sociales es mucho más que una digna repartición de puntos de vista. Es la misma esencia de la posibilidad de que nuestra incipiente democracia no derive, sigilosamente, hacia la simulación completa y un retorno a la barbarie.

Los medios, como lo hemos visto, no están del lado de la gente. Por esa razón también ha crecido la participación ciudadana en las plazas y calles cada vez que se activa la movilidad ideológica u otros mecanismos que la sacan de su rutina cotidiana para manifestarse; se sienten aislados, no vistos ni escuchados. En estos niveles de disenso contra el consenso dominante, la ausencia de medios partícipes, críticos, solidarios, es lamentablemente notoria, la mediación se circunscribe a los casi heroicos medios alternativos y con muy escasas excepciones a medios masivos de mayor fuerza económica.

Ya nos hemos acostumbrado en México a que los grandes movimientos sociales que se han gestado en los últimos años, cuentan con mayor cobertura y difusión gracias al trabajo realizado por medios extranjeros, principalmente de Europa, como sucedió con el EZLN.

CNN es una red cuya línea editorial dio visibilidad a las multitudinarias asambleas en el Zócalo de la ciudad de México que se organizan a partir del conflicto pos electoral del 2006 y la creciente inconformidad ciudadana ante el régimen, las cuales por consigna o costumbre, o por la costumbre de la consigna, no existen para los que tienen el mando de Televisa y TV Azteca o si acaso se les da a éstas  la categoría de “visibilidad condicionada”, con pasaporte a la estigmatización que es como la congeladora, el Gulag de las televisoras.

El meollo aquí radica en que desde esta supuesta “mazmorra” mediática la gente ya se ve más que antes. Desde ahí es posible también decir a la hegemonía que probablemente una de las señales de que los guiones han cambiado es precisamente esa irrupción a la escena, ese nuevo abordaje de actores que pudieran revertir las inercias.

Son entidades sociales que se mueven en distintas direcciones llevando material de soporte y otros que indican que los planes tendrán obstáculos serios para los dominadores: las otrora muchedumbres alienadas se han vuelto ciudadanos organizados en grupos que reciben nombres como asociaciones por la ecología, la transparencia, la no violencia, la libertad sexual y muchas más que claman por libertades y derechos acotados o francamente coartados por los desequilibrios y las grandes contradicciones de la modernidad y otros que ya perduran desde atrás. Y será importante igualmente ayudar a los dominados para cambiar la dinámica y buscar la manera de ser y pensar para los medios; aprender cómo enfrentarlos y transformarlos a partir de la propia transformación: Si no son modificadas previamente las estructuras, difícilmente se podrá modificar algo en los medios. El cambio social sería el principio del cambio mediático. Los reclamos ya rebasan la agenda de la discusión sobre estas transformaciones bajo la presión ciudadana de acceso a la información y el derecho a la visibilidad social a través de los medios de comunicación. Están presentes los impactos de la apertura del mercado, las alternativas multimedia van en pleno despegue y cada día los ciudadanos se familiarizan más con nuevas formas de estar informados y participan en mayor número en los debates y movilizaciones que resultan cada vez más multitudinarias y elocuentes. La hipotética democratización de la televisión y los medios en general para facilitar o amplificar la libertad de expresión en debates y foros ciudadanos, es un asunto de varios factores donde entran en juego no tan sólo las empresas, el estado y las audiencias, sino que confluyen también las universidades y los observatorios de medios, como agencias de producción de sentido. “Se trata de recuperar el espacio mediático como un territorio público, en donde la comunicación juega un papel fundamental como estrategia liberadora, culturalizadora, promotora de una nueva convivencia social y política” (Villamil, 2001: 44).

El problema no es únicamente de propiedad (de los medios) y de acceso equitativo en la definición de contenidos o de programación. Cuando analizamos las reformas que con frecuencia se realizan en los medios públicos en América Latina, podemos apreciar que las modificaciones tienen lugar prioritariamente en el nivel de la programación, esto es, de los porcentajes o “barras” destinadas a educación, ecología, tradiciones y entretenimiento, entre otros. Pero, con frecuencia, también en ese tipo de medios se reproducen lógicas de fortalecimiento de grandes productores de la denominada “televisión cultural o educativa”. La clave se encuentra en la construcción de una ciudadanía integrada por sujetos sociales decididos a tener acceso a la información  como garantía del avance democrático. Formados y educados para la libertad y para ejercer un uso integral, sustancial y visionario del poder de la  televisión (Cervantes: 2005-11-23).

Las tensiones sociales que se viven como consecuencia de cambios tecnológicos y otras generadas por la sobreexplotación de recursos y demás factores, ponen a prueba la capacidad de los grupos que salen en defensa de los espacios y bienes públicos, como derechos inalienables que se ven amenazados por el nuevo des-orden mundial. Los medios de comunicación también son situados en el juicio de los ciudadanos que en mayor número se prestan a participar en las acciones contestatarias al sistema político y económico dominante. Crece, indudablemente, la desconfianza hacia los medios  en una medida proporcional al grado en que éstos se pliegan al discurso oficialista del gobierno en turno. Por más que traten éstos de “diversificar” programaciones, su pluralidad  no va más allá de los linderos que no incomoden al o los máximos poderes que tienen bajo control al gobierno de la República.

Dependen de la credibilidad pero también de la nómina presupuestal. La disyuntiva ante la que se encuentran es precisamente mantener sus niveles de audiencia y por tanto su influencia en la vida social. Las vetas que explotan comercialmente consisten precisamente en la enorme presencia que tienen entre todos nosotros. Les tenemos tan próximos que pueden presumir y demostrar que son ellos quienes finalmente nos poseen. No obstante, se extiende cada vez con mayor receptividad y filiación, la población crítica que busca opciones mediáticas más identificadas con las causas populares.

El efecto liberador que experimenta la sociedad respecto de estos medios posesivos es evidente en formas que si bien tienen gran sustentación analítica, muchas veces no alcanzan a pasar las barreras subjetivas de la retórica. No se ven realmente acciones organizadas que pudieran influir a un cambio mediático en el mediano plazo, sin embargo, los movimientos civiles se muestran más participativos y seguramente de ellos surgirán las nuevas propuestas y dinámicas que permitan que los beneficios de la comunicación se multipliquen geográficamente y sobretodo logren fortalecer los puentes de la congruencia, la democracia, la justicia y los derechos humanos, entre otros valores sustanciales que hacen posible la dinámica de crecer digna y equilibradamente en todos los órdenes humanos necesarios y posibles.

Bibliografía:


Barbero y G. Rey, (1999) “Imágenes y política” en “Los ejercicios del ver”. Gedisa. Barcelona. Pp. 69.

Bauman Zygmunt (2004) “La globalización Consecuencias Humanas”. FCE, México. p.97.

Bauman Zygmunt, (2005) “ Modernidad Líquida”. Grafinox,  S.A. FCE, Argentina, P. 13.

Cervantes Cecilia, (2005) “El estudio de los productores de noticias: desarrollo internacional y avances de investigación en México” En José Carlos Rendón.La comunicación en México. Diagnóstico, balances y retos. p.24.

Martín Barbero Jesús, (2002) “Oficio de Cartógrafo: travesías latinoamericanas de la comunicación en la cultura”.  FCE, Chile. P.72.

Villamil Jenaro ( 2001) “El poder del Raiting, de la sociedad política a la sociedad mediática”, p.26 (2001) Plaza y Janés, México.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com

 


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México: la cuadratura imposible de la violencia, por Carlos Antonio Villa Guzmán

Es difícil tener respuestas esclarecedoras sobre el origen y verdadero móvil que persiguen los perpetradores de la cruel matanza de gente inerme, que tuvo el infortunio de buscar un destino mejor internándose a través de uno de los países más peligrosos y mal gobernados del mundo.

La versión manejada sobre la causa y la filiación de los asesinos contiene aspectos inverosímiles. El sentido común nos puede dar un bosquejo de esos angustiosos momentos que sufrieron antes de que se les privara de la existencia tan salvajemente.

Si en verdad se debió el despiadado desenlace a que estas personas se negaran a participar en las filas del grupo llamado “Zetas” e incrementar así efectivos en sus prácticas delincuenciales, ¿cómo es que nadie entre las setenta y dos víctimas, pudo, ante la amenaza de los fusiles, aceptar y salvar así su vida?, ¿todos se negaron al unísono?

Es muy extraño que tal cosa hubiese sucedido. Cualquier persona  atemorizada haría o diría lo que sea en una situación tan extrema, con tal de que su cuerpo no fuera atravesado por las balas. Más aún encontrándose en un paraje aislado, completamente a merced de los verdugos.

Esta reflexión hace suponer que estaban destinados a morir por alguna razón y que ese alguien, uno o varios, decidió o decidieron con antelación que así fuera.

Trasladémonos por unos instantes a otro lugar de este convulsionado mundo, a Irak, donde los marines de EU y soldados de otras latitudes sumados a las fuerzas invasoras, constantemente matan gente originaria para asegurarse la ocupación del territorio. El pretexto esgrimido inicialmente hablaba de la existencia de armas nucleares, lo cual pronto se desvaneció ante la evidencia. Ya no hubo forma de justificar la presencia de las tropas hasta que a alguien “se le ocurrió” responder al fuego, cobrándose vidas de soldados yanquis u otros aliados.

Así surgieron y multiplicaron los deseos de vengar las afrentas, consiguiéndose de paso el respaldo de la opinión pública para que se aplicara todo el hierro y pólvora posible, como escarmiento a los osados iraquíes. Aquí cabe la pregunta: ¿Todos los ataques que fulminaron a los soldados de la ocupación, provinieron de los “enemigos”, o una orden siniestra fue dada para que el propio fuego “amigo” los asesinara? Es poco creíble que un  país arrasado por ejércitos mucho más armados y en número mayor a las propias defensas, fuera capaz de alzar la mano y causar tantas bajas. No es novedoso en la historia de las guerras este tipo de circunstancias, siendo el ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, un ejemplo que encierra dudas: ¿Fue un atentado exclusivamente terrorista o hubo connivencia para tener una razón de probar la bomba atómica?

Hay más evidencias sobre estas tácticas, como lo fuera el hundimiento del barco USS Maine en enero de 1897 en aguas cubanas, sacrificándose de esta forma a decenas de jóvenes marinos.

En los días posteriores al hundimiento del USS Maine, el dueño del periódico New York Journal, un tal William Randolph Hearst, hizo publicar una historia con la leyenda “El barco de guerra Maine fue partido en dos por una arma secreta infernal”. “La historia contaba como los españoles habían plantado un torpedo por debajo del barco que detonaron desde la orilla. Hearst pronto siguió este artículo con otro que contenía diagramas y planos del torpedo secreto utilizado por España. La historia fue republicada en todo el país culpando a los militares españoles de la destrucción del USS Maine. La mentira tocó la fibra sensible del pueblo estadounidense agitando la opinión pública hasta el punto de provocar un frenesí entre la población, que en su gran mayoría quería atacar y eliminar a España del poder en muchas de sus colonias cercanas a EE.UU. Finalmente el efecto del periodismo amarillo prevaleció y los soldados estadounidenses fueron enviados a Cuba. Posteriormente, se produjo la Guerra Hispano–Estadounidense y E.U acabó anexionando a sus territorios Puerto Rico, Filipinas y otras posesiones españolas, utilizando la misma excusa “libertadora” y los mismos métodos propagandísticos”[1].

La perversidad que subyace en las conciencias de quienes crean y dirigen operaciones militares, políticas y propagandísticas, no tiene límites. Todo con tal de generarse ganancias y vaya que el negocio de la guerra las produce, aún en su modalidad de “guerras de baja intensidad”, como la que EU sembró en México, a través del régimen de FC.

Este personaje, ávido de reconocimiento al ser impugnado su ascenso al cargo por grandes segmentos de la población, no ha prestado atención a las voces que desaprueban su “lucha contra los cárteles del narcotráfico y demás bandas criminales”. Se reitera una y otra vez el rechazo a la presencia de fuerzas policíacas y/o militares, en distintas zonas del territorio nacional, las cuales han causado bajas entre la población civil; siendo además EU el principal, si no el único, proveedor del armamento y la logística que se utilizan para ello. Esto bajo el rubro del “Plan o iniciativa Mérida”, que fuera signado por el ex presidente Vicente Fox y el entonces homólogo George Bush.

Ante los hechos, el presidente Calderón proclama que aún habrá más violencia. Tomando en cuenta esta perspectiva sobre lo acaecido en Tamaulipas, a muy poca distancia de la frontera con EU, cabe repetir las preguntas: ¿Quién da vida a esa sobre publicitada organización criminal llamada Zetas? ¿Se puede creer que a pesar de tan sofisticada tecnología de rastreo satelital, entre muchos otros recursos, sea posible que nadie detecte sus movimientos, que pasen desapercibidos y no puedan ser ubicados y monitoreados sus integrantes, así como las operaciones que planean y realizan? ¿Fue esta criminalidad una respuesta de los grupos armados  ante la violencia que el Estado ha presentado contra algunos cabecillas en fechas recientes o, se trata de la estrategia descrita en estos párrafos y que sirve para dar lugar a una intervención mayor, acompañada de la propaganda de los medios de comunicación y contando además con el respaldo de la opinión pública? ¿Se saldrá el amarillismo y quienes se benefician de la sangre derramada con la suya? ¿Por qué ha sido tan ampliamente publicitada la imagen de los cadáveres y del único sobreviviente de la masacre, una de las más cruentas de los últimos años?, “algo no cuadra aquí”.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


[1] David R. Spencer. The Yellow Journalism USA: Northwestern UP, 2007. McCullough, David, Brave companions: portraits in history, Volume 1992, Part 2, Page 80.


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¿Qué quiere de mí el Otro?, por Enrique Puente Gallangos

¿Qué quiere el Otro de mí? El Otro con mayúscula es un significante que designa la introducción del lenguaje, la cultura y la ley en lo social y en un Sujeto. Ley que permite el acceso a la vida humana y ley que constituye el mayor estorbo para lo social y el Sujeto. Como resultado de este planteamiento, cabe repetir una lección quizás no conocida: el sujeto no se produce por un proceso natural de evolución, sino que debe ser arrancado a los significantes del deseo de la madre por la interposición del nombre del padre en una función metafórica. Este acto representa de manera originaria una herida honda gracias a la cual se constituye el sujeto de la ley, secuela de una lucha en la que el sujeto es, por adelantado, el botín. Esta sujeción del sujeto, de la sociedad a la ley es un cato no sin consecuencias. Esta identificación con el Otro con mayúscula, significante de poder, el amo, el uno que regula, desde dentro al sujeto y la relación de éste desde fuera con la ley, con la patria, con la tradición, la familia, dios, el Estado y todas las relaciones políticas relacionadas. En esta identificación del sujeto, el Otro le promete la paz a cambio de constituir al nuevo amo, al Estado y sus emblemas, como límite y como sentido a futuro del sujeto. Si no se cumple con este requisito promesa-constituir, aparecerá la guerra interior y exterior.

Ocuparemos como metáfora lo descrito desde el Psicoanálisis para sostener el siguiente argumento: ¿Qué quiere de mí el Otro? Sería la pregunta que se harían los militares que luchan en la “guerra” que Felipe Calderón ordenó hacer contra el  crimen organizado: obediencia, sumisión, sacrificio, entrega, renuncia a su deseo, identidad con el Estado y las instituciones. El militar entonces podría decir ante la respuesta a su pregunta, “el Otro me quiere… me quiere soldado, soldado al suelo, soldado a la patria, soldado de la patria”. La guerra se entiende como una defensa de los valores; valores que las instituciones, en este caso el Congreso de la Unión y el presidente en conjunto tendrían que valorar y hacer una declaración de guerra, guerra que según entendemos es para defendernos del Otro, otro amo, otro Estado, otro extranjero, otro de fuera, no Otro de adentro. Guerra donde los soldados combaten contra otros soldados, combatientes sujetos a emblemas, significantes que toman valor de absolutos y que siendo el caso tienen presente la pérdida de la propia vida de los combatientes. Significante vida representada por una Constitución, por un ideal colectivo, el territorio, la sociedad.

Pero acaso en esta “guerra”, ¿está en riesgo la Constitución, los ideales de la patria o el territorio mexicano y la sociedad? ¿Ese Otro contra el que se combate es un soberano con derechos de vida y muerte? ¿Ese Otro es una institución? No pienso que los militares estén pensando recibir alguna condecoración simbólica como el corazón púrpura, la estrella de plata, la medalla de honor, felicitación y logros por matar sujetos, niños, niñas, civiles todos. Por supuesto que no, los militares mexicanos saben bien que lo que están haciendo sale de su jurisdicción, sale de sus principios, sale de sus valores, sale de todo lugar lógico y coherente, se sale del campo jurídico, sale de sus manos.

Un país en guerra es un país que se encuentra en un Estado de excepción, donde los derechos mínimos se encuentran limitados, en cuarentena. Pero un Estado que manda una selección de futbol a participar en el mundial a Sudáfrica, un Estado con un grupo económicamente estable o no que asiste significativamente al mismo evento futbolístico, un Estado que lleva a cabo elecciones bajo focos púrpuras, no es un Estado que está en “guerra”. La impresión del Estado mexicano al interior y al exterior es tan real que no se puede simbolizar, una percepción  que casi es un concepto el Estado está en declive, declive que es responsabilidad de los gobiernos, gobiernos que sólo han engañado a la sociedad con sus promesas de paz y que hoy esas promesas se convierten en una guerra.

Ante esta decepción social y colectiva, la figura de autoridad va línea decadente con el Estado, pero hay una pequeña y significante diferencia, la precipitación de la autoridad lleva una velocidad ascendiente día a día y el Estado lleva una precipitación constante, esto nos lleva a deducir que la caída anticipada de la autoridad no llevará como consecuencia la caída del Estado. El Estado, una vez caída la autoridad, tendrá una última oportunidad antes de la inminente caída. Esta oportunidad está directamente relacionada con el Otro, el amo, el uno, el que tendrá que hacer una nueva promesa de paz, el que pedirá una vez más a la sociedad que constituya una autoridad. Autoridad que haga un gobierno, gobierno le enderece al Estado y le dé su última chance. ¿Qué quiere de mí el Otro? Es una pregunta que no sólo se hacen los militares, sino que podríamos hacernos nosotros, todos los que estamos en la misma línea genealógica.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho; Maestro en Derecho Constitucional; Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes; Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autonoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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El peligro para México pide unidad, por Carlos Antonio Villa Guzmán

A estas alturas de un sexenio exorbitante ya no hace falta explicar cuál es el verdadero peligro para México, puesto que se ha hecho evidente por sí mismo, como un artefacto de tormento exhibido en un aparador.

El peligro para México, siendo una de las figuras clave que dividieron al país con el resultado de aquella cuestionadísima jornada electoral de 2006, ahora pide unidad. Aclama por unir las piezas desperdigadas que se fragmentaron ante la imposición, le necedad de que haiga sido como haiga sido, se pusiera, según eso, a realizar el trabajo de un presidente.

El exgobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, fue uno de los principales promotores responsables de que el peligro para México se instalara en la primera magistratura y desde ahí se convirtiera, cada día más, en el vergonzoso funcionario que amenaza con empeorar la situación en el periodo restante de su infame desgobierno. Imposible olvidar aquel “destape”, envuelto de estilo tan característico del sistema largamente ejercido por el PRI: Una reunión de individuos alimentando en sus cabezas las expectativas de algún puesto ideal o relaciones que les ayudasen a incrementar sus capitales. Un llamado a darle cobertura a quien en lo futuro les daría vía libre y toda clase de facilidades para que cosechen en el campo de la política mexicana, por entonces cultivado en gran parte por el PAN.

Fox hizo un gran berrinche contra esta camarilla que se le adelantó, dejando a su gallo Santiago Creel, fuera de los reflectores, pese a los convenios con Televisa, la otra protagonista que invariablemente sumerge sus cámaras en los fangos propios de estas lides. La cita tuvo lugar en el rancho cuyo propietario, un millonario lechero jalisciense, a la postre se hizo de un cargo en gobernación, de la mano de su amigo Ramírez Acuña, un político con pésima imagen en la sociedad por los abusos de poder que fueron la impronta de su gobierno; desde las cruentas represiones contra manifestantes opositores a las posturas vertidas en la Cumbre Iberoamericana, celebrada en mayo de 2004, en Guadalajara, con infiltrados incluidos para “reventar” la protesta, que en principio se acordó pacífica y que gracias a esta estrategia justificó los golpes y violaciones de derechos hacia los afectados, incluida una periodista de origen español, quien fue tratada de manera salvaje y amoral, como le sucedió a otras mujeres detenidas y vejadas por los policías… quienes por cierto, días después recibieron una medalla por su “conducta honorable”.

Es conocida la inclinación de este personaje a expiar, mediante insumos tecnológicos y profesionales expertos, a quienes representan alguna importancia política o cuentan con capital social considerable. De ahí que obtuvo bastante información que, como buen operador de la política estilo gángster, ha sabido capitalizar.

En México se gobierna a golpes, secuestros, amenazas o asesinatos y las víctimas, por supuesto, son los grupos más vulnerables: gente humilde que vende en las calles, puesteros como los de Atenco, indígenas y jóvenes, como aquellos que fueran detenidos y golpeados en Tlajomulco al acudir a una fiesta.

Al igual que en otros episodios ya cotidianos, se repitió la rienda suelta de la lascivia y salvajismo primitivo que caracteriza a los policías, aplicado en las y los jóvenes que fueron sus víctimas.

Esta es la regla del juego sucio que jefatura el poder. Se criminaliza la protesta social, se solapa la corrupción en las altas esferas, con lo que se favorecen empresarios que ni siquiera pagan impuestos, se permite que las compañías trasnacionales saqueen recursos o exploten empleados con salarios miserables, todo ello a cambio de sobornos a los funcionarios; en fin, se deja destruir al país en todos los rubros. En realidad ya no se sabe quiénes y cómo es que sus tareas burocráticas evitan la parálisis total, que se presiente cercana.

Los medios de comunicación más importantes sirven de parachoques o corazas, para que la opinión pública reciba solamente buenas noticias como goles en el mundial o presentaciones de estrellas en los shows televisivos. Son como la “adormidera”, que mantiene a la gente contenta con buenas vibras, gracias a sus entelequias como la reciente ocurrencia de “Iniciativa México”, donde insólitamente el rector de la UNAM, José Narro Robles, mordió el anzuelo y acudió como aval. También es un peligro para México que la masa crítica se deje seducir, a cambio de quién sabe qué beneficios, por estas fuerzas destructivas. Tal vez por miedo o por comodidad, es que se presta este personaje y otros de quienes no se hubiera esperado tal respuesta, al juego.

Mientras persista este régimen, no hay rescate posible para el país y no solamente es el régimen, sino el sistema, la inercia y la lógica con la que operan los actores y sus recursos, lo que ha llevado a esta barbarie caótica. El peligro para México en lugar de pedir unidad en torno a él y su grupo de ineptos, debiera unirse a otros con mayor coherencia; las asociaciones civiles que tanto ha afectado, como son los sindicatos u otros en resistencia.

El peligro para México ha conseguido que otros peligros iguales o peores que él, se postulen para hacerse del poder, como los sicarios que asesinan políticos porque perciben acotamientos a su amplia libertad de delinquir. El peligro para México revolucionó el accionar fatídico que opera en contra de la tranquilidad y el bienestar. Lo único que queda es resignarnos y esperar para el golpe final o emprender la difícil, pero posible tarea de construir un nuevo acuerdo social unificador y tan equitativo como sea necesario. O todas las fuerzas que conservan el estatus de legalidad y armonía se unifican o la mayoría, si no es que todos, padeceremos de un estallido generalizado.

Esto desde luego ha de ser distinto en sus principios y en sus dinámicas a las ofertas mediáticas que no salvan nada y solamente sirven para la autopromoción de quienes las organizan o se involucran. Son simples fuegos de artificio, euforias efímeras, que lo único que liberan es un poco de estados de ánimo y dejan una que otra conciencia tranquila.

Espero que en alguna parte surja esa voz, ese llamado a la unidad desde las antípodas del peligro para México que lo único que consigue es más fracaso. Ojala que este peligro ya guarde silencio y se dedique a escuchar y observar atentamente, si es que le da su capacidad, lo que realmente sucede. Que detenga sus impulsos pueriles e insulsos y deje actuar a los que verdaderamente pudieran hacer algo para conjurar el enorme mal que nos aqueja, que no es otro que la eclosión de las larvas que dejaron tantos años de corrupción, indolencia política y apatía social.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid.