El Cafecito


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Todo se lo llevaría al caño: Pessoa y la internet, por Jildardo González Romero

El uso de los medios de comunicación en los tiempos actuales, se ha convertido en una herramienta de exploración del mundo exterior de una importancia tal que en un breve tiempo nos podemos enterar de lo que está sucediendo en cualquier lugar del planeta.

Si bien es cierto que el desarrollo de las tecnologías en los medios de comunicación ha tenido un avance vertiginoso en los últimos años, logrando que las desigualdades sociales se polaricen descaradamente, también lo es que han conseguido que los individuos de distintos países puedan tener una comunicación epistolar y se conozcan para los fines particulares que a cada uno convengan.

Indudablemente, resulta muy fácil crear una identidad diferente por medio de la internet, en donde a través de un blog tenemos toda la libertad de formarnos un perfil a nuestro antojo.

Imaginémonos por un momento a Pessoa, todos los heterónimos que hubiera formado teniendo las herramientas actuales. El poeta portugués, Fernando Pessoa, logró con gran maestría y sin necesidad de la internet en los albores del siglo XX, ser el mejor exponente de la poesía en su país y de la lengua portuguesa. Sus “Odas” de Ricardo Ries; los estremecedores poemas en el “Guardador de Rebaños” de Alberto Caiero, así como su “Poesía completa” de Alvaro de Campos, cada uno de ellos con un perfil específico, nos mostraron de lo que puede ser capaz el ser humano cuando se tiene el talento y la creatividad, cualidades que poseyó el lusitano nacido en Lisboa un 13 de junio de 1888.

Si Pessoa viviera en estos tiempos, tendríamos el gozo de disfrutar sus obras “calientitas”, porque seguramente contaría con una página en la internet que todos los días visitaríamos con un fervor manifiesto, y con una cifra de visitas enorme, que, sin duda, Bill Gates lo consideraría para sus campañas de publicidad.

Por un momento pensemos que antes de dormir visitamos el blog del maestro Caeiro que nos dejaría invadidos de una profunda paz, y con una sonrisa de niño satisfecho.

Después, al amanecer, cuando nos den en la cara los rayos del sol y luego de estirarnos para desperezarnos — antes de cepillarse la resaca de la noche anterior —, y todavía con algunas lagañas en los ojos que nos obligaría hacer visajes, qué les parece devotamente hacer una primera visita fugaz al blog del doctor Ries para ver qué es lo que pasa en su trajín de las circunstancias nocturnas con él mismo, que no sabe otra cosa más que desesperarse como un viejo monárquico como lo fue, formado bajo la escuela de los jesuitas, y constatar lo perdido que se encuentra en esa Lisboa buscando sus raíces, para que nos lleve con la asistencia de su teclado hasta sus fantasmas que le ayudaron a recorrer esas calles cargadas de nostalgia, impregnado en sudor y polvo como nos lo menciona José Saramago (El año de muerte de Ricardo Ries), ¿así serían las notas del doctor Ries? Toda esa nostalgia llena de polvo y de fantasmas, ¿cómo lo llevaría el mismo Pessoa si tuviera un blog sólo para irnos guiando con sus frases por esa Lisboa que ya no está más…? Todo lo que lograríamos leer en el blog que tendría el ingeniero Álvaro de Campos, desde poemas hasta consultas que se le harían por ejemplo: cómo construir caminos para atravesar soledades, o simplemente para saber algo de sus conocimientos que adquirió en Dinamarca.

En las reuniones de los “Cafés de moda” no faltaría quien tuviera la última participación de algo de Fernando Pessoa que motivaría discusiones intelectuales sobre la necesidad de tener un centro de estudios “Pessonianos” con el apoyo de la Universidad Fernando Pessoa, con talleres y diplomados todos en el epicentro de su obra y sus heterónimos.

En el idioma francés, ¿qué nos contaría Jean Seul Méluret? Seguramente nos conectaría con la Alianza Francesa para realizar talleres literarios y conocer más del idioma de Napoleón, hasta probablemente talleres de apreciación de cine. ¿Y María José qué nos contaría? Estoy completamente seguro que alguien estaría como loco traduciendo al castellano todo lo que estuviera subiendo a la internet Alexander Search, o investigando sobre el paradero de los hermanos de él.

¿Se imaginan todos los heterónimos que sería capaz de crear Don Fernando Pessoa? Tendríamos la certeza que al consultar sus páginas nos encontraríamos con la más reciente creación de una noche sentado en su ordenador.

Así sería de nutricio en nuestras vidas consultando, leyendo, gozando, llorando esa enorme obra de lo que es Pessoa.

Bien vale la pena darle una veladora cada 13 de junio al gran Fernando Pessoa, ¿no creen?

Jildardo Gonzalez escribe más esporadicamente de lo que lee; su transmisión es siempre oral y, últimamente, habiendo descubierto las maravillas de la tecnología en lugar de homenajear a Bill Gates lo hizo con Pessoa; textos suyos han aparecido en varias revistas culturales hidrocálidas.