El Cafecito


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La pejeida, rapsodia XVII: sacrificio entre hermanos, por Javier Arturo Haro Oteo

Canta a la inmortalidad con tu dulce y sabia voz, oh, Clío, lo que ocurrió cuando las disputas entre los grandes generales del ejército tricolor decidían quién de ellos habría de enfrentar en el último combate al Peje Andrés Manuel; canta, oh, gran musa, cuáles fueron los motivos que motivaron la renuncia a presentar batalla por parte del Motiélida Arturo de faz de roedor, quien en un arranque de espíritu, quizá motivado por la prudencia que infunde Atenea, decidió guardar sus armas cuando éstas se encontraban prestas a enviar al tártaro al Madrázida Roberto, el de garras de roedor, o morir en el intento.

Pues siendo hermanos ambos nacidos de un tronco común, durante el himeneo entre el innombrable y la indeseable diosa de la avaricia, resultó que Roberto más tiempo pasó con su padre, Arturo más tiempo en la soledad, ambos aprendieron el oficio que les era propio a los de su raza — tomar indebidamente el dinero de las zonas en las que mandaban —, sin embargo, más hábil era Roberto, quien a pesar de haber contado con un amplio recelo, los que le atacaban solían carecer de argumentos sólidos, no así Arturo, pues sus detractores consiguieron demostrar cuanta ofensa a los dioses había proferido, y ahora los miembros del ejército tricolor pedían se sacrificara al terrible Titán Cronos.

Arturo accedió, a fin de que su sacrificio redituara en un puesto en el Ágora y, siguiendo los usos del ejército tricolor, una fastuosa fiesta fue el marco para el sacrificio, un abrazo entre ambos hermanos selló el destino, y la complacencia del Innombrable solo era perceptible, mientras el cruel Titán no aceptó la ofrenda.

El cinismo como forma de redención

La noticia de la renuncia de Montiel a competir por la candidatura del PRI a la presidencia tomó a una gran mayoría por sorpresa, me uno a esa mayoría, pues aunque era lógico después de los escándalos en que se ha visto inmiscuido, no creo que le quedara más que huir por la puerta falsa precipitándose a una senaduría o algún otro cargo que le ofertaran al “sumarse a la unidad” — parte de los usos y costumbres priístas —; considero que en ese afán “auto redentor” del priísmo, Roberto Madrazo debería también renunciar, toda vez que los escándalos en los que se ha visto inmiscuido desde hace 10 años no son menos que los que le han salido a Montiel.

Roberto Madrazo y sus ligas — dicho esto con toda la mala intención de recordar a René Bejarano — con Carlos Cabal Peniche serían suficientes para pedir que, con un poco de vergüenza, Madrazo se retirara, pero, como dice la canción: ¿a qué le tiras cuando sueñas, mexicano?; el cinismo de Madrazo es tal, que aun y cuando todos sabemos que renegó de la figura de su padre cuando los tiempos lo requerían, a fin de que su carrera política no se estancara, de pronto salieron los comerciales de Fundación Madrazo, “dándonos” a conocer la figura de Carlos A. Madrazo; cuando creíamos que la cosa iba a parar ahí, el colmo del cinismo: aparece diciendo que ha heredado no sé cuántos valores de su padre; dicho de otra forma, se cuelga de la imagen que tanto tiempo rechazó, pues ahora sí la necesita.

Detalles de Madrazo sobran, la realidad es que es un tipo que siente al cinismo como su forma de redención, como gobernador — cuestionadísimo — de Tabasco, se enfrentó a Zedillo y terminó prestándose a la pantomima de la que resulto ungido Francisco Labastida Ochoa; como presidente del PRI, atacó ferozmente a Fox, pero terminó negociando con él, entre otras cosas, la reforma fiscal, dejándolo colgado en el último minuto y echando todas las culpas a Elba Esther Gordillo; negoció igualmente el desafuero de López Obrador y aquí sí el Señor de las Botas le regresó el cumplido, al haberse echado para atrás a última hora.

Ése es el hombre que pretende hoy, nuevamente, buscar la presidencia de la república; por ello cuando alguien me pregunta por qué he de votar por el PRD y yo me encuentro muy cansado como para hacer una amplia exposición de motivos, me concreto a decir: “por simple juicio de historia”.

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.


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Y después de algunos meses, por Javier Arturo Haro Oteo

Las plumas volaban sobre las superficies lisas de los papeles, contaban historias de pejelagartos, de animales que presidían naciones y de hombres que mataban por millares a sus hermanos hombres, contaban historias de personajes extraños, surrealistas, de negros ofendidos y voceros desmentidos por ellos mismos, pero no, esas plumas eran mudas, esos papeles eran ciegos, esas historias no se contaron jamás, no había dónde; al cabo de mucho tiempo y con las historias a cuentas, vuelve el lugar de las historias, aquel donde igual conviven las fantasías de quien esto escribe, que los análisis profundos de los respetables compañeros que han escrito en este medio.

Hoy, la voz toma sonido otra vez, las imágenes toman forma, las historias existen de nuevo, El Cafecito regresa, y un servidor, ansioso por seguir contando historias, regresa también, así que, sin más preámbulo, comenzamos.

El Cafecito salió a descansar algún tiempo, durante estos meses la situación política alrededor del mundo — como era de esperarse — cambió, igualmente cambiamos algunos de nosotros, yo soy más amargado, por ejemplo.

En “La Pejeida”, por ejemplo, el Peje Andrés Manuel ha perdido su armadura sagrada y aún sin ella lucha por ganar la batalla final por la tierra de Mexi; el Bejaránida René, el asambleísta, cayó en las mazmorras y acaba de salir de ellas, significando un duro golpe a las instituciones; el Sagrado Sacerdote Cuauhtémoc, el eterno, ha decidido abandonar la batalla por la tierra de Mexi, con lo cual se debilita el poder del ejército perredista; en el ejército azul, las cosas no están muy bien que digamos, el heraldo del Canidae Agamefox, comete error tras error, inicialmente sólo desmentía al soberano, ahora tiene que desmentirse a sí mismo a cada rato; el rubio Santiago de azules ojos está en medio de un escándanlo, tras abandonar el puesto de táctico en el ejército azul, lucha ahora por comandarlo para triunfar en la batalla de la tierra de Mexi y suplir al Canidae Agamefox en el mando supremo, sin embargo, sus rivales en el ejército han denunciado que otorgó concesiones para explotación de tabernas de vicio y suertes.  Tras duras batallas en la Ciudad de los Chorizos y la legendaria tierra de Aztlán, el ejército Azul se ha debilitado mucho; mientras el Tricolor y el Perredista se han fortificado; sin embargo, el ejército Tricolor sufre deserciones continuas, debido a que sus comandantes pelean sin cesar por conseguir la máxima capitanía, de cara a la batalla por la tierra de Mexi.  De todos estos temas podrían hablar las próximas rapsodias de “La pejeida”, pero… ¿para qué hablar de lo pasado habiendo un presente digno de páginas y mas páginas y un futuro digno de especulaciones y más especulaciones? De esto tratarán las próximas entregas de esta historia de época y culto.

En el resto de la realidad — la que no me he permitido alterar — las cosas van tan mal o peor que si las hubiese escrito yo:  Estados Unidos ha acusado a nuestro país de racismo, primero por unas declaraciones de lo mas estúpidas de parte de nuestro presidente respecto al trabajo de nuestros indocumentados en EU, después debido a la aparición en timbres postales de “Memín Pinguín”; en el primer caso se da toda la razón a los “vecinos” del norte — pero solo a los negros, jamás a los blancos que son mucho mas racistas que nosotros —; en el segundo caso, ni hablar, una caricatura no tiene por qué levantar semejante ámpula, máxime si recordamos otras como Speedy González, Pancho López o Mucha Lucha — de las cuáles no ha habido la menor queja de nuestra parte —.  Podemos decir que, efectivamente, los mexicanos somos muy racistas, no sólo con los negros, sino con cualquiera que consideremos diferente; uno de los insultos más usados por un mexicano es “p%@}he indio”, lo cual es sinónimo de: idiota, feo, inferior, etc.; en todo el país el tipo moreno, medio panzón, pelos parados y acento gracioso típico de la capital de país es un “chilango”, éste es sinónimo de caos, ladrón, mala onda, creído, etc.; en el caso de los aguascalentenses, si vemos a alguien medio amarillo de la piel y con los ojos rasgados, ya le dijimos “chinito” — aunque sea de cualquier otro país de Asia o incluso de Aguascalientes —; el mayor ejemplo de racismo quizá sería Hugo Sánchez y la sarta de idioteces que habla contra los extranjeros radicados en el país y contra los naturalizados.  Sí, es cierto, los mexicanos somos racistas, pero, ¿qué derecho tienen de decírnoslo los “vecinos” del norte cuando ellos son la cuna del racismo contra los que son diferentes a ellos? — los ejemplos salen sobrando, los conocemos casi de memoria —.

Pasando a cosas menos agradables, en mi último artículo traté el tema de Bush y la guerra, en él hacía hincapié en el deseo de ver derrotado en las urnas a Bush el pasado noviembre; eso no se pudo, el pueblo norteamericano que tanto se jacta de su democracia nos demuestra una vez más que su preparación política es mucho más atrasada que la de cualquier pueblo latinoamericano, y mientras siga ese animal en la presidencia, los norteamericanos no podrán vivir seguros, tampoco los demás países del mundo, como lo demuestran los recientes atentados en Londres; no quiero, con esto, parecer un partidario del terrorismo, sin embargo, considero que ese mal no se eliminará si no desaparece el enemigo mayor, en este caso el terrorismo de estado de EU; el pueblo de Irak no necesita de la intervención de nadie para consolidar su democracia, necesita de la ausencia del mundo, pero todos sabemos que a los invasores no les interesa un comino la democracia en el mundo, su único interés es rapiñar lo que puedan, tener todo sin pagar lo justo por ello, arrebatarlo por la fuerza, obviamente eso no les causa precisamente sentimientos agradables a los originales propietarios y, si no hay más armas para defenderse que el terrorismo, no dudan en aplicarlo.

Así está todo actualmente, tras algunos meses de ausencia, estoy de vuelta, con nuevas energías; que el mundo siga girando, yo seguiré escribiendo.

Javier Arturo Haro Oteo es militante del PRD y estudiante de la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.


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La pejeida, rapsodia IV: el pecado del Peje | coloquio entre Carlos y René, por Javier Arturo Haro Oteo

Contadme, musas, de aquel varón infame, llegado de tierras lejanas, del sur del continente y su relación con el sucio traidor, instigador de fraudes y operador de ilegalidades; contadme del Ahumádida Carlos, corruptor de hombres y del Bejaránida René, el asambleísta.

Ocurrió que después de peleadas algunas batallas memorables, el soberano de la ciudad de los palacios, el Peje Andrés Manuel empezó a  ser visto por los moradores de la tierra de Mexi, unos y otros, como el justo gobernante que en un plazo pequeño tomaría en el trono máximo, lo cual no pretendía dejar suceder el Canidae Agamefox, ni su perversa esposa la Sahagúnida Marta, fecunda en ardides; por lo que, haciendo libaciones al Innombrable y todos los corruptos, y a los dioses infernales, deciden, tras discutir en demasía estratagemas inmorales — que fueran capaces de derribar las aspiraciones del peje Andrés Manuel, cual viento intempestuoso, arreciando contra las chozas de madera y siendo éstas destruidas por aquel sin misericordia alguna —  que más seguro será corromper a los hombres de confianza y cercanía, y cierto lo digo, nada difícil fue encontrar al más viable para corromperse, nada difícil fue que este mismo era a la vez el hombre de confianza del Peje, el Bejaránida Rene, el asambleísta, a quien más que el amor a su patria o al proyecto estadista del soberano Andrés Manuel, lo motivaba el amor que era capaz de profesar a los reales, más que acero o bronce, plata u oro, más que gloria o riqueza; tales eran los ideales del Bejaránida.

Ante una personalidad tal, era necesario tenderle por control a un hombre incapaz de faltar a los reales, sólo había uno capaz de comprar a un hombre tan poco íntegro y voraz, aquel que había, durante la última etapa de gobierno de la Robleida Rosario, la de piel de Bronce, en la ciudad de los palacios, realizado el acto mas ruin: hacerla caer en las redes de Eros, para así llevarla a pecar de avaricia y traición; y quien además fue afectado gravemente por El Peje Andrés Manuel, al tomar él las riendas de la ciudad de los palacios, toda vez que le retiró todas las concesiones dejadas por la Robleida. Dos eran entonces los motivos del Ahumádida para destruir el sueño del Peje —que terminaba convirtiéndose en un pecado, ¡oh, paradoja!, para los capitanes y soberanos que deseaban ser como él, Soberano Máximo —, en su camino bien podría realizar unos u otros negocios más y, al mismo tiempo, vengaría el daño causado en su artera persona.

Es así como, al encontrarse en el último coloquio, deciden llevar a cabo un plan (cada uno y cada cual distintos, el uno buscara que el Peje Andrés Manuel retire la persecución a cambio de monedas, el otro mostrará a la tierra de Mexi el momento en que se lleva a cabo el trueque ilegal).

— Ahumádida Carlos, corruptor de hombres, no puedo negar que tu generosidad es vasta, estos son reales más que suficientes para obtener dádivas de los mismísimos dioses; mas la mía no es cosa poca, ya que tanto será útil para ti mi servicio ante el Peje, como para mí lo serán tus reales.

— Bejaránida René, el asambleísta, no hay generosidad entre tus actos o los míos, sólo un sentido recíproco de ayuda mutua — mas pensaba entre sí: cuando los habitantes de la tierra de Mexi vean tu velocidad para hacerte de reales ilícitos, el Peje pagará los pecados cometidos contra mí, el innombrable, y el Canidae Agamefox, soberano máximo.

— Acerca hacia mí los elásticos que tan útiles son para la sujeción de monedas y billetes.

— Con gusto lo hago, toda vez que más será lo que a mí acercarás.

Después de que las encuestas y las manifestaciones públicas de algunos sectores — como la casi desaparecida clase media — se manifestaron a favor de la posibilidad de que AMLO fuera presidente de la república a partir del 2006 — dado que tanto nos han dicho que la alternancia es posible y que ahora sí los ciudadanos eligen sus gobiernos —, los sectores contrarios a tal proyecto decidieron iniciar una cruzada contra AMLO, desde la presentación pública de los sueldos de algunos empleados de confianza, los videos sobre el Secretario de Finanzas del Gobierno
Capitalino — con la respectiva mala fe que representa el hecho de conocerlos primero el tele auditorio mexicano y después AMLO —  hasta la más sucia y cruel estratagema: el soborno de Ahumada a René Bejarano.

A la militancia perredista no le sorprendió tanto semejante acto, pues muchos sabíamos la clase de tipo que era, lo sorprendente fue que AMLO lo convirtiera en su hombre de confianza, pues por mucho que quiso atarle las manos, no lo consiguió; para muchos de nosotros el video escándalo de Bejarano significaba el fin de un sueño que duró casi 4 años, pero lo que nos sorprendió aun mas fue el hecho de que ni así se pudo eliminar por completo la figura de AMLO del escenario político; viene a mi mente la declaración al respecto de parte de Marcelo Ebrard, donde decía que temía por la vida de AMLO en el caso de que no bajaran sus puntos en las encuestas; a fin de cuentas bajaron, pero fueron recuperados casi de inmediato.

Es aquí donde sale una carta muy arriesgada, superados los obstáculos que representaba la traición de Bejarano — a fin de cuentas, entre los 12 apóstoles hubo un Judas que traicionó al mismísimo Jesucristo —, los detractores de AMLO deciden buscar el desafuero, basándose en una acción de desacato, la cual no conlleva una acción dañina contra una segunda o tercera persona o, dicho de otra manera —más entendible, dado que no entendí mucho que digamos —, no hay daño alguno, es decir, no es aplicable — ni siquiera Ignacio Burgoa considera que sea procedente —; por lo tanto, si este recurso sucio para sacar de la jugada a AMLO tampoco prospera, entonces debemos empezar a temer alguna otra acción sucia de parte del Gobierno Federal.

Conociendo al Presidente Fox, tal vez hable con el animal de Bush y le comente que AMLO es amigo de parrandas de Osama Bin Laden  o partidario del “eje del terror” y el alcohólico peligroso que preside EU decida cancelarle definitivamente la existencia, aunque tal jugada debería ser realizada antes de que termine el año, pues dudo mucho que Bush sea reelecto.

Además, opino que el IV Informe de Gobierno demuestra, en el impresionante operativo de seguridad que se desplegó, el miedo que tiene Vicente Fox al pueblo que le reclama y le seguirá reclamando por las promesas incumplidas; y el presidente más legitimado, terminará siendo el mas ilegitimado por el pueblo que lo legitimó…

 

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.



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La pejeida, rapsodia XV: la batalla en Hidrotermópolis, por Javier Arturo Haro Oteo

Ocurrió entonces que los ejércitos se enfrentaron, como estaba previamente acordado, en la Hidrotermópolis, ciudad que se encontraba en el centro de la tierra de Mexi, junto a la minera Zacatecas y la bien murada Jalisco, fecunda en agaves y productora de tequila.  Zacatecas se encontraba en poder de los perredistas, comandada por el Monrealida Ricardo, soberano que en poco tiempo entregaría el mando a la Gárcida Amalia, la de níveos brazos; Jalisco, al igual que Hidrotemópolis, estaba en poder del Ejército Azul del Canidae Agamefox, siendo esta última gobernada por el Gonzálida Felipe, el Hermoso, quien no quería entregarla a ningún otro, mas se vería obligado; reclamaba el control un antiguo capitán del Gonzálida, el Rorro Luis Armando, el señor de los Rayos, quien era favorecido por los Dioses, — olímpicos algunos e infernales casi todos — siendo el principal protector de éste, el artero Diego, dios del tráfico de influencias y uno de los corruptos, y por tal relación, el Innombrable.

Inició aquella batalla en una soleada mañana de domingo, y se extendió durante todo el día, los ejércitos sonaron los tambores de la batalla, y en marcha se pusieron los ejércitos azules, perredistas y tricolores.  Apoyaba a los perredistas un reducido escuadrón naranja cuyo símbolo era el águila, los cuales eran más un grupo de traidores y espías al servicio del ejército azul; apoyaban al ejército tricolor escuadrones menores, los verdes ecologistas y los rojos de la estrella amarilla.  En todos los puntos de Hidrotermópolis el ejército azul logro victorias siendo sólo algunos — muy pocos realmente ¡oh, dolor, al Peje Andrés Manuel! — donde fueron derrotados.  Acudid a mí, musas, e inspirad mi canto para recordar los lugares donde fueron derrotadas las huestes Azules:  el verde territorio de Rincón de Romos y una pequeña demarcación de la Polis capital; en Pabellón, cuna del ilustrísimo Arteaga, se dividieron la victoria azules y tricolores.  Todo indicaba que los batallones perredistas serían aniquilados, toda vez que sus comandantes revolvían en sus pensamientos ideas erróneas sobre las batallas; sin embargo, como triste consuelo, en tres regiones, aun con el tricolor y sus conocidas, útiles e infalibles tácticas de guerra, fueron estos quienes primero se rindieron y se pusieron en fuga; los escuadrones perredistas, a pesar de la derrota, lograron salvar un poco su honor y, contrario a lo creído anteriormente, fueron capaces de sobrevivir.

Sin embargo, Hidrotermópolis continuó en poder del ejército azul, toda vez que obtuvo por el derecho a la victoria más lugares que cualquiera — incluso que los demás ejércitos unidos — en el ágora, y sus capitanes ocuparon el control absoluto en diez de las once demarcaciones de Hidrotermópolis, aun y que acuden tricolores y perredistas por igual cada uno a sus penates, es irreversible lo ocurrido; lágrimas, gritos, plegarias, ya todo es inútil, la batalla ha terminado y la frustración cubre con su manto a todos los que han perdido, mientras con vueltas a través de Hidrotermópolis, cual arrastrando el cadáver de un animal inmolado para mostrar la superioridad de la mano del hombre sobre la bestia, festejaban los azules su victoria.  ¡Así de grande fue la deshonra que dieron a los vencidos!  ¡Libren los Dioses de la cordura a los ejércitos del Peje Andrés Manuel de tamaña falta de respeto a los que han perdido, sí, pero con la dignidad de haber peleado valientemente, en ese día grande, cuando penetre en el mayor palacio, vitoreándose por haber ganado la suprema batalla, siendo ya el Soberano Supremo de la tierra de Mexi!

Cierto es que desde el principio la rapsodia trata la diferencia tremenda entre el gobierno panista de Aguascalientes, y los que aspiraban a arrebatarle el control; sin embargo, a escasos días de aquel “carro — casi completo — blanquiazul”, conviene hacer una reflexión sin caer en los excesos que provocan los apasionamientos —en los cuales han caído muchos militantes priístas — sobre cómo fueron las campañas electorales, la jornada electoral y sobretodo las consecuencias del resultado arrojado por ésta; con la aclaración que los dos primeros puntos son — nos guste o no — historia escrita, y el tercero — nos guste o no — historia que irremediablemente se escribirá.

Las campañas electorales a los diferentes cargos de elección popular se llevaron a cabo en medio de la inequidad, mientras Luis Armando Reynoso Femat contaba con cerca de tres años de precampaña — haciéndonos como si no hubiera existido precampaña durante su gestión como presidente municipal —, Oscar López Velarde llega a la candidatura como el único valiente que se atrevió a pelear la candidatura por su partido, después de un proceso extraño a todas luces, donde el candidato natural terminó renunciando a contender, alegando que existía una total intención del Gobernador Felipe González de favorecer a Luis Armando Reynoso — desde aquí mi admiración a Oscar González por su tremenda capacidad para deducir lo obvio —; justo es preguntarnos si Oscar González no sabía de antemano que así se presentaría el escenario, toda vez que cuando su partido era gobierno, y en las entidades donde aún lo es, esta práctica es común, con la diferencia que Felipe González no mete la mano en esos procesos, sino el gobernante priísta favoreciendo con todo lo que puede al candidato de su partido — caso Madrazo en Tabasco, Murat en Oaxaca y, lo veremos pronto, Alemán en Veracruz —; es así como, en un hecho inédito, Oscar González “tira la toalla” y el único que la levanta es Oscar López Velarde, político gris, que nunca ha contado con un arraigo ciudadano real; recordemos que en el año anterior, cuando se postuló para Diputado Federal, pocos sabían que había sido senador de la República. Ante un escenario donde Oscar González iba como candidato, el PRI se engolosinó y decidió hacer una alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Verde, la cual lo único que redituaba era la permanencia de estos organismos en la escena estatal — he aquí el gran error del PRI como lo veremos después —.  Asimismo, el PRD decide realizar una alianza con el Partido Convergencia, a juicio de muchos, a cambio de la alianza en Oaxaca, donde el PRD tendría más que ganar — caso inverso de Aguascalientes —; de igual manera, la elección de candidato a gobernador en el PRD no es precisamente la ideal, no porque Manuel de Jesús Bañuelos no tuviera los conocimientos plenos para ser gobernador —¡vaya si los tiene, y vaya si sería un buen gobernador! — sino porque carece de arraigo ciudadano, lo cual en un partido que cuenta con menos del 10% de las preferencias es equivalente a un suicidio.

La cuestión del financiamiento durante la campaña resulta por demás tedioso, es claro que mientras Bañuelos tenía resorteras, López Velarde tenía rifles AK45 conocidos como cuernos de Chivo y Luis Armando Reynoso contaba con Misiles nucleares; si algo pudiéramos decir en favor de Luis Armando es que su campaña fue austera… en comparación con su precampaña.

El PRI decidió basar su campaña en la imagen de su candidato a presidente municipal de Aguascalientes Carlos Lozano; el PAN en la de Luis Armando Reynoso; lamentablemente para los perredistas, ninguno de nuestros candidatos — Bañuelos a la Gubernatura, y el Dr. López Chavarria a la Presidencia Municipal — significaba un liderazgo pleno, capaz de hacer frente a semejantes figuras, por lo cual nuestra campaña se orientó — sin que hubiera una definición, sino mas bien improvisando — al trabajo de los candidatos a Diputados, por su posibilidad de acercarse a la gente con más facilidad.  Sin embargo, hoy en día y ante la necesidad tan grave de la población, llevar una campaña como la del PRD era una misión imposible, sin arraigo ciudadano, sin candidaturas fuertes ante la opinión pública, con una auténtica miseria ante la abundancia de recursos para nuestros contrincantes y, por si fuera poco, cargando la pesada loza de un partido que no tenía nada en lo absoluto que ofrecer — pues sus pocas prerrogativas jamás las entregó a la campaña, sus cuadros dirigentes huyeron para ponerse a las órdenes de Luis Armando Reynoso, y su flamante nueva directiva decidió en voz de su líder moral cooperar con la campaña panista —; así llegamos a la campaña electoral, con la firme intención de hacer todo lo posible por no desaparecer como en otros estados — Nuevo León por poner un ejemplo — y se puede decir que lo conseguimos.

El día de la jornada arrojó resultados que superaban las fantasías del mismísimo Luis Armando Reynoso, toda vez que nadie esperaba un triunfo de semejantes magnitudes:  el PAN gana 15 de los 18 distritos, así como 10 de los 11 municipios, el PRI gana un municipio y tres distritos, de esos tres distritos el diputado de Rincón de Romos proviene del Partido Verde, lo cual deja al PRI con dos diputados; la repartición de diputados plurinominales otorga al PAN tres — ya que no puede tener más de 18 diputados —, la Alianza Contigo obtiene cuatro — dos para el PRI, uno para el PT, y uno para el Partido Verde —, la Coalición Viva Aguascalientes obtiene dos  diputados plurinominales — uno para el PRD y otro para Convergencia —.  Esto deja al Congreso con una mayoría absoluta por parte del PAN; esto es grave, toda vez que, igual que en los años del régimen de partido de estado, no existirá un verdadero equilibrio de poderes, el Congreso se encontrará sumiso al gobernador del estado, ya que 18 de 27 votos, permite al PAN realizar la reforma que quiera, sea cual fuere, y el resto de diputados se encontrarán sólo para gritar, sin ser muy escuchados que digamos.

Como militante perredista aguascalentense — especie en peligro de extinción —, no me queda más que el placer del deber cumplido, el consuelo de haber elevado la votación global de diputados, así como el haber superado a la “Alianza Contigo” en algunos municipios; sin embargo, me queda también la idea de que en esta primera mitad del sexenio, veremos autoritarismos, venganzas, revanchismos políticos y, esencialmente, a un “Rey Sol” en el Palacio de Gobierno; la actitud de los panistas en sus excesivos festejos la noche del 1 de Agosto así lo demuestra.  Me preocupan los trabajadores de base del H. Congreso del Estado, casi tanto como el resto de la población aguascalentense.

Además, opino que los argumentos que se utilicen para descalificar el proceso electoral por parte del PRI pueden convertirse en un escupitajo al cielo, toda ves que la Marea Roja — creo que así se llama el grupo de “apoyo” — anduvo realizando actividades no muy lícitas para obtener votos extras el día de la jornada electoral; aunque en cierto momento pensé que se habían cambiado la playera por una azul, terminé dándome cuenta que no era así, sino que me equivoque de individuos, pues estos últimos pertenecían al Ave Azul; ¿y me decían que los nombres como Brigadas de la esperanza eran cursis?

PD.  Debido a la necesidad de hablar sobre el clima electoral, y ante el alud de noticias que suscitó en los últimos días, me veo en la penosa necesidad de publicar hasta el próximo mes la rapsodia que había prometido para este número, mil perdones.

 

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.



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La pejeida, rapsodia XII: coloquio entre Carlos y Rosario, por Javier Arturo Haro Oteo

…tras encontrarse degustando en un salón cubierto de colores púrpura y carmesí, iluminados por diamantes que retaban a la gravedad, dijo entonces la soberana de la sagrada ciudad de los palacios, la Robleida Rosario de piel de bronce:

— Amigo, ya que te encuentro en este sitio bebiendo dulce vino y degustando los manjares que los dioses y los impuestos nos han regalado, te ruego me digas por ventura de tu vida y la de tus vástagos, ¿cuál es tu nombre?, ¿de dónde eres?, ¿dónde se encuentran tu ciudad y tus padres?, ¿eres un hombre de bien?

Entonces él respondió:

— Robleida Rosario, la de piel de bronce, divina entre la soberanas de esta tierra, trataré de ser lo mas sincero posible, mi nombre es Carlos, me precio de ser del sur, en la bien construida Argentina, criadora de caballos, productora de plata y fecunda en ratas, me precio de encontrar mi ciudad aquí donde tu gobiernas, pues mucho ha que salí de Argentina, mis padres ya no se encuentran conmigo, de hecho no recuerdo nada de mi progenitora, muchos han dicho que no tuve una, mi padre fue conocido como un Ahumádida, asimismo me conocen hoy a mí; más que ser un hombre de bien, soy un hombre de bienes y es justo estos bienes los que deseo entregar a tu ciudad por medio de convenios y servicios, donde la misma me retribuya en tiempos poco largos la multiplicación de los mismos.

Al escuchar esto, la soberana contestó:

— Ahumádida Carlos, el mas imprudente de los hombres, ¿qué palabras se te escaparon del cerco de los dientes?, ¿acaso pretendes insultarme con ofrecimientos de obras en la ciudad cuando estamos en momento de conocernos? Nunca se había visto insulto mayor.

— Robeida Rosario, la de piel de bronce, divina entre las soberanas de esta tierra, no se  irrite tu ánimo contra mi, solo pretendo entablar de una vez y para siempre el compromiso de encontrarnos de nuevo, pues más que el deseo de realizar servicios a la ciudad, crece en mí el deseo de verte de nuevo, por lo que eres tú, divina soberana, bella entre las bellas…

Una sonrisa en los labios de la soberana indicó al Ahumádida que su intención inicial era favorecida por los Dioses.

Continuaron por muchas horas mas intercambiando impresiones, la suerte de la guerra había tomado nuevos rumbos.

En esta rapsodia podemos apreciar lo que seria el primer encuentro entre Rosario Robles y Carlos Ahumada, pudiéramos pensar que es el momento en que se decide la suerte de AMLO; sin embargo, no es a él a quien se refiere el autor al decir “la suerte de la guerra había tomado nuevos rumbos”, sino a todo el proyecto de la Izquierda mexicana como una muestra del poder del innombrable; no era sólo AMLO el proyecto, eran otros perredistas que, en menor proporción, se concebían como buenas cartas en una contienda electoral; la magia de la pejeida nos habla del poder del innombrable para decidir a priori cuantos hechos habrá de maquinar contra el peje Andrés Manuel, buscando evitar que tome posesión de la República como presidente.

La cuestión sería, ¿por qué Rosario Robles actuó de semejante manera? El simple hecho de entregar todas las concesiones de obra pública en el DF mientras fue jefa de gobierno a Carlos Ahumada, y después endeudar las finanzas del PRD con el mismo personaje, nos habla de una cadena de complicidades; lo que aún no queda claro es el motivo.  Dos semanas antes de la elección federal del año pasado en un programa de televisión llamado Contrapunto, Robles señalaba — entre otras cosas — que el precandidato mejor posicionado y, por obvias razones, aquel que sería el mejor presidente a partir del 2006 sería AMLO; en ese momento me pareció sincera, me atrevería a afirmar que ella no era parte — al menos por gusto y con conocimiento de causa — del complot que estalló contra AMLO en los meses subsecuentes.

Aunque suene muy cursi, creo que el motivo de Rosario Robles para ceder tales concesiones a Ahumada fue el hecho de haberse enamorado de él, considero que no era intención expresa de Rosario Robles actuar en contra del Jefe de Gobierno del DF, como tampoco fue intención de ella endeudar al PRD inútilmente; me atrevo a suponer — con la salvedad de que puedo equivocarme, dado que no soy un oráculo griego — que tuvo hasta el 6 de julio de 2003 el deseo de que el PRD obtuviese 100 diputados y después “pasarles la charola”, el problema fue que se jugó el albur con la peor rata que pudo haberlo hecho, quizá su actitud era positiva a los sueños perredistas, pero la de el vividor con el que se asoció no.

Además opino que la marcha “ciudadana” contra la delincuencia debió protestar también por delitos de “lessa Humanitatae”, como los cometidos por Luis Echeverría Álvarez contra los disidentes de su gobierno, o los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, así como delitos de cuello blanco que han propiciado que hasta nuestros tataranietos se encuentren endeudados como es el caso del FOBAPROA; al decir que no es una marcha política, debieron cuidar sus organizadores que no se prestara a fines políticos aunque eso implicara callarles la boca a personajes tan nefastos como Javier Alatorre o Eric Guerrero Rosas.

En el próximo artículo trataremos dos rapsodias, una relativa al pecado del Peje, y un coloquio entre el Corruptor de Hombres y el Asambleísta.

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.



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La pejeida, por Javier Arturo Haro Oteo

“Canta, oh diosa, la furia del Peje Andrés Manuel, furia y frustración provocadas por la traición y el dolo, que a tantas almas quitara la esperanza, convirtiendo sueños de perredistas en pasto de aves y alimento de canes; cumplíase la voluntad del innombrable cuando el Bejaranida René, el asambleísta, traicionando al que le tendió la mano, extendió la suya hacia el trueque ilegal con el Ahumadida Carlos, sobornador de políticos”, así pudiera iniciar una historia de epopeya que bien pudiera titularse “La Pejeida” y que contara las aventuras de un pejelagarto mexicano que deseaba ser presidente de la república, el cual tendría severos problemas para conseguirlo dado que los que se creen dioses, dueños del destino de los mexicanos, colocan en su camino diversos obstáculos; sin duda, después de haber leído las obras concernientes a la Guerra de Troya, me queda claro que la historia de Andrés Manuel López Obrador resultaría al paso de las centurias mas impactante y sería más conocida mundialmente que “La Iliada”, “La Eneida”, “La Odisea” o “Cassandra, la profetiza de Troya”; y es que, mientras la guerra de Troya aún se encuentra en el debate sobre su veracidad, dada la magia y fantasía que encierran los poemas de Homero (de quien también está en duda su existencia), y siguiendo esa misma idea los poetas posteriores a éste, griegos o no como Virgilio, la historia del Jefe de Gobierno se encuentra igualmente plagada de fantasía y a la vez de veracidad, que a veces resulta mas fantástica que la fantasía misma; a esta situación es necesario agregar que al igual que para los griegos la guerra de Troya representa un inicio como nación, un símbolo de identidad nacional, para muchos mexicanos AMLO representa una luz de esperanza y para otros más audaces representa un fuego nuevo el nacimiento a una nueva vida como nación.

 

Y como toda historia griega bien contada tiene sus villanos, en el caso que nos ocupa cubren este perfil los ya famosos René Bejarano y Carlos Ahumada, el primero nunca se ha distinguido por ser muy claro en los manejos de su vida política, y el hecho que fuera durante 3 años la mano derecha de AMLO demuestra la veracidad del famoso refrán mexicano que dice: “No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre”; el caso del segundo es más interesante, un empresario de origen argentino, un hombre que del subempleo hace 14 años, se convierte en una figura controvertida, primero en el mundo del futbol, y después en el de la política, su salto a la opulencia lo consigue a través de la fundación de “Grupo Quart”, el cual se dedica a obtener licitaciones de obra pública, esencialmente en tiempos de Zedillo, durante los gobiernos en la capital de Oscar Espinoza Villarreal, Cuauhtémoc Cárdenas y (muy especialmente) Rosario Robles; su incursión en el deporte llega el día que toma de manera violenta el estadio del Irapuato, previo a que este ascendiera a la primera división, más tarde se convierte en dueño de Santos Laguna, y su momento cúspide en la política llega cuando filma a René Bejarano al entregarle dinero, con lo cual se abre la cloaca de la cual sale la historia que hemos visto tantas veces en los últimos meses.

 

Sobra preguntarnos si acaso eran esas las únicas acciones ilícitas de Ahumada, puesto que aun con los videos y su entrada en la cárcel quedan todavía muchas preguntas por hacernos, y es que si fuéramos trabajadores informales con graves dificultades para obtener ingresos, lo primero que desearíamos saber es ¿cómo le hizo para fundar su empresa?, ¿cómo después de fundada se convirtió en un consorcio tan productivo?, sabedores de que en esté país ese es un sueño casi imposible, aunque en lo personal para mi la gran duda es, ¿por qué ese afán de destruir el “sueño de gloria” de tantos perredistas?, esperamos que esas dudas se aclaren en el transcurso de los próximos días, de lo contrario estaremos aquí en el próximo número especulando sobre este villano de “La Pejeida”.  Hasta entonces, un saludo y mi amistad.

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.