El Cafecito


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“¡Bendito español!”, por Elizabeth de los Reyes

Entonces, ESO que me enseñaron en la escuela…
Mafalda (tomado de Mafalda Inédita por Quino)

 

La primera vez que escuché la famosa regla de acentuación de las palabras agudas que reza: “las palabras que terminan en ‘n’, ‘s’ o ‘vocal’ llevan acento”, tendría escasos nueve años, al menos eso creo. Las palabras de Dayanara, aquí en el CIELA, trajeron esos gratos momentos a mi mente, refrescaron viejos conocimientos y ¡claro que obtuve otros nuevos! En instantes pasaron frente a mis ojos, como película de Chaplin, mis profesoras de español y literatura, desde la primaria hasta la preparatoria.

Recorrimos las sílabas, que aunque parece fácil, no es lo mismo separar ‘ar-mo-ní-a’ que ‘ar-mo-nía’, sobra decir que no es igual decir armonía que ‘armónia’, lo que nos llevó saber que el acento ortográfico lleva tilde y que el prosódico es el natural de las palabras.

Los homónimos, no sólo es cuando dos personas se llaman igual, sino que se refieren a palabras que se escuchan igual y la mayoría de las veces se escriben diferente. Ahora sé que mientras pongo a cocer las verduras, mis pensamientos pueden coser un hermoso relato; la pregunta aquí es: ¿cuándo usar la ‘c’ y cuando la ‘s’?, el contexto de la plática me lo dice, mientras que el cotexto adorna sublimemente las palabras.

¡Ah! Cuántas formas de expresión, el lenguaje ha existido a lo largo de los tiempos para llevarme al viaje más fantástico trepada en mi imaginación; acompañada del sujeto y predicado, donde el verbo me sugiere qué pasa y aquél me dice quién lo hace, implícito o no, como en las novelas de misterio, siempre hay alguien por ahí.

Ahora tengo claras y frescas las palabras de mi maestra del Anglo, donde estudiaba un taller de traducción, Herenia solía decir que si tenemos un buen escrito en español entonces lo tendremos en inglés, nada más cierto que esta aseveración.

El punto nos permite cambiar de párrafo, la coma y el punto y coma nos permiten separar ideas dentro del mismo párrafo, entre otras virtudes más. Las cursivas indican palabras en otra lengua o títulos de obras, mientras que entre comillas se ponen las citas de otras fuentes y se resalta alguna palabra ironizada.

Para mí no hay duda alguna: el español es el lenguaje de Dios. Para enfatizar tal afirmación me permito parafrasear, más no citar, a un buen amigo que suele decir algo como: el alemán es el idioma para hablarle a los caballos, el francés es el idioma para hablarle a las mujeres, el italiano para hablarle a los hombres y el español es el idioma que se usa para hablarle a Dios.

Espero pues, haber honrado mi lengua madre con estas líneas y que hayan quedado ‘suavena con su arroz  y bien valgan más que una pila de monjas para traer el pomo de volada para los cuates porque abuelita de batman que aquí todos somos bien chiplocles’.

¡Bendito Español!

Elizabeth de los Reyes nació en México, DF, en junio 22, y dice que de administrador, escritor, sanador y loco todos tenemos un poco.