El Cafecito


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Entre el autoritarismo de Bush y la incapacidad de la ONU, por Javier Arturo Haro Oteo

Resuenan los tambores y los cascos de los caballos impactan sin misericordia el suelo, mientras sus jinetes gruñen cual león en manada, aprestan los aceros y se lanzan a la batalla, entre ellos se reconoce lo irreconocible, se ve el rostro de la muerte, se huele el miedo, se siente la violencia.  Se ve en los ojos de uno que va al combate a una familia que reza con una fe inquebrantable por el buen regreso.  Se mira en los ojos de otro a una madre vieja y enferma que no tiene — tras la muerte temprana del esposo — más en la vida que un hijo varón, varón y joven, que en esos años es tal vez una maldición; al adentrarse en su mirada, es posible percibir el fin que ese joven tendrá, será atravesado al cabo de tres semanas de ir en el frente de batalla por una espada, justo bajo la quijada, con el cuello roto y convertido en una fuente de sangre escarlata tendrá en su último recuerdo a su madre, sola, vieja y enferma y rogará al creador que le haga compañía pronto, pues no desea que sufra; la recuerda postrada en su cama con saladas lágrimas bañando su rostro, y entonces pensará que la vida es muy irónica, al recordar que su madre le explicaba cómo fue muerto su padre, igual, por un acero atravesando el cuello, en el mismo lado, padre e hijo, esposo e hijo, amigo, compañero, nada, ahora esa viejecilla sola, no tiene nada.

Mientras los ojos del que lo matará nos reflejan a un campesino que amaba la tierra, nos revela a un hombre que fue arrebatado de su arado por la guardia real, que lucha en el campo de batalla, y escucha a un rey que le agradece al igual que al resto del ejército con lisonjas falsas el pelear por él y la nación; piensa este hombre que libró de milagro la vida tres veces en la mañana ante los embates feroces de los soldados rivales, que su pelea y su valor no son por ese rey cruel que lo ha apartado de su vida sin pedirle opinión y sin buscarlo jamás en persona; ¿cómo pelear por alguien que no conoces, por un sueño no es tuyo y ni compartes?, su valor y su pelea son sólo por vivir, porque ése es un lujo que en la guerra no está permitido, bebe licor y trata de reír, como el resto de sus compañeros soldados, no se sorprende al saber que él es sólo uno más de los que han sido arrebatados violentamente para dirimir una pugna entre dos locos que se dicen reyes, pero nunca se han preocupado por su pueblo; ha matado a muchos hombres a los que no conocía, y está seguro que no le habían hecho daño alguno; se adivina en sus ojos tremendamente negros y anhelantes de que la guerra termine, la vergüenza que le da el haber matado a un muchacho quizá siete años más joven, mientras siente con sus manos desnudas y sin armas un calor extraño a pesar de estar mojadas; son sus entrañas que empiezan a buscar el suelo; y afortunadamente la vida no le va a alcanzar para que su vergüenza crezca, pues morirá ahí, junto al cadáver del jovencito que ha inmolado con su mano, sin saber que ese muchachito que lo arrastra a la tumba era hijo de una viuda que morirá poco después victima del hambre, la enfermad y — ¿por qué no? — de la soledad.

Una pequeña mirada a la guerra, de ésas que no vemos en los informes de George W. Bush. Hoy, hablar de lo ocurrido en las Torres Gemelas resulta tedioso, las cifras de muertos no coinciden ni siquiera entre los discursos pronunciados por Bush, la supuesta autoría intelectual de Osama Bin Laden sigue a discusión, es curioso que el antiguo mujaidin, considerado ejemplo de vida por EU cuando lucho contra la Unión Soviética, fuera “descubierto” por los servicios de inteligencia norteamericanos a menos de 12 horas de los atentados, cuando los mismos no pudieron ser  “detectados”, a pesar del enorme sistema de seguridad del gigante de América — me refiero al juez del planeta no al grupo musical —; resultan absurdos asimismo los argumentos que utilizó el gobierno de EU para justificar el ataque al régimen Talibán. Pareciera que la sangre de los muertos en las Torres Gemelas reclamaban no justicia, sino venganza, pues sin argumentos sólidos, sin cubrir las mínimas formas legales de declaración de guerra, murieron miles de civiles inocentes en Afganistán; a semejante infamia habrá que agregar las condiciones inhumanas en que viven los talibanes cautivos en Guantánamo, resulta interesante preguntarnos, ¿acaso la vida de Bin Laden vale más que la de miles de inocentes?, ¿cuántos civiles muertos por error comulgaban con Bin Laden?, francamente, creo que ninguno, a menos que pudieran olvidar el vacío en sus estómagos y el dolor de su triste destino, destino trazado por 20 años de guerra, primero ante la Unión Soviética, después entre ellos y, finalmente, ante el otro gigante: EU.

La justificación por venganza resulta indignante, pero lógica, hablando de un animal como Bush; sin embargo, resulta interesante la tesis presentada en la revista Proceso, que nos lleva a imaginar que la necesidad de EU por disminuir la zona de influencia rusa y ocupar uno de los países clave en la ruta de gasoductos en Asia central, lleva a Bush a invadir Afganistán; el misterio quedaría revelado, después de todo, los presidentes de EU tienen la costumbre de meterse en los países que consideran necesarios según sus recursos para incrementar su ya exagerado poderío, y es común que, después de obtenidos dichos territorios, los presidentes se dan por bien servidos y se dedican a cuidar la economía; Bush no lo hizo, por el contrario, buscó mas enemigos, invadió Irak con el pretexto de que estaba ese país infestado de armas de destrucción masiva, aun cuando la ONU y el imperio se encargaron de desarmar a ese país desde la “Tormenta del Desierto” en 1991, durante la primera administración Bush — la del héroe de la guerra, no la del alcohólico mal tratado —, es así como el gigante se prepara de nuevo a pisotear hormigas — perdón por la analogía, pero no encontré otra para equiparar semejante diferencia —, Irak fue invadido, el régimen de Sadamm Hussein fue derrocado, pero el pueblo no se rindió, aún no se rinde, y el resultado es dramático, muerto tras muerto, atentado tras atentado, derrotas en las urnas para los jefes de estado que apoyaron a Bush en su genocida misión:  Aznar perdió todo en las elecciones de marzo en  España, sin contar el número de civiles muertos el 11 de marzo de este año en un atentado, debido — según parece — a la actitud de Aznar contra Irak; igualmente Tony Blair, Primer Ministro Británico, sufrió una dolorosa derrota en las elecciones al parlamento europeo; el sueño de muchos — incluido un servidor — es que la inercia continúe y Bush sea derrotado en las elecciones presidenciales de EU.

El nuevo mapa geo-político nos señala la existencia de un imperio que hace y deshace a su entera conveniencia millares de vidas y decenas de países; donde los intereses económicos de las empresas de EU no pueden penetrar, entra el ejercito, derroca al gobierno en turno e imponen su voluntad.  En el tiempo de nuestros padres, el mapa era distinto, dos imperios decidían el destino de toda la humanidad, y el “árbitro” — la ONU — era un simple títere; la Unión Soviética en Europa Oriental y Asia Central, así como EU en América, imponían gobiernos dictatoriales a diestra y siniestra, que garantizaban la seguridad de sus intereses económicos. Viene a mi mente lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973, cuando Augusto Pinochet tomó por asalto el Palacio de la Moneda en Chile, derrocando con un golpe de estado a la voluntad del pueblo que había elegido democráticamente a Salvador Allende como presidente, este golpe fue orquestado por EU, siendo el “pecado” de Allende el hecho de establecer un régimen de carácter socialista en Chile. El 11 de septiembre de 2001 murieron — quizá — 5000 personas; el 11 de septiembre de 1973 murió un hombre — según Pinochet por suicidio; según el resto del mundo, asesinado —, a raíz de la dictadura de Pinochet murieron cerca de 30000 personas; si sumamos los muertos en Afganistán, los muertos en Irak y los muertos de hambre por causa de los intereses económicos de las empresas norteamericanas en el tercer mundo, resulta insostenible cualquier argumento de EU para sus guerras intestinas.  Ahí surge la gran duda:  ¿y dónde está el árbitro?

La Organización de las Naciones Unidas surge tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, su misión era evitar una catástrofe igual después de 1945, y al igual que su antecedente — la Liga de las Naciones — ha fracasado en su intento, ha sido rebasada por los intereses de los países poderosos y ha sido incapaz de llevar a cabo el desarme que tanto urge al planeta; se ha comportado como una organización vasalla de EU — y en algún tiempo de la URSS —, permitiendo la instauración de los regímenes de terror en América Latina principalmente, y asimismo haciéndose de ojos ciegos cuando EU avasalla a una nación con sus armas de destrucción masiva — recordemos lo ocurrido en Vietnam —.  ¿Cuántas muertes faltan para que la ONU finalice su gestión a todas luces inútil? ¿Habrá acaso alguien que detenga las actitudes homicidas?  Y lo más importante, si Bush pierde las elecciones, ¿cuánto tiempo faltará para que otro tipo igual o más loco tome el poder?

Por eso lanzó mi sentencia:

Acuso a EU de ser el mayor asesino del siglo XX, a la ONU de ser el peor “alcahuete” del siglo XX y a Bush de ser el loco más peligroso de los últimos años; acuso a la humanidad de haber implementado la plaga más dañina, la guerra, por haberse contaminado de odio al propio hombre y de amor al dinero.

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.


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