El Cafecito


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¿México delincuente?, por Carlos Antonio Villa Guzmán

México se convirtió en pocos años en un país eminentemente delincuencial: Los bajos niveles educativos, la aguda crisis socioeconómica que padece la mayoría, así como los obstáculos para construir un sistema realmente democrático, son factores que repercuten en la violencia que descompuso el clima social.

El miedo que sentimos por la inseguridad se lo debemos por igual a los delincuentes que cazan en las calles a sus víctimas, como también a los que atracan al pueblo aplicando políticas que favorecen a los dueños del capital. Tan ladrón es el que saca una pistola para despojar de su automóvil a un ciudadano, como el que vende litros de gasolina de ochocientos mililitros o kilos de ochocientos cincuenta gramos.

El crimen organizado y las iniciativas que asumen los gobiernos neoliberales que permiten a ciertas empresas el retorno de los impuestos que pagaron, guardan semejanzas. Se devolvieron a dichos empresarios privilegiados 100 mil millones al año durante el sexenio de Fox, cifra que ya superó el gobierno de Calderón al regresar a los empresarios que aseguraron su triunfo 93 mil millones de pesos; esto en el primer semestre de 2008. Se trata de los cincuenta magnates que lo mantienen gobernando, pese a que no les ha dado la tranquilidad y tersura que quisieran para seguir multiplicando su dinero.

Delinque lo mismo el que se mete a una casa para llevarse lo que pueda, como aquél que se introduce con palancas a una dependencia pública para obtener contratos. Unos se especializan en extorsionar por vía telefónica a las víctimas, en tanto que otros les sacan el dinero voluntariamente, con redondeos que acumulan cifras que solamente ellos saben a donde van a parar.

Hay quienes roban con  engaños o violencia y también otros que roban con el favor del cargo o puesto público que les prestaron, a ellos, o bien a los amigos o parientes. Existen tantas formas de robar como maneras de hacer las cosas honestamente, pero la gente prefiere jugársela con lo primero y este país es un paraíso para ese estilo de vida.

México es un territorio de robadera: roban los funcionarios, comenzando con la gente del círculo presidencial, que no están ahí precisamente por honrados. El mismo Calderón fue sorprendido en malos manejos cuando dirigió una institución de banca oficial: Banobras.

A los pocos meses le vimos de candidato apresidente y millones de mexicanos no creemos en un triunfo legal, porque el “haiga sido como haiga sido” nadie se lo puede desmentir.

Roban los policías a los que roban algo o cometen faltas y son descubiertos; roban los políticos que se enriquecen con el poder; los industriales que fabrican sus productos con baja calidad y venden como si la tuvieran; los empresarios que evaden impuestos o faltan a sus compromisos con los clientes; los trabajadores que hurtan cosas o no hacen su trabajo correctamente.

Los medios de comunicación también se roban la verdad para cambiarla por ficciones a su conveniencia. Hasta los intelectuales suelen robar conceptos o ideas investigadas o pensadas por otros.

Vaya situación que nos dificulta ya bastante la existencia. De pronto nos dan deseos de robarnos algo para no sentirnos tan extraños, aunque sea unos minutos de alguien que nos pueda escuchar y quizá comprender.

Con cierta razón Calderón dijo que la responsabilidad por la inseguridad es de todos. Vio al pueblo como gente de su misma condición en general, es decir, los impulsos o costumbre de sus connacionales por el acto de robar: es agudo, como el que padece él y su gente; se roba aquí y se roba allá, por dentro y por fuera, por arriba y por abajo.

En un país donde toda la población, incluidas las autoridades, es parte del delito, ¿qué se puede hacer? Bueno, eso es lo que declaró el presidente de esa fracción tan dada a creerle. “Dijo que todos”, como dice el clásico chiste. “Todos y  todas”, diría el descarado inepto de su antecesor.

Quíteles lo delincuente a los ciudadanos, don Felipe, y se va a quedar sin ciudadanos o acaso unos pocos, según lo que declara y no es tan alejado de la verdad. ¿Por qué no empieza por algo más fácil para regresarnos algo de tranquilidad, por ejemplo usted y su gabinete?

Señor Martí: ¿Le queda claro cual es la dinámica de la delincuencia en este país?  Estamos de acuerdo con usted, que renuncien.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.


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Aguascalientes, la (no) segura, por Perla Villa Romero

Balacera al sur de Aguascalientes, el 15 de febrero de 2007, cuatro policías muertos[1]. Después, que si narcofosas, que si un encobijado, que si cuatro policías detenidos. Por si algo faltara, un “levantamiento” en el Maverick, seguido de persecución, disparos y un policía muerto[2].

Aguascalientes ya no tiene carita de seguridad, tranquilidad y hasta bondad. Por más que haya capas y capas de maquillaje del discurso que califica a los hechos de aislados y les atribuye un origen geográfico externo o, lo que es lo mismo, se hable de que lo sucio viene de fuera; para qué nos hacemos, lo sucio ya estaba aquí.

No sólo Aguascalientes, el país entero presenta, ya no brotes de violencia, sino cáncer de violencia que ya hizo metástasis.

Lo que me sorprende, aquí y en todos lados, es el discurso oficial y hasta periodístico, que dejan ver metáforas, como eso de “la ola de violencia”, o que la violencia “se erradicará”, o que “no se cederán plazas” a la violencia y al narcotráfico, o que “México no está de rodillas frente al crimen”. Suena como a que la violencia y el narcotráfico, con todos sus derivados, pudieran arrancarse de raíz, como si una limpieza nos fuera a dejar como nuevos. Lo que me queda claro que el Estado ha sido rebasado, no me atrevo a afirmar si por incompetencia, por conveniencia, o por todas las anteriores, más las que se acumulen.

Y mientras tanto, en un capítulo más de callando bocas, dos programas de radio han salido del aire en Aguascalientes. Primero fue “Comentando la noticia”, en Radio Grupo, presuntamente porque Rodolfo Franco, el conductor, entrevistó a José Gerardo Mejía, uno de los autores de un reportaje en que se involucra al titular de Seguridad Pública y Vialidad en Aguascalientes, con los Arellano Félix[3]. El segundo fue “Análisis político”, en Radio Universidad, luego de que el conductor, Enrique de la Torre, entrevistara a Rodolfo Franco, el conductor del programa cancelado en Radio Grupo[4]. En una de ésas, hablan las piedras.


[1] Ver reportaje en Proceso.

[2] Ver mail del amigo de uno de los levantados en Agseso.com; y notas en La Jornada, en El Universal y en el Gobierno de Zacatecas.

[3] Ver editorial de Lilia Arellano en Por Esto.

[4] Ver nota en La Jornada.

Perla Villa Romero es Licenciada en Comunicación, su estatus es desempleada, le gusta vagar e ir al cine.


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A la Feria de San Narcos del merito Aguascalientes, por Agustín de la Torre Moreno

El verdadero y único motivo por el cual se crearon las ferias en los pueblos, fue el de mostrar las tradiciones y culturas de estos mismos, sus artesanías, sus vestidos, su gastronomía, etc. Pero tal parece que en nuestra bella ciudad de Aguascalientes (y que quede claro que soy de aquí y estoy orgulloso de serlo) este sentido se ha desvirtuado totalmente, ya que lo único en lo que se ha convertido la Feria en un tumulto de gente, que lo único que hace es drogarse, embriagarse y caminar sin ningún sentido por todo el perímetro ferial, creyendo que el encontrarse gente o bailar con las tamboras durante horas es lo mas “nice” y lo mas “in” que puede hacerse… claro, sin mencionar toda la difusión que se hace de esta “grandiosa feria”, la cual está detrás de un gobierno corrupto y conflictivo, el cual tiene comprados a los medios de comunicación, para que todo quede en silencio. ¿Cómo es posible que se le dé más difusión y espacios televisivos a la feria de “San Narcos”, que al propio oleaje de violencia que se ha desatado en nuestro estado?

La ciudad de Aguascalientes era una ciudad segura… pero ahora da vergüenza ver que todo gira alrededor de los antros y bares. Y qué decir también de nuestro país invitado Brasil, que nos muestra su cultura, dejando atrás la del propio México y más aún la del estado de Aguascalientes.

Soy de Aguascalientes y por eso denuncio esto, porque quiero seguir diciendo con orgullo Viva Aguascalientes… que su feria es un primor…

Agustín de la Torre Moreno es Licenciado en Administración por el Instituto Tecnológico de Aguascalientes.