El Cafecito


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Santo pecado (con el perdón de Arjona), por Javier Arturo Haro Oteo

“Ah, Constantino, cuánto daño has causado a la Iglesia, no por convertirte en cristiano, sino por la inmensa dote que pagaste, creando así al primer Papa rico en la historia”.

 

Dante Alighieri. La Divina Comedia, primera parte:  El Infierno, Canto XVIII

Hace algunos días, nuestro “excelentísimum ac reverendisimum dominum, domini, Ramón, Sanctae romane eclessie obispos Godínez” tuvo la desgracia de hacer una declaración desafortunada, lo cual no es novedad, ya estamos acostumbrados; lo novedoso es que esta vez, la noticia no sólo escandalizó a Aguascalientes, sino que llegó hasta El Vaticano.

Monseñor Godínez afirmó — un poco de manera torpe, un poco por inducción de mala fe de parte del periodista — que recibía narcolimosnas, y que éstas, al llegar a la Iglesia, se purificaban. Obviamente, surgen muchas preguntas ante semejante declaración:

1.      Las limosnas, entonces, ¿son una forma de ganar el cielo?

2.      ¿Aceptó Jesucristo dinero para purificar un alma o sólo el arrepentimiento del que pretendía el perdón?

3.      ¿Está un prelado — conste que dije prelado, no pelado — obligado a denunciar actos que le parezcan sospechosos?

4.      ¿Llevan mucho tiempo recibiendo narcolimosnas las autoridades católicas?

5.      ¿Dante se equivocó en las múltiples visiones de la Iglesia rica sirviendo como único Dios al dinero?

Por encima de los regaños del Papa Benedicto XVI a los curas que se declaran Teólogos de la Liberación, y aún por encima de los regaños que le envía al gobierno mexicano por la demostrada incapacidad, creo que el monarca del Estado Vaticano debería utilizar un poco más la autocrítica, iniciar pidiendo, es más, EXIGIENDO a sus subordinados en México que denuncien a cuanto narcotraficante conozcan; a fin de cuentas, como testigos no pueden ir, debido al secreto de confesión, pero sí hacer una o dos denuncias anónimas, en todo caso; si no lo hacen, que se abstengan de desgarrarse las vestiduras por la violencia en el país y, claro, se abstengan de sacar su cinismo y comentarnos de sus relaciones con el narco, porque si eso es una actividad ilegal y ellos se abstienen con un muro de silencio, se convierten en cómplices.

Los mexicanos no necesitamos una iglesia metida en política, tampoco una iglesia sofocante, menos una iglesia doblemoralista; en todo caso necesitamos una iglesia capaz de brindar consuelo a sus fieles — no de quitarles dinero, como algunas lo hacen —, el fin social de una religión es justamente ése, brindar consuelo y esperanza a sus seguidores; lamentablemente, creo que muchos de los credos existentes en México, han alejado, con sus formas, a los fieles del fondo compartido — en este caso Dios —; no dudo que de fondo exista una buena intención, pero las formas han destruido dichas intenciones  y “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”.

P.D.:  Este tema da para mucho; sin embargo, quise tratarlo de la manera más concreta y suave posible, a fin de no ofender a nadie. Si alguien desea debatirlo, con todo el gusto del mundo, estoy a sus órdenes, con argumentos y sin mentadas de jefecita.

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.

 

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