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¿Qué es lo que hace fanática a una persona?, por Lot Gamboa

Un fanático es aquel individuo que considera su forma de pensar y actuar como única, sigue una lógica inflexible que trata de mostrar las razones por las cuales la teoría que comulga es la mejor llegando al grado de la intransigencia incluso a la violencia.

El fanático se cierra ante ideas diferentes a su propio código de principios, estos principios se establecen por lo general o comúnmente en el contexto sociocultural a los que los individuos pertenecen y que “marcan” su forma de pensar y actuar.  Los fanáticos no ven el derecho del otro de pensar diferente a lo que él piensa, no tiene la apertura de considerar las diversas posibilidades racionales en que se puede presentar una situación, tiene una herencia cultural, social, familiar que lo compromete a conducirse ante sus propios códigos morales.

Muchas veces, algunos fanáticos lo que buscan es integrarse a una sociedad basada en algún tipo de fundamentalismo  asumiendo los roles y actitudes de los miembros de esas sociedades  “no es el contenido de los principios lo que hace fanática a una persona, sino su actitud ante los principios”. Esta actitud es muy entusiasta y firme “el fanático es inmoral, pero no le falta entusiasmo moral. Tiene ideas claras, sabe qué debe hacer, y puesto que carece de dudas al respecto no vacila tampoco en utilizar medios inmorales para sus fines.” (V. Camps, en “Teoría y práctica de la ética en el siglo XXI).

Las “ideas claras” que comenta Camps forman parte de su ideología, y estas ideas son las que le dan sentido a su vida,  buscan el sentido de pertenencia en el grupo, Van Dijk lo explica:

Si las ideologías controlan el modo en que la gente, como miembros del grupo, interpretan y actúan en su mundo social, también funcionan como la base de su identidad social.  Estructuralmente esto sugeriría que la primera categoría (pertenencia) no es la única que define la identidad, si bien parece organizar las creencias sobre aquello que “esencialmente” somos (blancos, negros, hombres, mujeres, pobres o ricos). Sin embargo, resulta obvio que todo el esquema, todas las categorías juntas, definen la identidad de un grupo: lo que la gente hace, sus objetivos, sus valores, las relaciones con otros grupos y sus recursos para la supervivencia o la existencia social también son parte de la identidad (Van Dijk, en “Ideología. Una aproximación multidisciplinaria”).

Es una posición muy cómoda la que asume el fanático ya que no se tiene que esforzar por decidir lo que es bueno o no, o de construir su criterio por la reflexión de ideas, el fanático sólo sigue los preceptos y doctrinas con las que se identifica. Camps señala que: “El fanático cuenta con el respaldo de doctrinas que le dicen quién es y qué debe hacer. No necesita forjarse una identidad porque ya la tiene, y mucho menos necesita justificarla porque la doctrina en la que cree lo hace por él”.

Si nos referimos a la teoría de Hare explicada por Camps, se puede decir que una de las razones con más fuerza que hace a un fanático es la incapacidad de pensar críticamente; la falta de pensamiento crítico. El pensamiento crítico, señala Camps, es “la única instancia capaz de resolver el conflicto que puede y suele darse entre los mismos principios cuando la defensa de uno de ellos parece ir inevitablemente en perjuicio del otro.”

Una nueva forma de fanatismo es la que se está viviendo en México con los grupos delictivos, estos muestran un visible desprecio ante la humanidad, la ven como la causante de sus infortunios y a la vez en la que puede satisfacer sus fines; lo que mantiene a estos grupos delictivos es la búsqueda de sentido de pertenencia y querer satisfacer sus necesidades económicas a cualquier costo; establecen pactos, alianzas y contratos entre ellos. También tiene la incapacidad de distinguir lo éticamente bueno y no les importa el bienestar común. Como ya se había mencionado carecen de pensamiento crítico; incluso algunos integrantes de estos grupos delictivos son nihilistas ya que no le dan ningún sentido a la vida, o presentan un nihilismo existencial, el cual sostiene que la vida carece de significado objetivo, propósito, o valor intrínseco. “El nihilista no percibe el valor del sufrimiento ajeno”.

Como ejemplo podemos mencionar uno de los últimos actos que sucedieron en la ciudad de Monterrey Nuevo León, donde perdieron la vida 52 personas, el pasado jueves 25 de agosto en un acto criminal donde un grupo de sicarios ejecutó a estas personas, a la luz del día, sin ocultar su rostro y sin mostrar preocupaciones. Un verdadero acto de fanatismo.

Cualquier forma de fanatismos es inmoral, pero no amoral ya que están firmemente convencidos  de lo que hacen y  piensan “Su moral es de grandes convicciones, no de convicciones débiles. Una moral de principios absolutos y, como tales, indiscutibles. Una ética de principios en el peor sentido de la expresión”

Camps es muy enfática cuando menciona que el fanatismo no debe de reducirse a creer que se debe a la doctrina o ideología en cuestión “no son las ideas lo que falla o lo que es intrínsecamente perverso, sino que el pensamiento se adhiera visceralmente y sin matices interpretativos a esas ideas.”

Un problema actual grave que conduce al fanatismo es la tolerancia y la libertad. No se piense en estos como la lógica los concibe, en función de los valores universales que buscan el bien común y el respeto al otro; sino la libertad y la tolerancia mal entendidas llevadas al extremo de no involucramiento en lo que le pasa al otro. La tolerancia, al no intervenir en lo que el otro haga aunque esté afectando la condición humana; permitir que el bien individual sea más importante que el bien común, y ser insensible al sufrimiento del otro, permitir que la tolerancia lleve a desaparecer la norma fundamental que es no hacer sufrir al otro, caer en la tolerancia de la intolerancia. “Una sociedad indiferente es una sociedad moralmente empobrecida.”

Existe una paradoja entre la libertad y la tolerancia, la libertad que es el respeto a las ideas y acciones de los demás aunque sean diferentes a las propia, pero ¿cómo se puede respetar que otros cometan actos de violencia o de agresión que afectan a la humanidad, abogando el respeto y los Derechos Humanos? No se debe de ser tolerante ante situaciones que claramente atentan en contra de bien individual. Esta forma pasiva de entender la libertad y la tolerancia, lleva a la indiferencia.

La actitud actual en la modernidad es la indiferencia y el egoísmo, resulta más cómodo para muchos no desarrollar el pensamiento crítico de formarse una opinión o de intervenir ante una injusticia, la vida acelerada actual busca facilitar la vida del hombre en todos aspectos, y esta simplificación reduce y minimiza lo que en verdad vale la pena.
¿Cuál es la actitud correcta ante el exceso de tolerancia y libertad? La actitud correcta es la de tener la inquietud de formarnos un pensamiento crítico sobre lo que pasa, no callar ni permitir que se calle, por desgracia la indiferencia y el egoísmo es lo común en nuestros días que la auténtica libertad y tolerancia.

Finalmente, el problema moral actual lo explica claramente Camps cuando dice que: “Las dificultades por encontrar el bien común, la identidad moral, la tolerancia no indiferente nos están diciendo que el gran problema moral de nuestro tiempo radica en la invención de la libertad. Pues, en efecto, la libertad individual sólo se realiza en la colectividad, es un proyecto colectivo. Un proyecto que consiste en trascender el interés particular a favor del interés común.

¡Basta de fanatismos!

Lot Gamboa, es de Acaponeta, Nayarit. Actualmente es profesora en el Tecnológico de Monterrey campus Aguascalientes.