El Cafecito


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La cuota de género en las elecciones en México, por Lot Gamboa Soto

En México este año se realizará  el Proceso Electoral Federal 2011-2012, será el domingo 1° de julio, ese día se elegirá Presidente de la República, 128 Senadores  y 500 Diputados Federales.

El 17 de octubre de 1953 se promulgó la reforma constitucional que otorgó el voto a las mujeres  mexicanas en el ámbito federal, pero no sólo se obtuvo poder votar sino también, el derecho a representar un cargo de elección popular, condición que se les exige a los partidos políticos de considerar cumplan con el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) en su artículo 219  que dice “De la totalidad de solicitudes de registro, tanto de las candidaturas a diputados como de senadores que presenten los partidos políticos o las coaliciones ante el Instituto Federal Electoral, deberán integrarse con al menos el cuarenta por ciento de candidatos propietarios de un mismo género, procurando llegar a la paridad”(COFIPE).

El registro de candidatos concluyó el 22 de marzo; en donde se observó por el Instituto Federal Electoral (IFE) que de los 7 diferentes partidos políticos existentes  sólo 2 de ellos cumplieron con este mandato en cuanto a inclusión de género;  los partidos que no alcanzaron a cumplir con la paridad son: PAN, PRI, PVEM, Movimiento Ciudadano y del Trabajo; además que en coaliciones los partidos que conforman Compromiso por México (PRI-PVEM) y Movimiento Progresista, excepto el PRD, tampoco cumplieron con lo establecido por ley.

El IFE llevó a cabo el 30 de marzo una sesión urgente en la que formalizó la solicitud del plazo de 48 horas para que los partidos políticos cumplieran con la cuota informando que se amonestaría públicamente a los partidos y les dará 24 horas más, y de no cumplir en ese plazo perderían el registro y el Instituto sorteará a los candidatos hasta alcanzar la cuota.

A la par de la exigencia legal para el registro de candidaturas también re-apareció el fenómeno de las llamadas “Juanitas”; es decir, aquellas candidatas inscritas por sus partidos políticos para cubrir el requisito de porcentaje de género, pero que al comenzar la legislatura piden licencia para dejar en su lugar a suplentes varones; o lo que también llaman “elusión jurídica”.

El año pasado en el pleno de la Cámara de Diputados se aprobó un proyecto de reformas al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales contra las llamadas diputadas y senadoras Juanitas, que tan pronto como asumen el cargo, solicitan licencia para dejar su curul y cederlo a esposos, hermanos o “padrinos políticos” registrados como sus respectivos suplentes. Avalada con 285 votos a favor y tres abstenciones, la enmienda a la legislación electoral impone por ello a los partidos la obligación de integrar cada una de las fórmulas de aspirantes a la Cámara de Diputados y al Senado con candidatos propietarios y suplentes de un mismo género.

Las cuotas de género se cumplieron, pero esta situación ocasionó que muchos candidatos elegidos democráticamente fueran sustituidos por mujeres, muchas de ellas esposas  o hermanas de militantes de los diferentes partidos políticos, o miembros femeninos del partido que no habían sido elegidas como candidatas por la mayoría de integrantes de su partido.

Al menos una docena de candidatos panistas presentaron juicios de protección de derechos políticos ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. En ellos alegan que ganaron sus nominaciones por la vía que estableció su partido, de manera que no procede que les quiten sus candidaturas.

Según la agencia de noticias Vanguardia, se dieron algunos casos muy comentados como del priista Esteban Valenzuela García, ex  alcalde de Ahome, Sinaloa, quien cedió su candidatura a diputado federal por el segundo distrito a su esposa, María Victoria Vega de Valenzuela; otro caso el de Raúl Orihuela González como candidato propietario por la segunda fórmula de Querétaro al Senado le permitió a la panista María Marcela Torres Peimbert, esposa del ex gobernador Francisco Garrido, convertirse en candidata por mayoría relativa; y como estos ejemplos se dieron similares en todo el país y  en diferentes partidos.

El PAN fue el primero en entregar sus listas de candidaturas a diputados y senadores modificadas para cumplir con el mínimo de 120 lugares para mujeres en diputados y 26 en senadores. El PRI y los partidos de izquierda entregaron sus listas al IFE, Sebastián Lerdo de Tejada representante del PRI, mencionó que su partido realizó 54 cambios, mientras que Camerino Márquez, comentó que el PRD sólo hizo 28. Mientras que la coalición Comprometidos por México, integrada por el PRI y el PVEM, sustituyó un total de 54 candidatos hombres por mujeres, informó el presidente nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell.

Sin embargo, para el caso de los candidatos a la Cámara de Diputados, el PRI excedió el número de varones y fue necesario sustituir a 22 por mujeres, a quienes se le suman otros 28 que debieron sustituirse como producto de la coalición con el Verde, lo cual hizo un total de 22 candidatos varones de origen priista y 32 del Verde sustituidos por el mismo número de mujeres.
El trasfondo ético

El artículo 4 del Código Federal Electoral dice “Votar en las elecciones constituye un derecho y una obligación que se ejerce para integrar órganos del Estado de elección popular. También es derecho de los ciudadanos y obligación para los partidos políticos la igualdad de oportunidades y la equidad entre hombres y mujeres para tener acceso a cargos de elección popular.”

Como se observa en este artículo del COFIPE busca que el referente ético de la política sea la persona, se busca que el derecho humano de la igualdad de género forme parte de los procesos electorales, se aplica una ética de mínimos con carácter universal garantizando la equidad y la justicia en cuanto a la igualdad de oportunidades, aquí este derecho fundamental es recogido por la ley con la finalidad que se garantice su cumplimiento.

Mediante la cuota de género se busca la igualdad de oportunidades, donde los partidos políticos y la Cámara de Diputados a través del COFIPE ejercen el principio subsidiario  de no permitir la discriminación, buscando una Ética de las Administraciones Públicas.

En la inclusión de las mujeres en número equivalente a los hombres como candidatas es el resultado de la responsabilidad moral que le da fuerza a la vida pública a través de sus actores, como lo es El Congreso de la Unión a través de la Cámara de Diputados, los diferentes candidatos y líderes de los partidos políticos y las autoridades electorales, ya que buscan cumplir este requisito con el fin de que haya equidad de género. Sin embargo esta responsabilidad moral de algunos actores políticos se cuestiona con la inclusión de las “juanitas” que convierte a esto en un acto legal, pero con un trasfondo que es inoportuno políticamente y donde muere la verdadera intencionalidad ética, donde el derecho busca que los contenidos morales sean respetados.

Respecto a la opinión pública, la mayoría de los medios masivos aplauden el hecho de que los partidos busquen completar la “cuota de género” sin asumir la responsabilidad de que se está promoviendo la inclusión de personas como candidatas que no fueron elegidas mediante un proceso democrático, llevando a lo que Manuel Volloria define como “ética de la ocasión” ya que está siendo manipulada por los medios y partidos políticos para mostrar una cara de ser éticamente responsables.

Lo que buscan los partidos políticos con el apego a la legalidad en cuanto a la cuota de género es la legitimación del poder, ya que el poder político es necesario para garantizar la convivencia, pero puede convertirse en instrumento al servicio de quien lo ejerce y, por consiguiente, surge la corrupción. “El poder no es el fin último de la política, pero sí su fin instrumental.” (Pérez Duarte)

Los candidatas femeninas que sustituyen a sus homólogos varones en su mayoría no proviene su candidatura de un proceso democrático por lo que no se está dando una democracia participativa; Ildefonso Camacho indica que “el Estado democrático de Derecho significa un paso más la participación de todos en la asignación del poder mediante el sufragio, y el paso al Estado social que supone garantizar una igualdad básica de oportunidades para todos”. Distingue 3 niveles para evaluar el grado de democracia y obtener una democracia participativa, iniciando con lo más formal como el modo de elección de los representantes  hasta establecer condiciones reales de participación mediante el desarrollo de una cultura política; cuyos rasgos se caracterizarían por la tolerancia, el diálogo, la capacidad de negociación y el respeto de las reglas del juego de la democracia.

Lo que debe llevar a la búsqueda de equidad de los candidatos es buscar y ejercer la democracia y que los partidos políticos busquen el bien común más allá del beneficio individual que se obtiene con un puesto de elección popular. Cuando existen prácticas que los partidos llaman de “elusión jurídica” lo que afectan es la calidad democrática y del verdadero sentido de igualdad de oportunidades.

La democracia debe radicar en la verdad, y como se mostró muchas de las candidaturas fueron suplidas por avatares donde son enemigos de la sociedad ya que hacen de lo social su ambición personal y destruyen su imagen política y la convivencia de la sociedad; cometen un mal mayor que es la violación del proceso democrático y debilitan las condiciones del discurso ético para juzgar la moral de las decisiones democráticas.

La práctica de elusión jurídica no promueve el bien  público, el bienestar general, ni el sistema de derechos, tampoco elimina la injusticia deontológica y la paradoja de las manos sucias subsiste. No se cumple el principio de generalidad. Las candidatas “puestas” minan la legitimidad de sus funciones de garantía y con ello el fundamento de su independencia. Mediante esta práctica todos somos afectados.

 

Conclusiones

No está en duda sobre el importante paso que se da al legislar sobre la cuota de géneros en cuanto a la participación política, ya que es el mecanismo que puede no sólo promover sino obligar a que haya una participación equitativa en puestos de elección popular en los distintos partidos políticos.  Es notorio que esto ha logrado que los partidos políticos se cuestionen sobre si realmente le dan importancia a la mujer como militante política y además que busquen abrir espacios (aunque sea obligados por la ley) para que la mujer tenga representatividad.

Al ver que sólo dos de siete partidos en México cumplen con la cuota de género, hace suponer que o la mujer no participa en la política o no es tomada en cuenta; y cualquiera de las dos circunstancias debe de importar ya que ambas son el reflejo de actos discriminatorios y faltos de equidad.

Para que una mujer le quite su espacio en una curul  a un hombre tuvieron que pasar casi 60 años, esto hace una revolución en cuanto a las relaciones de poder y gobierno que se tienen en países como México, donde por ejemplo el presidente de la República Vicente Fox en el 2006  afirmó que “el 75 por ciento de las familias mexicanas ya disponía de lavadoras, y no de dos patas, ni de dos piernas, sino lavadoras metálicas”.

Se logrando la legitimidad como objetivo de la equidad de género, se han modificado las leyes que forman ya un precedente para actuar en situaciones similares futuras y crea un Estado de Derecho.

La sociedad es observadora de los cambios y al ver que la exigencia de las instituciones de la participación de la mujer en los partidos políticos hace que reaccione sobre las razones de este mandato.

Pese a todas estas bondades, no se puede omitir las limitaciones que se tienen todavía, como la poca o nula participación de la mujer en las cámaras, se tiene garantizando una equidad en número no en calidad de la participación; también no está normado sobre qué se va a hacer en los casos de las mujeres que prestan su nombre a un hombre (Juanitas), se tiene que generar normatividad que apoye un ejercicio democrático que sea representativo.

Los actores deben promover un proceso transparente que sea público y autónomo según los principios generales de la democracia; mismo que brinde una solución que respete los valores fundamentales compartidos por todos, tanto a los legisladores como a la ciudadanía. Se deben respetar las reglas del juego de la democracia, que rehúyen al autoritarismo y la coacción. Las mujeres no deben aceptar convertirse en “Juanitas”, ellas deben buscar la justicia sin buscar la publicidad de su partido o el bien individual de la persona que las manipula.

                          Lot Gamboa, es de Acaponeta Nayarit. Es profesora normalista, licenciada en Ciencias Sociales por la Normal Superior de Nayarit, y master en Estudios Humanísticos con especialidad en Literatura del ITESM. Actualmente estudia la Maestría en Ética para la Construcción Social de la Universidad de Deusto España. Imparte clases en preparatoria, profesional y maestría, así como diplomados y cursos de actualización profesional y empresarial en el ITESM.


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¿Niño o niña?, por Enrique Puente Gallangos

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Un ser humano deviene sujeto por el Otro. El otro de la cultura, el lenguaje y su historia. La sexualidad de este sujeto tiene la misma vía; aunque no podemos negar el buen intento de la biología por dar un sexo, pero admitamos su insuficiencia. La ciencia globalizada al servicio del deseo, no del  hombre, no del ser, no del sujeto, si del consumidor y del deseo de los padres, ofrece la cirugía como rápida solución. Permitamos al sujeto un sexo, estructurado por su historia, su biología y su cultura; que descubra y conquiste su sexualidad; y no cubra lo que fue colonizado con un sexo por el otro de la ciencia plástica.

¿Cuál es mi sexo? ¿Qué es la intersexualidad?, ¿Qué órganos sexuales combinados en un cuerpo cuestionan la sexualidad del sujeto? Una niña, un niño, una mujer, un hombre, no son iguales, son diferentes. Diferencias generales, cualquier afirmación estricta sobre la naturaleza de su sexo necesariamente depende de una política social y de la ciencia.

La realidad es que hay sujetos que nacen con diferencias en los órganos, tipo mujer y tipo hombre. Al nacer el sujeto, en algunos casos, sus órganos genitales son confusos, pueden ser con un clítoris largo, pene pequeño, o un órgano que no es claramente pene o clítoris; mujeres con cromosomas XY y hombres XX, otras XXY, XO, XO/XY; mujeres con testículos internos y hombres con ovarios internos. ¡Puf! Cosa complicada para los padres, pero comprensible en la escena médica, ya que la anatomía sexual femenina o masculina comparte vías comunes en la matriz.

Monstruosa y vergonzosa es la intersexualidad para las familias de estos niños y es mejor no hablar del tema. Pero l@s adult@s intersex han decidido hablar y hay que escucharlos. Los médicos, de una manera cuantitativa, han otorgado sexo a estos niños intersex cortando lo que sobra y poniendo donde falta, claro, con las mejores intenciones para dar respuesta a las familias y a los niños; pero se olvidaron de un detalle, la asistencia psicológica para los padres y para los niños, porque bien sabemos que un niño o niña juegan indistintamente con juguetes para niños o niñas y que su familia los dirige hacia un sexo, masculino y femenino según sea el órgano. Pero también sabemos que aun sabiendo el órgano y seleccionando los juguetes de su sexo, los niños en ocasiones no se dirigen a un objeto del deseo sexual diferente al suyo, sino se dirigen a un objeto del deseo sexual igual a suyo. Esto es que la elección de un objeto del deseo de un sujeto no depende del saber del órgano que posee, así que las buenas intenciones de otorgar un sexo a estos niños intersex, según el dicho de los adultos intersex, les han presentado un sinnúmero de problemas; ya que implantándoles un pene o una vagina, los ha llevado con el tiempo, su cultura y su lenguaje, a buscar, siendo adolecentes y adultos, un objeto del deseo sexual muy distinto de lo que les indica su sexo implantado.

Tarea nada fácil para la ciencia en general determinar un sexo para el sujeto; pero demos oportunidad a otras disciplinas como el psicoanálisis y demos una oportunidad a estos padres y a estos sujetos que sean ellos quienes, desde su propio deseo de tener un niño o niña, estructuren a este ñiñ@ y con sus usos, sus costumbres, lleven a provocar a este ñiñ@ un deseo sexual y sea el mismo niñ@ quien haga un giro cultural  y se descubra sexuado y responda: “¡yo son un niño!” O: “¡yo soy una niña!” Nadie nace mexicano o ruso o argentino, ni mucho menos; nadie nace humanista, garantista o estructuralista; es el contacto con nuestra historia, nuestra cultura y el lenguaje la que nos estructurara subjetivamente y a través de la palabra podríamos decir: “soy María Paula, mexicana, orgullosamente oaxaqueña y mujer”.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho; Maestro en Derecho Constitucional; Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes; Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autonoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y adolecentes;Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina; Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP en la Universidad Autonoma de Tlaxcala; es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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¿Sometidos a las peligrosas corderitas?, por Luis Buero

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(Como si fuera un programa de televisión, esta columna dedicada a las “adorables” pendejas, está dividida en bloques)

Primer Bloque

Es como una Ley de Murphy: “Hombre recién divorciado, si tienes entre 35 y 65 años y eres un cazador inexperto, tarde o temprano serás desaforadamente atraído por la carne de cachorra”.

Las maduritas y veteranas, que están solas y disponibles, sienten un duro golpe en el bajo vientre de su narcisismo y exclaman: “¿por qué siempre se fijan en las jovencitas?”.

Es entonces cuando en charlas de peluquería despellejan al Adán, que lejos de asumir su andropausia de lumbago y espermatosaurios, anda pastoreando en tiernos campos como un adultescente.

Lo bautizan viejo verde, o “acné” porque ataca  a las adolescentes, o “Cris Morena” porque hace bailar a las chiquititas y a las casi ángeles.

Lo que esas mujeres que Arjona tanto venera no se preguntan es algo muy obvio desde la perspectiva masculina. Cómo no sentirse atraídos por una “veinte añera” si la arteriosclerosis precoz no hizo que ese varón que peina canas deje de valorar la piel tersa y perfecta de ellas, su humor de intacto cascabel, su risa huracanada que surge a borbotones, su ingenio brillando, su mirada pícara con relámpagos de inocencia, y su loca carrera por vivir…  Los ojos de ella son un espejo que nos devuelve un yo-paraíso-perdido.

Mientras la señora condena, la chiquilina pregunta; donde la “mayorcita” es escéptica, la joven luce esperanzada. Cuando la jovata critica con voz gastada, tanguera, la muchacha levanta las persianas para que entre el sol. El ideal de la cincuentona reside en el pasado, el de la chiquilina aturde con sus tambores que redoblan en el horizonte.

Con eso le basta a él, el señor de las cuatro o cinco décadas, para poder soportar a esos nuevos suegros que lo odiarán minuciosamente, si se trata de un galán de largo aliento y no un “winner” que buscaba una sola noche de sexo.

Segundo Bloque

Ahora viene la otra pregunta: ¿por qué algunas Cenicientas y Caperucitas prefieren al viejo lobo antes que al querubín Pinocho?

Más allá de que las minas a toda edad son, como diría Unamuno, “más vivas que el hambre”, a las chicas les gusta a veces dejar de hacer el papel de madre de los de su edad y sentirse un poquito hijas de los “muchachos grandes”.

Les encanta por un rato tener al lado a alguien que la tenga clara, que haya vivido, que les enseñe algo. Incluso, que las escuche, las oriente, y les permita descargar esa angustia propia de todo ser viviente ante el sinsentido de la existencia.  Porque ellas, las corderitas, están en el kilómetro cero, ese espacio envidiado al cual todos quisiéramos volver absurdamente, con la seguridad neurótica de que la historia puede cambiarse.

Por otro lado, las mujeres que saben lo que quieren y van camino a su meta (profesional), muchas veces no tienen ganas de bancarse todas las pende-actitudes que exhiben los tipos de hasta treinta y tantos. Por eso para ellas  un “Don Juan PAMI”  es más práctico: tiene la vida armada. Además, los jovatex no les dan tanta bola a los amigos y al fútbol y a ellas les divierte tener delante un tipo que, cuando ella se saca el soutien, pone cara de estar mirando el derrumbe del Perito Moreno en su conjunto.

Pero esa expresión de niño con chiche nuevo, de explorador azorado ante la fuente de la juventud, es el principio del fin de todo ladrón de cunas. Porque a medida que pasa el tiempo, este encuentro se convierte en una aventura exótica, pasajera, para esa inconsciente cachorra  y en una segunda oportunidad  dramáticamente añorada por él.

Y así llega el día en el que Lolita se despierta y reflexiona, “al lado de este veterano jamás podré cumplir mis sueños”, y en menos tiempo en el que suena un disparo, se fuga a un “after office” con los de su edad, se olvida hasta del nombre de su hasta entonces amor atemporal, y no vuelve a su lado nunca, pero nunca, lo que se dice nunca, nunca más.

Tercer Bloque

Ahora bien: ¿las corderitas (léase, “minas” que van entre los veinte y los veintinueve) son solo “peligrosas” para los pendeviejos?

No, también lo son para los de su generación (si el pibe se engancha de veras).

¿Por qué? Porque ellas, que quieren ser escenógrafas en Brodway, productoras de Hollywood, descubrir la vacuna contra la piorrea, convertirse en mediadoras por la paz en Honduras, conducir empresas, tirarse en parapente, bucear en el Mar Negro y aprender cómo es la terapia de cuencos tibetanos… también necesitan por momentos sentirse amadas.

¿Qué significa esto? Que no se bancan el histérico que solo quiere salir con ellas una noche bajo el lema “del polvo venimos y hacia el polvo vamos y mañana no te veo más”… pero tampoco “están preparadas” para casarse, convivir con un chico, sentar cabeza como diría mi abuela.

O sea, que en el fondo necesitan un macho para el “mientras tanto”. Mientras tanto logran la otra meta, por el momento, la principal.

El problema es que algunos hombres, aunque ellas no lo sepan, son seres humanos, se enamoran, (es más, ellos buscaban una mujer para que los ame) y aunque ya no sumen 48 sino apenas 24 pirulos, terminan en la misma fosa común, cuando son ellos los que desenfundan la demanda del compromiso y quieren ponerle la sortija a la muchacha. Entonces, cuando la cosa se pone densa, la Julieta del siglo XXI hace las maletas y huye más rápido que el Correcaminos.

Otras jovenes, más coherentes en el recorrido sentir-pensar-hacer, lo intuyen, por eso eligen fulanos casados, o separados de historias terribles, o se adosan esos novios execrables, que amargan la vida a toda su familia, la que no entiende que ella está practicando el deporte del “mientras tanto”, tapando el agujero de la bañera existencial con lo que encuentre a mano, aún a sabiendas de que el agua se puede escurrir o al revés, inundarlo todo.

Cuarto Bloque

¿Qué quieren las mujeres? Se preguntaba Herr Profesor, Segismundo Freud. La teoría sospecha que un varón centra todo el goce sexual alrededor del falo. Su goce entonces es “uno”. En cambio, el goce de una mujer es doble, dividido, “no todo” fálico. Una parte se localiza alrededor del falo mientras que la otra parte permanece desconcentrada, no representable por el inconciente. Es ese “no saber”, ese “no sé lo que quiero pero lo necesito ya”, es sí,  lo que de alguna manera llamamos “femineidad”. Hay una falta que nunca cesa de no inscribirse. Esto lo vemos patéticamente representado en el film Revolutionary Road (titulada Sólo un sueño en nuestros pagos). La sinopsis que uno lee del supuesto argumento en las promociones, no narra lo que verdaderamente se despliega en la película, que desde ya les sugiero ver.

¿Qué corno quiere la atormentada April Wheeler ( el personaje de Kate Winslet)? Ella deseaba ser especial, diferente, no como los demás y no aceptaba ser sólo una esposa “feliz” con un matrimonio con un bombón como Di Caprio y dos hijos perfectos, dentro de una hermosa casa de dos plantas con jardín y perro dorado.

Y frente al abismo de su desencanto, mirando fotos antiguas, se le ocurre que la solución es ir a vivir a París. ¿Qué significa ese traslado a ciegas a un país lejano y desconocido para ella, sólo basado en su manojo de ilusiones? ¿Cuál es su sólo un sueño al que se refiere el título?

La novela que sostiene el argumento coloca el drama en los años 50, pero… ¿hoy no hay chicas así en todas las ciudades? ¿No son así, acaso, las “narcisas” y peligrosas corderitas?

Quinto y Último bloque

“No hay nada más común que querer ser extraordinario” rezaba el propio Shakespeare en uno de sus diálogos, hace ya varios siglos.

Por eso, las corderitas que hoy no ven su modelo en la serie Yo Quiero a Lucy ni tampoco en Sex And The City, cuentan igual con una zanahoria a la que seguir, empujadas por la brecha que las empuja. Para ellas la vida es como un viaje en taxi, en el que uno se mete y ya empieza, apenas se sienta, debiendo cuatro pesos.

Pero lo importante a reconocer, queridos hermanos, es que su Mesías ya no somos nosotros los varones.

Su búsqueda, la de ella, es metonímica, su deseo no tiene destino fijo, está animado por una fantasía encriptada, indescifrable, que salta de objeto en objeto, infinitamente (aunque en cada momento darían la vida por este logro que tanto apetecen conseguir). Del mismo modo que April, en la película, la entrega por no poder ir a París.

Por eso las pequeñas corderitas, en pleno desarrollo de su potencialidad, y atravesadas por ese “solo un sueño”, no nos ponen en la cima de sus prioridades, somos apenas su Sancho Panza circunstancial. Y para nosotros, para los tipos que alguna vez las amamos, siempre nos quedan en el recuerdo como un síntoma doloroso del que finalmente sobrevivimos, representadas como diría Sabina, en la imagen de aquellas “mujeres veneno, mujeres imán, mujeres de fuego y helado metal, mujeres consuelo, mujeres fatal”.

Si un amigo me dijera “voy a salir con una pendeja”, igual no lo prevendría en absoluto, ni le recomendaría leer una nota. Porque en síntesis, una peligrosa corderita es como la gripe A, cuando entra en tu vida, te sube la temperatura corporal, te confunde los pensamientos, te mete con ella en la cama por varias noches y días y en un momento crees que te va a matar, hasta que de golpe se va y te deja los huesos molidos y el alma en la mano… pero el corazón vacunado, lo que te garantiza el saber que nunca más te va a enloquecer otra, como a Ulises, con sus perentorios cantos de sirena.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar


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Reloj, no marques las horas, por Luis Buero

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Como en la canción de Lucho Gatica, si estamos y nos sentimos bien, si hemos encontrado al amor de nuestros días, deseamos que el tiempo se detenga, porque no ignoramos que ni la realidad ni nosotros seremos perfectos para siempre, y no sabemos qué sucederá en el futuro.

Precisamente estas frases se dicen repetidas veces en el filme El Curioso Caso de Benjamin Button, película en la que una anciana, a punto de morir en una clínica de Nueva Orleáns, le revela a su hija que su padre ha sido un hombre que nació anciano y fue rejuveneciendo hasta morir como un bebé.

Mientras sucede ese flash back, el huracán Katrina se está acercando a la ciudad. Y según el relato de la señora, todo tuvo comienzo el día en que un relojero ciego puso en funcionamiento un reloj en una estación central, diseñado para que sus manecillas giren en dirección contraria, con la esperanza de que este artilugio trajera de vuelta a todos los que fallecieron en la Primera Guerra Mundial, entre ellos a su único hijo, también muerto en la contienda. La película podría enfrentarnos a la pregunta de qué haríamos nosotros si naciéramos viejos y comenzáramos a ser más jóvenes cada día. Esa ilusión, con variaciones, todos la hemos tenido. ¿Quién no se imaginó o deseó volver al pasado a andar el mismo camino con la experiencia ganada, modificando sus acciones ahora que conoce los resultados? Si eso fuera posible, John Kennedy no hubiera aceptado viajar a Texas en el 63 y a Hitler lo hubiesen dado en adopción a una familia de esquimales en el Polo Norte.

Pero no es de nuestra tendencia a conjugar al cuete el imperfecto del subjuntivo al que se refiere El Extraño Caso de…, sino al hecho de que naciendo jovatos o infantes el problema es el mismo. El drama  no es que vengas al planeta con 80 o con cero edad, sino que la vida sólo es posible vivirla hacia delante y que tarde o temprano llega el final y sólo te queda aceptarlo. Hasta el mismo tictac que se mueve al revés es cubierto por la inundación. Obviamente que en la historia esto le ocurre a un hombre. Si el reloj biológico de las mujeres se invirtiera y comenzaran a rejuvenecer, tirarían a la basura tantas cremas que se empastaría el océano. La industria de la estética se hundiría y el huracán estaría provocado por los despidos masivos. Pero lo único real, como diría Benjamin, es que la vida no se mide en minutos sino en momentos, como éste en el que escribo, y el otro, el tuyo, en el que acabas de leer esto. Lo demás, todo, es fantasía.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar


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Cenicienta quiere un “chongo”, por Luis Buero

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Una encuesta publicada en una revista yankee de psicología parece haber confirmado científicamente lo que ellas ya sabían: que a las mujeres las seducen mucho más los “hombres malos” (léase: narcisistas, manipuladores, egocéntricos,  desprejuiciados y  muy activos sexualmente). O sea, en otras palabras, las atraen los llamados “sex-toys”, los “chongos”, los rudos y sensuales, que jamás presidirían una mesa tipo Los Benvenuto y que tarde o temprano las dejarían por otra.  En definitiva, lo que muestra la película Indifelidad, en la que Diane Lane le mete los cuernos a su buenazo marido Richard Gere, acostándose con el cancherito francés Olivier Martinez al que apenas conoce.

Y sí, ellas sufren por amor y denuncian haber sido seducidas y abandonadas,  pero cuando Cenicienta consigue al príncipe perfecto….se aburre.

¿Y ese cuento de hadas que nos contaron en el que para amar a alguien una dama tenía que admirarlo?

“¡Ay, ay, estas minas…!” murmurará resignado algún noble macho. O alguna vieja barriendo la vereda diría: “siempre eligen al peor”.

Pero vayamos al punto para preguntarnos : ¿ellas son masoquistas, se volvieron locas, qué les pasa?. ¿Cenicienta se calienta con el lobo y al leñador no lo quiere ni para que prenda la estufa?

Nada que ver. Perdonen mi recurrencia.  Ya herr profesor Don Segismundo escribió en 1912 que, según parece, la vida amorosa de los neuróticos (todos nosotros) es posible solo a partir de cierta degradación de la imagen del partenaire.

Él primero se dio cuenta de este problema a través de sus pacientes hombres que padecían de impotencia sexual  psíquica. Así es, parece que al doctor Freud muchos varones cultos le contaban que no les funcionaba el instrumento con sus esposas, las mujeres buenas, y sí con una prostituta, o con una “loca”. ¡Chupáte esa mandarina!

Pero también, luego,  algunas damas muy dignas le confesaron que se sentían frígidas compartiendo la cama con sus maridos, mientras que se encendían ardorosamente en el lecho de sus amantes, todo esto potenciado por el placer  de mantener estas circunstancias en secreto.

Ahora bien, dado que en el deseo carnal y el cariño tierno no siempre conviven en el mismo sentimiento, lo que dedujo, con toda humildad, el genio de la barba y de la pipa, es que, al ser mamá y papá y otros parientes sanguíneos, los primeros objetos de amor externos que tenemos, y que elegimos,  puede suceder que ante estas personas nuevas que hoy conocemos y que se nos presentan ante nuestros ojos como celestiales e inmaculadas, se nos inhiba la pasión,  como una  simple defensa inconsciente ante la posibilidad de lo incestuoso.

¿Complicado? No, sencillo: mi abuela me crió para que sea afectuoso, educado, generoso, amable, caballero… y cuando ellas conocen alguien así  lo tratan como a un hermano.

Las frívolas lo ven demasiado light, pasteurizado, previsible. Las más cultas le dicen: “ ¡te veo algo hipotónico!”

Contradicción interesante la de los seres hablantes, entonces, que los animales, acuciados por el instinto, jamás sufrirían.

Pero esto de que la dentista se engancha con el mecánico y  el ingeniero con la mucama analfabeta que le hace sexo oral debajo de la mesa, dura sólo un tiempo. Tampoco prospera la Cenicienta con el lobo y el seminarista con la corista (rima y todo).

Gracias a Dios, después de cierta edad algunos crecemos, y fruto de varias separaciones y naufragios afectivos, y mucho comer empanadas en el delivery, encontramos a ese otro/a que nos permite establecer un vínculo real, mediado no sólo por las pulsiones, sino también por el compañerismo, la contención, y por qué no,  la confianza, palabra que pasó de moda y sin embargo,  sigue siendo insustituible.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar


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Celos: un encuentro con el abismo infinito, por Luis Buero

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Yo estudié psicología social pensando en investigar los pactos psicológicos del público con la televisión (o sea, dilucidar las sinrazones por las cuales la gente reclama una programación mejor pero luego le da rating a las producciones que critica).  Pero cuando tuve que escribir mi tesina de grado, mi profesora-guía me pidió que eligiera una temática menos mediática.

“¿De qué corno escribo?”, murmuré preocupado. Pero y, dado que, como dijo el mítico John Lennon, la vida es lo que pasa mientras estamos pensando en otra cosa, el tema vino a mí solito.

Algo personal

Yo pasé años y años creyendo que no era celoso, tal vez porque había olvidado las peleas que tenía con mi hermano cuando mi mamá le servía un milímetro más de flan con dulce de leche, o porque con mi esposa (la que,  por aquello de que el amor tiene que ver con la química, me trataba como si yo fuera un desecho tóxico) jamás tuve una pelea por celos.

Pero una vez liberado de mis primeras náuseas, perdón, nupcias, tuve la infeliz idea de salir con mujeres muy jóvenes, creyendo que allí encontraría minas de buen carácter, hasta que terminé por armar pareja con una locutora de radio mucho menor que yo.  Mi hermano me bautizó “ladrón de cunas”, y mis amigos me llamaban Cris Morena, porque decían que yo hacía mover a las chiquititas.

En aquellos días mi “young lady” conviviente no se animaba a emprender una segunda carrera terciaria y yo la animé a hacerlo. La noche que ella regresó a casa después de su inicial día de clases universitarias se fue a dormir muy cansada. Yo estaba en el living meditando sobre el objetivo de mi tesis cuando me encontré delante del cuaderno que ella había dejado sobre la mesa, y mi mente fue sorprendida por una pregunta inesperada: “¿habrá anotado ya el teléfono de algún compañerito de facultad?”.  Y no pude evitar abrir la tapa y revisarlo. Miré hasta la última página vacía y lo cerré de golpe, colorado de vergüenza: ¿por qué hice esto?

Buscando la respuesta a ese acto sobrevino la aventura intelectual y vivencial que empecé días después.

Cuando los celos te carcomen

Hay quién desea ser torero y termina como astronauta. Yo, que soñaba escribir una comedia para la televisión mexicana, desde el año 2005 soy el coordinador del, creo, único taller de reflexión y mutua ayuda de la Argentina (¿y del mundo?) dedicado a los celosos y celados. Se desarrolla en un espacio público con entrada libre y gratuita, y se titula Cuando Los Celos Te Carcomen. Con el mismo título escribí un libro, inédito aún.

El sábado 3 de septiembre del 2005, cuando iba camino a mi primera charla sobre los celos en una escuela frente a Plaza Italia me preguntaba: “¿vendrá alguien a escucharme?”. Pues sí,  me esperaban cien personas (no dejaron entrar más porque no cabían en el aula).  Gente rica y gente pobre, celosos y celados que iban desde los 20 a los 80 años, solos o en pareja, heterosexuales y gays, seres agobiados por el miedo al ataque y a la pérdida de sus vínculos cotidianos.

El espacio permanente se abrió luego en otro sitio, el Hospital Tornú, para el cual creé pequeños sketches, dramatizaciones, juegos, técnicas de acción y propuestas para la simple discusión que parte del relato de los participantes. Desde entonces, todos los miércoles, como el Capitán del Enterprise, inicio la reunión con personas nuevas que se suman y otros veteranos talleristas, haciendo un viaje que siempre nos lleva a un puerto que nos despierta una visión superadora del mundo, ya que en definitiva, para brincar sobre el charco no podemos evitar tomar envión como para saltar un océano. Y eso intentamos hacer.

¿Por qué sentimos celos?

Junto con la voracidad y la envidia, los celos son uno más de esa trilogía de afectos inevitables que nos invaden a poco tiempo de abandonar el paraíso del útero materno. Al principio somos Uno (pero no con el Universo, como diría Kung Fú, el pequeño saltamontes) sino con la teta salvadora de la madre. Pero tarde o temprano llega ese día en el que descubrimos que Yo y No-Yo son dos lugares distintos, y que ese No-Yo que nos acariciaba y nos daba de comer, tiene marido, otros hermanos, trabajo, amigas, un perro, una computadora para chatear… y nos preguntamos… “¿ahora de qué me disfrazo para llamar la atención y para volver a ser el Único?”.  Así estrenamos ese fulero sentimiento de exclusión. Fulero y a la vez necesario para crecer.

Y por si esto fuera poco, entramos a una cultura y a un lenguaje que nos toma de entrada y nos informa que el matrimonio es de a dos,  que el adulterio está prohibido por la Ley y por la religión, es decir,  ni se te ocurra desear a la mujer de tu prójimo (empezando por mamá). Y nos insisten con que, como somos seres volubles, imperfectos, que venimos de un pecado original, siempre hay un sospechoso adentro del dormitorio, y un enemigo afuera que se lo quiere robar. Y ante el brote que puede seguir a esta perspectiva, para un celoso/a  los hombres son vistos como animalitos alzados que se quieren voltear hasta a la estatua de Lola Mora, y la mujeres como más fáciles que la tabla del uno y están anhelantes por tener más puestas de espaldas que el Caballero Rojo.

Por si esto fuera poco, el Dios Mercado promueve el individualismo extremo, la realización full-time del éxito profesional y comercial, que tapa el ruido de las preguntas fundamentales: ¿existo? ¿quién soy? ¿quién me va a querer?. Y ante la liberalización de las costumbres (“mi amor, yo te adoro pero me voy al alter office con mis compañeros y luego a bailar sola con mis amigas”) hasta los celos, en pequeña medida, se vuelven un mecanismo de defensa social.

Se me saltó la térmica

¿Cuándo los celos son patológicos? Seguro te estarás preguntando eso.

Los celos son como la pimienta, que en poca cantidad da sabor y en exceso intoxica. Son un motor pulsional, erotizan al otro y nos exigen atención y esmero. Pero cuando al celoso se le salta la térmica, el celado se siente asfixiado, castrado, no se puede insertar creativamente en la sociedad, se auto-secuestra. O sea, como cantaba Cortez, todo es cuestión de medida.

Y cuando la marea supera el dique, él o ella revisan bolsillos, celulares, casilla de correo, contratan detectives, torturan a su media naranja con interrogatorios de Guantánamo. Y eso es porque su dependencia emocional del Otro, es extrema, como cuando era pequeño y demandaba exclusividad a sus papis; sólo que de adulto, regresar a esas etapas del autoerotismo y el narcisismo es exigir lo imposible y a un altísimo costo. Los delirios paranoicos, las ansiedades psicóticas nos proponen un tour que va de la violencia verbal y física hasta estar en Policiales de Crónica Tv en un puñado de estaciones. Y mientras tanto, antes que eso, ya dimos y soportamos una convivencia de tragedia, no de comedia.

Aceptar la falta, el agujero infinito. (“¿Lo qué?”)

Una vez nacidos, el mundo perfecto se perdió. Buscamos la completitud en ese otro/a que nos va a amar, en una vocación, teniendo hijos, plantando el árbol, escribiendo el libro, pero nada nos puede saciar, porque el registro de carencia debajo del cielo es inesquivable, y la ruptura entre lo que siento y lo que digo que siento también. De ahí que amar es siempre dar lo que no se tiene a alguien que no es. Y cuando Romeo y Julieta afirman que son el uno para el otro, el otro no es ninguno de dos.

Pero al menos, lo que debemos comprender es que no somos el burro detrás de la zanahoria, como indicaría el párrafo anterior, sino que lo que nos impulsa es el agujero infinito e imposible de llenar, que quedó atrás en el tiempo: me refiero a esa experiencia mítica de satisfacción que fantaseamos que vivimos alguna vez,  y que no volverá jamás.

Nuestro trabajo en el taller es ése: la autoconciencia y el des-apego. Nunca le digo a alguien: “estás loco, tu esposa nunca te va a engañar, o, tu marido jamás se va a enamorar de otra”. Porque no lo sé.

Y aunque sugerimos la renovación de la palabra confianza, la verdad es que no hay garantías, y pese a la máxima certidumbre prometida hasta las Torres Gemelas se pueden derrumbar. Por eso, esa seguridad que se le reclama a los celosos no es la de que nadie los va a traicionar o abandonar, si no, la seguridad de que lo van a poder soportar, como ya lo hicieron alguna vez, cuando dejaron de ser el gran Uno para el gran Otro que les daba la mamadera.

Los celos son una defensa neurótica como respuesta ante la pregunta por el deseo el otro, que siempre es, fue y será una incógnita.

Frases para el calendario

Finalizando, gente valiente que llegó a este renglón, les quiero repetir algunas  frases que a veces comentamos en el taller:

  • El amor es la única posesión en la que no se posee nada.
  • Yo sostengo la punta del hilo que me ata.
  • Pensar fácil, hacer fácil.
  • Duro con el problema, blando con las personas.
  • En vez de esperar que alfombren el mundo, calcemos un buen par de zapatillas.
  • Toda queja es una demanda de amor.

Y vimos que:

  • Aunque algo sea impensable para uno, no quiere decir que no exista y que uno no lo tenga que aceptar.
  • Hay una realidad que se auto-crea.
  • La significación de las cosas no sale de las cosas mismas, sino de nosotros.
  • La percepción de la realidad está determinada por la estructura psíquica del sujeto.
  • El pasado que recordamos es una construcción que nunca porta una verdad inmutable aunque inventemos instrumentos para cristalizarlo.
  • Tenemos creencias fijas que nos condicionan (las mujeres son… los hombres son…).
  • No somos objetos pasivos de lo que nos sucede, también elegimos estar donde estamos.
  • El cambio depende de la intención nuestra que llevamos adelante en cada paso.
  • Todo vínculo nos implica una relación costo-beneficio.
  • La buena noticia es que los celos enfermizos se curan, la mala es que depende de nosotros.

Estas son algunas perlitas que fuimos recogiendo de aquí  y de allá, intentando cumplir lo que me sugirió aquella profesora  que les mencioné al principio: “Luis, no te olvides nunca que hablar es una necesidad, pero escuchar, es un talento”.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar


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La mujer fantasma, por Luis Buero

Un matutino publicó una estadística: los divorciados vuelven a reincidir en el casorio, y la mayoría son varones. ¿Es cierto? Veamos.

El hombre, como el perro, sueña dormir enrollado delante del hogar encendido, y dado que su llegada a este mundo fue dentro de una mujer, con la que después estuvo frente a frente (o boca a teta), nada más cercano al macho terráqueo que seguir buscando el ilusorio “no registro de carencia” en lo femenino.

Claro que no todos los que probaron el divorcio vuelven al cepo. Muchos retornan a la más tierna adolescencia, en la que se refugian y no vuelven a salir jamás. Otros intentan crecer en esos momentos de soledad difícil pero fecunda, que lo permite. Y por último están los que gustan tropezar otra vez con la misma piedra, y hasta perfeccionan la repetición para chocarse mejor.

Lo cierto es que las científicas estadísticas y las matronas de barrio coinciden en que el hombre se separa por falta de tolerancia y se vuelve a casar rápido por falta de memoria. Quena, en cambio, afirma que un tipo que reincide en el matrimonio a poco de haberse divorciado es “el hombre upa”.  Preguntémonos entonces, ¿“a upa”de quién?

Digamos que el varón que se ha quedado solo y no lo soporta va a buscar desesperadamente, aunque no lo confiese, un nuevo vínculo. Esa elección de objeto de amor puede adoptar dos vertientes: una es la de apuntalamiento, es decir, la búsqueda repetida de la madre nutricia,  con lo cual saltará a los brazos de aquella primera que porte un rasgo parecido a su querida mamá.

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La otra opción es la indagación narcisista, es decir, le atraerá alguien que sea fiel reflejo de lo que él es, fue, o cree que podría llegar a ser. Pero en este ideal del yo perseguido, no está exenta la voz que lo construyó, que no es la del muchacho,  si no la de su gran Otro, o mejor dicho, gran Otra, sí, de nuevo, mamá.

En síntesis, nosotros, lo mismo que Superman y el Chapulín Colorado, pasando por Obama, Bart Simpson y Minguito, pertenecemos todos a la raza del hombre-upa, y todo el que diga lo contrario no practica el “conócete a ti mismo” que pregonaban los antiguos griegos.

Ahora bien, volvamos a la pregunta: ¿A upa de quién?.

A upa, justamente, de la mujer fantasma, la que nos permite identificaciones imaginarias y nos devuelve la paz, la que olvidamos en nuestro seno, por un rato. El problema en cambio, les queda a ellas que, o aceptan jugar a lo que no son, o se quedan solas, y cuando digo solas, digo solas para siempre.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar