El Cafecito


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La crisis de los medios en México, por Carlos Antonio Villa Guzmán

Se muestran vigorosos, nadie duda de su poder, sin embargo, los medios de comunicación pasan por una severa crisis. Quizá ni sus propios directivos hayan dimensionado de manera suficiente lo que comenzaron a enfrentar.

Por mucho tiempo los medios han mantenido un status quo privilegiado. Nadie o casi nadie, se mete con ellos y, en cambio, ellos se inmiscuyen en lo que les plazca; sin pudor alguno escarban en lo público o privado siempre que reditúe puntos a su favor.

Nos acostumbraron a esa suerte de soberanía discursiva que despliegan sobre el acontecer cotidiano, donde los emisarios o reporteros se abren paso, como si llevaran un cáliz o un arma que todos miran con respeto o cierto temor. El logo de la difusora envuelve con una cubierta de plástico el micrófono que llevan en la mano. Los identifica como acólitos de la noticia que contribuyen diariamente a ese ritual que escenifica el repaso de los acontecimientos, en un vertiginoso resumen de imágenes y frases cortas que enjuician lo que sucede y a quienes lo protagonizan.

“Ya llegaron los de la tele”, es un lugar común que se escucha en las aglomeraciones que se forman alrededor de un evento, un hecho, cualquier cosa, entre las muchas cosas que le dan sentido al tiempo y al espacio que habitamos. Como que sin la presencia de “los de la tele”, aquello no estuviera sucediendo o no hubiera pasado. Es hasta cuando llegan que  las cosas toman relieve. Cuando comienzan a grabar o transmitir los técnicos aquello que los locutores o comunicadores dicen o hacen, es entonces que se percibe esa singular sensación de que todo el conjunto, es decir, locutores y espectadores, pasan a la otra dimensión, la de las pantallas. Hay algo de emoción en el ambiente. Todo mundo se está viendo en la tele.

Lo mismo sucede o sucedía, hasta hace poco, con la prensa. Ninguna actividad podía quedar al margen de la presencia de periodistas. Los salones de hoteles u otros espacios quizá todavía generan buenos dividendos todos los días, al organizarse desayunos que en realidad son lanzamientos de noticias, aunque no todas tienen la suerte de ser publicadas o si acaso en forma muy superficial.

Sin embargo, las convocatorias por Internet ya ganan bastante terreno desafiando las reglas del oficio del periodismo presencial. Esto que se conoce como “la fuente”.

Indicadores primarios de la crisis mediática:

  1. Los diarios tienen dificultad para mantener o han bajado sus ventas.
  2. La credibilidad en los noticieros televisivos se ha desplomado.
  3. La competencia entre agencias mediáticas crece sin que mejore la oferta hacia las audiencias.
  4. El Estado se contrae y con ello sus gastos publicitarios.
  5. Los procesos electorales han tenido modificaciones que tienden a limitar la compra de espacio en los medios.
  6. La Internet se transforma aceleradamente como la mejor herramienta de comunicación e información.
  7. Los medios han sido incapaces de crear sus propias redes sociales.
  8. Han perdido respeto en la sociedad.
  9. Se han autocensurado ante la escalada de violencia contra comunicadores y en general la que atraviesa el país.
  10. Se contaminaron con el “mundillo” de los escándalos políticos y de toda clase, que presentan como productos.
  11. Se revelaron como extorsionadores o cómplices de políticos u otros actores sociales, que les compran protección para no ser exhibidos.
  12. Los niveles de profesionalización de los comunicadores dejaron de tomarse en cuenta, principalmente en radio y televisión.
  13. El ingreso al país de canales de televisión extranjeros que superan con mucho en calidad a los nacionales (Discovery, Disney, History, People and arts, Animal Planet, etcétera) les recorta mercados y espectadores (hablando exclusivamente de televisión).
  14. La piratería e irrupción de opciones para obtener a bajo costo o en forma gratuita géneros musicales, los mp3, iPods u otros, vuelven menos atractivo el radio para esta actividad.
  15. La crisis financiera mundial impacta negativamente en sus balances, al depender los medios de tecnología fabricada en el extranjero.
  16. Los sindicatos de los trabajadores de los medios de comunicación son totalmente blancos, quedando el personal vulnerable, en estado de indefensión ante despidos, abusos o falta de cumplimiento de contratos. Un número importante de trabajadores o empleados de las empresas de medios, operan bajo la forma de “free lance”, sin prestaciones, ni derechos de antigüedad u otros.
  17. Persiste un desequilibrio de género, dado que los titulares de los principales noticieros, así como directivos y personal, continúa siendo por mucho, mayoritariamente masculino
  18. La pluralidad del Congreso inhibe en alguna medida, aunque no de manera suficiente, el avance del poder de los medios al amparo de un marco legal instrumentado para salir beneficiados.
  19. La democracia ha tenido avances significativos, por lo que en las Cámaras es frecuente escuchar críticas puntuales hacia el comportamiento de los monopolios de la comunicación que operan en México, principalmente las dos televisoras privadas.
  20. La internacionalización de las noticias ofrece alternativas interesantes, como CNN.

Después de reflexionar acerca de cada uno de los veinte puntos  enunciados, nos parece notorio que algo sucede al respecto, una crisis mediática.

Quizá faltan otras observaciones que pudieran respaldar aún más lo hasta aquí expresado, o bien, matizar la crítica. Tal vez existen más señales de esta crisis que nos afecta como ciudadanía expuesta o de alguna manera en contacto con los flujos mediáticos. Por otra parte, seguramente hay quien no lo considere de esta manera y puede ser que tuviera razón, en todo caso tómese este artículo como un ejercicio de análisis que superficialmente despliega una mirada hacia los medios, en el contexto donde operan y los otros multiplicados y dispersos, donde llegan sus mensajes.

¿Esto es benéfico o negativo para la sociedad que depende de los medios para tener contacto con el mundo, en términos de estar al día en informaciones? Ni lo uno ni lo otro, es decir, en lo que siempre ha sucedido y que haya tenido que ver con medios de comunicación, los receptores escasamente han sido tomados en cuenta. Más allá de conocer si están o no al pendiente de lo que se les transmite, para comprobar el rating, las audiencias no tienen mayor importancia para los que dirigen los medios de comunicación. Por lo mismo, al no estar ligados a los medios electrónicos de una forma más interactiva, los televidentes o radioescuchas, permanecen hasta cierto punto indiferentes a lo que sucede en el espacio interno de los medios, de ahí que la crisis que se menciona en este artículo, ni siquiera sea percibida por ellos. Si quiebra una empresa o se fusiona con otra (algo que sucede con más frecuencia que antes), si desaparece del cuadrante o aparece con otro nombre, si Slim entra o no al mercado de la televisión (porque se lo pueda impedir Televisa a través del control de las instancias oficiales), es algo que a la gente no le causa mayor interés, o si acaso se comenta sin darle mucha importancia. Se trata de un tema más de conversación intrascendente que a nadie le quita el sueño. Aquí es donde surge la sospecha de que los medios se hallan sumergidos en una crisis profunda.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


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La transformación de las mediaciones en la crisis social: una disyuntiva mercantil ante el desafío ciudadano, por Carlos Antonio Villa Guzmán

En una sociedad controlada cada día más por los intereses del mercado, la organización capitalista globalizada y “liberada” de los anclajes restrictivos o reguladores, conformó una estructura en la que una minoría influye decisivamente en la opinión e interés de la mayoría. La tecnocracia apuntalada desde el poder de las minorías capitalistas, puede coartar las  corrientes de opinión pública de las mayorías a través del control del know how científico y de los medios de comunicación.

Las garantías constitucionales de la libertad de expresión, la libertad de prensa y la libertad de reunión, cuyo propósito ha sido asegurar gobiernos con una visión para el pueblo, adquieren nuevos significados a partir de la irrupción de un fenómeno tecnológico que llamamos “era digital y/o  virtual”. Sin embargo, estas herramientas de acceso limitado como son los teléfonos o las computadoras, que pudieran servir para abrigar dichas libertades, en realidad se utilizan como medios modernos de comunicación que incrementan el poder de los acaparadores de la información y del conocimiento, en lugar de aumentar las redes que verdaderamente proporcionan oportunidades en condiciones de equidad para los miembros de la mayoría. Los monopolios formados por los dueños de las grandes avenidas por donde transitan los cibernautas y demás usuarios del espacio radioeléctrico y la telefonía son un claro ejemplo de ello.

De acuerdo con el filósofo Iván Illich, la desescolarización de la cultura y la estructura social requieren el uso de tecnología para que la política de participación sea posible. Solamente con la base de “una coalición de la mayoría podrán determinarse los límites a los secretos y al poder creciente sin dictadura. Necesitamos un nuevo ambiente en el que el desarrollo sea sin clases, o tendremos un ‘Mundo feliz’ en el que el Big Brother nos eduque a todos” (Illich, 2006:146). Al parecer estamos inmersos en esta especie de panóptico mediático que dictamina para todos lo que unos cuantos han acordado.

La acción participativa, como mecanismo de defensa ante las decisiones de elite, opera, ciertamente, a través de distintas agrupaciones ciudadanas que han mantenido un frente de inconformidad manifiesta y explícita contra las inconstitucionalidades que parecen ser la constante en una sucesión de regímenes de marcada tendencia neoliberal y cuyo discurso sustentado en la fuerza mantiene a la república en el límite de su estabilidad social y política. Sin embargo, no ha sido suficiente hasta ahora la movilidad civil para generar los cambios desde las bases ciudadanas o en forma mixta en lugar de ejercerse solamente desde las cúpulas, como sucede desde hace décadas.

Están a prueba los caducos armazones institucionales, el frágil y acomodaticio marco legal, los intereses capitalistas y la acción participativa organizada desde y entre los ciudadanos. La tensión se agrava al intensificarse el choque de fuerzas con el arribo y protección conseguida por los poderes fácticos que, subterránea o abiertamente, inducen el imperio del crimen, cuyo poder se equipara o quizá supera cualquier otro, lamentablemente.

El poder utiliza el discurso y por lo tanto su contenido oral y/o visual tiene consecuencias sociales. De ahí que los dispositivos de la comunicación sean regulados y controlados, de ahí también que proliferen cada día más los medios alternativos. En el discurso se manifiesta la organización de la autoridad. No cualquiera tiene derecho a dar órdenes ni tampoco a hablar, no todos son vistos, escuchados ni obedecidos, aunque su mandato sea únicamente el respeto a sus derechos humanos. Como práctica, “el discurso se carga de volumen histórico” (Martín Barbero, 2002). De espaldas a las mayorías, cada día más apartadas de quienes asumen el “control” social, se planifican y toman los acuerdos que comprometen a los grandes conglomerados a mayor aislamiento y precariedad. “Y de un modo especial en los tiempos de ‘crisis’ como el nuestro, cuando los discursos participan masivamente en esa forma de control profundo que consiste en hacer que los pueblos, las masas, acepten como respirable lo que les asfixia” (Martín Barbero, 2002: 71).  Los discursos se traducen en fuerzas desconocidas que hacen de y con nosotros, pero muy poco nos dejan hacer con lo otro u otros que se encuentran más allá de nosotros. Somos dominados sin comprender con exactitud qué nos domina, por qué y sobretodo quién. Sentimos los efectos por lo que ya no tenemos de voz y presencia en el lugar donde se resuelven los asuntos colectivos. Se sabotea y sofoca la expresión por negársele canales o espacios amplificadores. El vertiginoso entrecruzamiento de intereses se suma a la avidez de los más rapaces y se nos diluye o aparta, para no serle obstáculos. Paradójicamente esto sucede cuando la sociedad se ha llamado a un “nuevo despertar” y adquiere, como nunca en la historia, el derecho a la representación y las libertades que únicamente la literatura exhibía como humanamente plausibles. La fuerza de la ola neoliberal nos cae encima justo cuando acallamos terribles fanatismos y barreras comunicacionales y cognoscitivas, mismas que nos mantuvieron siempre sujetos a los dogmas raciales, ideológicos y principalmente religiosos. Recién inauguramos una era de ruptura de “viejos moldes”, se nos vuelve a amoldar, pero en esta ocasión a base de convertirnos en mercancía que consume mercancías. La moral no es ya qué se piensa o se hace, sino cuánto se tiene, se gasta y en qué. A nadie le interesa ya el para qué de todo esto de tener, acumular y gastar; simplemente se practica.

Por cierto, todos los moldes se rompieron fueron reemplazados por otros; la gente fue liberada de sus viejas celdas sólo para ser censurada y reprendida si no lograba situarse —por medio de un esfuerzo dedicado, continuo y de por vida— en los nichos confeccionados por el nuevo orden (…) (Bauman, 2005:13).

Las nuevas formas de la interacción al igual que la reconcepción del Estado, son ya condicionadas por las presiones de los crecientes y frecuentes desplazamientos y reagrupamientos de quienes dominan con el dinero. Abiertamente se ha desterrado el ágora con la fuerza del “ágora fobia” y la plaza como espacio público se clausura para el debate social. En más de un sentido la sociedad no es tan participativa según lo que puede observarse en asuntos como la falta de interés en crear una fuerza de opinión y acción en temas políticos, ambientales, o ante el poderío de las televisoras, por ejemplo. Quienes van a las reuniones, marchan y colaboran activamente por el cambio total del sistema, representan una parte que todavía no alcanza a ser visible a pesar de su gran movilidad y el discurso que ha mantenido y en el cual se manifiestan los verdaderos problemas y urgencias que aquejan a la sociedad mexicana. Habrá que investigar más acerca de las causas, como constantes antropológicas, que inciden en esta condición de exclusión como limitante de la libertad de expresión.

Sorprende más que ninguna otra cosa, el ensimismamiento social de los grupos reducidos a ver el espectáculo detrás de las barreras que fijan y amarran la superestructura del control político y social que operan los dominantes. La exclusión ciudadana de los debates que deberían ser públicos y presentar además las diferentes interpretaciones de los asuntos, de las preocupaciones o de los hechos, se limita a ser una confabulación atrabiliaria y mediática que sugiere cierta participación de sectores bajo la controvertida figura de “consulta pública”. El espacio público cedió el lugar al mercado y sus métodos de síntesis conceptuales figuran bajo un plan homogéneo de integración regulada por la visión hegemónica de los ámbitos financieros.

Los arcana imperi contemporáneos tienen que ver con el distanciamiento técnico de una política que ya no es gestión común, con las realidades construidas desde las versiones o las imposiciones, con las brechas informativas que hacen que los pobres sean también quienes están provistos de información, sometidos muchas veces a una modernización acelerada y traumática que los excluye del espacio público como espacio de aparición y como herencia institucional (…) Con frecuencia la intermediación llevada a cabo por los medios, el papel de voceros que cumplen en sociedades civiles debilitadas, llega a cooptar estas relaciones directas, difuminando al ciudadano, ganando para sí institucionalidad y poder (Martín Barbero, 1999: 71).

La metáfora de la apertura democrática de la plaza se asocia a la posibilidad de comunicar y ser escuchados, así como el conocimiento amplio y el respeto a las reglas del juego, “a la tensión entre la palabra de la mayoría y las propuestas que hacen circular las minorías” (Martín Barbero, 1999) a la apertura como elemento constitutivo de un crisol de voluntades que participan de la decisión final que impulsa o detiene los proyectos. Consensos que en medio de la conflictividad del disenso no excluyen la posibilidad de que a los ciudadanos, afectados por ciertas decisiones tomadas desde las cúpulas, se les reconsideren sus posturas y juicios. Tomar en serio a los damnificados, afectados, subordinados, inconformes y en cierta forma invisibles, va más allá de dejarles participar en los diálogos. Es la manera en que se les incluye en el arbitraje mismo de los dispositivos que aseguran que los intereses de los participantes entren en juego en equidad de reglas, lo cual significa cuestionar y rectificar a fondo la dinámica mayoritaria como regla única de toma de decisiones.

Se garantiza así el respeto a las minorías, la defensa de derechos básicos, al igual que hacia posiciones de resistencia o desobediencia civil u objeción de conciencia.

Los medios de comunicación, sobretodo la televisión, no siempre participan en esta apertura; si bien al contrario; exhiben el montaje acordado entre las elites de control que no es otra cosa sino el factor de cohesión bajo el dictado de la ley del costo-beneficio.

Con frecuencia los medios suelen estandarizar la opinión homogeneizándola a partir de la sacralización de los énfasis mayoritarios que fabrican o con generalizaciones al desgaire (el público mediático como una ilusión escenográfica que ratifica posiciones generalizadas) o con encuestas y sondeos que se acogen sin mayores críticas o análisis. (…) la sociedad amenaza con el aislamiento y la exclusión a los individuos que se desvían del consenso; por eso las opiniones que reciben mayor apoyo explícito llegan a dominar la escena pública. Así no solamente quedan temas por fuera de la deliberación social facilitada por los medios sino que también se diluyen las variaciones posibles de sus interpretaciones en juego. La plaza en vez de reconocerse en su apertura se cierra en su ensimismamiento (Martín Barbero, 1999: 71).

La otra vertiente en la que se proyecta la participación ciudadana tiene que ver con la merma representativa del Estado. Vueltas a merced de los dictados de la economía, las instituciones naufragan entre el abandono burocrático y las ambiciones desmedidas de las elites empresariales. Poco le queda ya al Estado del viejo molde con el que se permitía el control político sobre los grupos encasillados en antiguas formas filiales o corporativas que le servían de fortaleza como centro rector de la actividad social. Las figuras y el fondo que las conservaba, fueron literalmente barridas por los embates transnacionales que hacen sucumbir hasta las más arraigadas inercias clientelares de la democracia ficticia o simulada, con la que se arropa el sistema.

Por todo esto, el proceso de “extinción” de los Estados nacionales que está en curso se encuentra rodeado por una aureola de catástrofe natural. No se comprenden plenamente sus causas; aunque se las conoce, no se pueden prever con exactitud, aunque se las prevea, de ninguna manera se pueden impedir (…) A lo largo de la era moderna nos habituamos a la idea de que el orden equivale a “ejercer el control” (…) (Bauman, 2004: 77).

Ante esta nueva realidad, los grupos asumen estrategias como para el reposicionamiento dentro de un sistema generado a partir de estados nacionales en el que los actores se lancen a luchar palmo a palmo por el espacio y la riqueza. En este sentido, todavía nos quedan grandes extensiones geográficas, cuencas hidráulicas y elementos del subsuelo que alguien seguramente contabiliza para expropiar y vender.

Los gobiernos estatales, antes ejecutores eficaces de esta estrategia, ahora se convierten en sus víctimas. La conducta de los “mercados” —sobretodo, las finanzas mundiales— es la fuente principal de sorpresas e incertidumbre. Por ello, no es difícil comprender que el reemplazo de los “Estados débiles” territoriales por algún tipo de poder legislativo y de policía global sería perjudicial para los intereses de los “mercados mundiales”. Así, es fácil sospechar que, lejos de buscar fines opuestos y estar en guerra la una con la otra, la fragmentación política y la globalización económica son aliadas estrechas y conspiran juntas (Bauman, 2004:93).

En tanto se instala una solapada ley de la selva en el ámbito social y continúa el derrumbe del Estado como defensor de derechos y mediador de injusticias privadas, existe un ámbito formal que no es tan vulnerable: Los medios de comunicación y sobretodo la televisión, como escenarios donde el poder juega sus cartas como juegos de simulación y entretenimiento procurando que nada entorpezca el desarrollo de los negocios.

Toda dictadura y todo imperio, todo capitalismo, debe utilizar para su legitimación y consenso el acceso a los medios. Hoy, la gente ha de buscar por los mismos canales las posibilidades de la mediación que a nivel discursivo es tan simple como la defensa del hombre ante el poder, la categoría superior de la víctima ante el verdugo y la verdad como liberadora de todas las tiranías reales y morales, lo cual nos instala en una elevada y legítima defensa de la libertad de expresión.

Por ello el gran juego, la gran apuesta se encuentra en el control de los medios de comunicación, porque es allí donde es necesario aplicarse para ser tomado en cuenta.

La visibilidad de actores sociales es mucho más que una digna repartición de puntos de vista. Es la misma esencia de la posibilidad de que nuestra incipiente democracia no derive, sigilosamente, hacia la simulación completa y un retorno a la barbarie.

Los medios, como lo hemos visto, no están del lado de la gente. Por esa razón también ha crecido la participación ciudadana en las plazas y calles cada vez que se activa la movilidad ideológica u otros mecanismos que la sacan de su rutina cotidiana para manifestarse; se sienten aislados, no vistos ni escuchados. En estos niveles de disenso contra el consenso dominante, la ausencia de medios partícipes, críticos, solidarios, es lamentablemente notoria, la mediación se circunscribe a los casi heroicos medios alternativos y con muy escasas excepciones a medios masivos de mayor fuerza económica.

Ya nos hemos acostumbrado en México a que los grandes movimientos sociales que se han gestado en los últimos años, cuentan con mayor cobertura y difusión gracias al trabajo realizado por medios extranjeros, principalmente de Europa, como sucedió con el EZLN.

CNN es una red cuya línea editorial dio visibilidad a las multitudinarias asambleas en el Zócalo de la ciudad de México que se organizan a partir del conflicto pos electoral del 2006 y la creciente inconformidad ciudadana ante el régimen, las cuales por consigna o costumbre, o por la costumbre de la consigna, no existen para los que tienen el mando de Televisa y TV Azteca o si acaso se les da a éstas  la categoría de “visibilidad condicionada”, con pasaporte a la estigmatización que es como la congeladora, el Gulag de las televisoras.

El meollo aquí radica en que desde esta supuesta “mazmorra” mediática la gente ya se ve más que antes. Desde ahí es posible también decir a la hegemonía que probablemente una de las señales de que los guiones han cambiado es precisamente esa irrupción a la escena, ese nuevo abordaje de actores que pudieran revertir las inercias.

Son entidades sociales que se mueven en distintas direcciones llevando material de soporte y otros que indican que los planes tendrán obstáculos serios para los dominadores: las otrora muchedumbres alienadas se han vuelto ciudadanos organizados en grupos que reciben nombres como asociaciones por la ecología, la transparencia, la no violencia, la libertad sexual y muchas más que claman por libertades y derechos acotados o francamente coartados por los desequilibrios y las grandes contradicciones de la modernidad y otros que ya perduran desde atrás. Y será importante igualmente ayudar a los dominados para cambiar la dinámica y buscar la manera de ser y pensar para los medios; aprender cómo enfrentarlos y transformarlos a partir de la propia transformación: Si no son modificadas previamente las estructuras, difícilmente se podrá modificar algo en los medios. El cambio social sería el principio del cambio mediático. Los reclamos ya rebasan la agenda de la discusión sobre estas transformaciones bajo la presión ciudadana de acceso a la información y el derecho a la visibilidad social a través de los medios de comunicación. Están presentes los impactos de la apertura del mercado, las alternativas multimedia van en pleno despegue y cada día los ciudadanos se familiarizan más con nuevas formas de estar informados y participan en mayor número en los debates y movilizaciones que resultan cada vez más multitudinarias y elocuentes. La hipotética democratización de la televisión y los medios en general para facilitar o amplificar la libertad de expresión en debates y foros ciudadanos, es un asunto de varios factores donde entran en juego no tan sólo las empresas, el estado y las audiencias, sino que confluyen también las universidades y los observatorios de medios, como agencias de producción de sentido. “Se trata de recuperar el espacio mediático como un territorio público, en donde la comunicación juega un papel fundamental como estrategia liberadora, culturalizadora, promotora de una nueva convivencia social y política” (Villamil, 2001: 44).

El problema no es únicamente de propiedad (de los medios) y de acceso equitativo en la definición de contenidos o de programación. Cuando analizamos las reformas que con frecuencia se realizan en los medios públicos en América Latina, podemos apreciar que las modificaciones tienen lugar prioritariamente en el nivel de la programación, esto es, de los porcentajes o “barras” destinadas a educación, ecología, tradiciones y entretenimiento, entre otros. Pero, con frecuencia, también en ese tipo de medios se reproducen lógicas de fortalecimiento de grandes productores de la denominada “televisión cultural o educativa”. La clave se encuentra en la construcción de una ciudadanía integrada por sujetos sociales decididos a tener acceso a la información  como garantía del avance democrático. Formados y educados para la libertad y para ejercer un uso integral, sustancial y visionario del poder de la  televisión (Cervantes: 2005-11-23).

Las tensiones sociales que se viven como consecuencia de cambios tecnológicos y otras generadas por la sobreexplotación de recursos y demás factores, ponen a prueba la capacidad de los grupos que salen en defensa de los espacios y bienes públicos, como derechos inalienables que se ven amenazados por el nuevo des-orden mundial. Los medios de comunicación también son situados en el juicio de los ciudadanos que en mayor número se prestan a participar en las acciones contestatarias al sistema político y económico dominante. Crece, indudablemente, la desconfianza hacia los medios  en una medida proporcional al grado en que éstos se pliegan al discurso oficialista del gobierno en turno. Por más que traten éstos de “diversificar” programaciones, su pluralidad  no va más allá de los linderos que no incomoden al o los máximos poderes que tienen bajo control al gobierno de la República.

Dependen de la credibilidad pero también de la nómina presupuestal. La disyuntiva ante la que se encuentran es precisamente mantener sus niveles de audiencia y por tanto su influencia en la vida social. Las vetas que explotan comercialmente consisten precisamente en la enorme presencia que tienen entre todos nosotros. Les tenemos tan próximos que pueden presumir y demostrar que son ellos quienes finalmente nos poseen. No obstante, se extiende cada vez con mayor receptividad y filiación, la población crítica que busca opciones mediáticas más identificadas con las causas populares.

El efecto liberador que experimenta la sociedad respecto de estos medios posesivos es evidente en formas que si bien tienen gran sustentación analítica, muchas veces no alcanzan a pasar las barreras subjetivas de la retórica. No se ven realmente acciones organizadas que pudieran influir a un cambio mediático en el mediano plazo, sin embargo, los movimientos civiles se muestran más participativos y seguramente de ellos surgirán las nuevas propuestas y dinámicas que permitan que los beneficios de la comunicación se multipliquen geográficamente y sobretodo logren fortalecer los puentes de la congruencia, la democracia, la justicia y los derechos humanos, entre otros valores sustanciales que hacen posible la dinámica de crecer digna y equilibradamente en todos los órdenes humanos necesarios y posibles.

Bibliografía:


Barbero y G. Rey, (1999) “Imágenes y política” en “Los ejercicios del ver”. Gedisa. Barcelona. Pp. 69.

Bauman Zygmunt (2004) “La globalización Consecuencias Humanas”. FCE, México. p.97.

Bauman Zygmunt, (2005) “ Modernidad Líquida”. Grafinox,  S.A. FCE, Argentina, P. 13.

Cervantes Cecilia, (2005) “El estudio de los productores de noticias: desarrollo internacional y avances de investigación en México” En José Carlos Rendón.La comunicación en México. Diagnóstico, balances y retos. p.24.

Martín Barbero Jesús, (2002) “Oficio de Cartógrafo: travesías latinoamericanas de la comunicación en la cultura”.  FCE, Chile. P.72.

Villamil Jenaro ( 2001) “El poder del Raiting, de la sociedad política a la sociedad mediática”, p.26 (2001) Plaza y Janés, México.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com

 


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Unos sí, otros no, por Dorismilda Flores Márquez

Sábado 13 de febrero de 2010. A iniciativa de María Luisa Dávila, madre de dos de los jóvenes asesinados en Juárez, se realizó una marcha en silencio para protestar contra la violencia y las prácticas del Ejército y la Policía Federal[i]. El mismo día se llevó a cabo la vigilia por Juárez, en el Ángel de la Independencia, en la Ciudad de México; donde un grupo de ciudadanos permaneció 15 horas —una por cada joven asesinado—, también en silencio y con velas que iluminaron la noche[ii]. Esta protesta fue organizada través de Twitter y ocurrió que muchos tuiteros que se encontraban lejos del DF, se unieron simbólicamente colocando fotos de velas como avatares y empleando las etiquetas #15X15 y #vigiliaporjuarez.

Viernes 5 de marzo de 2010. A nueve meses del incendio en la Guardería ABC, de Hermosillo, Sonora, se realizó la vigilia por ABC, en la Ciudad de México, en Guadalajara y en otras ciudades mexicanas; como en otras ocasiones, la convocatoria fue hecha a través de Twitter, seguido de Facebook y algunos blogs. Días antes, distintos usuarios de la red expresaron su solidaridad con los padres y ejercieron presión para que el presidente Felipe Calderón atendiera en persona a los familiares de los niños muertos, a través de una petición firmada en línea por cientos de ciudadanos; para ello, circularon en Twitter las etiquetas #FelipeRecibeaPadresABC y posteriormente #peticionABC, con el vínculo a la carta[iii]. Ese mismo día se realizó un Juicio Ciudadano, en las escalinatas de la Universidad de Sonora, donde simbólicamente se declaró culpables de siete delitos —como tráfico de influencias y fraude contra el Estado— a los socios de la guardería[iv].

Viernes 19 de marzo de 2010. Dos alumnos de posgrado del Tecnológico de Monterrey Campus Monterrey murieron durante una balacera entre supuestos narcotraficantes y militares. En un primer momento, se dijo que ningún estudiante había resultado afectado tras el incidente ocurrido frente a la universidad. Después se informó que dos muertos eran alumnos de excelencia y se destapó una serie de irregularidades en la actuación del ejército mexicano y en las posteriores investigaciones[v]. Guillermo Guerrero reunió una serie de tweets que dieron cuenta del hecho, minuto a minuto, y los publicó en su blog[vi]. En Facebook se creó el grupo “Javier Arredondo y Jorge Mercado – JUSTICIA! JUSTICE!”, el cual exige una investigación a fondo[vii].

Domingo 28 de marzo de 2010. 10 jóvenes de entre 13 y 19 años fueron asesinados en Pueblo Nuevo, Durango. Las reacciones mediáticas fueron escasas y en las redes no hubo movilización, si acaso unos cuantos comentarios de indignación tanto por la agresión como por la falta de visibilidad del asunto[viii].

Miércoles 31 de marzo de 2010. El cadáver de la niña Paulette Gebara Farah fue encontrado bajo su propia cama, a nueve días de que sus padres denunciaran su desaparición[ix]. Durante todo ese tiempo, la visibilidad del caso fue impresionante, el Distrito Federal y su área metropolitana fueron invadidos con anuncios espectaculares y mantas en los cuales se pedía que regresaran a la niña, los esfuerzos de búsqueda se diseminaron también en Facebook y Twitter y se registró una intensa movilización policiaca para buscar a la menor[x]. Finalmente, tras inconsistencias en las declaraciones[xi], los padres y las nanas fueron arraigados— y el cuerpo fue descubierto. Esto motivó un vuelco en la opinión a través de Twitter y Facebook. Al cierre de esta edición, los cuatro han sido puestos en libertad, pero las investigaciones continúan.

En estos días, distintos comentarios entre los twitteros han cuestionado tanto la visibilidad de los casos —sobre todo entre quienes se preguntaban por qué #Durango no fue trending topic en Twitter— como el ejercicio de las autoridades y la sociedad frente a los hechos:

“Yo digo que en una semana más, el caso #paulette será guardado en el mismo cajón de siempre de la memoria mexicana”, dijo @dadomdadom.

“Ya hay cuatro versiones del caso #Durango Tres del caso #Tec! Cuántas versiones les gustan para caso #Paulette?”, dijo @heritage1972.

“Después de #balaceratec no resulta descabellado que los responsables de la masacre de 10 niños en #durango sea un retén militar… será?”, dijo @Aurorai.

“Tú eres #Juárez, #Monterrey, #Durango, #Reynosa, #NuevoLaredo… Feliz #Bicentenario!”, dijo @lopezvigueras, y agregó: “Confirmado: no son balazos, son fuegos artificiales para celebrar el #Bicentenario! #Juarez #Mty #Durango”.

Este artículo no busca dar respuestas, sino motivar preguntas. ¿Por qué unos casos son más visibles que otros? ¿Por qué en unos la movilización en la calle y en las redes virtuales lleva meses y la respuesta de las autoridades brilla por su ausencia? ¿Por qué otros gozan de gran exposición mediática y de respuesta inmediata? ¿Por qué otros no son contados ni en los medios tradicionales ni en las redes? ¿Por qué algunos no están siquiera en este artículo?

Dorismilda Flores Márquez es Licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y Maestra en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO; edita El Cafecito, casi siempre de madrugada.


[i] El Informador (2010, febrero 13). Marchan ciudadanos contra violencia en Ciudad Juárez. Disponible en: http://www.informador.com.mx/mexico/2010/178507/6/marchan-ciudadanos-contra-la-violencia-en-ciudad-juarez.htm

[ii] La Jornada (2010, febrero 14). Vigilia en el Ángel por los jóvenes asesinados en Juárez. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2010/02/14/index.php?section=politica&article=007n2pol

Milenio (2010, febrero 14). Twitteros en vigilia por jóvenes asesinados en Juárez. Disponible en: http://www.milenio.com/node/381858

[iii] Movimiento 5 de junio (2010, marzo 4). Noticias de Twitter, petición a Los Pinos y vigilias simultáneas en ciudades de la República Mexicana. Disponible en: http://www.movimiento5dejunio.org/abc/2010/03/04/noticias-de-twitter-peticion-a-los-pinos-y-vigilias-simultaneas-en-ciudades-de-la-republica-mexicana/

[iv] La Jornada (2010, marzo 6). Juicio ciudadano a dueños de ABC. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2010/03/06/index.php?section=politica&article=010n4pol

[v] La Jornada (2010, marzo 21). Alumnos, no narcos, los asesinados frente al Tec de Monterrey. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2010/03/21/index.php?section=politica&article=009n1pol

[vi] Guerrero, Guillermo (2010, marzo 25). La balacera del Tec, desde Twitter. Idos de la mente. Disponible en: http://www.idosdelamente.com/2010/03/la-balacera-del-tec-desde-twitter.html

[vii] Javier Arredondo y Jorge Mercado – JUSTICIA! JUSTICE! Disponible en http://www.facebook.com/group.php?gid=102480629787015

[viii] La Jornada (2010, marzo 29). Ejecutan en la sierra de Durango a 10 jóvenes de entre 13 y 19 años. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2010/03/29/index.php?section=politica&article=007n1pol

[ix] La Jornada (2010, marzo 31). Hallan el cadáver de Paulette en su habitación; fue asesinada. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2010/04/01/index.php?section=estados&article=025n1est

El País (2010, abril 1). La madre de Paulette, principal sospechosa de la muerte de la niña mexicana. Disponible en: http://www.elpais.com/articulo/internacional/madre/Paulette/principal/sospechosa/muerte/nina/mexicana/elpepuint/20100401elpepuint_1/Tes

[x] El Universal (2010, marzo 26). Piden ayuda para encontrar a Paulette. Disponible en: http://www.eluniversal.com.mx/notas/668804.html

La Jornada (2010, marzo 31). Más de 100 agentes de la PGJ del Edomex buscan a Paulette. Disponible en: http://www.jornada.unam.mx/2010/03/31/index.php?section=estados&article=028n1est

[xi] Milenio (2010, marzo 29). Investigan a familiares de Paulette. Disponible en: http://www.milenio.com/node/411752

El Universal (2010, marzo 31). Caso Paulette, las inconsistencias. Disponible en: http://www.eluniversal.com.mx/primera/34689.html


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Ahora lo ves, ahora no lo ves, por Dorismilda Flores Márquez

La sorpresa en este primer mes del año, en asuntos de medios, ha sido la salida de Carmen Aristegui del noticiero Hoy por hoy, de W Radio, luego de que no le fuera renovado su contrato, pese a sus altos niveles de audiencia y, sobre todo, de credibilidad; el argumento fue la “incompatibilidad editorial”.

Resistiendo la tentación de centrar la reflexión en la decisión de sacar del juego a Carmen Aristegui y en origen de tal decisión, quiero poner en la mesa el cuestionamiento en torno a las implicaciones de silenciar una voz crítica, como la de Aristegui, en un contexto como el nuestro.

Significa mucho más que escuchar a alguien diferente — no faltarán las voces que digan que ni siquiera la escuchaban o que la encontrarán en otros espacios —; mucho más que pensar que en los medios — trátese de conglomerados o de medios independientes — como en los actos de los magos: “ahora la ves, ahora no la ves”.

“El tema no soy yo” dice la propia Carmen Aristegui en entrevista con Proceso, y agrega, “tiene que ver con la cancelación de un espacio en momentos en que los medios de comunicación han vivido situaciones muy criticables y le deben a sus audiencias explicaciones”. El tema sí es ella, en tanto que hablamos de un caso concreto; pero a la vez no es ella, en tanto que no es un caso aislado y nos dice mucho también de otros actores, espacios y prácticas.

El hecho da para pensar en la libertad de expresión en relación con la iniciativa privada y los intereses políticos, así como en las consecuencias que esto tiene para una democracia muy proclamada y poco ejercida. Da, sobre todo, para pensar en la sociedad mexicana en su conjunto, porque silenciar a una voz crítica tiene implicaciones mucho más profundas, de entrada porque Aristegui no es la primera y no será la última, porque las opciones se uniforman o bien se agotan y porque, aunque en el momento, muchos se rasgan las vestiduras, “ahora lo ves”, ahora lo sabemos — aunque no del todo —, en poco tiempo será un “ahora no lo ves” y el hecho se reducirá a anécdota recordada por unos cuantos. Esto habla de una sociedad que se nutre a la vez de ruido y de silencio, de ruido que llena y silencia, de voces que gritan y se ahogan a veces en el ruido y a veces en el silencio; habla de una sociedad acostumbrada a apagar la luz y hacer como que nada pasa, a aportar al silencio, a callar y olvidar. Aunque me pregunto si de verdad se puede olvidar. El olvido, dice Benedetti, está lleno de memoria.

Dorismilda Flores Márquez es Licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, actualmente estudia la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura en el ITESO, y edita El Cafecito (casi siempre de madrugada).


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Montecristo superstar, por Luis Buero

Un guionista pionero de nuestra televisión, solía decir que el germen del éxito estaba en dos historias universales: La Cenicienta y El Conde de Montecristo, y que si un libretista lograba mezclar las dos ideas en un mismo producto tendría el rating asegurado.

No es extraño entonces que una nueva adaptación de la famosa novela de Dumas vuelva a cautivar, porque se apoya en sentimientos primitivos del ser humano: celos y envidia, y en los actos que estas emociones básicas promueven: agresión, traición e injusticia, y su consecuencia, la venganza. La humanidad se mueve sobre la energía que emanan estas palabras, y de revanchas se han nutrido la pantalla chica y la grande, con anécdotas que no hacen más que resucitar al Ave Fénix para que vuelva y no deje títere con cabeza. Y de las vicisitudes de la Cenicienta se alimentan todas las telenovelas, donde los pobres son buenos y los ricos no, pero a veces lloran.

Así es. En sus tramas se manejan personajes equidistantes y estereotipados, villanos y héroes extremos que apelan a nuestras más elementales estructuras mentales. Por eso no es raro que estas descendientes directas de la tragedia, del folletín y del radioteatro, rotuladas  como “soap operas”, sigan alcanzando altísimos niveles de popularidad. En parte, la magia de estas estructuras narrativas radica justamente en lo alejado que puedan estar de la realidad, aunque se utilicen elementos del presente. Porque la Cenicienta no armó un sindicato y fue a protestar contra la explotación de las mucamas, sino que pactó con un hada (pensamiento mágico) y se lo transó al príncipe. Y el galán de Montecristo, por su parte, podrá vengarse de la calumnia, la infamia, la agresión, unas decenas de capítulos después de haberlas sufrido, y hasta es probable que en el final lo supere la piedad y el perdón y se quede con la chica que dio el mal paso.

Los medios masivos cumplen finalmente su misión: la de ser el objeto transicional, como diría Winnicot, de millones, es decir, ese sustituto lejano (chupete electrónico) de una imagen materna que nos narra el cuento de las buenas noches donde el caos de la vida finalmente se ordena, el bien triunfa, el crimen paga, el orden se restaura, y se nos devuelve la seguridad ontológica esporádicamente perdida.

Pero otro atractivo radica en que en las telenovelas los Romeos y Julietas no conocen el miedo al amor, ni temen a la “asfixia” del compromiso. Los amantes de los culebrones no experimentan una pérdida de la identidad por formar pareja ni los persigue el pánico al descentramiento, el horror de tener que dejar de mirarse el ombligo para alzar la vista y contemplar al otro.

Por el contrario, pelean por sus sentimientos contra viento y marea, y finalmente hay boda con trompetas, castillo y muchas perdices. Y la leyenda dice que seguirán felices, pero bueno, el día después nunca lo veremos y esto también es parte de su encanto.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social.  Colabora para el cafecito desde Argentina. Visita su sitio:  http://www.luisbuero.com.ar


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Todo se lo llevaría al caño: Pessoa y la internet, por Jildardo González Romero

El uso de los medios de comunicación en los tiempos actuales, se ha convertido en una herramienta de exploración del mundo exterior de una importancia tal que en un breve tiempo nos podemos enterar de lo que está sucediendo en cualquier lugar del planeta.

Si bien es cierto que el desarrollo de las tecnologías en los medios de comunicación ha tenido un avance vertiginoso en los últimos años, logrando que las desigualdades sociales se polaricen descaradamente, también lo es que han conseguido que los individuos de distintos países puedan tener una comunicación epistolar y se conozcan para los fines particulares que a cada uno convengan.

Indudablemente, resulta muy fácil crear una identidad diferente por medio de la internet, en donde a través de un blog tenemos toda la libertad de formarnos un perfil a nuestro antojo.

Imaginémonos por un momento a Pessoa, todos los heterónimos que hubiera formado teniendo las herramientas actuales. El poeta portugués, Fernando Pessoa, logró con gran maestría y sin necesidad de la internet en los albores del siglo XX, ser el mejor exponente de la poesía en su país y de la lengua portuguesa. Sus “Odas” de Ricardo Ries; los estremecedores poemas en el “Guardador de Rebaños” de Alberto Caiero, así como su “Poesía completa” de Alvaro de Campos, cada uno de ellos con un perfil específico, nos mostraron de lo que puede ser capaz el ser humano cuando se tiene el talento y la creatividad, cualidades que poseyó el lusitano nacido en Lisboa un 13 de junio de 1888.

Si Pessoa viviera en estos tiempos, tendríamos el gozo de disfrutar sus obras “calientitas”, porque seguramente contaría con una página en la internet que todos los días visitaríamos con un fervor manifiesto, y con una cifra de visitas enorme, que, sin duda, Bill Gates lo consideraría para sus campañas de publicidad.

Por un momento pensemos que antes de dormir visitamos el blog del maestro Caeiro que nos dejaría invadidos de una profunda paz, y con una sonrisa de niño satisfecho.

Después, al amanecer, cuando nos den en la cara los rayos del sol y luego de estirarnos para desperezarnos — antes de cepillarse la resaca de la noche anterior —, y todavía con algunas lagañas en los ojos que nos obligaría hacer visajes, qué les parece devotamente hacer una primera visita fugaz al blog del doctor Ries para ver qué es lo que pasa en su trajín de las circunstancias nocturnas con él mismo, que no sabe otra cosa más que desesperarse como un viejo monárquico como lo fue, formado bajo la escuela de los jesuitas, y constatar lo perdido que se encuentra en esa Lisboa buscando sus raíces, para que nos lleve con la asistencia de su teclado hasta sus fantasmas que le ayudaron a recorrer esas calles cargadas de nostalgia, impregnado en sudor y polvo como nos lo menciona José Saramago (El año de muerte de Ricardo Ries), ¿así serían las notas del doctor Ries? Toda esa nostalgia llena de polvo y de fantasmas, ¿cómo lo llevaría el mismo Pessoa si tuviera un blog sólo para irnos guiando con sus frases por esa Lisboa que ya no está más…? Todo lo que lograríamos leer en el blog que tendría el ingeniero Álvaro de Campos, desde poemas hasta consultas que se le harían por ejemplo: cómo construir caminos para atravesar soledades, o simplemente para saber algo de sus conocimientos que adquirió en Dinamarca.

En las reuniones de los “Cafés de moda” no faltaría quien tuviera la última participación de algo de Fernando Pessoa que motivaría discusiones intelectuales sobre la necesidad de tener un centro de estudios “Pessonianos” con el apoyo de la Universidad Fernando Pessoa, con talleres y diplomados todos en el epicentro de su obra y sus heterónimos.

En el idioma francés, ¿qué nos contaría Jean Seul Méluret? Seguramente nos conectaría con la Alianza Francesa para realizar talleres literarios y conocer más del idioma de Napoleón, hasta probablemente talleres de apreciación de cine. ¿Y María José qué nos contaría? Estoy completamente seguro que alguien estaría como loco traduciendo al castellano todo lo que estuviera subiendo a la internet Alexander Search, o investigando sobre el paradero de los hermanos de él.

¿Se imaginan todos los heterónimos que sería capaz de crear Don Fernando Pessoa? Tendríamos la certeza que al consultar sus páginas nos encontraríamos con la más reciente creación de una noche sentado en su ordenador.

Así sería de nutricio en nuestras vidas consultando, leyendo, gozando, llorando esa enorme obra de lo que es Pessoa.

Bien vale la pena darle una veladora cada 13 de junio al gran Fernando Pessoa, ¿no creen?

Jildardo Gonzalez escribe más esporadicamente de lo que lee; su transmisión es siempre oral y, últimamente, habiendo descubierto las maravillas de la tecnología en lugar de homenajear a Bill Gates lo hizo con Pessoa; textos suyos han aparecido en varias revistas culturales hidrocálidas.


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¿Tenemos la televisión que nos merecemos? (II/II), por Noe García Gómez

Prendes la televisión, miras unos segundos: nada. Cambias de canal con — y que en estos casos se convierte en una bendición — el control remoto, picas y picas y pasan y pasan canales porque no hay nada.

Las barras programáticas de Televisa y TV Azteca están agotadas, no se cansan de reciclar sus mismas fórmulas. Pero te encuentras con que el público a la larga, se conforman con la estupidez y la enajenación, con la monotonía y lo soso y que estas repetidas y aburridas fórmulas hacen que optes por — otra que se convierte en una bendición — la televisión por cable.

En el duopolio sólo ves: en la mañana, noticieros tendenciosos y pedantes; mediodía, infomeciales de 2 horas o programas de “variedades” que son otro tipo de informerciales pero con secciones; tarde, telenovelas que tienen 30 años cuando menos de repetir la fórmula de la pobre niña que le hace la vida imposible la antagonista y al final se queda con el ser amado, claro que varían para los jóvenes, es lo mismo pero en grupal; noche, más telenovelas, pero con un toque de glamour, ya que es el “horario estelar”; fines de semana, reciclar películas del cine mexicano — que ya hasta de memoria te las sabes — pero a falta de opciones, las vuelves a ver; para los niños, caricaturas compradas en Japón, donde su máxima es resaltar la violencia, o las norteamericanas, resaltar la “bobees”.

Y cito a Jorge Moch columnista de la Jornada: “¿por qué hacer mala televisión si se tienen recursos, capacidad y experiencia para hacer buenos — o no tan malos — programas como los que mencioné antes? En una respuesta al menos parcial se radica el cogollo de toda la cuestión de las motivaciones en la producción de programas de televisión en México. ¿Dinero? ¿Apatía? ¿Estulticia pura? ¿Puras ganas de joder al prójimo?” Yo respondería en parte, pues porque no les exigimos calidad, ni para nosotros ni para nuestros niños y no sólo nosotros como sociedad, ni siquiera las autoridades; no regulan la calidad de contenidos, y es imposible esperar de ellos mismos — el duopolio televisivo — que traten de elevar la curiosidad intelectual, la cultura, el arte, el entretenimiento de calidad; ¿cómo, si tienen a nuestro pueblo aletargado con sus dosis programadas de estupidez e ignorancia con proyecciones administradas día a día por esos mismos organismos megalíticos? Y nuevamente Jorge Moch: “vasos comunicantes del ostracismo y la apatía tan nuestros, las televisoras”.

Otro ejemplo de emotividad son las colectas de fondos, como el Teletón, que no nos hemos dado cuenta que con estos programas de filantropía disfrazada los que más ganan son las grandes empresas dueñas de todo (Bimbo, Telmex, Coca cola, Banamex, Televisa) que realizan un mega anuncio de 24 horas donde promocionan sus marcas y con un concepto excelentemente vendible, “el sentimentalismo”, “el corazón” nos dicen “mírenos somos buenos, somos sensibles a los problemas de nuestros niños”, lo que no nos dicen es que ese dinero que aportan el 100% se los regresarán en impuestos, de nuestros impuestos y publicidad gratuita e imagen para las empresas. Entiéndaseme: qué bueno que se promueva la rehabilitación física de los que menos tienen, que se atiendan a nuestros niños, ¡pero no que se lucre con eso! O al menos a mí me ofende ¿Qué no estas empresas tienen muchísimo dinero? ¿Entonces para qué piden dinero a la gente? ¿Por qué no nos dicen que sus donaciones se las rembolsarán y que obtendrán todos esos espacios de publicidad gratis?

En conclusión y para terminar este artículo de dos capítulos:

Las televisoras nos dan con su programación una constate idiotización; con sus noticieros, una lavada de cerebro; con los teletones, una dosis de filantropía perfumada y con sus editoriales nos resetean la memoria.

Termino con la pregunta inicial: ¿tenemos la televisión que merecemos?

Noe García Gómez es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Aguascalientes; es Presidente de la Secretaría de Asuntos Juveniles del PRD en Aguascalientes.