El Cafecito


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Sionismo y guerras en Medio Oriente, por Carlos Antonio Villa Guzmán

La zona del Medio Oriente, desde hace miles de años es región de disputas constantes; conflictos vecinales entre tribus primero y con el paso de los siglos lo ha sido de diferentes grupos humanos.

Entre ellos, los judíos constituyen un grupo étnico exiliado que se  distribuyó por el mundo manteniendo en formas variadas su identidad. A este fenómeno se le conoce como la “Diáspora” y sus orígenes se remontan aproximadamente a dos milenios.

La salida de Erets Yisrael, o Tierra de Israel, llamada también Tierra Santa, significó para el pueblo judío la asimilación  a diferentes culturas según se establecieron geográficamente los grupos migrantes.

Los que permanecieron en el territorio, conocidos como judíos piadosos, Jeromi, continuaron su modo de vida (establecidos en colonias) basándose en los preceptos tradicionales de la Torá, estando a su vez en vecindad con diversas colectividades conformadas por  practicantes de otras dos importantes religiones: la católica y la musulmana. Inclusive las relaciones comerciales en la zona de Palestina han sido parte esencial de la actividad humana y es común que los habitantes hablen indistintamente las lenguas árabes y el idioma hebreo. Sin embargo, la presencia de judíos y más aún, el incremento forzado de las colonias y subsecuente expropiación y expulsión de quienes habitaban desde siglos en esta región del Asia Menor, mantuvieron siempre latentes los estallidos que se han repetido a lo largo de la historia.

Los reacomodos humanos han enfrentado bélicamente a los pueblos, al punto de estar hoy en día envueltos en fuego con evidentes disparidades o asimetrías que saltan a la vista, según los partes de guerra que alcanzan de alguna forma a ser traducidos en notas periodísticas y las propias versiones de la prensa internacional que logra traspasar los cercos informativos.

El judaísmo esparcido en los cinco continentes ha pasado por diferentes procesos de secularización y asimilación entre las sociedades, dando lugar a los llamados  jiloni “profanador” (judíos laicos, ateos, indiferentes u opuestos a la práctica del judaísmo), sin embargo, no han desaparecido los lazos en red que les mantienen unidos y cooperando entre sí, por más que esta tradición trate de ser minimizada o negada. De hecho, la presencia mundial judía les permite tener una perspectiva del mundo diferente a otras formas de pensamiento, digamos que de una manera un tanto ahistórica. Conforman su organización y dinámicas según la observancia sobre los fenómenos y acciones humanas en lugar de hacerlo a través de las lentes del materialismo histórico o el Darwinismo, por ejemplo. La milenaria y rica cultura judía se refleja en numerosas prácticas de la cotidianidad que pueden llevarnos a profundizar en sus raíces filosóficas y religiosas, cuyo ámbito de misticismo nos habla simbólicamente de la permanencia de una raza teocráticamente elegida sobre las demás que habitan la Tierra, aún cuando fue destruido su templo principal al comienzo de la Era Cristiana.

Se rige la vida del judío no secularizado de la misma forma que lo hacen las conciencias ortodoxas de los diferentes credos, es decir, por mandamientos que en su caso inscribe la Torá, que es precisamente el conjunto de textos normativos;  la Torá escrita (Pentateuco, Profetas y Hagiografía) y la Torá oral (Mishná, Talmud, Midrash, así como comentarios y aplicaciones prácticas).

Al pueblo israelita le fue favorable con el tiempo su carácter de exilio constante, no tan sólo en lo referente al fortalecimiento de la identidad solidaria, sino que los habituales desplazamientos permitieron tener agentes en los sitios de oportunidad, como lo fueron las colonias europeas en los momentos de mayor auge en actividades como la minería, la explotación de la tierra o los intercambios comerciales. No obstante sus aportes culturales a las distintas sociedades como pueblo expatriado, contando con la sabiduría de individuos de grandes capacidades y virtudes, los judíos enfrentaron siempre la negación a ser aceptados como iguales en las comunidades cristianas que dominaban el mundo occidental. Continuamente perseguidos, expulsados o confinados en guetos, sortearon las vicisitudes que les impusieron los tiempos hasta que se presenta la Emancipación como resultado de un proceso de otorgamiento de derechos políticos y sociales a los judíos en países cristianos de Europa, el cual duró desde el fin del siglo XVIII hasta la elección del Partido Nacionalista en Alemania en 1933.

En su obra “Contra el Estado de Israel. Historia de la oposición judía al sionismo” el autor y catedrático de la Universidad de Montreal, Jakob Rabkin, menciona que durante el periodo de Stalin los judíos ya no serán definidos por su judaísmo, y adquieren así una nacionalidad, similar a los armenios, los uzbecos o los rusos, con una mención en su documento de identidad. Al cabo de algunas generaciones, dicha mención que se conoció como el “quinto punto” del pasaporte interno soviético, se convierte en el último factor que preserva la identidad “nacional” distintiva del judío soviético (Rabkin, 2008, P. 63).

La secularización de los judíos a finales del siglo XIX, dio lugar a un movimiento de transformación social: el sionismo que derivó en la formación del Estado de Israel a mediados del siglo XX.

Para los críticos se trata de una ruptura en la historia del pueblo judío. Contraviene los postulados de la Torá en tanto que la tierra prometida ha de venir de Dios y no de la imposición por recursos bélicos, como sucedió con la colonización judía en Jordania, Líbano y Palestina, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial.

Las comunidades judías internacionales protestan contra el Estado de Israel. Proponen inclusive el desmantelamiento pacífico de su aparato que se apoya en el cuarto ejército más poderoso del mundo para controlar la zona de Palestina.

La constante expansión basada en invadir territorios militarmente, amenaza en forma cada vez más peligrosa la paz en el Medio Oriente y en el mundo.

Los intelectuales judíos del siglo XIX asocian su condición de pueblos ahistóricos a la que tienen los ucranianos o letones, es decir, no poseen un Estado nacional como en cambio lo poseen los alemanes o los italianos. El Estado de Israel se perdió en el siglo I, por lo tanto pensaron crearlo con la finalidad de “volver a la historia”, para lo cual da inicio el llamado movimiento sionista cuyo primer congreso tuvo lugar en 1897 en la ciudad de Basilea, Suiza. El congreso fue presidido por Theodore Herzl a quien se considera padre del sionismo moderno.

Cierta propaganda sobre este movimiento social cuyo origen tuvo lugar en los países de Europa del Este, menciona una serie de textos que se conocen como Los Protocolos de los Sabios de Sión, los cuales se supone fueron leídos en dicho congreso.

Apócrifo o genuino, el documento que contiene los Protocolos (fue publicado Sergyei Nilus en Rusia en 1906) es un tratado de política que habla de la conquista y dominio del mundo por medios que van de la fuerza a la coacción. Se hace mención a la Serpiente Simbólica del Judaísmo que a través de los siglos envuelve Europa.

Al revisar por Internet dicho escrito que se encuentra disponible para su consulta en varias páginas electrónicas, me encuentro una serie de apuntes que tratan de explicar el contenido y significado de esta especie de profecía que parece obtenida de algún arcón secreto custodiado por ancianos barbudos casi ciegos.

Una nota en particular señala que:

El Protocolo III abre con una referencia a la Serpiente Simbólica del Judaísmo. En su epílogo a la edición de 1905 de los protocolos, Nilus da cuenta de este símbolo: Según los archivos secretos del Sionismo Judío, Salomón y otros hombres sabios judíos ya en 929 A.C., pensaron un esquema en la teoría de una conquista pacífica del universo entero por Zión. Según el texto y de acuerdo a la predicción, la Serpiente todavía tiene que terminar su trabajo, adhiriendo estrictamente el plan diseñado, hasta el curso que tiene que seguir está delimitado por el retorno de su cabeza a Sión. Esto se logra usando cada esfuerzo para dominar los otros países mediante la CONQUISTA ECONÓMICA. El retorno de la cabeza de la Serpiente de a Zión sólo puede lograrse después de que todo el poder de los soberanos de Europa ha decrecido, es decir, cuando por medio de crisis económicas y destrucción del comercio efectuadas en todas partes, allí se habrá traído la desmoralización espiritual y una corrupción moral, principalmente con la ayuda de mujeres judías que se hacen pasar por francesas, italianas, etc.

Hasta aquí el famoso texto suena catastrófico, sin embargo, los acontecimientos que hacen de Israel un Estado beligerante altamente peligroso para la humanidad, nos reflejan los terribles augurios y propósitos de Los Protocolos de los Sabios de Sión.

Con razón los judíos marcan su línea para no ser identificados con el movimiento sionista y la escalada de violencia que el Estado de Israel lleva a cabo para controlar el territorio que es estratégico para el control de flujos de armas y energéticos. Una bomba de tiempo que puede estallar en cualquier momento llevándonos a una conflagración universal.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.