El Cafecito


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Cuando “Andrés” (el que viene una vez por mes) no aparece, por Luis Buero

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Tener un hijo es lo más hermoso que te puede pasar en la vida, pero no todos los hombres piensan lo mismo. Los que más pánico tienen a ser padres afirman que el  único anticonceptivo para mujeres infalible es la pastilla, pero no la tienen que tomar, sino tratar de sostenerla con las dos rodillas juntas mientras están a menos de cincuenta centímetros de un varón.

 

Claro que en cuanto a preservativos se refiere,  todos los varones nos resistimos a los “pilotines de latex”, pues sentimos que nos plastifican el erotismo, y muchas veces nos tomamos un recreo cuando creemos que la maestra naturaleza está mirando para otro lado y después vienen los sustos. Entonces sobreviene el dramático instante en el que deberíamos estar relajándonos boca arriba con un cigarrillo, mirando el techo, pero la magia se pudre cuando ella nos pregunta (¡como si nosotros lleváramos su agenda!): “¿el último período me empezó esa tarde en que nos visitó tía Celina, no?”

 

Y sí. Cuando la relación o el fulano no están maduros para recibir esa novedad (verdadera o falsa), el fulano mira a la chica y de golpe, aunque ella sea Angelina Jolie, la registra fulera como a la brujita Cachavacha, y desalmado murmura: “¿Qué le vi yo a ésta?”

 

Aquí se presentan  distintos tipos de varones anti-paternalistas, en solo diez segundos, pero para clasificarlos, ustedes chicas  tendrían que poder leer sus mentes. Las ayudo un poco: imiten la voz de sus novios al leer a continuación lo que ellos piensan:

 

  • Desconfiado: ¿Será mío? Mmmmm… A mí, si no me dan un certificado de  ADN firmado por Hipócrates no lo reconozco…

 

  • Machista: ¡Prendió la vacuna! ¡Soy un semental, un padrillo, dónde pongo el ojo…! Ay, me entró una basurita….

 

  • Muy asustado: ¿Por qué no seré gay? ¿Por qué no habré sido un monje trapense enviado al Sahara?

 

  • Irresponsable: Y sí, está bien,  me caso… aunque vivir en el hueco de un ascensor en Fuerte Apache a ella no le va a gustar…

 

  • Irresponsable plus: Y sí, me caso aunque no esté enamorado, total después le meto los cuernos y listo…

 

  • Asesino: ¿Dónde había anotado yo el teléfono de Herodes?

 

  • Sorprendido: ¿Cómo, entonces todavía sirvo? Y eso que toda la vida usé calzoncillos anatómicos apretados…

 

  • Cobarde: El padre de ella pesa 120 kilos, fue boxeador en su juventud  y le salen pelos hasta en la encía. ¡¡Me caso yaaaaaaaaa!!

 

 

  • Suicida: ¡Me pongo un cartel que diga “Soy Diputado K” y me meto en una manifestación de gente del campo en la 9 de julio!

 

  • Autodestructivo: ¿Por qué no me habré casado con Lorena Bobbits?

 

  • Intelectual: Voy a buscar en Internet artículos sobre ligaduras de trompas de Falopio y esterilización tubárica.

 

  • Consumista decepcionado: ¿Cómo, no era que si tomabas aspirinas con Coca Cola no quedabas embarazada?

 

  • Castrense: ¡Ay, Diosito, te ruego que el test de embarazo tenga dos rayitas! ¡Eso, ascendélo a sargento, ascendélo a sargento!

 

  • Insensato: Conozco una curandera que con un ramito de perejil…

 

  • Retardado (que se acuerda tarde): ¿No existirá la pastilla para la semana después?

 

  • Sorprendido forte: ¿Cómo, no era que cuando entrás en la menopausia se cerró la fábrica?

 

Por último queda el borderline del infarto, es ese pobre desesperado que vive rezando al pedo hace 45 días para que a ella le venga “Andrés” sin poder dormir, porque la joven  se olvidó de contarle que, por desequilibrios hormonales en la tiroides…. menstrúa  una vez cada seis meses.

 

 

 

 

 

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar


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Ode to my mom, por Dorismilda Flores Márquez

No es sumisa y abnegada.

Es libre, no sólo de hacer, sino de pensar.

Le da 20 vueltas a las cosas y piensa más allá de lo que otros pensamos.

No anda por las ramas para tomar decisiones, las toma y punto.

Arriesga, siempre arriesga y casi siempre gana.

No se lamenta ni por lo que fue ni por lo que no fue.

Viaja, sueña, sonríe.

Habla y habla y habla y habla y habla.

Es más joven que su hija, aunque tenga más años.

Escucha, cuestiona, lleva a pensar.

Tiene la misma facilidad para tejer estambre que para tejer la propia vida.

No se cansa de aprender.

No se cansa de ser activa.

No se cansa de reír.

Ni de vivir.

Es mi modelo teórico de mujer.

La libertad y la felicidad no llegan en automático por leyes y políticas públicas; las dan, creo, saberse y ser protagonista de la propia vida, como ella.

Oh, gran mamá, te quiero.

Dorismilda Flores Márquez es Licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, estudiante de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura en el ITESO, y editora de El Cafecito, entre otras curiosidades.


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Papás de fin de semana, por Luis Buero

Cuando los padres se separan, es común que los nenes se queden a vivir con mamá. El papá se vuelve entonces una visita reglamentada, y mientras la sociedad murmura “algo habrá hecho”, él sufre en silencio y teme convertirse en el tío de sus propios hijos, por la falta de cotidianeidad en el vínculo. Todo eso, claro, cuando se los dejan ver.

En el imaginario popular y en los chismes a la hora del té, suelen ser los malos de la historia. Los que se fueron a comprar cigarrillos y nunca volvieron, los que huyeron tras las plumas de una corista, los que no pasan la cuota alimenticia y hay que perseguirlos con la justicia.

Y pocas veces aparecen en la misma novela los otros padres separados, los que les dejan todo a su mujer y siguen manteniendo a sus hijos. Sí, me refiero a aquellos que imaginan, conciben y acunan a sus críos, les hacen el desayuno a diario, compartieron con ellos el primer día de clase y el cuento de la hora de dormir, y de pronto cuando el matrimonio se disuelve se convierten en una visita en el hogar que construyeron, y quizás en un tío querido para sus hijos que tal vez pronto hasta tengan otra figura masculina como padre sustituto: la nueva pareja de mamá.

Ese papá de fin de semana siente que ayudó a construir un nido y luego lo tuvo que abandonar para siempre. Y nadie se ocupa de su sentir, porque se dice que los hombres no lloran, y tal vez sea mejor así, porque algunos están tan tristes que si lloraran todos juntos se produciría un tsumani. ¿No me creen? Vayamos al principio.

DE ÍDOLO A KELPER FILIAL

En las épocas de mi bisabuela, los hijos eran de la mujer, que debía parirlos y criarlos, mientras el padre trabajaba todo el día, y luego  se iba a jugar al billar o al truco al bar con sus amigos,  y cuando estaban presentes,  sus críos los trataban de usted. En los años 60 y 70 comenzaron a enseñarle al hombre que cuando su esposa quedaba encinta ambos estaban embarazados, y que él era co-protagonista en todo este proceso, y después del nacimiento también, de por vida. Así fue que algunos varones tuvieron que hacer de tripas corazón y participar del parto ayudando a la futura mamá, y se animaron a cortar el cordón umbilical y a dar el primer bañito a sus bebés. Aprendieron a cambiar pañales, a preparar biberones y papillas y a consolar al lactante de noche, si se le ocurría llorar cada tres horas. Se animaron a susurrar el “arrorró mi nene” o despertarlos con aquella otra canción que decía que el gallo Pinto se durmió y esa mañana no cantó. En síntesis, se dieron cuenta que ese “trabajo” era un placer que se habían perdido de disfrutar durante generaciones, y que el concepto de masculinidad había dado una vuelta de página importante y ya era hora de cambiar para bien. Claro que también se estaba modificando el de feminidad, al mismo tiempo.

Así fue que este nuevo macho humano enamorado de sus hijos y de su función paterna, que había re-significado la palabra familia, y había cicatrizado tal vez sus heridas de la infancia,  conoció una segunda y dramática lección: divorciarse de su pareja  ya no era sólo romper el vínculo con una mujer, si no que debía enfrentar un dolor mucho mayor.

¿PAPÁ POR SIEMPRE?

Ningún film relata mejor (tal vez no haya otro) que Mrs. Doubtfire (Papá Por Siempre) el drama y el sentir de un hombre que al tener que irse del hogar familiar pues su esposa ya no lo ama más, no puede ya convivir con sus hijos, a los que adora. En la famosa película, Robin Williams interpreta al atribulado padre que al no resignarse a la imposibilidad de ver a sus niños de manera constante, y dado que el personaje es actor, llega al extremo de caracterizarse y hacerse pasar por una señora de edad mayor, de apellido Doubtfire, para convertirse en la niñera de sus propios hijos.

Y en la vida diaria, más allá de los pormenores y matices que rodean la separación de un matrimonio, es muy común que los hijos menores continúen bajo la custodia de la madre, a la que, salvo pruebas en contrario, la ley y la cultura popular  la consideran automáticamente mejor progenitora que el varón.

“Un padre sabe, incluso antes de separarse que habrá mil momentos de la vida de sus hijos que ya no ha de presenciar ni compartir, y luego con el tiempo va notando sus bruscos cambios físicos, en la voz, cada semana o quincena, o cuando puede reencontrarse con ellos. Sus éxitos y sus anginas serán una anécdota contada, y uno siente que de a poco se convierte en una visita, en una especie de  tío querido que de no estar presente a cada instante, teme quizás que hasta dejen de extrañarlo” comenta SANTIAGO, 53 años, docente porteño, separado desde hace diez, con dos hijos.

Las notas de actualidad sobre estos temas generalmente se dedican a describir la delicada situación en la que se encuentran los chicos, que deben adaptarse a una nueva realidad, o se enfocan en los derechos civiles de la mujer que pueden verse vulnerados si su pareja no le aporta los alimentos obligatorios por ley.

Pero en esta historia hay un tercero excluido, y su sufrimiento ninguna cámara lo enfoca.

SI QUERÉS LLORAR, LLORÁ

“No hay dudas que el vínculo se aleja, aunque sea muy bueno ese encuentro semanal, el vínculo se establece con la cotidianeidad” asegura ANDRÉS SÁNCHEZ BODAS, psicólogo clínico desde hace 33 años, docente universitario y creador de la carrera de Counseling (Consultor Psicológico) en el país. Y agrega:

“En nuestra sociedad la gente cree que la que más sufre es la mujer, o los hijos, y se olvida de que el hombre pierde el hogar, la continuidad, el estar presente mal o bien en la cotidianeidad, y en mi experiencia de terapeuta, los hombres lloran, están angustiados por tener que ver a sus hijos una vez por semana, en una especie de visita guiada de la que luego, si no tiene un lugar propio dónde alojarlos, debe devolverlos al domicilio de la madre.  Es más, hay hombres  que demoran la separación, o directamente no se separan, aunque convivan  en condiciones deplorables de pareja, con 7 u 8 años sin vínculo sexual con su esposa, para sostener una relación en función de no perder la convivencia con los hijos”.

Por su parte, MARIA RUTH MURAIS, psicóloga gestáltica sistémica, con 20 años de experiencia hospitalaria, parece coincidir con su colega al contar:

“Yo los veo sufrir en el consultorio, han dejado sus muebles, su casa, sus olores, sus plantas, y se tuvieron que ir porque es así su historia, y todo eso produce duelo. Pero en la vida, ¿qué es duradero?”

CUANDO EL PADRE NI SIQUIERA SE SIENTE TÍO

Cuenta Eduardo, de Villa Crespo, 3 hijos, empleado bancario: “Teníamos algunos problemas de pareja, a mi entender no muy graves. Una noche, mi esposa me dijo que me tenía que ir, me echó de casa, dijo que hablara con su abogado. Para evitar males mayores pasé la noche en casa de mis padres, al otro día volví a casa. Al intentar ingresar me di cuenta que había cambiado la cerradura, no me atendía, cuando  respondió me insultó, negándose a que pueda estar con mis hijos”.

Eduardo representa otra realidad, la de los miles de papás que ni siquiera los pueden ver regularmente. JOSE MARIA BOUZA, fundador en 1988 de APADESHI. (Asociación de Padres Alejados de sus hijos, ver recuadro dos) asegura que El separado sin posibilidad de contacto de los hijos es un caso más grave, porque hay una obstrucción en el vínculo producida por su pareja, y el padre queda marginado de la sociedad, busca trabajos informales, deja de lado todo para concentrarse en una acción judicial en la que finalmente queda atrapado, pues piensa que se va a resolver rápido y en nuestro país no es así, es como un espejismo de montaña, donde el alpinista cree ver la cima ahí nomás, cerca, y tarde descubre todo lo que le cuesta llegar, y tal vez nunca llegue.”

PARA LOS JUECES PAPÁ NO ES UN ÍDOLO

JOSE MARIA BOUZA, que confiesa haber atendido él solo ya alrededor de 15.000 padres en APADESHI., piensa que: “un juzgado donde se plantea una cuestión de tenencia debería evaluar quién es el más apto, no por su sexo, sino por sus condiciones psicológicas, desarrollo laboral y tiempo disponible, y sobre todo por su actitud con su pareja en cuanto a esta problemática. Pero prefieren culturalmente beneficiar a la madre, aún pasando por alto que algunas mamás hayan tenido intentos de suicidio, internaciones psiquiátricas, o incluso, que ni siquiera desee verdaderamente hacerse cargo de los chicos”.

Por su parte, LUIS MARIA ASSANEO, fundador de APRADIM (grupo de profesionales que dicta conferencias sobre temas como Enigmas de la Virilidad, Parejas en Crisis, etc.), psicólogo y docente del CENTRO DOS de atención psicológica, y miembro adherente de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, coincide con Bouza en que “las leyes que dan automáticamente la tenencia de los hijos a las madres son obsoletas; la posibilidad  maternante del padre ha evolucionado, y además antes era la mujer la que se quedaba en casa y ahora son los dos los que trabajan afuera del hogar”.

La Lic. MARIA RUTH MURAIS amplía el concepto:  “con la madre se arma un lazo en los primeros cuatro años de vida que es preciso no cortar, pero luego ambos tienen capacidad para ejercer el rol de mamá-papá o papá-mamá, y los chicos podrían elegir con quien estar”.

¿HAY ESPERANZAS, PADRE?

SÁNCHEZ BODAS sostiene que “las nuevas corrientes psicológicas, estas visiones humanísticas, en general miran más para adelante que para atrás, el aquí ahora, el presente, el porqué no importa tanto, me pasó lo que me pasó y ahora veamos lo que hacemos con esto. Estas corrientes aportan la posibilidad de pensar en lo concreto, se cita a la familia, a la ex, a los chicos, se hacen reuniones familiares, no se toma la cosa de manera individualista”.

MARIA MURAIS, desde una perspectiva sistémica aconseja: “la tendencia a lograr debe ser que la familia, producida una ruptura, recobre la homeostasis, la búsqueda de un nuevo equilibrio, todo tiende a que después de un momento de crisis todo se ordene, y al papá que se tuvo que ir, le espera un gran trabajo interno para superar este corte o quiebre,  puede ser el momento de un re-aprendizaje, pues hay papás que descubren su paternidad justamente cuando se van”.

JOSE MARIA BOUZA  sugiere que “los papás que nos quedamos sin nuestros hijos tenemos que cambiar y que preparar el nido, siendo cada vez mejores, para cuando ellos peguen el saltito y vengan con nosotros”.

¿EL PADRE SEPARADO ES MENOS PADRE?

LUIS MARIA ASSANEO discrepa con otras posiciones y asegura que “es un mito que se ha armado alrededor de esto, de que los padres son más padres cuando están casados y conviven con sus hijos”. Y hasta pone en duda la palabra duelo:

“El duelo es duelo cuando tenemos un objeto perdido, pero con el divorcio los hijos no se pierden, el vínculo sigue estando aunque no en las mismas condiciones, pero en muchos casos ese vínculo mejora. En realidad la sensación de soledad casi radical en la que ha quedado sumido un padre es porque se le revela su propia castración, la reafirmación de que todo no se puede, aunque la ciencia nos diga que sí. Por otra parte, y con relación al vínculo nuevo que se establece entre padre separado e hijo, una cosa es la cantidad y otra es la calidad; un padre conviviente puede estar absolutamente presente, y hasta ser asfixiante, y el vínculo puede ser rudimentario, débil, y un padre puede ser que por trabajo o porque se separó de la madre no esté  siempre presente en forma física, sin embargo está presente en toda la actividad de la familia. Pero en esto no sólo tiene que ver cómo el padre ejerza esa función, también es muy importante la actitud de la madre, ya que desde el psicoanálisis, el padre es un decir de la madre, es una internalización psíquica a partir de que la madre lo nombra y le dice a los hijos, ése es papá”.

En síntesis, muchos padres se quejan con dolor y melancolía de cómo se trastoca la relación con sus hijos luego de la separación de pareja, y a la vez acusan a quien se queda con la custodia de ellos, de hacer y deshacer a su antojo sin considerarlos. Nos queda sólo la esperanza de que cada ex pareja de mamá y papá separados se alíen en busca de un bien mayor, por los niños y por ellos mismos, sin necesidad de  jueces ni abogados, recordando que alguna vez se amaron y que esos niños son el fruto de ese amor,  para que las funciones materna y paterna se sigan cumpliendo sin obstrucciones, pese a todo, y que Mrs. Doubtfire se convierta en apenas una película que vive sólo en la memoria insistente de los cinéfilos.

Recuadro uno:

VOCES DE PAPÁS

EDGARDO (37), administrativo, marplatense: Mi separación fue muy dolorosa, porque sabía que el vínculo con mis hijos ya no iba a ser igual y se frustraba la posibilidad de tener una familia. Es difícil aceptar que mis hijos no puedan tener a su papá para acompañarlos y ayudarlos a crecer en todo momento.

MARIO (48), ingeniero, de Olivos: El contacto con mi hija siempre se dificulta porque la mamá le genera actividades extras en mis horarios de visita, o usa la estrategia de ponerse tan violenta y tan mal, que la nena prefiere quedarse con mamá “para que se calme” o “no se angustie”.

EMILIANO (27), agente de Viajes, de Lanús: Cuando mi hijo tenía 4 años y después de una relación muy difícil con la madre, la misma en el año 2002 me denunció falsamente por abuso sexual hacia mi hijo, para que no pudiera verlo. Allí comencé un largo peregrinar por distintas instancias judiciales hasta el día de hoy. La terapia psicológica individual me ayudo a sostenerme en todo este tiempo. A mi hijo continúo sin poder verlo desde hace tres años, y sin tener noticias de él desde hace más de un año.

Recuadro dos:

QUÉ ES APADESHI (ASOCIACIÓN DE PADRES DISTANCIADOS DE SUS HIJOS)

Esta institución sin fines de lucro fue creada en 1988 por JOSE MARIA BOUZA junto a otros papás que veían obstruido su vínculo con sus hijos o tenían una imposibilidad de contacto con ellos.

En su sede, los padres tienen días de reunión, de capacitación, obtienen contención psicológica e información jurídica. Hace casi 20 años, BOUZA imposibilitado de ver a su hija escribió una carta a los medios instando a otros padres en la misma situación a juntarse para ver como enfrentar la problemática, y fue entrevistado por Fernando Bravo en un programa de televisión que tuvo una repercusión impensada.

El grupo que con el tiempo se formó,  logró la sanción de la Ley 24270, por la que queda configurado como delito el accionar del padre o tercero que impidiere u obstruyere el contacto de menores de edad con sus padres no convivientes.

Bouza cuenta que en ese momento consideraba terminada su misión pero “luego aparecieron otras estrategias de mamás que tenían la tenencia de los hijos, por ejemplo el hacer denuncias falsas contra el padre de abuso deshonesto, o de violencia familiar, imposibles de probar, (que generan en el padre privado del vínculo el síndrome de alienación parental) y que la justicia desestima luego de años de un proceso, mientras el padre no puede ver a los hijos. Y hoy hasta vienen a consultarnos futuros papás de hijos que todavía no nacieron, porque se separaron de su mujer embarazada la cuál desde ya les dice que cuando nazca el bebé no se lo va a dejar ver”.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social.  Colabora para el cafecito desde Argentina. Visita su sitio:  http://www.luisbuero.com.ar


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La mujer, un blanco de interrogación, por Enrique Puente Gallangos

Al iniciar este recorrido no planteamos como primer interrogante definir el título de nuestro tema y dimos el título “de  la madre”, pero en realidad lo que diremos sobre este tema también le concierne a “la mujer”. Es decir, pretendiendo elaborar algún saber sobre la feminidad, nos topamos con la maternidad. En fin, intentaremos algún decir acerca de la maternidad y de la mujer, un decir que de antemano será no-todo. Pretendiendo re-conocer los avatares de la paternidad en la cultura occidental, intentando dar consistencia teórica a lo que se conoce como “declinación de la función paterna”, presente en la interacción social del siglo pasado y del presente; el turno ahora, toca al establecimiento de las transformaciones que podrían corresponderle a la feminidad en paralelo a la mentada declinación paterna; pensando en el lugar que ocupa la mujer en los diferentes discursos como el jurídico, científico, feminista, etc., a la vez constatar en éstos los efectos de ella.

El siglo XX puede considerarse con justicia el siglo de la mujer, pues no ha sido sino en él, y en especial en la segunda mitad, donde, la mujer, en compás con sus transformaciones en el contexto cultural y político, se ha tomado a sí misma como blanco de interrogación . De ello dan fe los estudios llamados “feministas” o “de la mujer”, las “teorías de género”, etc.; y en un sentido más general, lo que se conoce como “feminismo”.

El feminismo lejos está en su desarrollo de ser un movimiento equilibrado, y cuando leemos sus producciones escritas y sus debates, podemos ver que exceden la manera de denuncia contra el patriarcado social y la cultura de occidente, dicho movimiento representado en un imaginario social. Más allá de las diferencias que pueden suscitar sus escritos, reconozco la severidad intelectual con que están construidos, lo que les confiere pleno derecho al debate. Sumariamente, diremos que la historia del feminismo en tanto tal, se remonta de la segunda mitad del siglo antepasado hasta las primeras dos tres décadas del siglo pasado. Sus premisas se sostienen en una mejora de condiciones sociales de la mujer y fundamentalmente, el sufragio femenino. Posteriormente Simone de Beauvoir, en sus premisas, busca dar cuenta del interrogante fundamental: ¿quién es la mujer y dónde se encuentra?  El fin era develar al máximo que las relaciones más íntimas estaban estructuradas por relaciones de poder, en las cuales la categoría de “hombre” se proponía como dominante.

Continuando con esta sumaria historia del feminismo, en los años sesenta, cuando las mujeres negras, latinas y judías, etc., se sintieron excluidas del movimiento anterior que pretendía dar una visión general al universo de la mujer — “ser madre”, por ejemplo, no resultaba lo mismo según lo fuese pobre, lesbiana o negra —, se plantea la necesidad de un nuevo concepto de conciencia feminista que esté “históricamente determinado, pero que al mismo tiempo se sostenga subjetiva y políticamente”. La propia categoría de “mujer” se complejiza  en forma absoluta, al punto de desplazarse al concepto de “género”, el cual designa el paradigma actual de los discursos feministas. La noción de “género” como categoría analítica cuestiona y desliza el examen desde una noción de mujer universal, histórica, esencialista y biologista, hacia un análisis relacional que se contextúe histórica y culturalmente. Las mujeres que sostenían esta hipótesis iban tan lejos como se pudo. Las mujeres intelectuales podrían trasformar los discursos disciplinarios (científicos, filosóficos, sociales, etc.) construidos desde el inicio de la humanidad por hombres, implicando, según sus pretensiones una nueva historia. La historiadora estaunidense Joan Scott dice: “El género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basado en las diferencias  que se perciben entre los sexos; y es una manera primaria de significar las relaciones de poder”; esto es que el género se presenta como las formas de atribución a los individuos, de aquellas propiedades y funciones que aparecen, en el contexto del cambiante imaginario social, dependientes de la diferencia sexual; simplificando al extremo, el género es el saber sobre la diferencia sexual.

En cuanto a la maternidad, las teorías del patriarcado, han definido la maternidad como una “trampa amarga” para las mujeres que participa de una mistificación ideológica del proceso de producción, se trata de la apropiación masculina del trabajo reproductivo de la mujer por el hombre. Algunas autoras feministas-marxistas como Nancy Hartsock han visto en eso que les es “más propio” a las mujeres la especificidad de lo femenino ligado a las mujeres, lo que las ha llevado a quedar entrampadas en lo mismo que denuncian: la no-naturalidad de la función reproductiva de la mujer.

El feminismo de diferencia destaca la diferenciación biológica, social, psicológica, etc., entre hombres y mujeres, que en un aspecto negativo subsume a la mujer en la dominación masculina y, por el lado positivo, le otorga superioridad por el hecho exclusivo de su superioridad para la reproducción y crianza, reclamando, desde este plano político, prerrogativas específicas para la mujer.

En resumidas cuentas, dicho debate apunta a discernir si el punto de vista del género es adecuado o no para explicar las situaciones desventajosas de la mujer, y si, más radicalmente, el género no reproduce, a través de su concepción binaria (masculino / femenino) los imperativos a los cuales a los cuales ha estado sujeta la condición de mujer; es decir, existe una estrecha vinculación entre género y heterosexualidad y, por tanto, parecería que pretendiesen construir  un concepto que vaya más allá de la polaridad hombre / mujer. Ese concepto es “lesbiana”. Teresa de Laurentis, en su artículo publicado en el número 16 de Feminist Studies en 1990, bajo el título “Exentric subjets: feminist theory and historical conciousness”, dice sobre este concepto “lesbiana”:

“El lesbianismo es el único concepto que conozco que va más allá de las categorías de sexo (mujer u hombre), porque el sujeto designado (lesbiana) no es una mujer, ni económica, ni política, ni ideológicamente hablando, el fin del feminismo sería entonces la desaparición de las mujeres. El lesbianismo no es una simple preferencia sexual personal o un sujeto social, sino un sujeto excéntrico, construido en un proceso de lucha y de interpretación, de reestructura del propio yo, en relación a la nueva comprensión de la comunidad, de la historia y de la cultura”. Y concluye: “Negarse a ser mujer no hace que uno se transforme en hombre, finalmente la lesbiana tiene que ser algo más, ni mujer, ni hombre”.

Sean cuales fuesen las variantes explicativas que respecto a la posición de la mujer en la historia ensayen las diferentes corrientes del feminismo, si en algún punto convergen, es en la crítica a la noción de “naturalidad” con que los diferentes discursos han abordado la cuestión de la feminidad; por lo cual considero que lo que implica esa naturalidad, asociándola a los discursos científicos, jurídicos y feministas, es un “deber ser” de carácter indiscutible. Parece ser que en lo que le ocurre a la mujer están menos concernidos el padre y el hombre; paradójicamente, contestaríamos que el discurso del feminismo va un paso atrás  de las formas mismas de presentación actual de la feminidad, puesto que el feminismo sostiene al padre.

Concluiremos que intentar elaborar una categoría universal que suprima a la de “mujer” — como la de “lesbiana” — como lo dice De Laurentis, es intentar sustancializar lo imposible. Lo femenino es básicamente lo que no tiene patrón de medida, lo que escapa siempre a la idealidad con que se la recubra, sea la maternidad o cualquier “ismo” que la sustituya con matices de fundamento, porque el fundamentalismo es cosa de hombres, hay qué decirlo: los hombres somos “aristotélico-todistas”, nos place, como al estagirita, sustancializar y universalizar, todificar… seguramente para no confrontarnos con ese vacío que se irradia desde el enigma de la feminidad.

Enrique Puente Gallangos es Maestro en Derecho Constitucional y estudia la Maestría en Psicoanálisis, es además catedrático de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y de la Universidad Regional del Sureste.