El Cafecito


Deja un comentario

Un acontecimiento: ¡Serás Papá, amor! Ocuparás el lugar de la Ley, por Enrique Puente Gallangos

padre

La metáfora paterna introduce la Ley, el orden, los límites, las sanciones. La Ley, la función del Padre es: ser un significante que sustituye a otro significante; separar al hijo de la Madre.

Siempre es complicado recibir noticias, noticias que sean del orden del acontecimiento, ese acontecimiento que todo lo cambia, un epicentro crucial. ¡Serás Papá, amor! es un acontecimiento que todo lo cambia, es una noticia, noticia que comunica y mueve al sujeto comunicado.

Recibir esta noticia siempre es un movimiento telúrico en máxima escala para un hombre, tenga la edad que tenga. Para un hombre de 47 años, con una hija de 17 años producto de otro acontecimiento y otra historia no deja de ser un acontecimiento de máxima escala. El saber que ¡será una nena! es otro acontecimiento, no menos telúrico. Ocupar el lugar del Padre mueve, desestabiliza, angustia; pero para eso está el bendito deseo, para metaforizar toda angustia.

¿Pero qué es lo que angustia? La noticia deja de ser angustia porque es lo que se repite y hace signo, es lo ya vivido y por ello Simbolizado. ¿Qué es lo que angustia? Lo que angustia es pasar de ser receptor de la noticia a emisor de ella. Ahora hay que comunicar la noticia al otro: ¡Mamá, seré Papá por segunda vez! ¡Hija, seré Papá! ¿Saben? ¡Será una nena! Ahora este acontecimiento angustia, angustia al otro. Una madre que ve caído su reino por cuarta vez y una hija que a partir de hoy sentirá la amenaza del otro, pero que hace corte. Pero la angustia regresa, el acontecimiento regresa y hay que hacer el movimiento. Ocupar el lugar de la Ley, la función de Padre, separar. No sólo implica separar a esta nena de su Madre, sino seguir haciéndola con la otra; separa a la Madre hasta de su familia, porque ahora somos una, una nueva familia, extensión de la otra y de las otras familias. Porque aquí está el lugar del Padre, el lugar de la Ley. Un Padre amado y odiado, un Padre metaforizado y sublimado por el amor de una mujer y por su odio. Pero un Padre seguramente odiado y amado por sus hijas. Un Padre que al ser la Ley, introducirá el orden, los límites y las sanciones. Pero sobre todo una Ley. ¡No es para mí, sino para otro!

Ocupar el lugar de Padre para una niña como de un niño implica separar, implica limitar, sancionar y ser odiado. Separa a la madre, a la del Padre; separa a la madre, la de la hija y separar a la madre, la de la nena, ¡vaya tarea! Pero la función Paterna no se reduce a separar, a cortar, a dividir; sino ser Padre implica legislar insignias de identificación que tendrán un papel principal durante las diferentes etapas de las hijas.

Hace 17 años recibí una gran noticia: ¡Serás Papá, amor!, hoy esa noticia se repite 17 años después: ¡Serás Papá, amor! Y ¡será una nena! La función de Padre es posibilitar la condición de falta en la existencia de un sujeto, abriendo un vacío que no puede ser colmado, pero que posibilitara el deseo y la demanda metonímica e inagotable.

La función de Padre, es la de Padre Simbólico como soporte de la Ley, que posibilitara el ingreso de sujeto a la cultura y se instalara el registro de lo simbólico en las niñas. Las niñas que me permitieron ocupar el lugar Padre, el de ellas. Con mucho cariño para ti “María Paula” y para ti “Amada” ¡mis hijas!

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


Deja un comentario

¡Ayotzinapa! Un síntoma del fracaso de la distribución del goce mexicano, por Enrique Puente Gallangos

10901687_10152778344019585_1745392921_o

Desde el discurso del psicoanálisis entendemos que la instauración de la Ley en el sujeto y en lo social, tiene que ver con la castración. Una castración que se instaura a través del otro y del lenguaje.

Respecto de lo social, esta Ley parte la escena de que lo real es imposible de nombrar, pero que está ahí, y se instaura en un escenario binario. Por un lado se instaura el campo de lo simbólico, por otro que es el mismo, se instaura el campo de lo imaginario, como consecuencia de la instauración del simbólico. El campo de lo simbólico es el campo de lo normativo, institucional, del Derecho. Jaques Lacan en el Seminario XX dice que “la esencia del derecho; distribuir el goce”. Se formula en ese momento una consigna universal ¡sólo podemos gozar dentro del Derecho!, castración que implica la construcción de una ficción estructurante, que nos aparta de la posibilidad de una relación armónica en lo social, que nos excluye de cualquier intento de compatibilidad entre del Derecho y del sujeto en sociedad. ¡Sólo podemos gozar dentro del Derecho! Tiene como pretensión ordenar, clasificar, medir, nombrar; limitar la conducta del Sujeto y las conductas sociales.

Generando la ilusión, el Imaginario del bien común, libertad, justicia, igualdad; es para todos, porque todos somos iguales. ¡Ayotzinapa! Como un síntoma del fracaso de la distribución del Goce Mexicano; dice algo: ¡Solo podemos gozar dentro del Derecho! Está dejando de ser una consigna universal, se ha forcluido un significante, solo podemos. Ahora la consigna es ¡gozar dentro del derecho!, lo que nos lleva plantearnos ¿Quiénes ya no podemos gozar? ¿Quiénes son los que ahora gozan?

La caída del muro de la Ley, de la norma, de la autoridad nos confunde. La caída del muro, es la caída del límite que distribuía el goce; está desapareciendo. Las clasificaciones, las medidas, los significados, la libertad, la justicia, la igualdad esta puesta a prueba; a juicio, al juicio de lo social. ¡Ayotzinapa! Es un síntoma, es un síntoma del fracaso de la distribución del Goce Mexicano; los límites entre gobernantes y gobernados no están más, los límites entre el cielo y el infierno, entre ángeles y demonios no están más: Hoy en México el presidente “light”, la tremenda corte y los 628 cínicos que integran el congreso de la Unión actúan sin límites. ¡Ayotzinapa! Es un síntoma de lo que está por venir a nivel Federal, Estatal, Municipal y Global. Desde lo global, los derechos humanos a la deriva; desde lo municipal, los grupos étnicos a la deriva; desde los Estatal los estudiantes a deriva; y desde lo Federal todos a la deriva: los ángeles, los demonios, los presuntos, los inocentes, los ciudadanos, los migrantes, los sicarios, los maestros, los que nos resistimos, los reprimidos, todos. Todos estamos expuestos al vacío, al riesgo.

Un Estado garantista de los derechos humanos, se perfila construir en México, iniciando no fortuitamente en la procuración y administración de justicia. Los nombrados “juicios orales”; apareciendo como un instrumento tecnológico y novedoso, en respuesta a una “sociedad del riesgo” Ulrich Beck. Pero desgraciadamente los “juicios orales” no aparecen como un fortalecimiento de la ficción jurídica no toda, sino como verdad toda y única, la del Código Penal. Una verdad plena y sin límites, ahora el nuevo Código Penal Federal promulgado por el presidente “light”. El sistema penal garantista no es más que un síntoma de lo que se repite, no es más que la repetición del “derecho penal del enemigo”, ese derecho penal del enemigo que no es más que la repetición de la “sagrada congregación del santo oficio”. Terrorista es todo aquel sujeto, que no esté de acuerdo con el presidente “light”, que es estudiante, que lea y que asumiendo una actitud neurótica se resista y avance organizadamente por las calles, gritando demandas, demandas de una barrera que limite el goce, democracia, legitimidad. Los síntomas seguirán apareciendo y desapareciendo; 43 estudiantes desaparecidos, 11 terroristas aparecen consignados por gritar como neuróticos el pasado 20 de Noviembre en el Distrito Federal, se suman a larga lista de desaparecidos. ¡Ayotzinapa!, ¡Los 11 del 20 de Noviembre! *

*Indica lo que está por ser nombrado, y que es parte de los síntomas del fracaso de la distribución del goce mexicano.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


Deja un comentario

Comentarios sobre los alcances y nuevos retos institucionales a propósito de la Ley de Cultura del Estado de Aguascalientes, por Rafael Mendoza Toro

SAMSUNG CAMERA PICTURES

La Ley de Cultura del Estado de Aguascalientes representa a la vez, importantes hitos y alcances para su promoción y desarrollo como política de Estado, al mismo tiempo que implica retos institucionales al aparato estatal y municipal, especialmente al Instituto Cultural de Aguascalientes. Reconoce explícita mente el derecho de toda persona a participar libremente en la vida cultural y artística de la comunidad, a disfrutar de los bienes y servicios culturales y a participar en su desarrollo y defensa; al mismo tiempo indica que el Estado tiene la misión de fortalecer los procesos de creación, expresión, difusión y de apropiación social de la cultura. En este tenor, corresponde al ICA no solamente el principal desarrollo de actividades encaminadas a su promoción, desarrollo y difusión, sino específicamente su rectaría en lo que hace a políticas culturales hacia el resto de las instancias estatales, los gobiernos municipales, la sociedad civil organizada, las empresas culturales y particularmente la ciudadanía, consumidora y beneficiaria de los bienes y servicios culturales.

La ley proporciona un marco normativo para actividades que actualmente ya se están realizando en el Instituto, como son la enseñanza artística en todos los niveles, de primaria al postgrado, o la actividad editorial siendo el ICA uno de los editores más activos del estado de libros y revistas de carácter cultural. No hay empero correlato institucional para algunos de los mandatos de la Ley: al crear por ejemplo el Sistema Estatal de Cultura (art. 19), otorga al Instituto su rectoría y coordinación con las demás instancias (art. 28 y siguientes), lo que implica la creación de un mecanismo de coordinación interinstitucional, la constitución de políticas públicas “transversales”, incluyendo en estas estrategias, programas y recomendaciones que debieran ser atendidas necesariamente por la Administración estatal, mecanismos de coordinación con las instancias federales y las municipales y de concertación y consenso con las demás instancias de la sociedad Civil. Lo anterior traería aparejado un esfuerzo programático en al menos tres niveles: en la formulación de la propuesta y constitución de un apartado dedicado a al Cultura en el Plan Estatal de Desarrollo (Artículo 12), en la formulación de un Programa Estatal de Cultura de amplios alcance y coherente con el primero, y en la constitución de un Programa de Desarrollo Institucional, de aplicación obligatoria al ámbito del Instituto Cultural. Se debe mencionar que  a la fecha en ningún gobierno se ha formulado un programa estatal de cultura ni siquiera un programa de desarrollo institucional, que proporcione un marco coherente a sus actividades.

La coordinación del Sistema Cultural entre el ICA (instancia rectora en la materia) y las demás instituciones y niveles de gobierno y la generación de los instrumentos programáticos respectivos requiere la creación de una instancia de enlace interinstitucional.

La Ley también modifica la personalidad y obligaciones jurídicas del Instituto, al confirmarlo como un organismo descentralizado con personalidad jurídica y patrimonio propio, ampliando además sus capacidades para elaborar contratos, convenios y otros instrumentos jurídicos, a mas de otorgar nuevas facultades en la formulación de convenios internacionales, que pueden implicar importaciones directas, financiamiento, colaboración, etc.

El cumplimiento de esta nuevas tareas de materia jurídica implica la necesidad de fortalecer y ampliar la estructura legal del Instituto.

La nueva Ley, en su art. 10 menciona la prioridad del apoyo institucional a la producción y creación artística, ya sea a artistas y creadores individuales, organizados o a empresas culturales. En esa vertiente de concertación, existen en la actualidad mecanismos de soporte y apoyo financiero a propuestas artísticas operando dentro de los diversos fondos federales, estatales y municipales, contando todos estos con reglas especificas en lo que hace al tiempo, modalidades, montos de financiamiento, etc. Es necesario, con todo, establecer mecanismos más flexibles, para atender proyectos fuera de este formato, que pudiendo exceder los montos tradicionales de financiamiento de los fondos, sean de tal relevancia que lo ameriten, esto asegurando la transparencia del proceso de evaluación y ejercicio de los financiamientos aprobados, así como esquemas de retorno. Pero en otra vertiente no existen ni instancias ni mecanismos para la colaboración, asesoría y eventual financiamiento para las empresas culturales, sector de la economía muy dinámico, en donde empresarios privados invierten y generan empleos, al mismo tiempo que producen bienes y servicios culturales; por ejemplo, de acuerdo al Censo Económico 1999 mas de 2000 establecimientos se podían ubicar dentro del subsector “Cultura” (de acuerdo a los términos definidos por Ernesto Piedras en su estudio) empleando a casi 5000 personas,  el 3% de todo el personal ocupado en la Entidad.

En este sentido, el Instituto debe implementar mecanismos e instancias de coordinación y concertación para el apoyo y trabajo con empresas culturales, al margen de sus fondos de financiamiento tradicionales, trabajando coordinadamente con la Secretarias federal y estatal de ramo.

Al definir al ICA como rector del Sistema Estatal de Cultura, ello le implica no solo llevar el seguimiento y registro de sus propias actividades sustantivas: eventos, público asistente, ingresos propios, etc. sino constituir un autentico Observatorio Cultural, que registre las más diversas actividades que en la materia realicen todos los actores sociales del Estado, tanto porque ello implica una cierta estimación del “clima cultural” local, como para establecer mecanismos adicionales de promoción y desarrollo en aspectos que aparezcan relevantes dentro de esa observación. Por ejemplo, en el 2005 se levanto una encuesta estatal de prácticas y consumos culturales, semejante a la encuesta nacional; dentro de sus resultados se puede destacar que en el curso del último año, el 52% de los encuestados había asistido a una biblioteca, el 42% a un casa de la cultura o recinto similar, pero en el caso de Museos de todo tipo solo un 25% lo había hecho en el año previo; en otras prácticas culturales el 22% había asistido al teatro, mientras que al cine prácticamente el 75% iba al menos una vez al año; en lo que hace a prácticas de lectura el 37% no había leído un solo libro el año previo y el 32% lo había hecho entre uno y dos libros, entre otros datos. Todo la información anterior, aunada al informe interno de actividades institucionales le permitirían una formulación especifica de programas, así como mecanismos de ajuste y corrección. En otra instancia, permitirían también la consolidación de una Subcuenta Económica Cultural, necesaria para las cuentas económicas estatales.

Constituir una instancias rectora del Observatorio Cultural, donde se elaboren las políticas e instrumentos de captación de información, así como se lleven, concentren y procesen los datos respectivos, permitirían al Instituto cumplir en mejor medida sus nuevos retos.

 Rafael Mendoza Toro. Alguna vez médico, burócrata de medio pelo y redentor del proletariado, olvidó esos afanes y le gustaba decir que se dedicaba a la vida contemplativa en el face. Su prematura muerte en este mes de diciembre de 2013, dejó inconcluso este texto y muchos otros proyectos.


Deja un comentario

¿Qué quiere de mí el Otro?, por Enrique Puente Gallangos

¿Qué quiere el Otro de mí? El Otro con mayúscula es un significante que designa la introducción del lenguaje, la cultura y la ley en lo social y en un Sujeto. Ley que permite el acceso a la vida humana y ley que constituye el mayor estorbo para lo social y el Sujeto. Como resultado de este planteamiento, cabe repetir una lección quizás no conocida: el sujeto no se produce por un proceso natural de evolución, sino que debe ser arrancado a los significantes del deseo de la madre por la interposición del nombre del padre en una función metafórica. Este acto representa de manera originaria una herida honda gracias a la cual se constituye el sujeto de la ley, secuela de una lucha en la que el sujeto es, por adelantado, el botín. Esta sujeción del sujeto, de la sociedad a la ley es un cato no sin consecuencias. Esta identificación con el Otro con mayúscula, significante de poder, el amo, el uno que regula, desde dentro al sujeto y la relación de éste desde fuera con la ley, con la patria, con la tradición, la familia, dios, el Estado y todas las relaciones políticas relacionadas. En esta identificación del sujeto, el Otro le promete la paz a cambio de constituir al nuevo amo, al Estado y sus emblemas, como límite y como sentido a futuro del sujeto. Si no se cumple con este requisito promesa-constituir, aparecerá la guerra interior y exterior.

Ocuparemos como metáfora lo descrito desde el Psicoanálisis para sostener el siguiente argumento: ¿Qué quiere de mí el Otro? Sería la pregunta que se harían los militares que luchan en la “guerra” que Felipe Calderón ordenó hacer contra el  crimen organizado: obediencia, sumisión, sacrificio, entrega, renuncia a su deseo, identidad con el Estado y las instituciones. El militar entonces podría decir ante la respuesta a su pregunta, “el Otro me quiere… me quiere soldado, soldado al suelo, soldado a la patria, soldado de la patria”. La guerra se entiende como una defensa de los valores; valores que las instituciones, en este caso el Congreso de la Unión y el presidente en conjunto tendrían que valorar y hacer una declaración de guerra, guerra que según entendemos es para defendernos del Otro, otro amo, otro Estado, otro extranjero, otro de fuera, no Otro de adentro. Guerra donde los soldados combaten contra otros soldados, combatientes sujetos a emblemas, significantes que toman valor de absolutos y que siendo el caso tienen presente la pérdida de la propia vida de los combatientes. Significante vida representada por una Constitución, por un ideal colectivo, el territorio, la sociedad.

Pero acaso en esta “guerra”, ¿está en riesgo la Constitución, los ideales de la patria o el territorio mexicano y la sociedad? ¿Ese Otro contra el que se combate es un soberano con derechos de vida y muerte? ¿Ese Otro es una institución? No pienso que los militares estén pensando recibir alguna condecoración simbólica como el corazón púrpura, la estrella de plata, la medalla de honor, felicitación y logros por matar sujetos, niños, niñas, civiles todos. Por supuesto que no, los militares mexicanos saben bien que lo que están haciendo sale de su jurisdicción, sale de sus principios, sale de sus valores, sale de todo lugar lógico y coherente, se sale del campo jurídico, sale de sus manos.

Un país en guerra es un país que se encuentra en un Estado de excepción, donde los derechos mínimos se encuentran limitados, en cuarentena. Pero un Estado que manda una selección de futbol a participar en el mundial a Sudáfrica, un Estado con un grupo económicamente estable o no que asiste significativamente al mismo evento futbolístico, un Estado que lleva a cabo elecciones bajo focos púrpuras, no es un Estado que está en “guerra”. La impresión del Estado mexicano al interior y al exterior es tan real que no se puede simbolizar, una percepción  que casi es un concepto el Estado está en declive, declive que es responsabilidad de los gobiernos, gobiernos que sólo han engañado a la sociedad con sus promesas de paz y que hoy esas promesas se convierten en una guerra.

Ante esta decepción social y colectiva, la figura de autoridad va línea decadente con el Estado, pero hay una pequeña y significante diferencia, la precipitación de la autoridad lleva una velocidad ascendiente día a día y el Estado lleva una precipitación constante, esto nos lleva a deducir que la caída anticipada de la autoridad no llevará como consecuencia la caída del Estado. El Estado, una vez caída la autoridad, tendrá una última oportunidad antes de la inminente caída. Esta oportunidad está directamente relacionada con el Otro, el amo, el uno, el que tendrá que hacer una nueva promesa de paz, el que pedirá una vez más a la sociedad que constituya una autoridad. Autoridad que haga un gobierno, gobierno le enderece al Estado y le dé su última chance. ¿Qué quiere de mí el Otro? Es una pregunta que no sólo se hacen los militares, sino que podríamos hacernos nosotros, todos los que estamos en la misma línea genealógica.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho; Maestro en Derecho Constitucional; Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes; Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autonoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


1 comentario

El retorno de lo olvidado por las mayorías legislativas: La ley se sostiene en su incumplimiento, por Enrique Puente Gallangos

El sujeto, después de años de conocerse a sí mismo, tal vez llegó al día de responsabilizarse de lo evidente, nada de lo creado por el hombre puede ser universal y completo; incluido el derecho. El principio de que la ley se presume conocida por todos los sujetos, se presenta como una sombra, sombra jurídica sustento de todas las modificaciones sofisticadas de las normas; esta sombra no hace más que crear una disminución y paralaje de la autoridad. Nadie cree, nadie cree en la ley, ley sujeta a los intereses globales; leyes que publican, que aplican, que derogan, interpelan o modifican a favor de las mayorías aparentes.

Qué decir de las normas constitucionales, supuestas bases fundantes del sistema jurídico, normas constitucionales mutadas o incumplidas, más de 189 reformas constitucionales que hacen una híbrida norma constitucional promulgada en México desde 1917. Mutaciones que extienden la sombra; ley que ha dejado de legitimarse y de legitimar al otro; no hay justicia, no hay democracia, no hay estado de derecho; ley que se sostiene en su incumplimiento, en el discurso popular en medios de comunicación, en parques, en supermercados y salones de belleza. Lo que retorna de lo olvidado de las mayorías legislativas es el linchamiento, la venganza, el castigo, la impunidad; una sociedad que hoy aparece reñida con la ley, ley que ya no legitima a la autoridad, autoridad que no hace gobierno, gobierno que no es reconocido por la sociedad.

Lo que retorna es lo olvidado, lo siniestro, lo que incomoda, lo reprimido, lo que está en deuda, lo prometido, la esperanza sembrada en lo social que hace síntoma en la violencia imparable, en la violencia que se mira, que se escucha, que se vive, que se muere en lo social. Síntomas legislativos que develan el desorden del orden, el desorden de la ley, el desorden de los que hacen las leyes federales y estatales, el desorden que devela su ineptitud. Ley que se sostiene en su incumplimiento, su torpeza, su impunidad, su falacia, su sombra, incumplimiento reclamado del interprete social, el padre, la madre, el estudiante, el profesionista, el desempleado, el hijo, el amigo, el vecino, interprete social olvidado y que retorna. Retorno racista, clasista, homofóbico, hominofóbico, ataxofóbico; el retorno de lo reprimido, de lo expuesto por  Freud, por Marx, por Nietzsche, el retorno de las minorías olvidadas, del inconsciente, el retorno de la iglesia, el retorno de eso que ya había sido olvidado pero que al parecer siempre estuvo ahí como una sombra de la ley.

El derecho podría hacer hablar a la ley un lenguaje claro, un lenguaje que comunique al otro, otro que legitime a la autoridad y una autoridad sostenida por la ley. Pero el derecho no puede hacer que estos sujetos los legisladores hagan nada si éstos no pueden nombrar por si mismos su drama, su historia, porque el intérprete social que la ley regula tiene también sus pulsiones y su inconsciente, inconsciente que desbocará el retorno de lo reprimido y atravesará la ley, el orden, el derecho, el deber ser; esta misma ley que ya los viene sujetando, atravesando consuetudinariamente.

No basta pues sancionar al sujeto que transgrede la ley, si no hacemos que las autoridades se hagan responsables ante el sujeto mismo; más allá de confesar su culpabilidad ante la autoridad, sus culpas no deben quedar olvidadas, sin ser oídas victimas y victimarios de una sociedad que reclaman por no ser olvidados, por ser asistidos ante el incumplimiento de la autoridad y el incumplimiento de la ley. A fin de cuentas el sujeto es la deuda olvidada del incumplimiento de la ley.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho; Maestro en Derecho Constitucional; Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes; Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autonoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.