El Cafecito


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Jodorowsky atrapado en dos siglos, por Armando Morales Bandera

“Para caminar un kilómetro hay que dar un paso”

Lao Tsé

15 años y Jodorowsky publicó sus primeros poemas en Chile, país donde aseguran los que saben, que él nació. Y digo así “los que saben” porque de acuerdo a sus palabras, él es simplemente un ciudadano del mundo.

A los 24 años Alejandro Jodorowsky viajó a Paris donde se unió a la compañía de teatro de Marcel Marceau — mimo de fama internacional — pero desde los 18, él mismo había fundado una compañía teatral dedicada a la pantomima. De hecho, en una de las giras de la compañía llegó a México (1960) y decidió radicarse aquí para dedicar y encausar todo su talento a la dirección escénica.

Debutó con “Acto sin palabras” y “Fin de partida” de Samuel Beckett, además de varios espectáculos de pantomima. Así, con sencillez y paciencia, inició un camino que durante toda la década de los sesenta y los primeros años de los setenta le llevaría a montar más de cien obras teatrales. Un par de años después de este inicio bastante discreto, fundó en Paris, justo con Fernando Arrabal y Roland Topor, el movimiento Pánico, centrado en tres elementos básicos: el terror, el humor y la simultaneidad (en México, creo yo, hemos venido viviendo desde hace varios sexenios, una obra pánica) y partiendo de esas premisas empezó a editar sus Fábulas Pánicas en el suplemento cultural del Heraldo de México, por invitación de Luis Spota — escritor y periodista mexicano —, a quien conoció por medio de Elda Peralta — quien también por ese tiempo le había dado trabajo en una de sus obras —.

Y fue, en ese momento que Alejandro, víctima de una persecución de “ésas” que solía hacer el gobierno priísta del DF, creó “cosas” que nunca acabó de entender/aceptar/considerar o que quizá simplemente no entraron en su definición de arte y optó por diversificar su creatividad. “… Si no podía ganarme la vida en el teatro o el cine lo haría a través del cómic… a pesar de que yo nunca había estudiado dibujo, la necesidad de trabajar me dio el valor de  lanzarme a la acción, olvidando el ojo critico de mis amigos pintores…”.

“… En los camerinos de La Vendimia, de media noche a cuatro de la madrugada, entre mesas cuajadas de maquillaje, calzones con lentejuelas, senos de caucho, abanico de plumas, encueradas sudorosas y ronco vocerío de borrachos lúbricos, dibujé mi primera fábula pánica; logré terminarla al cabo de una  semana…”

Más adelante, para poder ocuparse de la filmación de La Montaña Sagrada, durante casi tres meses, se vio obligado a parir hasta diez fábulas en un solo día. Es ésta el hambre del artista.

Jodorowsky, como verdadero artista que es, no podía quedarse haciendo una sola cosa, así que, simultáneamente con sus fábulas (1967)  adaptó para cine el texto de Fando y Lis, pieza de Fernando Arrabal. Dos años más tarde, en el ’69 emprendió el rodaje de El Topo, que bajo a la forma “Western” contuvo una compleja fábula pánica a través del Zen. Tal fue el éxito de esta obra, que el filme se exhibió durante doce meses consecutivos en Nueva York. Hoy por hoy es parte del cine de culto moderno.

En 1972 realizó La Montaña Sagrada; ocho años después dirigió en la India, Tusk, de producción francesa y en 1989 regresó a México para rodar su quinta película: Santa Sangre. En 1990 filmó su sexto y hasta el momento, último rollo: The Rainbow Thief, y aunque se dice que hay planes para rodar un Spaghetti-Western con Marilyn Manson, nada es un hecho.

Desde 1990 y viviendo en París, Alejandro Jodorowsky-Prullansky o “Jodo”, para los amigos… se consagró a la escritura de varias series de cómics de ciencia ficción, los cuales además se volvieron “de colección” y se tradujeron a más diez lenguas.

Actualmente, es reconocido mundialmente como especialista en el Tarot, y suma a su ya extraña y vertiginosa carrera y vida personal, la faceta de terapeuta, profesión que lleva a cabo a través de un método basado en tres técnicas de su propia autoría: la psicomagia, la psicogenealogía y el masaje iniciático.

Jodorowsky… ¿loco? Eso seguro, pero quizá un poco por su talento y las ganas de hacer algo distinto y “adelantado” para su tiempo, así como por su pasión y amor incondicional al arte, y seguramente porque es un creativo imparable… artistas de todo el mundo y de todas las corrientes conocen y admiran, si no a Jodorowsy como genio multifacético, sin duda sí por tantas obras.

De la vida de alguien como yo no se sabe con precisión cómo fue que empezó y cómo es que se fue extraviando, pero sí es posibletal vez para los demásimaginar cómo habrá de llegar al fin… ¿Quién acertará? ¿Quién descubrirá el enigma de este Alejandro que vive en mi interior y a veces ni yo reconozco?

Armando Morales Bandera es Ingeniero en Electromecánica y coleccionista de cómics.