El Cafecito


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La saga del Istmo de Tehuantepec (4/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

En busca de un paso

La llegada de Hernán Cortés a las playas de lo que hoy es el Golfo de México, donde fundó él mismo la Villa Rica de la Verdadera Cruz en 1519, así como la derrota de los aztecas en Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521, significaron el comienzo de un rumbo diferente para los pueblos establecidos en este territorio del planeta que comenzaban a descubrir los españoles.

Los europeos avanzaron conquistando a su vez territorios y tribus sin saber a ciencia cierta dónde se encontraban. La búsqueda de riquezas, principalmente oro, ocupaban su interés. Todo lo demás pasaba a segundo término, salvo cuando se establecían en las encomiendas que les permitían poseer tierras y esclavos para trabajarlas conforme a las leyes establecidas a partir del coloniaje de las primeras islas americanas. Sin embargo, el colonialismo en el continente tuvo que esperar a que la acción de los conquistadores culminara con el sometimiento y pacificación de los naturales, quienes fueron combatidos con la peor saña jamás practicada, según las narraciones de cronistas y frailes, como Bernal Díaz o el propio Bartolomé de las Casas, así como los propios testimonios de los indígenas sobrevivientes a los tormentos o persecuciones a los que fueron sometidos.

Dichos acontecimientos quedaron narrados en códices que se conservan en museos y colecciones particulares como el Mendocino, el Celia Nuttal, Borgia, el Códice de Tlaxcala, entre otros que se hayan dispersos por el mundo. Los genocidios practicados en estas tierras nunca han merecido disculpas ni recapitulación alguna en ningún sentido, hasta donde se sabe.

Cortés venció y cautivó a Moctezuma y con ello acabó con el mayor poderío organizado en la región. A la postre obtuvo, directamente de Carlos V, el Marquezado del Valle de Oaxaca. Para entonces ya se pensaba en explorar la mar del Sur, descubierta unos años antes por Núñez de Balboa.

El marqués del Valle de Oaxaca, y más tarde el sobrino Francisco Cortés de San Buenaventura, iniciaron la exploración de dicho mar, sin despegarse tanto de la costa, dando su navegación en el golfo que lleva el nombre de mar de  Cortés y cuyas tierras él mismo bautizó como Las Californias. Los barcos fueron armados en las bahías de Huatulco y la expedición culminó con un desastre al enfrentarse a los bravíos aborígenes de la península bajacaliforniana.

Cortés buscaba afanosamente las riquezas de Cíbola y Quibirra. Míticas ciudades cubiertas de metal precioso, según la descripción de otros expedicionarios náufragos que sobrevivieron y cruzaron desde las costas de la Florida, entre los que se recuerda a Albar Núñez Cabeza de Vaca y su ayudante Estebanico. El oro no fue encontrado y Hernán Cortés gastó sus últimos reales en la empresa. Posteriormente viajó a España donde murió.

La costa americana del Océano Pacífico permaneció a la espera de nuevos aventureros y salvo algunos comerciantes de pieles, rara vez se navegada.

La importancia de los puertos del Pacífico llegó a partir de la expedición de Manuel López de Legaspi y Andrés de Urdaneta. Pilotos que zarparon de la Bahía de Tenacatita en las costas del actual estado de Jalisco y encontraron las Islas que bautizaron como Filipinas en honor al príncipe español descendiente de Carlos V, Felipe II de España. En ese momento comienza el comercio con Manila, capital del archipiélago y posteriormente se extiende hasta China. El carey, el bambú, el marfil, la seda, la porcelana y otros productos, pronto invaden los comercios de la Nueva España. Con ello da inicio una nueva época del comercio y las modas cambiaron conforme al uso de los atuendos comerciados. En México, es un ejemplo clásico el traje de “China poblana”. Se le reconoce así a una mujer indígena, mestiza o criolla, ataviada con ropajes de seda de procedencia china. En los varones el atuendo se llevaba con ropa o calzón de algodón, con ceñidor en la cintura y paño de seda rojo en la cabeza, espuelas y chaparreras. Esos eran los chinacos.

Ya estaban abiertas las puertas del oriente, solamente faltaba unir el tramo terrestre para complementar el viaje hasta Europa. Quien lograra abreviar y facilitar dicho tramo, se convertiría en el factor dominante. Por tanto, el afán ha sido y es mayúsculo en términos de dominio, control mercantil, económico y político, en América.

Los caminos, las rutas y puentes, han sido tradicionalmente estratégicos en el devenir humano. El posicionamiento de los turcos en los límites de Europa y anteriormente el avasallamiento romano en el Medio Oriente y África se mantuvieron bajo este tenor. Las llamadas guerras púnicas por el dominio del comercio entre Cartago y Roma, obedecieron a lo mismo; un control militar estratégico y sistemático de las rutas y plazas comerciales. El Mar Rojo y el Mediterráneo fueron comunicados a la navegación por el Canal Suez, construido entre 1859 y 1867 gracias a los trabajos que dirigió Fernando de Leseps. Este canal constituye junto con el de Panamá el único par de puentes o pasos transoceánicos que se cuenta en el mundo.

La presión sobre los sucesivos gobiernos mexicanos por parte de los vecinos norteños, para ceder el libre tránsito a través del Istmo de Tehuantepec, como si fuese su derecho, ha sido una constante histórica que por momentos encuentra calma, como lo ha sido cuando se abrió el Canal de Panamá, inaugurado en 1914. El desahogo por dicha ruta permitió a México vivir cerca de cien años sin que los nubarrones de los intereses internacionales volvieran a nublar el destino, hasta llegados los días actuales en los que nuevamente se presentan las imperiosas leyes del mercado y de la milicia disfrazada de seguridad que controla principalmente E.U, para reclamar  concesiones, facilidades y privilegios de toda índole, ante la pérdida de la capacidad de mantener la soberanía por parte del Estado mexicano.

Tehuantepec vuelve a ser un objetivo. El mundo comercial lo reclama para su dinámica que puede interpretarse en los tiempos actuales como un intercambio de millones de toneladas métricas de productos que van de la electrónica, a los fertilizantes, sin dejar de lado los miles o millones de contenedores saturados de materias primas e insumos para la industria y el comercio que envuelve a todo el orbe, además del disputado petróleo.

Este reclamo bien puede ser aprovechado a favor de millones de habitantes que verán alteradas sus formas de vida. Pudieran ellos acoplarse al nuevo mapa social que marcan los capitales, salvo por un detalle mayúsculo: no entran en el plan como iguales. Su condición de naturales los excluye. En este escollo se coartan las aspiraciones y expectativas que mantienen. Las desigualdades existentes se agudizarían con una abrupta reconversión socioeconómica y cultural de gran impacto, como la que supone este plan de las trasnacionales y del gobierno de Estados Unidos. La constante incapacidad del Estado para dar respuesta a  las demandas de estos sectores y sus rápidos reflejos para disponer de los recursos a favor de los capitales, hacen doblemente explosiva la crisis del Istmo de Tehuantepec en nuestra época.

La ruta para transitar de uno a otro océano por el Istmo, se mantuvo en la mira de los vecinos estadounidenses a través de la historia de ambos países. Forma parte de los acuerdos a raíz de las deudas contraídas por el hecho de perder la guerra México y ser el vecino que posee riquezas y puntos geográficos clave. El afán expansionista de Estados Unidos ubicó al Istmo de Tehuantepec como puente geográfico natural entre los océanos Pacífico y Atlántico, en su ruta más corta después de Centroamérica.

Desde el punto de vista teórico el corredor del Istmo podría entonces reducir a la mitad el tiempo actualmente necesario para llevar mercancías por el Canal de Panamá desde Asia hasta la costa Este de Estados Unidos (de seis días se pasaría a 72 horas por el solo paso transístmico) y también el tiempo de transporte por la misma vía de las mercancías que van de Europa a la costa occidental de Estados Unidos (Almeyra y Alfonso; 2004, p.59).

E.U y México tienen un conflicto histórico en Tehuantepec, semejante al que se tuvo en Colombia, antes de perder este país a su territorio de Panamá. La situación es de primer nivel de atención ya que subordina la política de seguridad de nuestro país a los dictados del comando militar estadounidense de la región.

La misión de regresar por los senderos de la historia no obedece en sentido alguno a revanchismos, sino a la posibilidad de tener una visión que se acople a las nuevas realidades que se configuran en el orbe, sin perder los valores identitarios, en términos de conciliar los momentos de transición cultural en los que se ha visto envuelta nuestra civilización en el capítulo concerniente  a “las Américas”, como pueblos en transición.

La velocidad con la que se desvanece la cultura original de los pueblos latinoamericanos, no nos exime de la obligación de hacer acopio de sus voces y expresiones para explicarnos el devenir actual. No hay comprensión posible al margen de las raíces étnicas y culturales que ciñen nuestro ayer.

“Yo no quisiera otra cosa tanto como volver a esa tierra” escribió un navegante anónimo del siglo XVI. Tal expresión no encierra otra cosa que el anhelo por estar nuevamente en el nuevo mundo; a pesar de todo, las riquezas lo valen. Retornar a las Indias se traducía en una empresa capaz de recompensar los sufrimientos, así se tratase de vérselas con “infieles” dispuestos a vender caro el “pellejo”, o el “ánima”. Ahí se estaba cerca de la ventura de encontrar fuentes prometidas que conservaban el cuerpo jovial por eternidades, o minerales comparables a las riquezas de Salomón. Si no se obtenía lo anterior, la recompensa que daban las mujeres morenas que abundaban y abundan aún en estas latitudes, era comparable a los ritos eleusinos o las caricias de las meretrices de Roma. Todo ello fue el motor del coloniaje, aunado al ímpetu de los religiosos por adoctrinar y “salvar” las almas del averno.

Oro, plata, la grana cochinilla, entre decenas de productos de toda variedad, llenaban las bodegas de las embarcaciones que partían hacia el Viejo continente. Éstas retornaban cargadas de toneles de vino, jamones, mantas sevillanas, espadas, arcabuces, armaduras y muebles laqueados. Las mercancías se acomodaban entre sacos de correspondencia y baúles de ropa madrileña, vajillas, porcelanas y candiles de cristal veneciano.

Era frecuente ver en los puertos el desembarco de salterios y hasta órganos  tubulares desarmados para instalarse en los templos de la Nueva España. Las  imágenes marmóreas de los santos también se transportaban desde Europa, junto con los candiles checoslovacos, óleos y tapetes que habían sido traídos desde Persia.

La remota Catay o China, Manila, San Blas, Acapulco, Veracruz, Nueva Orleáns, La Habana, Sevilla y Londres, se unían con el comercio istmeño de Tehuantepec. Tal actividad era interrumpida por las frecuentes revoluciones y los saqueadores que merodeaban los caminos mexicanos, cuando las mercancías eran llevadas de un océano a otro para reembarcarse.

Las escoltas no siempre garantizaban el resguardo de los carruajes y diligencias ante la superioridad numérica de las gavillas y el conocimiento que los rufianes tenían del terreno. Abundan las crónicas de asaltos y muertes de viajeros o bandidos en estos recorridos. Se supone que los botines se ocultaban en cuevas, antes de ser repartidos y muchas veces se olvidaron dichos escondites cuando eran perseguidos o ejecutados los bandoleros.

Llevar cosas de valor ponía en riesgo la vida y debido a la agitación social del siglo XIX y buena parte del siglo XX, ninguna ruta era segura. Por este motivo se puso énfasis en el resguardo de los pasajeros y sus bienes que cruzaran a través del Istmo de Tehuantepec. Los tratados de Guadalupe Hidalgo (2 de febrero de 1848) y el tratado de La Mesilla (30 de diciembre de 1853) así lo estipulan, al igual que el acuerdo que firmaron (sin que fuera ratificado por los presidentes de ambos gobiernos) McLane y Ocampo, el 14 de diciembre de 1859. No solamente se concesionaría el paso de Tehuantepec, sino el tránsito hasta el puerto de Guaymas y la península de Baja California.

Santa Anna había vendido además el derecho de tránsito por Tehuantepec al español José Garaiz en 1853. La guerra con México y la guerra de secesión en EU, incidieron en la exigencia de estas rutas por parte de los estadounidenses que, al estar divididos en norteños y sureños, requirieron los primeros salidas hacia el Pacífico, lo cual se logró al ocupar los territorios “cobrados” a México.

Por su parte, los sureños, necesitaban sacar y embarcar la producción de algodón, así como proveerse de armamento para continuar los combates. El conflicto entre confederados y unionistas, distrajo hasta cierto punto los asuntos que se enfocaban hacia el cumplimiento de los acuerdos con el uso de las rutas por territorio mexicano.

Sin embargo, al lograrse la paz, los enviados se multiplicaron para negociar con México ya no sólo el tránsito, sino la posesión de territorios que se pretendieron comprar en un afán expansionista, característico del país vecino durante la época y mucho después.

La constante negativa de los gobiernos de Juárez y Porfirio Díaz, para ceder soberanía sobre territorio nacional, mantuvo eficacia dado que en la práctica no se llegó más allá de concesiones, de ahí que los norteamericanos rechazaran la ratificación de los tratados al parecerles insuficiente lo que ampara una concesión. Los emisarios regresaron siempre a Washington con las manos vacías.

Bajo tal esquema, se construyó y autorizó la concesión del ferrocarril transístmico, conocido como el Tehuano, inaugurado por el propio Porfirio Díaz pocos años antes de que fuera liquidado su régimen por la revolución maderista de 1910.

La ambición por Tehuantepec envuelve intentos de desembarco, ofertas y hasta sobornos, creando con ello una constante presión que trasciende el tiempo en que se configuran las naciones americanas hasta nuestros días.

El propio Benito Juárez siendo gobernador de su estado tuvo que detener y finalmente expulsar a los norteamericanos que osaron desembarcar en las costas del istmo sin ningún trámite.

Lo mismo ha padecido Nicaragua, Costa Rica y Colombia, donde tuvo lugar un acuerdo en 1859 y que guarda semejanza con el que negoció McLein con Ocampo. Les mueve a estas “negociaciones” el mismo interés dominante que busca hacerse de cuanto recurso sirva a los planes de los poderosos.

En medio de cada acción que ha desencadenado esta historia, hay documentos y testimonios que tal vez sea interesante conocer y revelar. Saber quienes y en qué forma han intervenido en el desarrollo de este complejo y no menos importante tema, es lo que se ha propuesto la presente obra.

La relación de por sí difícil, entre una nación fuerte y una débil, tiene que ver con la sustancia, es decir, los “cómo” y los “por qué, de lo que se realizó. No es sencillo explicar cómo y por qué tal país se anexionó más de la mitad del territorio de su vecino, empero se puede entender a simple vista. Basta revisar la historia y el origen de cada pueblo.

Tener lo que otro necesita y no ser lo suficientemente fuerte como para cuidarlo, puede ser muy peligroso. Por otra parte, carecer de algo que el vecino tiene y ser más fuerte que él como para arrebatárselo, debe poner a prueba las capacidades de compromiso y ética, para que finalmente se logre obtener lo que se requiere sin llegar a lastimar su dignidad.

Los países latinoamericanos han facilitado suministros que ayudaron a enriquecer a otros sin salir ellos mismos de su pobreza. La paradoja de la mina de oro y el jacal de quien trabaja en ella, subyace en nuestros pueblos. La magnífica abundancia no nos exime de que millones vivan aislados de la cultura que permite a otros el acceso a estudios, servicios y beneficios, que les ofrecen niveles de vida aceptables y/o privilegiados.

No es una ocurrencia pesimista decir que en Latinoamérica casi todos son pobres. Es que en realidad la mayoría lo es. La disfuncionalidad social se agrava en proporción a las distancias entre los que tienen en abundancia y los que carecen de casi todo.

No es problema nuevo y tampoco el único que enfrentamos, aunque sí el más importante de todos.

La fórmula que eligieron los gobernantes, des- regula y libera los términos y los flujos del mercado. Los libres tratados comerciales destraban y desconocen obstáculos para colocar la mercancía donde conviene que esté y en las condiciones que más favorezcan en cuanto a transportes, embalajes, aranceles y las indispensables rutas.

Se ofrece con esta dinámica aumentar los movimientos del capital y de allí se desprende el crecimiento de la economía. Esto es real para quienes tienen medios de estar en el juego gracias al ingreso que perciben o los bienes que heredan o acumulan vía negocios, desarrollo profesional o inversiones.

Lo deseable y esperado teóricamente por quienes mantienen esta expectativa es que paulatinamente las clases subordinadas accedan a los peldaños superiores. Sin embargo, el desencantamiento llega pronto y la sociedad no se iguala ni en los países más desarrollados. Se da en ellos, eso sí, una mejor distribución del gasto público en términos de equidad y pertinencia de servicios para los ciudadanos. Otra característica de los que tienen mejores estadísticas en niveles y calidad de vida, es la menor corrupción en contraste a lo que ocurre en México, por ejemplo.

Evidentemente se acentúa la crisis pos electoral de 2006 en este país. Las razones del conflicto son hasta cierto punto claras, porque las fuerzas que se disputan el poder político han manifestado su ideología y más que nada la estrategia con las que cada fracción busca presidir el destino de los mexicanos en el terreno social y político del futuro inmediato.

Unos, se han hecho a la idea de que no debe interrumpirse la inercia del neoliberalismo que opera desde hace años. El compromiso es tanto internacional como nacional, ya que en base a capitales mixtos o totalmente extranjeros, es como se busca reactivar y crecer económicamente. Esto significa también que el Estado libere sectores considerados estratégicos, como el energético y los hidrocarburos. Tal liberación no es otra cosa que la privatización.

El impacto de una medida semejante pudiera trasformar los equilibrios y de no tener un fundamento que asegure una transición estable de una condición a otra, los estallidos sociales como los que han brotado serían la constante hasta llegar a la ingobernabilidad total y en el peor de los casos; una guerra civil.

Las luces de alerta se han encendido porque las decisiones tomadas en este sentido no dieron resultados, es más, ni siquiera se acercaron a las expectativas. Se desploma la credibilidad y se multiplica la inconformidad. La economía no se aleja del anémico dos por ciento de crecimiento, mientras que se ordenan más sacrificios de parte de los desposeídos. El trato privilegiado al empresario aniquila el porvenir de varias generaciones de mexicanos y latinoamericanos sometidos a políticas del mercado. No se trata de aludir al discurso que la izquierda utiliza y repite sin tregua y muchas veces con razón, sino de poner al día nuestra visión sobre las constantes antropológicas y socioeconómicas que con variados tintes dibujan nuestra realidad.

Evidentemente no se han agotado los embates neoliberales alentados por la derecha. Su fuerza es capaz de crear ambientes virtuales y burbujas económicas que cuando llegan a estallar reproducen en serie la banca rota.

En la era del auge del comercio mundial la disputa por el control de los puentes internacionales y las rutas de tránsito, como amplios corredores de flujos humanos y de mercancías, se vuelven prioridades junto al acceso a los recursos naturales.

La posición geopolítica es propicia para las tensiones por múltiples causas; nos toca vecindad con un país que triplica en número de habitantes al nuestro, es decir, son alrededor de trescientos millones de estadounidenses que demandan recursos como es agua, energía, alimentos y de todo lo que el mundo produce. Nos encontramos inmediatamente en el sur de su frontera y los bienes que aún contamos como nuestros, son altamente cotizados en el mercado internacional por su gran rentabilidad; tales como sectores energéticos, rutas de transportes, forestales, pesqueros, hidrológicos, entre muchas otras vetas de riqueza que aún mantiene en abundancia nuestra nación.

El asunto se vuelve aún más cuestionable cuando nos percatamos que de todo ese potencial, una mínima parte llega a ser de alguna manera traducido en mejoras para la vida de las tres cuartas partes de la población mexicana.

Asistimos a una disolución de antiguos contenedores o moldes, que se reemplazan por nuevas fuerzas fusionadas y a su vez desprendidas de sus viejas “amarras”, quedando sueltas para volverse poderes en sí mismos, desgobernados, deslocalizados, autónomos y muchas veces invisibles.

La desintegración de la trama social y el desmoronamiento de las       agencias de acción colectiva suelen señalarse con gran ansiedad y       justificarse como “efecto colateral” anticipado de la nueva levedad y      fluidez de un poder cada vez más móvil, escurridizo, cambiante, evasivo y fugitivo (…) Para que el poder fluya, el mundo debe estar libre de trabas, barreras, fronteras fortificadas y controles (Bauman; 2002, p.19).

Todas esas rupturas, el fin de los “grilletes”, de las narrativas éticas y corresponsabilidad social que hace a los sujetos y a las instituciones partícipes integradores del desarrollo mutuo, son sustituidas por un nuevo orden que censura, reprime o excluye, a los que no logran situarse en sus dinámicas y exigencias.

De ello desprendo el requerimiento para investigar las tramas y los escenarios que se han relacionado a la saga del Istmo de Tehuantepec. Lo analizo como una coyuntura y una constante o la confluencia de varias constantes; ha sido y es factor de riesgo y amenaza de la estabilidad social.

Un recurso en pleno auge, como lo sería un moderno paso a través de vías y autopistas para trasladar mercancías entre los océanos Pacífico y Atlántico en México, es capaz de generar riqueza que coadyuve en el desarrollo social de la una nación.

Panamá vive de su canal y le costará mucho dinero y tiempo ponerlo al día. Más de cinco mil millones de dólares y siete años de trabajos. Además, se tiene que considerar la pérdida de varios millones de toneladas cúbicas de agua dulce en cada embarcación que pasa por las esclusas.

El proyecto de Tehuantepec revive, pero con carácter neoliberal. Esa es la diferencia y las consecuencias pueden calcularse en base a lo que se ha visto como resultados en la aplicación de éste régimen de mercado.

Lo que es difícil saber es qué sucederá con los imaginarios de la población y sus representaciones simbólicas cuando la transformación industrial se haga presente en el Istmo de Tehuantepec. La industria y el comercio en su máxima expresión ¿lograrán desarticular los muros de Mitla? Desde lo alto de las construcciones de Monte Albán, que sirvieron para observar y dominar los horizontes por donde aparecían las columnas de mercaderes o guerreros, ¿se verán ahora columnas de ferrocarriles, tractocamiones y todo ello custodiado por fuerzas armadas?

Han sido centurias recibiendo extraños y luchando. Las tensiones humanas en Oaxaca son ordinarias desde tiempos que no alcanza a cubrir la memoria y se han olvidado.

Las razones que les mueven a pelear van de la conservación de la identidad, entendida como idioma y tradiciones, básicamente, hasta las inercias de un aparato político que se instaló en el imaginario de los mexicanos durante siete décadas y amenaza con permanecer e inclusive reforzarse.

La pobreza en que vive la mayor parte de la gente de Oaxaca, es equiparable a la que se padece en los más atrasados rincones del orbe. El conflicto que se manifiesta en las calles de la capital es mucho más que un choque de grupos de diferente filiación política. Se ha fermentado algo más grave aún y puede ser leído con ayuda de indicadores como el último lugar que ocupa en PIB per cápita y el penúltimo en desarrollo humano, según la ONU.

Un tercio de las viviendas en el estado cuenta con piso de tierra, el 38 por ciento carece de drenaje y 29 por ciento no cuenta con agua corriente.

La crisis llegó a convertir a Oaxaca en un “estado de excepción”, lo cual significa que pudieron desaparecer los poderes.

La acción represiva contra los manifestantes posicionados de las calles y algunos edificios públicos e instalaciones de medios de comunicación, no ha llegado a desalentar los ánimos de mucha gente que se replegó para organizar una nueva ofensiva en contra de las autoridades estatales. Lo más probable es que veremos en esta región más acontecimientos, donde están en juego el propio Estado mexicano y la estabilidad social del país.

Lo que sucedió a mediados del siglo XIX, donde sobresalió la ambición del Istmo de Tehuantepec, como asunto vital para el expansionismo norteamericano, sirva para hacernos reflexionar en las condiciones que ubican el paso de uno a otro océano como un puente fundamental para el mundo moderno, ¿quién se lo apropia?

Armando Bartra ha señalado con tino cómo el planteamiento del gobierno mexicano, que es quien bautiza este proyecto mesoamericano como PPP, pone ofensivamente en el mismo plano a los países centroamericanos con los estados sureños de la República. Si concediéramos que efectivamente este plan fue elaborado por el gobierno mexicano, sería la primera vez que éste tomara una iniciativa transnacional para influir económicamente de manera tan decisiva en el conjunto del área centroamericana. Pero en realidad hay indicios sólidos de que este plan fue originalmente elaborado por el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CEPAL y diversas universidades estadounidenses, en colaboración con algunos tecnócratas procedentes (BIODIVERSIDAD 33/1 Agosto, 2002).

La apertura del Canal de Panamá en 1914, con el consecuente sacrificio de colombianos, desahogó la presión ejercida sobre el uso de la ruta por el Istmo de Tehuantepec.

Hoy, Panamá se haya en situación distinta al cumplir casi cien años como vía marítima. Los gigantes de los mares no intentan cruzar porque su calado rebasa con creces la magnífica tecnología y dimensiones del canal. Tendrán que esperar la inminente ampliación que llevará siete años a las empresas de Carlos Slim, empero se construirán buques de mayores dimensiones.

El mundo globalmente mercantilizado así lo exige. Los “Pos-panamax” irán por las rutas que se abran y esto puede significar la habilitación de dos puertos clave en México: Salina Cruz y Coatzacoalcos, en Oaxaca y Veracruz respectivamente. Además, será necesario ampliar y posiblemente construir dos vías para ferrocarriles de alta velocidad.

La autopista “trans-ístmica” ya está construida. Es muy reciente, no tiene más de dos años de haberse completado.  El nuevo mapa del país en su edición INEGI 2006, la marca como autopista de cuota.

La gente habla de inversiones extranjeras en la región y existen estudios que documentan dichas afirmaciones. Adentrarse en Oaxaca en estos días de incertidumbre es un desafío sociológico interesante y peligroso a la vez. No están visibles todas las fuerzas, ni tampoco aparecen fácilmente las intenciones que mueven y motivan a los contingentes en pugna. Se ve lo obvio, el añejo reclamo, los clamores de las víctimas del abandono y la inequidad. Nadie habla de la razón de construir las autopistas, ni cuál es el sentido de las mismas. Se trazaron en medio de las comunidades y seguramente se cierne un destino diferente al darles un uso.

A partir de los últimos 30 años los gobiernos mexicanos han pavimentado el camino para la implementación de los Planes de Desarrollo Neoliberales, donde en la zona del Istmo se instalaron empresas arroceras, azucareras, se ampliaron las refinerías y plantas petroquímicas, privatización de empresas paraestatales, instalación de maquiladoras, entre otras. De ellas, una de las medidas que más afectó a la población local fue la instalación de algunas reformas legales a la legislación agraria para la liberación de la propiedad comunal y así facilitar la individualización de los títulos de propiedad, para su posterior venta, renta y posterior despojo en beneficio de los grandes grupos transnacionales interesados en invertir y explotar en esas comunidades, por lo general indígenas. Esta iniciativa se ejecuta a través del programa PROCEDE (Programa de Certificación de la Propiedad Ejidal), el cual a través de la entrega de certificación individual de la propiedad de la tierra a los campesinos va destruyendo la propiedad comunal, con un supuesto fin de legalizar la propiedad de la tierra (Jerez, 2002).

El ansiado paso hacia la Mar del Sur, en el que se afanaron los aventureros que exploraban América en el siglo XVI, cobra vigencia. Se busca un nuevo paso a través de las mismas tierras. No tanto porque el que se tiene viva sus últimos años, si es que no se llega a transformar y modernizar, sino porque al jugar sus piezas, el más poderoso imperio que existe, no escatimará acciones para satisfacer a su majestad “El Mercado”.

El mexicano-estadounidense Plan Puebla Panamá, ratifica que existe un plan y al mismo tiempo lo oculta. Se muestra la punta del iceberg y la parte sumergida contiene la explicación de lo que se vive en México, particularmente en Oaxaca y Chiapas.

En otro escenario se alinean quienes dicen buscar la restauración, una vez más, de la Republica. Liberales versus neoliberales o neoconservadores. El pensamiento de Juárez en oposición a la visión del FMI. En el pasado Polk, Pickett, Buchanan, Santa Anna, Díez de Bonilla… en el presente están los Bush, Tony Garza, Zedillo, Salinas, Fox, Santiago Levy… Ayer fueron los confederados y los unionistas, hoy son los demócratas y los conservadores. Ayer y hoy, lo que deciden y hacen unos y otros, impacta en nuestras vidas como latinoamericanos.

La diferencia es que hoy existe un elemento que no se tuvo ayer, o al menos no con la misma intensidad, no estaba imaginado y mucho menos definido. Me refiero a la organización civil en defensa de los derechos y causas de los grupos humanos. Oaxaca no es solamente su comunidad, sino que se refleja ahí México y, en algún sentido, el mundo tiene presencia en los acontecimientos recientes que suceden en este suelo.

La interconectividad de los medios de comunicación y sobretodo la movilidad social, cada día más entrenada, han dado un cariz distinto al problema oaxaqueño que ya se comparte, al menos a nivel informativo, por millones de sujetos y grupos sociales. Las redes de solidaridad y apoyo, dentro y fuera de las fronteras son una prueba más de este sentir colectivo que revela la caducidad de las formas y los discursos que sobreviven en países subdesarrollados como el nuestro.

De igual forma, el acceso a los proyectos, transparentarlos desde que son concebidos, ha de formar parte de la cultura como sucede en el primer mundo. Ha sido muy alto el precio de la libertad democrática que se vislumbra apenas en nuestros pueblos, como para retroceder por el capricho mercantilista que mueve los hilos del poder.

La tiranía del mercado puede resultar más costosa de lo que imaginamos, aún para los propios mercaderes. Los contrapesos se hayan en la ley cuando se aplica, aunque ésta ya muchas veces es rebasada por la vertiginosidad del cambio social. Otra forma para contra restar la opresión se basa en formar opinión que llegue a cuestionar los proyectos cuando se considere necesario, sin detenerse a causa de quienes están detrás de los mismos. Privilegiar la participación ciudadana en la toma de decisiones, es finalmente la mejor opción para construir un país.

Vivimos procesos de ciudadanización bastante claros y elocuentes. Es común que se mezclen movimientos reivindicativos con personas que asumieron de motu propio, la tarea de contribuir a los cambios sociales que mejoren las condiciones de vida de ellos y sus conciudadanos.

En ese orden de ideas, el caso de Oaxaca y el Istmo no es ajeno a muchos que siguen de cerca los acontecimientos y procuran formarse una opinión diversificada en cuanto a las fuentes de información. Cada día se supera el número de ciudadanos críticos que se mantienen alerta a lo que sucede en este entorno de confrontación.

También es verdad que muchos nos preguntamos las razones que llevan a esta tensión social y los agentes que las provocan, ¿quienes y con qué fin?

Tehuantepec puede contener el futuro de México y ser al mismo tiempo un modelo para repetirse o desecharse. Alguien se ha referido a la región como el laboratorio del sistema, donde se pone a prueba la forma en que se controlará y dirigirá el país en los tiempos venideros.

Los planes elaborados de espaldas a la opinión pública, necesariamente conllevan malas noticias para los que los padecerán. Su ocultamiento pretende aplazar las protestas para llevarlos a cabo con la menor interrupción posible.

Ni siquiera los vestigios de los sitios arqueológicos detienen este avance del capitalismo vuelto una fuerza salvaje. Según una nota que publica la Jornada (2007-12-21) escrita por Octavio Vélez Ascencio, los activistas opositores a cierto proyecto de la CFE en el Istmo, piden una inspección de la zona arqueológica recién descubierta. De acuerdo con el periodista, los ejidatarios y asociaciones civiles de la Venta, informaron al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) sobre el hallazgo de restos de edificaciones prehispánicas en la zona donde la Comisión Federal de Electricidad (CFE) instaló generadores de energía eólica. En el reporte señalan que el proyecto tampoco tomó en cuenta los estudios de reconocimiento que el mismo INAH ordenó realizar en esta región y en otros pueblos del Istmo, “que eran ruta de las culturas zapoteca, zoque, huave, mixe y maya.

Por su parte el Frente de Pueblos del Istmo en Defensa de la Tierra sostuvo que la CFE impulsa “con engaños y amenazas” el proyecto eólico La Venta III en el ejido de Ingenio Santo Domingo, también en el Istmo de Tehuatepec. Asegura esta organización que empleados de la paraestatal presionan a los ejidatarios para que “arrienden en condiciones leoninas” sus terrenos para la construcción de ese parque eólico que de acuerdo a la opinión de los campesinos seguramente será entregado a las compañías españolas que ya operan en la región. Afirman que se les obligó a firmar ante notario público contratos de arrendamiento por treinta años y no tienen copia de ello.

De igual manera, anunciaron una reunión nacional de afectados por la CFE en La Ventosa, municipio de Juchitán, para oponerse al despojo de tierras ejidales y comunales, a los daños ambientales y a la pérdida de soberanía nacional.  Participarán el Frente de Pueblos del Istmo y organizaciones como la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo (UCIZONI), Grupo Solidario La Venta, Red de Radios Comunitarias del Istmo, Campesinos y Granaderos de Unión Hidalgo, Ejidatarios de La Blanca y Cactus, apoyados por legisladores federales (Vélez, La Jornada; 2007-12-21).

Lo anterior da cuenta de las enormes tensiones que se viven en esta región de México donde entran en juego los intereses capitalistas y militares de E.U., principalmente y de España como uno de los países asociados.

Si se hubieran sometido los sucesivos proyectos de la zona del Istmo de Tehuantepec a un plebiscito entre la población, como lo hicieron los panameños con el proyecto de ampliación de su canal en 2005, seguramente hubiera habido un respaldo popular hacia los mismos, sin embargo, sucedió todo lo contrario: se impuso la coacción y las fuerzas represivas del Estado para desplazar a las comunidades de sus tierras.

Los sucesivos presidentes mexicanos a partir de Salinas, negociaron esta operación trasnacional con la Casa Blanca, al margen del congreso, como sucede con el acuerdo llamado ASPAN, que elaboró el gobierno de Bush para aplicarse en México con la rúbrica del ex presidente Fox y ahora apalancado en el aval personal de Felipe Calderón.

Años difíciles se vislumbran para este país sacudido por el descrédito popular hacia sus instituciones y la recurrente crisis económica que golpea a las clases menos favorecidas económicamente desde hace por lo menos tres décadas.

El fin del auge petrolero a partir del agotamiento de las reservas principales puede ser otro factor que haga aún más agudo el problema social de no llevarse a la práctica fuentes alternas de energía.

Igualmente el endurecimiento de EU en sus políticas anti-inmigrantes, como el llamado “muro de la vergüenza” que se construye en la frontera, constituyen formas de presión, junto con las constantes expulsiones, asesinatos y acoso de ilegales. Todo ello deriva en empeoramiento de las condiciones de vida del mexicano y del latinoamericano común.

Me parece incorrecto permanecer solamente como espectadores y esperar a lo que suceda. Es tiempo de la imaginación para inventar un futuro donde nadie tenga por qué ser sacrificado en aras de unos que se consideran privilegiados o superiores. El invento de ese mañana puede comenzar a partir de saber qué se trama para transformarlo en algo mejor para la mayoría.

Referencias

Almeyra Guillermo y Alfonso Romero Rebeca (2004). “El Plan Puebla Panamá en el Istmo de Tehuantepec”. Universidad de la Ciudad de México.

Biodiversidad 33/1 Agosto de 2002.

Facio Carlos/II (Boletín Chiapas al Día No. 175, http://www.cierpac.org).

González Ramírez Manuel (1973). “El codiciado Istmo de Tehuantepec”. Colección   Metropolitana. Departamento del Distrito Federal, México.

Jerez Henríquez Bárbara / Trabajadora social y estudiante de Maestría en Cs. en Desarrollo Rural Regional. Universidad Autónoma de Chapingo, México.


[1] Por su extensión, “La saga del Istmo de Tehuantepec” fue dividido en cuatro partes. Ésta es última.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.


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La saga del Istmo de Tehuantepec (3/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

De océano a océano a través de una “franja” de tierra

Vasco Núñez de Balboa divisó el que conocemos como Océano Pacífico el 24 de septiembre de 1513, junto con los expedicionarios que le acompañaron en la exploración que le llevó cuatro meses y medio hasta su regreso a la Antigua el 19 de enero de 1514.

El hallazgo de otro mar hacia el sur despertó el interés de encontrar una ruta navegable a partir de la costa, ya reconocida por los españoles desde la Florida hasta el Darién. Fue la aventura que inició Fernando de Magallanes la que finalmente demostró la inexistencia del paso interoceánico a través de la masa del continente, después de navegar los Ríos y afluentes que desembocan en el Atlántico, como el Amazonas y el Río de la Plata.

La castigada expedición circunnavegó por primera vez el globo, logrando pasar los mares agitados y los vientos del estrecho que divide el cono del sur de América, de los helados archipiélagos antárticos y que por tal motivo recibe el nombre de “Estrecho de Magallanes”, (1519-1522) según nos lo hacen saber los apuntes de la bitácora que llevaba el cronista italiano Antonio Pigafetta (1491-1534), quien sobrevivió a Magallanes al ser éste emboscado y muerto por los nativos de una de las islas del Pacífico del Sur.

Desde el siglo XVI, se pensó en la forma de abrir un canal en la parte angosta del continente, empero el desgarrado devenir de los pueblos que la conforman en lo que se llama Centroamérica, imposibilitó la organización y fuerza económica necesaria para semejante empresa. En su lugar, Estados Unidos capitalizó la angostura para garantizarse el anhelado paso. Con Panamá materializó el plan a través de la construcción de una obra de ingeniería cuya magnitud queda para las páginas que dedica la historia a las empresas titánicas.

Fue necesaria la guerra y la ruptura de una soberanía emanada de un movimiento independentista consumado desde el siglo XIX, a un elevado costo en vidas. A la gran Colombia le cercenaron Panamá con la idea de “abrir” la tierra y permitir que los barcos fuesen de un mar a otro y de ahí a cualquier puerto del mundo.

Evitar el largo y penoso viaje marítimo hasta la Tierra de Fuego, para llevarse lo que fuera desde New York a Los Ángeles, o hasta San Francisco, o viceversa, era y es algo sustancial para la vida de los Estados Unidos, si tomamos en cuenta que las costas de ambos océanos se hayan alejadísimas entre sí y no todo es transportable por aire, por ejemplo el petróleo.

Una de las imágenes más difundidas por el cine de Hollywood, representa las caravanas de carretas y jinetes que cruzaban desde la costa del Este para alcanzar las tierras “cobradas” del Oeste, a las que la imaginación de la época atribuía riquezas auríferas, valles fértiles y otras bellezas, como sus alegres salones y abundantes oportunidades de emprender cualquier cosa.

Mas era necesario vencer a las tribus autóctonas y al clima inhóspito de las montañas y los desiertos, además de sortear las crecidas de los caudalosos ríos. Éstos llegan a tener en algunas zonas grandes ensanchamientos, pero también rugen dentro de profundos cañones.

Cruzar Norteamérica, desde el Atlántico al pacífico, era una aventura que muchos solamente experimentaron una sola vez en su vida: cruzaron y no volvieron. Se convirtieron en colonos del Oeste de los Estados Unidos.

El cómo llegar al Oeste más rápido y seguro, se convirtió en una búsqueda obligada para las empresas y para el gobierno de esta potencia económica. La red de ferrocarriles desarrollada desde la segunda mitad del siglo XIX pronto se extendió por el territorio, sin embargo, es mucha la distancia en millas terrestres. De ahí que se buscara la ruta a través del mar, siendo el Istmo de Tehuantepec el paso idóneo para ir de una costa a otra del país, por lo que “negociaron” con el gobierno de Santa Anna, después de haber invadido y finalmente despojado a México de la mitad de su territorio entre 1847 y 1848. Este gobernante concertó con los vecinos norteamericanos un pacto en 1842 y que fuera ratificado en 1853, conocido con el nombre de Tratado de La Mesilla, en el cual se otorgó a los estadounidenses, además de este territorio, la servidumbre de paso por el Istmo.

Afortunadamente no fue llevado a la práctica el acuerdo que hubiera significado seguramente la presencia de tropas y algunas bases para resguardar el tránsito de los vecinos. Con el tiempo hubiera sido seguramente una extensión de aquél país y tendríamos doble frontera con Estados Unidos: en el norte y en el sureste.

Casi un siglo después, cuando Lázaro Cárdenas tomó posesión como presidente de la República el 1º de diciembre de 1934, una de las primeras acciones que realizó su gobierno fue buscar y finalmente encontrar la manera de nulificar el Tratado de La Mesilla, a través del recurso de la denuncia (anulación).

Los altos funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores le pusieron al tanto detalladamente de los asuntos pendientes con los Estados Unidos. Entre los datos que le fueron presentados se encontraba la vigencia del artículo VIII de dicho tratado y cuyo cumplimiento podía ser reclamado en cualquier momento.

En la lista que se le proporcionó estaba en primer lugar la vigencia del artículo VIII del Tratado de La Mesilla. Se le informó que Santa Anna lo había ratificado y que, por ello, los norteamericanos podían exigir, en cualquier momento, el paso por el istmo de Tehuantepec, y que México, por tanto, no le quedaba otro recurso que acceder a tales demandas de nuestros vecinos si hacían valer la obligación concertada en el pacto de 1853 […] (González; 1973, p.9).

Cárdenas instruyó a quien por entonces era embajador ante el gobierno de Washington, el Doctor Francisco Castillo Nájera, para que llevara a cabo la negociación que librara a México de la obligación de permitir irrestrictamente el paso de los viajeros estadounidenses con sus mercancías y valijas de correo, por la ruta del Istmo de Tehuantepec.

Sin duda se trataba de una misión que exigía además de habilidad diplomática, condiciones favorables y éstas se dieron en parte gracias a la política de buen vecino que mantuvo el presidente Franklin Delano Roosevelt.

La encomiable actitud del embajador de México tuvo en cuenta este factor y se aprovechó de un viaje que fue necesario realizar para asistir a la Conferencia de la Paz celebrada en Buenos Aires.

A bordo del barco que lo transportaba junto con otros funcionarios encontró el momento para conversar con el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Sumner Welles. El doctor Castillo le solicitó durante la charla que su gobierno considerara dejar sin efecto los derechos del artículo VIII del tratado. Argumentó que en los años transcurridos desde la época en que dicho tratado fue signado, jamás fue utilizado el paso por el Istmo de Tehuantepec, de manera que no tenía sentido mantenerse en el acuerdo, además la reunión hacia donde viajaban en la capital Argentina, tenía el espíritu de la buena voluntad entre los vecinos del continente, ocasión que hacía propicia la suspensión o “denuncia” que dejara sin efecto el acuerdo.

Así se le hizo ver a Welles, quien estuvo a favor de la idea y pidió tiempo para consultarlo con el secretario Cordell Hull. Durante los trabajos de la reunión el embajador mexicano insistió con su petición ante el pleno donde se encontraba el presidente Rossevelt, quien ofreció analizar la propuesta y ponerla a consideración del Departamento de Marina. Sin embargo el esfuerzo diplomático mexicano no había logrado un documento escrito, donde quedara asentado el avance que se tuvo con la aceptación de Welles, Hull y el propio presidente, quienes desde el principio vieron con simpatía la idea.

Esta situación motivó a Castillo Nájera a elaborar un memorándum que mencionaba algunos asuntos bilaterales, dejando a propósito en segundo término lo concerniente a la anulación de los derechos concedidos en el artículo VIII del Tratado de La Mesilla. En el documento se argumentaba que la demora del Departamento de Marina impedía el cumplimiento de los acuerdos, porque aún no se daba respuesta a la consulta formulada al respecto.

Después de algunos meses de espera, en la Misión diplomática mexicana en Washington fue recibida la noticia favorable a la gestión que realizó el doctor Castillo Nájera, con lo cual se liberaba el compromiso de permitir a los estadounidenses el libre paso de personas, mercancías y correspondencia, por el Istmo de Tehuantepec, compromiso que fue ratificado por Santa Anna y el jefe de los conservadores Manuel Díez Bonilla en 1853. La anulación del acuerdo está fechada el 14 de abril de 1937, es decir, transcurrieron ochenta y cuatro años sin que se ejerciera el derecho pactado.

Los hombres ligados al Istmo de Tehuantepec, a uno y otro lado de la frontera, de Santa Anna a Polk, Juarez, Buchanan, Ocampo, Mc Clane, entre otros, tuvieron sus motivos y visiones para ambicionar, vender o defender esta angostura geográfica como paso estratégico que además ofrece riquezas naturales gracias al variado clima, suelos, subsuelos y los caudales de sus ríos.

Cuando el petróleo se convirtió en la sustancia más codiciada del planeta, el Istmo aumentó su valor geopolítico debido a su proximidad a los grandes yacimientos que aún controla México.

La distribución social de la zona abarca en nuestros días una población superior a dos millones de personas, que representan el veinticuatro por ciento del total de habitantes de Oaxaca. Comprende mil 230 núcleos agrarios de los cuales el 95 por ciento son ejidos y sólo doscientos cuarenta y nueve de ellos están en municipios que tienen más del 51 por ciento de indígenas. 73 núcleos más están en el rango del 31 al 50 por ciento de indígenas y 908 núcleos cuentan con el 30 por ciento de población indígena. Entre ellos encontramos chinantecos, mazatecos, zapotecos, mijes, nahuas, popolucas, ikoots, chontales, mixtecos, ixcatecos, tzotziles, chochos, zoques y huaves.

Indígenas y pobreza son dos realidades unidas. En el sureste del país habita el 74 por ciento de la población indígena nacional, en el 84 por ciento de sus municipios se vive la alta y muy alta marginación y es aquí donde se ubican más del 50 por ciento de las localidades del país cuyo número de habitantes es menor a 2500 (Almeyra y Alonso; 2002, p. 33).

Esta variedad étnica y su riqueza biótica sufren una gran transformación a partir de los primeros acuerdos para el megaproyecto del PPP (Plan Puebla Panamá). Las resistencias que a lo largo de la historia han encarnado los habitantes del Istmo, se concatena con las actuales luchas que mantienen las comunidades ante el embate de la punta de lanza que el neoliberalismo ha trazado en la zona.

Referencias

Almeyra Guillermo y Alfonso Romero Rebeca (2004). “El Plan Puebla Panamá en el Istmo de Tehuantepec”. Universidad de la Ciudad de México.

Biodiversidad 33/1 Agosto de 2002.

Facio Carlos/II (Boletín Chiapas al Día No. 175, http://www.cierpac.org).

González Ramírez Manuel (1973). “El codiciado Istmo de Tehuantepec”. Colección   Metropolitana. Departamento del Distrito Federal, México.

Jerez Henríquez Bárbara / Trabajadora social y estudiante de Maestría en Cs. en Desarrollo Rural Regional. Universidad Autónoma de Chapingo, México.


[1] Por su extensión, “La saga del Istmo de Tehuantepec” fue dividido en cuatro partes. Ésta es la tercera.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.


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La saga del Istmo de Tehuantepec (2/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

Vuelven sobre el Istmo de Tehuantepec

En momentos de agudización de problemas sociales y crisis políticas, como la que vivimos en estos días, es necesario mirar de frente la historia y hacer nuevamente las preguntas que no han sido del todo contestadas y cuyas respuestas quizá contienen aún mucho material que nos puede servir para descifrar el entramado que se encuentra detrás de los conflictos y que no nos permite ver hacia el fondo, tratándose éste de esconder y disimular por los sucesivos poderes que se han servido de los bienes de nuestros países en lugar de servir a sus habitantes.

Es preciso recordar aquel siniestro “pacto de la embajada”, que desencadenó la usurpación de Huerta y el crimen de Madero el 22 de febrero de 1913: todo por el control del petróleo mexicano. El gobierno de Estados Unidos una vez más irrumpió en la vida política de este país y con ello no tan sólo precipitó la caída y muerte de un revolucionario, sino que su intromisión — que incluyó la venta de armas a las distintas facciones — tuvo que ver profundamente con una guerra civil de consecuencias terribles en pérdidas humanas y materiales, cuya recuperación significó endeudamientos y pactos sumamente penosos.

Enseguida fue vendida la paz a cambio de una desastrosa dependencia económica y tecnológica, que en gran medida ha dificultado el desarrollo como una de las causales del atraso sociocultural que padece la población y que se agrega a la histórica falta de un auténtico compromiso social, por parte del Estado.

¿Qué hay detrás de los puntos medulares de los endeudamientos con el FMI y los tratados comerciales de América del Norte (TLC, ALCA, ASPAN) y qué similitud guardan en su lógica con los decisivos acuerdos llamados de Bucareli, signados durante el gobierno de Álvaro Obregón? ¿Está el país entrampado en una espiral de neocolonialismo?

Lo que aconteció entre 1901 y 1941, trazó el rumbo de la política hasta nuestros días, configurándose ésta cada vez más a favor de los grupos capitalistas estadounidenses. Aparecen registrados en este lapso los crímenes y las expropiaciones de tierras en la “Faja de Oro” y de las Huastecas, al igual que las conversaciones y acuerdos del embajador Lane Wilson con Victoriano Huerta, con la idea de hacerse del poder desconociendo a Francisco I. Madero, quien fuera asesinado al igual que su hermano Gustavo y el vicepresidente Pino Suárez.

Toda una trama para extraer la riqueza, sin obstáculos, contando con la venia de los cómplices de la época.

A casi un siglo de distancia de la “revuelta” de 1910, nuevamente nos mueven vientos de cambio revolucionario y no tan sólo las estructuras institucionales muestran agotamiento al igual que las viejas prácticas del ejercicio del poder, sino que una vez más el gobierno de Estados Unidos aparece en la escena y no precisamente como extra de la trama, sino con el papel estelar. Siempre ha estado ahí, invariablemente; como “socio”, cliente, proveedor, espía y beneficiario de nuestras crisis.

Desafortunadamente ha dominado el terreno como fuerza que es el llamado “Imperio americano”. No está nuestro país exento de su determinismo en todos los renglones bilaterales, tanto en lo comercial, como en lo político e ideológico, hasta en lo moral y no se diga en lo cultural. La influencia es enorme y no es exagerado decir que la historia de México, durante casi doscientos años, ha estado ligada en forma dependiente, incluso sumisa en ocasiones como la presente, al poderío y expansionismo del país que es vecino en el norte. No es poca cosa ser los  “Estados Unidos Mexicanos”.

La presión en nuestro tiempo se ha intensificado al grado de operar “ellos” la decisión política más importante del país, que es la sucesión presidencial. Ahora no es imprescindible que los embajadores hagan largas estadías en nuestro territorio para afianzar acuerdos, sino que los ex presidentes, como Ernesto Zedillo y Carlos Salinas, cursaron  estudios en universidades norteamericanas y despachan en sendas oficinas en los centros financieros de allá, del norte. No es una ocurrencia popular llamarles gerentes en lugar de presidentes, es la realidad. El control hacia México se ejecuta vía la presidencia  de la república y ya ni siquiera es necesaria la carrera política sino que basta con haber dirigido la sucursal de una trasnacional como la Coca Cola, para contar con el visto bueno de Washington.

México vive un pre-estallido social generalizado que puede ser de funestas consecuencias. Grupos de los Estados Unidos y españoles en combinación con mexicanos lo instigan como beneficiarios. Ésa es la tesis que sostengo a partir del análisis documental y en base a la observación del desenvolvimiento de los acontecimientos actuales: Desde Estados Unidos se pretende el control absoluto del paso interoceánico en el Istmo de Tehuantepec y con ello crear una “zona de seguridad” en la región. El desmantelamiento del artículo 27 Constitucional llevado a efecto por el ex presidente Salinas ya apuntaba en esa orientación: se negoció la posesión de la zona ístmica y únicamente falta la crisis social y política para consumarlo en hechos. De Chiapas se pasó a Oaxaca y tal vez veremos el sureste sumergido en esta vorágine provocada. Ahora vamos a tratar de responder: ¿Por qué?

Lo que llamo “La saga del Istmo de Tehuantepec” (Cerro del Tigre en Náhuatl) es un plan que desde mi perspectiva implica antecedentes políticos y una evolución histórica que es posible que tenga una vinculación muy directa con lo que se vive en el país en estos días; inestabilidad que en breve pudiera desembocar en ingobernabilidad.

La parte angosta del sur de la República Mexicana, lo que llamamos Istmo de Tehuantepec, es una región sumamente estratégica en términos de riquezas naturales como fuentes de agua no contaminada, petróleo, uranio y una gran riqueza biótica. Además ofrece la posibilidad de rutas comerciales desde el norte al sur del continente o viceversa, así como entre ambos océanos (Pacífico y Atlántico) que divide dicha zona ístmica. Un paso interoceánico ha sido concebido y discutido por los gobiernos de México y EU, desde la época de Santa Anna.

En distintos momentos los vecinos norteños exigieron la posesión y por tanto el libre paso a través del istmo y hasta se llegó a construir un ferrocarril concesionado a una compañía inglesa cuando gobernaba Porfirio Díaz: “El Tehuano”, inaugurado en 1907.

Al finalizar el siglo XIX fue enviado por el gobierno francés, monsieur Lesceps, (el contratista del Canal de Suez) quien sugirió, como lugar idóneo para la realización del canal, el Istmo de Tehuantepec. Sin embargo, las condiciones sociales del país no estaban como para ceder el paso a los franceses y estadounidenses que pretendían asociarse y éstos últimos buscaron otra alternativa: la gran Colombia, en una parte muy angosta y con abundantes recursos hidrológicos; Panamá, entonces departamento colombiano. La previsible negativa de los colombianos devino en una guerra que se conoce como la “Guerra de los mil días” que costó alrededor de noventa mil vidas y la pérdida del territorio. Finalmente fue tomada esta parte del país y los estadounidenses “inventaron” la “independencia” de Panamá para construir el canal.

El nudo gordiano lo rompió el primero de los Rooseveltes, con el famoso I took Panamá and talked about it afterwards, la arrebató desmembrando a Colombia y disputándola después con el negocio de la indemnización. Por lo demás así quedó cerrado en América el capítulo de la construcción de la vía interoceánica (González; 1973, p.123).

En 1903 se firman unos tratados a perpetuidad entre ambos países para ceder el istmo panameño con la idea de agilizar la construcción del canal que se realiza entre 1903 y 1914.

Hacia 1908 se reconoce plenamente la independencia de esta nueva república, después de entregar EU ochenta mil dólares al congreso colombiano. A partir de ese año y hasta finales de 1999, fue cruzado por alrededor de 800 mil navíos de diferentes calados y procedencias, hasta que se comenzaron a construir los barcos “Pos-panamax”, de los cuales existen actualmente unos 300 navegando los mares del planeta y cuyas dimensiones hacen imposible atravesar de un océano a otro a través de dicho canal.

La importancia que tuvo el canal de Panamá, comercial y militarmente durante un siglo, está fuera de toda duda. Sin embargo, esta compleja obra de ingeniería que continúa brindando un importante servicio, al ser la única posibilidad de paso interoceánico, (además del Estrecho de Magallanes) fue “devuelta” a los panameños el 31 de diciembre de 1999 en una ceremonia pomposa y al mismo tiempo discreta.

Años antes tuvieron lugar los “acuerdos Torrijos-Carter” (1977), por medio de lo cual se retiró la cláusula de perpetuidad del tratado anterior, así como los conflictos que desembocaron en las invasiones de Granada y Colón. Fue la época de las protestas y brutales represiones estudiantiles. Sin respetar la soberanía fueron construidas las bases militares (la base aérea Howard y la estación naval Rodem) en las islas panameñas y posteriormente vino el secuestro y encarcelamiento de Noriega, la sangrienta invasión y bombardeo por parte de las tropas navales y aviación estadounidense, (1986) entre otros hechos que tuvieron lugar en esta región latinoamericana.

Las grandes transnacionales y los gobiernos de Estados Unidos y España, principalmente, voltean nuevamente hacia México, específicamente hacia Tehuantepec, al tiempo en que en Panamá se programó un referendo que tuvo lugar el 22 de octubre de 2006, donde los ciudadanos decidieron el futuro del canal como principal recurso económico del país.

Setenta por ciento de los panameños votaron a favor de una ampliación cuyo costo ascendería a unos 5 mil 250 millones de dólares y los trabajos de construcción llevarían unos siete años.

Tuvieron que movilizarse las autoridades del canal, ya que se estima que su vida útil concluye en el año 2012, sin que ello signifique que quedara en desuso.

La tecnología de canales secos multimodales que emprende EU, así como las alternativas que ofrece Centroamérica en Nicaragua y el Istmo de Tehuantepec en México, pudieran significar una fuerte competencia para la ACP (Administración del Canal de Panamá).

El istmo mexicano ofrece condiciones idóneas para abrir, no ya un canal como ruta navegable, sino que puede abrigarse un megaproyecto que contemple la construcción de una doble vía de ferrocarril y varias autopistas para conectar los puertos de Coatzacoalcos, Veracrúz y Salina Cruz, Oaxaca, y entre ellos las conexiones hacia el norte y hacia el sur de América. Este nuevo plan se dio a conocer en el inicio del sexenio de Fox con el nombre de: Plan Puebla-Panamá, aunque tiene antecedentes en el gobierno de Echeverría.

Pude comprobar con los viajes realizados en 2004, que todo lo que había supuesto a partir de las lecturas y de observar el curso de la política en México, junto con el fenómeno social del neoliberalismo, está a la vista.

Las autopistas ahí se encuentran y el artículo 27 constitucional fue modificado por Carlos Salinas para facilitar la reconversión socio-geográfica de esta región. Pudiera abundar más en otros detalles como lo es la energía eólica que ofrece esta “cintura” del país, convirtiendo la zona en un lugar privilegiado para aprovechar las potentes y constantes corrientes de aire que cruzan de uno a otro océano, específicamente en un área cercana a un lugar que se conoce como “La Ventosa”.

Una de las grandes modificaciones se efectuó en 1992, con Carlos Salinas de Gortari, cuando se reformó el artículo 27 Constitucional en materia de tenencia de la tierra, donde se convirtió la propiedad social en propiedad enajenable, así se legaliza que el ejido y la propiedad comunal puedan rentarse o venderse a particulares, restándole además importancia a la asamblea ejidal. En la ley agraria reformada en 1993 debido a esta modificación, se establecen los mecanismos por los cuales se pueden comercializar las tierras ejidales (Almeyra y Alonso; 2002, p.66).

Artículo 45.- Las tierras ejidales podrán ser objeto de contrato de asociación o aprovechamiento celebrado por el núcleo de población ejidal, o por los ejidatarios titulares, según se trate de tierras de uso común o parceladas, respectivamente. Los contratos que impliquen el uso de tierras por terceros tendrán una duración acorde al proyecto correspondiente, no mayor a treinta años.

Ya se han instalado cientos de generadores eólicos con los que se pretende alimentar de energía a las industrias que se posicionen y comiencen a invertir como Aurrerá-Walmart, Repsol, Monsanto y otras.

Considero que no debe ser visto de forma negativa el progreso, siempre y cuando el país se vea beneficiado directamente del mismo. Al decir “el país”, me refiero a la gente de toda condición que pueda recibir dicho beneficio traducido en servicios y oportunidades de desarrollo, al igual que una mejoría sustancial en la calidad de vida.

El problema surge cuando los beneficiarios son los dueños de los capitales extranjeros que se han apropiado de los recursos y en este caso dichos inversores trasladan las ganancias a sus respectivas naciones. De hecho, en su mayoría son principalmente compañías españolas y estadounidenses las que hasta ahora han invertido.

Hasta el momento prevalece una decidida resistencia por parte de las agrupaciones civiles; comisariados y otras representaciones populares, para que se lleve a cabo este plan concebido desde la óptica global y sobretodo neoliberal, sin embargo, constantemente son acosados los pobladores para que dejen sus tierras.

El Plan Puebla Panamá (PPP) habla del desarrollo de la región sur de México integrada por los estados de Veracruz, Puebla, Guerrero, Oaxaca Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo; región caracterizada por una enorme pobreza y un enorme despilfarro de riquezas naturales. Pero también habla del desarrollo de los países centroamericanos (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), así como la integración del sureste de México con Centroamérica por medio de una serie de corredores logísticos de infraestructuras de transporte (carreteras, puertos marinos, aeropuertos), comunicaciones (redes de fibra óptica) y energía (electricidad y gasoductos) (Biodiversidad; 33/1-Agosto-2002).

Las condiciones económicas recesivas en EU habían impedido mayores flujos de capital hacia la zona a través de los organismos financieros que acostumbran endeudar a los países en desarrollo, sin embargo, el gobierno de Bush encontró la manera de enviar los primeros quinientos millones de dólares con el argumento de la colaboración mutua contra el narcotráfico y otros delitos relacionados con la seguridad de Norteamérica.

La presión de las trasnacionales sobre la zona va en aumento y en breve pudiera modificarse el acuerdo constitucional que mantiene el sector energético estatizado para quedar ofertado al capital internacional junto con los recursos del Istmo. Todo ello ha sido acompañado de crisis y rupturas entre grupos sociales donde no ha faltado la represión de las fuerzas del Estado. La gobernabilidad se ha tornado más vulnerable con lo que se hace propicia la intervención externa y de ahí una negociación en condiciones desfavorables que dejan para el otro  las ventajas de los acuerdos.

Estas fechas me recuerdan a los años anteriores e inmediatamente posteriores a 1910, cuando el petróleo se convirtió en el detonante de la guerra revolucionaria tras el crimen de Madero. Enseguida vinieron los “Acuerdos de Bucareli” con el gobierno obregonista y no hemos dejado de ser de alguna manera sometidos a los intereses de los organismos financieros internacionales, por medio de créditos impagables, acuerdos de libre comercio, entre otras medidas bastante difíciles para la vida de un ciudadano que vive del salario y absolutamente cruentas y despiadadas, para los millones que ni siquiera salario tienen.

Volviendo al motivo de la presente consideración, quisiera mencionar un artículo de Walter Goobar (Buenos Aires), titulado “Confesiones de un golpeador económico”, (Público; 24-mayo-2005) en el que habla de un libro escrito por un tal John Perkins, quien por muchos años trabajó al servicio del gobierno de Estados Unidos para introducirse a países pobres y mediante indicadores económicos falsos y otras truculencias, lograba involucrarlos en créditos imposibles de pagar. Con ello se desestabilizaban las respectivas economías, por lo que se recurría a métodos de cobranza bastante extremos. El autor narra que Indira Gandhi fue visitada por un representante de EU, quien le llevó un mensaje donde se le decía que 70 inversionistas estadounidenses, con contratos de inversión de 30 mil millones de dólares, viajarían a Nueva Delhi en cuestión de horas si ella aceptaba un crédito por la misma cifra del FMI.

Gandhi recibió al representante en su despacho del parlamento, pero rechazó la oferta con el argumento de que con dificultades acababa de pagar un empréstito de dos mil millones de dólares y no veía cómo aceptar este “negocio”. Según un alto funcionario, ella pagó con su vida este rechazo.

Así actúan estos monstruos del dinero. Por eso no dudo que una crisis que se agudice con elementos explosivos, tales como el crimen organizado y el no organizado, la corrupción desmedida en los distintos niveles de gobierno, la inoperancia del Estado, etc., viene a la medida para consumar planes como la enajenación del istmo de Tehuantepec.

El proyecto Puebla-Panamá es la cara económica del plan militar Chiapas 2000, renovada estrategia contrainsurgente de rostro más “amable” puesta en práctica por la Secretaría de la Defensa Nacional, dirigida a “quitarle las banderas” a los zapatistas sobre la base de la legitimidad democrática” del nuevo régimen (Facio, La Jornada, 11-12-2000).

Más que nunca debemos informarnos sobre lo que se tramó y negociaron los gobiernos recientes en el contexto neoliberal que se ha instalado políticamente en el país y que ha comprometido no tan sólo recursos naturales, como bienes de la nación que no de las corporaciones, sino también la soberanía sobre espacios geográficos, como lo son las playas, bosques y otros lugares estratégicos por la cercanía de yacimientos o rutas de comercio internacional.

Las señales sobre una intención que opera desde los centros del poder son múltiples y lo que sucede en el sureste mexicano, especialmente en Chiapas y  Oaxaca, no es espontáneo.

Referencias

Almeyra Guillermo y Alfonso Romero Rebeca (2004). “El Plan Puebla Panamá en el Istmo de Tehuantepec”. Universidad de la Ciudad de México.

Biodiversidad 33/1 Agosto de 2002.

Facio Carlos/II (Boletín Chiapas al Día No. 175, http://www.cierpac.org).

González Ramírez Manuel (1973). “El codiciado Istmo de Tehuantepec”. Colección   Metropolitana. Departamento del Distrito Federal, México.

Jerez Henríquez Bárbara / Trabajadora social y estudiante de Maestría en Cs. en Desarrollo Rural Regional. Universidad Autónoma de Chapingo, México.


[1] Por su extensión, “La saga del Istmo de Tehuantepec” fue dividido en cuatro partes. Ésta es la segunda.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.


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La saga del Istmo de Tehuantepec (1/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

La ley igualitaria de la naturaleza es débil frente a la ley desigualitaria de la historia.

Michel Focault

Hace poco más de una  docena de años, durante mis primeras visitas a Oaxaca, un guía explicaba a cierto grupo de turistas acerca de la posible relación de los grabados sobre las rocas que cubren los muros de Mitla — el mictlán, o lugar del “descanso eterno” de los señores zapotecas — con antiguos caracteres procedentes quizá de China.

La imaginación y posible acierto histórico del que hablaba ante los visitantes sugería intercambios que se dieron hace milenios entre culturas distantes y separadas por un enorme océano, mucho más grande aún que toda la tierra conocida entonces.

La simetría de los relieves esculpidos en los muros de dicha ciudad sagrada representa símbolos labrados en piezas que a su vez fueron talladas, cada una, para ocupar un determinado espacio en las sorprendentes edificaciones. Es una técnica de construcción que se acopla a las ondas de los frecuentes movimientos sísmicos que ocurren en la región. Las piedras quedan en su lugar después de las sacudidas, por lo que las representaciones de los bajorrelieves no han sufrido alteraciones por esta causa.

Algunos restos de pintura todavía cubren los recovecos y pasillos que pudieron conservarse por siglos con esa sobriedad. Las escalinatas dividen patios que seguramente en las celebraciones y rituales saturaba el humo del copal. El aire que respiraban quienes se acomodaban en el Palacio de las Columnas, era impregnado de mezclas aromáticas que se revolvían con el olor de la gente que entraba y abandonaba los recintos durante las prolongadas reuniones. Éstas se extendían en ocasiones durante varios días y noches en que no se callaba el bullicio de instrumentos, cánticos y conversaciones, en medio de la algarabía de los niños que correteaban juguetones y los llamados de los vendedores para que se arrimaran los marchantes a ver la mercancía y llevarla.

Los adornos de los atuendos lanzaban destellos a la luz de las antorchas durante las ceremonias nocturnas; cuando las fiestas tenían lugar en pleno día, la actividad parecía flotar entre nubes de penachos, telas y flores.

Los juegos que se practicaban tuvieron un lugar destacado en la antigua sociedad zapoteca, al igual que en el resto de las culturas de Mesoamérica.

Aún se conservan grandes espacios rectangulares que estaban delimitados con muros que en algunos sitios fueron cóncavos y sostenían aros de piedra colocados en distintas posiciones y niveles.

Las variantes en las dimensiones y formas de estos lugares dan idea de los estilos de juego. Algunos cronistas mencionan que en ocasiones los enfrentamientos culminaban con la muerte de los vencidos.

Una gran cantidad de rocas de toda clase y tamaño fueron transportadas y labradas durante cientos de años por las manos de incontables individuos que las colocaron para dar forma a las pirámides, así como las murallas, los patios y las viviendas de la gente que habitó, desde épocas tempranas, el Valle de Oaxaca (5 mil a 3 mil aC).

Ubicándose en Monte Albán (conocida con este nombre por el español que se apropió de estas tierras después de la conquista) es posible contemplar las planicies donde se aprecian las huellas de otras poblaciones ocultas por la acción del tiempo.

Esta metrópoli de la antigua América antecede a otras como Tenochtitlan y Tula, Tollan-Xicocotitlán y quizá halla sido en un tiempo contemporánea de Teotihuacan, la ciudad que veneraron, ochocientos años después de abandonada, los aztecas.

Lo elevado de su ubicación y lo recio de su arquitectura, nos hacen pensar en una ciudad construida en función de la guerra. Las atalayas dominan lejanías donde no podían pasar inadvertidos los forasteros o invasores.

Monte Albán cuyo nombre zapoteco es Dauyacach, que significa “Colina de las piedras sagradas”, se construyó para que sobrevivieran sus habitantes ante las constantes guerras, quienes finalmente se dispersaron por los valles.

Estos combatieron, dominaron y a su vez fueron dominados por distintos agrupamientos emparentados entre sí y con otros extranjeros provenientes de la región del golfo de México, donde habitaron antiguamente los Olmecas (1200 aC).

Cuando hicieron su aparición los europeos la ciudad ya tenía varios años despoblada.

En la parte baja de la colina donde se erigen sus pirámides se extiende la actual ciudad de Oaxaca, bautizada por los españoles del siglo XVI como “La Verde Antequera”. Abunda la cantera de tonalidad verdosa aplicada en las edificaciones.

Es la actual capital de una región multiétnica y gastronómicamente suculenta, que además nos maravilla con su tradición de bordados y arte plasmado en variedad de figuras y tonos que reinventan la luz sobre las telas y objetos. Singulares formas artesanales, lúdicas, como para establecer un contacto fuera de este tiempo y a través de la creatividad que nos lleva a otro mundo.

De pronto aparecemos ataviados con ropa de algodón y sandalias entre una multitud que hace lo mismo. La gente estrena atuendos y adornos mientras se deleita con las vendimias del tianguis que rebosa de acento indígena.

Para comer, las tlayudas, para beber es el mezcal. Además, el clima de Oaxaca trajo la tradición de hacer nieve: bocado de sabor afrutado y melosamente sabroso.

El quesillo se estira como liga y fundido lo untan en el maíz convertido en tlayuda, o sea, la tortilla de Oaxaca tostada y bañada de caldo de frijol.

Un tamal oaxaqueño es la masa de maíz con carne enchilada y envuelta en hojas de plátano. El mole es un lujo presentado como pasta achocolatada, ligeramente picante, que se acompaña con carne, generalmente de pollo.

El chocolate se bebe casi hervido con agua. El agrio sabor del chapulín y el gusano de maguey, nutren y condimentan, junto con hierba santa, los platillos de esta región.

De tales características es tal maravilloso lugar. Y podemos hablar de la genética autóctona, repartida en quinientos setenta municipios habitados por más de veinte etnias subdivididas en ocho regiones: La cuenca del Papaluapan, (Tuxtepec), La cañada, (Huautla de Jiménez) La Mixteca , Sierra Norte, Sierra Sur, La costa, Los Valles Centrales y el codiciado Istmo de Tehuantepec.

Este istmo, significó en el pasado un objeto imprescindible para el desarrollo de los estadounidenses. La historia de ambos países registra las presiones que ejercieron los distintos gobiernos de los vecinos para controlar el estrecho interoceánico. En 1914 se inauguró el Canal de Panamá y el Istmo de Tehuantepec fue temporalmente olvidado.

Ahora el mundo es muy distinto; los recursos como la biodiversidad y los energéticos, adquieren un significado estratégico cuya posesión y control han desatado una carrera sorda, insensible y cruel, que cambió radicalmente las reglas del juego geopolítico.

Las fronteras geográficas pasan a otra categoría debido a los numerosos tratados comerciales y la soberanía se pone bajo el acoso y la presión de las exigencias de los capitales que operan bajo sus propios esquemas globales.

No es remoto que pudiera desencadenarse una transformación que diluya el pacto federal  en el corto plazo y pierda el país su actual fisonomía para dar lugar a dos o tres regiones con características socioculturales y económicas específicas. A un costo político, económico y social imposible de calcular.

El impacto de lo que se decidió hacer veladamente en el Istmo, es de consecuencias tales que afectan en todos los renglones constitucionales y en la sociedad contemporánea, principalmente en la vida de los ciudadanos mexicanos que habitan en dicha región.

Me preocupan y a la vez me decepcionan los gobiernos de nuestro país que permiten que los intereses extranjeros, por medio de las trasnacionales y los políticos enriquecidos en el poder, se apropien nuevamente de una parte del suelo de la patria. Esta zona fue defendida históricamente por individuos íntegros, de la estatura y dignidad del presidente Benito Juárez y el general Lázaro Cárdenas, en cuyo gobierno fue rescatado el istmo que hasta entonces estaba concesionado a los estadounidenses por un acuerdo que se tuvo en fecha cercana a la primera mitad del siglo XIX y que no se había anulado cuando asumió la presidencia.

El istmo de Tehuantepec representa una zona de gran relevancia para los planes de control político-militar y expansión de EU hacia Centro América y América del Sur.

Además, Junto con el canal de Panamá conformaría la ruta por donde pudiera desplazarse más del diez por ciento de la mercancía del comercio que se ejerce mundialmente y es el puente de flujos migratorios y hasta la droga que viaja hacia el norte por tierra.

Me atrevo a presumir que los presidentes mexicanos, durante los últimos cuatro sexenios, obedecieron a intereses que dieron y darán más beneficios a los habitantes e inversionistas de Estados Unidos y europeos, que a los propios ciudadanos mexicanos, a menos que pertenezcan estos a las reducidas clases altas y las mafias que de alguna forma han salido beneficiadas con el auge neoliberal.

A partir del periodo de Miguel de la Madrid Hurtado, han actuado como si los conciudadanos fueran gente de otra categoría, que puede servir en los empleos  de las trasnacionales cuyos salarios no cubren siquiera necesidades básicas.

El lugar donde estudiaron, su educación, entrenamiento y quizá algunos rasgos psicológicos y de su propia idiosincrasia, les hicieron abrazar el llamado Universalismo Europeo y subordinaron la política nacional de sus sexenios al discurso del poder estadounidense. Amenazados, real o imaginariamente por alguien, o convencidos de las bondades de la cultura del dólar, el caso es que han traicionado con lujo de hipocresía, una y otra vez, al pueblo. Le han mentido y lo han rebajado a la condición de esclavo del nuevo colonialismo. Con veleidad comprometen los recursos como el agua, el petróleo, la biodiversidad y la cultura milenaria de los pueblos de la región y del país.

¿Qué clase de gobernantes ha tenido México y algunos países latinoamericanos que cada día son más pobres y menos dueños de sus recursos? (Haití, Colombia, Panamá, Nicaragua, Ecuador, y otros).

Gente ambiciosa, que trata de llevar la fiesta en paz con los sucesivos gobiernos estadounidenses, que les permiten a su vez acumular una envidiable fortuna sin ser molestados, pero siempre bajo la amenaza de fuerzas desestabilizadoras o derrocamientos.

Han asimilado una evidente domesticación pro yanqui, de tal suerte que firman tratados ominosos que desencadenan estallidos sociales por rebajar tanto la calidad de vida de sus gobernados, que bien harían en llamarse víctimas. Sometidos a los organismos financieros internacionales y las mafias que operan las trasnacionales, como si fuesen empleados de categoría muy inferior, arriesgan todo el edificio de nuestra sociedad. Ávidos de poder y sin dominio muchas veces de sí mismos,  suelen exhibirse como bufones ante el mundo y al mismo tiempo son contrabandistas de la riqueza de su país.

No han faltado en la historia; desde Santa Ana, hasta los cuatro jinetes de este Apocalipsis neoliberal de nuestros días: De la Madrid, Salinas, Zedillo y Fox.

El que tenemos ahora va por la misma línea: condicionó el apoyo que le dieron para conservar la presidencia pese al fraude, a cambio de toda facilidad posible a la transformación que sufre el istmo de Tehuantepec y más que nada la militarización yanqui en nuestro territorio, por medio de maquillajes y membretes de planes y proyectos motivados por los aviesos capitalistas convencidos de que el mundo solamente es para ellos y el resto no debe aspirar más que a ser la fuerza de trabajo.

El presente estudio comenzó hace aproximadamente diez años en forma de tarea escolar y a partir de entonces no he dejado de comprobar que las acciones de los gobiernos de América del Norte apuntan en esa dirección.

En el año 2002, envié ingenuamente una carta en respuesta a una convocatoria que realizó el entonces presidente Vicente Fox para diseñar el Plan Nacional de Desarrollo. Hablé claro de este asunto, sugiriendo que el negocio del canal seco, transoceánico, multimodal, fuese para beneficio de los mexicanos por medio de obras sociales tan requeridas en todos los rubros.

Jamás obtuve respuesta. Ellos ya tenían y conservan su plan que no es otro que plegarse al plan de los gringos. Una vez más en esta historia cíclica.

No sabía a quién acudir para tratar de provocar una investigación y posibles foros o debates para ventilar este asunto, por cierto demasiado ocultado por las autoridades o, mejor dicho, bastante maquillado con argumentos y nombres rimbombantes como: Plan de las Américas, Plan de Desarrollo 2000, Plan Puebla Panamá, Plan Mérida y el abominable ASPAN (Acuerdo para la seguridad y prosperidad de América del Norte).

Todos son engendros de una sola bestia, agazapada en el discurso del progreso y las oportunidades. Palabrería abiertamente neoliberal que se empeña en articular a la humanidad bajo el dominio del mercado y de las armas que lo custodian.

Decidí darme a la tarea de documentar y continuar con estas reflexiones que ya es necesario sacar a la luz.

Agradezco a todas las personas que comprendieron su importancia y contribuyeron para el presente trabajo.

Mi admiración y reconocimiento para quienes antes y después de esta obra, han investigado y publicado sus trabajos para que los ciudadanos estemos más informados sobre este tema que tiene la relevancia de ser decisivo para el futuro de los mexicanos.


[1] Por su extensión, “La saga del Istmo de Tehuantepec” fue dividido en cuatro partes. Ésta es la primera. Las tres restantes aparecen en las siguientes ediciones de El Cafecito.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.


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Conspiración Tehuantepec, por Carlos Antonio Villa Guzmán

En momentos de agudización de problemas sociales y crisis políticas como la que vivimos en estos días, es necesario mirar de frente la historia y hacer nuevamente las preguntas que no han sido del todo resueltas y contienen aún mucho material que nos puede servir para descifrar el entramado que se encuentra detrás de los conflictos y que no nos permite ver hacia el fondo, tratándose éste de esconder y disimular por los sucesivos poderes que se han servido de México en lugar de servirle. ¿Qué hay detrás de los puntos medulares de los tratados comerciales de América del Norte y qué similitud guardan en su lógica con los mitificados acuerdos llamados de Bucareli, signados durante el gobierno de Álvaro Obregón? Para nadie es un secreto aquél siniestro “pacto de la embajada” que desencadenó la usurpación de Huerta y el crimen de Madero: todo perfectamente documentado y verídico. Estados Unidos una vez más irrumpió en la vida política de México y no tan sólo provocó la caída y muerte de un líder revolucionario sino que hundió a la nación en una guerra civil de consecuencias terribles en pérdidas humanas y materiales cuya recuperación significó grandes endeudamientos y pactos penosos. Nos vendieron la paz a cambio de una desastrosa dependencia económica y tecnológica que en gran medida ha costado el desarrollo, entre otras calamidades como el atraso sociocultural que padece la población y la precariedad económica del Estado. En gran medida los problemas derivaron de la posesión y explotación del petróleo. El narrador y ensayista, Francisco Martín Moreno, en su obra “México Negro”, documenta perfectamente estos acontecimientos que le dieron un giro decisivo a la historia de México. Lo que aconteció entre 1901 y 1941 trazó el rumbo del país hasta nuestros días y todo a favor de los veleidosos estadounidenses. Aparecen registrados en este lapso los crímenes y las expropiaciones de tierras en la “Faja de Oro” de las Huastecas, al igual que las conversaciones y acuerdos del embajador Lane Wilson con Victoriano Huerta, para hacerse del poder desconociendo a Francisco I. Madero, quien fuera asesinado salvajemente como sucedió con su hermano Gustavo. Toda una trama abusiva para extraer la riqueza sin obstáculos y con la venia de los cómplices de la época.

A casi un siglo de distancia nuevamente nos mueven vientos de cambio revolucionario y no tan sólo las estructuras institucionales muestran agotamiento al igual que las viejas prácticas del ejercicio del poder, sino que una vez más el gobierno de Estados Unidos aparece en la escena y no precisamente como extra, sino con el papel estelar. Siempre ha estado ahí, indudablemente; como “socio”, cliente, proveedor, espía y hasta tutor político. Desafortunadamente también e invariablemente, ha dominado el terreno como fuerza que es el llamado “imperio americano”. No se está exento de su determinismo en todos los renglones bilaterales, tanto en lo comercial, como en lo político e ideológico, hasta en lo moral y no se diga en lo cultural. La influencia es enorme y los estudios no cejan en tratar de descifrar toda esta interrelación con diversos enfoques: desde Octavio Paz, pasando por Alan Riding, los actuales investigadores de los Colegios de ambas fronteras y por supuesto las áreas de universidades de las dos naciones que aplican estudios sociales.

No es exagerado decir que la historia de México, durante casi doscientos años, ha estado ligada en forma dependiente, incluso sumisa, al poderío y expansionismo del país que es vecino en el norte.

Hoy no puede ser de otra manera, incluso la presión se ha intensificado al grado de operar ellos la decisión política más importante del país que es la sucesión presidencial. Ahora no es imprescindible que los embajadores hagan largas estadías en nuestro territorio para afianzar acuerdos, sino que los ex presidentes como Ernesto Zedillo y Carlos Salinas, despachan en sendas oficinas en los centros financieros de allá, del norte, como decimos los de aquí. No es una ocurrencia popular llamarles gerentes en lugar de presidentes, es la realidad. El control hacia México se ejecuta vía la presidencia  de la república y ya ni siquiera es necesaria la carrera política sino que basta con haber dirigido la sucursal de una trasnacional como la Coca Cola.

México vive un pre estallido social que puede ser de grandes consecuencias. Estados Unidos lo instiga como gran beneficiario. Ésa es la tesis que sostengo a partir del análisis documental y en base a la observación del desenvolvimiento de los acontecimientos actuales. Estados Unidos pretende el control absoluto del paso interoceánico en el Istmo de Tehuantepec y  crear una “zona de seguridad” en la región. El desmantelamiento del artículo 27 Constitucional llevado a efecto por Salinas ya apuntaba en esa orientación: se negoció el paso y únicamente falta la crisis social y política para consumarlo en hechos. De Chiapas se pasó a Oaxaca y en breve veremos el sur completo sumergido en esta vorágine planificada. Ahora vamos a tratar de responder: ¿Por qué?

La que pudiéramos llamar “conspiración” de Tehuantepec”, es un plan que implica antecedentes políticos y una evolución histórica que es posible que tenga una vinculación muy directa con lo que se vive en el país en estos días; inestabilidad que en breve pudiera desembocar en ingobernabilidad.

Trataré de explicar en unas líneas lo que he documentado durante aproximadamente  ocho años respecto a este asunto geopolítico:

La parte angosta de la República Mexicana, lo que llamamos Istmo de Tehuantepec, es una región sumamente estratégica en términos de riquezas naturales, recursos (petróleo, uranio, etc.) y además la posibilidad de rutas comerciales entre el norte y el sur del continente, así como entre ambos océanos (Pacífico y Atlántico) que divide dicha zona ístmica. Un paso interoceánico ha sido concebido y discutido por los gobiernos de México y EU, desde la época de Benito Juárez.

En algún momento los vecinos norteños exigieron el libre paso a través del istmo (afortunadamente no se dio esta situación) y se llegó a construir un ferrocarril cuando gobernaba Porfirio Díaz. El Ferrocarril interoceánico, cuyo tendido de vías aún perdura.

Al finalizar el siglo XIX, fue traído por el gobierno francés monsieur Lesceps (el contratista del Canal de Suez) quien sugirió el lugar idóneo para la realización del canal: el Istmo de Tehuantepec; sin embargo, las condiciones sociales del país no estaban como para ceder el paso a los franceses y estadounidenses y éstos últimos buscaron otra alternativa, Colombia, en una parte muy angosta y con abundantes recursos hidrológicos, Panamá, entonces departamento colombiano.

La previsible negativa de los colombianos generó una guerra que se conoce como la “Guerra de los mil días” y en ella murieron alrededor de noventa mil colombianos. Finalmente fue cercenada esta parte del país y los estadounidenses inventaron Panamá para construir el canal.

Fue hasta 1908 cuando el congreso de Colombia, mediante una cierta cantidad de dólares (80 mil), reconoce la independencia de esta nueva república latinoamericana. Cuatro años antes se había inaugurado el canal y hasta 1999, fue cruzado por alrededor de 700 mil navíos de todos los calados y procedencias.

La importancia que tuvo el canal comercial y militarmente durante un siglo está fuera de toda duda. Sin embargo, esta compleja obra de ingeniería hidráulica que continúa brindando un gran servicio al ser la única posibilidad de paso interoceánico (además del Estrecho de Magallanes), fue “devuelta” a los panameños el 31 de diciembre de 1999 en una ceremonia pomposa y al mismo tiempo discreta. Años antes hubo situaciones como los “acuerdos Torrijos- Carter”, las invasiónes de Granada y Colón, las protestas y brutales represiones estudiantiles, las bases militares en las islas panameñas, el secuestro y encarcelamiento de Noriega cuando ya no les fue útil, entre otros conflictos que se han suscitado en este escenario.

Por esas fechas (enero del 2000) el Discovery Chanel presentó un reportaje sobre la intensa actividad de Panamá gracias al canal. En ese programa pudimos apreciar, aparte de la historia y las condiciones actuales de dicha ruta, cómo los nuevos navíos ya no pasan tan fácilmente debido al enorme calado que tienen. Esos gigantescos buques que llevan miles de contenedores y que cada vez se construyen más grandes, requieren otra alternativa.

Un buque insignia de la marina norteamericana, construido durante la Segunda Guerra Mundial, regresó a su base en California y libró con apenas 30 cmts. en cada costado de su enorme casco. Se requirieron 15 prácticos para la maniobra de cruzar por el canal. Son otros tiempos y los días del Canal de Panamá como única vía interoceánica, se han reducido considerablemente.

Las grandes transnacionales y los gobiernos de Estados Unidos y España, principalmente, voltean nuevamente hacia México, específicamente hacia Tehuantepec.

Este lugar ofrece condiciones idóneas para abrir, no ya un canal como ruta navegable, sino que existe un megaproyecto que contempla la construcción de una doble vía de ferrocarril y varias autopistas para conectar los puertos de Coatzacoalcos, Veracruz y Salina Cruz, Oaxaca, y entre ellos una conexión hacia el norte y hacia el sur de América. Este nuevo plan se dio a conocer en el presente sexenio con el nombre de: Plan Puebla Panamá.

En el tiempo que tengo recopilando información he conseguido, entre algunos otros textos, dos libros que me proporcionaron información muy puntual al respecto. El primero de ellos fue editado en 1973 con el título de El codiciado Istmo de Tehuantepec. El autor es Manuel González Ramírez (editado por la Secretaría de Obras y Servicios del DF, Colección Metropolitana). En esta obra el autor da cuenta de los tratados históricos, las intervenciones y maniobras políticas, sobretodo estadounidenses, entre otras artimañas planeadas con este fin.

El otro libro lo adquirí durante un reciente viaje a la zona del istmo. Se titula El Plan Puebla Panamá en el Istmo de Tehuatepec. Los autores son Guillermo Almería y Rebeca Alfonso Romero. La 1ª. Edición es de 2004, pertenece a la colección Pensamiento Propio que editó la Universidad de la Ciudad de México y el Gobierno del Distrito Federal. Se trata de una investigación que recopila información precisa de los aspectos técnicos y económicos de dicho plan, así como la respuesta de las comunidades, entre otros factores en pro y en contra del proyecto. El trabajo da cuenta de todos los aspectos socio políticos, los intereses económicos, tanto privados como comunitarios y los puntos finos de la transformación sociocultural de la zona ante el empuje del Plan Puebla Panamá como eje industrial y comercial de índole global.

Pude comprobar con estos libros y con el viaje, que todo lo que había supuesto a partir de las lecturas y de observar el curso de la política en México, junto con el fenómeno social del neoliberalismo, está a la vista.

Las autopistas ahí se encuentran y el artículo 27 constitucional fue modificado por Carlos Salinas para facilitar la reconversión de esta zona geográfica (es el artículo de la tenencia y uso de la tierra). Todo está corroborado y consignado en los libros que menciono y con ello también respaldo mi hipótesis.

Pudiera abundar mucho más en una gran cantidad de detalles como lo es la energía eólica que ofrece esta “cintura” del país, convirtiendo la zona en un lugar privilegiado para aprovechar las potentes y constantes corrientes de aire que cruzan de uno a otro océano específicamente en un área cercana a un lugar que se conoce como “La ventosa”. Ya se comenzaron a instalar los primeros generadores eólicos con los que se pretende alimentar de energía a las industrias que se posicionen y comiencen a invertir.

Considero que no debe ser visto de forma negativa el progreso siempre y cuando el país se vea beneficiado directamente del mismo. Al decir “el país”, me refiero a la gente de toda condición que pueda recibir dicho beneficio traducido en servicios y oportunidades de desarrollo, al igual que una mejoría sustancial en la calidad de vida.

El problema surge cuando los beneficiarios son capitales privados que pretenden apropiarse de estos recursos y en este caso dichos inversores pudieran ser extranjeros. De hecho son compañías españolas y estadounidenses las que hasta ahora han intervenido.

Hasta el momento existe una decidida resistencia por parte de las agrupaciones civiles, comisariados y otras representaciones populares, para que se lleve a cabo este plan concebido desde la óptica global y sobretodo neoliberal.

Además las condiciones económicas recesivas en E.U., han impedido mayores flujos de capital hacia la zona a través de los organismos financieros que acostumbran endeudar a los países en desarrollo.

Pero no debemos descartar que llegará el momento en que el hilo se rompa y sea inminente la apropiación del Istmo. Para ello es necesario una crisis mayor aún que las que hemos vivido recientemente, para que, ahí está la historia que lo registra, negociemos en condiciones desfavorables y dejemos para el otro las ventajas de los acuerdos.

Estas fechas me recuerdan mucho a los años anteriores e inmediatamente posteriores a 1910 cuando el petróleo se convirtió en el detonante de la guerra revolucionaria tras el crimen de Madero. Enseguida vinieron los “Acuerdos de Bucareli” con el gobierno obregonista y no hemos dejado de ser de alguna manera sometidos a los intereses yankis, por medio de créditos impagables, acuerdos internacionales de libre comercio, entre otras medidas bastante difíciles para la vida de un ciudadano que vive de un salario y absolutamente cruentas y despiadadas para los millones que ni siquiera salario tienen.

Volviendo al motivo de la presente consideración, quisiera mencionar un artículo de Walter Goobar titulado “Confesiones de un golpeador económico”, en el que habla de un libro escrito por un tal John Perkins, quien por muchos años trabajó al servicio del gobierno de Estados Unidos para introducirse a países pobres y mediante indicadores económicos falsos y otras truculencias, lograba involucrarlos en créditos imposibles de pagar. Con ello se desestabilizaban las respectivas economías, por lo que se recurría a métodos de cobranza bastante extremos. El autor narra que Indira Gandhi fue visitada por un representante de EU, quien le llevó un mensaje de que 70 inversionistas estadounidenses, con contratos de inversión de 30 mil millones de dólares viajarían a Nueva Delhi en cuestión de horas si ella aceptaba un crédito por la misma cifra del FMI. Gandhi recibió al representante en su despacho del parlamento, pero rechazó la oferta con el argumento de que con dificultades acababa de pagar un empréstito de dos mil millones de dólares y no veía cómo aceptar este “negocio”. Según un alto funcionario, ella pagó con su vida este rechazo.

Así actúan estos monstruos del dinero. Por eso no dudo que una crisis que se agudice con elementos explosivos tales como el crimen organizado y el no organizado, la corrupción desmedida en los distintos niveles de gobierno, la inoperancia del Estado, etc., viene a la medida para consumar sus aviesos planes.

Por tales motivos quisiera proponer que sea debatido éste y otros temas relacionados, para tratar de profundizar un poco más en la problemática bajo distintos enfoques.

Más que nunca debemos informarnos sobre lo que tramó y negoció el dizque gobierno del cambio como continuidad de los inmediatos anteriores.

Las señales son múltiples, lo que sucede en el sureste y en Oaxaca no es espontáneo. Y por último, lo que se ha dado a conocer a nivel de escándalo en la persona que encarna nada más y nada menos que la máxima autoridad católica del país, contiene los mismos elementos desestabilizadores que obedecen a un plan maestro. No trataré por ningún motivo de justificar y mucho menos librar con mis comentarios al clero de su enorme responsabilidad jurídica y moral, sino ver el asunto en el mismo contexto, es decir, la insidia para poner en la crisis otros elementos que justamente se basan en la división de juicios y opiniones, en este caso la conducta de los prelados y con ello la merma de la fe institucional. Eduardo Galeano había advertido sobre esta clase de dominación a través de las conciencias. ¿A qué exactamente se refirió el cardenal Sandoval cuando responde a los señalamientos de encubrimiento a su correligionario y obispo “primado” de México, al decir que se trata de una intromisión del imperio? ¿Contará con alguna información que le haga señalar a todo el “imperio” norteamericano como causante del “chantaje” (desde su perspectiva) en contra de la autoridad eclesiástica mexicana? ¿De verdad cree que la cúpula del gobierno de los EU desea acabar con la imagen de Rivera Carrera? O, ¿sabe algo más? ¿Estará tan bien informado que piensa que algunos enemigos encontraron un pretexto para agudizar la crisis en México vía la iglesia pero por el lado del desprestigio ético?

Me extendí un poquito, pero me pareció muy importante dar algunos datos para ayudarnos a entender lo que sucede y no ser únicamente “fichas” del tablero que “alguien” mueve y ni sabemos quién, cómo, ni para qué.

Carlos Antonio Villa Guzmán es estudiante de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura en el ITESO, es además director y conductor del programa de radio “A ciencia cierta”.