El Cafecito


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Ingmar Bergman, “La amenaza de la liquidación”, por Salvador Plancarte Hernández

Bergman aparece como un personaje peculiar, independientemente de su cine que en gran parte toma valor por lo que refleja de su vida. Hombre cargado de sinceridad donde en su mente siempre aparece sospechosamente lucida la muerte. En La linterna mágica cuenta su vida y la relación con su entorno, desde pequeño la muerte es una constante inquietante, se observa como un hombre frío, extremadamente inteligente para sobrellevar las emociones humanas, de ahí que dedique su vida a la exposición de ellas. Hombre irónico que usa el humor de forma demasiado sutil en sus filmes, lo muestra en hechos cotidianos o acciones incidentales pero que rompen la solemnidad de su cine, solemnidad en manejo de cámara, puesta en escena, diálogos dentro de los cánones de la pulcritud, ya sean sórdidos y directos o escuetos y razonados, gracias a ellos se observa el rostro humano, y no se tiene a dónde correr. El hombre se observa desnudo, entre líneas vemos a Bergman, su persona y filosofía; su cine, aunque no llega a ser experimental, sí llega a romper ciertos formalismos, sobre todo con recursos de narrativa, sin perder nunca la solemnidad, independientemente del drama humano mostrado y de ahí la genialidad de Bergman, que en el fondo siempre se observa el ser humano. “Si bien existir es ser un ser con otros, si bien el hombre es un animal dialógico, es asimismo un ser que esta solo, un ser radicalmente incomunicable en sus recovecos últimos y profundos”[1].

Característica importante su relación familiar y con Dios, reflejo y tema siempre presente, como él mismo menciona estuvo rodeado de una educación basada en conceptos como pecado, confesión, castigo, perdón y misericordia, lo que se ve claramente a lo largo de su filmografía. Se proyecta la paranoia, desesperación, búsqueda de un lugar en el mundo y de sentido. Todo efecto de impulso emocional se transforma en angustia, considerando que lo angustioso es algo reprimido que retorna. La angustia que produce la muerte, la resolvemos con la proyección de un doble[2], este método puede ser utilizado como exorcismo del propio Bergman en sus filmes que se sienten opresivos y sirven como exorcismos y catalizadores. Bergman ha padecido de angustia, al punto de estar internado animado e inanimado a través de pastillas, este fin existencialista lo compensa con un afán de trabajo y aprendizaje para manejar su vida con más resignación que existencia, llegando a una lucha constante contra sí mismo.

Una de las virtudes de Bergman es la exposición de temas fuertes, que están ligados a la existencia humana y que precisamente por lo delicados que pueden ser se exponen poco en un medio que es mayormente de esparcimiento, quizá por eso sabiendo perfectamente del cine como ficción, se atreva a llevar ciertos temas y a tratarlos cinematográficamente de una manera que puede llegar a ser perturbadora o extrema, y balancea esta devoción con recursos narrativos que hace volver al espectador en sí, alejándose por un momento de la inmersión en la proyección, caso seminal de Persona.

Para entender a Bergman, junto con el contexto se exige una competencia del espectador que pocos directores necesitan, Bergman se refiere a ciertos intereses muy específicos con acciones y temáticas mismas que si el espectador no ha tenido cierta relación con ellas, es poco posible que el nivel de lectura que se le de a uno de sus filmes sea el de la persona con ciertas vivencias y experiencias que sí sean similares, filosofía existencialista, la muerte, incomunicación…

De la emoción – personajes y el sello de Bergman

La cultura actual asume como uno de sus rasgos más característicos el desprecio y la condena de la vida emocional, se desea pertenecer a grupos y estar dentro de ciertos lineamientos pero, a la vez no existe la libertad sobre ellos para poder expresarlos, para Mariano Rodríguez, en su libro Introducción a la filosofía de las emociones, las reacciones emocionales se han convertido en auténticas enfermedades mentales. Se le han adjudicado calificativos que dentro de la esfera social pertenecen a ciertas características, al momento de que la emoción trunca la razón, lleva a la torpeza obstaculiza la lucidez, así se ha intentado establecer una existencia hasta cierto punto sosa, donde si bien los sentimientos que se expresan en el cine mayormente contendientes a un fin positivo o en su defecto un intento de exaltación, Bergman al conjugar estas emociones tan fuertes y cotidianas que todo ser humano posee y colocarlas en una puesta en escena de hechos cotidianos, sobrepasa un límite al que no se está acostumbrado como espectador del cine que a lo largo de la historia de este invento se ha ido dando.

“La pasión se opone a la razón, y nos hunde en las tinieblas y nos pierde en el desvarío […] En buena parte, el significado profundo de la vida humana consiste en una lucha sin cuartel entre razón y pasión”[3]. Parece que la pasión detiene el tiempo y no permite el progreso, la naturaleza se equivoca y es trabajo de la razón luchar contra la alineación emocional. Parece que también algo tan irracional como el afecto, requiere de inteligencia, hay afectos que van en contra de la naturaleza, y otros que parecen netamente naturales, la relación con el entorno es un factor importante que determina esta correlación.

Bergman tiene una búsqueda y un sello constante en su obra cinematográfica, la existencia, la toma de conciencia, los personajes se relacionan para existir, pareja familia, aceptación, humillación, acción-reacción infinita, afirmación, apatía, sumisión… dentro de su discurso se observa al hombre con una preocupación por sí mismo y su entorno, donde sus temas son tan fuertes que parece que el hombre es el agente externo al mundo.

No busca el porqué de las cosas, su esencia, sino que es más angustiante, la búsqueda de un lugar en el mundo, la libertad como la cárcel mas grande de todas las cárceles[4], la pluralidad como nudo.

“Los hombres aunque han de morir, no han nacido para eso sino para comenzar”.

La condición humana entendida por Hanna Arendt, menciona que el Hombre solo trasciende enteramente cuando actúa, la contemporaneidad se convierte en un tiempo de enigmas, de inquietud, el pasado acostumbraba ser un tiempo de certezas en todos los ámbitos sociales y culturales.

La tierra se convierte en la esencia que rige la condición humana, en la acción interviene la pluralidad humana, el hecho inevitable de una sociedad, la naturaleza simbólica de las relaciones humanas, la natalidad y la preservación instintiva.

El deseo de escapar de la condición humana, la desesperada confusión, las repeticiones se han convertido en triviales y vacías, la concepción y paradigmas para actuar en los estándares de la sociedad, el problema de la incomunicación, la falta de identidad, entre situaciones y características propias de la regionalización y época con todo el bagaje y creencias que ello incluye. El hombre engloba capacidades humanas que surgen de la propia condición e irremediablemente no pueden perderse.

En una concepción del cine como instrumento transmisor de emociones, el tema no sería lo único importante, incluso la acción podría pasar a segundo plano. Los personajes y las formas en que éstos llegan a la historia y su relación con el entorno, es lo que resulta apasionante, la narrativa de personajes reales está más cercana a la vida, a la empatía con el espectador y a la estética para transmitir emociones.

Un estudio de los personajes, su psicología, paradigmas, etcétera, pueden crear imágenes en sí mismas, expresando desde dentro, no exteriorizando sino sintiendo. En Bergman es innegable la dirección de actores, que aparentemente se observa sobria, sin embargo lleva una gran profundidad y complejidad. “Piensa que los actores viven dentro de un cuerpo como centro de una caverna. Pídeles que no griten con su boca, sino dentro de su boca. Que no expresen con la cara, sino que sientan debajo de la cara. Cuando me desespero, desde adentro, doy puñetazos dentro de mi pecho que está inmóvil frente a la cámara. No me expreso con movimientos, sino con vibraciones. Vivo debajo de la superficie. La superficie del río no se mueve, pero tú sabes que lleva corrientes profundas”[5]. La idea, como menciona Fassbinder, es mostrar el cambio a través del no cambio, se dan cambios radicales hay un devenir en su cine, una toma de conciencia y un acecho del alma, pero la misma idea parece nublar a los personajes, en el momento en que se llega a un punto de que se cambia o se crea un paso, que no tiene ninguna importancia.

Bibliografía

BERGMAN, Ingmar. Linterna Mágica. Ed. Tusquets. BCN, España, 1987.

SÁNCHEZ Moscoso, Elena Alemany. Del existencialismo al best seller. Ed. Dykinson. Madrid, España, 2003.

RODRÍGUEZ González, Mariano. Una introducción a la filosofía de las emociones. Ed. Huerga y Fierro. 1999.

PUIGDOMENECH, Jordi. Genealogía y esperanza en la filosofía de la existencia de Ingmar Bergman (Tesis) http://www.tdx.cesca.es/TDX-0219102-094907/index_an.html (Consultado 2 Mayo 2007)

The Internet movie database. http://www.imdb.com/title/tt0076686/ (Consultado 2 Mayo 2007)


[1] Doménech, Del existencialismo al best seller, Pp. 93.

[2] Erreguerena, el mito del vampiro, Pp. 27.

[3] Rodríguez, Mariano, Introducción a la filosofía de las emociones, Pp. 9.

[4] Javier Corcobado.

[5] Alejandro Jodorowsky.

Salvador Plancarte Hernández es Licenciado en Comunicación Medios Masivos, actualmente estudia la Maestría en Estudios Cinematográficos en la Universidad de Guadalajara.

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