El Cafecito


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El beso oaxaqueño. Una historia de amor y de derechos humanos, por Enrique Puente Gallangos

beso

La experiencia de los derechos humanos es aún una experiencia universal e intrínsecamente jurídica. Pero eso no quiere decir que dicha experiencia solo sea universalmente jurídica. La experiencia de los derechos humanos implica tres estrategias: la investigación, el activismo social y el litigio jurídico.

La investigación, monitoreo y elaboración de informes del actuar de los órganos constituidos Internacionales, Federales, Estatales, Municipales y todo aquel que tenga el carácter de autoridad y sobre todo no siendo autoridad tenga el Poder. En la experiencia de los derechos humanos son las autoridades y quienes tienen el Poder, los que están obligados a cumplir la ley y a someterse a su coacción. ¿Por qué las autoridades y los sujetos con Poder? Porque son ellos, los que tienen Poder y su exceso en el ejercicio de ese Poder de acción, de omisión, los que vulneran el espacio de los derechos humanos.

El activismo social es parte de esta experiencia de los derechos humanos. Educación a la comunidad, la practica en el tribunal de la opinión pública, calles, escuelas, oficinas de gobierno, prensa, radio, etc. Una sociedad que no esté educada y bien informada en la materia de los derechos humanos, es muy probable que en estos momentos se le estén violando esos derechos sin saberlo.

Como parte de una estrategia integral, investigación, activismo en la materia de los derechos humanos, se encuentra la estrategia jurídica ante los tribunales. Tribunales Federales e Internacionales sobre todo. Pero una estrategia jurídica que sea pertinente, implica un litigio jurídico en los Congresos que hacen las leyes, en los Órganos administrativos del Poder Ejecutivo que aplican estas leyes y emiten actos fundados en ellas, y para complementar un litigio en el lugar donde los jueces interpretan y aplican estas leyes. No es sencillo delimitar el campo de acción de las autoridades y de los sujetos que tienen el poder, como es bien conocido por los juristas el campo del derecho tiene sus zonas de indeterminación, sus lagunas, sus contradicciones, etc. Estas zonas de excepción y poco conocidas por la sociedad, son usadas indiscriminadamente para ejercer el Poder y en consecuencia violar los derechos humanos.

Esta experiencia de los derechos humanos tiene muchas historias por todo el mundo, a través de generaciones y generaciones. Estas historias como algunas historias, son historias de amor. En Oaxaca se vivió una historia de amor, una historia de amor sin derechos, una historia de discriminación de amor. Un artículo 143 del Código Civil de Oaxaca que limitaba solo a parejas heterosexuales construir su historia de amor. Tres parejas del mismo sexo y su abogado Alex Alí decidieron escribir una historia de amor y de derechos humanos “El beso oaxaqueño”.

El beso oaxaqueño, es una historia que se dividió en tres capítulos: La investigación, el activismo social y el litigio jurídico. Alex Alí supo comprender el deseo de estas tres parejas, supo buscar el camino correcto dentro del laberinto que presentan las leyes de este país. Una historia que se llevó casi dos años para llegar a su culminación. El reconocimiento de los matrimonios monoparentales en Oaxaca.

“El beso oaxaqueño” es el parte aguas del estudio estratégico de los derechos humanos, es una historia que será contada en los libros de texto en las Facultades de Derecho y que ya se cuenta. “El beso oaxaqueño” es un punto de inicio que ha permitido a otras parejas poder besarse. “El beso oaxaqueño” no solo permitirá besarse a parejas del mismo sexo, o a parejas heterosexuales. “El beso oaxaqueño” es el inicio de una lucha por el reconocimiento de los derechos humanos, los regionales, los universales y los globales. La lucha por el reconociendo de los derechos humanos aún está en el preámbulo de su construcción.

 

 

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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La cuota de género en las elecciones en México, por Lot Gamboa Soto

En México este año se realizará  el Proceso Electoral Federal 2011-2012, será el domingo 1° de julio, ese día se elegirá Presidente de la República, 128 Senadores  y 500 Diputados Federales.

El 17 de octubre de 1953 se promulgó la reforma constitucional que otorgó el voto a las mujeres  mexicanas en el ámbito federal, pero no sólo se obtuvo poder votar sino también, el derecho a representar un cargo de elección popular, condición que se les exige a los partidos políticos de considerar cumplan con el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) en su artículo 219  que dice “De la totalidad de solicitudes de registro, tanto de las candidaturas a diputados como de senadores que presenten los partidos políticos o las coaliciones ante el Instituto Federal Electoral, deberán integrarse con al menos el cuarenta por ciento de candidatos propietarios de un mismo género, procurando llegar a la paridad”(COFIPE).

El registro de candidatos concluyó el 22 de marzo; en donde se observó por el Instituto Federal Electoral (IFE) que de los 7 diferentes partidos políticos existentes  sólo 2 de ellos cumplieron con este mandato en cuanto a inclusión de género;  los partidos que no alcanzaron a cumplir con la paridad son: PAN, PRI, PVEM, Movimiento Ciudadano y del Trabajo; además que en coaliciones los partidos que conforman Compromiso por México (PRI-PVEM) y Movimiento Progresista, excepto el PRD, tampoco cumplieron con lo establecido por ley.

El IFE llevó a cabo el 30 de marzo una sesión urgente en la que formalizó la solicitud del plazo de 48 horas para que los partidos políticos cumplieran con la cuota informando que se amonestaría públicamente a los partidos y les dará 24 horas más, y de no cumplir en ese plazo perderían el registro y el Instituto sorteará a los candidatos hasta alcanzar la cuota.

A la par de la exigencia legal para el registro de candidaturas también re-apareció el fenómeno de las llamadas “Juanitas”; es decir, aquellas candidatas inscritas por sus partidos políticos para cubrir el requisito de porcentaje de género, pero que al comenzar la legislatura piden licencia para dejar en su lugar a suplentes varones; o lo que también llaman “elusión jurídica”.

El año pasado en el pleno de la Cámara de Diputados se aprobó un proyecto de reformas al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales contra las llamadas diputadas y senadoras Juanitas, que tan pronto como asumen el cargo, solicitan licencia para dejar su curul y cederlo a esposos, hermanos o “padrinos políticos” registrados como sus respectivos suplentes. Avalada con 285 votos a favor y tres abstenciones, la enmienda a la legislación electoral impone por ello a los partidos la obligación de integrar cada una de las fórmulas de aspirantes a la Cámara de Diputados y al Senado con candidatos propietarios y suplentes de un mismo género.

Las cuotas de género se cumplieron, pero esta situación ocasionó que muchos candidatos elegidos democráticamente fueran sustituidos por mujeres, muchas de ellas esposas  o hermanas de militantes de los diferentes partidos políticos, o miembros femeninos del partido que no habían sido elegidas como candidatas por la mayoría de integrantes de su partido.

Al menos una docena de candidatos panistas presentaron juicios de protección de derechos políticos ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. En ellos alegan que ganaron sus nominaciones por la vía que estableció su partido, de manera que no procede que les quiten sus candidaturas.

Según la agencia de noticias Vanguardia, se dieron algunos casos muy comentados como del priista Esteban Valenzuela García, ex  alcalde de Ahome, Sinaloa, quien cedió su candidatura a diputado federal por el segundo distrito a su esposa, María Victoria Vega de Valenzuela; otro caso el de Raúl Orihuela González como candidato propietario por la segunda fórmula de Querétaro al Senado le permitió a la panista María Marcela Torres Peimbert, esposa del ex gobernador Francisco Garrido, convertirse en candidata por mayoría relativa; y como estos ejemplos se dieron similares en todo el país y  en diferentes partidos.

El PAN fue el primero en entregar sus listas de candidaturas a diputados y senadores modificadas para cumplir con el mínimo de 120 lugares para mujeres en diputados y 26 en senadores. El PRI y los partidos de izquierda entregaron sus listas al IFE, Sebastián Lerdo de Tejada representante del PRI, mencionó que su partido realizó 54 cambios, mientras que Camerino Márquez, comentó que el PRD sólo hizo 28. Mientras que la coalición Comprometidos por México, integrada por el PRI y el PVEM, sustituyó un total de 54 candidatos hombres por mujeres, informó el presidente nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell.

Sin embargo, para el caso de los candidatos a la Cámara de Diputados, el PRI excedió el número de varones y fue necesario sustituir a 22 por mujeres, a quienes se le suman otros 28 que debieron sustituirse como producto de la coalición con el Verde, lo cual hizo un total de 22 candidatos varones de origen priista y 32 del Verde sustituidos por el mismo número de mujeres.
El trasfondo ético

El artículo 4 del Código Federal Electoral dice “Votar en las elecciones constituye un derecho y una obligación que se ejerce para integrar órganos del Estado de elección popular. También es derecho de los ciudadanos y obligación para los partidos políticos la igualdad de oportunidades y la equidad entre hombres y mujeres para tener acceso a cargos de elección popular.”

Como se observa en este artículo del COFIPE busca que el referente ético de la política sea la persona, se busca que el derecho humano de la igualdad de género forme parte de los procesos electorales, se aplica una ética de mínimos con carácter universal garantizando la equidad y la justicia en cuanto a la igualdad de oportunidades, aquí este derecho fundamental es recogido por la ley con la finalidad que se garantice su cumplimiento.

Mediante la cuota de género se busca la igualdad de oportunidades, donde los partidos políticos y la Cámara de Diputados a través del COFIPE ejercen el principio subsidiario  de no permitir la discriminación, buscando una Ética de las Administraciones Públicas.

En la inclusión de las mujeres en número equivalente a los hombres como candidatas es el resultado de la responsabilidad moral que le da fuerza a la vida pública a través de sus actores, como lo es El Congreso de la Unión a través de la Cámara de Diputados, los diferentes candidatos y líderes de los partidos políticos y las autoridades electorales, ya que buscan cumplir este requisito con el fin de que haya equidad de género. Sin embargo esta responsabilidad moral de algunos actores políticos se cuestiona con la inclusión de las “juanitas” que convierte a esto en un acto legal, pero con un trasfondo que es inoportuno políticamente y donde muere la verdadera intencionalidad ética, donde el derecho busca que los contenidos morales sean respetados.

Respecto a la opinión pública, la mayoría de los medios masivos aplauden el hecho de que los partidos busquen completar la “cuota de género” sin asumir la responsabilidad de que se está promoviendo la inclusión de personas como candidatas que no fueron elegidas mediante un proceso democrático, llevando a lo que Manuel Volloria define como “ética de la ocasión” ya que está siendo manipulada por los medios y partidos políticos para mostrar una cara de ser éticamente responsables.

Lo que buscan los partidos políticos con el apego a la legalidad en cuanto a la cuota de género es la legitimación del poder, ya que el poder político es necesario para garantizar la convivencia, pero puede convertirse en instrumento al servicio de quien lo ejerce y, por consiguiente, surge la corrupción. “El poder no es el fin último de la política, pero sí su fin instrumental.” (Pérez Duarte)

Los candidatas femeninas que sustituyen a sus homólogos varones en su mayoría no proviene su candidatura de un proceso democrático por lo que no se está dando una democracia participativa; Ildefonso Camacho indica que “el Estado democrático de Derecho significa un paso más la participación de todos en la asignación del poder mediante el sufragio, y el paso al Estado social que supone garantizar una igualdad básica de oportunidades para todos”. Distingue 3 niveles para evaluar el grado de democracia y obtener una democracia participativa, iniciando con lo más formal como el modo de elección de los representantes  hasta establecer condiciones reales de participación mediante el desarrollo de una cultura política; cuyos rasgos se caracterizarían por la tolerancia, el diálogo, la capacidad de negociación y el respeto de las reglas del juego de la democracia.

Lo que debe llevar a la búsqueda de equidad de los candidatos es buscar y ejercer la democracia y que los partidos políticos busquen el bien común más allá del beneficio individual que se obtiene con un puesto de elección popular. Cuando existen prácticas que los partidos llaman de “elusión jurídica” lo que afectan es la calidad democrática y del verdadero sentido de igualdad de oportunidades.

La democracia debe radicar en la verdad, y como se mostró muchas de las candidaturas fueron suplidas por avatares donde son enemigos de la sociedad ya que hacen de lo social su ambición personal y destruyen su imagen política y la convivencia de la sociedad; cometen un mal mayor que es la violación del proceso democrático y debilitan las condiciones del discurso ético para juzgar la moral de las decisiones democráticas.

La práctica de elusión jurídica no promueve el bien  público, el bienestar general, ni el sistema de derechos, tampoco elimina la injusticia deontológica y la paradoja de las manos sucias subsiste. No se cumple el principio de generalidad. Las candidatas “puestas” minan la legitimidad de sus funciones de garantía y con ello el fundamento de su independencia. Mediante esta práctica todos somos afectados.

 

Conclusiones

No está en duda sobre el importante paso que se da al legislar sobre la cuota de géneros en cuanto a la participación política, ya que es el mecanismo que puede no sólo promover sino obligar a que haya una participación equitativa en puestos de elección popular en los distintos partidos políticos.  Es notorio que esto ha logrado que los partidos políticos se cuestionen sobre si realmente le dan importancia a la mujer como militante política y además que busquen abrir espacios (aunque sea obligados por la ley) para que la mujer tenga representatividad.

Al ver que sólo dos de siete partidos en México cumplen con la cuota de género, hace suponer que o la mujer no participa en la política o no es tomada en cuenta; y cualquiera de las dos circunstancias debe de importar ya que ambas son el reflejo de actos discriminatorios y faltos de equidad.

Para que una mujer le quite su espacio en una curul  a un hombre tuvieron que pasar casi 60 años, esto hace una revolución en cuanto a las relaciones de poder y gobierno que se tienen en países como México, donde por ejemplo el presidente de la República Vicente Fox en el 2006  afirmó que “el 75 por ciento de las familias mexicanas ya disponía de lavadoras, y no de dos patas, ni de dos piernas, sino lavadoras metálicas”.

Se logrando la legitimidad como objetivo de la equidad de género, se han modificado las leyes que forman ya un precedente para actuar en situaciones similares futuras y crea un Estado de Derecho.

La sociedad es observadora de los cambios y al ver que la exigencia de las instituciones de la participación de la mujer en los partidos políticos hace que reaccione sobre las razones de este mandato.

Pese a todas estas bondades, no se puede omitir las limitaciones que se tienen todavía, como la poca o nula participación de la mujer en las cámaras, se tiene garantizando una equidad en número no en calidad de la participación; también no está normado sobre qué se va a hacer en los casos de las mujeres que prestan su nombre a un hombre (Juanitas), se tiene que generar normatividad que apoye un ejercicio democrático que sea representativo.

Los actores deben promover un proceso transparente que sea público y autónomo según los principios generales de la democracia; mismo que brinde una solución que respete los valores fundamentales compartidos por todos, tanto a los legisladores como a la ciudadanía. Se deben respetar las reglas del juego de la democracia, que rehúyen al autoritarismo y la coacción. Las mujeres no deben aceptar convertirse en “Juanitas”, ellas deben buscar la justicia sin buscar la publicidad de su partido o el bien individual de la persona que las manipula.

                          Lot Gamboa, es de Acaponeta Nayarit. Es profesora normalista, licenciada en Ciencias Sociales por la Normal Superior de Nayarit, y master en Estudios Humanísticos con especialidad en Literatura del ITESM. Actualmente estudia la Maestría en Ética para la Construcción Social de la Universidad de Deusto España. Imparte clases en preparatoria, profesional y maestría, así como diplomados y cursos de actualización profesional y empresarial en el ITESM.


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En días de luz perfecta y exacta, por Carolina Aguilar Muñiz

Para Claudia, Corina y Doris, que sí llevan el discurso a la práctica.

Asumo que identificarse con una ideología, cualquiera que esta sea, lleva todo un proceso donde nos apropiamos del discurso y lo llevamos a nuestra vida diaria (¿si no para qué nos ponemos la camiseta?), sin embargo las contradicciones existen y muchas veces conocemos personas que se dicen de tal ideología pero no la llevan a los espacios en que se desarrollan.

De esta manera me he encontrado machos anarquistas y fervorosos defensores de la propiedad privada, socialistas de Polanco, promotores del comercio justo comiendo en Mc´Donalds y tomando Coca Cola, también he encontrado profesores de Biblia que nunca la han leído.

Hace pocos días asistí a un taller que impartió una de las grandes investigadoras sobre feminismo en México, las participantes fuimos elegidas de una larga lista de candidatas y el proceso de selección era muy claro, iría solamente la que trabajara en este tema.

Cuando me informaron que tenía un lugar en el tan ansiado taller junté todas mis expectativas (igual que el dinero) y me dediqué, con muchas ganas, a que llegara la esperada fecha, puedo decir que de las dieciséis horas que duró el taller las primeras cinco cumplieron con lo que yo había pensado (bastantes hojas con notas lo comprueban), además que se incrementó la admiración que siento hacia la ponente, una mujer culta y sabia que ha puesto sobre la mesa de discusión la problemática de las mujeres.

El taller pretendía analizar desde varias categorías la situación en la que cada una se encontraba con respecto al tema del empoderamiento. Por respeto a mis compañeras sólo comentaré que el relato de mi hito trajo para mí (la participante de menor edad) el desprecio de mis compañeras hacia mi relato con la reiterada crítica sobre mis actitudes en el hecho que estaba narrando, llegando a cuestionar que las acciones que tome eran más bien impulsadas por el miedo, ah, también argumentaron que pensaba demasiado las cosas. Resumen: está mal pensar y analizar  las situaciones que vivimos y protegerse de los riesgos.

La intención de mi opinión no está de ninguna manera dirigida a desprestigiar el trabajo de estos talleres, mucho menos a la exponente y a la organización, creo que son valiosos y gratificantes los esfuerzos que se han hecho para este tipo de reuniones, simplemente pienso que la congruencia debe estar entre las participantes y si la solidaridad entre mujeres (entendida como sororidad) es un principio rector del feminismo, pues habrá que incorporarlo en nuestras vidas.

El feminismo ha sido el movimiento más exitoso del siglo anterior y esto se ha logrado por la congruencia entre las ideas y los hechos, no hay que echar por la borda los logros y perder el rumbo.

Como decía Fernando Pessoa en voz de su alter ego Alberto Caheiro:

¡Qué difícil es ser consecuente

y no ser sino lo visible!

Carolina Aguilar Muñiz es licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se preocupa por asuntos sociales.


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Cuestión de género, por Luis Buero

El género no es el sexo, sino el conjunto de significados y mandatos que la sociedad le atribuye al rol femenino y al masculino en un determinado momento histórico y social, indicándonos una supuesta forma ideal de ser hombre o mujer.

Por ejemplo: el mundo laboral se divide en un ámbito privado y otro público; a la mujer (la que durante las guerras tuvo que ir a la fábrica y a la empresa a reemplazar al hombre) se la condenó siempre a la invisibilidad del trabajo doméstico, a ser la proveedora obligada de servicios indispensables pero gratuitos.

Lo femenino es definido aún como el territorio de lo emocional, de lo silenciado (de allí que tantos abusos de distinto tipo  se realicen dentro del  perímetro de lo privado), y todo lo que tiene que ver con la reproducción humana (la mujer debe ser madre y el embarazo es su estado de perfección bíblica, su finalidad natural).  Ninguna escapa a esta discriminación, sólo que algunas se convierten en Superniña; son las que corren con el celular pegado en el oído y el trajecito sastre impecable a comprar la harina impalpable para la torta de sus mellizos.

El arquetipo viril nos presenta un hombre proveedor de bienes materiales,  productos culturales y de la sexualidad. El varón  pertenece al sector de lo público, en síntesis, detenta el poder. Para él es “la calle”.

Hoy, aún el inconsciente colectivo sigue atribuyéndole a la mujer el rol doméstico por excelencia, a través de representaciones sociales y psíquicas que las inclinan desde que nacen para desarrollar ciertas potencialidades e inhibir otras.

De allí también la idea estereotipada de que la mujer es sensible, dócil, emotiva, y  el hombre es racional, duro y no llora.

Por eso las telenovelas son para ellas y se emiten en horario vespertino, ya que por la noche llega el hombre para el cual el hogar es un lugar de ocio, no así para la mujer que “sigue estando en su ámbito laboral”.

Pero las necesidades sociales que motivaron el acceso de la mujer al mundo de la producción demostraron que ellas son más versátiles y eficaces  que los varones. Por otra parte la desocupación generó nuevos “amos de casa” resignados a aceptar que la representación de la masculinidad ya no se asienta en el afuera. En este caso, algunos matrimonios sucumben  cuando les resulta intolerable asumir los nuevos roles, el varón se deprime porque deja de ser el proveedor y la mujer a veces lo fustiga y lo desvaloriza. La dama no puede admirar ahora a su  Cid Campeador porque lo ve planchar la ropa y cocinar el bizcochuelo mientras ella vende seguros de vida. Hoy más que nunca la dicotomía masculino/femenino propone una nueva dramática en la que cada uno debe aceptar, compartir, negociar, respetar espacios, contener y sobre todo, amar de veras al otro y al vínculo logrado. 0 de lo contrario seguir siendo parte de un ejército de liberados pero tristes, y demasiado solos y solas.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social.  Colabora para el cafecito desde Argentina. Visita su sitio:  http://www.luisbuero.com.ar


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Argumentos equívocos, por Carolina Aguilar Muñiz

La mayor parte del poder es masculino

y tiende a perpetuarse como masculino

Amelia Valcárcel en “La política de las mujeres”

No afirmar nada antes de conocer a fondo de lo que se está hablando es, seguramente, el argumento más roto que haya existido en la historia de la humanidad y lo digo porque con facilidad abrimos la boca y de ahí surgen cientos de frases, por lo general, confusas.

Hace poco fui a una reunión que prometía una plática interesante, amena y sobre todo inteligente y el objetivo se cumplió, con diez personas en la mesa la charla transcurrió en la polémica y el discurso, de esos encuentros que se agradecen. Todo iba muy bien cuando llegamos, irremediablemente, a la política y de ahí al escabroso tema de las cuotas de género dentro de los partidos políticos (lo cual salió a la luz porque en la mesa había más de un integrante de instituciones partidistas), algunos de los que estábamos sentados a la mesa criticaban que en todas las elecciones a un cargo público había por lo menos una mujer candidata que no había llegado por sus méritos sino porque en toda contienda política era exigida la representación de las mujeres y de ahí se siguió la crítica a las “feministas” que perjudican a las mujeres que realmente merecen llegar a algún cargo de elección popular.

En ese momento recordé que más de una vez (me atrevería a decir que cientos de veces) entre pláticas, programas de televisión, regaños maternos, consultas laborales y demás, he escuchado hablar peyorativamente de las mujeres como feministas, para ponerlo de cierta forma, toda mujer que sea malvada, oportunista, enojona, que odie a los hombres, entre otros bemoles, es una feminista. También recordé que había leído algunos libros sobre teoría feminista (Celia Amorós, Simone de Beauvoir, Amelia Valcárcel, Marcela Lagarde, entre otras) que me habían sacado del error de llamar brujas a las mujeres de la corriente feminista.

Que sirva este artículo para proponer (como regalo de año nuevo) una lectura que nos aclararía muchas dudas con respecto al feminismo, las cuotas de género, las mujeres florero y la relación entre las mujeres y la política, el libro al que me refiero se titula “La polítcia de las mujeres”[1] de Amelia Valcárcel.

Esta es una obra que sostiene al feminismo como una teoría política, nacida a la par que el racionalismo, y que tiene todo un discurso sobre la igualdad y la libertad, sírvanos este argumento, planteado por Valcárcel, para tirar por la borda muchas creencias que sitúan a esta teoría como la contra parte al machismo, como la que lucha contra los hombres para ganarles el poder que han detentado durante siempre y que encasilla a las mujeres feministas como las enemigas públicas de los hombres.

Los argumentos que desde hace tres siglos (lo que tiene de existencia el feminismo) han servido para denostar esta teoría política se sitúan en la idea de que la mujer era un ser menor que nunca alcanzaría la mayoría de edad y por lo tanto el pensamiento para llegar un puesto político o, tan siquiera, la ciudadanía que le permitiera el acceso al voto. Derrumbadas estos argumentos producto del naturalismo, ahora nos concentramos en la idea de que no hay mujeres lo suficientemente preparadas para poder acceder a posiciones públicas y de ahí las pugnas que surgen con relación al temible tema de las cuotas de género, las mujeres florero y el feminismo.

Las mujeres, apoyadas por otras mujeres, que llegan a ciertos puestos en las esferas públicas son consideradas como cuotas de género; por mujeres florero nos referimos a la mujer que es colocada en cierta posición para hacer la finta de una paridad en la distribución de los cargos políticos.

Triste el panorama de la mujer dentro de las instituciones políticas, con el argumento de la equidad de género[2] las mujeres “florero” se han situado en un ámbito masculino para velar por los intereses de los hombres. Pero las cuotas de género no llegan más lejos y se insertan la misma dinámica del poder en las que las sus compañeras “florero” fueron citadas.

Por su puesto que las cuotas de género y las “florero” han sido criticadas sin piedad, tanto por hombres como por mujeres, con el argumento de  impedir el paso a mujeres muchísimo más valiosas en los puestos que ellas ocupan, también han sido objeto de críticas por aprovecharse de su trabajo en las bases (tan usado por los hombres que detentan el poder) para negociar puestos más altos. Sin importar si estos argumentos son o no válidos, lo que sí es cierto es que es la única manera que tienen las mujeres en las instituciones públicas de acceder a ciertos cargos, que nunca serán los más importantes.

Que estos argumentos aquí esgrimidos nos sirvan para darnos la oportunidad de leer a algunas autoras como Amelia Valcárcel y conocer un poco más de esta teoría política y, también para puntualizar que hablar de feminismo no es hablar de una oposición irracional a los hombres, hablar de feminismo es proponer una nueva ciudadanía, una sociedad democrática, de la igualdad y de la libertad.


[1] La política de las mujeres, Amelia Valcárcel. Cátedra. España, 1997.

[2] En el capítulo V, Amelia Valcárcel establece claramente que hablar de mujeres no es hablar de feminismo “El feminismo es una tipología discursiva que tiene fecha de nacimiento y su propia tradición teórica, bastante divergente de algo similar a un discurso genérico sobre las mujeres o de las mujeres. Aunque haya momentos en que puedan coincidir no son lo mismo y es importante que esta distinción quede clara”

Carolina Aguilar Muñiz es licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se preocupa por asuntos sociales.


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La mujer, un blanco de interrogación, por Enrique Puente Gallangos

Al iniciar este recorrido no planteamos como primer interrogante definir el título de nuestro tema y dimos el título “de  la madre”, pero en realidad lo que diremos sobre este tema también le concierne a “la mujer”. Es decir, pretendiendo elaborar algún saber sobre la feminidad, nos topamos con la maternidad. En fin, intentaremos algún decir acerca de la maternidad y de la mujer, un decir que de antemano será no-todo. Pretendiendo re-conocer los avatares de la paternidad en la cultura occidental, intentando dar consistencia teórica a lo que se conoce como “declinación de la función paterna”, presente en la interacción social del siglo pasado y del presente; el turno ahora, toca al establecimiento de las transformaciones que podrían corresponderle a la feminidad en paralelo a la mentada declinación paterna; pensando en el lugar que ocupa la mujer en los diferentes discursos como el jurídico, científico, feminista, etc., a la vez constatar en éstos los efectos de ella.

El siglo XX puede considerarse con justicia el siglo de la mujer, pues no ha sido sino en él, y en especial en la segunda mitad, donde, la mujer, en compás con sus transformaciones en el contexto cultural y político, se ha tomado a sí misma como blanco de interrogación . De ello dan fe los estudios llamados “feministas” o “de la mujer”, las “teorías de género”, etc.; y en un sentido más general, lo que se conoce como “feminismo”.

El feminismo lejos está en su desarrollo de ser un movimiento equilibrado, y cuando leemos sus producciones escritas y sus debates, podemos ver que exceden la manera de denuncia contra el patriarcado social y la cultura de occidente, dicho movimiento representado en un imaginario social. Más allá de las diferencias que pueden suscitar sus escritos, reconozco la severidad intelectual con que están construidos, lo que les confiere pleno derecho al debate. Sumariamente, diremos que la historia del feminismo en tanto tal, se remonta de la segunda mitad del siglo antepasado hasta las primeras dos tres décadas del siglo pasado. Sus premisas se sostienen en una mejora de condiciones sociales de la mujer y fundamentalmente, el sufragio femenino. Posteriormente Simone de Beauvoir, en sus premisas, busca dar cuenta del interrogante fundamental: ¿quién es la mujer y dónde se encuentra?  El fin era develar al máximo que las relaciones más íntimas estaban estructuradas por relaciones de poder, en las cuales la categoría de “hombre” se proponía como dominante.

Continuando con esta sumaria historia del feminismo, en los años sesenta, cuando las mujeres negras, latinas y judías, etc., se sintieron excluidas del movimiento anterior que pretendía dar una visión general al universo de la mujer — “ser madre”, por ejemplo, no resultaba lo mismo según lo fuese pobre, lesbiana o negra —, se plantea la necesidad de un nuevo concepto de conciencia feminista que esté “históricamente determinado, pero que al mismo tiempo se sostenga subjetiva y políticamente”. La propia categoría de “mujer” se complejiza  en forma absoluta, al punto de desplazarse al concepto de “género”, el cual designa el paradigma actual de los discursos feministas. La noción de “género” como categoría analítica cuestiona y desliza el examen desde una noción de mujer universal, histórica, esencialista y biologista, hacia un análisis relacional que se contextúe histórica y culturalmente. Las mujeres que sostenían esta hipótesis iban tan lejos como se pudo. Las mujeres intelectuales podrían trasformar los discursos disciplinarios (científicos, filosóficos, sociales, etc.) construidos desde el inicio de la humanidad por hombres, implicando, según sus pretensiones una nueva historia. La historiadora estaunidense Joan Scott dice: “El género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basado en las diferencias  que se perciben entre los sexos; y es una manera primaria de significar las relaciones de poder”; esto es que el género se presenta como las formas de atribución a los individuos, de aquellas propiedades y funciones que aparecen, en el contexto del cambiante imaginario social, dependientes de la diferencia sexual; simplificando al extremo, el género es el saber sobre la diferencia sexual.

En cuanto a la maternidad, las teorías del patriarcado, han definido la maternidad como una “trampa amarga” para las mujeres que participa de una mistificación ideológica del proceso de producción, se trata de la apropiación masculina del trabajo reproductivo de la mujer por el hombre. Algunas autoras feministas-marxistas como Nancy Hartsock han visto en eso que les es “más propio” a las mujeres la especificidad de lo femenino ligado a las mujeres, lo que las ha llevado a quedar entrampadas en lo mismo que denuncian: la no-naturalidad de la función reproductiva de la mujer.

El feminismo de diferencia destaca la diferenciación biológica, social, psicológica, etc., entre hombres y mujeres, que en un aspecto negativo subsume a la mujer en la dominación masculina y, por el lado positivo, le otorga superioridad por el hecho exclusivo de su superioridad para la reproducción y crianza, reclamando, desde este plano político, prerrogativas específicas para la mujer.

En resumidas cuentas, dicho debate apunta a discernir si el punto de vista del género es adecuado o no para explicar las situaciones desventajosas de la mujer, y si, más radicalmente, el género no reproduce, a través de su concepción binaria (masculino / femenino) los imperativos a los cuales a los cuales ha estado sujeta la condición de mujer; es decir, existe una estrecha vinculación entre género y heterosexualidad y, por tanto, parecería que pretendiesen construir  un concepto que vaya más allá de la polaridad hombre / mujer. Ese concepto es “lesbiana”. Teresa de Laurentis, en su artículo publicado en el número 16 de Feminist Studies en 1990, bajo el título “Exentric subjets: feminist theory and historical conciousness”, dice sobre este concepto “lesbiana”:

“El lesbianismo es el único concepto que conozco que va más allá de las categorías de sexo (mujer u hombre), porque el sujeto designado (lesbiana) no es una mujer, ni económica, ni política, ni ideológicamente hablando, el fin del feminismo sería entonces la desaparición de las mujeres. El lesbianismo no es una simple preferencia sexual personal o un sujeto social, sino un sujeto excéntrico, construido en un proceso de lucha y de interpretación, de reestructura del propio yo, en relación a la nueva comprensión de la comunidad, de la historia y de la cultura”. Y concluye: “Negarse a ser mujer no hace que uno se transforme en hombre, finalmente la lesbiana tiene que ser algo más, ni mujer, ni hombre”.

Sean cuales fuesen las variantes explicativas que respecto a la posición de la mujer en la historia ensayen las diferentes corrientes del feminismo, si en algún punto convergen, es en la crítica a la noción de “naturalidad” con que los diferentes discursos han abordado la cuestión de la feminidad; por lo cual considero que lo que implica esa naturalidad, asociándola a los discursos científicos, jurídicos y feministas, es un “deber ser” de carácter indiscutible. Parece ser que en lo que le ocurre a la mujer están menos concernidos el padre y el hombre; paradójicamente, contestaríamos que el discurso del feminismo va un paso atrás  de las formas mismas de presentación actual de la feminidad, puesto que el feminismo sostiene al padre.

Concluiremos que intentar elaborar una categoría universal que suprima a la de “mujer” — como la de “lesbiana” — como lo dice De Laurentis, es intentar sustancializar lo imposible. Lo femenino es básicamente lo que no tiene patrón de medida, lo que escapa siempre a la idealidad con que se la recubra, sea la maternidad o cualquier “ismo” que la sustituya con matices de fundamento, porque el fundamentalismo es cosa de hombres, hay qué decirlo: los hombres somos “aristotélico-todistas”, nos place, como al estagirita, sustancializar y universalizar, todificar… seguramente para no confrontarnos con ese vacío que se irradia desde el enigma de la feminidad.

Enrique Puente Gallangos es Maestro en Derecho Constitucional y estudia la Maestría en Psicoanálisis, es además catedrático de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y de la Universidad Regional del Sureste.