El Cafecito


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México: la cuadratura imposible de la violencia, por Carlos Antonio Villa Guzmán

Es difícil tener respuestas esclarecedoras sobre el origen y verdadero móvil que persiguen los perpetradores de la cruel matanza de gente inerme, que tuvo el infortunio de buscar un destino mejor internándose a través de uno de los países más peligrosos y mal gobernados del mundo.

La versión manejada sobre la causa y la filiación de los asesinos contiene aspectos inverosímiles. El sentido común nos puede dar un bosquejo de esos angustiosos momentos que sufrieron antes de que se les privara de la existencia tan salvajemente.

Si en verdad se debió el despiadado desenlace a que estas personas se negaran a participar en las filas del grupo llamado “Zetas” e incrementar así efectivos en sus prácticas delincuenciales, ¿cómo es que nadie entre las setenta y dos víctimas, pudo, ante la amenaza de los fusiles, aceptar y salvar así su vida?, ¿todos se negaron al unísono?

Es muy extraño que tal cosa hubiese sucedido. Cualquier persona  atemorizada haría o diría lo que sea en una situación tan extrema, con tal de que su cuerpo no fuera atravesado por las balas. Más aún encontrándose en un paraje aislado, completamente a merced de los verdugos.

Esta reflexión hace suponer que estaban destinados a morir por alguna razón y que ese alguien, uno o varios, decidió o decidieron con antelación que así fuera.

Trasladémonos por unos instantes a otro lugar de este convulsionado mundo, a Irak, donde los marines de EU y soldados de otras latitudes sumados a las fuerzas invasoras, constantemente matan gente originaria para asegurarse la ocupación del territorio. El pretexto esgrimido inicialmente hablaba de la existencia de armas nucleares, lo cual pronto se desvaneció ante la evidencia. Ya no hubo forma de justificar la presencia de las tropas hasta que a alguien “se le ocurrió” responder al fuego, cobrándose vidas de soldados yanquis u otros aliados.

Así surgieron y multiplicaron los deseos de vengar las afrentas, consiguiéndose de paso el respaldo de la opinión pública para que se aplicara todo el hierro y pólvora posible, como escarmiento a los osados iraquíes. Aquí cabe la pregunta: ¿Todos los ataques que fulminaron a los soldados de la ocupación, provinieron de los “enemigos”, o una orden siniestra fue dada para que el propio fuego “amigo” los asesinara? Es poco creíble que un  país arrasado por ejércitos mucho más armados y en número mayor a las propias defensas, fuera capaz de alzar la mano y causar tantas bajas. No es novedoso en la historia de las guerras este tipo de circunstancias, siendo el ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, un ejemplo que encierra dudas: ¿Fue un atentado exclusivamente terrorista o hubo connivencia para tener una razón de probar la bomba atómica?

Hay más evidencias sobre estas tácticas, como lo fuera el hundimiento del barco USS Maine en enero de 1897 en aguas cubanas, sacrificándose de esta forma a decenas de jóvenes marinos.

En los días posteriores al hundimiento del USS Maine, el dueño del periódico New York Journal, un tal William Randolph Hearst, hizo publicar una historia con la leyenda “El barco de guerra Maine fue partido en dos por una arma secreta infernal”. “La historia contaba como los españoles habían plantado un torpedo por debajo del barco que detonaron desde la orilla. Hearst pronto siguió este artículo con otro que contenía diagramas y planos del torpedo secreto utilizado por España. La historia fue republicada en todo el país culpando a los militares españoles de la destrucción del USS Maine. La mentira tocó la fibra sensible del pueblo estadounidense agitando la opinión pública hasta el punto de provocar un frenesí entre la población, que en su gran mayoría quería atacar y eliminar a España del poder en muchas de sus colonias cercanas a EE.UU. Finalmente el efecto del periodismo amarillo prevaleció y los soldados estadounidenses fueron enviados a Cuba. Posteriormente, se produjo la Guerra Hispano–Estadounidense y E.U acabó anexionando a sus territorios Puerto Rico, Filipinas y otras posesiones españolas, utilizando la misma excusa “libertadora” y los mismos métodos propagandísticos”[1].

La perversidad que subyace en las conciencias de quienes crean y dirigen operaciones militares, políticas y propagandísticas, no tiene límites. Todo con tal de generarse ganancias y vaya que el negocio de la guerra las produce, aún en su modalidad de “guerras de baja intensidad”, como la que EU sembró en México, a través del régimen de FC.

Este personaje, ávido de reconocimiento al ser impugnado su ascenso al cargo por grandes segmentos de la población, no ha prestado atención a las voces que desaprueban su “lucha contra los cárteles del narcotráfico y demás bandas criminales”. Se reitera una y otra vez el rechazo a la presencia de fuerzas policíacas y/o militares, en distintas zonas del territorio nacional, las cuales han causado bajas entre la población civil; siendo además EU el principal, si no el único, proveedor del armamento y la logística que se utilizan para ello. Esto bajo el rubro del “Plan o iniciativa Mérida”, que fuera signado por el ex presidente Vicente Fox y el entonces homólogo George Bush.

Ante los hechos, el presidente Calderón proclama que aún habrá más violencia. Tomando en cuenta esta perspectiva sobre lo acaecido en Tamaulipas, a muy poca distancia de la frontera con EU, cabe repetir las preguntas: ¿Quién da vida a esa sobre publicitada organización criminal llamada Zetas? ¿Se puede creer que a pesar de tan sofisticada tecnología de rastreo satelital, entre muchos otros recursos, sea posible que nadie detecte sus movimientos, que pasen desapercibidos y no puedan ser ubicados y monitoreados sus integrantes, así como las operaciones que planean y realizan? ¿Fue esta criminalidad una respuesta de los grupos armados  ante la violencia que el Estado ha presentado contra algunos cabecillas en fechas recientes o, se trata de la estrategia descrita en estos párrafos y que sirve para dar lugar a una intervención mayor, acompañada de la propaganda de los medios de comunicación y contando además con el respaldo de la opinión pública? ¿Se saldrá el amarillismo y quienes se benefician de la sangre derramada con la suya? ¿Por qué ha sido tan ampliamente publicitada la imagen de los cadáveres y del único sobreviviente de la masacre, una de las más cruentas de los últimos años?, “algo no cuadra aquí”.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


[1] David R. Spencer. The Yellow Journalism USA: Northwestern UP, 2007. McCullough, David, Brave companions: portraits in history, Volume 1992, Part 2, Page 80.


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¿Qué quiere de mí el Otro?, por Enrique Puente Gallangos

¿Qué quiere el Otro de mí? El Otro con mayúscula es un significante que designa la introducción del lenguaje, la cultura y la ley en lo social y en un Sujeto. Ley que permite el acceso a la vida humana y ley que constituye el mayor estorbo para lo social y el Sujeto. Como resultado de este planteamiento, cabe repetir una lección quizás no conocida: el sujeto no se produce por un proceso natural de evolución, sino que debe ser arrancado a los significantes del deseo de la madre por la interposición del nombre del padre en una función metafórica. Este acto representa de manera originaria una herida honda gracias a la cual se constituye el sujeto de la ley, secuela de una lucha en la que el sujeto es, por adelantado, el botín. Esta sujeción del sujeto, de la sociedad a la ley es un cato no sin consecuencias. Esta identificación con el Otro con mayúscula, significante de poder, el amo, el uno que regula, desde dentro al sujeto y la relación de éste desde fuera con la ley, con la patria, con la tradición, la familia, dios, el Estado y todas las relaciones políticas relacionadas. En esta identificación del sujeto, el Otro le promete la paz a cambio de constituir al nuevo amo, al Estado y sus emblemas, como límite y como sentido a futuro del sujeto. Si no se cumple con este requisito promesa-constituir, aparecerá la guerra interior y exterior.

Ocuparemos como metáfora lo descrito desde el Psicoanálisis para sostener el siguiente argumento: ¿Qué quiere de mí el Otro? Sería la pregunta que se harían los militares que luchan en la “guerra” que Felipe Calderón ordenó hacer contra el  crimen organizado: obediencia, sumisión, sacrificio, entrega, renuncia a su deseo, identidad con el Estado y las instituciones. El militar entonces podría decir ante la respuesta a su pregunta, “el Otro me quiere… me quiere soldado, soldado al suelo, soldado a la patria, soldado de la patria”. La guerra se entiende como una defensa de los valores; valores que las instituciones, en este caso el Congreso de la Unión y el presidente en conjunto tendrían que valorar y hacer una declaración de guerra, guerra que según entendemos es para defendernos del Otro, otro amo, otro Estado, otro extranjero, otro de fuera, no Otro de adentro. Guerra donde los soldados combaten contra otros soldados, combatientes sujetos a emblemas, significantes que toman valor de absolutos y que siendo el caso tienen presente la pérdida de la propia vida de los combatientes. Significante vida representada por una Constitución, por un ideal colectivo, el territorio, la sociedad.

Pero acaso en esta “guerra”, ¿está en riesgo la Constitución, los ideales de la patria o el territorio mexicano y la sociedad? ¿Ese Otro contra el que se combate es un soberano con derechos de vida y muerte? ¿Ese Otro es una institución? No pienso que los militares estén pensando recibir alguna condecoración simbólica como el corazón púrpura, la estrella de plata, la medalla de honor, felicitación y logros por matar sujetos, niños, niñas, civiles todos. Por supuesto que no, los militares mexicanos saben bien que lo que están haciendo sale de su jurisdicción, sale de sus principios, sale de sus valores, sale de todo lugar lógico y coherente, se sale del campo jurídico, sale de sus manos.

Un país en guerra es un país que se encuentra en un Estado de excepción, donde los derechos mínimos se encuentran limitados, en cuarentena. Pero un Estado que manda una selección de futbol a participar en el mundial a Sudáfrica, un Estado con un grupo económicamente estable o no que asiste significativamente al mismo evento futbolístico, un Estado que lleva a cabo elecciones bajo focos púrpuras, no es un Estado que está en “guerra”. La impresión del Estado mexicano al interior y al exterior es tan real que no se puede simbolizar, una percepción  que casi es un concepto el Estado está en declive, declive que es responsabilidad de los gobiernos, gobiernos que sólo han engañado a la sociedad con sus promesas de paz y que hoy esas promesas se convierten en una guerra.

Ante esta decepción social y colectiva, la figura de autoridad va línea decadente con el Estado, pero hay una pequeña y significante diferencia, la precipitación de la autoridad lleva una velocidad ascendiente día a día y el Estado lleva una precipitación constante, esto nos lleva a deducir que la caída anticipada de la autoridad no llevará como consecuencia la caída del Estado. El Estado, una vez caída la autoridad, tendrá una última oportunidad antes de la inminente caída. Esta oportunidad está directamente relacionada con el Otro, el amo, el uno, el que tendrá que hacer una nueva promesa de paz, el que pedirá una vez más a la sociedad que constituya una autoridad. Autoridad que haga un gobierno, gobierno le enderece al Estado y le dé su última chance. ¿Qué quiere de mí el Otro? Es una pregunta que no sólo se hacen los militares, sino que podríamos hacernos nosotros, todos los que estamos en la misma línea genealógica.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho; Maestro en Derecho Constitucional; Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes; Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autonoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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El peligro para México pide unidad, por Carlos Antonio Villa Guzmán

A estas alturas de un sexenio exorbitante ya no hace falta explicar cuál es el verdadero peligro para México, puesto que se ha hecho evidente por sí mismo, como un artefacto de tormento exhibido en un aparador.

El peligro para México, siendo una de las figuras clave que dividieron al país con el resultado de aquella cuestionadísima jornada electoral de 2006, ahora pide unidad. Aclama por unir las piezas desperdigadas que se fragmentaron ante la imposición, le necedad de que haiga sido como haiga sido, se pusiera, según eso, a realizar el trabajo de un presidente.

El exgobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, fue uno de los principales promotores responsables de que el peligro para México se instalara en la primera magistratura y desde ahí se convirtiera, cada día más, en el vergonzoso funcionario que amenaza con empeorar la situación en el periodo restante de su infame desgobierno. Imposible olvidar aquel “destape”, envuelto de estilo tan característico del sistema largamente ejercido por el PRI: Una reunión de individuos alimentando en sus cabezas las expectativas de algún puesto ideal o relaciones que les ayudasen a incrementar sus capitales. Un llamado a darle cobertura a quien en lo futuro les daría vía libre y toda clase de facilidades para que cosechen en el campo de la política mexicana, por entonces cultivado en gran parte por el PAN.

Fox hizo un gran berrinche contra esta camarilla que se le adelantó, dejando a su gallo Santiago Creel, fuera de los reflectores, pese a los convenios con Televisa, la otra protagonista que invariablemente sumerge sus cámaras en los fangos propios de estas lides. La cita tuvo lugar en el rancho cuyo propietario, un millonario lechero jalisciense, a la postre se hizo de un cargo en gobernación, de la mano de su amigo Ramírez Acuña, un político con pésima imagen en la sociedad por los abusos de poder que fueron la impronta de su gobierno; desde las cruentas represiones contra manifestantes opositores a las posturas vertidas en la Cumbre Iberoamericana, celebrada en mayo de 2004, en Guadalajara, con infiltrados incluidos para “reventar” la protesta, que en principio se acordó pacífica y que gracias a esta estrategia justificó los golpes y violaciones de derechos hacia los afectados, incluida una periodista de origen español, quien fue tratada de manera salvaje y amoral, como le sucedió a otras mujeres detenidas y vejadas por los policías… quienes por cierto, días después recibieron una medalla por su “conducta honorable”.

Es conocida la inclinación de este personaje a expiar, mediante insumos tecnológicos y profesionales expertos, a quienes representan alguna importancia política o cuentan con capital social considerable. De ahí que obtuvo bastante información que, como buen operador de la política estilo gángster, ha sabido capitalizar.

En México se gobierna a golpes, secuestros, amenazas o asesinatos y las víctimas, por supuesto, son los grupos más vulnerables: gente humilde que vende en las calles, puesteros como los de Atenco, indígenas y jóvenes, como aquellos que fueran detenidos y golpeados en Tlajomulco al acudir a una fiesta.

Al igual que en otros episodios ya cotidianos, se repitió la rienda suelta de la lascivia y salvajismo primitivo que caracteriza a los policías, aplicado en las y los jóvenes que fueron sus víctimas.

Esta es la regla del juego sucio que jefatura el poder. Se criminaliza la protesta social, se solapa la corrupción en las altas esferas, con lo que se favorecen empresarios que ni siquiera pagan impuestos, se permite que las compañías trasnacionales saqueen recursos o exploten empleados con salarios miserables, todo ello a cambio de sobornos a los funcionarios; en fin, se deja destruir al país en todos los rubros. En realidad ya no se sabe quiénes y cómo es que sus tareas burocráticas evitan la parálisis total, que se presiente cercana.

Los medios de comunicación más importantes sirven de parachoques o corazas, para que la opinión pública reciba solamente buenas noticias como goles en el mundial o presentaciones de estrellas en los shows televisivos. Son como la “adormidera”, que mantiene a la gente contenta con buenas vibras, gracias a sus entelequias como la reciente ocurrencia de “Iniciativa México”, donde insólitamente el rector de la UNAM, José Narro Robles, mordió el anzuelo y acudió como aval. También es un peligro para México que la masa crítica se deje seducir, a cambio de quién sabe qué beneficios, por estas fuerzas destructivas. Tal vez por miedo o por comodidad, es que se presta este personaje y otros de quienes no se hubiera esperado tal respuesta, al juego.

Mientras persista este régimen, no hay rescate posible para el país y no solamente es el régimen, sino el sistema, la inercia y la lógica con la que operan los actores y sus recursos, lo que ha llevado a esta barbarie caótica. El peligro para México en lugar de pedir unidad en torno a él y su grupo de ineptos, debiera unirse a otros con mayor coherencia; las asociaciones civiles que tanto ha afectado, como son los sindicatos u otros en resistencia.

El peligro para México ha conseguido que otros peligros iguales o peores que él, se postulen para hacerse del poder, como los sicarios que asesinan políticos porque perciben acotamientos a su amplia libertad de delinquir. El peligro para México revolucionó el accionar fatídico que opera en contra de la tranquilidad y el bienestar. Lo único que queda es resignarnos y esperar para el golpe final o emprender la difícil, pero posible tarea de construir un nuevo acuerdo social unificador y tan equitativo como sea necesario. O todas las fuerzas que conservan el estatus de legalidad y armonía se unifican o la mayoría, si no es que todos, padeceremos de un estallido generalizado.

Esto desde luego ha de ser distinto en sus principios y en sus dinámicas a las ofertas mediáticas que no salvan nada y solamente sirven para la autopromoción de quienes las organizan o se involucran. Son simples fuegos de artificio, euforias efímeras, que lo único que liberan es un poco de estados de ánimo y dejan una que otra conciencia tranquila.

Espero que en alguna parte surja esa voz, ese llamado a la unidad desde las antípodas del peligro para México que lo único que consigue es más fracaso. Ojala que este peligro ya guarde silencio y se dedique a escuchar y observar atentamente, si es que le da su capacidad, lo que realmente sucede. Que detenga sus impulsos pueriles e insulsos y deje actuar a los que verdaderamente pudieran hacer algo para conjurar el enorme mal que nos aqueja, que no es otro que la eclosión de las larvas que dejaron tantos años de corrupción, indolencia política y apatía social.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid.


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México en el abismo, por Carlos Antonio Villa Guzmán

De acuerdo a la información que remite a México todos los días, este país se ha vuelto inviable. El gobierno de Felipe Calderón fracasó, es un sexenio perdido.
Mas la pérdida no es tan sólo en cifras por lo que hace a la economía, que se mantiene como una de las perores del continente, sino que también cubre prácticamente todos los rubros: desde la educación a la productividad del campo o las industrias, lo mismo que la inseguridad que padece la sociedad, hasta la enorme corrupción e impunidad con la que actúan los políticos y delincuentes de toda laya. Se pasa por una etapa de terror, con tal incertidumbre que bordea el desánimo total. Quizá sea ésta la peor que se ha vivido durante la época moderna.
Por si las calamidades no convencen a los escépticos que no creen o palpan la profunda desgracia que alcanzó a México, es patente la mayor subordinación a los Estados Unidos, nación que se dispone a participar abiertamente en la política doméstica, lo cual se traduce en imponer o dictar ordenanzas en el terreno de lo militar e inclusive medidas de tipo cautelar para toda la sociedad.
Pese a que los medios de comunicación ocultan el grave descrédito en el que ha caído el actual régimen, las opiniones se multiplican por la red cibernética, así como de boca en boca, encontrándose en ellas incluso la exigencia de la renuncia del presidente Calderón, quien adolece de habilidades para ocupar el cargo, toda vez que su personalidad lo exhibe como alguien propenso a conductas de verdadera torpeza. Hemos constatado que acusa ignorancia hasta en el uso del lenguaje, al tiempo que se conduce de manera pusilánime con los grupos que ejercen la hegemonía, cual obediente empleado, sumiso y al mismo tiempo agresivo con quienes no simpatizan con su lineamiento o doctrina, que se orienta entre la política a secas y lo que tiene carácter confesional, pasando por encima de lo constitucional.
Se le percibe bastante dispuesto a cumplir las órdenes de los autoritarios vecinos del norte en materia de seguridad nacional, lo mismo sucede hacia las exigencias de las empresas multinacionales que decidieron operar en este país, que ven como oportunidad de negocios. Calderón llegó a la presidencia exclusivamente para ofrecer garantías a los grupos de la elite financiera nacional y extranjera.
Incapaz, después de cuatro años de ejercicio de la presidencia, de siquiera poner en funcionamiento al menos una sola iniciativa a favor de los gobernados, como corresponde a un jefe de Estado, hoy su mandato se ha vuelto casi imposible de soportar, inclusive hasta para quienes en principio se mostraron dispuestos a apoyar su periodo sexenal. Por esta razón es difícil creer que pueda lograr permanecer durante los dos años que restan hasta que sea reemplazado.
Tampoco es razonablemente sostenible argumentar que toda la culpa del vuelco al despeñadero, recaiga en este solo individuo y quienes le acompañan en la fallida empresa de gobernar a México. Hay condiciones que intervienen en el fracaso, como lo es un Congreso que impide un accionar hacia determinado rumbo. Se trata de mecanismos paralizantes que restan mando al de por si débil presidente y su grupo, que igualmente no incluye en sus filas personas capacitadas para enfrentar el nivel de las exigencias actuales. O si las hay, es evidente que no se les toma en cuenta.
A poca distancia de tocar fondo el país se asfixia, al tiempo en que peligrosamente acumula presión que en cualquier momento pudiera estallar. Las combinaciones o revolturas de las fuerzas que operan en la compleja sociedad mexicana, desde la amplitud de las fronteras geográficas y sociales, hasta los sótanos tenebrosos del crimen que campea como amo y señor del ambiente, ya están tan licuadas u homogeneizadas que confunden a la opinión pública interna y externa. No se distingue más la cizaña del cultivo benigno. La maleza no permite ver aquello que no está contaminado, por lo que a más de alguno le pasa por la mente prender fuego a todo el territorio social. El incendio que sería provocado por quienes atisban sacar ganancias no está descartado.
Así que después del pozo, la incineración. El país se despedaza en el abismo.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid.


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Calderón: la antítesis de Obama, por Carlos Antonio Villa Guzmán

La disparidad casi antitética entre el gobernante mexicano, tan corto de miras como de estatura y el atlético y culto presidente estadounidense, es apabullante.

El sonriente Barak Obama asume con una aceptación casi universal, como no se había visto en mucho tiempo en su país. En contraste, Felipe Calderón va siempre rodeado de militares y policías a sabiendas de encontrarse con gente que enardecidamente le grita: ¡Espurio!, aunque luego tenga que soportar los maltratos del “amable” y suavecito personal del “Estado Mayor Presidencial”, adiestrado para silenciar y reprimir todo lo que vaya en contra de la imagen de su protegido.

Las multitudes apretujadas en la explanada del Capitolio de Washington, aclamando hasta las lágrimas a su presidente legítimo, porque les inflama de esperanza, no guardan nada en común con el gentío defraudado que deseaba manifestar su coraje ante la presencia del cínico ladrón que asumió el cargo de presidente de México entrando y saliendo por la puerta trasera, custodiado de guardias.

No tiene nada que ver Barak, un hombre inteligente cuyo lenguaje y sentimientos dejan ver claramente un espíritu cultivado, dispuesto a ejercer el cargo bajo una presión que no se puede comparar a ningún otro presidente del mundo, con un individuo que constantemente tropieza con las palabras y con los hechos. Tan falto de idea como de asesores que le eviten caer en los atolladeros donde constantemente resbala, como cuando iba en bicicleta.

Calderón está pagando la necedad y vanidad de verse de mandatario a como dé lugar: “haiga sido como haiga sido”, dijo y se retrató con sus palabras. Impuesto por un clan de voraces que se acaban lo que queda del país a dentelladas, no sabe si continuar de soldado-policía, o predicar homilías oficiales, rodeado de sotanas. El hombrecillo despistado sólo puede impresionar monjas, curas, y ciertos clasemedieros despolitizados, además de colegiales, pero no de todas las escuelas.

Allá sienten alegría, aquí vivimos con terror y vergüenza. Estamos bajo un régimen refractario a la cultura universal, capaz de prohibir besos entre seres que así manifiestan su cariño públicamente. Los gobernantes de ese partido que se llama Acción Nacional, resultaron tan faltos de ética como lo fueran los peores políticos del régimen de setenta años. Prometieron honestidad, eficacia, pero en cambio nos han dado los peores resultados imaginables. Construyeron un “narcoestado”, en tanto se arrulla al pueblo con sermones, le distraen con cohetes, futbolismo o bandas.

Opaca demasiado la figura del presidente estadounidense a la sombra que dice que gobierna en México. Qué pena. Los ciudadanos vecinos acaban de despedir al que consideran el peor presidente de la historia, tan identificado con las lacras que le sirvieron desde aquí y de las cuales no hemos podido librarnos: Salinas, Zedillo, Fox y este pelele: coautores del “Estado fallido”.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.


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Un 1º de diciembre y dos realidades, por Carlos Antonio Villa Guzmán

El final del día de hoy es como para escribir (el mejor antídoto contra el olvido) de algo que se quisiera ver mejor como un sueño. Regreso a las páginas de este diario en una fecha memorable, un día más que se vivió para la historia de este país hoy convulso por la virtud perdida en la prostitución de sus instituciones y sus aviesos corruptores.

El balance puede ser peor, sin embargo, es ya una pesadilla que la televisión al mejor postor trata como siempre de maquillar a fuerza de los gritos mediáticos de los conductores y la tormenta de manchas (en inglés “spots”) publicitarias que promueven al “país de las maravillas”, donde la dulce Alicia y el inolvidable conejo, se convierten en una caricatura de rancheros que vieron siempre a México “de poca y a toda madre”, mientras sus patrones, parientes, secuaces e hijastros se adueñaron de lo que se pudo en el nombre del padre, de los hijos de la señora y del espíritu ni tan santo que nos jugó a todos los mexicanos la chocarrería de llevarlos a Los Pinos.

Hemos vivido uno de los sexenios más vergonzantes y dañinos en la historia de México que incluso llegó a superar los más aciagos días del decrépito PRI. No tan sólo la economía, la educación y la seguridad, fueron rubros donde se fracasó rotundamente, sino que también la política exterior y no se diga la interior han quedado por los suelos. ¿En qué mejoró la vida de la mayoría de los mexicanos que no llevan por apellido alguno de los muy sonados como Azcárraga, Servitje, Salinas, González, Zavala, Bibriesca, Sahagún, etc.?

Seguramente en lo que muchos de los lectores de esta columna se dan un leve descanso entre sus rutinas de trabajo o estudio, los que invirtieron en el proceso electoral más turbio de la historia donde fuimos perversa y cínicamente engañados, hacen cuentas alegres de lo que el gobierno más dudosamente comprometido de cuantos se hayan visto, les ha de pagar por “la ayuda” que dieron en la campaña. ¿Y saben ustedes quién es el que sufraga, como siempre, todo esto? Para qué les digo, no quisiera amargarles el día.

Solamente el famoso cuñado del software truqueado instalado en las computadoras del IFE, ya había sumado a su clientela a casi todo el gobierno federal y otros estatales en tanto el que hoy fue impuesto literalmente a chaleco de la PFP y la coraza del estado mayor, aprovechaba el puesto de secretario de energía.

Televisa se ahorrará el pago de aproximadamente 500 millones de dólares por uso del espacio radioelétrico, mientras que los mexicanos cautivos por hacienda pagan multas por cualquier atraso o error. Por el estilo andan los demás: son empresarios venidos a enhuesarios que soltaron millones porque les parece que un gobierno a modo es mejor negocio que abrir más plantas o invertir en la bolsa.

Quizá desde el porfiriato no se habían vivido tales desequilibrios, aunque sería muy inexacta y por tanto injusta la comparación. Lo que sí es posible y necesario además comentar, es que los que pretenden tener el control político haciéndose del poder del Estado, no hacen una lectura correcta de la situación que vive la sociedad que es muy diferente a la que priva en sus grupos. No lo han siquiera intentado ya que se mantienen en una postura que no cede un ápice en el afán neoliberal donde todo es mercado y competencia. En esto es en lo único que no manejan doble discurso; son directos y claros. Quien no pueda competir, por pobre, por enfermo, por ignorante, por viejo, si no tiene familiares que puedan hacerse cargo de su vida, entonces tendrá que morirse porque la mirada con la que ven los enorgullecidos del PAN, no está para hacer política social, sino para abrirse a las trasnacionales. Lo que alcance a hacer la caridad de la iglesia y el Teletón es prácticamente el único espacio en que se piensa para los millones de olvidados. Ésa es la política neoliberal: la que debilitó al Estado para dejarnos a merced del mercado. Todo vuelto mercancía, en primer lugar los políticos que se venden como tal. ¿Tienen idea del alcance que pudiera llegar a tener una marea humana descontrolada por la infamia y el hambre? Oaxaca nos lo enseña ya. Y los que se quieren encumbrar a costa del vil engaño y la fuerza bruta, no se han dado cuenta según lo que soporto oírle al tal fecal y a los voceros de su clan.

Se tienen en la mira al IMSS y la producción de energía para venderlas al “mejor postor”, que seguramente serán cuñados o amigos, cuando son casi los únicos bienes que le dejaron a la nación. Aunque sigan como caja chica y botín de las corruptelas que ya son de carácter oficial. Dejarlas sucumbir de abandono es la estrategia para justificar su venta entre una camarilla de especuladores. Así sucedió con los ferrocarriles y mucha más infraestructura que de alguna forma se tenía como bienes nacionales. Los propios tecnócratas como de la Madrid y Zedillo (convertido en socio de la empresa estadounidense que adquirió los ferrocarriles de México) dejaron que se volviera chatarra y descompusieran sus gremios para aprovechar los restos. Tal falta de escrúpulos se vuelve criminal. Y más lamentable todavía es el hecho de que el panismo sigue la misma línea y ha sido más corrupto e inepto, se dieron toda clase de licencias, se enriquecieron en seis años, atrasaron la marcha del país y sin embargo escucho a mucha gente que sale en defensa de estos delincuentes ante lo cual  prefiero dejar la explicación del por qué en manos de especialistas en psicología porque francamente yo no logro hacerlo.

La llegada del que afortunadamente hoy dejó de hacer tanto daño a la patria, fue vista por muchos como un signo de cambio y resultó todo lo contrario; no tan sólo no se depuró la vida institucional sino que se agotó cualquier vestigio de moral y legalidad en ella. Pisaron con botas llenas de estiércol la buena voluntad de la gente que esperaba y merecía honestidad y dignidad de los gobernantes. Aplastaron suciamente la ley durante el mandato (Ley Televisa) y remataron con un manejo de la elección totalmente envilecido por las televisoras, la iglesia, los empresarios involucrados, el Yunque y los que están allende fronteras y cuya sombra de ave que planea en círculos se proyecta en la tierra mientras se hace accesible el festín.

Así que no tienen porque no esperar que millones de mexicanos defiendan la dignidad y los bienes nacionales y se manifiesten con deseos de sepultar esta negra página de la historia a base de una resistencia pacífica que finalmente triunfará, según nos lo dice la misma historia.

El PRI se dio el lujo de cometer innumerables fraudes y se mantuvo por muchos años en el poder: otros tiempos, diferente mapa social y actores. Hoy, es una sociedad distinta que en lo único que se compara es en los agravios sufridos.  Lo demás ya no es igual, porque la gente aprendió a modificar leyes y crear organismos civiles. La cultura democrática junto con la sed de justicia mueve multitudes que se muestran cada día más combativas y exigentes para la rendición de cuentas de los gobernantes.

No les conviene a los usurpadores hacerse a la idea de que las cosas serán tersas y mucho menos caigan en la tentación instintiva y por tanto animal de creer que matando se gana. Porque es el camino más directo y corto a perder. Más les vale no calmar la sed de sentarse en el poder, abriendo una fuente de sangre. Los escucho, los veo hablar ante sus cómplices de la televisión y bueno, se ve a las claras que ya tienen el dedo en el gatillo y qué peligro, porque el suelo tiene gasolina desde Mérida hasta Los Cabos. Su léxico corto, los ademanes y gestos indican la clase de veladora que les ilumina por dentro y seguro no van a poder responder de otra manera.

No puede haber buenos augurios, a menos que en el corto plazo los seguidores de AMLO logremos remontar el fraude como si fuese éste el marcador adverso en un juego colmado de ilegalidad y con árbitros vendidos o nulos.

Los niveles de vida y subsistencia de la gente fueron apostados como en un palenque y se perdió. En tanto la resistencia triunfe no se revertirá el sombrío futuro de las garras del capital sin fronteras ni ley.

El enardecimiento de la gente solamente puede ser entendido en función de esta dinámica de dos espirales en las que dos fuerzas se oponen: una impulsada por las finanzas mezcladas de cualquier origen ya sea narcotráfico, limosnas (México es el 9º país entre los que más aportan al Vaticano) contando con la ayuda de las televisoras, y la otra en la que confluyen diversas corrientes y el apoyo se distingue por la pluralidad de procedencias. Desde etnias hasta universitarios pasando por amas de casa y obreros. Se cuentan intelectuales, artistas y familias de distinto lugar social y geográfico. A diferencia del PAN que ejerce un especial control sobre quienes participan y se muestra más hermético y nuclear, el PRD no hace lo mismo en las movilizaciones y éstas se llevan a efecto fortalecidas con la libre y decidida participación de varios millones de ciudadanos que no militan, mas padecen y no están dispuestos a soportar la ofensa que se les ha hecho desde las cúpulas del poder.

Me consta el Zócalo como una alfombra humana. Tres veces lo viví: el pueblo entusiasta, solidario con la causa republicana, emocionado hasta las lágrimas con la idea de dar un rumbo coherente al país. No se han escuchado, desde mi particular punto de vista compartido, propuestas más inteligentes y sobretodo pertinentes que las que emanan de las conciencias de quienes han configurado una idea de país absolutamente viable y mucho más justa por ser incluyente y soberana. El problema es que la perversidad que sabe que esto significa el fin de los beneficios para unos cuantos, lo trata de impedir de cualquier modo, sin reparar en costos, sin detenerse, sin pensar más que en los bolsillos. Atropelladamente, cínicamente, siguen aferrados a un gobierno que en teoría debiera ser de y para todos y en la realidad es de y para muy pocos. Eso explica el origen de esta escalada que nos ha llevado a la antesala de la guerra o guerrillas o cualquier medida de las que suelen tomar los desesperados y los que se aprovechan de la situación sin pertenecer a ningún bando.

Es lamentable que no lo hayan entendido. Sobretodo porque la sociedad mexicana tenía condiciones (recuérdese la llegada de Fox) para un gran pacto, un acuerdo nacional que nos hubiese puesto en diferente dinámica. Bastaba asumir la realidad y privilegiar la política y enaltecerla, en lugar de despreciarla y pretender “administrar” el país “como una empresa”. Estrategia equívoca y fracasada que lo convirtió prácticamente en un changarro lleno de ratones y con la bodega ardiendo.

El extinguidor y el raticida están en el movimiento ciudadano como única alternativa de nación. Nunca acabaremos de agradecer a Andrés Manuel la entrega, la fuerza y la dignidad que nos ha ofrecido tener como pueblo ambicioso de justicia, condición indispensable para el desarrollo y la paz.

Desde esta modesta tribuna expreso mi gratitud y beneplácito por ver un líder íntegro luchando por lo que merece la gente trabajadora y estudiosa de este país y no como los demás que se revuelven encuerdados por las mafias de toda índole que controlan el poder. Robots de harina endurecida movidos por las microondas a control remoto que saben manejar muy bien sus controladores. Inflados por la ignorancia.

El horno no estuvo para bollos y en cambio salieron panes crudos que rápido se engusanaron. ¿Quién lo apagará?

Carlos Antonio Villa Guzmán es estudiante de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura en el ITESO, es además director y conductor del programa de radio “A ciencia cierta”.


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Qué esperar del próximo(s) presidente(s), por Noe García Gómez

Como yo no voté por Calderón y viví de cerca el proceso electoral, y coincido en buena parte con el TEPJF en el sentido de que el presidente Fox intervino indebidamente en el proceso y también indebidamente se inmiscuyeron las cámaras empresariales, y observé cómo el IFE realizó todo lo posible para no dar certeza a la elección y a los resultados, etc., etc., etc., daré mi opinión a grandes rasgos de que deseo no esperar de Calderón y que deseo esperar de Andrés Manuel López Obrador.

Felipe Calderón

1.- Que no siga la política de represión y linchamiento contra los movimientos sociales: algo difícil de que ocurra, pues sus actitudes demuestran una política de ese tipo. Avalando las intervenciones policíacas de la PFP en Texcoco-atenco, SICARTSA y Oaxaca además de la especulación en la designación del Gobernador con licencia de Jalisco y represor de Alter mundistas Ramírez Acuña como secretario de su gabinete la política que seguirá será la del garrote.

2.- Que no dé más dadivas y concesiones al dúo-polio televisivo: el nombramiento de Luis Téllez es el representante en México del Grupo Carlyle, grupo de las venias de Televisa y que impulsa las privatizaciones de sectores como las telecomunicaciones, ¡oh coincidencia!

3.- Que no impulse la privatización de los energéticos y que no sigan con el saqueo a los recursos de PEMEX:  la primera por suerte no depende del Ejecutivo y convencer a dos tercios de la cámara, algo así como 330 diputados, es cosa que por fortuna se ve complicada; la segunda, ni con mis buenos deseos y muchas peticiones se lograra, la designación de Georgina Kessel que como ella lo dice en un ensayo llamado Liberalización comercial y crecimiento económico: “Las condiciones internas y el sistema de incentivos que se está generando mediante la apertura comercial, la desregulación y la privatización, son los más apropiados para alcanzar los objetivos de crecimiento económico”[1]; esto se traduce en que mientras no se privatice PEMEX, para qué modernizarlo, mejor seguir teniéndolo no como una caja chica del gobierno, sino como la gran caja.

4.- Que no siga el modelo económico existente: cosa más que difícil, dificilísima, con Agustín Carstens empleado del Fondo Monetario Internacional como Secretario de Hacienda y Eduardo Sojo, egresado del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, designado Secretario de Economía, el mensaje es no sólo que se tendrán la misma política económica, sino que se empleará a raja tabla sus máximas neoliberales: adelgazamiento del estado, poder inmenso para el mercado, y muchos números bonitos en lo macro, pero pocos resultados en el bolsillo de la gente.

5.- Que no polaricé más al país: si tiene Calderón ahora como “presidente” (nótese las comillas) como asesor interno o externo al español Antonio Solá, que fue el autor de la campaña sucia y su técnica tiene la influencia del propagandista nazi Joseph Goebbels, será cosa más que complicada.

Andrés Manuel López Obrador

1.- Que sea un contrapeso de la actual elite gobernante: que sus propuestas y puntos no sólo queden en buenas intenciones que diga “los cómos” y “los cuándo”.

2.- Que deje a un lado el pragmatismo: que haga a un lado la política pragmática de las encuestas e imagen, que deje a un lado las alianzas coyunturales que sólo traen losas para la izquierda, que se retomen los principios y la ideología.

3.- Que permita que confluyan todas las izquierdas no con o en una persona, sino en un proyecto: que haga entender que la izquierda no necesita de caudillos, necesita de proyectos y rumbos y esos son los que deben regir la vida de los grupos y personas de izquierda, ¡la esperanza no está en un hombre, está en un proyecto distinto!

4.- Que nos devuelva esa esperanza que él nos mostró y que la derecha a muchos ha robado: que con sus acciones y siendo un líder y no un caudillo nos muestre que siguen existiendo esperanzas para el cambio que necesita el país, que nos muestre que aún con todas la andanadas de la derecha por aferrase al poder.

5.- Que impuse las reformas social y políticamente necesarias, como la de seguridad social, una reforma electoral de fondo, la de régimen de gobierno, la de salud y del trabajo.


[1] http://www.cidac.org/vnm/libroscidac/mexico-cambio/Cap-6.PDF

Noe García Gómez es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Aguascalientes; es Presidente de la Secretaría de Asuntos Juveniles del PRD en Aguascalientes. Opínale: honoerato@hotmail.com