El Cafecito


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México: la cuadratura imposible de la violencia, por Carlos Antonio Villa Guzmán

Es difícil tener respuestas esclarecedoras sobre el origen y verdadero móvil que persiguen los perpetradores de la cruel matanza de gente inerme, que tuvo el infortunio de buscar un destino mejor internándose a través de uno de los países más peligrosos y mal gobernados del mundo.

La versión manejada sobre la causa y la filiación de los asesinos contiene aspectos inverosímiles. El sentido común nos puede dar un bosquejo de esos angustiosos momentos que sufrieron antes de que se les privara de la existencia tan salvajemente.

Si en verdad se debió el despiadado desenlace a que estas personas se negaran a participar en las filas del grupo llamado “Zetas” e incrementar así efectivos en sus prácticas delincuenciales, ¿cómo es que nadie entre las setenta y dos víctimas, pudo, ante la amenaza de los fusiles, aceptar y salvar así su vida?, ¿todos se negaron al unísono?

Es muy extraño que tal cosa hubiese sucedido. Cualquier persona  atemorizada haría o diría lo que sea en una situación tan extrema, con tal de que su cuerpo no fuera atravesado por las balas. Más aún encontrándose en un paraje aislado, completamente a merced de los verdugos.

Esta reflexión hace suponer que estaban destinados a morir por alguna razón y que ese alguien, uno o varios, decidió o decidieron con antelación que así fuera.

Trasladémonos por unos instantes a otro lugar de este convulsionado mundo, a Irak, donde los marines de EU y soldados de otras latitudes sumados a las fuerzas invasoras, constantemente matan gente originaria para asegurarse la ocupación del territorio. El pretexto esgrimido inicialmente hablaba de la existencia de armas nucleares, lo cual pronto se desvaneció ante la evidencia. Ya no hubo forma de justificar la presencia de las tropas hasta que a alguien “se le ocurrió” responder al fuego, cobrándose vidas de soldados yanquis u otros aliados.

Así surgieron y multiplicaron los deseos de vengar las afrentas, consiguiéndose de paso el respaldo de la opinión pública para que se aplicara todo el hierro y pólvora posible, como escarmiento a los osados iraquíes. Aquí cabe la pregunta: ¿Todos los ataques que fulminaron a los soldados de la ocupación, provinieron de los “enemigos”, o una orden siniestra fue dada para que el propio fuego “amigo” los asesinara? Es poco creíble que un  país arrasado por ejércitos mucho más armados y en número mayor a las propias defensas, fuera capaz de alzar la mano y causar tantas bajas. No es novedoso en la historia de las guerras este tipo de circunstancias, siendo el ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, un ejemplo que encierra dudas: ¿Fue un atentado exclusivamente terrorista o hubo connivencia para tener una razón de probar la bomba atómica?

Hay más evidencias sobre estas tácticas, como lo fuera el hundimiento del barco USS Maine en enero de 1897 en aguas cubanas, sacrificándose de esta forma a decenas de jóvenes marinos.

En los días posteriores al hundimiento del USS Maine, el dueño del periódico New York Journal, un tal William Randolph Hearst, hizo publicar una historia con la leyenda “El barco de guerra Maine fue partido en dos por una arma secreta infernal”. “La historia contaba como los españoles habían plantado un torpedo por debajo del barco que detonaron desde la orilla. Hearst pronto siguió este artículo con otro que contenía diagramas y planos del torpedo secreto utilizado por España. La historia fue republicada en todo el país culpando a los militares españoles de la destrucción del USS Maine. La mentira tocó la fibra sensible del pueblo estadounidense agitando la opinión pública hasta el punto de provocar un frenesí entre la población, que en su gran mayoría quería atacar y eliminar a España del poder en muchas de sus colonias cercanas a EE.UU. Finalmente el efecto del periodismo amarillo prevaleció y los soldados estadounidenses fueron enviados a Cuba. Posteriormente, se produjo la Guerra Hispano–Estadounidense y E.U acabó anexionando a sus territorios Puerto Rico, Filipinas y otras posesiones españolas, utilizando la misma excusa “libertadora” y los mismos métodos propagandísticos”[1].

La perversidad que subyace en las conciencias de quienes crean y dirigen operaciones militares, políticas y propagandísticas, no tiene límites. Todo con tal de generarse ganancias y vaya que el negocio de la guerra las produce, aún en su modalidad de “guerras de baja intensidad”, como la que EU sembró en México, a través del régimen de FC.

Este personaje, ávido de reconocimiento al ser impugnado su ascenso al cargo por grandes segmentos de la población, no ha prestado atención a las voces que desaprueban su “lucha contra los cárteles del narcotráfico y demás bandas criminales”. Se reitera una y otra vez el rechazo a la presencia de fuerzas policíacas y/o militares, en distintas zonas del territorio nacional, las cuales han causado bajas entre la población civil; siendo además EU el principal, si no el único, proveedor del armamento y la logística que se utilizan para ello. Esto bajo el rubro del “Plan o iniciativa Mérida”, que fuera signado por el ex presidente Vicente Fox y el entonces homólogo George Bush.

Ante los hechos, el presidente Calderón proclama que aún habrá más violencia. Tomando en cuenta esta perspectiva sobre lo acaecido en Tamaulipas, a muy poca distancia de la frontera con EU, cabe repetir las preguntas: ¿Quién da vida a esa sobre publicitada organización criminal llamada Zetas? ¿Se puede creer que a pesar de tan sofisticada tecnología de rastreo satelital, entre muchos otros recursos, sea posible que nadie detecte sus movimientos, que pasen desapercibidos y no puedan ser ubicados y monitoreados sus integrantes, así como las operaciones que planean y realizan? ¿Fue esta criminalidad una respuesta de los grupos armados  ante la violencia que el Estado ha presentado contra algunos cabecillas en fechas recientes o, se trata de la estrategia descrita en estos párrafos y que sirve para dar lugar a una intervención mayor, acompañada de la propaganda de los medios de comunicación y contando además con el respaldo de la opinión pública? ¿Se saldrá el amarillismo y quienes se benefician de la sangre derramada con la suya? ¿Por qué ha sido tan ampliamente publicitada la imagen de los cadáveres y del único sobreviviente de la masacre, una de las más cruentas de los últimos años?, “algo no cuadra aquí”.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


[1] David R. Spencer. The Yellow Journalism USA: Northwestern UP, 2007. McCullough, David, Brave companions: portraits in history, Volume 1992, Part 2, Page 80.


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¿Obama cumplirá sus promesas de campaña?, por Aleida Gallangos Vargas

Volví a encender las esperanzas de que habrá una reforma migratoria, el senado aprobó la reforma de salud, ¿por qué no soñar que se aprobara una reforma que nos dé la legalización? “¡Podré ir a ver a mi familia! ¡Tengo seis años sin verlos! Para eso, ¡necesito estar legal!”, eran las palabras frustradas de la bella chica de origen venezolano.

—¿Por qué no te casas con un ciudadano americano?— pregunté.

—¡No chama! Eso es como caminar con los ojos vendados— respondió —. No sabemos el precio que tenga que pagar por un matrimonio arreglado, quizás sea muy alto hablando en términos monetarios, pero aun mas en términos morales, no podría hacerlo, tengo la esperanza que Obama cumplirá sus promesas de campaña.

Después de esa breve plática recordaba el domingo anterior, a cientos de ciudadanos, en su mayoría latinos, que se  manifestaban rigurosamente como una forma de presión en la marcha efectuada en la ciudad de Washington D.C., a ritmo de trompetas y tambores, gritando consignas tales como: “Obama, escucha, estamos en la lucha” o la ya tan conocida frase que inmortalizara aquel activista méxico-americano César Chávez, “¡sí se puede!”, con carteles sobre las manos apuntando al cielo: “Immigrant roots, immigrant rights”, “Legalisation human rights”, “We can’t be cruel”.

Inminentemente que para el partido demócrata la tarea es difícil, ya que significa debatir la tan ansiada Reforma Migratoria para legalizar a los casi doce millones de personas sin documentos legales en Estados Unidos. Para algunos significaría el comienzo de un proceso legislativo, muchos lo nombran como: “sacar de la sombra”, y se puede colocar como un proceso legal.

El Center for America Progress recomienda que se deberá estar pendiente de los principios básicos:

1.- Tener un proceso para que la mayoría de los indocumentados puedan ponerse en un camino hacia la legalización y eventualmente ganar la ciudadanía.

2.- La importancia de reconocer un proceso legal para que la gente venga con visas y no con coyotes.

3.- Protecciones laborales para que todos los trabajadores estén en un mismo plano y todos puedan hacer que sus derechos sean respetados en el lugar de empleo.

4.- Integración de los inmigrantes, que resulta fundamental, porque se tiene que ayudar a los inmigrantes a que se integren a la sociedad estadounidense, requiere mas disponibilidad de clases de inglés, así como la educación cívica de los recién llegados.

5.- Implementar leyes inteligentes que respeten los derechos civiles de todas las personas y que restablezca el imperio de la ley obteniendo reglas rigurosas pero justas, que respeten el derecho civil de todos los trabajadores.

Para otros resulta preocupante, ya que el movimiento opositor, de tendencia conservadora y algunos grupos antiemigrantes, sugieren el reforzamiento y vigilancia de la frontera, además han argumentado: “Los trabajos ocupados actualmente por inmigrantes ilegales ya existen… esos trabajos podrían ser transferidos inmediatamente a obreros estadounidenses si el gobierno aplicara vigorosamente la ley a los empleadores que contratan a ilegales y sacara del país a esos trabajadores”. Estos grupos con caminos avanzados, sugieren las deportaciones masivas, aumentos de leyes antiemigrantes.

“El otro lado tiene el trabajo más difícil, porque debe exponer los argumentos más sofisticados y ofrecer políticas más humanas, progresistas e iluminantes en medio de un debate emocional”, señaló recientemente el fundador y presidente de la organización America’s Voice, Frank Sharry, para calificar la polémica sobre la reforma migratoria.

Mientras tanto, a los miles de trabajadores que son los responsables de llevar los trabajos mas pesados, que día a día luchan por sobrevivir lejos de sus raíces, de su identidad nacional, que han logrado cruzar la línea y lograr el tan anhelado sueño americano, no les queda más que reforzar la esperanza y cruzar los dedos para que “Obama cumpla sus promesas de campaña”.

Aleida Gallangos Vargas estudió Ingeniería Industrial y de Sistemas en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez; forma parte de la organización Mexicanos sin Fronteras, en Washington DC; lucha por la recuperación de la memoria, el reconocimiento social de los desaparecidos y el derecho a la propia identidad, del periodo de la guerra sucia en México.


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Pisadas de gato, por Carlos Antonio Villa Guzmán

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Una vez más Estados Unidos le está hablando fuerte y directo a México. La violencia de apocalipsis en las redes del crimen sacuden las conciencias de quienes por diversas razones siguen los acontecimientos. Nuestro país entró al concierto de las llamadas guerras de baja intensidad desde hace tiempo, para ser exactos; a partir de la implementación radical del modelo económico privatizador de la economía.
Con cifras cuya exactitud desconocemos pero podemos suponer bastante aproximadas a la realidad, cierta autoridad vecina pondera la ayuda necesaria que pretende dar su país para continuar en esta extraña lucha, de la cual sólo vemos parcialmente la que se libra de este lado de la frontera.
Desde los tiempos de Al Capone o la Banda del Automóvil Gris, se ha perdido la pista de las mafias estadounidenses. ¿Cuál es el sistema norteamericano de tráfico y distribución de drogas de toda clase que parece como si fuera pisadas de gato?
¿Por qué la droga no topa en sus férreas fronteras, puede más la astucia de los narcotraficantes sureños que su elevado poder militar y tecnológico? Yo pienso que la estructura norteña coopera en cuanto a logística, así como todos los pasos que acompañan a las drogas desde su producción, es más, desde la raíz biogenética intervienen las fuerzas oscuras.
Modificar especies, perfeccionar técnicas de cultivo, entre otras características que faciliten operaciones e incremento de ganancias, es parte de este juego de bordes macabros.
Sin la tecnología, el capital y el consumo yanqui, el mundo de las drogas no fuera lo que es. Los servicios de inteligencia del Estado Norteamericano proveen a su gobierno de la información necesaria que les facilita, hasta cierto punto, el manejo de incuantificables cantidades de todo género de productos asociados a las drogas. Esto abarca desde los lugares de origen, hasta el ingreso y ramificación en el territorio: de sur a norte y de este a oeste.
Las preguntas que surgen se configuran en torno a la imposibilidad de que sea detectado el inmenso movimiento que ha de representar el trasiego de miles de toneladas de drogas para llegar a los cientos de miles de poblaciones y finalmente a millones de usuarios o adictos de diverso estrato o condición.
Toda la escala social, desde los subterráneos de los barrios hasta los círculos dorados de las elites, es atravesada por esta saeta normal-delincuencial, que es una característica más de nuestras sociedades: un fenómeno cultural excesivamente globalizado; irradiado por las naciones de elevado desarrollo. Los imperios exportaron al resto del mundo este problema, reconvirtiendo el uso que los grupos autóctonos daban ancestralmente a lo que les daba la tierra, como parte asimilada en su cultura. Nada que ver con las prácticas hedonistas, morbosas y mercantilistas con las que las sociedades “avanzadas” denigraron estas sustancias que se utilizaron como medicina, alimento o fuente de inspiración.
Lujo del estatus para unos en tanto que para otros es un recurso que simplemente sirve para obtener ciertos estados mentales, el uso de drogas conlleva una formidable demanda cuyas fortunas se elevan exponencialmente con la prohibición legal, toda vez que se trata de un mercado y como tal es sujeto a las leyes que lo caracterizan. Las dificultades para su producción y manejo encarecen el producto.
Arma de muchos filos. La legalización del uso de drogas planteada en diversos foros pudiera ser considerada como un factor para distender la enorme problemática que se ha enfocado desde múltiples instancias, desde la medicina social, pasando por la economía y por supuesto algunas ramas del derecho.
Sin embargo, las razones que se han presentado para pensar más en profundidad esta iniciativa, son igualmente significativas, por ejemplo la manera como se controlarían las drogas para evitar el uso en menores de edad o individuos bajo tratamiento médico o en proceso readaptación social. Esta posible solución plantea múltiples inconvenientes que tendrán que ser exhaustivamente analizados.
Por ahora, una de las partes más visibles del problema es lo referente a la violencia que surge a partir del control de las plazas o mercados y la consecuente descomposición de instituciones y autoridades. Sólo que esto se ve únicamente en un sólo lugar: México.
Hacia México se dirige un número desconocido de cargamentos de armas de toda especie que puedan ser utilizadas por bandas criminales. Es otra faceta del negocio y no se dice quién las acerca hasta la frontera y mucho menos menciona alguien los nombres de los proveedores. Es posible que se les pague con droga, todo puede ser admisible con tal de cubrir la formidable y cotidiana demanda que significa Norteamérica.
El gran policía del mundo alza la voz y quizá tenga razón, sin embargo, dentro de su territorio se mueve un gato. Sería conveniente e indispensable para recuperar la credibilidad, la confianza, que le pusiera un cascabel.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.


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Calderón: la antítesis de Obama, por Carlos Antonio Villa Guzmán

La disparidad casi antitética entre el gobernante mexicano, tan corto de miras como de estatura y el atlético y culto presidente estadounidense, es apabullante.

El sonriente Barak Obama asume con una aceptación casi universal, como no se había visto en mucho tiempo en su país. En contraste, Felipe Calderón va siempre rodeado de militares y policías a sabiendas de encontrarse con gente que enardecidamente le grita: ¡Espurio!, aunque luego tenga que soportar los maltratos del “amable” y suavecito personal del “Estado Mayor Presidencial”, adiestrado para silenciar y reprimir todo lo que vaya en contra de la imagen de su protegido.

Las multitudes apretujadas en la explanada del Capitolio de Washington, aclamando hasta las lágrimas a su presidente legítimo, porque les inflama de esperanza, no guardan nada en común con el gentío defraudado que deseaba manifestar su coraje ante la presencia del cínico ladrón que asumió el cargo de presidente de México entrando y saliendo por la puerta trasera, custodiado de guardias.

No tiene nada que ver Barak, un hombre inteligente cuyo lenguaje y sentimientos dejan ver claramente un espíritu cultivado, dispuesto a ejercer el cargo bajo una presión que no se puede comparar a ningún otro presidente del mundo, con un individuo que constantemente tropieza con las palabras y con los hechos. Tan falto de idea como de asesores que le eviten caer en los atolladeros donde constantemente resbala, como cuando iba en bicicleta.

Calderón está pagando la necedad y vanidad de verse de mandatario a como dé lugar: “haiga sido como haiga sido”, dijo y se retrató con sus palabras. Impuesto por un clan de voraces que se acaban lo que queda del país a dentelladas, no sabe si continuar de soldado-policía, o predicar homilías oficiales, rodeado de sotanas. El hombrecillo despistado sólo puede impresionar monjas, curas, y ciertos clasemedieros despolitizados, además de colegiales, pero no de todas las escuelas.

Allá sienten alegría, aquí vivimos con terror y vergüenza. Estamos bajo un régimen refractario a la cultura universal, capaz de prohibir besos entre seres que así manifiestan su cariño públicamente. Los gobernantes de ese partido que se llama Acción Nacional, resultaron tan faltos de ética como lo fueran los peores políticos del régimen de setenta años. Prometieron honestidad, eficacia, pero en cambio nos han dado los peores resultados imaginables. Construyeron un “narcoestado”, en tanto se arrulla al pueblo con sermones, le distraen con cohetes, futbolismo o bandas.

Opaca demasiado la figura del presidente estadounidense a la sombra que dice que gobierna en México. Qué pena. Los ciudadanos vecinos acaban de despedir al que consideran el peor presidente de la historia, tan identificado con las lacras que le sirvieron desde aquí y de las cuales no hemos podido librarnos: Salinas, Zedillo, Fox y este pelele: coautores del “Estado fallido”.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.


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La saga del Istmo de Tehuantepec (4/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

En busca de un paso

La llegada de Hernán Cortés a las playas de lo que hoy es el Golfo de México, donde fundó él mismo la Villa Rica de la Verdadera Cruz en 1519, así como la derrota de los aztecas en Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521, significaron el comienzo de un rumbo diferente para los pueblos establecidos en este territorio del planeta que comenzaban a descubrir los españoles.

Los europeos avanzaron conquistando a su vez territorios y tribus sin saber a ciencia cierta dónde se encontraban. La búsqueda de riquezas, principalmente oro, ocupaban su interés. Todo lo demás pasaba a segundo término, salvo cuando se establecían en las encomiendas que les permitían poseer tierras y esclavos para trabajarlas conforme a las leyes establecidas a partir del coloniaje de las primeras islas americanas. Sin embargo, el colonialismo en el continente tuvo que esperar a que la acción de los conquistadores culminara con el sometimiento y pacificación de los naturales, quienes fueron combatidos con la peor saña jamás practicada, según las narraciones de cronistas y frailes, como Bernal Díaz o el propio Bartolomé de las Casas, así como los propios testimonios de los indígenas sobrevivientes a los tormentos o persecuciones a los que fueron sometidos.

Dichos acontecimientos quedaron narrados en códices que se conservan en museos y colecciones particulares como el Mendocino, el Celia Nuttal, Borgia, el Códice de Tlaxcala, entre otros que se hayan dispersos por el mundo. Los genocidios practicados en estas tierras nunca han merecido disculpas ni recapitulación alguna en ningún sentido, hasta donde se sabe.

Cortés venció y cautivó a Moctezuma y con ello acabó con el mayor poderío organizado en la región. A la postre obtuvo, directamente de Carlos V, el Marquezado del Valle de Oaxaca. Para entonces ya se pensaba en explorar la mar del Sur, descubierta unos años antes por Núñez de Balboa.

El marqués del Valle de Oaxaca, y más tarde el sobrino Francisco Cortés de San Buenaventura, iniciaron la exploración de dicho mar, sin despegarse tanto de la costa, dando su navegación en el golfo que lleva el nombre de mar de  Cortés y cuyas tierras él mismo bautizó como Las Californias. Los barcos fueron armados en las bahías de Huatulco y la expedición culminó con un desastre al enfrentarse a los bravíos aborígenes de la península bajacaliforniana.

Cortés buscaba afanosamente las riquezas de Cíbola y Quibirra. Míticas ciudades cubiertas de metal precioso, según la descripción de otros expedicionarios náufragos que sobrevivieron y cruzaron desde las costas de la Florida, entre los que se recuerda a Albar Núñez Cabeza de Vaca y su ayudante Estebanico. El oro no fue encontrado y Hernán Cortés gastó sus últimos reales en la empresa. Posteriormente viajó a España donde murió.

La costa americana del Océano Pacífico permaneció a la espera de nuevos aventureros y salvo algunos comerciantes de pieles, rara vez se navegada.

La importancia de los puertos del Pacífico llegó a partir de la expedición de Manuel López de Legaspi y Andrés de Urdaneta. Pilotos que zarparon de la Bahía de Tenacatita en las costas del actual estado de Jalisco y encontraron las Islas que bautizaron como Filipinas en honor al príncipe español descendiente de Carlos V, Felipe II de España. En ese momento comienza el comercio con Manila, capital del archipiélago y posteriormente se extiende hasta China. El carey, el bambú, el marfil, la seda, la porcelana y otros productos, pronto invaden los comercios de la Nueva España. Con ello da inicio una nueva época del comercio y las modas cambiaron conforme al uso de los atuendos comerciados. En México, es un ejemplo clásico el traje de “China poblana”. Se le reconoce así a una mujer indígena, mestiza o criolla, ataviada con ropajes de seda de procedencia china. En los varones el atuendo se llevaba con ropa o calzón de algodón, con ceñidor en la cintura y paño de seda rojo en la cabeza, espuelas y chaparreras. Esos eran los chinacos.

Ya estaban abiertas las puertas del oriente, solamente faltaba unir el tramo terrestre para complementar el viaje hasta Europa. Quien lograra abreviar y facilitar dicho tramo, se convertiría en el factor dominante. Por tanto, el afán ha sido y es mayúsculo en términos de dominio, control mercantil, económico y político, en América.

Los caminos, las rutas y puentes, han sido tradicionalmente estratégicos en el devenir humano. El posicionamiento de los turcos en los límites de Europa y anteriormente el avasallamiento romano en el Medio Oriente y África se mantuvieron bajo este tenor. Las llamadas guerras púnicas por el dominio del comercio entre Cartago y Roma, obedecieron a lo mismo; un control militar estratégico y sistemático de las rutas y plazas comerciales. El Mar Rojo y el Mediterráneo fueron comunicados a la navegación por el Canal Suez, construido entre 1859 y 1867 gracias a los trabajos que dirigió Fernando de Leseps. Este canal constituye junto con el de Panamá el único par de puentes o pasos transoceánicos que se cuenta en el mundo.

La presión sobre los sucesivos gobiernos mexicanos por parte de los vecinos norteños, para ceder el libre tránsito a través del Istmo de Tehuantepec, como si fuese su derecho, ha sido una constante histórica que por momentos encuentra calma, como lo ha sido cuando se abrió el Canal de Panamá, inaugurado en 1914. El desahogo por dicha ruta permitió a México vivir cerca de cien años sin que los nubarrones de los intereses internacionales volvieran a nublar el destino, hasta llegados los días actuales en los que nuevamente se presentan las imperiosas leyes del mercado y de la milicia disfrazada de seguridad que controla principalmente E.U, para reclamar  concesiones, facilidades y privilegios de toda índole, ante la pérdida de la capacidad de mantener la soberanía por parte del Estado mexicano.

Tehuantepec vuelve a ser un objetivo. El mundo comercial lo reclama para su dinámica que puede interpretarse en los tiempos actuales como un intercambio de millones de toneladas métricas de productos que van de la electrónica, a los fertilizantes, sin dejar de lado los miles o millones de contenedores saturados de materias primas e insumos para la industria y el comercio que envuelve a todo el orbe, además del disputado petróleo.

Este reclamo bien puede ser aprovechado a favor de millones de habitantes que verán alteradas sus formas de vida. Pudieran ellos acoplarse al nuevo mapa social que marcan los capitales, salvo por un detalle mayúsculo: no entran en el plan como iguales. Su condición de naturales los excluye. En este escollo se coartan las aspiraciones y expectativas que mantienen. Las desigualdades existentes se agudizarían con una abrupta reconversión socioeconómica y cultural de gran impacto, como la que supone este plan de las trasnacionales y del gobierno de Estados Unidos. La constante incapacidad del Estado para dar respuesta a  las demandas de estos sectores y sus rápidos reflejos para disponer de los recursos a favor de los capitales, hacen doblemente explosiva la crisis del Istmo de Tehuantepec en nuestra época.

La ruta para transitar de uno a otro océano por el Istmo, se mantuvo en la mira de los vecinos estadounidenses a través de la historia de ambos países. Forma parte de los acuerdos a raíz de las deudas contraídas por el hecho de perder la guerra México y ser el vecino que posee riquezas y puntos geográficos clave. El afán expansionista de Estados Unidos ubicó al Istmo de Tehuantepec como puente geográfico natural entre los océanos Pacífico y Atlántico, en su ruta más corta después de Centroamérica.

Desde el punto de vista teórico el corredor del Istmo podría entonces reducir a la mitad el tiempo actualmente necesario para llevar mercancías por el Canal de Panamá desde Asia hasta la costa Este de Estados Unidos (de seis días se pasaría a 72 horas por el solo paso transístmico) y también el tiempo de transporte por la misma vía de las mercancías que van de Europa a la costa occidental de Estados Unidos (Almeyra y Alfonso; 2004, p.59).

E.U y México tienen un conflicto histórico en Tehuantepec, semejante al que se tuvo en Colombia, antes de perder este país a su territorio de Panamá. La situación es de primer nivel de atención ya que subordina la política de seguridad de nuestro país a los dictados del comando militar estadounidense de la región.

La misión de regresar por los senderos de la historia no obedece en sentido alguno a revanchismos, sino a la posibilidad de tener una visión que se acople a las nuevas realidades que se configuran en el orbe, sin perder los valores identitarios, en términos de conciliar los momentos de transición cultural en los que se ha visto envuelta nuestra civilización en el capítulo concerniente  a “las Américas”, como pueblos en transición.

La velocidad con la que se desvanece la cultura original de los pueblos latinoamericanos, no nos exime de la obligación de hacer acopio de sus voces y expresiones para explicarnos el devenir actual. No hay comprensión posible al margen de las raíces étnicas y culturales que ciñen nuestro ayer.

“Yo no quisiera otra cosa tanto como volver a esa tierra” escribió un navegante anónimo del siglo XVI. Tal expresión no encierra otra cosa que el anhelo por estar nuevamente en el nuevo mundo; a pesar de todo, las riquezas lo valen. Retornar a las Indias se traducía en una empresa capaz de recompensar los sufrimientos, así se tratase de vérselas con “infieles” dispuestos a vender caro el “pellejo”, o el “ánima”. Ahí se estaba cerca de la ventura de encontrar fuentes prometidas que conservaban el cuerpo jovial por eternidades, o minerales comparables a las riquezas de Salomón. Si no se obtenía lo anterior, la recompensa que daban las mujeres morenas que abundaban y abundan aún en estas latitudes, era comparable a los ritos eleusinos o las caricias de las meretrices de Roma. Todo ello fue el motor del coloniaje, aunado al ímpetu de los religiosos por adoctrinar y “salvar” las almas del averno.

Oro, plata, la grana cochinilla, entre decenas de productos de toda variedad, llenaban las bodegas de las embarcaciones que partían hacia el Viejo continente. Éstas retornaban cargadas de toneles de vino, jamones, mantas sevillanas, espadas, arcabuces, armaduras y muebles laqueados. Las mercancías se acomodaban entre sacos de correspondencia y baúles de ropa madrileña, vajillas, porcelanas y candiles de cristal veneciano.

Era frecuente ver en los puertos el desembarco de salterios y hasta órganos  tubulares desarmados para instalarse en los templos de la Nueva España. Las  imágenes marmóreas de los santos también se transportaban desde Europa, junto con los candiles checoslovacos, óleos y tapetes que habían sido traídos desde Persia.

La remota Catay o China, Manila, San Blas, Acapulco, Veracruz, Nueva Orleáns, La Habana, Sevilla y Londres, se unían con el comercio istmeño de Tehuantepec. Tal actividad era interrumpida por las frecuentes revoluciones y los saqueadores que merodeaban los caminos mexicanos, cuando las mercancías eran llevadas de un océano a otro para reembarcarse.

Las escoltas no siempre garantizaban el resguardo de los carruajes y diligencias ante la superioridad numérica de las gavillas y el conocimiento que los rufianes tenían del terreno. Abundan las crónicas de asaltos y muertes de viajeros o bandidos en estos recorridos. Se supone que los botines se ocultaban en cuevas, antes de ser repartidos y muchas veces se olvidaron dichos escondites cuando eran perseguidos o ejecutados los bandoleros.

Llevar cosas de valor ponía en riesgo la vida y debido a la agitación social del siglo XIX y buena parte del siglo XX, ninguna ruta era segura. Por este motivo se puso énfasis en el resguardo de los pasajeros y sus bienes que cruzaran a través del Istmo de Tehuantepec. Los tratados de Guadalupe Hidalgo (2 de febrero de 1848) y el tratado de La Mesilla (30 de diciembre de 1853) así lo estipulan, al igual que el acuerdo que firmaron (sin que fuera ratificado por los presidentes de ambos gobiernos) McLane y Ocampo, el 14 de diciembre de 1859. No solamente se concesionaría el paso de Tehuantepec, sino el tránsito hasta el puerto de Guaymas y la península de Baja California.

Santa Anna había vendido además el derecho de tránsito por Tehuantepec al español José Garaiz en 1853. La guerra con México y la guerra de secesión en EU, incidieron en la exigencia de estas rutas por parte de los estadounidenses que, al estar divididos en norteños y sureños, requirieron los primeros salidas hacia el Pacífico, lo cual se logró al ocupar los territorios “cobrados” a México.

Por su parte, los sureños, necesitaban sacar y embarcar la producción de algodón, así como proveerse de armamento para continuar los combates. El conflicto entre confederados y unionistas, distrajo hasta cierto punto los asuntos que se enfocaban hacia el cumplimiento de los acuerdos con el uso de las rutas por territorio mexicano.

Sin embargo, al lograrse la paz, los enviados se multiplicaron para negociar con México ya no sólo el tránsito, sino la posesión de territorios que se pretendieron comprar en un afán expansionista, característico del país vecino durante la época y mucho después.

La constante negativa de los gobiernos de Juárez y Porfirio Díaz, para ceder soberanía sobre territorio nacional, mantuvo eficacia dado que en la práctica no se llegó más allá de concesiones, de ahí que los norteamericanos rechazaran la ratificación de los tratados al parecerles insuficiente lo que ampara una concesión. Los emisarios regresaron siempre a Washington con las manos vacías.

Bajo tal esquema, se construyó y autorizó la concesión del ferrocarril transístmico, conocido como el Tehuano, inaugurado por el propio Porfirio Díaz pocos años antes de que fuera liquidado su régimen por la revolución maderista de 1910.

La ambición por Tehuantepec envuelve intentos de desembarco, ofertas y hasta sobornos, creando con ello una constante presión que trasciende el tiempo en que se configuran las naciones americanas hasta nuestros días.

El propio Benito Juárez siendo gobernador de su estado tuvo que detener y finalmente expulsar a los norteamericanos que osaron desembarcar en las costas del istmo sin ningún trámite.

Lo mismo ha padecido Nicaragua, Costa Rica y Colombia, donde tuvo lugar un acuerdo en 1859 y que guarda semejanza con el que negoció McLein con Ocampo. Les mueve a estas “negociaciones” el mismo interés dominante que busca hacerse de cuanto recurso sirva a los planes de los poderosos.

En medio de cada acción que ha desencadenado esta historia, hay documentos y testimonios que tal vez sea interesante conocer y revelar. Saber quienes y en qué forma han intervenido en el desarrollo de este complejo y no menos importante tema, es lo que se ha propuesto la presente obra.

La relación de por sí difícil, entre una nación fuerte y una débil, tiene que ver con la sustancia, es decir, los “cómo” y los “por qué, de lo que se realizó. No es sencillo explicar cómo y por qué tal país se anexionó más de la mitad del territorio de su vecino, empero se puede entender a simple vista. Basta revisar la historia y el origen de cada pueblo.

Tener lo que otro necesita y no ser lo suficientemente fuerte como para cuidarlo, puede ser muy peligroso. Por otra parte, carecer de algo que el vecino tiene y ser más fuerte que él como para arrebatárselo, debe poner a prueba las capacidades de compromiso y ética, para que finalmente se logre obtener lo que se requiere sin llegar a lastimar su dignidad.

Los países latinoamericanos han facilitado suministros que ayudaron a enriquecer a otros sin salir ellos mismos de su pobreza. La paradoja de la mina de oro y el jacal de quien trabaja en ella, subyace en nuestros pueblos. La magnífica abundancia no nos exime de que millones vivan aislados de la cultura que permite a otros el acceso a estudios, servicios y beneficios, que les ofrecen niveles de vida aceptables y/o privilegiados.

No es una ocurrencia pesimista decir que en Latinoamérica casi todos son pobres. Es que en realidad la mayoría lo es. La disfuncionalidad social se agrava en proporción a las distancias entre los que tienen en abundancia y los que carecen de casi todo.

No es problema nuevo y tampoco el único que enfrentamos, aunque sí el más importante de todos.

La fórmula que eligieron los gobernantes, des- regula y libera los términos y los flujos del mercado. Los libres tratados comerciales destraban y desconocen obstáculos para colocar la mercancía donde conviene que esté y en las condiciones que más favorezcan en cuanto a transportes, embalajes, aranceles y las indispensables rutas.

Se ofrece con esta dinámica aumentar los movimientos del capital y de allí se desprende el crecimiento de la economía. Esto es real para quienes tienen medios de estar en el juego gracias al ingreso que perciben o los bienes que heredan o acumulan vía negocios, desarrollo profesional o inversiones.

Lo deseable y esperado teóricamente por quienes mantienen esta expectativa es que paulatinamente las clases subordinadas accedan a los peldaños superiores. Sin embargo, el desencantamiento llega pronto y la sociedad no se iguala ni en los países más desarrollados. Se da en ellos, eso sí, una mejor distribución del gasto público en términos de equidad y pertinencia de servicios para los ciudadanos. Otra característica de los que tienen mejores estadísticas en niveles y calidad de vida, es la menor corrupción en contraste a lo que ocurre en México, por ejemplo.

Evidentemente se acentúa la crisis pos electoral de 2006 en este país. Las razones del conflicto son hasta cierto punto claras, porque las fuerzas que se disputan el poder político han manifestado su ideología y más que nada la estrategia con las que cada fracción busca presidir el destino de los mexicanos en el terreno social y político del futuro inmediato.

Unos, se han hecho a la idea de que no debe interrumpirse la inercia del neoliberalismo que opera desde hace años. El compromiso es tanto internacional como nacional, ya que en base a capitales mixtos o totalmente extranjeros, es como se busca reactivar y crecer económicamente. Esto significa también que el Estado libere sectores considerados estratégicos, como el energético y los hidrocarburos. Tal liberación no es otra cosa que la privatización.

El impacto de una medida semejante pudiera trasformar los equilibrios y de no tener un fundamento que asegure una transición estable de una condición a otra, los estallidos sociales como los que han brotado serían la constante hasta llegar a la ingobernabilidad total y en el peor de los casos; una guerra civil.

Las luces de alerta se han encendido porque las decisiones tomadas en este sentido no dieron resultados, es más, ni siquiera se acercaron a las expectativas. Se desploma la credibilidad y se multiplica la inconformidad. La economía no se aleja del anémico dos por ciento de crecimiento, mientras que se ordenan más sacrificios de parte de los desposeídos. El trato privilegiado al empresario aniquila el porvenir de varias generaciones de mexicanos y latinoamericanos sometidos a políticas del mercado. No se trata de aludir al discurso que la izquierda utiliza y repite sin tregua y muchas veces con razón, sino de poner al día nuestra visión sobre las constantes antropológicas y socioeconómicas que con variados tintes dibujan nuestra realidad.

Evidentemente no se han agotado los embates neoliberales alentados por la derecha. Su fuerza es capaz de crear ambientes virtuales y burbujas económicas que cuando llegan a estallar reproducen en serie la banca rota.

En la era del auge del comercio mundial la disputa por el control de los puentes internacionales y las rutas de tránsito, como amplios corredores de flujos humanos y de mercancías, se vuelven prioridades junto al acceso a los recursos naturales.

La posición geopolítica es propicia para las tensiones por múltiples causas; nos toca vecindad con un país que triplica en número de habitantes al nuestro, es decir, son alrededor de trescientos millones de estadounidenses que demandan recursos como es agua, energía, alimentos y de todo lo que el mundo produce. Nos encontramos inmediatamente en el sur de su frontera y los bienes que aún contamos como nuestros, son altamente cotizados en el mercado internacional por su gran rentabilidad; tales como sectores energéticos, rutas de transportes, forestales, pesqueros, hidrológicos, entre muchas otras vetas de riqueza que aún mantiene en abundancia nuestra nación.

El asunto se vuelve aún más cuestionable cuando nos percatamos que de todo ese potencial, una mínima parte llega a ser de alguna manera traducido en mejoras para la vida de las tres cuartas partes de la población mexicana.

Asistimos a una disolución de antiguos contenedores o moldes, que se reemplazan por nuevas fuerzas fusionadas y a su vez desprendidas de sus viejas “amarras”, quedando sueltas para volverse poderes en sí mismos, desgobernados, deslocalizados, autónomos y muchas veces invisibles.

La desintegración de la trama social y el desmoronamiento de las       agencias de acción colectiva suelen señalarse con gran ansiedad y       justificarse como “efecto colateral” anticipado de la nueva levedad y      fluidez de un poder cada vez más móvil, escurridizo, cambiante, evasivo y fugitivo (…) Para que el poder fluya, el mundo debe estar libre de trabas, barreras, fronteras fortificadas y controles (Bauman; 2002, p.19).

Todas esas rupturas, el fin de los “grilletes”, de las narrativas éticas y corresponsabilidad social que hace a los sujetos y a las instituciones partícipes integradores del desarrollo mutuo, son sustituidas por un nuevo orden que censura, reprime o excluye, a los que no logran situarse en sus dinámicas y exigencias.

De ello desprendo el requerimiento para investigar las tramas y los escenarios que se han relacionado a la saga del Istmo de Tehuantepec. Lo analizo como una coyuntura y una constante o la confluencia de varias constantes; ha sido y es factor de riesgo y amenaza de la estabilidad social.

Un recurso en pleno auge, como lo sería un moderno paso a través de vías y autopistas para trasladar mercancías entre los océanos Pacífico y Atlántico en México, es capaz de generar riqueza que coadyuve en el desarrollo social de la una nación.

Panamá vive de su canal y le costará mucho dinero y tiempo ponerlo al día. Más de cinco mil millones de dólares y siete años de trabajos. Además, se tiene que considerar la pérdida de varios millones de toneladas cúbicas de agua dulce en cada embarcación que pasa por las esclusas.

El proyecto de Tehuantepec revive, pero con carácter neoliberal. Esa es la diferencia y las consecuencias pueden calcularse en base a lo que se ha visto como resultados en la aplicación de éste régimen de mercado.

Lo que es difícil saber es qué sucederá con los imaginarios de la población y sus representaciones simbólicas cuando la transformación industrial se haga presente en el Istmo de Tehuantepec. La industria y el comercio en su máxima expresión ¿lograrán desarticular los muros de Mitla? Desde lo alto de las construcciones de Monte Albán, que sirvieron para observar y dominar los horizontes por donde aparecían las columnas de mercaderes o guerreros, ¿se verán ahora columnas de ferrocarriles, tractocamiones y todo ello custodiado por fuerzas armadas?

Han sido centurias recibiendo extraños y luchando. Las tensiones humanas en Oaxaca son ordinarias desde tiempos que no alcanza a cubrir la memoria y se han olvidado.

Las razones que les mueven a pelear van de la conservación de la identidad, entendida como idioma y tradiciones, básicamente, hasta las inercias de un aparato político que se instaló en el imaginario de los mexicanos durante siete décadas y amenaza con permanecer e inclusive reforzarse.

La pobreza en que vive la mayor parte de la gente de Oaxaca, es equiparable a la que se padece en los más atrasados rincones del orbe. El conflicto que se manifiesta en las calles de la capital es mucho más que un choque de grupos de diferente filiación política. Se ha fermentado algo más grave aún y puede ser leído con ayuda de indicadores como el último lugar que ocupa en PIB per cápita y el penúltimo en desarrollo humano, según la ONU.

Un tercio de las viviendas en el estado cuenta con piso de tierra, el 38 por ciento carece de drenaje y 29 por ciento no cuenta con agua corriente.

La crisis llegó a convertir a Oaxaca en un “estado de excepción”, lo cual significa que pudieron desaparecer los poderes.

La acción represiva contra los manifestantes posicionados de las calles y algunos edificios públicos e instalaciones de medios de comunicación, no ha llegado a desalentar los ánimos de mucha gente que se replegó para organizar una nueva ofensiva en contra de las autoridades estatales. Lo más probable es que veremos en esta región más acontecimientos, donde están en juego el propio Estado mexicano y la estabilidad social del país.

Lo que sucedió a mediados del siglo XIX, donde sobresalió la ambición del Istmo de Tehuantepec, como asunto vital para el expansionismo norteamericano, sirva para hacernos reflexionar en las condiciones que ubican el paso de uno a otro océano como un puente fundamental para el mundo moderno, ¿quién se lo apropia?

Armando Bartra ha señalado con tino cómo el planteamiento del gobierno mexicano, que es quien bautiza este proyecto mesoamericano como PPP, pone ofensivamente en el mismo plano a los países centroamericanos con los estados sureños de la República. Si concediéramos que efectivamente este plan fue elaborado por el gobierno mexicano, sería la primera vez que éste tomara una iniciativa transnacional para influir económicamente de manera tan decisiva en el conjunto del área centroamericana. Pero en realidad hay indicios sólidos de que este plan fue originalmente elaborado por el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CEPAL y diversas universidades estadounidenses, en colaboración con algunos tecnócratas procedentes (BIODIVERSIDAD 33/1 Agosto, 2002).

La apertura del Canal de Panamá en 1914, con el consecuente sacrificio de colombianos, desahogó la presión ejercida sobre el uso de la ruta por el Istmo de Tehuantepec.

Hoy, Panamá se haya en situación distinta al cumplir casi cien años como vía marítima. Los gigantes de los mares no intentan cruzar porque su calado rebasa con creces la magnífica tecnología y dimensiones del canal. Tendrán que esperar la inminente ampliación que llevará siete años a las empresas de Carlos Slim, empero se construirán buques de mayores dimensiones.

El mundo globalmente mercantilizado así lo exige. Los “Pos-panamax” irán por las rutas que se abran y esto puede significar la habilitación de dos puertos clave en México: Salina Cruz y Coatzacoalcos, en Oaxaca y Veracruz respectivamente. Además, será necesario ampliar y posiblemente construir dos vías para ferrocarriles de alta velocidad.

La autopista “trans-ístmica” ya está construida. Es muy reciente, no tiene más de dos años de haberse completado.  El nuevo mapa del país en su edición INEGI 2006, la marca como autopista de cuota.

La gente habla de inversiones extranjeras en la región y existen estudios que documentan dichas afirmaciones. Adentrarse en Oaxaca en estos días de incertidumbre es un desafío sociológico interesante y peligroso a la vez. No están visibles todas las fuerzas, ni tampoco aparecen fácilmente las intenciones que mueven y motivan a los contingentes en pugna. Se ve lo obvio, el añejo reclamo, los clamores de las víctimas del abandono y la inequidad. Nadie habla de la razón de construir las autopistas, ni cuál es el sentido de las mismas. Se trazaron en medio de las comunidades y seguramente se cierne un destino diferente al darles un uso.

A partir de los últimos 30 años los gobiernos mexicanos han pavimentado el camino para la implementación de los Planes de Desarrollo Neoliberales, donde en la zona del Istmo se instalaron empresas arroceras, azucareras, se ampliaron las refinerías y plantas petroquímicas, privatización de empresas paraestatales, instalación de maquiladoras, entre otras. De ellas, una de las medidas que más afectó a la población local fue la instalación de algunas reformas legales a la legislación agraria para la liberación de la propiedad comunal y así facilitar la individualización de los títulos de propiedad, para su posterior venta, renta y posterior despojo en beneficio de los grandes grupos transnacionales interesados en invertir y explotar en esas comunidades, por lo general indígenas. Esta iniciativa se ejecuta a través del programa PROCEDE (Programa de Certificación de la Propiedad Ejidal), el cual a través de la entrega de certificación individual de la propiedad de la tierra a los campesinos va destruyendo la propiedad comunal, con un supuesto fin de legalizar la propiedad de la tierra (Jerez, 2002).

El ansiado paso hacia la Mar del Sur, en el que se afanaron los aventureros que exploraban América en el siglo XVI, cobra vigencia. Se busca un nuevo paso a través de las mismas tierras. No tanto porque el que se tiene viva sus últimos años, si es que no se llega a transformar y modernizar, sino porque al jugar sus piezas, el más poderoso imperio que existe, no escatimará acciones para satisfacer a su majestad “El Mercado”.

El mexicano-estadounidense Plan Puebla Panamá, ratifica que existe un plan y al mismo tiempo lo oculta. Se muestra la punta del iceberg y la parte sumergida contiene la explicación de lo que se vive en México, particularmente en Oaxaca y Chiapas.

En otro escenario se alinean quienes dicen buscar la restauración, una vez más, de la Republica. Liberales versus neoliberales o neoconservadores. El pensamiento de Juárez en oposición a la visión del FMI. En el pasado Polk, Pickett, Buchanan, Santa Anna, Díez de Bonilla… en el presente están los Bush, Tony Garza, Zedillo, Salinas, Fox, Santiago Levy… Ayer fueron los confederados y los unionistas, hoy son los demócratas y los conservadores. Ayer y hoy, lo que deciden y hacen unos y otros, impacta en nuestras vidas como latinoamericanos.

La diferencia es que hoy existe un elemento que no se tuvo ayer, o al menos no con la misma intensidad, no estaba imaginado y mucho menos definido. Me refiero a la organización civil en defensa de los derechos y causas de los grupos humanos. Oaxaca no es solamente su comunidad, sino que se refleja ahí México y, en algún sentido, el mundo tiene presencia en los acontecimientos recientes que suceden en este suelo.

La interconectividad de los medios de comunicación y sobretodo la movilidad social, cada día más entrenada, han dado un cariz distinto al problema oaxaqueño que ya se comparte, al menos a nivel informativo, por millones de sujetos y grupos sociales. Las redes de solidaridad y apoyo, dentro y fuera de las fronteras son una prueba más de este sentir colectivo que revela la caducidad de las formas y los discursos que sobreviven en países subdesarrollados como el nuestro.

De igual forma, el acceso a los proyectos, transparentarlos desde que son concebidos, ha de formar parte de la cultura como sucede en el primer mundo. Ha sido muy alto el precio de la libertad democrática que se vislumbra apenas en nuestros pueblos, como para retroceder por el capricho mercantilista que mueve los hilos del poder.

La tiranía del mercado puede resultar más costosa de lo que imaginamos, aún para los propios mercaderes. Los contrapesos se hayan en la ley cuando se aplica, aunque ésta ya muchas veces es rebasada por la vertiginosidad del cambio social. Otra forma para contra restar la opresión se basa en formar opinión que llegue a cuestionar los proyectos cuando se considere necesario, sin detenerse a causa de quienes están detrás de los mismos. Privilegiar la participación ciudadana en la toma de decisiones, es finalmente la mejor opción para construir un país.

Vivimos procesos de ciudadanización bastante claros y elocuentes. Es común que se mezclen movimientos reivindicativos con personas que asumieron de motu propio, la tarea de contribuir a los cambios sociales que mejoren las condiciones de vida de ellos y sus conciudadanos.

En ese orden de ideas, el caso de Oaxaca y el Istmo no es ajeno a muchos que siguen de cerca los acontecimientos y procuran formarse una opinión diversificada en cuanto a las fuentes de información. Cada día se supera el número de ciudadanos críticos que se mantienen alerta a lo que sucede en este entorno de confrontación.

También es verdad que muchos nos preguntamos las razones que llevan a esta tensión social y los agentes que las provocan, ¿quienes y con qué fin?

Tehuantepec puede contener el futuro de México y ser al mismo tiempo un modelo para repetirse o desecharse. Alguien se ha referido a la región como el laboratorio del sistema, donde se pone a prueba la forma en que se controlará y dirigirá el país en los tiempos venideros.

Los planes elaborados de espaldas a la opinión pública, necesariamente conllevan malas noticias para los que los padecerán. Su ocultamiento pretende aplazar las protestas para llevarlos a cabo con la menor interrupción posible.

Ni siquiera los vestigios de los sitios arqueológicos detienen este avance del capitalismo vuelto una fuerza salvaje. Según una nota que publica la Jornada (2007-12-21) escrita por Octavio Vélez Ascencio, los activistas opositores a cierto proyecto de la CFE en el Istmo, piden una inspección de la zona arqueológica recién descubierta. De acuerdo con el periodista, los ejidatarios y asociaciones civiles de la Venta, informaron al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) sobre el hallazgo de restos de edificaciones prehispánicas en la zona donde la Comisión Federal de Electricidad (CFE) instaló generadores de energía eólica. En el reporte señalan que el proyecto tampoco tomó en cuenta los estudios de reconocimiento que el mismo INAH ordenó realizar en esta región y en otros pueblos del Istmo, “que eran ruta de las culturas zapoteca, zoque, huave, mixe y maya.

Por su parte el Frente de Pueblos del Istmo en Defensa de la Tierra sostuvo que la CFE impulsa “con engaños y amenazas” el proyecto eólico La Venta III en el ejido de Ingenio Santo Domingo, también en el Istmo de Tehuatepec. Asegura esta organización que empleados de la paraestatal presionan a los ejidatarios para que “arrienden en condiciones leoninas” sus terrenos para la construcción de ese parque eólico que de acuerdo a la opinión de los campesinos seguramente será entregado a las compañías españolas que ya operan en la región. Afirman que se les obligó a firmar ante notario público contratos de arrendamiento por treinta años y no tienen copia de ello.

De igual manera, anunciaron una reunión nacional de afectados por la CFE en La Ventosa, municipio de Juchitán, para oponerse al despojo de tierras ejidales y comunales, a los daños ambientales y a la pérdida de soberanía nacional.  Participarán el Frente de Pueblos del Istmo y organizaciones como la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo (UCIZONI), Grupo Solidario La Venta, Red de Radios Comunitarias del Istmo, Campesinos y Granaderos de Unión Hidalgo, Ejidatarios de La Blanca y Cactus, apoyados por legisladores federales (Vélez, La Jornada; 2007-12-21).

Lo anterior da cuenta de las enormes tensiones que se viven en esta región de México donde entran en juego los intereses capitalistas y militares de E.U., principalmente y de España como uno de los países asociados.

Si se hubieran sometido los sucesivos proyectos de la zona del Istmo de Tehuantepec a un plebiscito entre la población, como lo hicieron los panameños con el proyecto de ampliación de su canal en 2005, seguramente hubiera habido un respaldo popular hacia los mismos, sin embargo, sucedió todo lo contrario: se impuso la coacción y las fuerzas represivas del Estado para desplazar a las comunidades de sus tierras.

Los sucesivos presidentes mexicanos a partir de Salinas, negociaron esta operación trasnacional con la Casa Blanca, al margen del congreso, como sucede con el acuerdo llamado ASPAN, que elaboró el gobierno de Bush para aplicarse en México con la rúbrica del ex presidente Fox y ahora apalancado en el aval personal de Felipe Calderón.

Años difíciles se vislumbran para este país sacudido por el descrédito popular hacia sus instituciones y la recurrente crisis económica que golpea a las clases menos favorecidas económicamente desde hace por lo menos tres décadas.

El fin del auge petrolero a partir del agotamiento de las reservas principales puede ser otro factor que haga aún más agudo el problema social de no llevarse a la práctica fuentes alternas de energía.

Igualmente el endurecimiento de EU en sus políticas anti-inmigrantes, como el llamado “muro de la vergüenza” que se construye en la frontera, constituyen formas de presión, junto con las constantes expulsiones, asesinatos y acoso de ilegales. Todo ello deriva en empeoramiento de las condiciones de vida del mexicano y del latinoamericano común.

Me parece incorrecto permanecer solamente como espectadores y esperar a lo que suceda. Es tiempo de la imaginación para inventar un futuro donde nadie tenga por qué ser sacrificado en aras de unos que se consideran privilegiados o superiores. El invento de ese mañana puede comenzar a partir de saber qué se trama para transformarlo en algo mejor para la mayoría.

Referencias

Almeyra Guillermo y Alfonso Romero Rebeca (2004). “El Plan Puebla Panamá en el Istmo de Tehuantepec”. Universidad de la Ciudad de México.

Biodiversidad 33/1 Agosto de 2002.

Facio Carlos/II (Boletín Chiapas al Día No. 175, http://www.cierpac.org).

González Ramírez Manuel (1973). “El codiciado Istmo de Tehuantepec”. Colección   Metropolitana. Departamento del Distrito Federal, México.

Jerez Henríquez Bárbara / Trabajadora social y estudiante de Maestría en Cs. en Desarrollo Rural Regional. Universidad Autónoma de Chapingo, México.


[1] Por su extensión, “La saga del Istmo de Tehuantepec” fue dividido en cuatro partes. Ésta es última.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.


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La saga del Istmo de Tehuantepec (3/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

De océano a océano a través de una “franja” de tierra

Vasco Núñez de Balboa divisó el que conocemos como Océano Pacífico el 24 de septiembre de 1513, junto con los expedicionarios que le acompañaron en la exploración que le llevó cuatro meses y medio hasta su regreso a la Antigua el 19 de enero de 1514.

El hallazgo de otro mar hacia el sur despertó el interés de encontrar una ruta navegable a partir de la costa, ya reconocida por los españoles desde la Florida hasta el Darién. Fue la aventura que inició Fernando de Magallanes la que finalmente demostró la inexistencia del paso interoceánico a través de la masa del continente, después de navegar los Ríos y afluentes que desembocan en el Atlántico, como el Amazonas y el Río de la Plata.

La castigada expedición circunnavegó por primera vez el globo, logrando pasar los mares agitados y los vientos del estrecho que divide el cono del sur de América, de los helados archipiélagos antárticos y que por tal motivo recibe el nombre de “Estrecho de Magallanes”, (1519-1522) según nos lo hacen saber los apuntes de la bitácora que llevaba el cronista italiano Antonio Pigafetta (1491-1534), quien sobrevivió a Magallanes al ser éste emboscado y muerto por los nativos de una de las islas del Pacífico del Sur.

Desde el siglo XVI, se pensó en la forma de abrir un canal en la parte angosta del continente, empero el desgarrado devenir de los pueblos que la conforman en lo que se llama Centroamérica, imposibilitó la organización y fuerza económica necesaria para semejante empresa. En su lugar, Estados Unidos capitalizó la angostura para garantizarse el anhelado paso. Con Panamá materializó el plan a través de la construcción de una obra de ingeniería cuya magnitud queda para las páginas que dedica la historia a las empresas titánicas.

Fue necesaria la guerra y la ruptura de una soberanía emanada de un movimiento independentista consumado desde el siglo XIX, a un elevado costo en vidas. A la gran Colombia le cercenaron Panamá con la idea de “abrir” la tierra y permitir que los barcos fuesen de un mar a otro y de ahí a cualquier puerto del mundo.

Evitar el largo y penoso viaje marítimo hasta la Tierra de Fuego, para llevarse lo que fuera desde New York a Los Ángeles, o hasta San Francisco, o viceversa, era y es algo sustancial para la vida de los Estados Unidos, si tomamos en cuenta que las costas de ambos océanos se hayan alejadísimas entre sí y no todo es transportable por aire, por ejemplo el petróleo.

Una de las imágenes más difundidas por el cine de Hollywood, representa las caravanas de carretas y jinetes que cruzaban desde la costa del Este para alcanzar las tierras “cobradas” del Oeste, a las que la imaginación de la época atribuía riquezas auríferas, valles fértiles y otras bellezas, como sus alegres salones y abundantes oportunidades de emprender cualquier cosa.

Mas era necesario vencer a las tribus autóctonas y al clima inhóspito de las montañas y los desiertos, además de sortear las crecidas de los caudalosos ríos. Éstos llegan a tener en algunas zonas grandes ensanchamientos, pero también rugen dentro de profundos cañones.

Cruzar Norteamérica, desde el Atlántico al pacífico, era una aventura que muchos solamente experimentaron una sola vez en su vida: cruzaron y no volvieron. Se convirtieron en colonos del Oeste de los Estados Unidos.

El cómo llegar al Oeste más rápido y seguro, se convirtió en una búsqueda obligada para las empresas y para el gobierno de esta potencia económica. La red de ferrocarriles desarrollada desde la segunda mitad del siglo XIX pronto se extendió por el territorio, sin embargo, es mucha la distancia en millas terrestres. De ahí que se buscara la ruta a través del mar, siendo el Istmo de Tehuantepec el paso idóneo para ir de una costa a otra del país, por lo que “negociaron” con el gobierno de Santa Anna, después de haber invadido y finalmente despojado a México de la mitad de su territorio entre 1847 y 1848. Este gobernante concertó con los vecinos norteamericanos un pacto en 1842 y que fuera ratificado en 1853, conocido con el nombre de Tratado de La Mesilla, en el cual se otorgó a los estadounidenses, además de este territorio, la servidumbre de paso por el Istmo.

Afortunadamente no fue llevado a la práctica el acuerdo que hubiera significado seguramente la presencia de tropas y algunas bases para resguardar el tránsito de los vecinos. Con el tiempo hubiera sido seguramente una extensión de aquél país y tendríamos doble frontera con Estados Unidos: en el norte y en el sureste.

Casi un siglo después, cuando Lázaro Cárdenas tomó posesión como presidente de la República el 1º de diciembre de 1934, una de las primeras acciones que realizó su gobierno fue buscar y finalmente encontrar la manera de nulificar el Tratado de La Mesilla, a través del recurso de la denuncia (anulación).

Los altos funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores le pusieron al tanto detalladamente de los asuntos pendientes con los Estados Unidos. Entre los datos que le fueron presentados se encontraba la vigencia del artículo VIII de dicho tratado y cuyo cumplimiento podía ser reclamado en cualquier momento.

En la lista que se le proporcionó estaba en primer lugar la vigencia del artículo VIII del Tratado de La Mesilla. Se le informó que Santa Anna lo había ratificado y que, por ello, los norteamericanos podían exigir, en cualquier momento, el paso por el istmo de Tehuantepec, y que México, por tanto, no le quedaba otro recurso que acceder a tales demandas de nuestros vecinos si hacían valer la obligación concertada en el pacto de 1853 […] (González; 1973, p.9).

Cárdenas instruyó a quien por entonces era embajador ante el gobierno de Washington, el Doctor Francisco Castillo Nájera, para que llevara a cabo la negociación que librara a México de la obligación de permitir irrestrictamente el paso de los viajeros estadounidenses con sus mercancías y valijas de correo, por la ruta del Istmo de Tehuantepec.

Sin duda se trataba de una misión que exigía además de habilidad diplomática, condiciones favorables y éstas se dieron en parte gracias a la política de buen vecino que mantuvo el presidente Franklin Delano Roosevelt.

La encomiable actitud del embajador de México tuvo en cuenta este factor y se aprovechó de un viaje que fue necesario realizar para asistir a la Conferencia de la Paz celebrada en Buenos Aires.

A bordo del barco que lo transportaba junto con otros funcionarios encontró el momento para conversar con el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Sumner Welles. El doctor Castillo le solicitó durante la charla que su gobierno considerara dejar sin efecto los derechos del artículo VIII del tratado. Argumentó que en los años transcurridos desde la época en que dicho tratado fue signado, jamás fue utilizado el paso por el Istmo de Tehuantepec, de manera que no tenía sentido mantenerse en el acuerdo, además la reunión hacia donde viajaban en la capital Argentina, tenía el espíritu de la buena voluntad entre los vecinos del continente, ocasión que hacía propicia la suspensión o “denuncia” que dejara sin efecto el acuerdo.

Así se le hizo ver a Welles, quien estuvo a favor de la idea y pidió tiempo para consultarlo con el secretario Cordell Hull. Durante los trabajos de la reunión el embajador mexicano insistió con su petición ante el pleno donde se encontraba el presidente Rossevelt, quien ofreció analizar la propuesta y ponerla a consideración del Departamento de Marina. Sin embargo el esfuerzo diplomático mexicano no había logrado un documento escrito, donde quedara asentado el avance que se tuvo con la aceptación de Welles, Hull y el propio presidente, quienes desde el principio vieron con simpatía la idea.

Esta situación motivó a Castillo Nájera a elaborar un memorándum que mencionaba algunos asuntos bilaterales, dejando a propósito en segundo término lo concerniente a la anulación de los derechos concedidos en el artículo VIII del Tratado de La Mesilla. En el documento se argumentaba que la demora del Departamento de Marina impedía el cumplimiento de los acuerdos, porque aún no se daba respuesta a la consulta formulada al respecto.

Después de algunos meses de espera, en la Misión diplomática mexicana en Washington fue recibida la noticia favorable a la gestión que realizó el doctor Castillo Nájera, con lo cual se liberaba el compromiso de permitir a los estadounidenses el libre paso de personas, mercancías y correspondencia, por el Istmo de Tehuantepec, compromiso que fue ratificado por Santa Anna y el jefe de los conservadores Manuel Díez Bonilla en 1853. La anulación del acuerdo está fechada el 14 de abril de 1937, es decir, transcurrieron ochenta y cuatro años sin que se ejerciera el derecho pactado.

Los hombres ligados al Istmo de Tehuantepec, a uno y otro lado de la frontera, de Santa Anna a Polk, Juarez, Buchanan, Ocampo, Mc Clane, entre otros, tuvieron sus motivos y visiones para ambicionar, vender o defender esta angostura geográfica como paso estratégico que además ofrece riquezas naturales gracias al variado clima, suelos, subsuelos y los caudales de sus ríos.

Cuando el petróleo se convirtió en la sustancia más codiciada del planeta, el Istmo aumentó su valor geopolítico debido a su proximidad a los grandes yacimientos que aún controla México.

La distribución social de la zona abarca en nuestros días una población superior a dos millones de personas, que representan el veinticuatro por ciento del total de habitantes de Oaxaca. Comprende mil 230 núcleos agrarios de los cuales el 95 por ciento son ejidos y sólo doscientos cuarenta y nueve de ellos están en municipios que tienen más del 51 por ciento de indígenas. 73 núcleos más están en el rango del 31 al 50 por ciento de indígenas y 908 núcleos cuentan con el 30 por ciento de población indígena. Entre ellos encontramos chinantecos, mazatecos, zapotecos, mijes, nahuas, popolucas, ikoots, chontales, mixtecos, ixcatecos, tzotziles, chochos, zoques y huaves.

Indígenas y pobreza son dos realidades unidas. En el sureste del país habita el 74 por ciento de la población indígena nacional, en el 84 por ciento de sus municipios se vive la alta y muy alta marginación y es aquí donde se ubican más del 50 por ciento de las localidades del país cuyo número de habitantes es menor a 2500 (Almeyra y Alonso; 2002, p. 33).

Esta variedad étnica y su riqueza biótica sufren una gran transformación a partir de los primeros acuerdos para el megaproyecto del PPP (Plan Puebla Panamá). Las resistencias que a lo largo de la historia han encarnado los habitantes del Istmo, se concatena con las actuales luchas que mantienen las comunidades ante el embate de la punta de lanza que el neoliberalismo ha trazado en la zona.

Referencias

Almeyra Guillermo y Alfonso Romero Rebeca (2004). “El Plan Puebla Panamá en el Istmo de Tehuantepec”. Universidad de la Ciudad de México.

Biodiversidad 33/1 Agosto de 2002.

Facio Carlos/II (Boletín Chiapas al Día No. 175, http://www.cierpac.org).

González Ramírez Manuel (1973). “El codiciado Istmo de Tehuantepec”. Colección   Metropolitana. Departamento del Distrito Federal, México.

Jerez Henríquez Bárbara / Trabajadora social y estudiante de Maestría en Cs. en Desarrollo Rural Regional. Universidad Autónoma de Chapingo, México.


[1] Por su extensión, “La saga del Istmo de Tehuantepec” fue dividido en cuatro partes. Ésta es la tercera.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.


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La saga del Istmo de Tehuantepec (2/4), por Carlos Antonio Villa Guzmán

Vuelven sobre el Istmo de Tehuantepec

En momentos de agudización de problemas sociales y crisis políticas, como la que vivimos en estos días, es necesario mirar de frente la historia y hacer nuevamente las preguntas que no han sido del todo contestadas y cuyas respuestas quizá contienen aún mucho material que nos puede servir para descifrar el entramado que se encuentra detrás de los conflictos y que no nos permite ver hacia el fondo, tratándose éste de esconder y disimular por los sucesivos poderes que se han servido de los bienes de nuestros países en lugar de servir a sus habitantes.

Es preciso recordar aquel siniestro “pacto de la embajada”, que desencadenó la usurpación de Huerta y el crimen de Madero el 22 de febrero de 1913: todo por el control del petróleo mexicano. El gobierno de Estados Unidos una vez más irrumpió en la vida política de este país y con ello no tan sólo precipitó la caída y muerte de un revolucionario, sino que su intromisión — que incluyó la venta de armas a las distintas facciones — tuvo que ver profundamente con una guerra civil de consecuencias terribles en pérdidas humanas y materiales, cuya recuperación significó endeudamientos y pactos sumamente penosos.

Enseguida fue vendida la paz a cambio de una desastrosa dependencia económica y tecnológica, que en gran medida ha dificultado el desarrollo como una de las causales del atraso sociocultural que padece la población y que se agrega a la histórica falta de un auténtico compromiso social, por parte del Estado.

¿Qué hay detrás de los puntos medulares de los endeudamientos con el FMI y los tratados comerciales de América del Norte (TLC, ALCA, ASPAN) y qué similitud guardan en su lógica con los decisivos acuerdos llamados de Bucareli, signados durante el gobierno de Álvaro Obregón? ¿Está el país entrampado en una espiral de neocolonialismo?

Lo que aconteció entre 1901 y 1941, trazó el rumbo de la política hasta nuestros días, configurándose ésta cada vez más a favor de los grupos capitalistas estadounidenses. Aparecen registrados en este lapso los crímenes y las expropiaciones de tierras en la “Faja de Oro” y de las Huastecas, al igual que las conversaciones y acuerdos del embajador Lane Wilson con Victoriano Huerta, con la idea de hacerse del poder desconociendo a Francisco I. Madero, quien fuera asesinado al igual que su hermano Gustavo y el vicepresidente Pino Suárez.

Toda una trama para extraer la riqueza, sin obstáculos, contando con la venia de los cómplices de la época.

A casi un siglo de distancia de la “revuelta” de 1910, nuevamente nos mueven vientos de cambio revolucionario y no tan sólo las estructuras institucionales muestran agotamiento al igual que las viejas prácticas del ejercicio del poder, sino que una vez más el gobierno de Estados Unidos aparece en la escena y no precisamente como extra de la trama, sino con el papel estelar. Siempre ha estado ahí, invariablemente; como “socio”, cliente, proveedor, espía y beneficiario de nuestras crisis.

Desafortunadamente ha dominado el terreno como fuerza que es el llamado “Imperio americano”. No está nuestro país exento de su determinismo en todos los renglones bilaterales, tanto en lo comercial, como en lo político e ideológico, hasta en lo moral y no se diga en lo cultural. La influencia es enorme y no es exagerado decir que la historia de México, durante casi doscientos años, ha estado ligada en forma dependiente, incluso sumisa en ocasiones como la presente, al poderío y expansionismo del país que es vecino en el norte. No es poca cosa ser los  “Estados Unidos Mexicanos”.

La presión en nuestro tiempo se ha intensificado al grado de operar “ellos” la decisión política más importante del país, que es la sucesión presidencial. Ahora no es imprescindible que los embajadores hagan largas estadías en nuestro territorio para afianzar acuerdos, sino que los ex presidentes, como Ernesto Zedillo y Carlos Salinas, cursaron  estudios en universidades norteamericanas y despachan en sendas oficinas en los centros financieros de allá, del norte. No es una ocurrencia popular llamarles gerentes en lugar de presidentes, es la realidad. El control hacia México se ejecuta vía la presidencia  de la república y ya ni siquiera es necesaria la carrera política sino que basta con haber dirigido la sucursal de una trasnacional como la Coca Cola, para contar con el visto bueno de Washington.

México vive un pre-estallido social generalizado que puede ser de funestas consecuencias. Grupos de los Estados Unidos y españoles en combinación con mexicanos lo instigan como beneficiarios. Ésa es la tesis que sostengo a partir del análisis documental y en base a la observación del desenvolvimiento de los acontecimientos actuales: Desde Estados Unidos se pretende el control absoluto del paso interoceánico en el Istmo de Tehuantepec y con ello crear una “zona de seguridad” en la región. El desmantelamiento del artículo 27 Constitucional llevado a efecto por el ex presidente Salinas ya apuntaba en esa orientación: se negoció la posesión de la zona ístmica y únicamente falta la crisis social y política para consumarlo en hechos. De Chiapas se pasó a Oaxaca y tal vez veremos el sureste sumergido en esta vorágine provocada. Ahora vamos a tratar de responder: ¿Por qué?

Lo que llamo “La saga del Istmo de Tehuantepec” (Cerro del Tigre en Náhuatl) es un plan que desde mi perspectiva implica antecedentes políticos y una evolución histórica que es posible que tenga una vinculación muy directa con lo que se vive en el país en estos días; inestabilidad que en breve pudiera desembocar en ingobernabilidad.

La parte angosta del sur de la República Mexicana, lo que llamamos Istmo de Tehuantepec, es una región sumamente estratégica en términos de riquezas naturales como fuentes de agua no contaminada, petróleo, uranio y una gran riqueza biótica. Además ofrece la posibilidad de rutas comerciales desde el norte al sur del continente o viceversa, así como entre ambos océanos (Pacífico y Atlántico) que divide dicha zona ístmica. Un paso interoceánico ha sido concebido y discutido por los gobiernos de México y EU, desde la época de Santa Anna.

En distintos momentos los vecinos norteños exigieron la posesión y por tanto el libre paso a través del istmo y hasta se llegó a construir un ferrocarril concesionado a una compañía inglesa cuando gobernaba Porfirio Díaz: “El Tehuano”, inaugurado en 1907.

Al finalizar el siglo XIX fue enviado por el gobierno francés, monsieur Lesceps, (el contratista del Canal de Suez) quien sugirió, como lugar idóneo para la realización del canal, el Istmo de Tehuantepec. Sin embargo, las condiciones sociales del país no estaban como para ceder el paso a los franceses y estadounidenses que pretendían asociarse y éstos últimos buscaron otra alternativa: la gran Colombia, en una parte muy angosta y con abundantes recursos hidrológicos; Panamá, entonces departamento colombiano. La previsible negativa de los colombianos devino en una guerra que se conoce como la “Guerra de los mil días” que costó alrededor de noventa mil vidas y la pérdida del territorio. Finalmente fue tomada esta parte del país y los estadounidenses “inventaron” la “independencia” de Panamá para construir el canal.

El nudo gordiano lo rompió el primero de los Rooseveltes, con el famoso I took Panamá and talked about it afterwards, la arrebató desmembrando a Colombia y disputándola después con el negocio de la indemnización. Por lo demás así quedó cerrado en América el capítulo de la construcción de la vía interoceánica (González; 1973, p.123).

En 1903 se firman unos tratados a perpetuidad entre ambos países para ceder el istmo panameño con la idea de agilizar la construcción del canal que se realiza entre 1903 y 1914.

Hacia 1908 se reconoce plenamente la independencia de esta nueva república, después de entregar EU ochenta mil dólares al congreso colombiano. A partir de ese año y hasta finales de 1999, fue cruzado por alrededor de 800 mil navíos de diferentes calados y procedencias, hasta que se comenzaron a construir los barcos “Pos-panamax”, de los cuales existen actualmente unos 300 navegando los mares del planeta y cuyas dimensiones hacen imposible atravesar de un océano a otro a través de dicho canal.

La importancia que tuvo el canal de Panamá, comercial y militarmente durante un siglo, está fuera de toda duda. Sin embargo, esta compleja obra de ingeniería que continúa brindando un importante servicio, al ser la única posibilidad de paso interoceánico, (además del Estrecho de Magallanes) fue “devuelta” a los panameños el 31 de diciembre de 1999 en una ceremonia pomposa y al mismo tiempo discreta.

Años antes tuvieron lugar los “acuerdos Torrijos-Carter” (1977), por medio de lo cual se retiró la cláusula de perpetuidad del tratado anterior, así como los conflictos que desembocaron en las invasiones de Granada y Colón. Fue la época de las protestas y brutales represiones estudiantiles. Sin respetar la soberanía fueron construidas las bases militares (la base aérea Howard y la estación naval Rodem) en las islas panameñas y posteriormente vino el secuestro y encarcelamiento de Noriega, la sangrienta invasión y bombardeo por parte de las tropas navales y aviación estadounidense, (1986) entre otros hechos que tuvieron lugar en esta región latinoamericana.

Las grandes transnacionales y los gobiernos de Estados Unidos y España, principalmente, voltean nuevamente hacia México, específicamente hacia Tehuantepec, al tiempo en que en Panamá se programó un referendo que tuvo lugar el 22 de octubre de 2006, donde los ciudadanos decidieron el futuro del canal como principal recurso económico del país.

Setenta por ciento de los panameños votaron a favor de una ampliación cuyo costo ascendería a unos 5 mil 250 millones de dólares y los trabajos de construcción llevarían unos siete años.

Tuvieron que movilizarse las autoridades del canal, ya que se estima que su vida útil concluye en el año 2012, sin que ello signifique que quedara en desuso.

La tecnología de canales secos multimodales que emprende EU, así como las alternativas que ofrece Centroamérica en Nicaragua y el Istmo de Tehuantepec en México, pudieran significar una fuerte competencia para la ACP (Administración del Canal de Panamá).

El istmo mexicano ofrece condiciones idóneas para abrir, no ya un canal como ruta navegable, sino que puede abrigarse un megaproyecto que contemple la construcción de una doble vía de ferrocarril y varias autopistas para conectar los puertos de Coatzacoalcos, Veracrúz y Salina Cruz, Oaxaca, y entre ellos las conexiones hacia el norte y hacia el sur de América. Este nuevo plan se dio a conocer en el inicio del sexenio de Fox con el nombre de: Plan Puebla-Panamá, aunque tiene antecedentes en el gobierno de Echeverría.

Pude comprobar con los viajes realizados en 2004, que todo lo que había supuesto a partir de las lecturas y de observar el curso de la política en México, junto con el fenómeno social del neoliberalismo, está a la vista.

Las autopistas ahí se encuentran y el artículo 27 constitucional fue modificado por Carlos Salinas para facilitar la reconversión socio-geográfica de esta región. Pudiera abundar más en otros detalles como lo es la energía eólica que ofrece esta “cintura” del país, convirtiendo la zona en un lugar privilegiado para aprovechar las potentes y constantes corrientes de aire que cruzan de uno a otro océano, específicamente en un área cercana a un lugar que se conoce como “La Ventosa”.

Una de las grandes modificaciones se efectuó en 1992, con Carlos Salinas de Gortari, cuando se reformó el artículo 27 Constitucional en materia de tenencia de la tierra, donde se convirtió la propiedad social en propiedad enajenable, así se legaliza que el ejido y la propiedad comunal puedan rentarse o venderse a particulares, restándole además importancia a la asamblea ejidal. En la ley agraria reformada en 1993 debido a esta modificación, se establecen los mecanismos por los cuales se pueden comercializar las tierras ejidales (Almeyra y Alonso; 2002, p.66).

Artículo 45.- Las tierras ejidales podrán ser objeto de contrato de asociación o aprovechamiento celebrado por el núcleo de población ejidal, o por los ejidatarios titulares, según se trate de tierras de uso común o parceladas, respectivamente. Los contratos que impliquen el uso de tierras por terceros tendrán una duración acorde al proyecto correspondiente, no mayor a treinta años.

Ya se han instalado cientos de generadores eólicos con los que se pretende alimentar de energía a las industrias que se posicionen y comiencen a invertir como Aurrerá-Walmart, Repsol, Monsanto y otras.

Considero que no debe ser visto de forma negativa el progreso, siempre y cuando el país se vea beneficiado directamente del mismo. Al decir “el país”, me refiero a la gente de toda condición que pueda recibir dicho beneficio traducido en servicios y oportunidades de desarrollo, al igual que una mejoría sustancial en la calidad de vida.

El problema surge cuando los beneficiarios son los dueños de los capitales extranjeros que se han apropiado de los recursos y en este caso dichos inversores trasladan las ganancias a sus respectivas naciones. De hecho, en su mayoría son principalmente compañías españolas y estadounidenses las que hasta ahora han invertido.

Hasta el momento prevalece una decidida resistencia por parte de las agrupaciones civiles; comisariados y otras representaciones populares, para que se lleve a cabo este plan concebido desde la óptica global y sobretodo neoliberal, sin embargo, constantemente son acosados los pobladores para que dejen sus tierras.

El Plan Puebla Panamá (PPP) habla del desarrollo de la región sur de México integrada por los estados de Veracruz, Puebla, Guerrero, Oaxaca Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo; región caracterizada por una enorme pobreza y un enorme despilfarro de riquezas naturales. Pero también habla del desarrollo de los países centroamericanos (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá), así como la integración del sureste de México con Centroamérica por medio de una serie de corredores logísticos de infraestructuras de transporte (carreteras, puertos marinos, aeropuertos), comunicaciones (redes de fibra óptica) y energía (electricidad y gasoductos) (Biodiversidad; 33/1-Agosto-2002).

Las condiciones económicas recesivas en EU habían impedido mayores flujos de capital hacia la zona a través de los organismos financieros que acostumbran endeudar a los países en desarrollo, sin embargo, el gobierno de Bush encontró la manera de enviar los primeros quinientos millones de dólares con el argumento de la colaboración mutua contra el narcotráfico y otros delitos relacionados con la seguridad de Norteamérica.

La presión de las trasnacionales sobre la zona va en aumento y en breve pudiera modificarse el acuerdo constitucional que mantiene el sector energético estatizado para quedar ofertado al capital internacional junto con los recursos del Istmo. Todo ello ha sido acompañado de crisis y rupturas entre grupos sociales donde no ha faltado la represión de las fuerzas del Estado. La gobernabilidad se ha tornado más vulnerable con lo que se hace propicia la intervención externa y de ahí una negociación en condiciones desfavorables que dejan para el otro  las ventajas de los acuerdos.

Estas fechas me recuerdan a los años anteriores e inmediatamente posteriores a 1910, cuando el petróleo se convirtió en el detonante de la guerra revolucionaria tras el crimen de Madero. Enseguida vinieron los “Acuerdos de Bucareli” con el gobierno obregonista y no hemos dejado de ser de alguna manera sometidos a los intereses de los organismos financieros internacionales, por medio de créditos impagables, acuerdos de libre comercio, entre otras medidas bastante difíciles para la vida de un ciudadano que vive del salario y absolutamente cruentas y despiadadas, para los millones que ni siquiera salario tienen.

Volviendo al motivo de la presente consideración, quisiera mencionar un artículo de Walter Goobar (Buenos Aires), titulado “Confesiones de un golpeador económico”, (Público; 24-mayo-2005) en el que habla de un libro escrito por un tal John Perkins, quien por muchos años trabajó al servicio del gobierno de Estados Unidos para introducirse a países pobres y mediante indicadores económicos falsos y otras truculencias, lograba involucrarlos en créditos imposibles de pagar. Con ello se desestabilizaban las respectivas economías, por lo que se recurría a métodos de cobranza bastante extremos. El autor narra que Indira Gandhi fue visitada por un representante de EU, quien le llevó un mensaje donde se le decía que 70 inversionistas estadounidenses, con contratos de inversión de 30 mil millones de dólares, viajarían a Nueva Delhi en cuestión de horas si ella aceptaba un crédito por la misma cifra del FMI.

Gandhi recibió al representante en su despacho del parlamento, pero rechazó la oferta con el argumento de que con dificultades acababa de pagar un empréstito de dos mil millones de dólares y no veía cómo aceptar este “negocio”. Según un alto funcionario, ella pagó con su vida este rechazo.

Así actúan estos monstruos del dinero. Por eso no dudo que una crisis que se agudice con elementos explosivos, tales como el crimen organizado y el no organizado, la corrupción desmedida en los distintos niveles de gobierno, la inoperancia del Estado, etc., viene a la medida para consumar planes como la enajenación del istmo de Tehuantepec.

El proyecto Puebla-Panamá es la cara económica del plan militar Chiapas 2000, renovada estrategia contrainsurgente de rostro más “amable” puesta en práctica por la Secretaría de la Defensa Nacional, dirigida a “quitarle las banderas” a los zapatistas sobre la base de la legitimidad democrática” del nuevo régimen (Facio, La Jornada, 11-12-2000).

Más que nunca debemos informarnos sobre lo que se tramó y negociaron los gobiernos recientes en el contexto neoliberal que se ha instalado políticamente en el país y que ha comprometido no tan sólo recursos naturales, como bienes de la nación que no de las corporaciones, sino también la soberanía sobre espacios geográficos, como lo son las playas, bosques y otros lugares estratégicos por la cercanía de yacimientos o rutas de comercio internacional.

Las señales sobre una intención que opera desde los centros del poder son múltiples y lo que sucede en el sureste mexicano, especialmente en Chiapas y  Oaxaca, no es espontáneo.

Referencias

Almeyra Guillermo y Alfonso Romero Rebeca (2004). “El Plan Puebla Panamá en el Istmo de Tehuantepec”. Universidad de la Ciudad de México.

Biodiversidad 33/1 Agosto de 2002.

Facio Carlos/II (Boletín Chiapas al Día No. 175, http://www.cierpac.org).

González Ramírez Manuel (1973). “El codiciado Istmo de Tehuantepec”. Colección   Metropolitana. Departamento del Distrito Federal, México.

Jerez Henríquez Bárbara / Trabajadora social y estudiante de Maestría en Cs. en Desarrollo Rural Regional. Universidad Autónoma de Chapingo, México.


[1] Por su extensión, “La saga del Istmo de Tehuantepec” fue dividido en cuatro partes. Ésta es la segunda.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.