El Cafecito


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¡Ayotzinapa! Un síntoma del fracaso de la distribución del goce mexicano, por Enrique Puente Gallangos

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Desde el discurso del psicoanálisis entendemos que la instauración de la Ley en el sujeto y en lo social, tiene que ver con la castración. Una castración que se instaura a través del otro y del lenguaje.

Respecto de lo social, esta Ley parte la escena de que lo real es imposible de nombrar, pero que está ahí, y se instaura en un escenario binario. Por un lado se instaura el campo de lo simbólico, por otro que es el mismo, se instaura el campo de lo imaginario, como consecuencia de la instauración del simbólico. El campo de lo simbólico es el campo de lo normativo, institucional, del Derecho. Jaques Lacan en el Seminario XX dice que “la esencia del derecho; distribuir el goce”. Se formula en ese momento una consigna universal ¡sólo podemos gozar dentro del Derecho!, castración que implica la construcción de una ficción estructurante, que nos aparta de la posibilidad de una relación armónica en lo social, que nos excluye de cualquier intento de compatibilidad entre del Derecho y del sujeto en sociedad. ¡Sólo podemos gozar dentro del Derecho! Tiene como pretensión ordenar, clasificar, medir, nombrar; limitar la conducta del Sujeto y las conductas sociales.

Generando la ilusión, el Imaginario del bien común, libertad, justicia, igualdad; es para todos, porque todos somos iguales. ¡Ayotzinapa! Como un síntoma del fracaso de la distribución del Goce Mexicano; dice algo: ¡Solo podemos gozar dentro del Derecho! Está dejando de ser una consigna universal, se ha forcluido un significante, solo podemos. Ahora la consigna es ¡gozar dentro del derecho!, lo que nos lleva plantearnos ¿Quiénes ya no podemos gozar? ¿Quiénes son los que ahora gozan?

La caída del muro de la Ley, de la norma, de la autoridad nos confunde. La caída del muro, es la caída del límite que distribuía el goce; está desapareciendo. Las clasificaciones, las medidas, los significados, la libertad, la justicia, la igualdad esta puesta a prueba; a juicio, al juicio de lo social. ¡Ayotzinapa! Es un síntoma, es un síntoma del fracaso de la distribución del Goce Mexicano; los límites entre gobernantes y gobernados no están más, los límites entre el cielo y el infierno, entre ángeles y demonios no están más: Hoy en México el presidente “light”, la tremenda corte y los 628 cínicos que integran el congreso de la Unión actúan sin límites. ¡Ayotzinapa! Es un síntoma de lo que está por venir a nivel Federal, Estatal, Municipal y Global. Desde lo global, los derechos humanos a la deriva; desde lo municipal, los grupos étnicos a la deriva; desde los Estatal los estudiantes a deriva; y desde lo Federal todos a la deriva: los ángeles, los demonios, los presuntos, los inocentes, los ciudadanos, los migrantes, los sicarios, los maestros, los que nos resistimos, los reprimidos, todos. Todos estamos expuestos al vacío, al riesgo.

Un Estado garantista de los derechos humanos, se perfila construir en México, iniciando no fortuitamente en la procuración y administración de justicia. Los nombrados “juicios orales”; apareciendo como un instrumento tecnológico y novedoso, en respuesta a una “sociedad del riesgo” Ulrich Beck. Pero desgraciadamente los “juicios orales” no aparecen como un fortalecimiento de la ficción jurídica no toda, sino como verdad toda y única, la del Código Penal. Una verdad plena y sin límites, ahora el nuevo Código Penal Federal promulgado por el presidente “light”. El sistema penal garantista no es más que un síntoma de lo que se repite, no es más que la repetición del “derecho penal del enemigo”, ese derecho penal del enemigo que no es más que la repetición de la “sagrada congregación del santo oficio”. Terrorista es todo aquel sujeto, que no esté de acuerdo con el presidente “light”, que es estudiante, que lea y que asumiendo una actitud neurótica se resista y avance organizadamente por las calles, gritando demandas, demandas de una barrera que limite el goce, democracia, legitimidad. Los síntomas seguirán apareciendo y desapareciendo; 43 estudiantes desaparecidos, 11 terroristas aparecen consignados por gritar como neuróticos el pasado 20 de Noviembre en el Distrito Federal, se suman a larga lista de desaparecidos. ¡Ayotzinapa!, ¡Los 11 del 20 de Noviembre! *

*Indica lo que está por ser nombrado, y que es parte de los síntomas del fracaso de la distribución del goce mexicano.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

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¿Qué quiere de mí el Otro?, por Enrique Puente Gallangos

¿Qué quiere el Otro de mí? El Otro con mayúscula es un significante que designa la introducción del lenguaje, la cultura y la ley en lo social y en un Sujeto. Ley que permite el acceso a la vida humana y ley que constituye el mayor estorbo para lo social y el Sujeto. Como resultado de este planteamiento, cabe repetir una lección quizás no conocida: el sujeto no se produce por un proceso natural de evolución, sino que debe ser arrancado a los significantes del deseo de la madre por la interposición del nombre del padre en una función metafórica. Este acto representa de manera originaria una herida honda gracias a la cual se constituye el sujeto de la ley, secuela de una lucha en la que el sujeto es, por adelantado, el botín. Esta sujeción del sujeto, de la sociedad a la ley es un cato no sin consecuencias. Esta identificación con el Otro con mayúscula, significante de poder, el amo, el uno que regula, desde dentro al sujeto y la relación de éste desde fuera con la ley, con la patria, con la tradición, la familia, dios, el Estado y todas las relaciones políticas relacionadas. En esta identificación del sujeto, el Otro le promete la paz a cambio de constituir al nuevo amo, al Estado y sus emblemas, como límite y como sentido a futuro del sujeto. Si no se cumple con este requisito promesa-constituir, aparecerá la guerra interior y exterior.

Ocuparemos como metáfora lo descrito desde el Psicoanálisis para sostener el siguiente argumento: ¿Qué quiere de mí el Otro? Sería la pregunta que se harían los militares que luchan en la “guerra” que Felipe Calderón ordenó hacer contra el  crimen organizado: obediencia, sumisión, sacrificio, entrega, renuncia a su deseo, identidad con el Estado y las instituciones. El militar entonces podría decir ante la respuesta a su pregunta, “el Otro me quiere… me quiere soldado, soldado al suelo, soldado a la patria, soldado de la patria”. La guerra se entiende como una defensa de los valores; valores que las instituciones, en este caso el Congreso de la Unión y el presidente en conjunto tendrían que valorar y hacer una declaración de guerra, guerra que según entendemos es para defendernos del Otro, otro amo, otro Estado, otro extranjero, otro de fuera, no Otro de adentro. Guerra donde los soldados combaten contra otros soldados, combatientes sujetos a emblemas, significantes que toman valor de absolutos y que siendo el caso tienen presente la pérdida de la propia vida de los combatientes. Significante vida representada por una Constitución, por un ideal colectivo, el territorio, la sociedad.

Pero acaso en esta “guerra”, ¿está en riesgo la Constitución, los ideales de la patria o el territorio mexicano y la sociedad? ¿Ese Otro contra el que se combate es un soberano con derechos de vida y muerte? ¿Ese Otro es una institución? No pienso que los militares estén pensando recibir alguna condecoración simbólica como el corazón púrpura, la estrella de plata, la medalla de honor, felicitación y logros por matar sujetos, niños, niñas, civiles todos. Por supuesto que no, los militares mexicanos saben bien que lo que están haciendo sale de su jurisdicción, sale de sus principios, sale de sus valores, sale de todo lugar lógico y coherente, se sale del campo jurídico, sale de sus manos.

Un país en guerra es un país que se encuentra en un Estado de excepción, donde los derechos mínimos se encuentran limitados, en cuarentena. Pero un Estado que manda una selección de futbol a participar en el mundial a Sudáfrica, un Estado con un grupo económicamente estable o no que asiste significativamente al mismo evento futbolístico, un Estado que lleva a cabo elecciones bajo focos púrpuras, no es un Estado que está en “guerra”. La impresión del Estado mexicano al interior y al exterior es tan real que no se puede simbolizar, una percepción  que casi es un concepto el Estado está en declive, declive que es responsabilidad de los gobiernos, gobiernos que sólo han engañado a la sociedad con sus promesas de paz y que hoy esas promesas se convierten en una guerra.

Ante esta decepción social y colectiva, la figura de autoridad va línea decadente con el Estado, pero hay una pequeña y significante diferencia, la precipitación de la autoridad lleva una velocidad ascendiente día a día y el Estado lleva una precipitación constante, esto nos lleva a deducir que la caída anticipada de la autoridad no llevará como consecuencia la caída del Estado. El Estado, una vez caída la autoridad, tendrá una última oportunidad antes de la inminente caída. Esta oportunidad está directamente relacionada con el Otro, el amo, el uno, el que tendrá que hacer una nueva promesa de paz, el que pedirá una vez más a la sociedad que constituya una autoridad. Autoridad que haga un gobierno, gobierno le enderece al Estado y le dé su última chance. ¿Qué quiere de mí el Otro? Es una pregunta que no sólo se hacen los militares, sino que podríamos hacernos nosotros, todos los que estamos en la misma línea genealógica.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho; Maestro en Derecho Constitucional; Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes; Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autonoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.