El Cafecito


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Hasta dónde hemos llegado, por Guadalupe Morales Díaz de León

Es una barbaridad que las empresas estén incorporando a sus políticas internas el no dejar trabajar a personas que hayan sido parte de una institución gubernamental, por considerarlas como ”incapaces, burócratas y flojas”.

Por un lado, la gran burocracia dentro de las instituciones públicas es una realidad, donde el tráfico de influencias ha colocado a personal no capacitado en áreas estratégicas, que detienen el progreso y estancan a  las instituciones; de ahí la razón de que la administración pública sea tan ineficiente y cumpla con las funciones para las cuales fueron creadas.

En contraparte, la iniciativa privada está sumergida en competencia global y el mantenerse con vida depende de la capacidad del personal con que cuenta, y de obtener mayor producción; esto a cambio de horarios inhumanos, sueldos mal pagados, en pocas palabras, la explotación del trabajador.

Las cosas no deben de ser tan extremas, esto en vez de ayudar, crea mayores conflictos como sociedad, ya que la administración pública debe ser generadora de empleos, pero también de programas que permitan a su personal desarrollarse como individuos y contar con personas preparadas que cumplan con el perfil que cada dependencia requiere. El gobierno no es el gobernador, sino sus instituciones y de esto depende el éxito de una sociedad.

El empleo es un tema muy importante, de ello depende la situación de una sociedad, actualmente es un privilegio y ante esto se abusa de quien cuenta con uno, es explotado, con horarios que no permiten al individuo cumplir con roles familiares o sociales, con sueldos que no permiten vivir dignamente.

Ante todo este panorama, tenemos una sociedad desintegrada, con grandes índices de estrés y situaciones de vida cada vez más difíciles.

Guadalupe Morales Díaz de León es licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes.