El Cafecito


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El Voto es Libre, por Víctor Díaz de León Jr.

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Entre mi alter-ego y yo recibimos la invitación a participar en el número especial de El Cafecito, en su décimo aniversario, para hablar acerca de la concepción de la libertad en los diferentes escenarios de la vida humana en los que, alguna vez colaboradores, interactuamos. Sin dudarlo, pensé inmediatamente en la libertad ejercida en la materia electoral y lo segundo que se me vino a la mente fue la consabida frase “el voto es libre y secreto”. Digo lo segundo, porque lo primero, gracias a la carta invitación de Doris, fue el estribillo de la canción cuyo título precisamente es ¿Qué es la libertad?, magistralmente cantada por alguien que después supimos que se apellidaba Berganza, que le gustaba la política (y el secuestro), y que en ejercicio de su libertad fue miembro del PAN, posteriormente del PRI, del extinto Partido Convergencia y ahora del PANAL, y que por virtud del voto, ese voto libre, fue Diputado, Senador y casi Gobernador de su Estado.

 

Durante estos últimos años en los que la materia electoral ha sido mi modus vivendi, varias cosas he aprendido y recitado como el catecismo del Padre Ripalda, entre ellas, las características del voto: El voto es universal, libre, secreto, directo, personal e intransferible. La calidad de la universalidad se le da porque pueden votar hombres y mujeres siempre que posean su credencial para votar. Es secreto porque, por más que se diga que se puede, no se puede saber quién voto por quién. Es directo porque no se vota por un mensajero, delegado, propio o colegio electoral. Personal porque necesariamente hay que apersonarse en la casilla para ejercerlo y a cada persona corresponde solo un voto por elección. E intransferible, dado que no se debe de comerciar, intercambiar, vender o comprar.

 

Pero ¿Dónde está la libertad en el voto? Es una garantía que brinda el propio sistema de que la persona que accede a una casilla electoral puede votar, sin que alguna persona pueda influir en su decisión personal sobre el partido o candidato por el cual desea emitir su opinión. Nadie debe ser obligado a votar por un partido o candidato que no quiera.

 

De todas las características mencionadas ya anteriormente, ésta es a mi juicio la más difícil de garantizar. El sistema está diseñado para que, dentro de la casilla, se den las condiciones de que una persona pueda votar solamente con credencial y estando en la lista nominal, sin ser cuestionado acerca de su género, escolaridad o religión, que solo se le provean las boletas necesarias para emitir su voto, en una mampara a la que solo tiene acceso el elector, y cada vez más el elector adquiere conciencia de la importancia de no comerciar con su voto de cualquier manera.

 

Alguna vez, tratando de convencer a las personas del campo a que participaran en el proceso electoral, me encontré con una persona ya mayor. Se notaba que era un hombre de esos, de los de antes. Y mientras yo finalizaba mi perorata de promoción del voto, señalando que podrían votar por quien quisieran, pero que por favor votaran, se me acercó para decirme, de manera pausada y con las huellas del trabajo en el rostro: -“mire licenciadito, usté a mi no me va a decir que puedo votar por el que sea. L’otro día vino mi candidato y me estrechó la mano mientras me decía ‘cuento con su voto Don Lauro’, y pos yo le dije que sí. ‘Ora no me puedo echar pa’tras. Yo soy un hombre y un hombre de palabra”.

 

¿Cuántos Don Lauro habrá que no crean en la libertad de su decisión? ¿Cuántos candidatos no se aprovecharán de tales condiciones para apalabrar a esos votantes? ¿Cuántos no están en una posición de no poder elegir libremente? Mucho hemos avanzado y más habremos de avanzar entre tanta reforma política sobre temas que resultan torales para la construcción ciudadana en este país. Habremos de empezar por las bases y mostrar a todos aquellos que no conciben la libertad en el sufragio que es posible garantizarla como lo hacemos con las demás características, para luego adentrarnos en conceptos más elaborados y que requieren de una ciudadanía más activa y participativa.

 

Mientras ello ocurre, sigamos celebrando los primeros diez años de este Cafecito, porque esfuerzos como éste, que definitivamente valen la pena, vivan muchos años más. Feliz Cafecito a todas y todos.

 

 

Víctor Díaz de León Jr. es Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y Jefe de Construcción Ciudadana en el Instituto Estatal Electoral de Aguascalientes.

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Menos compromisos y más planeación, por Marco Iván Vargas Cuéllar

Ante la inminente llegada de las campañas proselitistas, entre los electores cabe hacerse la pregunta: ¿qué debemos exigir a nuestros candidatos y a nuestros gobiernos?

Dentro del proceso de la política pública, la etapa de la planeación forma parte del fundamento a partir del cual los programas y acciones que emprende un gobierno, se cargan de viabilidad política, técnica y financiera. Así los responsables de las políticas comprenden que los gobiernos pueden trabajar mejor si se tiene una idea claramente definida del futuro deseado y de la mejor forma para realizarlo.

Tradicionalmente los sistemas de planeación en México se han desarrollado más por obligación normativa que por visión estratégica; la obligación de cumplir un plazo máximo para presentar, con bombo y platillo, el documento orientador de la política de un gobierno, en realidad representa una debilidad inherente al sistema de planeación limitado por un marco legal obsoleto. No conformes con esta situación, algunos establecen la obligatoriedad de que este documento deba ser levantado desde los ejercicios de participación ciudadana que poca relación tienen con la redacción final del Plan de Desarrollo.

Así encontramos casos de gobiernos que se encuentran encerrados entre las restricciones presupuestales y los compromisos de gobierno, siendo estos últimos una serie de acciones proyectadas generalmente a corto y mediano plazo, con un alto grado de impacto social — lo que sea que esto signifique — pero que poco tienen que ver con un programa de gobierno orientado hacia el crecimiento y desarrollo de una demarcación. Dadas estas limitaciones, poco puede esperarse de un gobierno si además trata de administrar una burocracia preexistente que se esfuerza por prestar los servicios que tiene encomendados.

No es raro escuchar que dentro de una administración se cuenten con distintos planes de administración y gobierno, ejemplo de ello son los planes de desarrollo, planes de arranque, planes de 100 días, planes trimestrales, planes para cumplir compromisos de campaña, planes de contingencia, entre otros. Adicionalmente se debe mencionar que las contingencias o situaciones extraordinarias, rompen con todo el edificio de mondadientes con el que se construyó un sistema de planeación.

Sobre lo anterior dos ejemplos: un desastre (que puede o no ser natural) siempre requiere de la intervención gubernamental y por tanto, del ejercicio de recursos no presupuestados, luego entonces, la debacle y la inmovilidad financiera; otro ejemplo tiene que ver con los excedentes petroleros, después de algunas semanas de recibir la maravillosa noticia de que los gobiernos recibirán una cantidad de millones para ser ejercidos en obra de infraestructura, viene el momento en que los responsables de la política se preguntan ¿y qué vamos a hacer con ese dinero?, luego entonces, viene la devolución de recursos por no ajustar los proyectos a los requisitos para su ejercicio, o se destinan en obras “que se sacaron de la manga”, ora un puente aquí, ora uno acá.

Los tiempos electorales se avecinan, analizar a las propuestas de campaña en materia de políticas públicas en un ejercicio conveniente y sumamente útil para contar con criterios relativamente objetivos a la hora escoger entre opciones y votar por un proyecto de gobierno.

Es en este punto donde cabe la reflexión de este texto. Aunque sabemos que las campañas aún no comienzan de manera formal, ya han empezado a circular por medios verbales y escritos los compromisos de campaña que esbozan, en el mejor de los casos, algunos de los componentes del proyecto de gobierno de tal o cual candidato. Ante esta situación nos preguntamos: ¿cómo se integra el conjunto de compromisos de campaña a un proyecto de gobierno?, ¿bajo qué criterios se ha diagnosticado una problemática para la que se promete cierta acción de gobierno?, ¿qué semejanzas existen entre las plataformas electorales que presentan los partidos y los planes de desarrollo del partido en funciones?, ¿qué semejanzas hay entre el Plan de Desarrollo y los informes de gobierno?.

Estos cuestionamientos no están redactados con el fin superfluo de desprestigiar a los candidatos y sus compromisos, pero sí se pretende plantear una reflexión en torno a la visión crítica de las promesas de campaña. Bajo esta perspectiva prácticamente se pueden despedazar los documentos de divulgación tales como “50 compromisos para recuperar el orgullo nacional”, “El reto de México, lineamientos generales de política pública” (de Calderón Hinojosa, documento que nadie conoce), o cualquier panfleto que vaya a publicar el PRI como documento que anteceda a su plataforma electoral.

Se sugiere no prestar demasiada atención a los deslices de los candidatos que normalmente ocupan el grueso de tiempo en los espacios de difusión tales como los spots, entrevistas, debates, etc. La prensa también ha demostrado que estas escandalosas propuestas venden bien, toda vez que aseguran la nota diaria al reportero para que pregunte al alcalde de Santiago Ixcuintla, Nayarit, su opinión sobre el dilema si el presidente debe o no vivir en Los Pinos, si debe viajar en Flecha Amarilla y vender el avión presidencial TP-01 “Presidente Juárez”.

De nuevo, considere el lector el ejercicio de localizar los documentos que plasman EL PLAN, con todos los elementos básicos de planeación de segundo semestre de licenciatura, sus objetivos, estrategias y acciones. Exija al promotor de cualquier candidato que le muestre el tejido fino del proyecto pretendido. Imagine que votar es como comprar una casa; hay que ver por lo menos, la foto — o un dibujo — del edificio en pie, y preguntarse de qué materiales está construido.

En síntesis, una de las exigencias de los ciudadanos hacia sus candidatos y gobiernos debe ser la exigencia de un sistema de planeación de la política que determine las acciones a seguir, que anticipe las contingencias y proyecte el crecimiento. Si al final del ejercicio el lector se queda con la percepción de haber recibido recortes engrapados, sin una estructura o una lógica, entonces sería bueno reconsiderar el voto en otra dirección.

Marco Iván Vargas Cuéllar es politólogo y candidato a Maestro en Administración y Políticas Públicas, actualmente es consultor sobre gestión, políticas y asuntos electorales.


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Ciudadanía educada y ejercicio de la ciudadanía, por Noe García Gómez

Utilizaré este artículo para lo siguiente; leí el  artículo de Doris con interés y atención, estoy de acuerdo en gran parte de lo que dice, creo que el concepto de la política que trata de hilvanar se lo han o nos lo hemos ganado a pulso los políticos. Pero ahora yo haré de “abogado del diablo” y utilizaré el mismo método para la cuestión de los ciudadanos. Ojalá esto sea una discusión propositiva y un debate interesante para los lectores.

Test: ¿Eres un buen ciudadano?

1.- Vas en tu coche escuchando las canciones de moda en tu auto-estereo, cuando en un alto se te acerca un anciano, indígena, limpiaparabrisas, etcétera, y te pide unas monedas. ¿Qué haces?

a)     Le dices “¿qué le hace falta y en qué le puedo ayudar?”, además de que piensas en la injusticia económica y de mercado que priva en el país por causa de ese mal gobierno.

b)     Le das las monedas de menor cantidad que encuentras en tus bosillos para expiar tus culpas y arrancas tu carro pensando “qué dadivosa(o) soy”.

c)     Subes inmediatamente el vidrio y “ni los miras ni los oyes”, piensas que es gente floja a la que no le gusta trabajar y que, si esta así, es por que no aprovecha las oportunidades que hay en este país.

2.- Estás viendo la televisión y, por mera casualidad, se atasca el control en el noticiero y, por flojera de pararte a cambiarle, te lo chutas. En las noticias hablan de que la economía esta inestable, de que las guerras en oriente matan cada vez a mas niños, que subirán los precios de la canasta básica.  ¿Qué piensas?

a)     En la ineptitud de tus gobernantes y tratas de ver la forma de organizarte con amigos y/o vecinos para enviar cartas o visitar a los que te gobiernan, y recriminarles:  ¿qué es lo que están haciendo?

b)     Te da tristeza con las imágenes de los niños muertos, crees que se debe hacer algo por la economía, y piensas “qué mala onda será para los que se alimentan de esa canasta”, pero cuando termina el noticiero cambias de canal y sigues unas horas viendo videos de MTV, como si nada.

c)     Ves las imágenes una tras otra, oyes los comentarios sin inmutarte, y terminas hastiado de que pasen problemas que a ti no te incumben y optas mejor por sacrificar la comodidad del sillón y te levantas a cambiarle a la tele.

3.-Es época de campaña electoral, ves en la calle infinidad de anuncios de los candidatos, en la TV y la radio te bombardean de spots con frases cortas a las que no hallas ningún sentido, y concluyes que la campaña de los candidatos no te dice nada. ¿Qué haces?

a)     Investigas el historial de los candidatos, buscas y analizas su plataformas electoral y de gobierno (que por ley las registran en los órganos electorales) y comparas toda esa información para decidir tu voto o abstención, en su caso, pero lo haces conciente y con bases.

b)     Te da risa que, campaña tras campaña, los políticos dicen y prometen lo mismo, y el día de la votación sufragas por el candidato más guapo, el partido que esta de moda o simplemente no asistes a votar (y qué, si todos son lo mismo).

c)     Cada que empiezan los spots, le cambias a la radio o la TV y, si de casualidad te encuentras en una plática de política, te retiras o cambias rápidamente de tema; el día de la votación, ni por casualidad se te ocurre votar.

Resultados

Si contestaste con:

Mayoría de a: Eres un excelente ciudadano, el país necesita de gente como tú, ¡felicidades!

Mayoría de b: Eres un mal ciudadano, pero se te reconoce que aún eres humano y tienes sentimientos.

Mayoría de c: Creo que el concepto de ciudadano ni se puede aplicar en ti, francamente creo que eres el reflejo de que la humanidad está en decadencia.

a dónde vamos a llegar

Nuestra Constitución establece los derechos de los ciudadanos en su artículo 35 y dice:

·   votar en las elecciones populares

·   poder ser votado para todo cargo de elección popular

·   asociarse libremente de forma pacífica para tomar parte de los asuntos políticos del país

Y en el artículo 36 de las obligaciones dice:  votar en las elecciones populares en los términos que señale la ley.

Además, el COFIPE (Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) puntualiza los derechos y obligaciones del ciudadano en su artículo 5 que, entre otros, establece:

·   constituir partidos políticos y agrupaciones políticas y afiliarse a ellos de forma individual y libre

·   participar como observador electoral

Y es obligación integrar las mesas directivas de casilla.  En estos derechos y obligaciones confluyen una gran cantidad de formas de participar en la vida pública y política.

Ahora bien, John Stuart Mill decía que “para la democracia se requieren ciudadanos activos, ya que los gobernantes, independientemente de su ideología, preferirán a ciudadanos pasivos, ya que con mucho gusto los convertirían en un rebaño de ovejas dedicadas únicamente a comer pasto una al lado de la otra y a no lamentarse ni siquiera cuando el pasto escasea”[1].

Cuando se habla de democracia se habla a favor de ella. Se preocupan por su futuro y las virtudes que tiene. Pero pocos la practican y citando a José Antonio Crespo:

“… opuesto a lo que comúnmente se cree, la democracia no está diseñada para actores democráticos, sino exactamente lo contrario. La democracia tiene una arquitectura institucional sobre la base de que no va a lidiar con actores solidarios, honestos, altruistas, patrióticos. No, la democracia es un modelo político para no demócratas. Por eso la división de poderes, los límites constitucionales, vigilancia de los medios, la descentralización de la política, la fiscalización electoral, la rendición de cuentas” .

Y yo agregaría el voto de castigo del ciudadano a los malos políticos y las formas de participación ciudadana, prosigo con la cita:  “En la democracia, todos vigilan a todos por que nadie confía en nadie.”[2] Esto quiere decir: no nos asustemos por lo malo de nuestros políticos, asustémonos de no ejercer los medios e instrumentos que la democracia tiene para que estos políticos nos rindan cuentas.

Las citas anteriores nos podrían dar un panorama personal e individual de nuestra actitud como ciudadanos, ¿qué hemos hecho nosotros para exigirle a nuestros gobernantes? ¿Estaremos cerca de ser ese rebaño de ovejas que no se inmuta ni siquiera cuando el pasto escasea? ¿Creemos que la democracia por si sola debe traer la solución de los problemas del país? ¿O somos flamantes ciudadanos ejerciendo los derechos que la democracia nos otorga y entendiendo por derechos no sólo el acto de votar, sino toda esa gama de participación política, participar en ONG’s, asociaciones civiles, agruparnos libremente, debatir y discutir la cosa pública, exigir a nuestros gobernantes, ya sea por medio de escritos, colecta de firmas, asistir a marchas y mítines, quejas en los medios de comunicación, etcétera?

Al igual que el artículo de Doris, soy un mucho pesimista. Pero en este caso sí hay que proponer, la gran mayoría de la población lo sabe y, si no, se los recuerdo: PARTICIPACIÓN, CONCIENCIA INDIVIDUAL Y COLECTIVA y CIUDADANÍA ACTIVA.  Aquí yo no pido propuestas, sino de que se pongan en marcha las tres anteriores. ¡Háganlo por favor!  Y prometo firmemente respetar sus derechos y apoyar en todas sus acciones que fomenten la democracia y mejoren la vida política de nuestro país.

fuentes

1 J. S. Mill, Cosideraciderations on Representative Government, University of  Toronto Press, p. 406.

2 José Antonio Crespo, Física de la polarización, el universal 7 de octubre de 2004.

Noe García Gómez es Licenciado en Ciencias Políicas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Aguascalientes;  es Presidente del Servicio Estatal Electoral del PRD en Aguascalientes.


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Política, gobierno, elecciones y la corresponsabilidad política entre gobernantes y ciudadanos, por Marco Iván Vargas Cuéllar

He aquí un motivo de error en la política: no pensar más que en sí y en el presente.

La Bruyère

En un país como México, donde los valores de la cultura democrática forman parte del nuevo arsenal del ciudadano promedio para enfrentar los mensajes propagandísticos de las campañas electorales, frecuentemente ocurren hechos que alejan al elector del proyecto político por el que ha votado, por el que paga sus impuestos y por el que respeta el marco de derechos y restricciones para convivir en paz.

La reforma político-electoral que se vislumbraba desde la LOPPE (1976-1977) hasta ya entrados los días del Doctor Zedillo, se aseguró de que un gran número de ciudadanos en su calidad de electores, tuvieran la capacidad de seleccionar a las élites que los gobiernan de una manera más o menos justa y relativamente confiable. Así, la democracia se fue asumiendo como este proceso en el que casi todos tienen la capacidad de expresarse e influir en los destinos nacionales, por medio de una papeleta cuya ponderación corresponde más o menos al 0.0000017027% de la decisión nacional.

De esta manera, mujeres y hombres, cualquiera que sea el color, condición económica o intelectual, tenemos el mismo derecho y la misma importancia al levantar la mano, tomar el crayón y votar por quien nos plazca. Desafortunadamente, ésta, la democracia procedimental, se ha quedado en el umbral de la selección y sustitución de élites y poco ha avanzado hacia la transformación de la cultura del gobernante y su responsabilidad para con los gobernados.

Si en la gerencia pública ya habla de accountability como la capacidad que los gobernantes tienen de rendir cuentas a la ciudadanía, en México este espíritu se envuelve de retórica y vaticinios de la clase política; concretamente del gobernante en funciones, del representante político o del funcionario de alto nivel.

Pensemos por ejemplo en un par de fórmulas favoritas de la campaña electoral:

Plebiscito y Referéndum. Reflexione el lector sobre la cantidad de ocasiones en que ha escuchado este par de palabras en la voz de un candidato o político en funciones, luego compare usted la legislación de los Estados (entidades federativas) que contemplan estas formas de participación popular y, finalmente, trate de recordar en cuántos plebiscitos y referéndum ha participado durante la ultima semana, mes, año o sexenio. Si usted conserva en su cabeza un dígito mayor que uno, entonces ha vivido engañado, ya que ese derecho del que se siente partícipe, no sirve para nada. La clase política sigue ahí, la iniciativa no surgió de la conciencia colectiva y, seguramente, alguien movilizó a los habitantes dos cuadras de Ciudad Neza para igualar la cantidad de votos de 3 estados del centro del país.

Que los ciudadanos tengan la capacidad de remover a los gobernantes que no sirven. De no ser por la obligación constitucional que nos garantiza que algún día llegará el final del ejercicio de un gobernante, nada ha podido sacarnos de la mente, de la curul o de la oficina en Palacio a esos vendepatrias que dan tanto de comer los periodistas y llenan registros a nuestros catálogos de incertidumbre civil. Intente el lector recordar si alguna vez ha visto cómo fueron inmolados en alguna plaza pública los siguientes personajes: Sergio Estrada Cajigal, José Murat, Víctor Cervera Pacheco, Mario Ernesto Villanueva Madrid, Fernando Canales Clariond, Rosario Robles Berlanga, Carlos Romero Deschamps, Ricardo Aldana, Félix Salgado Macedonio, entre otros más.

Como bien ha señalado Rosario Green, en Estados Unidos el apoyo popular hacia los gobernantes y representantes se ha desplomado desde hace unos seis meses por causa del crecimiento de una brecha entre las aspiraciones de los ciudadanos y las decisiones políticas. Los electores se han dejado de sentir representados y frecuentemente se manifiestan en desacuerdo con algunas decisiones del poder público legalmente electo. Tal como pasa en México, el espectro de la opinión pública (que en sí es altamente vulnerable a la manipulación mediática) presenta poca correlación con respecto a los aforismos que pronuncian quienes detentan el monopolio de la conciencia popular.

De ello, considero, nos quedan dos opciones que no son mutuamente excluyentes: la indignación y la congruencia. Para la primera se necesita información y un dejo de nociones de civilidad; para la segunda es necesario extender esta posibilidad en las acciones, opiniones y decisiones cotidianas. Las leyes del mercado son impecables, si un producto se deja de consumir, desaparece. Esto no significa un estéril y generalmente inútil llamado a la resistencia civil, sino más bien un recordatorio de la libertad de elección (capacidad de discriminación) que los ciudadanos tenemos para con los políticos carentes de calidad o para quienes hacen de la política un acto de barbarie y cinismo. Algunos “periodistas” y medios de comunicación también se instalan en esta categoría.

La congruencia del ciudadano se refleja tanto en la calidad de sus exigencias en cuanto a cliente o consumidor de la política, como en su margen de tolerancia de los atropellos a la razón que son ofrecidos por candidatos, funcionarios y medios de comunicación. De nuevo, si algo existe, es porque nosotros lo hemos querido así. De esta manera, el ciudadano en cuanto a su capacidad de contribuyente, elector y futuro dependiente del estado, puede sentirse con el derecho y la obligación de rechazar todas aquellas propuestas, acciones u omisiones de éstas en el mensaje político y en el ejercicio del gobierno.

Las bondades de esta corresponsabilidad política entre gobernante y ciudadano, que igual puede interpolarse a los binomios elector-candidato o cliente-gerente público, son muchas y oscilan desde el ridículo del funcionario hasta la remoción del puesto, la viabilidad de estas probabilidades siempre dependen de la decisión del gobernado.

Marco Iván Vargas Cuéllar es politólogo y candidato a Maestro en Administración y Políticas Públicas, actualmente es consultor sobre gestión, políticas y asuntos electorales.


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Nomaspornohacernada, por Pepe

Para mis amigos demócratas y a propósito de los recientes simulacros y de los espantosos comerciales radiofónicos que pretendían evitar el abstencionismo:

“La democracia es el sistema que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos”.

George Bernard Shaw

“Gobernar dentro de un régimen democrático sería mucho más fácil si no hubiera que ganar constantemente las elecciones”.

G.B. Clemenceau

“La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes”.

Charles Bukowski

“La infalibilidad del sufragio universal está a apunto de convertirse en un dogma que va a suceder al de la infalibilidad del Papa. La fuerza del brazo, el derecho del número, el respeto a la muchedumbre ha sucedido a la autoridad del nombre, el derecho divino y la supremacía de la mente”.

Gustave Flaubert

“La democracia no se agota en los temas electorales”.

Santiago Creel

“Alternancia no es igual a democracia (a propósito de Fox) pero, a veces, cómo hace falta (a propósito del señor de los rayos)”.

El sentido común (que me encargó que les comentara)

“El abstencionismo también juega, no votar también es una voz, negarse a elegir de entre lo malo es un reclamo que parece que nadie quiere escuchar. Ganamos, hemos venido ganando y vamos por más”.

“Si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír”.

George Orwell

AD+  Les transcribo unos paisajes típicos de América Latina, del de casi siempre…  No sé si alguno les resulte familiar.

Los estados dejan de ser empresarios y se dedican a ser policías.

Los presidentes se convierten en gerentes de empresas ajenas.

Los ministros de economía son buenos traductores.

Los industriales se convierten en importadores.

Los más dependen cada vez más de las sobras de los menos.

Los trabajadores pierden sus trabajos.

Los campesinos pierden sus tierritas.

Los niños pierden su infancia.

Los jóvenes pierden las ganas de creer.

Los viejos pierden su jubilación.

“La vida es una lotería”, opinan los que ganan.

…y como casi todos ustedes saben, casi nunca ganan los que opinan.