El Cafecito


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Voto nulo reloaded, por Dorismilda Flores Márquez

Cuentan que hace mucho, mucho tiempo, en un país llamado México, donde sí existe la mentira y el dolor, vivieron unos ciudadanos que soñaban con eso que llamaban “democracia”[1]. Se pensó que la democracia resolvería todos los problemas, que un instituto autónomo que organizara elecciones democráticas llevaría a la soñada democracia, después se le confundió con alternancia y a ésta última con “sacar al PRI de Los Pinos”. Pero la democracia “real” nomás no ha logrado concordar con los imaginarios sobre ella, ya lo planteó Norbert Lechner[2] hace años, hay una crisis en la cultura política, entendida en términos de sistemas de valores, representaciones simbólicas e imaginarios colectivos.

En 2006, las elecciones presidenciales en México fueron ampliamente cuestionadas ante la diferencia mínima de votos entre los dos contrincantes, perdón, candidatos, más fuertes, Felipe Calderón Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador; y, sobre todo, ante las irregularidades antes, durante y después del proceso electoral. Muchos nos preguntamos ese año cómo vendrían las elecciones en 2009 y lo que encontramos ahora, creo que sorprende y a la vez no tanto.

Se aprecia un clima de desconfianza y decepción, en varios sectores sociales, frente a la incapacidad de la clase política para realizar su trabajo y el incremento en secuestros, enfrentamientos, desempleo y otras tantas formas de injusticia, pero sobre todo, frente a al incremento en la corrupción, la impunidad, el nepotismo y el cinismo. Para el proceso electoral que viene, encontramos ya las mismas propuestas de siempre — seguridad, educación, justicia, empleo —, ya las que se juegan por la vía de la supuesta innovación — pena de muerte, legalización del aborto y la mariguana —; encontramos figuras políticas que se reciclan y van de nuevo a las contiendas, candidatos de non gratos antecedentes, campañas más bien malitas y muchos ciudadanos desilusionados.

En este escenario de decepción se plantean dos movimientos de cara a las elecciones del 5 de julio en México: uno que propone votar responsablemente por el candidato que garantice cubrir las demandas de la sociedad, otro que propone anular el voto a manera de protesta; los dos, de hecho, tienen por denominador común la protesta frente a lo que se considera antidemocrático y los dos, de hecho, están llegando a opacar la discusión sobre los partidos; los dos, por cierto, se discuten en los medios de comunicación tradicionales y, sobre todo, en Internet, en los foros, blogs y redes sociales.

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El caso de la promoción del voto nulo resulta revelador, entre otras cosas, por la resignificación de la idea de la anulación; hubo un tiempo en que el voto nulo se consideró producto del error o de la broma. De algún modo, el desacuerdo siempre ha estado presente, en lo menos visible — abstencionismo y voto útil — o bien, en lo más visible — protestas en la calle, expresiones en los medios y más —; pero lo que se plantea esta vez es distinto, se trata de una expresión de protesta frente los usos y costumbres políticos con los que no se está de acuerdo: “para políticos nulos, votos nulos”, “mi voto lo anulo para que se lo metan por el… nulo caso que nos hacen”, “tache a todos”.

Los argumentos a favor y en contra de la anulación consciente del voto corren todos los días, por distintos medios. Entre tanto, votar por determinado candidato, por las razones que sean, implica una toma de postura política; apartarse de las formas tradicionales y ejercer el voto como protesta es también una toma de postura política. ¿Será que son huellas visibles sólo para aquél que sepa dónde mirar?


[1] Que me disculpe Guillermo del Toro por parodiar una parte de la narración de El laberinto del fauno.

[2] Lechner, N. (2002). Las sombras del mañana: La dimensión subjetiva de la política. Santiago de Chile: LOM.

Dorismilda Flores Márquez es egresada de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del ITESO; edita El Cafecito, casi siempre de madrugada.


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Voto anulado o voto ponderado, por Carlos Antonio Villa Guzmán

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Cada elección en México nos deja ver que el abstencionismo rivaliza con el total de votos que reciben los candidatos. Las cifras entre votantes y abstencionistas casi se equiparan. Solamente un poco más de la mitad de los ciudadanos que conforman el padrón a nivel federal, acude a votar.

Éste ha sido históricamente el comportamiento de los empadronados, lo cual ha dado lugar a que un porcentaje muy reducido de ciudadanos esté realmente presente a la hora en que se decide quiénes serán los depositarios de la administración y valor de los intereses públicos, es decir, aquéllos que van a hacerse cargo de la arquitectura social que los organiza y distribuye. De ahí que sean beneficiados siempre quienes construyen este formidable montaje (incluidos los económicamente privilegiados concejeros del IFE) y la historia se repite con distintos actores y maquillajes.

Evidentemente los magros resultados en la conducción del Estado Mexicano, reflejada en el hondo resquebrajamiento social que padecemos, indican que los responsables elegidos o bien nos han tomado el pelo por décadas y todavía no aprendemos a distinguir y hacer buenas elecciones o, el individualismo colectivo que alimenta la abstinencia política (aunque parezca contradictorio) constituye un vector social que deja al libre albedrío de los grupos de poder los asuntos del orden público.

Es ya un rasgo cultural vivir al margen de lo que se relaciona a política. En realidad, la sociedad desistió de politizarse lo cual convirtió la función pública en campo de interés de pocos que se privilegian de ello. Si los ciudadanos no cuidan su parcela social, no puede ser que los grupos que sacan bastantes filones del presupuesto, de los recursos, lo hagan por ellos: obviamente que éstos van a defender y acrecentar sus manantiales de riqueza, a expensas de una población contemplativa, que igualmente sólo se preocupa de que su entorno contenga la mayor comodidad y diversión posible, aunque carezca de todo lo demás.

Se ha polarizado la opinión pública respecto de este punto, según observamos en los debates que llegan a tener un espacio de comunicación, como lo es este medio de la Internet. Por un lado se habla de los ciudadanos como “víctimas del engaño”, por parte de quienes en principio les pidieron su apoyo para elegirse a un cargo, en tanto que en el otro extremo figuran los políticos y sus partidos considerados, casi en su totalidad, indignos de la confianza de esos ciudadanos tantas veces timados. La verdad es que la gran mayoría no se molesta, antes de acudir a llenar una boleta, ni siquiera por averiguar por sus propios medios quienes son los personajes cuyos nombres aparecen en los recuadros. La gente vive por lo regular para sí misma, porque ancestralmente aprendió que los asuntos de lucha de poder, las manifestaciones masivas, las revoluciones, son asuntos de otros, que sólo provocan tristeza y miseria. Según el álbum genealógico de un gran número de familias mexicanas así ha sido.

La casi nula cultura política es virtualmente borrada por las culturas del consumo de cuanta cosa se anuncie en los medios, del culto a los artistas, del deporte vuelto espectáculo, así como por múltiples variantes de productos o prácticas que cubren de alguna manera las expectativas de los sujetos o agrupamientos.

Para un grueso importante de individuos, los significantes de la política, lo mismo que los actores y las dinámicas que le acompañan, son como otra realidad separada del contexto donde tiene lugar la vida del resto de los ciudadanos. Así, los medios de comunicación se convierten en vasos comunicantes que hacen que se forme lo que se conoce como la opinión pública. Muchas veces la gente que ve o escucha noticiarios o programas sobre política, se cree que con ello es suficiente como para justificar que sí participa en los debates sobre los temas relevantes para la ciudadanía. Consideran que sintonizar a ciertos personajes que aparecen por las frecuencias radiales y televisivas, es al mismo tiempo adquirir estatus de persona informada, lo cual los convierte en agentes que pueden incidir en la agenda pública, aunque sea únicamente como estadística en las mediciones de rating.

Transcurrió casi un siglo de apaciguamiento que incluyó represiones criminales y también adoctrinamientos oficiales y sectarios, que apagaron poco a poco los rescoldos de las revueltas. La última, la llamada Cristiada, ya casi no tiene sobrevivientes.

La mañana del 3 de octubre de 1968, nada había pasado en el ciudad de México, según el célebre Jacobo, y lucía despejado el espléndido valle de los volcanes. La masacre se ocultó y no varios días, sino años, décadas. Porque la gente no estaba, como ahora, acostumbrada a interesarse por saber realmente qué pasa.

Los golpes, las experiencias dolorosas como el terremoto del 85, los fraudes electorales repetidos, las represiones sangrientas contra gente indefensa, el cotidiano atropello a los derechos humanos que comete la autoridad, la discrecionalidad en el manejo de los bienes de la nación, la ruleta con la que juegan el destino de más de cien millones de seres humanos, toda esta carga de amargura y coraje, van socavando el andamiaje que se fabricó la oligarquía. Observo a la gente cada vez más firme en su decisión de que las cosas tienen que cambiar en el plazo más breve posible.

Por si fuera poco, lo acontecido antes y después del seis de julio de 2006, dejó una experiencia suficientemente amarga como para poder digerir otro bocado que pudiera contener los mismos ingredientes y la gente ya no quiere atragantarse. Es comprensible que mucho prefieran quedarse frente a la televisión o hacer cualquier otra cosa que les distraiga o sea prioridad, antes que acudir a votar. Aunado a este esperado panorama viene otro más: los que se van a poner algo para llamar la atención y anularán su voto.

Algo que llama la atención de este movimiento ciudadano, a todas luces legítimo en tanto reclamo abierto al poder partidista, al maniqueísmo de Estado que convierte los procesos electivos en simples aparatos de simulación, es que quienes lo impulsan son individuos que gozan de un elevado prestigio y honorabilidad. Todas las personas que difieren de su postura, subrayan el gran respeto que sienten hacia ellos, como por ejemplo el académico Jaime Preciado Coronado.

Tales intelectos al servicio de una materia tan importante, como lo es cualquier proceso democrático, bien merece una atención especial. Trato de unirme a su derrotero, sin embargo, pienso que no es el momento de abandonar, más de lo que está, el campo donde se mueven las fuerzas que mantienen este desmedido dominio sobre la sociedad.

Propongo ponderar el voto, es decir, darle la importancia que tiene, lo cual comienza por hacer un ejercicio de reconocimiento para saber quiénes son los contendientes. Estudiar a fondo y diversificar la elección, buscando las opciones más identificadas con movimientos ciudadanos. Requerimos una fuerza real que revierta las tendencias anteriores y permita el paso a otra clase política con vocación de lucha social.

Bueno, estamos tratando de construir un mejor país, ¿no es así?

Un saludo cordial extensivo a los que coinciden o difieren de mis ideas.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara.


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¿Y las propuestas? Sólo guerra sucia y otra campaña de miedo, por Christian Erazo Ortiz

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Pareciera que estuviéramos viviendo una de las tantas historias de terror que ha escrito Stephen King y que una de ellas se llevó a la pantalla siendo titulada en español como “La Danza de la Muerte”; la trama del filme, el brote de una epidemia ocasionado por un virus desconocido para la ciencia médica.

Lamentablemente, esto se convirtió en una realidad para el país y nuestro estado, y debido a esta contingencia sanitaria, los partidos políticos y sus candidatos tendrán que hacer un cambio drástico en la forma de llevar a cabo sus campañas, pues hasta el momento el Instituto Federal Electoral (IFE) ordenó para este próximo fin de semana, sábado 2 de mayo, que comienzan legalmente las campañas electorales, la cancelación de cualquier acto multitudinario. Ahora los candidatos se verán en la necesidad de rehacer una estrategia de comunicación diferente, podría ser por vía internet, teléfono, o cualquier otro medio alternativo, a fin de hacer llegar las propuestas al electorado.

Y hablando de ello, la estrategia que implementó el PAN a nivel nacional hasta hace unos días, se centró principalmente en lanzar en los medios de comunicación, continuos ataques, frases ofensivas y discursos agresivos en contra del PRI, infundiendo el miedo en los ciudadanos, por el tema de la inseguridad pública y sin presentar una sola propuesta al ciudadano, abusando otra vez, de la frase de los famosos 70 años que éste gobernó el país.

Pareciera que esta película ya la vi, y sí, fue hace tan sólo tres años en las elecciones federales de 2006, cuando el partido de la derecha retrograda comenzó una guerra sucia y una campaña de miedo en contra del entonces candidato a la presidencia de la república, Andrés Manuel López Obrador, “El Peje”, que a la postre le dio buenos resultados, porque lograron cerrarle el paso al perredista, y gracias a eso tenemos al gris chaparrito pelón y con lentes como presidente, y que a tres años de su gobierno ha sido incapaz de cumplir una sola promesa de campaña, quien se autodenominó como “presidente del empleo”.

Es así que ahogados en la inmediatez de las encuestas y con el temor por perder la mayoría en la Cámara de Diputados, Acción Nacional, activó hace unos días una campaña mediocre, y tan pobre en propuestas, que resulta insultante para la sociedad. El Títere de Calderón, Germán Martínez, se ha empeñado de manera insolente, en emitir mensajes infundados en contra del PRI, tratando de revivir fantasmas y resucitando a personajes que pasaron a la historia, y que bien o mal contribuyeron a la construcción de un país moderno, en el que había empleo, estabilidad política, económica y social. Ojalá que Germancito y su equipo de publicistas, se abstengan de obtener beneficio político a causa de esta situación tan delicada de salud pública.

Pero ellos (los panistas), ¿qué entienden de gobiernos eficientes y capaces?, si como gobernantes han sido buenos publicistas, que es lo mejor que saben hacer, realizar campañas de miedo y ataques al adversario.

Para el PAN,  el poder dejó de ser una herramienta al convertirse en un fin, y eso ha generado que apliquen al interior una estrategia de neo corporativismo, estableciendo alianzas con quienes aborrecían y despreciaban en el pasado, me refiero a los sindicatos. Y que luego de haberse aliado en el 2006 con el Sindicato de Trabajadores de la Educación en 2006 y su célebre líder, Elba Esther Gordillo, ahora, el gerente del PAN, perdón el presidente Germán Martínez, ofreció una candidatura para diputado plurinominal al líder nacional de los trabajadores del IMSS. Revirando a la frase que diría títere de Calderón, qué poca… congruencia del partido de la derecha, que siempre ha ido en contra de los derechos de la clase trabajadora, y que si en sus manos estuviera, las organizaciones sindicales desparecerían, pero por tal de acarrear votos para su causa hace hasta lo impensable.

Señores del PAN, lo que tanto criticaron y que desde la oposición se daban baños de pureza, formándose una falsa imagen de políticos “limpios”, ahora que son gobierno se han convertido en el partido de las prácticas clientelares, de la corrupción (sexenio de Vicente Fox), de las promesas incumplidas, de las incapacidades para resolver los problemas que aquejan a México, se han convertido en el partido que hace uso descarado del aparato gubernamental para asegurar los triunfos, los que compran votos, los que manipulan con la fe y los que desvían recursos públicos para sus campañas.

¿Dignidad de la persona humana, bien común, solidaridad y subsidiaridad? Son los cuatro principios fundamentales de la Doctrina de Acción Nacional, y que los mismos panistas han traicionado, a cambio de obtener poder y dinero. Si el fundador de ese partido, Manuel Gómez Morín, viviera y se diera cuenta de la forma en cómo actúan sus militantes, seguramente se volvería a morir.

Seguramente seguirán empecinados en enlodar las elecciones, alejados de la inteligencia y de las campaña propositivas, que al cabo el fin justifica los medios,  así como lo dijo en algún momento el ex presidente nacional del PAN, Manuel Espino: “el engaño, la simulación, la incongruencia, la mentira o la calumnia, no son tan perversas si se utilizan en beneficio propio” (Álvaro Delgado, El Engaño, Editorial Grijalbo, 2007).

P.D. Todos y todas deseamos que este grave problema de salud pública se resuelva pronto, por lo que es fundamental acatar las medidas preventivas que han dictado las autoridades de salud, y hacer lo que a cada quien nos corresponda.

Christian Erazo Ortiz es Licenciado en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes.