El Cafecito


Deja un comentario

La pejeida, rapsodia XV: la batalla en Hidrotermópolis, por Javier Arturo Haro Oteo

Ocurrió entonces que los ejércitos se enfrentaron, como estaba previamente acordado, en la Hidrotermópolis, ciudad que se encontraba en el centro de la tierra de Mexi, junto a la minera Zacatecas y la bien murada Jalisco, fecunda en agaves y productora de tequila.  Zacatecas se encontraba en poder de los perredistas, comandada por el Monrealida Ricardo, soberano que en poco tiempo entregaría el mando a la Gárcida Amalia, la de níveos brazos; Jalisco, al igual que Hidrotemópolis, estaba en poder del Ejército Azul del Canidae Agamefox, siendo esta última gobernada por el Gonzálida Felipe, el Hermoso, quien no quería entregarla a ningún otro, mas se vería obligado; reclamaba el control un antiguo capitán del Gonzálida, el Rorro Luis Armando, el señor de los Rayos, quien era favorecido por los Dioses, — olímpicos algunos e infernales casi todos — siendo el principal protector de éste, el artero Diego, dios del tráfico de influencias y uno de los corruptos, y por tal relación, el Innombrable.

Inició aquella batalla en una soleada mañana de domingo, y se extendió durante todo el día, los ejércitos sonaron los tambores de la batalla, y en marcha se pusieron los ejércitos azules, perredistas y tricolores.  Apoyaba a los perredistas un reducido escuadrón naranja cuyo símbolo era el águila, los cuales eran más un grupo de traidores y espías al servicio del ejército azul; apoyaban al ejército tricolor escuadrones menores, los verdes ecologistas y los rojos de la estrella amarilla.  En todos los puntos de Hidrotermópolis el ejército azul logro victorias siendo sólo algunos — muy pocos realmente ¡oh, dolor, al Peje Andrés Manuel! — donde fueron derrotados.  Acudid a mí, musas, e inspirad mi canto para recordar los lugares donde fueron derrotadas las huestes Azules:  el verde territorio de Rincón de Romos y una pequeña demarcación de la Polis capital; en Pabellón, cuna del ilustrísimo Arteaga, se dividieron la victoria azules y tricolores.  Todo indicaba que los batallones perredistas serían aniquilados, toda vez que sus comandantes revolvían en sus pensamientos ideas erróneas sobre las batallas; sin embargo, como triste consuelo, en tres regiones, aun con el tricolor y sus conocidas, útiles e infalibles tácticas de guerra, fueron estos quienes primero se rindieron y se pusieron en fuga; los escuadrones perredistas, a pesar de la derrota, lograron salvar un poco su honor y, contrario a lo creído anteriormente, fueron capaces de sobrevivir.

Sin embargo, Hidrotermópolis continuó en poder del ejército azul, toda vez que obtuvo por el derecho a la victoria más lugares que cualquiera — incluso que los demás ejércitos unidos — en el ágora, y sus capitanes ocuparon el control absoluto en diez de las once demarcaciones de Hidrotermópolis, aun y que acuden tricolores y perredistas por igual cada uno a sus penates, es irreversible lo ocurrido; lágrimas, gritos, plegarias, ya todo es inútil, la batalla ha terminado y la frustración cubre con su manto a todos los que han perdido, mientras con vueltas a través de Hidrotermópolis, cual arrastrando el cadáver de un animal inmolado para mostrar la superioridad de la mano del hombre sobre la bestia, festejaban los azules su victoria.  ¡Así de grande fue la deshonra que dieron a los vencidos!  ¡Libren los Dioses de la cordura a los ejércitos del Peje Andrés Manuel de tamaña falta de respeto a los que han perdido, sí, pero con la dignidad de haber peleado valientemente, en ese día grande, cuando penetre en el mayor palacio, vitoreándose por haber ganado la suprema batalla, siendo ya el Soberano Supremo de la tierra de Mexi!

Cierto es que desde el principio la rapsodia trata la diferencia tremenda entre el gobierno panista de Aguascalientes, y los que aspiraban a arrebatarle el control; sin embargo, a escasos días de aquel “carro — casi completo — blanquiazul”, conviene hacer una reflexión sin caer en los excesos que provocan los apasionamientos —en los cuales han caído muchos militantes priístas — sobre cómo fueron las campañas electorales, la jornada electoral y sobretodo las consecuencias del resultado arrojado por ésta; con la aclaración que los dos primeros puntos son — nos guste o no — historia escrita, y el tercero — nos guste o no — historia que irremediablemente se escribirá.

Las campañas electorales a los diferentes cargos de elección popular se llevaron a cabo en medio de la inequidad, mientras Luis Armando Reynoso Femat contaba con cerca de tres años de precampaña — haciéndonos como si no hubiera existido precampaña durante su gestión como presidente municipal —, Oscar López Velarde llega a la candidatura como el único valiente que se atrevió a pelear la candidatura por su partido, después de un proceso extraño a todas luces, donde el candidato natural terminó renunciando a contender, alegando que existía una total intención del Gobernador Felipe González de favorecer a Luis Armando Reynoso — desde aquí mi admiración a Oscar González por su tremenda capacidad para deducir lo obvio —; justo es preguntarnos si Oscar González no sabía de antemano que así se presentaría el escenario, toda vez que cuando su partido era gobierno, y en las entidades donde aún lo es, esta práctica es común, con la diferencia que Felipe González no mete la mano en esos procesos, sino el gobernante priísta favoreciendo con todo lo que puede al candidato de su partido — caso Madrazo en Tabasco, Murat en Oaxaca y, lo veremos pronto, Alemán en Veracruz —; es así como, en un hecho inédito, Oscar González “tira la toalla” y el único que la levanta es Oscar López Velarde, político gris, que nunca ha contado con un arraigo ciudadano real; recordemos que en el año anterior, cuando se postuló para Diputado Federal, pocos sabían que había sido senador de la República. Ante un escenario donde Oscar González iba como candidato, el PRI se engolosinó y decidió hacer una alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Verde, la cual lo único que redituaba era la permanencia de estos organismos en la escena estatal — he aquí el gran error del PRI como lo veremos después —.  Asimismo, el PRD decide realizar una alianza con el Partido Convergencia, a juicio de muchos, a cambio de la alianza en Oaxaca, donde el PRD tendría más que ganar — caso inverso de Aguascalientes —; de igual manera, la elección de candidato a gobernador en el PRD no es precisamente la ideal, no porque Manuel de Jesús Bañuelos no tuviera los conocimientos plenos para ser gobernador —¡vaya si los tiene, y vaya si sería un buen gobernador! — sino porque carece de arraigo ciudadano, lo cual en un partido que cuenta con menos del 10% de las preferencias es equivalente a un suicidio.

La cuestión del financiamiento durante la campaña resulta por demás tedioso, es claro que mientras Bañuelos tenía resorteras, López Velarde tenía rifles AK45 conocidos como cuernos de Chivo y Luis Armando Reynoso contaba con Misiles nucleares; si algo pudiéramos decir en favor de Luis Armando es que su campaña fue austera… en comparación con su precampaña.

El PRI decidió basar su campaña en la imagen de su candidato a presidente municipal de Aguascalientes Carlos Lozano; el PAN en la de Luis Armando Reynoso; lamentablemente para los perredistas, ninguno de nuestros candidatos — Bañuelos a la Gubernatura, y el Dr. López Chavarria a la Presidencia Municipal — significaba un liderazgo pleno, capaz de hacer frente a semejantes figuras, por lo cual nuestra campaña se orientó — sin que hubiera una definición, sino mas bien improvisando — al trabajo de los candidatos a Diputados, por su posibilidad de acercarse a la gente con más facilidad.  Sin embargo, hoy en día y ante la necesidad tan grave de la población, llevar una campaña como la del PRD era una misión imposible, sin arraigo ciudadano, sin candidaturas fuertes ante la opinión pública, con una auténtica miseria ante la abundancia de recursos para nuestros contrincantes y, por si fuera poco, cargando la pesada loza de un partido que no tenía nada en lo absoluto que ofrecer — pues sus pocas prerrogativas jamás las entregó a la campaña, sus cuadros dirigentes huyeron para ponerse a las órdenes de Luis Armando Reynoso, y su flamante nueva directiva decidió en voz de su líder moral cooperar con la campaña panista —; así llegamos a la campaña electoral, con la firme intención de hacer todo lo posible por no desaparecer como en otros estados — Nuevo León por poner un ejemplo — y se puede decir que lo conseguimos.

El día de la jornada arrojó resultados que superaban las fantasías del mismísimo Luis Armando Reynoso, toda vez que nadie esperaba un triunfo de semejantes magnitudes:  el PAN gana 15 de los 18 distritos, así como 10 de los 11 municipios, el PRI gana un municipio y tres distritos, de esos tres distritos el diputado de Rincón de Romos proviene del Partido Verde, lo cual deja al PRI con dos diputados; la repartición de diputados plurinominales otorga al PAN tres — ya que no puede tener más de 18 diputados —, la Alianza Contigo obtiene cuatro — dos para el PRI, uno para el PT, y uno para el Partido Verde —, la Coalición Viva Aguascalientes obtiene dos  diputados plurinominales — uno para el PRD y otro para Convergencia —.  Esto deja al Congreso con una mayoría absoluta por parte del PAN; esto es grave, toda vez que, igual que en los años del régimen de partido de estado, no existirá un verdadero equilibrio de poderes, el Congreso se encontrará sumiso al gobernador del estado, ya que 18 de 27 votos, permite al PAN realizar la reforma que quiera, sea cual fuere, y el resto de diputados se encontrarán sólo para gritar, sin ser muy escuchados que digamos.

Como militante perredista aguascalentense — especie en peligro de extinción —, no me queda más que el placer del deber cumplido, el consuelo de haber elevado la votación global de diputados, así como el haber superado a la “Alianza Contigo” en algunos municipios; sin embargo, me queda también la idea de que en esta primera mitad del sexenio, veremos autoritarismos, venganzas, revanchismos políticos y, esencialmente, a un “Rey Sol” en el Palacio de Gobierno; la actitud de los panistas en sus excesivos festejos la noche del 1 de Agosto así lo demuestra.  Me preocupan los trabajadores de base del H. Congreso del Estado, casi tanto como el resto de la población aguascalentense.

Además, opino que los argumentos que se utilicen para descalificar el proceso electoral por parte del PRI pueden convertirse en un escupitajo al cielo, toda ves que la Marea Roja — creo que así se llama el grupo de “apoyo” — anduvo realizando actividades no muy lícitas para obtener votos extras el día de la jornada electoral; aunque en cierto momento pensé que se habían cambiado la playera por una azul, terminé dándome cuenta que no era así, sino que me equivoque de individuos, pues estos últimos pertenecían al Ave Azul; ¿y me decían que los nombres como Brigadas de la esperanza eran cursis?

PD.  Debido a la necesidad de hablar sobre el clima electoral, y ante el alud de noticias que suscitó en los últimos días, me veo en la penosa necesidad de publicar hasta el próximo mes la rapsodia que había prometido para este número, mil perdones.

 

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.


Anuncios