El Cafecito


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Encuentro del tiempo. Un impasse de café, por Enrique Puente Gallangos

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El impasse de El Cafecito, el impasse del lector, el impasse del colaborador, el impasse del editor, son momentos que no siempre merecen ser leídos como estancamientos, sino que la misma línea de tiempo de El Cafecito estaba hecha para tal acontecimiento, el impasse. Propongo encontrar algo, del orden del tiempo del sujeto, del sujeto que edita, escribe, lee, gobierna, educa, psicoanaliza.

El tiempo entendido como discurso simbólico que limita, organiza, clasifica; el tiempo de la historia, lo cronometrable y el orden de los momentos sucesivos y seriales. El impasse como aquello que no puede inscribirse en la línea del presente, pasado y futuro, Lo Real acaecido de Lo Simbólico y Lo Imaginario, del tiempo, del discurso, del orden del límite. El impasse como el instante, sincrónico, coincidencia, sorpresa; instante que rompe el límite diacrónico mismo del tiempo. Instante que, como dice Néstor Braunstein, “No es el retorno del pasado. Es mucho más, quizás algo que, común a la vez al pasado y al presente, es bastante más esencial que ellos dos”.

Encontrar en este tiempo, nos convoca a topar con aquello de Lo Real de El Cafecito que se encuentra en la médula de su estructura; por decir algo: ¿Por qué escribimos aquí? ¿Quién nos invitó, cómo fue? ¿Cuál era nuestro estado civil, continuamos así? ¿Quién vivía cuando fuimos convocados y ahora no está más? ¿Cuál era la situación político económica del país o es la misma? ¿Qué dejamos de hacer o las transformaciones en estos 11 años? Este encuentro nos devela lo sincrónico de un número significativo de signos, signos que forman parte de la cadena de significantes; pero también signos que fueron reprimidos y de los cueles es mejor dejarlos para el psicoanalista. El encuentro con “Doris”, como el encuentro de “Aleida” son parte de Lo Real que está ahí para ser simbolizado. Un significativo encuentro virtual, el primero y un familiar y significante encuentro, el segundo. Los dos son parte de estos signos que conforman la cadena de significantes que anudan amistad, familia, café, historia, psicoanálisis y derecho.

Al mismo tiempo estos dos encuentros son encuentros en deuda, en deuda de un apretón de manos, un abrazo, una mirada y la palabra. Deuda que se presentará como un deseo, como un acontecimiento por llegar.

De igual manera lo que está por llegar es el nuevo Cafecito, lo que está por llegar son los discursos que responderán a las preguntas provocadas por el impasse de El Cafecito. Está por llegar el encuentro con otros sujetos deseantes y faltantes que acompañaran esta línea del tiempo, de colaboradores, lectores, fotógrafos, poetas, de profesionales de las ciencias y no ciencias, de amigos. Pero sobre todo, queda latente en esta línea diacrónica del presente, pasado y futuro la llegada de un impasse, que provoque al tiempo mismo del sujeto.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

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El tiempo, por Dorismilda Flores Márquez y Arlette Luévano Díaz

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La construcción de la Gran Muralla China duró varios siglos, en distintas etapas entre el año 220 a.C. y el 1644 d.C. En México, la esperanza de vida al nacer es de 74.7 años, de acuerdo con datos del INEGI. El Dr. Stroud dice que una persona no puede vivir más de dos meses sin comer. 16 horas es el tiempo de vuelo entre Dubái y Los Ángeles, es el vuelo directo más largo y es caro también. Nueve horas y 18 minutos es el tiempo que lleva ver la trilogía de El Señor de los Anillos, aunque el trabajo de preproducción, producción y postproducción de la trilogía duró casi siete años. Dos horas, dos minutos y 57 segundos, es el tiempo con el que Dennis Kimetto rompió el récord mundial, en el Maratón de Berlín 2014. 360 relámpagos caen sobre la Tierra cada minuto. Parpadear nos toma 400 milésimas de segundo. Esto es algo de lo que podemos decir sobre el tiempo.

En El Cafecito hemos tenido una prolongada ausencia en este 2015 y esto ha derivado en una reflexión sobre el tiempo. Este número, con el que celebramos once años de intermitencias cafeteras, está dedicado a pensar y discutir el tiempo. No está de más recordar que esta edición de aniversario sale un poco tarde. No sabemos ya si El Cafecito es tan católico que sale cuando Dios quiere, tan mexicano que suele ser impuntual, tan impredecible que llega cuando nadie lo espera, o todos los anteriores. Lo que sí sabemos es que nos da mucho gusto estar de regreso, nos da más gusto contar con nuestros increíbles colaboradores y con nuestros lectores.

¿Cuánto tiempo nos llevará agotar estos sorbos de café? ¿Cuándo habrá otros? El tiempo lo dirá.


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Monólogo, por Arely Jiménez

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Y en verdad me pregunto de qué ha servido

ser una cuerda tensa,

apenas un dedo, una nada en pie

frente al desastre,

haberle puesto la otra mejilla al dolor

y creernos por un momento su igual

retarlo a hundir más sus fauces

en la carne del sueño, de la esperanza

y verla destazarse en un grito,

en nuestro propio puño

que se cierra hasta alcanzar el hueso

para preguntarle “dios mío, por qué”

para inventar en ese instante mismo un dios,

porque hace falta que alguien lo sepa

sepa de este íntimo desgarramiento,

tan puro como pura nos has parecido una sonrisa

y tan digno de ser piedra y nube y sol y árbol,

porque no se ha encontrado aún la ecuación

que lo reduzca a nuestra mínima ciencia

y lo haga curable

para volver esos golpes ineludibles

en una gripa,

un dolor de estómago,

un diente de leche.

Arely Jiménez, Aguascalientes 1992. Estudiante de Letras Hispánicas


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Síndrome de Peter Pan, por Aleqs Garrigóz

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Porque el pensamiento incide en la materia,

así deseamos tanto no envejecer

que el cuerpo deja de madurar para la muerte.

 

No es el pan el alimento favorito del hombre:

es la juventud, su hermosura irrepetible.

Déjanos pues, mundo, morir jóvenes

o vivir para siempre volando sobre la fábula

en la que nosotros seamos la maravilla:

elasticidad de la esbeltez,

risa imberbe embriagada de sí misma,

manos amigables con el juego

y una vestimenta verde para conocer mejor la vida

que, como nosotros, produce lo que sueña.

 

 

Aleqs Garrigóz (Puerto Vallarta, México 1986). Empieza su carrera publicando Abyección (2003). Trabajos posteriores son: Luces blancas en la noche (2004), La promesa un poeta (2005), Páginas que caen (2008, 2013), La risa de los imbéciles (2013). Premio de Literatura Adalberto Navarro Sánchez 2005, otorgado por la Secretaria de Cultura de Jalisco. Premio de Literatura 2008 de la municipalidad de Guanajuato. Premio Espiral de Poesía 2011 y 2012, otorgados por la Universidad de Guanajuato. Mención Honorífica en el V Concurso de Poesía María Luisa Moreno, de la ciudad de Dolores, Gto., y en el I Concurso de Cuento y Poesía de la Universidad Marista de Querétaro. Mención Especial del Jurado en el V Concurso Internacional de Poesía “El mundo lleva alas”, de la editorial estadounidense Voces de Hoy. Ha publicado poemas en diversos medios impresos y electrónicos de México, España e Hispanoamérica.


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El evangelio turbio de Virgo, por Álvaro Baltazar Chanona Yza

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H.

Toco las incontables heridas de mi carne

anémica y subterránea

una a una, no para ver si se mueven al verme; o si

duelen,

sino para sentir que todavía están ahí

porque hace mucho que no me dicen

nada…

 

Como a todos nosotros, este dolor de andar también

consume

se agota de tanto que lo insultas y aborreces, incluso,

decide alguna vez dejarnos para que otro dolor venga

o mejor aun; se va a vivir con otro…

 

Yo sé en qué rincón llagado de mi estómago

ha dormido

en qué lugar de mis vértebras

se ha comido a las células huidizas

de mi sangre

en que aciago grito de mis testículos y mis rodillas

se ha quejado de su propio dolor de lastimarnos

sé hasta dónde, sin querer, se ha marchitado

como esa flor

que en el pequeño ataúd de nuestros hijos

olvidamos…

 

Yo soy como todos ustedes la prueba viviente

de esta verdad y esa simbiosis: el dolor aún sigue

estando ahí

pero a fuerza de negarlo aprendió a vivir conmigo…

 

Hoy no quiere nada más de mí, ya no se queja,

ya no se siente así mismo

ya todo se lo di; ya no me duele…

 

 

Álvaro Baltazar Chanona Yza (Mérida, Yucatán, 1962). Miembro del Taller de Poesía de la Universidad Autónoma de Baja California. Obtuvo la Rosa de Oro de los VIII Juegos Florales de la ciudad de Tijuana (1985) y los Premios Municipales de Poesía (1987, 1988). Sus textos pueden leerse en Un camino de hallazgos: Poetas bajacalifornianos del siglo veinte, de Gabriel Trujillo Muñoz, quien lo ha incluido también en el Diccionario biobibliográfico de escritores de Baja California siglo XVI-siglo XXI.


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Sin título, por Édgar Girón García

SAMSUNG CAMERA PICTURES   Tengo un par de horas para terminar este texto. Obviamente de corte narrativo. Como sucede cuando uno no tiene planes. Intenté varias veces. En reiteradas ocasiones. Basta de neologismos. Desde el inicio. Cacofonía. Next. Barbarismo. Estoy harto de mí. Pero ya empecé mal. J’ai raté: aparece subrayado en rojo. Lo estoy tomando personal. Eso es. La escritura automática: pasada de moda, salida rápida. Saco un libro de mi bolsa. El autor me recuerda a Julio Cortázar y a Juan José Arreola. Es francés. Plagio. No, pastiche. Mis huevos. El mono escribe que escribe. Lo voy a dejar aquí. Abro mi correo. Mi driver. En cuatro años no he escrito nada que valga la pena. Lo cual es bueno. Significa que he vivido. No es verdad. Es una excusa. La Casa Terán explotó. Yo no supe que fue del personal, si fueron reubicados. Temo lo peor. El primer bostezo. Antes me sentía un prodigio. Ahora lo soy. Son mis cinco minutos de gloria. Yo creo que hay un archivo en mi celular. Versos. No. Paciencia. Suspiro. Las descripciones me aburren. Leo unas cuantas líneas. Cierro el libro avergonzado. Tengo una idea: corto- pego, rehago las frases. Undo. Eso me pasa por mi falta de persistencia. Nunca fui dedicado. Pero ahora estoy leyendo un libro sobre el árbol genealógico. Todos mis problemas son heredados. Todavía no los soluciono. Y dudo que lo haga. Es algo que me interesa. Cómo ser yo mismo. Todavía no lo sé. Escribir. Ya hay demasiados libros. Esto parece penitencia. Voy a corregir todo al final. Lo juro solemnemente. Van a cerrar la biblioteca.  

Edgar Girón García es Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Ahora vive en Montreal, Canadá, donde es periodista voluntario en el periódico en español Pulso.


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El derecho a preferir el infierno. Una encrucijada del Derecho Familiar, por Enrique Puente Gallangos

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Tener derechos jurídicos y humanos son una presunción que se genera en toda sociedad, independientemente que sea una sociedad real, imaginaria o simbólica. Tener derecho al matrimonio o no tenerlo puede ser algo paradisiaco o infernal y tener derecho a divorciarse o no tenerlo puede llegar a ser infernal o paradisiaco.

El matrimonio es una institución social que crea un vínculo conyugal entre sus miembros, vínculo reconocido socialmente, por disposiciones jurídicas o por usos y costumbres. El artículo 146 del Código Civil del Distrito Federal señala que el matrimonio es “la unión libre de dos personas para realizar la comunidad de vida, en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua.” El divorcio es la disolución del matrimonio, refiere al proceso para dar término a una unión conyugal. Según lo expresa el artículo 266 del citado ordenamiento jurídico el divorcio “disuelve el vínculo del matrimonio y deja a los cónyuges en aptitud de contraer otro.” Jean Rostand dice “No quisiera ningún paraíso donde no se tuviere derecho a preferir el infierno”.

La religión preponderante define el infierno como un lugar designado, después de la muerte, donde serán torturadas eternamente las almas de los pecadores. De la misma manera define el paraíso como un Jardín del Edén lugar muy agradable adonde van las almas después de morir. Un sistema jurídico que se diga humano, tiene que garantizar el paraíso para los sujetos que desean divorciarse o casarse, al mismo tiempo que garantice el infierno a los sujetos que quieran casarse o divorciarse.

Vida y muerte, paraíso e infierno, matrimonio y divorcio, ésta es la encrucijada que tiene en enfrente todo sistema jurídico ante el deseo de la sociedad.

El vacío que provoca la falta, la falta de amor, puede llevar al sujeto a exigir su derecho al matrimonio, pero es esa misma falta y ese mismo vacío, la que lleva al sujeto a exigir su derecho al divorcio. La presunción del derecho a preferir el infierno, es un derecho humano que da la misma presunción del derecho a preferir el paraíso.

Hoy es un hecho que solo Distrito Federal, a través de su Código Civil garantiza el derecho a los sujetos que viven en común, independientemente de su preferencia sexual. Tener derechos jurídicos y humanos es considerada una presunción, estén o no estén en el ordenamiento jurídico, pero el hecho de que se encuentren dentro del sistema jurídico es una cuestión de poder y de política. La comunidad LGBT logro por la vía política en primera instancia una lucha por el reconocimiento al derecho al matrimonio igualitario que fue reconocido en segunda instancia por la Asamblea del Distrito Federal, Órgano competente para transformar en ley el deseo de libertad, igualdad y reconocimiento de una parte de la sociedad que se encontraba discriminada por el ordenamiento jurídico. Este reconocimiento al matrimonio igualitario, esta transformación de un deseo, de una demanda de libertad, igualdad y reconocimiento es una deuda que las 31 Entidades Federativas en que se divide la Federación Mexicana aún están por cumplir a esta parte de la sociedad, que como en otros casos significativos está siendo discriminada.

La encrucijada que tiene el Derecho Familiar es los Congresos y gobiernos Estatales de conceder el derecho a preferir el paraíso o el infierno está planteada.

 

 

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.