El Cafecito


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Mediana edad y corazón partido, por Luis Buero

Una amiga mía dice que los tipos de “edad media” que conoce (con fines de enamoramiento) vienen partidos al medio por un sable. ¿Y las muchachas?, podría responderle yo. Pero no es nada nuevo, ya desde hace veinte años las agencias matrimoniales y las celestinas de barrio apilan clientes que están entre los 35 y los 55, margen de edad humana en la que se producen los divorcios, separaciones o alertas de soltería excesiva.

La tan famosa crisis de la mediana edad es, por empezar, una frasecita que se las trae. Primero por la interpretación que hagamos de la palabra crisis, que algunos traducen al chino y otros al griego antiguo, pero que te calza como oportunidad o patada en la canícula,  según cómo te encuentre parado en la cancha. Y segundo porque habla de edad “media”,  como si estuviéramos obligatoriamente en el medio de algo pero, ¿en la mitad desde qué principio  y quién marca el final del recorrido?

Y sí,  en la “edad media” la percepción del futuro cambia y, aunque el camino toma aspecto de meseta, no ya de ascenso empinado, empezamos a tener conciencia de la finitud, y a contabilizar qué podremos hacer con lo que nos falta por vivir.

Pero en la mochila de la persona de mediana edad, el sableado en dos, según mi amiga, aparecen ya nostalgias y reminiscencias. Y el desencanto, que lo lleva a pensar que los últimos veinte años “al lado de ese estúpido, o de esa bruja” fueron tiempo perdido. ¿Cómo recuperarlo? Imposible.

Igual, algunos varones desenfundan el Síndrome de Peter Pan y juegan a ser adolescentes un rato, hasta que alguna jovenzuela los trata de “usted” y “señor” y los obliga a apelar a sus mejores recursos simbólicos para reubicarse en la edad.

Las señoras también están en un momento de decisión: o adoptan una posición sufriente, de queja y estancamiento, o se convierten en mujeres transformadoras, despertándose en ellas una potencia diferente, que genera deseos de saber y de poder hacer todo lo que quedó postergado.

Pero con respecto al amor, dudo que haya en este campo, como en el colegio cuando yo era chico, un cuaderno borrador de tapa blanda, para equivocarse y luego un cuaderno de clase, para darle a la maestra.

La vida es aprendizaje continuo, vamos aprobando materias, otras las re-cursamos e intentamos elegir nuevos objetos amables que nos completen en esta maravillosa aventura,  en la que ilusionarse y desilusionarse son dos caras de la única moneda de pago que nos dio Dios, para que no nos aburriéramos tanto durante el viaje.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar

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