El Cafecito


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El derecho a preferir el infierno. Una encrucijada del Derecho Familiar, por Enrique Puente Gallangos

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Tener derechos jurídicos y humanos son una presunción que se genera en toda sociedad, independientemente que sea una sociedad real, imaginaria o simbólica. Tener derecho al matrimonio o no tenerlo puede ser algo paradisiaco o infernal y tener derecho a divorciarse o no tenerlo puede llegar a ser infernal o paradisiaco.

El matrimonio es una institución social que crea un vínculo conyugal entre sus miembros, vínculo reconocido socialmente, por disposiciones jurídicas o por usos y costumbres. El artículo 146 del Código Civil del Distrito Federal señala que el matrimonio es “la unión libre de dos personas para realizar la comunidad de vida, en donde ambos se procuran respeto, igualdad y ayuda mutua.” El divorcio es la disolución del matrimonio, refiere al proceso para dar término a una unión conyugal. Según lo expresa el artículo 266 del citado ordenamiento jurídico el divorcio “disuelve el vínculo del matrimonio y deja a los cónyuges en aptitud de contraer otro.” Jean Rostand dice “No quisiera ningún paraíso donde no se tuviere derecho a preferir el infierno”.

La religión preponderante define el infierno como un lugar designado, después de la muerte, donde serán torturadas eternamente las almas de los pecadores. De la misma manera define el paraíso como un Jardín del Edén lugar muy agradable adonde van las almas después de morir. Un sistema jurídico que se diga humano, tiene que garantizar el paraíso para los sujetos que desean divorciarse o casarse, al mismo tiempo que garantice el infierno a los sujetos que quieran casarse o divorciarse.

Vida y muerte, paraíso e infierno, matrimonio y divorcio, ésta es la encrucijada que tiene en enfrente todo sistema jurídico ante el deseo de la sociedad.

El vacío que provoca la falta, la falta de amor, puede llevar al sujeto a exigir su derecho al matrimonio, pero es esa misma falta y ese mismo vacío, la que lleva al sujeto a exigir su derecho al divorcio. La presunción del derecho a preferir el infierno, es un derecho humano que da la misma presunción del derecho a preferir el paraíso.

Hoy es un hecho que solo Distrito Federal, a través de su Código Civil garantiza el derecho a los sujetos que viven en común, independientemente de su preferencia sexual. Tener derechos jurídicos y humanos es considerada una presunción, estén o no estén en el ordenamiento jurídico, pero el hecho de que se encuentren dentro del sistema jurídico es una cuestión de poder y de política. La comunidad LGBT logro por la vía política en primera instancia una lucha por el reconocimiento al derecho al matrimonio igualitario que fue reconocido en segunda instancia por la Asamblea del Distrito Federal, Órgano competente para transformar en ley el deseo de libertad, igualdad y reconocimiento de una parte de la sociedad que se encontraba discriminada por el ordenamiento jurídico. Este reconocimiento al matrimonio igualitario, esta transformación de un deseo, de una demanda de libertad, igualdad y reconocimiento es una deuda que las 31 Entidades Federativas en que se divide la Federación Mexicana aún están por cumplir a esta parte de la sociedad, que como en otros casos significativos está siendo discriminada.

La encrucijada que tiene el Derecho Familiar es los Congresos y gobiernos Estatales de conceder el derecho a preferir el paraíso o el infierno está planteada.

 

 

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

 

 


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La cultura de la Violación, por Javier Arturo Haro Oteo

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La libertad no es gracia que se recibe ni derecho que se conquista. La libertad es un estado del espíritu. Cuando se ha creado, entonces se es libre aunque se carezca de libertad. Los hierros y las cárceles no impiden que un hombre sea libre, al contrario: hacen que lo sea más en la entraña de su ser. La libertad del hombre no es como la libertad de los pájaros. La libertad de los pájaros se satisface en el vaivén de una rama; la libertad del hombre se cumple en su conciencia.”

 

Canek, Emilio Abreu Gómez

 

Cuando hablamos de libertad, generalmente nos referimos a ella como un anhelo, con conceptos que parecen pertenecer más al platónico mundo de las ideas, abundan aquellos que se escudan en ella para realizar actos violentos o en su defecto la limitan según su propia visión del mundo, en nombre de la libertad muchos pueblos han sido arrasados o intervenidos, igual en Medio Oriente que en América Latina.

Ante el discurso de la libertad absoluta se oponía en el pasado la idea de que la Libertad no puede ejercitarse sin responsabilidad, que todos los actos tiene consecuencias, hoy día, lamentablemente, las nuevas generaciones parecen crecer con la idea de que pueden hacer cualquier cosa, incluso aquella que afecte los derechos de terceros, a fin de cuentas las consecuencias son sólo para los que se dejan descubrir.

 

En este sentido, la Ley regula diversos aspectos de la libertad, tanto para limitar su esfera de acción y evitar la invasión o el menoscabo de los derechos de otros, como para ejercerla sin afectación directa o indirecta de terceros, así, vemos que la Ley Civil protege la libertad contractual, mientras que la Ley Penal tutela diversos espectros de la libertad definiendo conductas típicas protectoras de la libertad y seguridad de las personas o de la libertad sexual, en éste último concepto centraré el presente escrito, mencionado algunas reflexiones sobre un acto grave por sus consecuencias e inaceptable en pleno siglo XXI: La Violación, la cual sería en todo caso la antítesis de la libertad sexual.

 

El Artículo 119 del ordenamiento legal Penal en el estado define La Violación[1] en los siguientes términos: “La Violación consiste en realizar cópula con persona de cualquier sexo, utilizando fuerza física, moral o psicológica, para lograr el sometimiento de la víctima.

 

Al responsable de Violación se le aplicarán de 10 a 16 años de prisión y de 100 a 200 días multa y al pago total de la reparación de los daños y perjuicios ocasionados.

 

Si entre el activo y pasivo de la Violación, existiera un vínculo matrimonial o de concubinato, se impondrá la pena prevista en el presente Artículo[2].

 

Para los efectos de este Código, se entiende por cópula la introducción del pene en el cuerpo humano, por vía vaginal, anal u oral.”.

Así mismo, encontramos que el Artículo 121 contempla la posibilidad de un embarazo: “Alimentos en caso de violación. Si como consecuencia de violación resultan hijos, la reparación del daño, en este caso, comprenderá además el pago de los alimentos a la mujer y también a los hijos, si los hubiera.

 

El pago de los alimentos se hará en la forma y términos que la ley civil fije para el efecto.”; sin embargo, no obliga a la víctima a concebir, puesto que el Artículo 103 determina que la Violación es una dispensa a las penas relativas al aborto: “Exclusión de aborto doloso. No se considerará Aborto Doloso, y por ende no se aplicará pena o medida de seguridad alguna cuando de no practicarse el aborto, la mujer embarazada corra grave peligro de muerte, a juicio del médico que la asista y de otro a quien éste consulte, si ello fuere posible y la demora en consultar no implique peligro.

 

Cuando el embarazo haya sido causado por hecho punible tipificado como violación en cualquier etapa del procedimiento penal iniciado al efecto, a petición de la víctima, la autoridad judicial podrá autorizar la realización del aborto, para que sea practicado por personal médico especializado, sin que ello conlleve las consecuencias jurídicas descritas en el presente capítulo.”, afortunadamente los predicadores del odio y el oscurantismo no lograron avanzar en sus pretensiones de eliminar ésta posibilidad de aborto[3].

 

La Libertad Sexual (entre otros) sería el bien jurídico tutelado, contando con un doble espectro de libertad, por un lado, proteger el libre ejercicio de la libertad de la víctima, no ser forzada a hacer algo y por el otro, el límite de la libertad del potencial victimario para ejercerla sin rebasar un límite que implique afectar los derechos de terceros; sin embargo, esta concepción es nueva, la libertad sexual, sobre todo en el caso de las mujeres (principales víctimas de violaciones) es una idea que aún se resisten a aceptar en muchos lugares y en muchas esferas, en el pasado, si bien las legislaciones podían castigar la violación, no era la Libertad Sexual el bien jurídico protegido.

 

En el principio de la humanidad era una práctica común (extendida hasta nuestros días) que los soldados invasores violaran a las mujeres que se encontraban, cuando algún bando ganaba la guerra las mujeres eran repartidas como botín y vivían como esclavas sexuales, los hombres morían peleando o eran ejecutados, los niños eran brutalmente asesinados, baste la guerra de Troya para ejemplificar: Andrómaca, viuda de Héctor fue entregada como esclava al hijo de Aquiles, quien a su vez asesinó al hijo de ésta y el fallecido heredero al Trono de Priamo arrojándolo desde lo alto de las murallas, este comportamiento ocurre mucho en el reino animal, en los leones, por ejemplo, cuando un macho es derrotado por otro más joven, no sólo pierde su calidad de “Alfa”, si sobrevive es “desterrado” y sus cachorros mueren en las fauces del nuevo líder de la manada.

 

Hablando de la mitología Griega, encontramos muchos ejemplos de Violaciones a lo largo de la misma, Zeus protagoniza muchas de ellas: a Dénae la toma convertido en lluvia dorada (nada que ver con la parafilia que lleva el mismo nombre), Alcmena es poseída al tomar el crónida la figura del esposo ausente en la guerra[4], Europa[5] es raptada por Zeus en la figura de un gran toro y termina embarazada de quienes en el futuro serán 2 de los 3 Jueces del mundo de Hades; el dios del los muertos a su vez también tuvo sus aventuras, siendo el rapto de Perséfone la ideal para ilustrar el punto, de igual manera la princesa Troyana Casanda, a la caída de la Sagrada Ilión fue violada por Ayax (el enano, no el gigantón) en el templo de Athenea, la vidente clamó a la diosa y ésta solicitó a Poseidón que matara al violador por haber profanado el templo, no así por haber profanado a la princesa Troyana, lo cual nos dice que tal acto manchaba el honor de la diosa, no el de la víctima[6]; baste recordar que la Iliada empieza con un furioso Aquiles que ha sido manchado en su honor al habérsele quitado por órdenes de Agamenón su botín de guerra (Briseida), una vez muerto Patroclo, el Atrida envía heraldos a asegurar al fiero comandante de los mirmidones que Briseida no le había acompañado en su lecho, “como hacen los hombres y las mujeres”.

 

En Roma encontraremos la leyenda de Eneas, quien ayudado por su madre seduce a Dido, cuya voluntad era la de permanecer casta tras la muerte se du marido; Rea Silvia es violada por el dios Ares, naciendo en consecuencia Rómulo y Remo; años después, fundada Roma ocurrirá el rapto de las Sabinas[7], en el cual tenemos de nueva cuenta la ausencia de voluntad en las víctimas; la mitología ha tratado estos temas de manera suave, casi heroica, sin embargo en la realidad, hay que apuntar que en Roma, como en el mundo antiguo casi por lo general, la violación era considerada un ataque al honor, no de la víctima, sino del esposo o del padre en el caso de las mujeres solteras, en el Código de Amurabi, en la Biblia o entre los Egipcios era una constante que la mujer violada podría morir a la par que su atacante, no tanto por considerarse culpable de algo sino por haber sido manchado el honor de su familia, no olvidemos que las mujeres no eran consideradas “Personas” sino apéndices o propiedades de la cabeza de familia (Paterfamilias lo llamaban los romanos).

 

En la Edad Media se continúa con la idea de que el derecho a tutelar lo es el honor aunque ya se empieza a configurar en la mujer, lo cual atrajo que al producirse la violación en ciertas condiciones no fuese castigada, tratándose por ejemplo de víctimas como prostitutas, esclavas o “amancebadas”[8]. Por otro lado, el estado Feudal nos ofreció el derecho de Primae Noctis en el cual el señor feudal podía tener relaciones sexuales con la mujer que hubiese contraído matrimonio ¡en la noche de bodas!, siendo ésta sierva de su feudo o vecina de otro feudo que se casó con un siervo suyo (esto último rara vez ocurría).

 

No es sino hasta que se establece la idea de los derechos humanos y su universalidad que se empieza a contemplar la idea de que el bien jurídico tutelado al castigar la violación será la libertad, sin embargo, a la fecha, esta idea sigue considerándose escandalosa en algunos círculos de la sociedad occidental contemporánea, aún hay quienes consideran que la mujer es un objeto o un medio, no una persona, desde los medios de comunicación que nos venden la idea de que los verdaderos hombres toman lo que quieren sin medir las consecuencias hasta los grupos de mujeres que catalogan de meretrices a aquellas que deciden a ejercer su sexualidad como mejor les parece en un fenómeno que se ha llamado “cosificación”.

 

Y a fin de cuentas caemos en la conclusión de que desde que la civilización inició como tal y hasta la fecha se ha cambiado un poco la visión respecto de un acto tan bárbaro como la violación pero aún no hemos evolucionado al respecto, castigamos la conducta pero no hacemos nada para evitarlo, en el avasallante movimiento prolibertario hemos olvidado que hasta la libertad tiene un límite, hemos perdido el respeto por la libertad de los demás y olvidamos educar a las siguientes generaciones con base en el respeto y la responsabilidad. La omisión en estos actos no es deseable, podemos reducir este mal enseñando a las niñas a cuidarse, pero debemos enseñar a los niños a no agredir, a no forzar, a no imponer a quienes son diferentes, esa solución aunque parezca pequeña puede significar la diferencia el día de mañana entre un hombre responsable o una mujer agredida, no es trabajo de grupos feministas ni de escuelas ni de iglesias ni de psicólogos, es cuestión de que actuemos hoy con responsabilidad frente a las futuras generaciones y hagamos lo que nos corresponde por erradicar esta cultura de la violación.

 

 

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.

 

[1] Omitiré la figura típica de Violación Equiparada por espacio y tiempo, además de que con lo establecido es suficiente para ilustrar el punto que pretendo con el presente trabajo.

[2] Es importante mencionar que la idea de la “Violación entre conyuges” es relativamente nuevo, afortunadamente nuestra legislación penal abandonó tanto la idea de que en el matrimonio las relaciones sexuales son obligatorias como aquella que colocaba a la esposa como propiedad del esposo.

[3] De igual manera, omito entrar al estudio del tipo Penal denominado Aborto porque no es materia del presente trabajo, sino de otro íntegro y quizá más amplio.

[4] Se consideran Violaciones al tomar en cuenta que la voluntad de las damas en cuestión no era la de ejercer cópula.

[5] En este caso, además de la cópula, la misma es precedida por un rapto.

[6] Este pensamiento prevalecerá por un par de milenios.

[7] Esta historia nos legó una tradición que persiste en nuestros días: en la antigüedad, una de las formas del matrimonio romano establecía en su liturgia la simulación de un rapto, el hombre “raptaba” a la dama y la llevaba en brazos de la casa de ella a la de él, ella simulaba resistirse, una vez cruzada la puerta, ambos debían ofrecer un sacrificio a los dioses manes, penates y fuego del hogar, hoy en día cuando un matrimonio recién formado va a su primera noche como esposos, el hombre carga en su brazos a la mujer antes de cruzar el umbral de la puerta, aunque ya no hay simulación de resistencia por parte de la mujer.

[8] Algo así como el actual concubinato


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Un libro, un discurso y un autor peligroso, por Enrique Puente Gallangos

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“La humanidad progresa. Hoy solamente queman mis libros; siglos atrás me hubieran quemado a mí.” Sigmund Freud.

 

La interpretación de los sueños, Tres Ensayos sobre Teoría Sexual, entre otros; son libros escritos por Sigmund Freud: El Capital, Manifiesto del Partido Comunista, Una Contribución a la Crítica de la Economía Política, entre otros; son libros escritos por Carl Marx; Así Hablo Zaratustra, El Anticristo, Más allá del Bien y el Mal, entre otros; son libros escritos por Friedrich Nietzsche. Estos libros y algunos otros más pueden anotarse en la lista como libros peligrosos.

¿Por qué peligrosos? Porque hablaron diferente, porque transmitieron un discurso emancipatorio, un discurso que irrumpió el discurso predominante. ¿Para quién es peligroso? Para los que crearon, transmitieron y sostenían el discurso predominante. Los libros, sus autores y el discurso que transmiten; todos ellos en su conjunto puede ser considerados peligrosos.

Un libro es una puesta en escena de la realidad en la que vive su autor, una realidad global, nacional y regional; de la misma manera, el libro es la representación de la escena en el discurso. En un lejano lugar o un cercano lugar a nosotros, se puede estar pre-juzgando un libro, un discurso y un autor, por considerarse peligrosos y estar a punto de quemar sus libros. ¿En dónde se transmite un discurso hegemónico? ¿En dónde se crítica ese discurso hegemónico?, ¿En dónde se transmite un discurso emancipatorio? En la Universidad, en las Universidades, en sus Facultades e Institutos de Investigación. Las Universidades son Instituciones que pueden asumir dos posiciones: Una posición evangelizadora del discurso hegemónico por un lado; y una posición crítica-emancipatoria de ese discurso, por el otro.

En un país como el nuestro; donde algunos piensan la Constitución como una ley, los Derechos Humanos como biológicos, la División de Poderes como barda, la Soberanía como cosa de dios, el Federalismo como una colonia, y la Democracia como una elección, las cosas no pueden andar bien. Y no pueden andar bien porque tal vez no comprendemos o no comprendemos bien lo que cada una de estos significantes representa para un país como el nuestro y para los otros. Hoy podemos decir que la sintomatología de lo social revela un mal-estar, un mal-estar Constitucional. Un mal-estar Constitucional que tiene que remediarse. El remedio, la cura, la solución, no está en las farmacias; el remedio, la cura, la solución, está en las Universidades, en sus Facultades, en sus Institutos de Investigaciones. El remedio está en los libros, en los discursos, en sus autores, que pueden ser considerados peligrosos.

El Libro titulado Derecho Constitucional Mexicano, del autor Felipe Tena Ramírez es un libro peligroso. Un libro que se ha editado 25 veces aproximadamente, un libro que es parte de la bibliografía básica en la Facultad de Derecho de la máxima casa de estudios de este país, la Universidad Nacional Autónoma de México y de muchas otras Facultades de Derecho de Universidades Autónomas públicas y privadas de este país, un libro como este transmite un discurso peligroso. Un discurso peligroso por transmitir un Derecho Constitucional diferente; un discurso peligroso por transmitir una Teoría Critica Constitucional; un discurso peligroso que considera la Constitución como una estructura económica, política, cultural y lingüística de una nación; un discurso que considera los Derechos Humanos solo protegidos por el Derecho Internacional, ante la violación de ellos por el derecho Nacional y viceversa; un discurso que considera la División de Poderes como una simulación; un discurso que considera la Soberanía una facultad absoluta del pueblo; un discurso que considera el Federalismo como una ilusión, un discurso que considera la Democracia algo que aún no llega, es un discurso peligroso.

Hoy podemos escuchar en algunas Universidades, en algunas Facultades de Derecho de este país, los rezongos de los que sostienen el discurso hegemónico. ¡Vayamos por el libro!, ¡Vayamos por el libro de Derecho Constitucional Mexicano de Felipe Tena Ramírez que existan en la biblioteca!, ¡llevémoslos a la plaza cívica y prendámosle fuego! Parafraseando a Sigmund Freud, Felipe Tena Ramírez diría “La humanidad progresa. Hoy solamente queman mis libros; siglos atrás me hubieran quemado a mí.”

 

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.