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Democracia: un largo y sinuoso camino, por Carlos Antonio Villa Guzmán

El presente artículo tiene el propósito de hacer un breve análisis sobre la aparición de los estados liberales. Es en cierta forma una invitación para reflexionar acerca del ideal democrático como materia prima de la configuración de los estados modernos. Se toman trabajos de siete autores que han contribuido con ideas nuevas o renovadas en este andamiaje social del que formamos parte. Quizá el texto ayude a la comprensión del tema democrático en su variadísima y compleja magnitud: el mundo vivo de la democracia.

Quizá la palabra democracia, a caso sea, uno de esos términos del lenguaje que más dificultades ofrecen para precisar su interpretación, al igual que sucede en su aplicación a la realidad, pues en tanto que para unos representa una serie de ideas o razonamientos sobre algo concreto, que puede ser ejercido como la mejor, si no la única, forma de establecer acuerdos bajo los cuales es posible normar la vida comunitariamente, para otros no es sino una falacia, una quimera donde se presume que tienen cabida la mayoría de los integrantes en un cuerpo social, en condiciones de equidad y relativa igualdad; es decir, se trata solamente de una idea fantasmal, algo engañoso e incierto, que además enmascara todo tipo de vilezas.

Lo que sí es claro es que el ideal democrático ha evolucionado con las dinámicas sociales, con los avances científicos o tecnológicos y las implicaciones que éstos atraen en ámbitos como los medios de comunicación, el intercambio de mercancías o el movimiento de capitales. También la democracia es re pensada o innovada ante nuevas perspectivas sociales, en tanto suceden cambios en la cultura y con ello surgen diferentes fenómenos que se reflejan en formas de convivencia y movilidad social, entre otros.

Las democracias se han establecido en forma gradual llegándose con su implementación a distintos resultados. En algunos estados el ideal de democracia que tiene mayor aceptación, se encuentra más consolidado que en otros, tratándose de poner en práctica en la mayor parte de las naciones, como eje que norma y articula los preceptos que hacen posible el desarrollo social. Habrá que preguntar qué se entiende por esta tipificación de desarrollo y cómo es que los modelos democráticos han servido o no, para posicionar más libremente al individuo frente al poder.

Si, como dice Francisco[1]: “Coordinar a dos personas no es tarea fácil. Hay que motivarlas y a veces  poner en juego un sistema de sanciones creíbles. Hacer que dos personas interactúen y salgan bien preparadas y aun contentas de la experiencia tampoco es tarea fácil (…) Coordinar a tres personas puede ser ya un problema serio que reclame no pocas sutilezas de ingenio”.

La idea de democracia es tan antigua que la podemos encontrar desde los albores de la civilización occidental en la Grecia del siglo V, A.C., y posiblemente mucho antes era ya objeto en el que pensaban los individuos provenientes de otras culturas. Sin duda se cuestionaban el ordenamiento bajo el cual vivían y al que se le atribuía una matriz de orden divino, que se encarnada en las dinastías que lo representaron terrenalmente.

El término que inicialmente la describe etimológicamente, mismo que utilizamos, es de origen griego y hace referencia al poder y al pueblo de manera conjunta.

G. Sartori en su texto ¿Qué es la democracia?, (2008) procura ofrecernos una definición que puede aceptarse como punto de partida en un ejercicio de análisis.

Para los griegos antiguos el término demos, que sirve como raíz epistemológica o literal, ya presentaba divergencias en cuanto a la forma en que era interpretado, pues para Aristóteles el demos expresaba a los pobres, la palabra remitía en modo variado al pletos, es decir, al plenum, entendido como el cuerpo entero de ciudadanos, al hoi polloi, los muchos, al hoi pliones, a los más o a la masa designada como ochlos[2]. El autor señala que el hecho de explicarnos el significado literal del nombre no ayuda a saber a qué realidad corresponde, ni de qué manera están constituidas y funcionan las democracias, pues media una gran distancia entre la palabra, lo que ésta expresa y el objeto que desea abarcar. “pero de ello no se concluye que el deber ser de la democracia sea la democracia y que el ideal democrático defina la realidad democrática”[3]. La democracia requiere por tanto una definición prescriptiva en tanto es ideal, al tiempo que otra descriptiva que objetive lo real.

Sartori nos advierte que existe una gran equivocación al cambiar una prescripción por una verificación y que la frecuencia del error expone a las democracias a “mal entendidos” o trampas.

La democracia puede ser política, social, económica, entre otras formas lingüísticas y los significados a los que responde, en tanto que el término se refiere a una entidad política, que dota de sentido al Estado o al gobierno, entendido como la esencia o sustancia primordial de lo que expresa. Hoy hablamos de otras acepciones que amplían o complementan la noción de democracia, al hablar de democracia social, económica, participativa, liberal, republicana, etcétera. Existen, como vemos, varias subespecies.

De acuerdo con lo que hemos revisado en cuanto al surgimiento y perfeccionamiento de la democracia, ésta puede ser considerada como parte del desarrollo del estado de derecho, toda vez que su propósito es defender al individuo de los abusos de poder, sin que se le coaccione y pueda así actuar libremente. Aquí encontramos dos conceptos que desde el punto de vista liberal son antitéticos: libertad y poder. Decimos liberal en tanto que su fórmula política sea la soberanía popular. El surgimiento del estado liberal “coincide con la terminación de los estados confesionales y la formación de los estados neutrales o agnósticos con respeto a las creencias religiosas de sus ciudadanos”[4]. Esta etapa histórica significa además el final de la dominación de los vínculos feudales ante la exigencia de la libre disposición e intercambio de bienes, lo cual abre el paso a la sociedad mercantil burguesa.

Esta nueva forma de organización se contrapone a la idea que consideraba a los súbditos como menores de edad, por lo cual es necesario cuidar de ellos de la misma forma en que un padre cuida a sus hijos, es decir, el Estado paternalista, que fuera criticado por Kant, quien a su vez se preocupaba por la moral de los individuos ya que éstos en sus disputas “modelan sus virtudes”. Elogiaba la insociabilidad como un elemento del perfeccionamiento recíproco.

Por su parte Adam Smith, toma en cuenta los aspectos de la libertad económica, los propios intereses materiales, que, “de acuerdo con el sistema de la ley natural, el soberano sólo tiene tres deberes: la defensa de la sociedad contra los enemigos externos, la protección del individuo contra las ofensas de otros individuos y el ver que las obras públicas no podrían ser efectuadas si fuesen confiadas a la ganancia privada”[5].

Wilheim von Humboldt (1767/1835) escribe la síntesis más perfecta del ideal liberal del Estado en su trabajo “Ideas para un ensayo de determinar los límites de la actividad del Estado” (1792). Menciona que el Estado no es un fin en sí mismo sino solamente un medio “para la formación del hombre”. De acuerdo con su postulado, los gobiernos persiguen la pasividad y el bienestar. “El hombre debe perseguir variedad y actividad”[6]. La pasividad es concebida como organicismo y entra en conflicto con la propuesta del antagonismo, entendido éste como la acción de opuestos para el crecimiento de los individuos, como sucede con el resto de las especies en su lucha por sobrevivir. Por ello Bobbio encuentra una liga en el pensamiento de Humboldt, Kant, Smith, Constant y señala que, de acuerdo con esta perspectiva, el liberalismo como teoría del Estado limitado, entra en oposición con el Estado de derecho, que plantea el Estado absoluto. En el punto de vista europeo (Hegel, Maquiavelo) el Estado se vuelve una categoría política general, un criterio que sirve como interpretación de la historia.

De acuerdo con esta síntesis, es posible destacar una democracia de los antiguos y otra de los modernos. El liberalismo es moderno y es clave también para la interpretación de la historia, al dejarnos ver el fin de una etapa y el comienzo de otra, donde las libertades conllevan el interés de sobreponerse al poder del Estado. La democracia, como forma de gobierno, es antigua.

Rousseau, admirador de la democracia directa de los antiguos, argumentaba que la soberanía no puede ser representada, en cambio los constituyentes franceses propusieron la democracia representativa, sin que degenerase el principio del gobierno popular[7]. La democracia representativa nace de la convicción de que los representantes elegidos por los ciudadanos, son capaces de juzgar mejor que los ciudadanos “cerrados en sus intereses particulares”. Por tanto esta forma de democracia “indirecta”, que separa a los representantes del representado es mejor (Siéyes, 1748/1836).

La Constitución francesa de 1791 señala la prohibición del mandato imperativo, correspondiente a los representantes nominados, al establecer que “la disolución del Estado estamental libera al individuo en su singularidad y autonomía”[8]. De esta manera se dieron las reglas del juego como ideales para que la democracia fuera inspirada bajo la diferencia entre la democracia formal y la democracia sustancial, o bien, la democracia como gobierno del pueblo o la democracia como gobierno para el pueblo.

De los dos postulados, el primero es el que se relaciona con la formación del Estado liberal. ¿Qué libertad, qué igualdad? Aquí nacen las vertientes de: Liberalismo e Igualitarismo  como valores en este caso antitéticos, en cuanto que no es posible realizar plenamente uno sin limitar fuertemente el otro. Dice Bobbio que una libertad liberal librelista, es inevitable que sea inigualitaria, de la forma en que una sociedad igualitaria por fuerza es liberal. Liberalismo e igualitarismo tienen concepciones históricas diferentes: La concepción individualista es, en sí misma, conflictiva, en tanto que la igualitaria es totalizante, armónica y monista. Para el liberal el fin principal es el desarrollo de la personalidad individual, aunque la riqueza, como expansión de la personalidad más rica, actúe en detrimento del desarrollo de la personalidad del más pobre y menos dotado[9]. Para el igualitario el fin principal es el desarrollo de la comunidad en su conjunto, aunque disminuya la esfera de libertad de los individuos: es igualdad en tanto compatibilidad con la libertad ajena.

Esta forma de igualdad entraña dos principios fundamentales: a) igualdad ante la ley; b) igualdad de derechos.

El primero se encuentra en las constituciones francesas: 1791, 1793, 1795. Enseguida en el artículo I de la Carta de 1814 y en el artículo sexto de la Constitución Belga de 1830.

Por su parte la enmienda XIV de la Constitución de EU, asegura a cada ciudadano “la protección equitativa” de la ley, cabe decir que con excepción de los esclavos en su mayoría negros. De acuerdo con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789, los hombres nacen y permanecen libres e iguales. La conclusión a la que llega Bobbio queda manifiesta en dos párrafos: a) que hoy el método democrático es necesario para salvaguardar los derechos fundamentales de la persona, los cuales son la base del Estado liberal y b) que la salvaguardia de estos derechos es necesaria para el estado de derecho[10].

Ahora bien, el concepto “liberalismo”, tampoco ha sido entendido como una sola línea de pensamiento que puede traducirse en sinónimo o condición sine cua non de la democracia, toda vez que para unos el peso de la democracia radica en la absoluta libertad del individuo, al cobrar mayor distancia posible del estado, para otros dicha libertad debiera estar condicionada a mantener el bienestar posible, no solamente para los individuos, sino a favor de los grupos. Es decir, la mayor libertad, por ejemplo económica o material de unos, puede contravenir o afectar los derechos de otros, llegar inclusive a dominarlos o hasta exterminarlos.

En estos conceptos se fundamenta el liberalismo clásico, el que en principio aboga por toda facultad individual sin que se regulen o condicionen las acciones individuales, conforme a lo que pudiera imponer el stableshment o gobernment, como lo entienden los sajones. Estas posturas se consideran como herencia del liberalismo clásico y tanto Bobbio como Hayek se ubican en los extremos de la derecha y la izquierda liberal. Inclusive, de acuerdo con Bovero, (2002) se les puede representar como figuras emblemáticas de estos posicionamientos. Según Bobbio “el pensamiento liberal continúa renaciendo, incluso bajo formas que pueden impactar por su carácter regresivo y desde muchos puntos de vista ostentosamente reaccionario”. El liberalismo es progresivo, como lo ha señalado este autor, idea que se asemeja a una reflexión de Ralf Dahrendof, al ironizar sobre quienes discurren en la existencia de un nuevo liberalismo, toda vez que no hay en ello nada innovador políticamente[11]. Las tesis que suscriben la compatibiidad entre liberalismo, y mercado son separables e incluso contradictorias, como lo son las tesis integristas de Hayek o Dahrendorf.

Bovero observa que las leyes del mercado permean cada esfera de la vida social, asignando a todo un precio, “tanto al cuerpo humano como al pensamiento”. Nos dice que el único principio compatible con la democracia que se fundamenta en la justicia social, es el de los derechos de la libertad individual[12]. Siguiendo estas pautas, la democracia no puede dejar de significarse en las cuatro grandes libertades de los “modernos”: la libertad personal, la de opinión, la de reunión y la de asociación.

De acuerdo con Dahl, (1999) la democracia debe reunir varios criterios para que los miembros gobernados sean considerados políticamente iguales: Participación efectiva, es decir, que la totalidad de los puntos de vista de los participantes es incluida en la agenda. Igualdad del voto, esto es, cuando se llegue el momento de las votaciones todo miembro debe tener oportunidad de ejercer su voto. Comprensión ilustrada, que en esta propuesta significa “que todos los miembros deben tener la oportunidades iguales y efectivas para instruirse sobre las políticas alternativas y sus consecuencias posibles[13]. Control de la agenda que se traduce en la oportunidad “exclusiva” de decidir, si así lo eligen los ciudadanos, en los temas que se han de incorporar en la agenda. Inclusión de los adultos, esto es, la mayoría o la totalidad de los adultos deben tener los mismos derechos que el resto de los ciudadanos. De acuerdo con este autor, los preceptos mencionados sirven para varias cosas: evitar la tiranía, dotar a los ciudadanos de derechos esenciales, conceder libertad en general, dotar de autodeterminación y autonomía moral, ayudar a conseguir desarrollo humano, brindar protección a los intereses personales esenciales, y conceder igualdad política. Además, de acuerdo con Dahl, la democracia produce “búsqueda de la paz y prosperidad”[14].

Los planteamientos de este autor parecen a simple vista poco realistas, sobre todo ante lo que están viviendo las democracias, lo que llega a contradecir en buena medida sus argumentos, pues ni todos tienen las mismas posibilidades de participación, así como tampoco se encuentran incluidos los puntos de vista de la totalidad de gobernados en las decisiones. No son partícipes de la agenda pública. Dahl se ilusiona a tal punto con el “éxito” de los gobiernos democráticos que se llega a confundir, con ingenuidad o perversión: “Esta extraordinaria cualidad de los gobiernos democráticos fue en gran medida impredecible o inesperada (…) De treinta y cuatro guerras internacionales entre 1945 y 1989, ninguna tuvo lugar en países democráticos. Aún más, tampoco ha habido apenas una expectativa o preparación para la guerra entre ellos”[15].

No se hacen la guerra, simplemente llevan el conflicto a otro lugar. Estados Unidos ha participado en las caídas de regímenes que bajo su óptica amenazan sus intereses y propugnó por la instalación de las dictaduras en América Latina. La estrategia consiste en infiltrar y coaccionar las democracias de países más débiles. Los organismos “internacionales” que controla, actúan como árbitros, siendo a la vez dueños de las agencias financieras que endeudan a las economías menos consolidadas. Les imponen condiciones que desfavorecen su desarrollo, con lo que dejarían de ser simples proveedores de insumos baratos y clientes consumidores de mercancías caras.

A los representantes de las democracias colaboracionistas con el libre mercado, Dahl les llama “ciudadanos y líderes democráticos que aprenden las artes del compromiso”. Lo que no se puede regatear a sus propuestas es la necesidad de incorporar en cualquier tipo de democracia, la escolarización cívica de los ciudadanos, entrenarlos en conocimientos para que participen en la vida política de la sociedad. ¿Cuáles serían las instituciones básicas para promover los fines de la democracia, así como las condiciones económicas y de otro tipo, que favorezcan el desarrollo y mantenimiento de estas instituciones? Este sin duda es un tema que conlleva de antemano muchas interrogantes y grandes desafíos para la democracia liberal o liberalismo. La razón del fracaso se halla en los dogmas en que se sustenta la doctrina liberal, como es el libre mercado, donde encontramos siempre ganadores y perdedores. Domina una ética a modo de los que ponen las reglas del juego.

El actual proceso de mundialización capitalista tiene en el liberalismo económico su principal afluente ideológico, al proponer las privatizaciones de servicios, recortes de derechos sociales, así como la promoción de un comercio internacional libre de barreras proteccionistas. De esta forma los países ricos protegen a sus ricos. Francisco (2007) señala que la fe liberal se levanta sobre la base de dos dogmas fundamentalmente: autorregulación espontánea de los mercados y benevolencia de los equilibrios de los mercados. Ambas creencias han arrastrado consecuencias funestas, el mercado no es un factor de integración social. “Pues bien, el principal perdedor de este liberalismo económico, tan dócil y adaptable a las necesidades del capital internacional, no es otro que el ciudadano y, por ende, la solidaridad y la concordia internas de la comunidad política”[16].

De acuerdo con esta perspectiva crítica hacia el liberalismo económico, se concluye que no existe el equilibrio general del mercado y si existiera la teoría del equilibrio no lo podría determinar unívocamente; por lo que el primer dogma del liberalismo no se verifica. Si hubiera una mano invisible, que no la hay, el equilibrio no tendría que ser necesariamente un buen equilibrio, pues el criterio de eficiencia económica de la economía del bienestar es éticamente muy pobre y poco exigente. El segundo dogma del liberalismo tampoco se verifica. “Si los estados eficientes de equilibrio fueran éticamente deseables o buenos, que no lo son, serían estados irreales, que sólo existen en la pizarra del economista matemático pero no en el mundo real, lleno de costos de transacción y asimetrías informativas”[17]. De acuerdo con estas conclusiones de Francisco, “la influencia política e ideológica del liberalismo económico ha tenido y tiene consecuencias sociales perversas, en la medida en que ‘la ingeniería liberal fragmentaria’ es opuesta al ideal de ciudadanía”.

Pluralismo y democracia moderna

Chantal Mouffe (2003) hace un aporte significativo al hacer una propuesta de valorización de las diferencias, según la cual la pluralidad no debería tener límites. Esta politóloga de origen belga, pone un acento que revoluciona el pensamiento político y sociológico contemporáneo, junto con el argentino Ernesto Laclau, han sido considerados dentro de la corriente del postmarxismo. Su propuesta filosófica en materia política se orienta hacia la validez del disenso como posibilidad de que los ciudadanos escojan; por tanto describe los consensos como inciertos y hasta peligrosos. Las diferencias, desde su visión, se construyen como relaciones de subordinación. Por tanto es imprescindible estudiar las relaciones de poder y poner en perspectiva cómo es que se instalan y articulan, reconocerlas.

“En vez de tratar de borrar las huellas del poder y la exclusión, la política democrática nos exige que las pongamos en primer plano, de modo que sean visibles y puedan adentrarse en el terreno de la disputa”[18]. Esto es lo que ella entiende por política, un proceso sin fin que ha de continuar y propone no “desesperarse” ni buscar un destino final, un estado de consenso que deje satisfechos a todos, pues además de ser imposible, más que utópico irracional, esta búsqueda tiende a eliminar lo político, a destruir la democracia. Para Mouffe, los conflictos, las confrontaciones, de ninguna manera son un signo de imperfección o amenazas, por el contrario, son los indicadores de que “la democracia está viva y se encuentra habitada por el pluralismo”[19]. Se destaca en su argumentación que es necesaria la sospecha de “todo intento de imposición de un modelo unívoco de discusión democrática”. La posición es alejarse del racionalismo que pretende dominar la indeterminación a la que considera más bien como condición de la democracia. Nadie posee la razón absoluta y tampoco es necesario buscarla, por lo que, paradójicamente, la diferencia es el objeto. Esto es a grandes rasgos lo que significa este sinfín filosófico que aplica a la sociología política.

Aquí pongo un fin temporal a estas reflexiones que no tienen otro fin que seguir la búsqueda sin pretender llegar, a final alguno, solamente contribuir al pensamiento de lo social.

“Desde que las ciencias naturales salieron con leyes que gobiernan el universo físico, los pensadores que se ocupan de de la sociedad humana se han lanzado a descubrir leyes generales que gobiernen el mundo social”[20].

Bibliografía

G. Sartori (2008): ¿Qué es la democracia?, Taurus, Madrid. Cap. 1

N. Bobbio (2000): Liberalismo y democracia, FCE, México. Cap. 4,8

M. Bovero (2002): Una gramática de la democracia, Trotta, Madrid, cap. 5

R. Dahl (1999): La democracia: una guía para los ciudadanos, cap. 4, 5, 6 y 7,.Taurus, Madrid.

A. de Francisco (2007): Ciudadanía y democracia. Un enfoque republicano, Libros de la Catarata, Madrid. Cap.1

C. Mouffe (2003): La paradoja democrática, Gedisa, Madrid.Pp 35,50.

A. Hirshman (2001): Retóricas de la intransigencia, FCE, México. Cap. 5

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid.


[1] De Francisco Andrés, (2007). Ciudadanía y democracia, p. 28.

[2] G. Sartori, (2008): ¿Qué es democracia?,  p. 29.

[3] Ibid, p. 28.

[4] N.Bobbio, (2000), p. 23.

[5] Ibid, p. 25.

[6] Ibid, p. 28.

[7] Ibid, p. 34.

[8] Ibid, p. 35.

[9] Ibid, p.41.

[10] Ibid, p. 46.

[11] Bovero, p. 97.

[12] Ibid, p. 112.

[13] Robert Dahl, (1999). La democracia: una guía para los ciudadanos, p. 56.

[14] Ibid.

[15] Ibid, p. 69.

[16] De Francisco (2007) Ciudadanía y democracia. Un enfoque republicano. Libros de la Catarata. Madrid. Cap. 1, p. 51.

[17] Ibid, p.52.

[18] C. Mouffe (2003): La paradoja democrática, Gedisa. Madrid, p. 49.

[19] Ibid, p.50.

[20] A. Hirschman (2001): Retóricas de la intransigencia, FCE, México, p. 173.

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Sociedad > pueblo > masas > materia prima > masa virtual, por Enrique Puente Gallangos

Algunos dicen que la Democracia es el gobierno del pueblo para el  pueblo, otros que la soberanía reside en el pueblo, algunos más argumentan que el pueblo es quien toma sus propias decisiones. Pueblo, ¿qué es el pueblo?, ¿quienes integran el pueblo?, ¿qué desea el pueblo? Bueno, las dos primeras interrogantes las podría responder la economía diciendo que son los consumidores y no estaría equivocada la doña economía; a la otra interrogante podríamos darle respuesta desde otro punto de vista, desde otro discurso, desde otro lugar que a fin de cuentas es el mismo, pero propone que el sujeto sea relanzado y deje de repetir el síntoma desde el mismo lugar y, bueno, ya plantados en el discurso psicoanalítico, diremos: ¿existe aun el pueblo? La idea de pueblo es la que está en falta, ya que ahora el sujeto no deviene del pueblo, sino de la masa, esa masa mediática que para ser convocada sólo se necesita un clic o apretar un botón y esa masa se reunirá sin necesidad de verse a los ojos y de estar juntos los unos con todos.

Es por ello que propongo replantar nuestra última interrogante y darle respuesta si es que acaso hay una respuesta para el deseo, ¿qué desea la masa virtual?, ¿puede la masa virtual tener deseos distintos al de consumir? Ahora bien, el simple hecho de que esta masa virtual, turba humana que vive en un desamparo organizado, activada y subjetivada mediáticamente siga llamándose “masa” tanto por sus abogados como por sus detractores amos, ya nos indica que el acceso de la gran mayoría al Estado de Derecho, Democracia, Constitución y Soberanía, puede ser percibido como un proyecto incompleto, en falta, tal vez inconcluso. Lo que trataremos de establecer es una lógica del cambio o mejor dicho de la torsión que se produce en el advenimiento del sujeto y el rol protagónico que le ocupó en la modernidad como una visión romántica idealista hasta transformarse en “materia prima” en su amparo organizado, de todo experimento totalitario o mediático.

El paso de pueblo a la metamorfosis de masa virtual- seduciéndola, incitándola, apropiarse de su voluntad o asegurarse de sus favores a la hora de las elecciones- propone una hipótesis temible de que el surgimiento de la masa va de la mano con la declinación de lo que hasta ahora había funcionado como principio de autoridad, cohesión y generador de sentido, el devenir salvaje de la masa en la escena es consecuencia de la desaparición de este principio, es decir, un síntoma de la inexistencia de ese Otro autoridad, ley. Esta llamada de emergencia que emite la masa la convertirá en un blanco móvil de los modos de fabricar gente. Emergiendo así dos políticas incompatibles en la construcción de la subjetividad de la masa, la reglamentación por el espectáculo y la política de las cosas frente a la política de la elección. Esto es la política del espectáculo en su “noble” afán del entretenimiento de la masa irrumpe en el inconsciente colectivo provocando que se sea masa antes que individuo y sujeto. Esa visión romántica de la Democracia y el sujeto democrático cuyo deseo de emancipación, independencia y soberanía hace de la masa un sujeto incapaz de obtenerla y de alcanzar su protagonismo histórico en la escena política. La turba humana, que emerge de la propia experiencia se transforma en la barrera que separa el espíritu del mundo de la colectividad a la que quiere abrazarse.

Entre masa, poder y actualidad se produjo una enorme transformación de las sociedades modernas, las masas actuales han dejado de reunirse en tumultos; han entrado en un régimen en el que su cualidad de masa ya no se expresa en la asamblea física sino en la participación en programas relacionados con los medios de comunicación masivos. Se es masa sin ver a los otros, el resultado de todo ello es que las sociedades actuales o posmodernas han dejado de orientarse a sí mismas de manera inmediata por experiencias corporales: sólo se perciben a sí mismas a través de los símbolos mediáticos de masas, discursos. Modas, programas y personalidades famosas.

Finalmente diremos que ante el deseo de la masa, consulta la guía de televisión. En la sociedad del espectáculo, que Guy Debord denuncia ya en los 60, “no hay sino voyeurs”, dice, “lo virtual sustituye a la vida real, y la muerte y lo imposible dejan de existir”.

Enrique Puente Gallangos es Maestro en Derecho Constitucional y estudia la Maestría en Psicoanálisis, es además catedrático de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y de la Universidad Regional del Sureste.


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No chille, agarre piedras, por Víctor Díaz de León Jr.

Desde que tengo mi credencial para votar con fotografía, he participado en los procesos electorales de mi municipio, de mi estado y mi país, pero nunca tuve un lugar tan privilegiado para observar el proceso como en el que culminó este dos de julio pasado cuando trabajé para el Instituto Federal Electoral.

El ser funcionario electoral no me impide (y al contrario me obliga moralmente) a cumplir con mi deber ciudadano de votar en la sección que me correspondía. En ese momento me pareció, no la mejor, sino la menos mala de las opciones la que encabezaba Andrés Manuel López Obrador. Como dato, mi voto fue diferenciado, voté por que el presidente fuera él, sin embargo, quería que en el congreso me representaran los candidatos de otra opción política.

Ahora, como votante de él, me declaro en mi derecho de cuestionar las acciones que está tomando y los argumentos que está ofreciendo, y por eso me atrevo a escribir estas líneas.

Voto por voto, casilla por casilla

Pequeña precisión André Manué… los votos fueron contados: voto por voto y casilla por casilla.

Para saber quien ganó (es decir si fuiste tú o Feli-pillo), lo único que tienes que hacer no es voltear al PREP o preguntar en los distritos… es más, ni siquiera necesitas abrir los paquetes porque tus representantes personales ante las casillas, primero, los vieron abiertos, y segundo, estuvieron en el momento en que se contaron los votos. Repito (burp!) voto por voto y casilla por casilla. Tus representantes (a los que tienes derecho como cualquier otro candidato de partido político registrado) tienen en su poder una copia (fiel) del acta que fue entregada al IFE.

Sólo suma. No es tan difícil.

Este es el momento en el que puede salir la voz perredista diciendo que no son confiables las actas por no contener datos reales y precisos. Perfecto, puede existir un error… digamos que se contaron 100 votos a favor tuyo y que en el acta al secretario de la casilla se le fueron las cabras al monte y anotó 10. Pequeña diferencia. Ante esto, los únicos responsables son tus representantes Señor López, ya que ellos debieron haberse percatado en ese instante. Las actas no se llenan en secrecía y además los representantes de partido firman un recibo de que el presidente de la casilla les ha entregado copias de todos los documentos a que se hacen acreedores por derecho.

Conoces las actas, Peje, sabes que los números necesariamente deben cuadrar y, seamos sinceros, para eso están los representantes ante casilla, para velar por tus intereses. Quienes velaban por mis intereses y los de los ciudadanos en general son los funcionarios de casilla, personas que merecen todos mis respetos por el trabajo desinteresado que tuvieron que realizar para estar ese día de siete y media de la mañana a media noche. Para mí es un insulto que ahora se insista en recontar, como si los ciudadanos (y los capacitadores del IFE) no hubieran hecho bien su trabajo.

Colofón. Quienes no hicieron bien su trabajo, fueron en todo caso los partidos políticos, pues por andar en conflictos interpartidistas y eventos sociales se les olvidó capacitar a la gente que los representaba en las casillas. En más de una de las casillas de que tuve conocimiento, los representantes no sabían ni siquiera el nombre del partido por el que iban a defender sus intereses.

Votos perdidos y votos hallados

Dijo André Manué en su primer argumento, que faltaban de computarse un bonche de votos que seguramente revertirían la tendencia a su favor. Insisto: la copia que el PREP captura, es una de las que se les da a los representantes de partido y a los consejos distritales del IFE.

Cuando entregamos el material a los presidentes de casilla, les entregábamos un block de actas. Una original sobre las que escribían los datos, mismos que se traspasaban a las demás hojas hechas de un papel sensible. Aún así, tenían papel carbón para que las actas fueran una misma, sin distingos, a excepción del orden en que se distribuyen: la original de las actas va por dentro del paquete, una de las copias va para el PREP, otras tantas van para los partidos políticos vía los representantes (el orden en que se entregan es en el orden en que se registraron ante el IFE)… si acaso la única distinción es que a la última hoja se le notan menos los datos… sin embargo la última acta es para Alternativa Socialdemócrata y Campesina (última opción política en obtener su registro del IFE) y hasta donde yo sé, no se han quejado por ello.

Es cierto que el PREP no computó todas las hojas, pero hay una explicación válida para ello: PREP son las siglas del Programa de Resultados Electorales Preliminares. Es decir, aunque son datos dados por la autoridad electoral, de ninguna manera pueden ser datos considerados como definitivos. ¿Por qué?, te preguntarás y te contestaré: ¿Qué tal que el presidente de casilla no dejó copias de las actas por fuera del paquete? ¿Qué tal que sellaron el paquete electoral (inviolable hasta el siguiente miércoles) de tal manera que no se pudieran extraer las actas de las bolsas laterales sin dañar el sello? Los presidentes (y en general los funcionarios de casilla) son ciudadanos como tú y como yo, que fueron reclutados mediante un sorteo y que además fueron convencidos por capacitadores del IFE. Son personas que, en un alto porcentaje, no creen en los partidos, que detestan la política o que simplemente les vale madre (es decir, son ciudadanos promedio). No les podemos exigir que hagan su trabajo con una perfección total. Sin embargo, el índice de error (o de inconsistencias) fue mínimo.

Aún así, no debemos alejarnos de la idea primordial del PREP. En caso de haber una clara tendencia para algún candidato, el resultado se daría (con una aproximación muy cercana al dato definitivo) a las once de la noche del día de la elección. ¿Tienen idea de lo que es eso? Personas que al cuarto para las seis acudieron a votar, se enteran del resultado cinco horas después. Sin embargo, ante una votación cerrada, sería una actitud irresponsable el declarar tendencia favorable hacia uno u otro candidato. Creo yo que se cumplió con el objetivo de dar un resultado preliminar: una votación muy pareja.

¿Por qué ahora la gente analiza con lupa al PREP y al cómputo distrital, eventos que se dan en las elecciones que organiza el IFE? ¿Por lo cerrado de la votación? Siempre se ha hecho el mismo ejercicio, en el cual se detectaba una tendencia hacia un candidato de manera tal que era irreversible. La gente se iba a dormir el domingo sabiendo que tal o cual candidato llevaba la ventaja, misma que no perdería. El cómputo distrital era un simple evento protocolario, no la sesión maratónica que vivimos en días pasados. El punto es que esto no es nuevo, y eso nadie mejor que Andrés Manuel lo sabe.

Principio de Incertidumbre

Para que una democracia funcione, es necesario trabajar con la premisa de un principio de incertidumbre: nadie sabe lo que puede pasar, nadie anticipa el resultado. Sí podemos analizar tendencias, sí podemos contratar encuestas, sí podemos creer que alguien (necesariamente) ganará. El punto es que si de antemano sabemos quién ganará, ¿para qué queremos democracia?

Creer como dice Andrés Manuel que hubo una elección de Estado, en donde el panismo operó alegremente la maquinaria de poder para dar el resultado a favor de su candidato manilimpio (y de paso creer que el IFE es cómplice) es atentar contra la inteligencia y el trabajo de miles de personas que, como funcionarios de casilla y a cambio de prácticamente nada, dedicaron aproximadamente veinticinco horas de su vida para dejar constancia de unas elecciones transparentes.

Tribunal

Ahora la elección pasa a la instancia jurídica. Pero no porque tú lo pidas, Peje. No por tu inconformidad, sino porque el procedimiento así lo indica. El IFE no califica de válida una elección. El IFE organiza la elección, y mira qué curioso, el día de la jornada electoral el IFE no mete las manos. La autoridad electoral recae en el ciudadano que es presidente de casilla y el poder es de la gente que acude a votar. El IFE no cuenta los votos: son los ciudadanos los que lo hacen. El IFE no vota, somos los ciudadanos los que lo hacemos.

Esperemos pues el fallo judicial. ¿Y luego qué, Andrés Manuel? ¿Te vas a inconformar?, ¿te irás a poner en huelga de hambre?, ¿te vas a amparar contra el fallo? (¡ja!), ¿acudirás al tribunal de La Haya?

¿No hubiera sido mejor que tu, Andrés Manuel, reconocieras que el voto no te fue favorable y te erigieras como el líder de oposición de este país con el poder y el reconocimiento que te dan el que tantas personas (casi las mismas que creyeron en Calderón) crean en ti? Eso de descalificar incluso a tus correligionarios te descalifica a ti mismo.

Yo ya no creo en ti. Yo lo que creo es que necesariamente todo volverá a la normalidad porque México — y los mexicanos — somos mucho más que dos.

Botarga perdida

Antes de terminar estas líneas. ¿Alguien sabe qué fue de una botarga que quería ser presidente? El candidato similar (lo mismo pero muy, muy barato) prácticamente desapareció. En una de las casillas de mi distrito, el Asistente Electoral que cubrió esa sección me dijo que los dos votos que tuvo el CP Víctor “Simi” González fueron insuficientes ante los tres votos que obtuvo Carlos Salcido, jugador de la devaluada Selección Nacional de Fútbol.

Ni modo, don Simi, no le funcionó el abasto de plumas, las despensas y la plantilla con su nombre que le daba a la gente que — sin más remedio — acudía a sus farmacias. Ni así la gente votó por usted. Creo que si fuera partido político no alcanzaba ni su registro. ¿Triunfo? ¿Derrota? ¿Era lo que se esperaba? Me parece, Simi-González, un mal chiste que en lugar de contribuir a la educación cívica provoca desconcierto entre la gente.

Víctor Díaz de León Jr. es Licenciado en Derecho, trabajó para el Instituto Federal Electoral en las elecciones más recientes.


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El after, por Blue

Ya fueron las benditas votaciones, y no quiero entrar en detalles de quién merece ganar o por quién voté. Sin embargo, haré algunas observaciones:

1. El que quede como Presidente, lo será con menos de la mitad del porcentaje total de los votos. Es decir, casi el 60% de los votantes quería otro Presidente.

2. ¿Es justo que nos gobierne alguien que sólo le simpatizaba al 35-37% de los mexicanos que fueron a votar?

3. ¿Ésto es democracia?

4. Yo creo que en México deberíamos hacer las votaciones federales como en EUA, sólo dos candidatos, así al menos sabríamos que muy probablemente el 50% + 1 fue lo que le dio el triunfo al candidato y no el 37%, como posiblemente sea en esta ocasión.

5. Sólo para callar bocas, en México no hay “izquierda política”, sólo extrema derecha, centro mediocre y seudo “siniestra” tendenciosa absolutista, de política déspota que se disfraza de “austero”.

Cualquier comentario, pueden dirigirlo a mmmh_blue@yahoo.com y aprovechando la oportunidad, pueden leerme en 7 soles azules.


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Del debate y otras curiosidades, por Dorismilda Flores Márquez

Después del segundo debate, no me atrevo a hablar de ganadores y perdedores, hay temas y poco tiempo para que cada candidato hable, no alcanza para dar a conocer propuestas y todavía lo malgastan en ataques que a veces ni se aclaran y, lo peor, la sociedad no está representada en el debate… sería genial un formato que permitiera preguntas de los ciudadanos a los candidatos con sus respectivas respuestas.

*

En un ejercicio sobre comunicación y política, mis alumnos definieron a la democracia como “servirse de los demás haciéndoles creer que se les sirve a ellos”.

*

Cuando los candidatos se sienten más de lo que son y la gente se ve más torpe de lo que es… ocurre lo que en cierta colonia del distrito III de Aguascalientes: vino Alma Hilda, candidata a diputada federal por el PAN, y prometió dar empleo y construir guarderías, como si eso estuviera entre las funciones de una legisladora, y además regaló recipientes de plástico a las señoras fodongas que se congregaron a escucharla — a mí no me tocó, porque ni soy señora ni soy fodonga ni entré a su reunión, pero re bien que me enteré —. Días después, llegó Paty Ramírez, candidata a diputada federal por la Alianza por el bien de todos, integrada por PRD-PT-Convergencia, y en lugar de proponer o ya de perdida prometer algo, se dedicó a criticar los elevados gastos de campaña del PAN, justo cuando su alianza le entró también al despilfarro en spots y otras maravillas… y, claro, también regaló recipientes de plástico a las mismas señoras fodongas, que esa vez le aplaudían a ella. También entre la sociedad se cambia de camiseta con una facilidad impresionante.

*

Y en otros asuntos, medio México se indigna por las declaraciones de Tiziano Ferro (de que las mexicanas somos feas y bigotonas), pero ni se inmuta ante nuestros candidatos presidenciales que se dan hasta con la cubeta. Y a propósito de Tiziano Ferro, en varios programas de espectáculos se dedicaron a hacer una colecta de mensajes en su contra, de parte de la llamada comunidad artística, muchos francamente ofensivos; cierto, él ofendió primero, pero, ¿no nos convertimos en lo mismo que criticamos al ofender por igual a él que a italianos y europeos en general?

Dorismilda Flores Márquez es licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes; edita El Cafecito (casi siempre de madrugada) y trabaja en varias actividades a la vez.


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Ciudadanía educada y ejercicio de la ciudadanía, por Noe García Gómez

Utilizaré este artículo para lo siguiente; leí el  artículo de Doris con interés y atención, estoy de acuerdo en gran parte de lo que dice, creo que el concepto de la política que trata de hilvanar se lo han o nos lo hemos ganado a pulso los políticos. Pero ahora yo haré de “abogado del diablo” y utilizaré el mismo método para la cuestión de los ciudadanos. Ojalá esto sea una discusión propositiva y un debate interesante para los lectores.

Test: ¿Eres un buen ciudadano?

1.- Vas en tu coche escuchando las canciones de moda en tu auto-estereo, cuando en un alto se te acerca un anciano, indígena, limpiaparabrisas, etcétera, y te pide unas monedas. ¿Qué haces?

a)     Le dices “¿qué le hace falta y en qué le puedo ayudar?”, además de que piensas en la injusticia económica y de mercado que priva en el país por causa de ese mal gobierno.

b)     Le das las monedas de menor cantidad que encuentras en tus bosillos para expiar tus culpas y arrancas tu carro pensando “qué dadivosa(o) soy”.

c)     Subes inmediatamente el vidrio y “ni los miras ni los oyes”, piensas que es gente floja a la que no le gusta trabajar y que, si esta así, es por que no aprovecha las oportunidades que hay en este país.

2.- Estás viendo la televisión y, por mera casualidad, se atasca el control en el noticiero y, por flojera de pararte a cambiarle, te lo chutas. En las noticias hablan de que la economía esta inestable, de que las guerras en oriente matan cada vez a mas niños, que subirán los precios de la canasta básica.  ¿Qué piensas?

a)     En la ineptitud de tus gobernantes y tratas de ver la forma de organizarte con amigos y/o vecinos para enviar cartas o visitar a los que te gobiernan, y recriminarles:  ¿qué es lo que están haciendo?

b)     Te da tristeza con las imágenes de los niños muertos, crees que se debe hacer algo por la economía, y piensas “qué mala onda será para los que se alimentan de esa canasta”, pero cuando termina el noticiero cambias de canal y sigues unas horas viendo videos de MTV, como si nada.

c)     Ves las imágenes una tras otra, oyes los comentarios sin inmutarte, y terminas hastiado de que pasen problemas que a ti no te incumben y optas mejor por sacrificar la comodidad del sillón y te levantas a cambiarle a la tele.

3.-Es época de campaña electoral, ves en la calle infinidad de anuncios de los candidatos, en la TV y la radio te bombardean de spots con frases cortas a las que no hallas ningún sentido, y concluyes que la campaña de los candidatos no te dice nada. ¿Qué haces?

a)     Investigas el historial de los candidatos, buscas y analizas su plataformas electoral y de gobierno (que por ley las registran en los órganos electorales) y comparas toda esa información para decidir tu voto o abstención, en su caso, pero lo haces conciente y con bases.

b)     Te da risa que, campaña tras campaña, los políticos dicen y prometen lo mismo, y el día de la votación sufragas por el candidato más guapo, el partido que esta de moda o simplemente no asistes a votar (y qué, si todos son lo mismo).

c)     Cada que empiezan los spots, le cambias a la radio o la TV y, si de casualidad te encuentras en una plática de política, te retiras o cambias rápidamente de tema; el día de la votación, ni por casualidad se te ocurre votar.

Resultados

Si contestaste con:

Mayoría de a: Eres un excelente ciudadano, el país necesita de gente como tú, ¡felicidades!

Mayoría de b: Eres un mal ciudadano, pero se te reconoce que aún eres humano y tienes sentimientos.

Mayoría de c: Creo que el concepto de ciudadano ni se puede aplicar en ti, francamente creo que eres el reflejo de que la humanidad está en decadencia.

a dónde vamos a llegar

Nuestra Constitución establece los derechos de los ciudadanos en su artículo 35 y dice:

·   votar en las elecciones populares

·   poder ser votado para todo cargo de elección popular

·   asociarse libremente de forma pacífica para tomar parte de los asuntos políticos del país

Y en el artículo 36 de las obligaciones dice:  votar en las elecciones populares en los términos que señale la ley.

Además, el COFIPE (Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) puntualiza los derechos y obligaciones del ciudadano en su artículo 5 que, entre otros, establece:

·   constituir partidos políticos y agrupaciones políticas y afiliarse a ellos de forma individual y libre

·   participar como observador electoral

Y es obligación integrar las mesas directivas de casilla.  En estos derechos y obligaciones confluyen una gran cantidad de formas de participar en la vida pública y política.

Ahora bien, John Stuart Mill decía que “para la democracia se requieren ciudadanos activos, ya que los gobernantes, independientemente de su ideología, preferirán a ciudadanos pasivos, ya que con mucho gusto los convertirían en un rebaño de ovejas dedicadas únicamente a comer pasto una al lado de la otra y a no lamentarse ni siquiera cuando el pasto escasea”[1].

Cuando se habla de democracia se habla a favor de ella. Se preocupan por su futuro y las virtudes que tiene. Pero pocos la practican y citando a José Antonio Crespo:

“… opuesto a lo que comúnmente se cree, la democracia no está diseñada para actores democráticos, sino exactamente lo contrario. La democracia tiene una arquitectura institucional sobre la base de que no va a lidiar con actores solidarios, honestos, altruistas, patrióticos. No, la democracia es un modelo político para no demócratas. Por eso la división de poderes, los límites constitucionales, vigilancia de los medios, la descentralización de la política, la fiscalización electoral, la rendición de cuentas” .

Y yo agregaría el voto de castigo del ciudadano a los malos políticos y las formas de participación ciudadana, prosigo con la cita:  “En la democracia, todos vigilan a todos por que nadie confía en nadie.”[2] Esto quiere decir: no nos asustemos por lo malo de nuestros políticos, asustémonos de no ejercer los medios e instrumentos que la democracia tiene para que estos políticos nos rindan cuentas.

Las citas anteriores nos podrían dar un panorama personal e individual de nuestra actitud como ciudadanos, ¿qué hemos hecho nosotros para exigirle a nuestros gobernantes? ¿Estaremos cerca de ser ese rebaño de ovejas que no se inmuta ni siquiera cuando el pasto escasea? ¿Creemos que la democracia por si sola debe traer la solución de los problemas del país? ¿O somos flamantes ciudadanos ejerciendo los derechos que la democracia nos otorga y entendiendo por derechos no sólo el acto de votar, sino toda esa gama de participación política, participar en ONG’s, asociaciones civiles, agruparnos libremente, debatir y discutir la cosa pública, exigir a nuestros gobernantes, ya sea por medio de escritos, colecta de firmas, asistir a marchas y mítines, quejas en los medios de comunicación, etcétera?

Al igual que el artículo de Doris, soy un mucho pesimista. Pero en este caso sí hay que proponer, la gran mayoría de la población lo sabe y, si no, se los recuerdo: PARTICIPACIÓN, CONCIENCIA INDIVIDUAL Y COLECTIVA y CIUDADANÍA ACTIVA.  Aquí yo no pido propuestas, sino de que se pongan en marcha las tres anteriores. ¡Háganlo por favor!  Y prometo firmemente respetar sus derechos y apoyar en todas sus acciones que fomenten la democracia y mejoren la vida política de nuestro país.

fuentes

1 J. S. Mill, Cosideraciderations on Representative Government, University of  Toronto Press, p. 406.

2 José Antonio Crespo, Física de la polarización, el universal 7 de octubre de 2004.

Noe García Gómez es Licenciado en Ciencias Políicas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Aguascalientes;  es Presidente del Servicio Estatal Electoral del PRD en Aguascalientes.


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La imposición de la mayoría, ¿es una democracia?, por Enrique Puente Gallangos

“Una democracia aparente permite que Mc Pato se convierta en Primer Ministro”.

Es una declaración de Michelangelo Bobero, discípulo y sucesor de Norberto Bobbio en la titularidad de la cátedra de Filosofía Política en la Universidad de Turín, Italia. En esta declaración hace alusión al encargo de dirigir, en los siguientes tres años, los destinos de Italia.

En muchas ocasiones hemos escuchado y leído distintas opiniones respecto al concepto de democracia; sin lugar a dudas, lo tratamos de entender, pero difícilmente lo comprendemos; en esta oportunidad, trataremos de comentar en torno a los modos, correctos e incorrectos, de hablar y de escribir sobre la democracia. Nuestra pretensión es desenmarañar este concepto y ponerlo de una manera clara para las unidades de valor en que se han convertido las anteayer personas, ayer ciudadanos y hoy consumidores, quienes, a fin de cuentas, tienen que determinar el lugar correcto en que se encuentra la democracia en nuestro país.

Iniciaremos preguntándonos, ¿cuál es la diferencia entre el significado de la palabra democracia y las diversas realidades concretas a las cuales se atribuye ese nombre? Con esto nos plantearemos el problema de la crisis de la democracia ideal, que encierra el concepto puro de la democracia y la democracia real. Nosotros sabemos que en el mundo contemporáneo, la palabra democracia está siempre asociada con una connotación de valor positivo y que, por esta razón, personajes y movimientos políticos de todo tipo tienden a acreditarse como democráticos. Por ello, es necesario desmembrar su significado y articular la gramática de la democracia en sustantivos, verbos y adjetivos.

El primer sustantivo que señala es la “igualdad”, que representa la categoría primaria que identifica la naturaleza de la democracia entre las formas de gobierno, en los discursos antiguos y en los modernos. No obstante, en gran parte de las alucinaciones comunes, la naturaleza de la democracia es reducida a la mera “alternancia”.

El sustantivo “libertad” identifica el fundamento sobre el que reposa la democracia, pero este término es sumamente controvertido por los muchos sentidos que le son impuestos. De tal modo, debe de considerarse como fundamento o principio de la democracia, la libertad individual entendida como capacidad subjetiva y como oportunidad objetiva de una decisión racional, si se puede entender así, hasta cierto punto autómata del ser humano en materia política.

Igualmente, la investigación sobre los verbos más recurrentes en los discursos democráticos (elegir, respetar, deliberar y decidir) permite aclarar cuál es el funcionamiento ideal. Cada unos de estos verbos asume y mantiene un significado propiamente democrático sólo bajo ciertas condiciones: el acto de “elegir” debe de desarrollarse con las reglas de un juego limpio y equitativo, y los votos deben ser expresión regular y recurrente de la opinión pública activa, que no deja de ser tal en el periodo que media en las elecciones.

La “representación” es democrática sólo cuando los órganos encargados de los procesos reflejan las diversas tendencias políticas de las anteayer personas, ayer ciudadanos y hoy consumidores, sin exclusiones y en las proporciones respectivas.

La “deliberación” debe garantizar iguales oportunidades para valorar todas las tesis y los puntos de vista de persuasión recíprocos entre todos sus sostenedores. Y, finalmente, el cato de “decisión” debe ser sometido a una regla de mayoría, pero siempre precedida de una discusión deliberatoria pública y transparente.

Aunque seguiríamos preguntándonos, la imposición de la mayoría, ¿es una democracia?  Podemos decir que una forma de gobierno es democrática si y sólo si las decisiones colectivas emanan como resultado de un juego político iniciado y controlado por las anteayer personas, ayer ciudadanos y hoy consumidores, sin que ninguno de ellos quede directa e indirectamente excluidos. Nosotros podemos reconocer en las decisiones públicas, la expresión de una voluntad no impuesta aun cuando no la compartan, en la medida en que todos hayan participado en el proceso de discusión en condiciones equitativas.

Los adjetivos, pueden ser clasificados por tres grupos: los que indican las variedades internas de la democracia; aquellos atributos que pretenden designar diferentes niveles o articulaciones del ordenamiento democrático; y los calificativos que pretenden identificar concepciones alternativas y recíprocamente exclusivas de la democracia.

Podemos afirmar que, desde hace algún tiempo se está difundiendo en el mundo, en formas y grados diversos, un modelo de democracia degenerada. La raíz de este fenómeno se localiza en el desmoronamiento de su precondición más profunda  y esencial: la distinción y la separación entre poder político, económico e ideológico, que coincide, este último, con el control de los medios de información. Basta pensar, por un lado, en la cada vez más difundida asociación entre dinero y política, y, por otro, en la influencia decisiva y distorsionada de las comunicaciones de masas en todos los momentos del proceso democrático. Aquí podemos destacar y tomar como referencia las elecciones de Italia, México, Brasil, donde no hay necesidad de subrayar que la patología se vuelve monstruosa cuando la confusión entre los poderes sociales es mayor, como en el caso de un enorme poder económico en manos de una persona. Este poder comprende, dentro de sí, la propiedad de los más importantes medios de persuasión, los cuales son utilizados, junto a otros recursos, para conquistar el poder político mediante procedimientos aparentemente democráticos. Podemos concluir que no existen garantías de una efectiva libertad del pensamiento y de expresión. Tampoco existen normas que otorguen el derecho a una información correcta y equitativa. Se da el caso y, “esto podría decirse es mera coincidencia en nuestro país”, que un solo hombre, en el sentido material del término, es dueño de un ojo y una oreja de las anteayer personas, ayer ciudadanos y hoy consumidores, pues posee el control de los medios de información más influyentes. Es comentario reiterado decir que en México no existe educación política, pero nosotros podríamos educarnos en la materia. ¿Cómo? Eliminando la desigualdad social, la pobreza y garantizando el derecho a la educación pública a todos los niveles.

Distinguidos juristas como Luigi Ferrajoli, italiano, y los mexicanos Jaime Cárdenas y Jesús Orozco Enríquez, comentan que la forma presidencial es la peor de las subespecies posibles institucionalizadas de la democracia, porque en su estructura, independientemente de quien sea la persona que ésta al frente de un gobierno, se mueve hacia el poder arbitrario. La democracia presidencial es la más antigua; precisamente, por eso, es una democracia rudimentaria.

Enrique Puente Gallangos es Maestro en Derecho Constitucional, catedrático de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y de la Universidad Regional del Sureste.