El Cafecito


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El secuestro de un amor-democrático, por Enrique Puente Gallangos

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La forma del Estado y del gobierno de un país se encuentra deónticamente normativizada en su Constitución Política. En México, en el artículo 40.

El Estado es el representante jurídico de la nación, la nación está compuesta por su territorio, espacio aéreo, subsuelo, áreas marítimas, ríos,flora, fauna, pueblo, lenguaje, usos, costumbres, cultura, etc. Pero en el citado numeral constitucional se encuentra la ideología de la nación, ideología que crea y orienta la imagen y el camino del Estado. Imagen y camino a la cual tendrá que someterse el gobierno de este país.

El artículo 40 dice: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse….” Derivado de la lectura tenemos claro que: fue, es y será voluntad del pueblo constituirnos. El artículo 39 de la Constitución Política firma y confirma lo dispuesto en el artículo 40.El articulo 40 sigue diciendo: “…en una República representativa, democrática, laica, federal….”. Claro esta el pueblo tendrá que ejecutar su voluntad soberana y darse su propia forma de gobernar la cual hay que imaginar y aplicar. Si bien es cierto que la imposibilidad de ejercitar la voluntad de manera directa, provocó un primer desplazamiento a un proceso electoral. Pensaríamos que aun así ejerceríamos nuestra voluntad de manera directa; pero parece  que no fue así y fue necesario un segundo desplazamiento de esa voluntad a los partidos políticos. Los partidos políticos como intermediarios de esa voluntad.

Ahora preguntémonos ¿tenemos aún el derecho de ejercer nuestra voluntad directamente? Bueno, ahora esa voluntad estará controlada e imaginada por el Estado y por los partidos políticos. Una control jurídico y político, un control deóntico e ideológico imaginado y creado por estos y no por lo dicho por el artículo 40 de nuestra Constitución Política. Lo primero que diremos es que la Constitución ha dejado de decir; que el artículo 40 ha dejado de decir, que nosotros hemos dejado de decir. Ahora preguntémonos ¿quién dice lo que quiere y cómo lo quiere? Quien lo dice ahora es y será el Estado, el gobierno y los partidos políticos. Aun así pensaríamos que el Estado y sus instituciones, el gobierno sirviéndose de ellas y los partidos políticos limitados por el Estado buscarían la manera de enamorar al pueblo democráticamente y provocar un amor. Un amor democrático. Un amor democrático en el que el pueblo confíe en su gobierno y este gobierno en el pueblo.

Pero cada sexenio, cada trienio, nos llega una nota mediática en el mejor de los casos, nota mediática que anuncia, nota mediática que dice, que dice y anuncia lo que desean el Estado, el gobierno y los partidos políticos. Una nota que pide; que pide mucho, que pide que expreses tus derechos políticos electorales, que votes.

Parece ser que no tenemos lo suficiente para cubrir el costo, para costear el deseo de los partidos políticos y del gobierno, por ello nos lo vuelven a pedir y nos lo vuelven a pedir. Más de 189 años de pedirle al pueblo de México. Esta repetición nos hace pensar que nuestra voluntad está secuestrada. El amor democrático está secuestrado. Secuestro perpetrado por la Partitocracia y el gobierno. Nuestra voluntad está secuestrada, nuestro amor democrático está secuestrado y el precio lo hemos pagado y lo seguiremos pagando sexenio tras sexenio.

Pero se ha dado un tercer desplazamiento. El de los poderes fácticos. Los poderes fácticos le han mandado la orden, orden que se escribió en una nota. El actual gobierno “light” comandado por más de 6 cientos de legisladores y por un Ejecutor como autor no intelectual acatará la nueva voluntad, escrita en una nota. Nota que tenemos que pagar. Esta nota dice. Reformen la Constitución Política y que se ejerza mi voluntad.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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Los Gadgets Constitucionales. “Deseos de una lógica capitalista”, por Enrique Puente Gallangos

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Las Reformas Constitucionales iniciadas por el “Presidente light” a finales del 2012, las realizadas en el 2013 y las que vengan, se nos presentan como un síntoma. Un síntoma que nos indica algo: Primero; que las reformas son a la Constitución; una Constitución que al parecer del Presidente, el Congreso de la Unión y de las Legislaturas de los Estados, no es considerada una estructura político, social, cultural, económica y lingüística, sino como dice Ferdinand Lasalle “una simple hoja de papel”,  “una simple hoja de papel” que puede ser garabateada, mancillada, violada impunemente. Llama la atención que la Asamblea del Distrito Federal no interviene en dichas reformas ¿la razón? Porque el numeral citado no lo dice y porque dicha Asamblea no es considerada un Congreso. Tecnicismos Constitucionales que lo impiden, ya que la Asamblea del Distrito Federal es el Órgano Legislativo de la Ciudad de México y que sus leyes no solo tienen esa cualidad de ser leyes, sino que en los pasados tres sexenios han tenido la claridad para identificar el contexto sociológico local, universal y global en el que se sitúa la Ciudad de México y hacen leyes que sirven como modelo para la vida política no solo del DF sino servirán como modelo a seguir  en todo el país.

Segundo; estas reformas al no ser consensadas, consultadas a la sociedad, no son legítimas sino impuestas. Imposición hecha por los poderes reales de poder como partidos políticos, empresas, sindicatos, etc. Imposición de factores fácticos de poder como intereses capitalistas, como empresas dedicadas al goce desenfrenado del sujeto, empresas manipuladoras que provocan el deseo, deseo de consumir, empresas que crean, producen y ofertan objetos, objetos que generan el goce, goce de compra y consumo.

Estos síntomas de ilegitimidad y de provocación social son invisibles a la lente de ese sujeto-consumidor. Invisibilidad provocada por la perversa psique mediática, provocada por el poder psíquico de la “lógica capitalista”. Lógica que muestra que si eres consumidor eres mexicano, y si eres mexicano tienes derechos, y si tienes derechos éstos son humanos, y si son humanos no pueden ser dañinos para el hombre.

Identificando esta sintomatología reformista constitucional, podemos decir que más que reformas, son “Gadgets” como dice Jaques Lacan “objetos de consumo, producidos y ofertados por la lógica capitalista”. Lógica capitalista que necesita ingenuos que compren y consuman, y de quienes se aprovechen de ellos. Ingenuos que compramos,  consumimos y gozamos.

La gran mayoría de estos sujetos-consumidores somos los que eligieron al “Presidente light” y los que no. Capitalistas que contratan a científicos, técnicos y profesionistas de todos los ramos, que se dediquen a producir objetos de goce, “Gadgets” producidos y ofertados para ser comprados y digeridos por nosotros. Gadgets Constitucionales que solo sirven de simulación social, Gadgets Constitucionales que solo sirven a la “lógica capitalista”, Gadgets Constitucionales de consumo breve, que no generaran ningún lazo social, ningún lazo nacional. Gadgets Constitucionales desechables sin una lógica social.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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Los “sobre-vivi-entes” de la “demo-cracia” mexicana, por Enrique Puente Gallangos

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¿Vivientes? o ¿sobrevivientes? de la democracia mexicana. Tal vez responder la pregunta de Alain Badiou: “¿QUIÉN ESTÁ HOY VERDADERAMENTE VIVO?” podría servirnos de referencia.

Néstor Braunstein dice que: “La vida, definida como el conjunto de las tendencias que resisten a la muerte, es según se ha visto la sobrevivencia”. ¿Quién está hoy verdaderamente vivo? El sobreviviente.

Los mexicanos en las pasadas 6 elecciones presidenciales hemos muerto democráticamente y somos sobrevivientes. Somos sobrevivientes de la democracia mexicana. Estas muertes simbólicas podríamos llamarlas “traumas” en las que podíamos decir que debíamos haber muerto pero no lo hicimos; luego entonces de esta muerte simbólica somos sobrevivientes. Trauma que divide un antes y un después de cada una de esas elecciones.

Sobreviviente que sigue hablando, pero no es el mismo que antes, sobrevivientes con el mismo nombre y apellido que no podrá volver a ser. Sobrevivientes con las mismas carencias y con las mismas faltas. Es un “sobre” un sobre sin mensaje, un sobre vacio. Es un muerto viviente, es un fantasma, es un “ente” un ser imaginario. En muerto que “vive”, que es un “sobre” vacío, que es un “ente” imaginario. Es un “sobre-vivi-ente” de los procesos democráticos fallidos en México. “Demo” pueblo, “cracia” fuerza; las democracias significan un pueblo fuerte, un pueblo unido. Pero en México la democracia está “traumatizada” está dividida.

No hay un pueblo unido, el pueblo no tiene fuerza. México tiene una “demo-cracia”. Somos los “sobre-vivi-entes” de la “demo-cracia” mexicana. El contrato social ha perdido su validez, los testigos de ese contrato son hoy un testigos lastimados por la democracia: Un testigo que al paso del sexenio intenta olvidar el trauma de la pasada elección, un testigo lastimado que reprime los real que lastima. Un testigo que no es el mismo que antes pero sigue teniendo el mismo nombre y apellido. Un testigo que se resiste a admitir que murió, que ya es otro y que sigue siendo el mismo. Un testigo que no se reconoce en el espejo y por ello deja de mirarse.

Sobres vacíos que intentan ser llenados por el Otro, el Otro con O mayúscula que vació el sobre, que dividió al pueblo, que debilitó al pueblo, que traumatizó al pueblo. El Otro ahora intenta llenar las esperanzas del testigo, intenta saciar el deseo del testigo con nuevas promesas; el Otro que provoca al testigo, que provoca al sobre-vivi-ente para que vuelva a verse en el espejo. El espejo de la Ley y del derecho. El Otro que promete y repite el discurso. Discurso sostenido en las leyes, leyes que ellos mismos hacen. Si el Otro repite sus promesas, siembra nuevas esperanzas.

Por qué no volver a preguntarnos: ¿QUIÉN ESTÁ HOY VERDADERAMENTE VIVO? El Otro con mayúsculas. El pueblo, el testigo, el sobre-vivi-ente, el que ya se mira en el espejo; está dividido, esta partido, está en proceso de duelo. Pero aun está ahí en la escena.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes y Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.


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Dumping mediático y elecciones, por Carlos Antonio Villa Guzmán

Exigir transparencia y equidad electoral en un país que carece de instituciones democráticas o son éstas débiles, equivale a pedir un hot dog en un barrio chino.
El dumping mediático que favoreció la candidatura de Peña Nieto es legal, más no legítimo. La democracia se fundamenta en legitimidad, que en este caso es sinónimo de equidad y transparencia.

¿Qué es el dumping mediático?

Tal como sucede en el mercado con las prácticas desleales (condenables pero no prohibidas) del comercio internacional, de donde procede la palabra dumping, igualmente se utiliza el término en las justas deportivas donde ciertas prácticas son consideradas como ilegales para la normatividad que rige tales actividades. En la competición política también se incurre en conductas o actividades que pudieran ser calificadas como ventajosas y por tanto ilegales, mas no se encuentra reglamentado su ámbito, desafortunadamente.

Si el dumping para un atleta equivale a dotar el cuerpo de sustancias que le dan más capacidad física o resistencia durante la competencia y con ello estar en ventaja sobre sus oponentes, en el caso de una contienda política el dumping consiste en contar con el mayor tempo de exposición favorable en los medios de comunicación, esto es, haber aparecido como cliente frecuente en programas o spots, asimismo promocionar mediáticamente actos de gobierno, eventos privados o cualquier actividad que logre construir imaginarios colectivos en gran escala. Esto es el dumping mediático y su medición se basa, entre otras técnicas, en las encuestas que se realizan en forma paralela a los procesos políticos, independientemente de que éstas ya también sirven al dumping.

Cuando un juez detecta dumping, inmediatamente el competidor queda incapacitado a participar en la prueba. En el caso del juez electoral y los árbitros que regularon parcialmente la elección que se llevó a cabo el 1° de julio en México, no hubo manera de sancionar lo que sectores de la sociedad y algunos medios de comunicación sí detectaron: que se estaba cometiendo dumping. La promoción de la imagen del candidato del PRI, se adelantó cerca de seis años. El posicionamiento o branding, estuvo logrado con antelación a otros candidatos, salvo el caso de López Obrador quien a su manera mantuvo la proyección de su imagen pública por medios no convencionales. La candidata del PAN entró tarde a la contienda y además lo hizo con una estrategia de comunicación y personalidad muy por debajo de los niveles de una campaña presidencial.

Cuando se comprueba que un medallista obtuvo la presea por medio del dumping, ésta le es retirada en medio de escándalos que se publicitan como si fuese un crimen. En cambio, en el caso del dumping que impulsó a Peña Nieto, las autoridades reguladoras y calificadoras de las elecciones, no tan sólo no eliminaron de la prueba antes de competir en las urnas a este competidor dopado, sino que después de obtenido el triunfo se lo reconocen de forma unánime, sin ninguna cortapisa. Los medios patrocinadores esperadamente opacaron todo.

En el colmo del desbarajustado desequilibrio electoral, a quienes protestan desde la tribuna y a través de diversos frentes por la evidencia del dumping al que se sumaron otras trampas, en este caso el intento de la compra masiva de votos en niveles superlativos y ultramillonarios, se les señala como incapaces de dar una prueba.

Sin embargo esto sucede porque la ley se queda corta, es fácilmente desbordada por quienes aplicaron el dumping sin ningún impedimento o escrúpulo. Por esta ocasión no van a retirar la medalla los jueces porque no está estipulado en sus reglamentos que se prohíba el dumping.

Quizá para las próximas elecciones se dé con los mecanismos que impidan estas prácticas desequilibrantes que ponen seriamente en entredicho la democracia.

Por ahora el daño ya está hecho sin posibilidad de retroceso, por lo que quienes conforman la opinión pública en contra del desenlace, tendrán que acatar finalmente el resultado, ya que esta gran falta cometida de alguna forma es conjunta entre los distintos actores que participaron en la elección. Es un vacío legal el que impide (a pesar de la Reforma de 2007-2008 que reglamentó equitativamente los pautados de los tiempos en los medios de comunicación) que la exposición de una candidatura reciba un trato preferencial mediático soportado en los formatos que tienen los medios, especialmente la televisión. En el caso de este candidato electo el dumping fue más intenso aún, dado la especie de libreto donde tiene una presencia destacada la esposa y actriz que lo acompaña y hasta el propio accionista mayor del monopolio televisivo que se ha retratado en varias ocasiones con el elegido.

Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


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El ciudadano democrático, por Carlos Antonio Villa Guzmán

La democracia es producto de ciudadanos como respuesta a las tiranías soberanas o totalitarismos impuestos desde las cimas del poder. Se construye y funciona en esencia a base de mayorías y de otros factores que la conforman como un sistema de régimen político. Entre ellos podemos considerar los procedimientos necesarios para la rotación del poder mediante la participación de quienes acuden a elegir o ser elegidos, al igual que otras condiciones que hacen de este ejercicio pacífico la única posibilidad de convivencia entre quienes conforman las naciones como individuos que ejercen libremente todos sus derechos. En el ámbito internacional, la democracia sigue operando en un campo que obedece reglas basadas en la búsqueda del consenso mayoritario para efectuar los múltiples tratados de impacto global.

La democracia hace propicio el pacto social entre los distintos actores que ven por sus intereses de cualquier índole, para lo cual existe el marco constitucional que los ampara, respalda, regula, condiciona e incluso les inhibe o coarta libertades cuando llegan a ser contrarios al interés del consenso.

A diferencia de las naciones donde tuvo origen y se fraguó la democracia con el fortalecimiento de la esfera pública, conformada sobre todo por la burguesía floreciente que antecedió a la clase media, en los Estados colonizados donde llegó a ser implantada mucho después de que consiguieron sus independencias, surgen distintos inconvenientes que no ha sido posible superar. Por principio en estas naciones, como México, las masas fueron enseñadas más a venerar y respetar a los amos y superiores, que a modificar o intentar cambiar el orden social. De ahí que los caciquismos hayan proliferado históricamente en todos los sectores, desde el campesinado al obrerismo y hasta la gran burocracia junto con las estructuras partidistas. Toda la armazón del régimen, desde la presidencia de la República hasta las fractales que se replican por el país señalan ese patrón en el que el diseño de la imposición del poder y la fuerza para perpetuarlo, invariablemente han emanado de las cúpulas, en lugar de hacerlo desde las bases que simplemente obedecen y sirven.

Además el tapiz sociocultural mexicano hace que persistan costumbrismos ancestrales e igualmente una población que rebaza en número a otros sectores, la cual se haya muy distante de representar realmente una ciudadanía.

Se trata de la gran masa cuyo rezago cultural, específicamente en materia política, le vuelve dúctil a las voluntades de la élite. En esta franja poblacional, como lo acabamos de ver, se decide el mapa político que relevará al actual, como ha sucedido a partir de 1990, cuando se crean organismos ciudadanizados o no partidistas que se involucraron en los procesos electorales. Sin embargo éstos no alcanzaron a tener los niveles de autonomía necesarios con respecto de los partidos u otros poderes, incluso de facto, por lo que los procesos electorales de 2006 y 2012 manifestaron múltiples irregularidades que dieron origen a varios litigios que no han concluido. En esta ocasión las faltas comienzan a ocurrir aún antes del comienzo de las campañas, cuando la expectativa mediática construyó la candidatura de Peña Nieto respaldada por grupos de empresarios cuya apuesta les redituará ampliamente para incrementar sus emporios.

El gran problema de México es la corrupción.

De ahí parte todo lo demás, inclusive la posibilidad de acrecentar la cultura ciudadana, cooptada por dichos poderes fácticos, en especial los medios de comunicación cuyo poder doblega al Estado quedando a merced de los corporativos locales y lobbies internacionales que aprovechan la coyuntura política al máximo, dejando aproximadamente la mitad de la población con una marginalidad de vida entre las peores en América Latina. Este sentimiento  lo manifiestan las protestas populares que se alzaron contra la imposición del candidato del PRI: “Televisa te idiotiza”.

Con este escenario que además de crear incertidumbre y desconfianza tiende a ser turbulento, no existirá democracia México, comenzando con el obstáculo mayúsculo que imponen los medios de comunicación que forman un bloque; en especial la televisora y algunos diarios, que por años se han dedicado a construir imaginarios a favor de que no cambien las cosas. Recrean el país ideal, cuya divisa es el consumismo mediático y por ende la racionalidad de las multitudes acondicionada a la que exhibe este poder fáctico.

Por estos motivos, principalmente, será casi imposible que un partido de izquierda llegue al poder y logre transformaciones. Y eso es precisamente una de las características de la democracia; la participación equitativa de todas las fuerzas sociales en los procesos políticos.

El derecho cancelado de antemano para que gobierne López Obrador, nos semeja a las peores dictaduras padecidas en este continente y otras partes del mundo, donde el pueblo es visto como la correa de transmisión de los intereses concentrados en la élite.

Con su ignorancia y vida carenciada, la gente legitima esta clase de poderes que se pueden perpetuar ad infinitum, teniendo para ello los recursos en una cuantía difícil de calcular, tomando en consideración la hibridación del capital ilícito con el resto del capital.

México entra en una etapa que supera en dificultad a las anteriores crisis recientes que se dieron a partir de la manipulación de los procesos electorales, con la venia de las autoridades elegidas supuestamente para vigilar escrupulosamente la limpieza y autenticidad de dichos procesos, de lo cual se abstuvieron en tanto cobraron puntualmente “sus servicios”.

La confianza en las instituciones en México se convierte así en letra muerta, como sucede con esta clase de reglamentación electoral que se presta más para la simulación, que para un proceso cuya legalidad no deje lugar a ninguna clase de dudas.

Los delitos electorales como los cometidos en 2006 y 2012, debieran ser castigados como delitos federales que no otorguen el derecho de fianza a quienes cometen tales latrocinios. Una muestra de justicia y equidad en esta vorágine política sería un buen ejemplo de que la Constitución tiene vigencia. Lo otro es incitar a la desobediencia civil, al desenfreno de las masas justamente indignadas, situaciones que nos recuerdan las ideas de Ortega y Gasset, quien describió excelsamente en su obra el fenómeno de las rebeliones.

 

 Carlos Antonio Villa Guzmán es Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO, es profesor-investigador del Departamento de Estudios de la Comunicación Social en la Universidad de Guadalajara. Actualmente estudia el doctorado en Política y Gobierno, en la Universidad Católica de Córdoba y Administración Pública, por la Universidad Complutense de Madrid. Blog Voces Libres: http://carlosvillaguzman.blogspot.com


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Nada tiene consecuencias: Notas de una observadora electoral, por Dorismilda Flores Márquez

“Nos utilizaron para legitimar una elección que hace años estaba ganada”, me dijo un joven funcionario de casilla, unos días después de la elección. Durante la jornada electoral fue él quien hizo las bromas que alegraron el día a sus compañeros, pero el día que lo encontré en la calle se veía serio, llevaba la decepción en el rostro. Me contó que no le sorprende que haya ganado Peña Nieto, sin embargo le indigna que tantas denuncias de irregularidades, en el mejor de los casos, deriven en una gran multa. Considera que estas trabas en la legislación son una burla al trabajo de los ciudadanos.

En mi caso, fui observadora electoral ciudadana, acreditada por el Instituto Federal Electoral. Tanto el día de la jornada electoral, como en los días de los cómputos distritales en Aguascalientes —en algunos de los cuales, por cierto, se recontaron todos los votos—, vi ciudadanos, funcionarios de casilla, representantes de partido, trabajadores del IFE, que hicieron su trabajo lo mejor que pudieron. En las casillas que recorrí, hubo errores, por supuesto, como funcionarios de casilla que confundieron las boletas sobrantes con los votos nulos, que olvidaron colocar la hoja rosa del PREP por fuera del paquete, o que registraron mal algún dato; ser funcionario no es algo que hagan cotidianamente y no son expertos en las labores que ese día tuvieron que desempeñar, además de que suelen lidiar con la presión de los votantes que esperan a que la casilla se termine de instalar y con el cansancio de permanecer ahí durante al menos 12 horas. Sin embargo, se trató de errores que pudieron ser corregidos en los cómputos distritales. Puedo decir que hubo limpieza, al menos en esa parte del proceso.

En los cómputos distritales, observé también que los trabajadores del IFE y los representantes de partidos, así como los consejeros distritales, estaban muy atentos al recuento de los votos y a la discusión sobre los votos que se enviaban a reserva, por haber generado dudas sobre su clasificación. Para los consejeros, se trató de jornadas extenuantes, de alrededor de 80 horas continuas en las que apenas tenían unos ratos para dormir y regresar a las labores del cómputo. Hubo complicaciones, en algún distrito tuvieron que esperar ocho horas, para que el sistema validara un resultado; lo cual retrasó la entrega de la constancia de mayoría a quien resultó ganadora como diputada. Incluso, en una sesión del consejo local, un consejero afirmó que la “innovación” de la plataforma del IFE fue un fracaso.

Releo una y otra vez las notas que tomé, durante la observación. Sigo pensando que el trabajo ciudadano fue ejemplar, en lo que vi. Sin embargo, como el joven funcionario de casilla que habló conmigo en la calle y como muchos mexicanos, creo que las irregularidades estuvieron en otro lado, en la inequidad que se observó durante el tiempo anterior a la elección, en una cobertura mediática parcial, en la descarada violación de las reglas y las increíbles limitaciones de las mismas. Qué más da comprar o coaccionar el voto, exceder los topes de campaña, vincularse con gente de dudosa reputación, si todo puede resolverse con una multa que habrá de pagarse cuando ya se haya tomado posesión.

Más allá de la persona que ostentará el cargo de presidente y de los partidos que lo respaldaron, el asunto no es quién ganó, sino cómo. Si en este país nada tiene consecuencias, tal vez nada tenga remedio. Pero si en este país somos capaces de cuestionar las incongruencias de nuestro sistema electoral, de proponer alternativas y de buscar los cauces, otros escenarios serán posibles… tal vez no escenarios perfectos y transparentes, pero al menos escenarios con una legitimidad mayor que la de 2012 y la de 2006.

 Dorismilda Flores Márquez es Licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Maestra en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el ITESO y estudiante del Doctorado en Estudios Científico-Sociales en la misma institución. Solía editar El Cafecito, casi siempre de madrugada.


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La ciudadanía tiene el gobierno que se merece, por Magali de la Soledad Villalpando

Según un dicho que se comenta entre comunicólogos, politólogos, historiadores, es decir, quienes se encargan del estudio de las diversas ramas de las ciencias sociales, nos tienen acostumbrados a mencionar la frase: “La ciudadanía tiene el gobierno que se merece”. En verdad, usted como ciudadano, individuo que lucha día a día para llevar el alimento y cubrir las necesidades básicas de su familia, ¿cree en esta frase?, ya que el desempleo y la pobreza, poco a poco, cubre más extensión de la población mexicana, no entiende de dichos o de letras, simplemente se tiene posibilidades de subsistir, o no.

De acuerdo a las encuestas, el grado de credibilidad que se tiene de la política en México se encuentra por debajo de varias instituciones, entre ellas la Iglesia[1]; por ende, el régimen político en nuestro país siempre lleva implícito la consigna de discursivo y falaz; y expresamente corrupto.

Se dice que cada quién habla como le fue en la feria; sin embargo, con respecto al tema, tenemos dos puntos de vista, el de la clase política y por el otro, la voz de la ciudadanía.

En primera instancia tenemos a la clase política que según varios autores[2], se va renovando en diferentes ciclos; está a su vez, tiene varias élites, las cuales modifican la clase o conjunto de personas, sin, esta perder sus propias características y su modo de operación. En nuestro sistema mexicano, la clase política sería igual a todos los recursos humanos que usted ve en la división de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, entre otros. Y el cartel de élites; sería los diversos partidos, grupos u organizaciones que no formalmente tienen el poder, pese a que ya tuvieron la oportunidad de estar en algún momento en algún puesto o algún día lo estarán.

Del otro lado, la sociedad civil, son todos los que en conjunto forman parte de la población de la nación, los que en la cotidianidad no tienen en sus manos la toma de decisiones de las masas o gubernamentales. No obstante, sin ese conjunto que forman los individuos no se podrían generar redes que determinen la responsabilidad y obligación de  tener una representatividad como pueblo.

Al ya entender la separación que paradójicamente es un complemento, es decir, sin ciudadanos, no existiría la clase política y viceversa. Siempre se le indaga al ciudadano que tiene el gobierno y los gobernantes que se merecen.

Cabe señalar que quien crea los instrumentos educativos y la cultura cívica de los individuos son los representantes y el aparato gubernamental y no los ciudadanos. Dicen que tiene más culpa el que permite la acción que quién la origina, aquí es donde el ciudadano comete el error de mostrarse apático a las acciones políticas y, por ende, siempre se le relega de la toma de decisiones.

En nuestro México, pareciera que no existe una conciencia política del cambio y la transformación en la estructura gubernamental, en la cual, los cacicazgos ya son normales y los procesos de renovación siempre son los mismos, ya no hay sorpresas. Cuando los personajes que detenten el poder dejen a un lado sus soberbias y egos personales, se dediquen a realizar su trabajo y se forme un conjunto de un pensamiento proactivo, el país irá girando en su entorno y marcará la pauta de otro porvenir, con nuevas expectativas de una calidad de vida distinta; mientras tanto seguiremos avanzando dos pasos y retrocediendo tres.

Magali de la Soledad Villalpando, basada en el aprendizaje cotidiano de las mínimas a las máximas circunstancias, de todo cuando existe ya sean personas, cosas o la naturaleza… impulsada por cada instante, amante de la vida y vagabunda por condición.


[1] Institución opuesta al régimen político a lo largo de nuestra historia.

[2] Gaetano Mosca y Robert Michel.