El Cafecito


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Feliz “naviestrés”, por Luis Buero

La figura de Papá Noel proviene de una leyenda que se basa en la vida de San Nicolás de Bari, santo que según la tradición, entregó todos sus bienes a los pobres para hacerse monje, distinguiéndose siempre por su generosidad hacia los niños. Su imagen cruzó fabulosamente distintas edades de la humanidad, y llegó hasta los shoppings imperturbable, constituyéndose en la invocación laica más universal, y por otro lado, la más comercial que existe. No hay tienda o galería de negocios famosa donde no se promocione su estampa con la ayuda de muñecos, o de algún actor amateur, que se calza una barriga de utilería y entretiene a los chicos mientras los papis ponen al rojo vivo sus tarjetas de crédito en los locales.

Sí, porque es ahora o nunca cuando, por imitar a Santa, comienza el pánico de billeteras y cajas de ahorro, ya que a partir de mediados de diciembre pareciera que no podemos saludar a nadie sin llevar un regalito debajo del brazo. Y nos contagiamos la enfermedad de esos días: la naviestrés.

Sus síntomas aparecen cuando, con el florecer de arbolitos de navidad por toda la geografía argentina, los papis se enteran de reojo lo que sus críos escriben en las cartitas al gordito del trineo y los renos, y descubren el sentido de aquella frase mística que indica que no se puede contener un océano en un vaso. Y como la onda es regalar, nuestra lista crece: se suman los compañeros de oficina que juegan al regalo del amigo invisible, los parientes lejanos que no se sabe porqué este año decidieron abandonar su iglú en el ártico y anuncian su próxima visita, vecinos que nos proponen juntar las celebraciones en una sola casa, clientes y proveedores que no deberíamos desatender, en estas horas en las que hasta los enemigos nos sorprenden con un souvenir.

Entonces, la fecundidad de lo insuficiente nos indica que es el momento de iniciar el recorrido por los negocios de todo por dos pesos, y de recordar que en el placard hay presentes que nunca usamos y que a otros les vendrían bien, otros que ni se darán cuenta que el paquete y el  moño lo hicimos nosotros. Ropa, libros, cosméticos, discos de música, son las elecciones más fáciles para los adultos. Con los más pequeños distinguimos entre los sedentarios que amarán un videojuego o los polvoritas a los que le encantará una pelota. En épocas de vacas gordas Santa Claus puede traer equipos de audio, pasajes de avión, instrumentos musicales.

Y en días de crisis lo he visto resolver el tema en casa de manera cómica y simbólica: en el arbolito había latas de tomate para las mujeres, maquinitas de afeitar para los hombres, jabones de tocador para los ancianos y bolsitas de caramelos para los chicos. Pero lo mágico y maravilloso siempre perdura, porque el amor no está representado por los regalos, sino por el comer unidos esa hogaza de pan, sí, la comunión, así como lo indica  la palabra, en su tan sabia etimología.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social.  Colabora para el cafecito desde Argentina. Visita su sitio:  http://www.luisbuero.com.ar


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Espejitos de colores… ¡llame ya!, por Luis Buero

El 12 de octubre de hace más de quinientos años, don Cristóbal Colón llegó a estas tierras y los atónitos habitantes de América vieron cómo de sopetón les desembarcaban en un instante toda la cultura, la religión, y el sistema de vida de los europeos.

Los hombres blancos traían consigo los “adelantos”: las armas de fuego, la rueda y  los espejitos de colores, y se llevaron todo el oro de indígenas cuya civilización fue herida de muerte con algo más fuerte que el hierro y las armaduras: la sociedad mercantilista, y la idea de que sin ella no podemos vivir.

Desde entonces se instaló una filosofía que maduró en las colonias luego de las invasiones inglesas y que jamás se detuvo hasta hoy. Porque españoles, ingleses y finalmente americanos, se encargaron de contarnos que no somos de carne sino de costumbres, y la principal es la del consumo.

En síntesis, todo lo que yo supuestamente requiero para ser feliz hay otro que lo está inventando y me lo puede mandar a casa sin que yo levante el trasero de mi silla.

Hasta hace unos diez años todavía era posible que un vendedor golpeara la puerta de tu casa para ofrecerte alarmas contra robo o cacerolas de acero inoxidable. Hoy le toca el timbre a tu pantalla, porque los medios electrónicos permiten el “call to action”, técnica de mercadeo que viene de United States, y que desde Panamá hasta Ushuaia intenta que el telespectador se motive y compre por impulso un producto pensado para su satisfacción.

¿Y qué le ofrecen? Cosas imprescindibles: una máquina para pelar huevos duros, un cuchillo regulable para cortar fetas perfectas, una caña de pescar que se puede llevar en la guantera del auto, plantillas para zapatos que te hacen adelgazar, la crema de baba de caracol para el acné y las arrugas, y el audífono que permite escuchar hasta cuando chocan dos hormigas.  Y si te comunicás ya, te mandan otro de regalo. O sea que en vez de tener una cosa al cuete, por el mismo precio obtendrás dos.

Los dueños de empresas que crean esta “Shopping Tv” y que generan estos infocomerciales aseguran (aunque no hay estadísticas que lo comprueben) que cada vez son más las personas interesadas en adquirir esos utilitarios por este sistema.

Todo es posible, sin embargo creo que el argentino, y con razón, es extremadamente desconfiado y le cuesta largar un peso antes de manipular las mercaderías y ver si realmente cumplen lo que prometen, o simplemente sentir qué les devuelven los objetos al tacto.

Aún así, expertos en marketing afirman que hay televidentes que son reactivos ante la “offer tv” y compran por impulso. Y muchas veces se ensartan con algún accesorio impresentable que no sirve para nada.

Pero el antídoto para ellos es imitar a nuestras abuelas, que no se llevaban ni un tomate sin tocarlo y sopesarlo, o mejor, recordar al noble  romano Séneca, aquel estoico filósofo que dijo alguna vez: “cada día son más, las cosas que no necesito”.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social.  Colabora para el cafecito desde Argentina. Visita su sitio:  http://www.luisbuero.com.ar