El Cafecito


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Sancho Panza está enojado, por Luis Buero

Desde que era chico mi familia, mis maestros, todos los que me rodeaban me presentaron la realidad como un juego de dicotomías entre opuestos aparentemente contradictorios. Y las posiciones eran Dios o el Diablo, Aristóteles o Platón, San Martín o Belgrano, Perón o Evita, Guevara o Fidel,  Lennon o McCartney, Porcel u Olmedo, Serrat o Sabina, Freud o Lacan y, por qué no ahora, Palermo o Riquelme.

Ya sé que no se trata de discutir si le vamos a dar la razón a Nietzsche o a Heidegger, pero en un país en el que tenemos la cabeza hecha pelota (por lo futboleros que somos, quiero decir), un conflicto más de todos los que parece sostener Riquelme son primera plana en los medios y no por ser una noticia de color nos impide hacer una pequeña reflexión. Al menos a mí.

¿Qué le pasa a Riquelme? No lo sé, pero su frase “así cualquiera hace goles” referida al súper premiado Palermo, nos puede dar una pista, una ventanita para asomarnos. No se trata de un “atolondradicho” casual, sino de una denuncia casi universal.

Veamos. Palermo me recuerda a Artime, un goleador famoso que siempre estaba en el área grande contraria, esperando. Los demás entramaban la jugada como una forzada tela de araña, luego él recibía el pase final, la metía en el arco y recogía, obviamente, la gloria.

¿Cuál sería, me pregunto, el destino de los Artime y de los Palermo sin todos los “hombres sin rostro” que armaron la estrategia anterior y se la dieron servida? No existirían, pero a los otros, con el tiempo, nadie los recuerda ni les otorga records.

Ese es nuestro gran problema, somos una nación narcisista y solo reconocemos al que llega, no a la maraña que lo empuja y sostiene. Todos queremos ser Don Quijote, ninguno se imagina como Sancho Panza.  ¿Y qué sería el Quijote sin Sancho Panza? Un loco perdido en el desierto. Sin embargo la novela lleva su nombre.

Pero el problema en el caso del fútbol, precisamente, es que se trata de un deporte de grupo. Sí, grupo, una palabrita que nuestra visión individualista y “messiánica “(por creer que Messi solito nos puede salvar en el Mundial) nunca nos deja comprender del todo.

Grupo es un vocablo de origen italiano que no tiene mucha antigüedad en los idiomas del mundo. Más bien nos despierta desconfianza, la sensación de que en él vamos a perder la identidad. Sin embargo hay una red de prójimos que nos constituye a cada minuto. Sí, el grupo es mucho más que la suma de las partes y el individualismo será siempre un absurdo error antropológico.

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para El Cafecito desde Argentina. Visita su sitio: http://www.luisbuero.com.ar

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