El Cafecito


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Ciudadanía educada y ejercicio de la ciudadanía, por Noe García Gómez

Utilizaré este artículo para lo siguiente; leí el  artículo de Doris con interés y atención, estoy de acuerdo en gran parte de lo que dice, creo que el concepto de la política que trata de hilvanar se lo han o nos lo hemos ganado a pulso los políticos. Pero ahora yo haré de “abogado del diablo” y utilizaré el mismo método para la cuestión de los ciudadanos. Ojalá esto sea una discusión propositiva y un debate interesante para los lectores.

Test: ¿Eres un buen ciudadano?

1.- Vas en tu coche escuchando las canciones de moda en tu auto-estereo, cuando en un alto se te acerca un anciano, indígena, limpiaparabrisas, etcétera, y te pide unas monedas. ¿Qué haces?

a)     Le dices “¿qué le hace falta y en qué le puedo ayudar?”, además de que piensas en la injusticia económica y de mercado que priva en el país por causa de ese mal gobierno.

b)     Le das las monedas de menor cantidad que encuentras en tus bosillos para expiar tus culpas y arrancas tu carro pensando “qué dadivosa(o) soy”.

c)     Subes inmediatamente el vidrio y “ni los miras ni los oyes”, piensas que es gente floja a la que no le gusta trabajar y que, si esta así, es por que no aprovecha las oportunidades que hay en este país.

2.- Estás viendo la televisión y, por mera casualidad, se atasca el control en el noticiero y, por flojera de pararte a cambiarle, te lo chutas. En las noticias hablan de que la economía esta inestable, de que las guerras en oriente matan cada vez a mas niños, que subirán los precios de la canasta básica.  ¿Qué piensas?

a)     En la ineptitud de tus gobernantes y tratas de ver la forma de organizarte con amigos y/o vecinos para enviar cartas o visitar a los que te gobiernan, y recriminarles:  ¿qué es lo que están haciendo?

b)     Te da tristeza con las imágenes de los niños muertos, crees que se debe hacer algo por la economía, y piensas “qué mala onda será para los que se alimentan de esa canasta”, pero cuando termina el noticiero cambias de canal y sigues unas horas viendo videos de MTV, como si nada.

c)     Ves las imágenes una tras otra, oyes los comentarios sin inmutarte, y terminas hastiado de que pasen problemas que a ti no te incumben y optas mejor por sacrificar la comodidad del sillón y te levantas a cambiarle a la tele.

3.-Es época de campaña electoral, ves en la calle infinidad de anuncios de los candidatos, en la TV y la radio te bombardean de spots con frases cortas a las que no hallas ningún sentido, y concluyes que la campaña de los candidatos no te dice nada. ¿Qué haces?

a)     Investigas el historial de los candidatos, buscas y analizas su plataformas electoral y de gobierno (que por ley las registran en los órganos electorales) y comparas toda esa información para decidir tu voto o abstención, en su caso, pero lo haces conciente y con bases.

b)     Te da risa que, campaña tras campaña, los políticos dicen y prometen lo mismo, y el día de la votación sufragas por el candidato más guapo, el partido que esta de moda o simplemente no asistes a votar (y qué, si todos son lo mismo).

c)     Cada que empiezan los spots, le cambias a la radio o la TV y, si de casualidad te encuentras en una plática de política, te retiras o cambias rápidamente de tema; el día de la votación, ni por casualidad se te ocurre votar.

Resultados

Si contestaste con:

Mayoría de a: Eres un excelente ciudadano, el país necesita de gente como tú, ¡felicidades!

Mayoría de b: Eres un mal ciudadano, pero se te reconoce que aún eres humano y tienes sentimientos.

Mayoría de c: Creo que el concepto de ciudadano ni se puede aplicar en ti, francamente creo que eres el reflejo de que la humanidad está en decadencia.

a dónde vamos a llegar

Nuestra Constitución establece los derechos de los ciudadanos en su artículo 35 y dice:

·   votar en las elecciones populares

·   poder ser votado para todo cargo de elección popular

·   asociarse libremente de forma pacífica para tomar parte de los asuntos políticos del país

Y en el artículo 36 de las obligaciones dice:  votar en las elecciones populares en los términos que señale la ley.

Además, el COFIPE (Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) puntualiza los derechos y obligaciones del ciudadano en su artículo 5 que, entre otros, establece:

·   constituir partidos políticos y agrupaciones políticas y afiliarse a ellos de forma individual y libre

·   participar como observador electoral

Y es obligación integrar las mesas directivas de casilla.  En estos derechos y obligaciones confluyen una gran cantidad de formas de participar en la vida pública y política.

Ahora bien, John Stuart Mill decía que “para la democracia se requieren ciudadanos activos, ya que los gobernantes, independientemente de su ideología, preferirán a ciudadanos pasivos, ya que con mucho gusto los convertirían en un rebaño de ovejas dedicadas únicamente a comer pasto una al lado de la otra y a no lamentarse ni siquiera cuando el pasto escasea”[1].

Cuando se habla de democracia se habla a favor de ella. Se preocupan por su futuro y las virtudes que tiene. Pero pocos la practican y citando a José Antonio Crespo:

“… opuesto a lo que comúnmente se cree, la democracia no está diseñada para actores democráticos, sino exactamente lo contrario. La democracia tiene una arquitectura institucional sobre la base de que no va a lidiar con actores solidarios, honestos, altruistas, patrióticos. No, la democracia es un modelo político para no demócratas. Por eso la división de poderes, los límites constitucionales, vigilancia de los medios, la descentralización de la política, la fiscalización electoral, la rendición de cuentas” .

Y yo agregaría el voto de castigo del ciudadano a los malos políticos y las formas de participación ciudadana, prosigo con la cita:  “En la democracia, todos vigilan a todos por que nadie confía en nadie.”[2] Esto quiere decir: no nos asustemos por lo malo de nuestros políticos, asustémonos de no ejercer los medios e instrumentos que la democracia tiene para que estos políticos nos rindan cuentas.

Las citas anteriores nos podrían dar un panorama personal e individual de nuestra actitud como ciudadanos, ¿qué hemos hecho nosotros para exigirle a nuestros gobernantes? ¿Estaremos cerca de ser ese rebaño de ovejas que no se inmuta ni siquiera cuando el pasto escasea? ¿Creemos que la democracia por si sola debe traer la solución de los problemas del país? ¿O somos flamantes ciudadanos ejerciendo los derechos que la democracia nos otorga y entendiendo por derechos no sólo el acto de votar, sino toda esa gama de participación política, participar en ONG’s, asociaciones civiles, agruparnos libremente, debatir y discutir la cosa pública, exigir a nuestros gobernantes, ya sea por medio de escritos, colecta de firmas, asistir a marchas y mítines, quejas en los medios de comunicación, etcétera?

Al igual que el artículo de Doris, soy un mucho pesimista. Pero en este caso sí hay que proponer, la gran mayoría de la población lo sabe y, si no, se los recuerdo: PARTICIPACIÓN, CONCIENCIA INDIVIDUAL Y COLECTIVA y CIUDADANÍA ACTIVA.  Aquí yo no pido propuestas, sino de que se pongan en marcha las tres anteriores. ¡Háganlo por favor!  Y prometo firmemente respetar sus derechos y apoyar en todas sus acciones que fomenten la democracia y mejoren la vida política de nuestro país.

fuentes

1 J. S. Mill, Cosideraciderations on Representative Government, University of  Toronto Press, p. 406.

2 José Antonio Crespo, Física de la polarización, el universal 7 de octubre de 2004.

Noe García Gómez es Licenciado en Ciencias Políicas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Aguascalientes;  es Presidente del Servicio Estatal Electoral del PRD en Aguascalientes.

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Del abismo entre la esfera política y el pueblo, por Dorismilda Flores Márquez

Test:  ¿tu político te hace caso?

1.  Estás en Internet, chateando con un guapo ucraniano (o una guapa ucraniana), cuando alguien osa tocar el timbre de tu casa; te asomas y ves que es tu político.  ¿A qué viene?

a)  A ver cómo estás y si necesitas algo.

b)  A pedirte que votes por él, se ha postulado para otro cargo.

c)  A invitarte a una excursión al Castillo de Chapultepec y la Basílica de Guadalupe.  La idea es llevarte a algún mitin de su partido, pero cree que no lo sabes.

2.  Después de zappear tres horas, encuentras un programa de televisión donde tu político está dando una entrevista.  ¿De qué habla?

a)  De tus necesidades y la manera de resolverlas.

b)  De cuán maravilloso que es su gobierno o su partido.

c)  De las cuentas de Montiel.

3.  Tu político pasa casualmente frente a una montaña de pacas de dinero.  ¿Qué hace?

a)  Pregunta inocentemente si alguien olvidó el dinero ahí.

b)  Le brillan los ojitos, cual McPato, y toma todo el dinero con movimientos rápidos, lo guarda en el portafolio, las bolsas del saco y hasta en los calcetines, no le importa que lo vean los demás.

c)  Lanza su celular contra una ventana para romperla, cuando todos van a ver el vidrio roto, guarda todo el dinero con movimientos muy muy pero muy rápidos, se va con los de la ventana rota, recupera su celular y pregunta si alguien sabe qué pasó con el dinero.

Resultados

Si contestaste con:

Mayoría de a: Tu político es lindo y a lo mejor también decente, proponlo para la presidencia.

Mayoría de b: Tu político es francamente nefasto, aunque debemos reconocerle que, al menos, no esconde lo que hace.

Mayoría de c: Tu político es una rata inmunda, ente indeseable, cosa horrible o equivalente, no le interesas en lo más mínimo, lo que quiere es acarrear agua a su molino que, dicho sea de paso, no es el tuyo.

El abismo

Se supone que la política es una actividad de todos, que los hombres instintivamente buscan la asociación política1, que nace del “entre-los-hombres” 2 y que es “el único medio para llevar a cabo la voluntad colectiva” 3.  Se supone, además, que vivimos en democracia y que ésta conduce a la participación de todos para tomar decisiones colectivas, a través de representantes ciudadanos4.

Suena maravilloso, pero también lejano, ajeno, porque no es algo que veamos que ocurra.  El común de los mortales vemos que hay políticos que vienen a buscarnos para que votemos por ellos, que repiten los mismos discursos de siempre, con las mismas promesas de siempre; y olvidan todo tres segundos antes de llegar al poder, luego, recuerdan que existimos en la siguiente campaña o cuando necesitan acarrear gente.  Vemos campañas millonarias que dicen poco – cuando logran decir algo, que no es muy seguido –; espectaculares y spots de televisión con las caras de nuestros gobernantes, candidatos y ahora también pre-candidatos, mientras hay calles sin pavimento, personas sin empleo y familias sin comida.  Vemos que todo el dinero usado en campañas y pre-campañas se va por un caño cuando al candidatito se le ocurre declinar a favor de un cuate o simplemente renunciar o dejar su hueso para ir en busca de uno más grande.  Vemos gobernantes que nos hablan de un México maravilloso, perfecto, sin problemas; y la imagen que nos dan nada más no concuerda con lo que vemos de corrupción, impunidad, inseguridad, desempleo y demás.  Vemos que se habla de las cosas horribles de Montiel, Madrazo, los panistas, López Obrador, Bejarano, el Niño Verde, Elba Esther y otros muchos muchísimos; que ellos se ocupan de sus propias broncas y se preocupan por sus propias familias; pero nadie se ocupa ni se preocupa de la familia Pérez, que no ha comido en tres días, o de Sarita que no tiene dinero para ir a la universidad, y cuando alguien se ocupa, es una organización no gubernamental o una fundación de alguna empresa.  Vemos a los políticos en su mundo, en su esfera, discutiendo siempre lo mismo; y a nosotros, bonito pueblo, padeciendo siempre lo mismo.

Para no hacer esto más largo, vemos políticos no políticos, no democráticos, porque ni buscan que se haga la voluntad colectiva ni representan nuestros intereses, sino los de ellos.  Vemos que se alejan cada vez más, que se van trepando en un pedestal a la vez que buscan empujar al de al lado para que caiga.  Y los ciudadanos también nos alejamos, perdemos el interés en política, porque siempre es lo mismo, y no queremos votar, porque no vemos un candidato mejor, si acaso, uno menos peor.

Manuel Castells lo dice de mejor manera que yo, él habla de este alejamiento de la política en todo el mundo — ¿o acaso creíamos que era un mal sólo de México? — a medida que la gente “observa la incapacidad del Estado para resolver sus problemas y experimenta el instrumentalismo cínico de los políticos profesionales” 5.

De algún modo, ya no queremos a estos políticos que tienen cola que les pisen y que se reciclan enemil ocasiones en vez de dar oportunidad a nuevos valores.  Es más, a veces hasta nos preguntamos si será posible que haya otro tipo de políticos.  Cito a Guillermo Fadanelli:

“Tengo la impresión de que el único mirador desde donde podemos observar con relativa calma el futuro cercano de México es el pesimismo.  Basta mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que no sólo estamos lejos del mejor de los mundos posibles, sino que nos encontramos cerca de uno de los peores.  No tengo ninguna duda de que el año siguiente seguiremos en las mismas.  Si los políticos pudieran desaparecer de la noche a la mañana, entonces tendría una mínima esperanza; aunque no dudo que de inmediato serían sustituidos por otros hombres tan voraces como ellos” 6.

En fin, esto ha sido muy pesimista y poco propositivo.  Pero, de verdad, esta vez no sé qué proponer…  la anarquía no, definitivamente; salir a votar, acabar con el abstencionismo, sería muy bueno, pero vamos a llegar a las mismas figuras de siempre y tal vez la historia se repita por los siglos de los siglos…  entonces, ¿qué hacemos?  Si alguien sabe, escríbame por favor, prometo firmemente difundir sus propuestas en este maravilloso Cafecito.

Fuentes

1  Aristóteles.  La política.  Espasa-Calpe Mexicana.  México, 1995.

2  Arednt, Hanna.  ¿Qué es la política? Ediciones Paidós.  España, 1997.

3  Castrejón Diez, Jaime.  La política según los mexicanos.  Editorial Océano.  México, 1995.

4  Bobbio, Norberto.  Liberalismo y democracia.  Fondo de Cultura Econónimca.  México, 1985.

5  Castells, Manuel.  La era de la información.  Siglo Veintiuno Editores.  México, 1998.

6  Fadanelli, Guillermo.  “Tsunami para todos”.  En Nexos.  México.  Abril 2005, número 328.

Dorismilda Flores Márquez es licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes; edita El Cafecito (casi siempre de madrugada) y trabaja en varios puestos a la vez.


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Política, gobierno, elecciones y la corresponsabilidad política entre gobernantes y ciudadanos, por Marco Iván Vargas Cuéllar

He aquí un motivo de error en la política: no pensar más que en sí y en el presente.

La Bruyère

En un país como México, donde los valores de la cultura democrática forman parte del nuevo arsenal del ciudadano promedio para enfrentar los mensajes propagandísticos de las campañas electorales, frecuentemente ocurren hechos que alejan al elector del proyecto político por el que ha votado, por el que paga sus impuestos y por el que respeta el marco de derechos y restricciones para convivir en paz.

La reforma político-electoral que se vislumbraba desde la LOPPE (1976-1977) hasta ya entrados los días del Doctor Zedillo, se aseguró de que un gran número de ciudadanos en su calidad de electores, tuvieran la capacidad de seleccionar a las élites que los gobiernan de una manera más o menos justa y relativamente confiable. Así, la democracia se fue asumiendo como este proceso en el que casi todos tienen la capacidad de expresarse e influir en los destinos nacionales, por medio de una papeleta cuya ponderación corresponde más o menos al 0.0000017027% de la decisión nacional.

De esta manera, mujeres y hombres, cualquiera que sea el color, condición económica o intelectual, tenemos el mismo derecho y la misma importancia al levantar la mano, tomar el crayón y votar por quien nos plazca. Desafortunadamente, ésta, la democracia procedimental, se ha quedado en el umbral de la selección y sustitución de élites y poco ha avanzado hacia la transformación de la cultura del gobernante y su responsabilidad para con los gobernados.

Si en la gerencia pública ya habla de accountability como la capacidad que los gobernantes tienen de rendir cuentas a la ciudadanía, en México este espíritu se envuelve de retórica y vaticinios de la clase política; concretamente del gobernante en funciones, del representante político o del funcionario de alto nivel.

Pensemos por ejemplo en un par de fórmulas favoritas de la campaña electoral:

Plebiscito y Referéndum. Reflexione el lector sobre la cantidad de ocasiones en que ha escuchado este par de palabras en la voz de un candidato o político en funciones, luego compare usted la legislación de los Estados (entidades federativas) que contemplan estas formas de participación popular y, finalmente, trate de recordar en cuántos plebiscitos y referéndum ha participado durante la ultima semana, mes, año o sexenio. Si usted conserva en su cabeza un dígito mayor que uno, entonces ha vivido engañado, ya que ese derecho del que se siente partícipe, no sirve para nada. La clase política sigue ahí, la iniciativa no surgió de la conciencia colectiva y, seguramente, alguien movilizó a los habitantes dos cuadras de Ciudad Neza para igualar la cantidad de votos de 3 estados del centro del país.

Que los ciudadanos tengan la capacidad de remover a los gobernantes que no sirven. De no ser por la obligación constitucional que nos garantiza que algún día llegará el final del ejercicio de un gobernante, nada ha podido sacarnos de la mente, de la curul o de la oficina en Palacio a esos vendepatrias que dan tanto de comer los periodistas y llenan registros a nuestros catálogos de incertidumbre civil. Intente el lector recordar si alguna vez ha visto cómo fueron inmolados en alguna plaza pública los siguientes personajes: Sergio Estrada Cajigal, José Murat, Víctor Cervera Pacheco, Mario Ernesto Villanueva Madrid, Fernando Canales Clariond, Rosario Robles Berlanga, Carlos Romero Deschamps, Ricardo Aldana, Félix Salgado Macedonio, entre otros más.

Como bien ha señalado Rosario Green, en Estados Unidos el apoyo popular hacia los gobernantes y representantes se ha desplomado desde hace unos seis meses por causa del crecimiento de una brecha entre las aspiraciones de los ciudadanos y las decisiones políticas. Los electores se han dejado de sentir representados y frecuentemente se manifiestan en desacuerdo con algunas decisiones del poder público legalmente electo. Tal como pasa en México, el espectro de la opinión pública (que en sí es altamente vulnerable a la manipulación mediática) presenta poca correlación con respecto a los aforismos que pronuncian quienes detentan el monopolio de la conciencia popular.

De ello, considero, nos quedan dos opciones que no son mutuamente excluyentes: la indignación y la congruencia. Para la primera se necesita información y un dejo de nociones de civilidad; para la segunda es necesario extender esta posibilidad en las acciones, opiniones y decisiones cotidianas. Las leyes del mercado son impecables, si un producto se deja de consumir, desaparece. Esto no significa un estéril y generalmente inútil llamado a la resistencia civil, sino más bien un recordatorio de la libertad de elección (capacidad de discriminación) que los ciudadanos tenemos para con los políticos carentes de calidad o para quienes hacen de la política un acto de barbarie y cinismo. Algunos “periodistas” y medios de comunicación también se instalan en esta categoría.

La congruencia del ciudadano se refleja tanto en la calidad de sus exigencias en cuanto a cliente o consumidor de la política, como en su margen de tolerancia de los atropellos a la razón que son ofrecidos por candidatos, funcionarios y medios de comunicación. De nuevo, si algo existe, es porque nosotros lo hemos querido así. De esta manera, el ciudadano en cuanto a su capacidad de contribuyente, elector y futuro dependiente del estado, puede sentirse con el derecho y la obligación de rechazar todas aquellas propuestas, acciones u omisiones de éstas en el mensaje político y en el ejercicio del gobierno.

Las bondades de esta corresponsabilidad política entre gobernante y ciudadano, que igual puede interpolarse a los binomios elector-candidato o cliente-gerente público, son muchas y oscilan desde el ridículo del funcionario hasta la remoción del puesto, la viabilidad de estas probabilidades siempre dependen de la decisión del gobernado.

Marco Iván Vargas Cuéllar es politólogo y candidato a Maestro en Administración y Políticas Públicas, actualmente es consultor sobre gestión, políticas y asuntos electorales.


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El PAN y su carro completo: ¿democracia o “gobiernocracia”?, por Christian Erazo Ortiz

A poco más de quince días de que los aguascalentenses vivimos elecciones para elegir gobernador, presidentes municipales y diputados locales, el  resultado es ya por casi todos conocido; incluso, días antes de realizarse la jornada electoral, los panistas, sobrados de soberbia — y que hicieron recordar a los viejos priístas cuando disfrutaban de las mieles del poder — adelantaron triunfos “aplastantes” contra su histórico adversario político, el PRI, al que mucho o poco le sirvió aliarse con el Partido Verde Ecologista y el Partido del Trabajo para competir en las pasadas elecciones.

Efectivamente, de nueva cuenta Aguascalientes se “pintó” de azul, el PAN gana la gubernatura, diez alcaldías, incluyendo la de la capital, y arrasa en las diputaciones locales, dejándole solo tres a la Coalición En Alianza Contigo, que encabeza el PRI. De esta manera, ahora los panistas felizmente pregonan: “nos llevamos el carro completo”, aunque la frase, insisto, se parezca al triunfalismo que vició por tantos años a aquel PRI que ganaba todo en nuestra entidad.

Desde mi perspectiva, los panistas no deben confundir el “carro completo” con la responsabilidad completa, es decir, la ciudadanía les otorgó la confianza completa para gobernar, y por esto deben responder con doble responsabilidad a esa preferencia de la sociedad por sus candidaturas. Aunque reservo mis dudas en la elección para alcalde de la capital. Y digo  mis dudas, porque a pesar de que Mitofsky reveló que según sus resultados de las encuestas aplicadas casi al inicio de las campañas, de ninguna manera se iba a dar el voto diferenciado, es decir, votar para gobernador de un partido y presidente municipal de otro partido, la opinión pública expresaba lo contrario, se escuchaba en las calles, mercados, tiendas, reuniones familiares, entre amigos, opiniones en noticiarios radiofónicos y televisivos, comentarios de analistas y catedráticos reconocidos como el Dr. Andrés Reyes, quien señalaba que Aguascalientes iba a hacer historia política en la elección del 1 de agosto por la inclinación al voto diferenciado. En pocas palabras la ciudadanía votaría por Luis Armando Reynoso para gobernador y por Carlos Lozano para presidente municipal de Aguascalientes, siendo estos candidatos del PAN y PRI respectivamente.

Ese era el sentir de la ciudadanía antes de que se realizaran las elecciones, porque obedecía a la lógica del sentido común que la opinión pública establecía, es decir, por un lado había un candidato a gobernador por el PAN Luis Armando Reynoso, que venía realizando campaña política desde hace tres años aproximadamente y que permeaba de forma positiva entre la ciudadanía por el logro de construir un estadio de fútbol de primera división y traer al equipo Necaxa, a pesar de las irregularidades en que incurrió el candidato panista cuando fungía como alcalde de la capital.

Y, por otro lado, un candidato a presidente municipal de Aguascalientes, Carlos Lozano, que también ya venía haciendo campaña desde hace dos años y que de igual forma simpatizaba en el  ánimo de la sociedad por su buena fama de promotor industrial y generador de empleos en nuestro estado.

En este sentido, todo esto parecía que inclinaba hacia el malogrado voto diferenciado. Y esto no quiere decir, que Oscar López Velarde haya sido un mal candidato a gobernador, sino que fue un candidato que emergió en la adversidad no sólo hacia el exterior sino también hacia dentro de su propio partido, por la todavía inexplicable renuncia de Oscar González a la candidatura y por la división de grupos en el PRI.  Aun y con toda esta adversidad López Velarde logró tener un importante repunte en las preferencias electorales, por su apurada estrategia mediática que propuso en primera instancia concientizar a la sociedad desde el primer día de campaña, al formular cuestionamientos sobre los problemas que enfrenta Aguascalientes y, a la par, dar respuestas y soluciones concretas a esos cuestionamientos. En comparación con Luis Armando Reynoso, a Oscar López Velarde sólo le falto tiempo.

De Martín Orozco no puedo decir mucho porque jamás hizo campaña por sí solo, siempre estuvo a expensas del candidato panista a gobernador. Y es por eso que sorprende y pongo en duda el triunfo de Martín Orozco para presidente municipal de Aguascalientes, ya que en los últimos años la ciudadanía ha rebasado a los partidos políticos, es decir, los electores han madurado políticamente hablando, por las constantes expresiones de que al momento de emitir su voto, la mayoría ya lo hace por la persona o el candidato y no por el partido. Entonces, si comparamos la trayectoria política entre Carlos Lozano y Martín Orozco al momento de elegir presidente municipal, resulta abismal.

Y bueno, del PRD no hay mucho que decir, porque a pesar de que existen militantes que luchan a diario por levantar a este partido, nada más no logran penetrar en el ánimo de la ciudadanía, y esto se debe en mucho a que el Partido del Sol Azteca en Aguascalientes es manejado por intereses de una sola familia. Manuel de Jesús Bañuelos, ex candidato a gobernador, y Jesús López Chavarría, a presidente municipal de la capital, no lograron llamar la atención de la opinión pública. Al menos creo que no dejaron ver sus propuestas, sólo unos simpáticos y esporádicos spots en radio y televisión, que más que proponer, denostaban a los candidatos del PAN y del PRI. En fin, los resultados electorales para el PRD no son  nada alentadores, pues podrían pronosticar su desaparición de la escena política en Aguascalientes.

Finalmente, acabaré comentando que en la democracia se gana y se pierde, pero hay distintas formas de ganar y de perder, lo menciono por las impugnaciones que oficialmente presentó Carlos Lozano, por los resultados del 1 de agosto en la elección de alcalde para la capital. Creo que Lozano, como cualquier otro candidato, sea del partido que sea, tiene todo el derecho de impugnar y presentar inconformidades  siempre y cuando se produzcan dentro de un marco de paz social. Este derecho lo señala el Código Estatal Electoral.

Si al PAN le molestan estas impugnaciones, no debe olvidar que en las elecciones de Colima del año pasado, los panistas impugnaron los resultados y las autoridades dieron la razón al blanquiazul, para en consecuencia repetir los comicios electorales. De igual forma deben respetar el derecho electoral que prevalece en el país, porque al vivir en país democrático se deben respetar los derechos de los demás, sin ser intolerantes y dejar a un lado los ataques hacia la persona, como la ha hecho Martín Orozco en contra de Carlos Lozano.

Además, como dice el tan mencionado refrán, “el que nada debe, nada teme”; si los panistas y Martín Orozco están seguros de haber ganado la elección, entonces deberían  abrirse el 100% de las casillas, para percatarse claramente quien fue el claro vencedor.

Extrañamente ahora los panistas son asaltados por la enfermedad del poder, práctica que durante muchos años criticaron recalcitrantemente cuando fueron oposición. Y que una vez que accesaron al poder siguieron las viejas prácticas; la alternancia en el poder que tanto pregonaron ya no existe, ahora para el PAN sólo existen “carros completos”, todo o nada.

Pues bien, la moneda está en el aire y en los próximos días estaremos atentos al fallo del Tribunal Local Electoral sobre las impugnaciones presentadas por Carlos Lozano. Y porque habrá que decir que las grabaciones presentadas por el PRI a la opinión pública, delatan una indudable intervención del gobernador en los resultados electorales del 1 de agosto, siendo éste un recurso, si se comprueba como verdadero, causa para anular las elecciones.

Christian Erazo Ortiz es Licenciado en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, participó en el área de Comunicación Social en la campaña electoral del PRI en Aguascalientes, en 2004.