El Cafecito


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Los chistes, una prueba de la reprimida sociedad mexicana, por Enrique Puente Gallangos

El deseo inconsciente si bien puede ser reprimido en sus manifestaciones representativas, no puede serlo como carga afectiva, es decir como pulsión libidinal. Esto hace posible que ese deseo se desplace y se condense en representaciones que la conciencia pueda tolerar sin despertar en ella la sospecha que active el mecanismo de censura. Freud pone el ejemplo, entre muchos otros, de las limitaciones de la libertad de expresión en una sociedad bajo una dictadura: toda clase de chistes y de alusiones sustituirán la expresión franca y sincera de la inconformidad del pueblo. De la misma manera el deseo tolerará cualquier tipo de deformación con tal de conseguir su expresión.

Freud, La interpretación de los sueños

Algo que caracteriza a nuestra sociedad mexicana es el manejo del sentido del humor ante las situaciones adversas. La muerte podría ser una de ellas, para poder simbolizar tan real dolor que se presenta con la muerte del otro y hacer más digerible la pena solemos recordar momentos “chistosos” o humorísticos de nuestro ser querido. Pero la cosa no queda solo ahí, una traición de negocios, de amistad o como vulgarmente se dice “ponerle cuernos”  al otro, suelen pasar por momentos cómicos al hablar de ellos después de un tiempo. Cuando somos despedidos, cuando reprobamos un examen, cuando nuestros padres se enteran de nuestra mala conducta, después de un susto generalmente lo hacemos simbólico de manera graciosa.

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Hoy pongo la atención sobre los chistes que platicamos día a día y que es cuchamos y vemos en los medios de comunicación, son breves historias de desgracias, sí, de desgracias, desgracias sexuales, laborales, de las personas ancianas, de los niños, de las mujeres, de las suegras, de las esposas, del marido, del sancho, de la pobreza, de la miseria, de cosas fantasiosas, de los indígenas, de las discapacidades, de la religión, de los maestros, de la policía, de las razas, etc.

Esto me lleva a plantear una hipótesis, la situación económica, de seguridad, educativa y política de este país, parece no interesarle a nadie, sólo a los analistas que lo denuncian día a día y afirmo que parece no importarle a nadie porque el actuar de nuestros gobernantes en materia económica, de salud, de seguridad, educativa, de empleo, es francamente mala. Corrupción en las Instituciones del Estado, impunidad, des-estado de derecho, falta de democracia, cinismo, en fin tantas cosas que podrían hacernos pensar en una falta de autoridad a todos los niveles, federal, estatal, municipal, en todos los poderes, en el ejecutivo, en el legislativo y en el judicial. Estado en guerra contra el narcotráfico, educación sindicalizada, la nota roja más roja que nunca, desempleo, video fugas, grabaciones de nuestros servidores públicos, militares encarcelados por denunciar a sus superiores, virus que matan pero no tanto, desvío de recursos, el narcotráfico infiltrado en el Estado.

¿Cuál es la respuesta de la sociedad?, ¿el silencio? Sí, el silencio, el silencio reprimido en la elaboración de chistes que desvíen la atención de lo real, lo monstruosamente real de lo que está sucediendo en el país, chistes que hacen reír al ciudadano y le hacen olvidar que es un desempleado, que está en la cárcel, que no tendrá más que delinquir para no morir de hambre, que los maestros están en paro, que pusieron una bomba en el zócalo de mi ciudad donde estaban mis hijos, que en la escuela de mis hijos hubo un enfrentamiento de narcos y soldados, que mi mujer me dejó por otro que sí tiene trabajo, que mi madre está con los angelitos porque no había camas para ser atendida en el hospital civil, que mis hijas se prostituyen, que mi papá es un alcohólico, en fin una serie de parodias sobre lo real de México.

Los diarios extranjeros parodiaron el virus H1N1 de la siguiente manera: México zona de temblores, construido sobre un lago, con gran contaminación y presidentes corruptos, lleno de huarachudos borrachos y, para acabarla, virulentos de los cerdos. Veo con tristeza que los niños son  fanáticos de estos chistes, escritos y televisivos y que sus padres comparten con ellos los domingos, los sábados y todos los días de la semana, para asegurarse que no tienen empleo, que golpean a su esposa, que mataron a su padre en fin. Seguiremos viendo la debacle institucional del Estado mexicano y de las demás instituciones  como la familia y la escuela y seguiremos elaborando chistes sobre esta desgracia y seguiremos riendo sin parar, sin actuar y hacer algo para poner fin a esto y cambiar el rumbo.

Para terminar a tono, contaré un chiste:

— Mamá, mamá, en la escuela dicen que estoy loco.

— ¿Quien dice eso hijo mío?

— L a s  a r d i l l a s.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho Constitucional, Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños; actualmente estudia la Especialidad en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en la FLACSO Virtual Argentina; es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

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