El Cafecito


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¿Independencia?, ¿Revolución?, 100 y 200 contradicciones, por Enrique Puente Gallangos

En las cuatro capas genealógicas de esta Nación Mexicana, se leen tres de ellas a partir de la Colonización, la Independencia y la Revolución; lectura que eclipsa una cuarta capa, al gran Otro Quetzalcóatl que también es México, que a pesar de todo, de no ser nombrado, se hace presente en el inconsciente social, en el lenguaje, en los rostros, en la literatura, en la pintura, en la escultura, en la comida, en todos esos usos y costumbres que son contradictorios. Contradicciones que develan lo que esta reprimido, pero a fin de cuentas ahí está, incómodo, ajustado, apretado, innombrado, pero ahí está, reprimido. Represión que denuncia una deuda, deuda que provocada por los que nos colonizaron, por los que hicieron la falacia de la Independencia y por los engañaron a Zapata y a Villa de que no eran unos delincuentes si hacían la Revolución.

Una más, una contradicción más que plantea una anamorfosis que sólo nos permite ver una mancha, una mancha de valores, de principios y de ideales; una mancha anamórfica que limita al sujeto de lo social a moverse del lado opuesto de la mancha y ver la imagen oculta, la imagen velada, que es imagen y no mancha. Imagen del discurso de poder, del discurso de amo, discurso fálico de la monarquía española que nos colonizó; el discurso fálico de la aristocracia española que nos independizó y el discurso amo de esos cachorros, de esos nuevos amos mexicanos, con sangre española-francesa y, aunque lo niegan, con sangre prehispánica, ¡hijos de Quetzalcóatl!, hijos edípicos e incestuosos que mataron al padre originario y que con prácticas incestuosas siguen violando a la “chingada”. A la “chingada” que cita Octavio Paz, a la que se “chingaron” los españoles y que ahora se siguen chingando los nuevos amos, la matriz, la nación, la patria mexicana.

Contradicción que nos hace preguntar: ¿Independencia?, ¿Revolución? Bicentenario y centenario de años de estarnos “chingando”. Octavio Paz en el Laberinto de la Soledad dice:

¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la madre. No una madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la “sufrida madre mexicana” que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre. Vale la pena detenerse en el significado de esta voz.

Los días universales de celebraciones, no son más que una contradicción de lo que falta, de lo que sobra, de lo que aún no se termina de nombrar como real: la mujer, la madre, los niños, el medio ambiente, el desempleo, los salarios, la salud, no fumar, no violencia, centenarios, bicentenarios, etc. Contradicción que incluye el discurso perverso de quien es el amo y es el promotor de estos días universales, pero que no  dicen que son ellos los que dañan el medio ambiente, los que provocan la violencia con sus discursos mercadotécnicos machistas y feministas, los que sugieren conservar la ley antes de destruirla y hacer una independencia y una revolución justificada en el pueblo, en la sociedad. Sociedad y pueblo que siguen como hace 100 y 200 años, sometidos al amo monárquico, cacique y monopolista. Sólo falta “Quetzalcóatl” para estar completos de amos.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho; Maestro en Derecho Constitucional; Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes; Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autonoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.