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La izquierda polimorfa de Morales: algunas reflexiones sobre la izquierda en Latinoamérica, por Marco Iván Vargas Cuéllar

Cuando pensábamos en que las navidades serían tranquilas gracias a la inflación controlada y a la Pax Partidaria signada en México con el aval del IFE, fue en el mes de diciembre cuando Latinoamérica y el mundo se sacudieron ante la noticia del momento: Evo Morales, un líder de productores de hoja de coca del Chepare, gana con amplia mayoría la presidencia de Bolivia.

Entonces vino la lluvia mediática que castiga al receptor con el mensaje lleno de frivolidad; el líder indígena que agradece a Pachamama – la madre tierra – el generoso favor a su gente, el productor de la coca, el del sweater a rayas en su audiencia con el Rey Juan Carlos en la Zarzuela de Madrid, el de los jeans negros en su encuentro con el Presidente Jacques Chirac en L’Elysée de París y el de una chaqueta de cuero con el Presidente Hu Jintao en el Palacio del Pueblo de Pekín. El del muñeco – acaso una figura de acción – equipado con el sweater y algún fetiche que haga alusión a sus orígenes Ayamara y Quechua. La distracción ante la falta de mensaje.

Y cuando el primer mensaje llegó, se alimentó aún más al escándalo en torno al entonces presidente electo del país más pobre de Latinoamérica: la retórica nacionalista y radical, consistente en el desafío a la política norteamericana, así como en la nacionalización de la industria del gas y el petróleo. Elementos indispensables para disparar a niveles insospechados el índice de riesgo país, referente necesario para la inversión extranjera.

No obstante al realizar su gira previa internacional el discurso fue otro – justo ahora me recuerda a alguna película que ya hemos visto –, las empresas multinacionales extranjeras son “socias” necesarias para el desarrollo del país. Morales comprendió que la integración a la economía internacional consiste en la demostración de señales. Las respuestas no se hicieron esperar: aplausos, adulaciones y escepticismo.

En México la interpretación fue simplista, Latinoamérica ha girado hacia la izquierda. Con ello se ennumera la lista de reivindicaciones de la izquierda en el área: El triunfo de Evo Morales en Bolivia y de Michelle Bachelet en Chile, el protagonismo del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, Fidel Castro y las diez administraciones que han tratado de hacerlo a un lado, la presencia de gobiernos como el de Lula Da Silva (Brasil), Tabaré Vázquez (Uruguay) y Nestor Kirchner (Argentina), el peso creciente de las corrientes indigenistas en Perú, Ecuador y Guatemala, las expectativas en torno a un probable triunfo del sandinista Daniel Ortega en Nicaragua, del General Ollanta Humala en Perú y desde luego de López Obrador en México.

Esta interpretación presenta otro problema deformador que supera al simplismo: no se contribuye a comprender las causas de la existencia de diversas corrientes políticas que propician tales fenómenos, ni se proyectan escenarios viables. Al respecto se debe señalar que la realidad latinoamericana es diversa, incongruente y en ocasiones antagónica, para muestra los siguientes casos.

  • No puede esperarse que las políticas emprendidas en Venezuela, encuadradas en la llamada Revolución Bolivariana o del Socialismo del siglo XXI, lleguen a establecerse como un estilo de gobernar para los países cuyos controles de legitimidad interna actúan con otro tipo de dinámicas.
  • El mismo supuesto de la homogeneidad latinoamericana como causa de este giro es sumamente cuestionable, la agenda de México y Centroamérica se encuentra caracterizada por la insoslayable relación con Estados Unidos, el problema migratorio, la violencia del narcotráfico y las maras, entre otras características. Por otra parte en Sudamérica se observa con detenimiento la creciente influencia del chavismo en la región en donde no se explican casos como el de Chile y Colombia.
  • La incongruencia se observa generalmente por el contraste entre la retórica y la práctica, por ejemplo el discurso antiglobalista de un socio comercial de Estados Unidos.
  • En cuanto a negocios se refiere, los gobiernos nacionales han sido lo suficientemente inteligentes como para dar una respuesta en bloque a posturas generales como el ALCA.
  • Por otra parte, tampoco se observa una armonía de los países ante conflictos de interés particular que en apariencia no debería generar demasiados problemas para dos gobiernos de izquierda. Como ejemplo se hace mención del serio conflicto que se vive actualmente entre Uruguay y Argentina por la instalación en Fray Bentos (Uruguay), de dos fábricas de pasta de celulosa que contaminarían los cauces del río Uruguay, afectando a la población argentina de Gualeguaychú. La lógica del interés nacional camina por un sendero muy distinto al de la ideología.

Es importante mencionar también la tensión entre populismo[1] y socialdemocracia[2] en la que se tipifican a los gobiernos de izquierda en Latinoamérica. En Venezuela, Bolivia, Ecuador y Perú se vive el primer caso; Brasil Chile y Uruguay se ubican más del lado socialdemócrata. Argentina, Paraguay y Colombia se escapan a esta dialéctica.

Una victoria de López Obrador en México podría explicarse de distintas formas y no necesariamente debido a la íntima relación del país con las naciones latinoamericanas. Si así sucede, entonces el gobierno mexicano de izquierda deberá asemejarse más a la agenda de Lagos que a la de Chávez. En este sentido López Obrador mostró una señal durante el inicio de campaña en Metlatonoc, Guerrero: economía de mercado, orden macroeconómico y disciplina en el manejo de la inflación y el déficit público. Por tanto, los opositores de López Obrador pueden ir descartando la crítica sobre el advenimiento de la República Bolivariana Mexicana; los promotores de AMLO podrán hacer lo correspondiente con el argumento de que la política mexicana jamás seguirá sometida a condiciones políticas y económicas neoliberales.

En este sentido, habrá que guardar nuestras reservas en el momento de interpretar el sentido del voto mexicano en el mes de Julio. La izquierda latinoamericana no tiene el aspecto que pensamos ni los fundamentos que creemos, se trata más bien de una etapa más en las secuencia histórica que ocuparan en su momento los regímenes autoritarios y las democracias inmaduras del siglo pasado.


[1] Basado en una alianza que integra a corrientes como el nacionalismo, indigenismo, cesarismo militar, castrismo, marxismo post-soviético, el antinorteamericanismo y la figura carismático-providencialista de sus líderes.

[2] Su fundamento es el desarrollo social, la reducción de la desigualdad y la pobreza utilizando la tripleta comercio/tecnología/inversiones donde no hay progreso sin una adecuada inserción internacional.

Marco Iván Vargas Cuéllar es politólogo y Maestro en Administración y Políticas Públicas, actualmente es Coordinador de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad del Centro de México (San Luis Potosí) y consultor sobre gestión, políticas y asuntos electorales.