El Cafecito


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Intolerante tolerancia, por Giovanni Salinas González

Cuesta trabajo entender, o más bien aceptar, que un país lo hacemos la gente. Queremos decir “las cosas están mal”, sin aceptar lo mal que estamos nosotros mismos. Pero realmente estamos mal.

Hace algún tiempo escribí una comparación sobre Bagdad y Ciudad Juárez. Acepto que me equivoqué, ya que ésta comparación no aplica únicamente para esa ciudad fronteriza: todo México está echado a perder.

Y no me refiero a los tamales, las chinampas, el tequila, las pirámides, o las gorditas estilo Michoacán. Me refiero a la desensibilización de la gente como mecanismo de defensa, para ignorar el entorno en el que vivimos.

Hay dos asuntos que me obligan a escribir al respecto: la tolerancia convertida en intolerancia, y la violencia.

La tolerancia convertida en intolerancia

En México el “ándale, dame chance soy pobretón” se convierte en: costumbre; la costumbre se convierte en: obligación; y esta obligación nos convierte en: sujetos de condena, reproche y desprecio si se nos ocurre no seguir la corriente.

En México, hay gente que se escuda en armadura de jodidos, e inician una “cruzada” por la tolerancia en la cual, al cederles espacio como un acto de tolerancia, abusan y se convierten en intolerantes.

El caso más ligero y sencillo es el de las donaciones. Vamos analizando: vas a la tienda o al súper mercado con tu chava, por un pan Bimbo, unos Churrumais y aderezo para michelada. La chica de la caja no tiene suficiente cambio, entonces te dice que si te puede deber 10 centavos. Tú, por no verte mal, le dices que sí con aire de magnate estilo Slim. Luego vuelve a pasar. Luego vuelve a pasar. Luego, alguien se dio cuenta, y ahora ese cambio — que no te dieron por no exigirlo — se convierte en tu obligación moral: Lolita Ayala en “sólo por ayudar” o en tantas otras organizaciones, hace que, si pagaste 10.05, tus 0.95 vayan a ayuda de algo. Ay de ti, si no das tu cambio. Tu novia, la de la tienda, y el wey panzón de al lado te verán con un desprecio xenófobo que te sentirás mal todo el día.

Otro ejemplo: ves a una limosnera en el semáforo, pidiéndote “pa’ un taco” (de qué?, preguntaría un cuate). A pesar de que esto no es correcto y de que realmente no estás ayudando a nadie (los limosneros ganan hasta 5 veces el salario mínimo y no lo administran apropiadamente), repitiendo este aire magnánimo de poderío económico, les das dos o tres pesos que encontraste abajo del tapete. Al siguiente semáforo vuelve a pasar. Y al otro. Y al otro. Y cuando menos caigas en cuenta, las fundaciones de ayuda (otra vez, Televisa incluida) inundarán las calles con “chicos fresa” pidiéndote dinero para equis, ye, o zeta.

La (mala) costumbre, ahora convertida en obligación moral.

Ok, alguien me dirá “si no quieres, no cooperes we, nadie te obliga”. Claro, claro, pero el tache de ojete ya nadie te lo quita. El tache social de que no estás en onda, es irremediable.

Ése fue el caso más ligero. Hay casos más pesados y hasta criminales — como la piratería —, pero uno particularmente interesante son las marchas.

El DF es el zoológico de las marchas. Diariamente: campesinos, desnudistas, infractores de la ley, piratas, o campesinos desnudistas infractores de la ley y piratas, en una absoluta violación a las garantías individuales, secuestran a la gente que trae automóviles. Así es, la privan de su libertad. Para mí, eso es secuestro.

Todo comenzó con la tolerancia de las autoridades. Ya que estos tipos eran los andrajosos lastimosos, les dieron chance. Ahora, las marchas no son un derecho ni una alternativa final, es el diario vivir de holgazanes y cascajo nacional, que en su mayoría no saben ni a lo que van y que — esto es lo más importante — coartan de manera intolerante la libertad de otros ciudadanos.

La verdad yo me doy de tumbos contra la pared. Me golpeo fuerte la cabeza con un martillo y lloro de rabia por mi estupidez. Mi cabeza estúpida no me puede explicar por qué, si yo fuera (uf!) un chilango común y corriente que va a su trabajo, unos weyes semidesnudos y con machetes simplemente me impidieran llegar a mi destino usando las vías por las cuales yo pagué impuestos (y probablemente ellos no).

Más cuando esos weyes semidesnudos, están peleando por que vuelva el líder sindical, de quien se presume les robó CINCUENTA MILLONES DE DÓLARES y vive en una mansión que ni todos juntos podrían comprar.

Pero reflexionar sobre la legitimidad de la marcha desvirtuaría esta plática. No importa si la marcha es para agradecerle a la Santa Muerte sus favores, o para mentarle la madre al presidente, o para pedir que regresen al líder sindical que los tiene precisamente así de arruinados, todo esto no importa. Lo único que importa es que la tolerancia de las autoridades es usada y abusada por esta gente, que al coartar la libertad del prójimo comete precisamente, actos de intolerancia.

Unos obreros, por sus propios calzones, decidieron tomar las instalaciones de una fábrica. Imagina que es la de tu papá. Bueno pues tomaron tu fábrica porque quieren de regreso al líder sindical, pero la Secretaría del Trabajo declara esta huelga ilegal pues el líder ya ni está (¡¡¡obvio!!!), huyó del país y la fuerza pública intenta sacar a los obreros. Uno o dos mueren junto con un policía.

La opinión pública se enardece, y los caricaturistas charlatanes ponen al presidente más sanguinario y asesino que Freddy Krueger, Roberto Madrazo, sin un gramo de escrúpulos, dice que “Fox dejará un gobierno manchado de sangre” y periódicos de porquería (como la Jornada) acusan de represión. Curioso el hecho, considerando que tales diarios (de porquería) no ensalzan tanto el hecho que los gobiernos estatales son precisamente, perredistas y los polis disparadores eran de allá, no los federales.

El caso es: los mineros están en una huelga ilegítima y la opinión pública ya les puso un traje de Ches Guevara.

¿Y el polícía que murió? El policía murió en cumplimiento de su deber, al tratar de liberar instalaciones tomadas de manera ilegítima. Porque, aparte de todo, una cosa es estar en huelga y otra es que la maquinaria de tu patrón la uses con objetivos homicidas.

Retomo la nota: “En este sentido el IMSS dio a conocer que el elemento de la PFP, José Antonio Zaragoza Gutiérrez, de 20 años, fue trasladado al hospital de Morelia dada su gravedad, sin embargo, los médicos poco pudieron hacer y falleció.

El día del enfrentamiento el uniformado fue lanzado a más de dos metros por una de las máquina retroexcavadoras utilizadas por los obreros para evitar el desalojo de la acerara” (en el link http://www.wradio.com.mx/nota.asp?id=278898).
Las marchas, las huelgas, son un abuso intolerante. ¿Cómo es posible que, al darles concesiones, ellos bloqueen tu vida?

Como ciudadano o ciudadana, no puedes exigir ni encargar la formación de tu criterio a los medios de comunicación. No están aquí para ayudarte, están para vender su producto y para decirte sólo lo que te gusta oír: que tú no tienes la culpa de nada.

Giovanni Salinas González es diseñador industrial, con pasión por los viajes y la comida.

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