El Cafecito


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Memorias de una generación de Normalistas (63–69), por Martha Lilia Sandoval Cornejo

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La fecha del 4 de julio, es significativa y especial, no sólo porque el país vecino celebra su declaración de independencia, sino porque aquí en México, homenajeamos a la Virgen del Refugio, y porque nos hemos reunido para festejar 45 años de haber egresado de una gran escuela formadora de maestras: la Normal del estado de Aguascalientes. Un momento oportuno para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida como personas y como maestras. ¿Quiénes somos? ¿Qué elementos influyeron en nuestra formación? Yo aventuro cuatro factores: el espacio, los maestros, la organización interna de la escuela y el mundo.

 

  1. El espacio físico

Lo primero que informó nuestras mentes y nuestro corazón –incluso sin saberlo plenamente– fue el vasto edificio de pórtico griego –el cuarto de los que ocupó la Normal desde su fundación– y cuyo clasicismo llevamos impreso en el fondo de nuestras conciencias. Edificio que estuvo a cargo del eminente arquitecto J. Refugio Reyes Rivas, y que destaca a partir de sus altas columnas que reciben la primera mirada de los que penetran en su amplio vestíbulo y avanzan hacia los salones que se organizan alrededor de dos patios rectangulares.

En aquellos años –los sesenta– formaba parte del espacio dedicado a la escuela una umbrosa huerta llena de árboles frutales, sobre todo moreras, y una cancha deportiva que se convertía por temporadas en escenario de inolvidables campeonatos de básquet y voleibol. De los patios y salones perpetuamos lo majestuoso, pues embonaba con los hábitos de disciplina y respeto a la figura del maestro, que nos pedía estar de pie cada vez que un profesor entraba al salón de clases. Por su parte, la huerta nos dio la posibilidad de transitar con sencillez y alegría de la niñez a la adolescencia, pues quizá escondiera secretas inscripciones de amor en las cortezas de los árboles; nos regaló la tierra con la que alguna vez tuvimos la peregrina idea de alfombrar un salón y disfrazarlo de café hippi en una kermese y también nos brindó senderos hacia los árboles para hartarnos de moras o recoger violetas. En esos espacios circularon las musas haciendo su callada labor en la alborotada alegría de nuestras adolescencias en formación.

 

  1. Los maestros y maestras

Otra labor destacada fue la de los maestros y maestras. A riesgo de olvidar a algunos, menciono aquellos que dejaron una huella indeleble en la memoria colectiva de esta generación. Mujeres ya ancianas cuando nos dieron clase, como Conchita Maldonado, y jóvenes severas como Chela Robles. A la primera la recordamos llegando al salón en su silla de ruedas, pero cuyos dictados sobre la concordancia entre sujetos y predicados eran tan claros y perfectos como ella. La segunda, joven, seria y severa, imponía gran respeto por sus respuestas rápidas, y por la distancia irónica con la que nos trataba. Ya fuera por lo anterior o por su amor a las ciencias, pero nos hizo estudiar con denuedo cualquier asignatura que impartiera, ya fuera del área de la Física o del Desarrollo de las comunidades. Otro talante era el Rafaelita Jiménez que, con su traje negro de viuda reciente y su modo delicado de hablar, nos trasladaba a otras épocas, despertando sensibilidades modernistas cuando declamaba los versos de Amado Nervo “A mí me gustan las tardes grises/, las melancólicas, las heladas/ en que las rosas tiemblan de frío / en que los cierzos gimiendo pasan / en que las aves, entre las hojas/ el pico esconden bajo del ala”.

El grupo docente femenino, que nos enseñó también a realizar labores manuales y a elaborar alguna receta de cocina, se equilibraba con la presencia de un señor pausado y ponderado, como deben ser los que estudian la Historia y la Antropología. Era el maestro don Alejandro Topete del Valle, que un día nos dio la mejor lección de vida, cuando nos hizo ver que la Historia se escribe para ver la realidad como fue y no para construir mitos. El paradigma en ese momento fue impactante: desde entonces sabemos que Don Miguel Hidalgo, por ejemplo, fue padre de varios hijos, que quizá no siguió las estrategias de guerra más adecuadas, pero que murió con la dignidad de un héroe. Esa misma dignidad la quería nuestro profesor para nosotras, pues nos trataba con la ceremonia que correspondía a otras épocas, cuando los nombres de las mujeres iban acompañados con el adjetivo de doñas. “Doña Magdalena Vázquez”, decía – Deme la clase. Dueñas de nuestro destino lo fuimos y lo somos. Gracias, en parte a ellos, y perdón que no los mencione a todos, porque fueron tantos y nos dieron tantas enseñanzas.

Luego vendrían las lecciones de Etimologías de la maestra Esperanza Andrade, las de Español de Lupita Serna, las de teatro de la Sra. Gelos y las de baile de Imelda Márquez. El ir hacia la raíz de las palabras nos reveló las riquezas insospechadas de la lengua, cuyas palabras la maestra de español no sólo nos enseñó a puntuar correctamente, sino que fue en ese mismo idioma en el que nos hizo debatir y analizar y aún nos mostró los tesoros simbólicos del lenguaje visual. No quiero dejar de mencionar la –desde entonces– inolvidable película Días de otoño, protagonizada por Ignacio López Tarso y Pina Pellicer, porque gracias a sus laboriosos análisis, forma parte de mis recuerdos más preciados. De la señora Gelos, extrañamos sus puestas en escena de La casa de Bernarda Alba . ¡Cómo admiramos la representación de ese mundo femenino, cerrado, impositivo, pero también apasionado y loco! En cuanto al baile, Imelda Márquez nos hizo mover el cuerpo al compás de son jalisciense “La culebra”, del chotís español, del “Can Cán” parísino y El “tico tico” brasileño.

Otra vertiente importante de nuestra formación fueron las materias dedicadas a las Ciencias de la educación, a la Pedagogía, la Didáctica y sobre todo las muy temidas “Prácticas” que formaron parte infaltable de nuestro currículum. Anita Ramírez y sus esquemas sobre las Ciencias de la educación nos informaban puntualmente acerca del desarrollo educativo desde la historia. Otra cosa era ir a practicar y enfrentar a un grupo de 40 o 50 muchachos inquietos. A veces nos iba tan mal, que más de alguna puso en crisis su vocación como maestra.

Sin embargo, un día nuestra vida académica y social se transformó. Llegó un joven recién egresado, sino de la mejor escuela de música, sí de la institución donde el entusiasmo y la creatividad le motivaron a conformar grupos musicales. Apoyado por nuestra directora en ese momento, la señora Carmen Ibarra de Briseño, Óscar Malo realizó la formación de dos grupos: La estudiantina y el Orfeón. Entonces llegaron, para nosotras, el conocimiento de las voces tonales: –sopranos, mesosopranos y contraltos– y los ensayos de las primeras canciones: No tengo edad, La novia y Muñequita linda. Cómo disfrutábamos al cantar, al escuchar las voces que, armonizadas a fuerza de ensayos, apaciguaban la inquietud de nuestras jóvenes problemáticas.

La estudiantina era todavía más alegre e implicaba tocar algún instrumento: guitarra, mandolina, contrabajo, pandero, acordeón, o hasta marimba. Aprendimos a cantar y acompañar alegres canciones como El corrido del estudiante, De colores, y La sirena, sin que nos faltara la dedicada a Aguascalientes mi tierra querida. Otras canciones eran jacarandosas, como la misma tuna, o románticas como Hay unos ojos, o el inolvidable Tema de Lara.

Y viajamos, a la ciudad de México y a otros sitios más cercanos. Salimos a cantar a distintas escuelas, llevamos “gallos” de madrugada, a nuestras madres y a nuestros maestros. Éramos felices. Fuimos felices… hasta la noche del accidente donde perdió la vida una queridísima compañera. . Creo recordar que Óscar Malo publicó, por esas fechas, un pequeño artículo titulado “Rosas rojas para una dama triste”. Quizá fue de otro modo. Pero lo cierto es que la hermana gemela de la compañera fallecida recibió flores y condolencias de todo mundo. Toda la ciudad estaba conmovida. Porque la vida se cobra, y también teníamos mucho que aprender del dolor.

 

  1. – Las alumnas y su organización

Cuando esta generación, formada por dos grupos de cincuenta muchachas cada uno, inició sus estudios en el año de 1963, esta escuela ya llevaba 85 años de haber sido fundada, pues comenzó a funcionar en 1878 –durante el gobierno de Don Francisco G. Hornedo y bajo los auspicios de los letrados del momento, incluyendo el extranjero Alfredo Lewis, el señor Don José Bolado y Don Carlos López Arteaga– y su nomenclatura inicial de Liceo de Niñas había pasado a ser oficialmente Escuela Normal para Maestras.

La experiencia de varias generaciones de profesoras había ido cuajando en una efectiva organización interna de la institución, de manera que ésta contaba con sus estatutos y tradiciones, con la realización ya consecutiva de encuentros deportivos, sociales y culturales. Por tanto, al paso de los años de nuestra vida estudiantil, apenas comenzábamos a darnos cuenta de nuestra propia capacidad de organización, cuando ya había necesidad de hacer frente a varios desafíos, como el de organizar un puesto y adornarlo creativamente, en la más espléndida kermese del ámbito académico local. De manera que este marco de actividades propiciaba el surgimiento de líderes que asumían con desenvoltura las responsabilidades y se ponían al frente de las actividades deportivas, sociales, culturales y académicas. De nuestra generación surgió la personalidad de Cande Mora, muchacha sencilla, pero de gran convocatoria y eficacia en la organización de rumbosos campeonatos deportivos, cuya noche de inauguración, con su desfile de equipos bien uniformados, y bajo las miradas de los preparatorianos, valía todas las penas.

Los estatutos dictaban que cada año hubiera renovación de la Mesa Directiva, grupo que se encargaba de organizar todos los eventos del año y sobre todo la fiesta de clausura de los seis años de estudio. Nada podía ser más atractivo que lograr las ansiadas directrices. Había actividad electorera y respectivas elecciones. Ese año, 1969, marcó el triunfo de la Planilla Negra, cuya campaña, llena de creatividad juvenil y traviesa, incluyó la impresión de huellas de pies negros por los dos patios de la escuela. La señora directora llamó la atención de ese grupo, que encabezaba Alicia Ávila Storer, pero no pudo evitar nuestro éxito rotundo. Ese año lo organizamos todo. No sabíamos que lo que habíamos ganado. Eran sólo trabajos. O… experiencia.

El periódico mural, por ejemplo. Un día nos causó la reconvención de un inspector, pues a alguien se le ocurrió que podíamos poner, en la parte central, como ejemplo de maestro. a Cristo Jesús. Esta iniciativa fue el reflejo de la entusiasta religiosidad, propia de aquellos años de renovación posconciliar, en los que salíamos de las Jornadas de vida cristiana con todas nuestras convicciones religiosas al rojo vivo. Por otra parte, el periódico impreso Ecos estudiantiles, de cuyas dos únicas ediciones estuve al cargo en 1969, nos costó un trabajo impresionante, pues había que rogarles a las compañeras para conjuntar los artículos, luego llevarlos a la imprenta de don Daniel Méndez Acuña y por último, buscar los apoyos económicos de los patrocinadores, pues aunque el periodiquito costaba solo 20 centavos, no todas los querían pagar. Pero, desde entonces quedé impresionada de las inmensas posibilidades de la palabra impresa. Desde entonces, también le guardo una inquebrantable gratitud a mi compañera de andares editorialescos: Teresa Villalobos.

 

  1. – El mundo

Nos tocaron unos años cruciales. Los años de nuestra formación estuvieron marcados por el asesinato de Jhon F. Kennedi en 1963 y los Juegos Olímpicos y la matanza de Tlalteloco en 1968. En medio estuvo la renovación de la Iglesia católica a raíz del Concilio Vaticano Segundo, que a nosotros nos llegó a través de las mencionadas Jornadas y los cantos alegres, poderosos y rítmicos de la Misa de Juventud. A nivel de la escuela, las Normales del país luchaban por configurar un currículum adecuado al nuevo perfil deseable en el maestro. Se quería un maestro que no sólo enseñara a leer y a escribir, sino que fuera promotor del bienestar de la comunidad. Nos llegaban libros de la Normal de Cd. Guzmán, que habían sido elaborados por los propios alumnos. Empezamos a investigar, en las clases se armaban debates. “Juicio, sentido común”, nos aconsejaba el maestro Federico Esparza, quien por otra parte nos invitaba a leer Casi el paraíso de Luis Spota. La emoción crecía por momentos. Nos sentíamos como pájaros a punto de emprender el vuelo.

Y lo emprendimos. Salimos al mundo del trabajo hace 45 años y aquí estamos de nuevo en el mismo edificio que nos cobijó tantas horas, tantos días e incluso noches (porque recuerdo una fabulosa piyamada), haciendo una remembranza, pero también un recuento y una reflexión ¿Quiénes somos ahora? Me atrevo a decir que somos una generación exitosa. Un grupo en el que muchas de nosotras todavía no abandonamos el campo de trabajo, más por gusto y por convicción que por otras razones. Quiero decir que somos una generación que aprecia las diferencias y las valora, y así nos enriquecemos con las propuestas culturales, económicas y de asistencia a la comunidad de varias de nosotras. Y por último, me complace decir que somos una generación agradecida, con la vida que Dios nos da y nos quita cuando Él quiere, con nuestros maestros y con el tiempo que nos ha tocado vivir.

 

 

 

Martha Lilia Sandoval Cornejo, nació en Aguascalientes en 1950. Maestra desde hace más de 40 años, es autora, entre otros, de Los tiempos del caracol y El amoroso tic tac de los relojes.

 

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Adelina Alcalá. Maestra ejemplar con la obligación de transformar a Aguascalientes, por Cynthia Iniesta Salazar

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“La literatura es la vida de los pueblos”

Adelina Eugenia Alcalá Gallegos

El 3 de marzo de 2012 tuve el privilegio de entrevistar a la Maestra Adelina Alcalá. Me sorprendió la sencillez y humildad con las que me recibió, ya que antes de conocerla sabía que era un personaje importante de la educación y la cultura de Aguascalientes.

En la entrevista me platicó anécdotas de cuando era estudiante en la década de los sesentas en la Normal del Colegio Guadalupe Victoria, donde realizó su primera tesis de educación primaria en la cual propuso los medios auxiliares en la educación. Aquella experiencia la compartió con su padre, el licenciado Francisco Alcalá Gutiérrez, a quien le interesaba todo lo moderno y compró en la ciudad de México aparatos que proyectaban imágenes para el Instituto de Ciencias.

Después Adelina fue a la ciudad de México a estudiar letras y luego estudió dos maestrías, la primera fue en educación superior y la segunda en literatura mexicana, las dos en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Aparte de formarse en varias instituciones educativas tuvo la influencia de su abuelo, Don Eugenio Alcalá, y su padre para hacer su carrera en el magisterio, pues en un inicio ella no quería ser profesora, quería estudiar “leyes, geografía o algo” pero comentó que su papá le dijo que “de maestra nunca te va faltar ni tu pan ni tu leche” y así fue, pues todavía iban a su casa a buscarla para que ayudara a los niños en sus estudios

También platicó que su abuelo y su padre fueron dos personajes importantes en su vida y que le dejaron grandes enseñanzas y una gran responsabilidad, ya que comentó: “Siempre mi papá y mi abuelito a mí en lo personal, nos enseñaban que Aguascalientes era muy valioso, que había que querer mucho a Aguascalientes, primero porque aquí vivías, segundo aquí te daba de comer, y tercero tú tenías la obligación de transformar a Aguascalientes”.

Con esta obligación fue que la maestra Adelina educó varias generaciones en distintas instituciones educativas en Aguascalientes, como los colegios Guadalupe Victoria, La Paz, Portugal, el Seminario, la Universidad Autónoma de Aguascalientes en los tres niveles: Medio, Medio Superior y Superior. También estuvo en una escuela rural y federal.

Su interés siempre fue que los alumnos aprendieran algo a pesar de que ella decía que: “Muchos dijeron que era barco, y sí, se propuso que todos dijeran algo de la literatura pero que la quisieran, la literatura es la vida de los pueblos, enséñese a vivirla”.

La entrevista con la maestra Adelina fue una charla amena en la cual recordó momentos agradables y anécdotas interesantes. Su partida en días pasados me sobresalto de gran manera que siempre la recordaré como la gran persona que fue.

Cynthia Iniesta Salazar es Historiadora. Con la tesis “La educación de las mujeres. El caso del Colegio de la Paz 1940-1975” obtuvo el grado de Maestra en Investigaciones Sociales y Humanísticas en la Universidad Autónoma de Aguascalientes.


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Apología de Teodosio Lares, el jurista maldito de Aguascalientes, por Javier Arturo Haro Oteo

A raíz del trabajo publicado por el Poder Judicial del Estado, cuya autoría pertenece al Dr. Jesús Antonio de la Torre Rangel, en el cual se intenta de una manera seria rescatar del fango la figura de uno de los hombres más interesantes que ha tenido el Derecho Mexicano, el aguascalentense Teodosio Lares, resulta pues importante, llevar a cabo algunas precisiones, las cuales, aclaro, son meras opiniones personales.

Según el trabajo del maestro de la Torre, Lares nace en la Comunidad de Asientos, en 1806; inicia la labor de abogado en 1827; es claro sin embargo, que pertenece a una familia acomodada, resulta lógico, si tomamos en cuenta que el jurista de Asientos proviene de una comunidad y realiza estudios de Jurisprudencia, lo cual en esos años sólo era posible si se pertenecía a un grupo pudiente; he aquí el primer punto de partida para definirlo más adelante. El segundo se centra en que vive de cerca la Guerra de Independencia, se acostumbra a ver muertos por doquier y conoce de las leyendas de abusos que cuentan los Españoles de los Insurgentes, toda vez que su círculo social debió comprender a personas favorecidas por el estado de cosas que la corona hispana implanta en el territorio.

Como jurista se desarrolla en la Administración de Justicia y posteriormente en la Administración Pública; en la primera aprende conceptos básicos, sin duda empieza a estudiar tesis novedosas y es posible que empiece a desarrollar las ideas a las que dará vida mas tarde; la Ley para el arreglo de lo contencioso administrativo y el Código de Comercio, son las obras que más harán destacar a Lares.

En la Administración de Justicia se ubica del lado de los conservadores, se puede pensar que es promonárquico, y sobre todo, es un celoso del orden. Respecto de su aportación al Derecho Administrativo, diremos que se le critica mucho el hecho de convertir a la autoridad administrativa en juez y parte, dado que será un tribunal emanado del Poder Ejecutivo el que revisará al propio Poder Ejecutivo; esto no es absurdo para Lares, más aún, basándose en la tesis del equilibrio de poderes, manifiesta que si dicho tribunal perteneciera al Poder Judicial, el equilibrio se rompería, dado que el Judicial, revisaría, modificaría y ordenaría al Ejecutivo; esta tesis desde luego ha sido rebasada hoy en día, pero no por ello resultaba ilógica en sus tiempos.

Respecto del Código de Comercio, diremos que Lares buscaba un código que protegiera al comerciante, pero en el cual la rapiña no existiera, es decir, permitir al comerciante desarrollar sus actividades, pero regulándolas para que no existan abusos, esto resultaba complicado, y sin embargo, era necesario, como lo demostrará la historia del país y del mundo entero desde siempre que nos aventuramos a sumergirnos en sus páginas — como ejemplo citaremos la actual crisis, derivada de la salvaje especulación, la cual fue posible al no existir la menor regulación, creyendo en la estúpida idea de que el mercado se autorregula —.

Ahora bien, si buscamos el por qué se le maldice, habrá que decir que eso ocurre debido a que el Himno de Aguascalientes es creado por un liberal, enemigo del conservadurismo al cual Lares se sumó, ahora bien, se puede entender e incluso dejar sin mayor justificación las maneras y las actuaciones de los conservadores, sin embargo, hay que ser claro en algo los conservadores actuaron así, principalmente porque el país estaba en seria crisis de gobernabilidad, y eso, es tan justificable, como el hecho de haber firmado los Tratados McLane-Ocampo por parte de los liberales, el problema es que los firmantes, ganaron, los imperialistas perdieron, y como el que escribió el himno es de los ganadores, no puede perdonar al perdedor.

Alguien maldito es el que lleva sobre su espalda una maldición, o en su defecto, es muy mala persona, de ésas que le hacen daño a los demás. Con los trabajos jurídicos de Lares, no se hizo daño alguno a nadie, lo que se consiguió fue, por un lado evitar las arbitrariedades de parte del Ejecutivo sobre los ciudadanos, antes incluso que el propio juicio de amparo, por el otro se reguló la actividad comercial evitado desde luego que se abusara de las actividades propias del comercio; ahora bien, en esa temática de ideas, podemos decir que en todo caso, las leyes que sí hicieron serio daño, fueron entre otras, la de desamortización de bienes, la cual despojó a las comunidades indígenas de sus propiedades; aunado a esto, sentó las bases de los latifundios y de las grandes haciendas del Porfiriato, con las consecuencias que ya conocemos; a esto habrá que agregar, que para Lares era inmoral la acumulación y especulación de la Tierra… la historia es una excelente maestra, pero nosotros no sabemos entenderle.

Lares no fue un maldito, fue un hombre que se paró de un lado de la banqueta cuando los hechos históricos lo obligaron a tomar partido, dada su formación personal lo hizo en el lado que creía correcto, el cual perdió la batalla final, hoy día existen muchos estados que llevan el nombre de algún importante hombre de la Reforma sin embargo, hoy a juicio de Historia, debemos decir que ni los conservadores fueron tan malos, ni los liberales tan buenos, sólo fueron hombres que defendieron proyectos en los que creían, lamentablemente, la historia la escriben los que ganan, y entre ellos, las cosas son blancas o negras, pero esto es falso, ni Dios es tan bueno, ni el Diablo tan malo, Lares no solo debe ser reivindicado como el jurista mas importante de Aguascalientes y uno de los mas importantes del país, incluso al nivel de Ignacio L. Vallarta o Mariano Otero, se debe modificar el Himno del Estado, y más aún, en vez de pedir a la Patria que nunca le dé su perdón, habría que pedirle a Teodosio Lares, que nos perdone a nosotros, por no haber hecho nada en estos años para reivindicar su figura, hay que sacarlo del Himno del Estado, pero también habrá que ubicarlo entre nuestros Hombres Ilustres, al lado del propio Jesús Terán, aunque representen proyectos diferentes, pues en Oaxaca, Juárez comparte su sitio con Porfirio Díaz; hombres, no dioses; hombres, no demonios.

 


Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.



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Don José Arcadio Buendía para alcalde, por Javier Arturo Haro Oteo

Cuando era el momento de decidir qué tipo de artículo sería este, me pasaron mil cosas por la cabeza, desde el hecho de referirme a las últimas olas de inseguridad que se viven, hasta la idea de escribir algo respecto a la próxima venida de los Ángeles del Infierno, finalmente de todos los temas que se  podían tratar, decidí escribir un poco sobre el que consideré mas importante — o quizá menos complicado —, cuando vio la luz este espacio de expresión, se puede decir que Aguascalientes era otro — a fin de cuentas, nadie se baña dos veces con la misma agua en el mismo río —, no existía la zozobra constante de presenciar un asesinato de policías o un levantón de albañiles, a menos que existiera la posibilidad de viajar a otra entidad de la república; el héroe legendario de “La Pejeida” aún se encontraba en plenitud de sus facultades mentales; el Congreso del Estado y el Municipio de la Capital, se encontraban en manos del panismo; en el Poder Judicial un hombre bueno buscaba abrirse paso a la presidencia del mismo; la 14 Zona militar era una zona de actividades militares, no una puerta de flujo constante para patrullas del Ejército, en fin, el ambiente era otro.

El resultado de la elección de 2004 arrojó a un vencedor absoluto en la figura de un partido político, sus miembros pretendieron servirse con la cuchara grande y lo consiguieron, crearon desde el Congreso del Estado una Ley electoral totalmente inequitativa; todo parecía indicar que el régimen panista se convertiría en una pesada dictadura ataviada con el manto de la democracia y, sin embargo, no fue así, como el niño que busca comerse solo un gran pastel, el PAN se atragantó; enfermos de poder, sus miembros cometieron errores estratégicos que encumbraron de nuevo a un “cadáver muerto”, como diría Erasmo, en el poder; con Gabriel Arellano a la cabeza, el priísmo recuperó importantes lugares en el tablero del ajedrez político estatal.

Sin embargo, como suele suceder siempre que los triunfos son improvisados y no producto de una planeación estratégica, cuando les cae la hamburguesa, diría mi buen amigo Albino, el resultado es desastroso, aun y cuando traté de no atacar a Gabriel Arellano, debido a que en mi más íntimo corazoncillo esperaba que no le fuera tan mal  — como, creo, esperábamos todos —, ante la creciente ola de desaciertos, no puedo más que escribir un poco acerca de ello, sin otra intención que la de ser una voz de las que no se resignan a ver las violaciones a la Ley y esperar pacientemente el momento de sufrir en carne propia dichas violaciones.

La primera medida que podríamos calificar como ocurrencia de don Gabriel lo fue la idea de multar con $10,000.00 a los conductores ebrios, su argumento era que los conductores ebrios causaban muchos accidentes, y que merecían un castigo ejemplar, debido a que el hijo de unos amigos suyos de menos de 20 años de edad se había matado por conducir ebrio; sin embargo, ante la existencia de serias penas en materia penal, además de la responsabilidad civil objetiva, surge la pregunta: ¿mayores multas van a hacer que los jóvenes dejen de embrutecerse y que los juniors amigos de don Gabriel dejen de matarse conduciendo como animales, en estado burro? Si la constitución — el librito que juró y protestó don Gabriel — prohíbe en su artículo 21 la imposición de multas excesivas, ¿cómo se califica y se justifica semejante ideota? ¿Cómo se justificaría semejante multa en un estudiante o en un obrero, que son a los que a fin de cuentas se les aplica todo el peso de la Ley? ¿Cuántos juniors, hijos de amigos del alcalde realmente pagarían y a cuantos se les condonaría? Y finalmente, ¿el fin de semejante medida es la seguridad o la recaudación?

Otra de sus ideotas fue la de quitar a los vendedores ambulantes, limpiaparabrisas y limosneros de los cruceros, esto porque eran un peligro y estaban coludidos con las mafias que asaltaban vehículos; en este caso, me parece que el alcalde se confundió y creyó que estaba gobernando Nueva York, lo cual no es raro, ya que su cero tolerancia tiene nacimiento en la perversa mente de Giulianni; en este sentido, y más aún de lo absurdo del argumento me quedan algunas dudas, ¿puede el municipio retirar a la gente que se encuentra en los cruceros?, en principio sí, tal vez sólo a los vendedores, debido a sus facultades expresadas en el Artículo 115 Constitucional, en cuanto a la regulación del comercio; sin embargo, ese criterio es tan ambiguo que bien podría sentar jurisprudencia contraria al Municipio; en el caso de los limpiaparabrisas resultaría imposible, a menos que se tipificara dicha actividad como ilícita o al menos como falta administrativa, lo que conllevaría a prohibirnos a los ciudadanos el disfrutar de las amables atenciones de los despachadores de gasolina; en el caso de los limosneros, pues estaríamos hablando de una seria violación a los derechos humanos, puesto que la pobreza reinante en el estado obliga a sectores desprotegidos a entregar su dignidad para pedir unas cuantas monedas, y diga lo que diga el alcalde o los “estudios serios” estadísticos y económicos realizados respecto al tema, la verdad es que cuando vemos un discapacitado rogando por una limosna, resulta extraño creer que es un delincuente encubierto, o un millonario excéntrico.

Si tomamos en cuenta que el poder público sólo puede actuar dentro de lo que la Ley le permita, mientras que el ciudadano puede actuar dentro del margen que la propia Ley no le prohíba, estamos hablando de que con estos dos ejemplos — hay muchos más — el alcalde ha violado, entre otros, los Artículos 5, 11, 14, 16, 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y eso sin contar los respectivos códigos reglamentarios.

Por cierto, al escribir ideotas, lo más correcto era decir ocurrencias, puesto que don Gabriel, de tanta ocurrencia ya me recuerda a Don José Arcadio, personaje de 100 años de soledad de Gabriel García Márquez, quien a fuerza de tanta ocurrencia y tratando de tomar el Daguerrotipo de Dios, terminó loco; cualquier parecido con el hecho de que te caiga la Hamburguesa de la Alcaldía, es mera coincidencia; por ello, “Don José Arcadio Buendía para Alcalde”, a fin de cuentas, don Gabriel ya nos gobierna.

 

Javier Arturo Haro Oteo es Egresado de la Carrera de Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se dedica al litigio y, ocasionalmente, a las letras.



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El enemigo, por Dorismilda Flores Márquez

La balacera de febrero fue frente a una universidad al sur de Aguascalientes, pero una camioneta involucrada tenía placas de Jalisco. El levantón de abril ocurrió al norte de Aguascalientes, pero la fuga fue hacia Zacatecas. El asesinato del 2 de septiembre fue en una tienda departamental al sur de Aguascalientes, pero los asesinos eran o de Michoacán o del DF.

Más allá de la violencia — que me abruma —, me pasmo ante el discurso en torno a la violencia, que coloca al enemigo fuera de Aguascalientes. Y sucede que es un enemigo enorme, astuto, despiadado, que se cuela por los rincones y está listo para atacar. Y Aguascalientes es una pobre víctima que soporta los embates. Porque es más fácil, más conveniente, tal vez hasta más políticamente correcto seguir siendo “la tierra de la gente buena” y ubicar al enemigo afuera. Lo contrario, asumir al enemigo en casa, enraizado, encarnado, implica asumir responsabilidades, ya institucionales, ya ciudadanas; implica aceptar que esas responsabilidades no se han asumido del todo.

Como sea, enemigo dentro o enemigo fuera, se dibuja una sola certeza en medio de la incertidumbre: que el Estado ha sido rebasado. ¿Contaremos a las generaciones que vengan que alguna vez existió un lugar al que se referían como “la tierra de la gente buena”?

Dorismilda Flores Márquez es Licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, actualmente estudia la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura en el ITESO, y edita El Cafecito (casi siempre de madrugada).


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¿Por qué Andrés Reyes?, por Oscar Jaime Acuña

Yo no soy político. Yo no soy embustero”.

Rafael Correa, Presidente Ecuatoriano.

Tras la profunda crisis de legitimidad del sistema político, que llevó a que en la última elección presidencial ningún ciudadano quedará conforme, en Aguascalientes se celebrarán elecciones de renovación parlamentaria y gobiernos municipales, en medio de fuertes interrogantes y apatía ciudadana. Se presentaron 7 candidaturas, cantidad que refleja la fragmentación social y aumenta la desconfianza y confusión del electorado.

Andrés pretende un escenario de revitalización de discursos, protagonizados por actores tradicionalmente excluidos del poder, contra del modelo establecido hasta ahora, la democracia parlamentaria y que hablan de remontar problemáticas no resueltas.

A diferencia de la situación de los años 70’s del siglo pasado cuando la izquierda busca llegar al poder desde fuera del sistema político, se apela al desencanto ciudadano por los partidos políticos y los antiguos tradicionales, se abre un gran espacio para la emergencia de outsiders o dirigentes emergentes desde sectores no ligados al establishment.

Debido a esto, Andrés se presentó ante la autoridad y ante la sociedad como un Candidato de Unidad que decidió privilegiar el orden y la austeridad en lugar de los enfrentamientos internos y el derroche de dinero público. Además hace una aclaración en su discurso, la cuál deberíamos de analizar, “Hagamos efectiva la República, démosle el lugar que le corresponde al municipio, hagamos la política que quieren los aguascalentenses, una política de resultados y no de demagogia; una política de acuerdos y no de enfrentamientos, una política de transparencia efectiva y no de simulaciones; una política que respete las diferencias y no que las excluya”.

Y les pongo a su consideración un resumen de su trayectoria y los invito a compararla con la de los otros candidatos; es Doctor en Antropología Social, su terruño ha sido tema de preocupación y ocupación de Andrés. Política y democracia, historia y desarrollo, educación y capital humano, áreas de estudio recurrentes en sus distintas actividades profesionales. Desde la docencia y la investigación — casi  20 años como profesor investigador en la UAA — ha escudriñado el devenir de Aguascalientes. Desde el servicio público ha buscado el desarrollo social, cultural y humano — ha sido director regional del INAH y funcionario en el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos —. Desde las organizaciones ciudadanas ha luchado por los cambios que México necesita consejero del IFE desde 1997 —. Si se trata de trabajo, Andrés Reyes no economiza: doce libros publicados y una docena de materiales audiovisuales le han valido el reconocimiento y un buen número de distinciones y rangos estatales y nacionales.

Andrés enarbola un discurso antigobiernista  y una crítica a la actual administración. Desde una posición izquierdista reclama el control gubernamental. Aunque con una intensidad distinta a sus adversarios, se trata de una oferta de ampliación de ciudadanía. El hecho inherente es que Andrés es simplemente el único outsider, una cara nueva, fresco, pero sobre todo una persona integra. Entonces… ¿Por qué NO Andrés Reyes?

Oscar Jaime Acuña es Ingeniero en Bioquímica por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Miembro de la Comisión Organizadora de la Convención Nacional Democrática en el Estado de Aguascalientes, Coordinador de las Redes Universitarias a favor de AMLO.

o_scarjaime@yahoo.com.mx

http://www.andresreyes.org


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Aguascalientes, la (no) segura, por Perla Villa Romero

Balacera al sur de Aguascalientes, el 15 de febrero de 2007, cuatro policías muertos[1]. Después, que si narcofosas, que si un encobijado, que si cuatro policías detenidos. Por si algo faltara, un “levantamiento” en el Maverick, seguido de persecución, disparos y un policía muerto[2].

Aguascalientes ya no tiene carita de seguridad, tranquilidad y hasta bondad. Por más que haya capas y capas de maquillaje del discurso que califica a los hechos de aislados y les atribuye un origen geográfico externo o, lo que es lo mismo, se hable de que lo sucio viene de fuera; para qué nos hacemos, lo sucio ya estaba aquí.

No sólo Aguascalientes, el país entero presenta, ya no brotes de violencia, sino cáncer de violencia que ya hizo metástasis.

Lo que me sorprende, aquí y en todos lados, es el discurso oficial y hasta periodístico, que dejan ver metáforas, como eso de “la ola de violencia”, o que la violencia “se erradicará”, o que “no se cederán plazas” a la violencia y al narcotráfico, o que “México no está de rodillas frente al crimen”. Suena como a que la violencia y el narcotráfico, con todos sus derivados, pudieran arrancarse de raíz, como si una limpieza nos fuera a dejar como nuevos. Lo que me queda claro que el Estado ha sido rebasado, no me atrevo a afirmar si por incompetencia, por conveniencia, o por todas las anteriores, más las que se acumulen.

Y mientras tanto, en un capítulo más de callando bocas, dos programas de radio han salido del aire en Aguascalientes. Primero fue “Comentando la noticia”, en Radio Grupo, presuntamente porque Rodolfo Franco, el conductor, entrevistó a José Gerardo Mejía, uno de los autores de un reportaje en que se involucra al titular de Seguridad Pública y Vialidad en Aguascalientes, con los Arellano Félix[3]. El segundo fue “Análisis político”, en Radio Universidad, luego de que el conductor, Enrique de la Torre, entrevistara a Rodolfo Franco, el conductor del programa cancelado en Radio Grupo[4]. En una de ésas, hablan las piedras.


[1] Ver reportaje en Proceso.

[2] Ver mail del amigo de uno de los levantados en Agseso.com; y notas en La Jornada, en El Universal y en el Gobierno de Zacatecas.

[3] Ver editorial de Lilia Arellano en Por Esto.

[4] Ver nota en La Jornada.

Perla Villa Romero es Licenciada en Comunicación, su estatus es desempleada, le gusta vagar e ir al cine.