El Cafecito


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Comida es a nutrición como autoridad es a justicia: “Y en medio de todo unos niños”, por Enrique Puente Gallangos

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“¡Nutrición, nutrición!” gritan los pueblos africanos, pero cómo pedir nutrición nutrición si no tienen comida. “¡Justicia, justicia!” gritan el pueblo de México y las madres de la guardería ABC, pero cómo pedir justicia si no tenemos instituciones con autoridad para impartirla. Este hecho que lamentamos todos los que somos padres, los que somos hijos, los que somos hermanos y los que aun teniendo hijos no podemos estar con ellos, viene a abrir una cloaca muy fétida. Este hecho pone una vez más en la escena, y no me cansaré de decirlo, al sistema Mexicano. Sistema de Estado, sistema jurídico, sistema administrativo, sistema de salud, sistema de seguridad social, sistema de protección civil, sistema de seguridad pública, sistema de urgencias… y podría seguir, pero aún hay mas que decir.

Y qué decir, que en México no hay sistema de nada, nada a lo que le pudiéramos llamar así, sistema. Un Sistema tiene como elemento significante un conjunto de relaciones entre sí, funciones que funcionan cuando se prende el sistema. Pero cómo podemos ver, leer, oir, oler y sentir a través de los llantos de los niñitos que sobrevivieron  y que inconscientemente dicen “se quemó mi escuelita”, algo anda mal. Inocentes que no pueden ver que eso no era una escuela, era una “bodega”; si bien es cierto que una bodega es lugar para guardar cosas, los niños ni son cosas, ni se guardan, se educan y se cuidan.

Dentro de los malos olores que percibimos, hay uno muy fuerte. Un presidente de la República Mexicana que no puede legitimarse ni con su guerra al narcotráfico, un presidente que no preside, un presidente que no gobierna, un presidente que no es autoridad, aun cuando el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación así lo haya determinado de manera legal, eso no es factor para que los gobernados lo legitimemos; pero quiero recordarles que todos lo que no votamos por él, los votos nulos y los que votamos por otros partidos, somos la mayoría, somos los soberanos y somos los que damos el carácter de autoridad que obedecer.

Otro de los olores: la mafia en la que hemos convertido al Estado Mexicano, mafia organizada. Ahí sí bien que podemos ver un sistema caciquil de familias políticas que se pasan el poder de generaciones en generaciones y, si bien eso hace ver un gobierno republicano, no es un gobierno democrático, sino una autocracia, tiranía o dictadura; mafia estatal que paga favores electorales a familiares panistas, priístas, perredistas y apartidistas con concesiones de guarderías. Mafiosos que ven a los niños como objetos de comercio y que hay que consumir el derecho social de sus padres trabajadores a como dé lugar; y, para ello, un presidente municipal, un director del Seguro Social, un gobernador, son buenos “representantes de ventas” de estas guarderías. Claro, con todo respeto a los representantes de ventas que, como muchos otros trabajadores, estamos de luto.

Uno más y, si no el más oloroso, sí el más difícil de oler y de distinguir: los derechos humanos. Palabra que me lleva a pensar que es un humano,  que es un humano con derechos. ¿Quiénes son estos humanos?, ¿somos nosotros?, ¿o son extraterrestres? Los derechos del hombre, que quede bien claro, NO son una gracia que nos da el Estado a los mexicanos, no es una gracia del Vaticano, no es gracia de los padres, ni de Estados Unidos de Norte América. Un derecho humano es algo intrínseco, propio y natural del hombre. Anterior y existente aun antes de la creación del Estado mismo. Un derecho humano que como tal, el Estado mexicano, el Vaticano, los Estados Unidos de Norte América y los padres mismos tienen  que garantizar y tutelar evitando su vulneración. Esto es así: la vida, la salud, la vivienda, el trabajo, la educación, la ecología son derechos inalienables al sujeto, al sujeto de la cultura, de su historia y del  lenguaje. Y parece que lastimosamente en este país no sabemos qué es un derecho humano; ni autoridades, ni gobierno, ni sociedad sabemos lo que es un derecho humano y, si no sabemos lo que es, ¿cómo exigir lo que no sabemos que tenemos? ¿Cómo pedir lo que no sabemos que es un derecho? ¿Cómo exigir un derecho a quien no tiene la autoridad de garantizárnoslo?

Diremos para concluir. Primero: autoridad para garantizarme justicia, primero comida para garantizarme nutrición, primero planeación para garantizarme educación, primero desear un hijo antes que tenerlo, primero leer antes de escribir. Segundo — dirigido a los padres de los niños ausentes —: recuerden los momentos que pasaron con sus hijos y piensen que ustedes les dieron la seguridad y confianza a sus hijos, transmitiéndoles lo que es un padre con autoridad y que ellos  siempre confiaron en ustedes.

Enrique Puente Gallangos es Licenciado en Derecho; Maestro en Derecho Constitucional; Maestro en Psicoanálisis, Especialista en Psicoanálisis para Niños y Adolecentes; Master en Psicoanálisis y Prácticas Socio-educativas en FLACSO Virtual Argentina. Estudia el Doctorado en Derecho en CIJUREP, en la Universidad Autonoma de Tlaxcala. Es además catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Regional del Sureste y de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.