El Cafecito


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El Voto es Libre, por Víctor Díaz de León Jr.

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Entre mi alter-ego y yo recibimos la invitación a participar en el número especial de El Cafecito, en su décimo aniversario, para hablar acerca de la concepción de la libertad en los diferentes escenarios de la vida humana en los que, alguna vez colaboradores, interactuamos. Sin dudarlo, pensé inmediatamente en la libertad ejercida en la materia electoral y lo segundo que se me vino a la mente fue la consabida frase “el voto es libre y secreto”. Digo lo segundo, porque lo primero, gracias a la carta invitación de Doris, fue el estribillo de la canción cuyo título precisamente es ¿Qué es la libertad?, magistralmente cantada por alguien que después supimos que se apellidaba Berganza, que le gustaba la política (y el secuestro), y que en ejercicio de su libertad fue miembro del PAN, posteriormente del PRI, del extinto Partido Convergencia y ahora del PANAL, y que por virtud del voto, ese voto libre, fue Diputado, Senador y casi Gobernador de su Estado.

 

Durante estos últimos años en los que la materia electoral ha sido mi modus vivendi, varias cosas he aprendido y recitado como el catecismo del Padre Ripalda, entre ellas, las características del voto: El voto es universal, libre, secreto, directo, personal e intransferible. La calidad de la universalidad se le da porque pueden votar hombres y mujeres siempre que posean su credencial para votar. Es secreto porque, por más que se diga que se puede, no se puede saber quién voto por quién. Es directo porque no se vota por un mensajero, delegado, propio o colegio electoral. Personal porque necesariamente hay que apersonarse en la casilla para ejercerlo y a cada persona corresponde solo un voto por elección. E intransferible, dado que no se debe de comerciar, intercambiar, vender o comprar.

 

Pero ¿Dónde está la libertad en el voto? Es una garantía que brinda el propio sistema de que la persona que accede a una casilla electoral puede votar, sin que alguna persona pueda influir en su decisión personal sobre el partido o candidato por el cual desea emitir su opinión. Nadie debe ser obligado a votar por un partido o candidato que no quiera.

 

De todas las características mencionadas ya anteriormente, ésta es a mi juicio la más difícil de garantizar. El sistema está diseñado para que, dentro de la casilla, se den las condiciones de que una persona pueda votar solamente con credencial y estando en la lista nominal, sin ser cuestionado acerca de su género, escolaridad o religión, que solo se le provean las boletas necesarias para emitir su voto, en una mampara a la que solo tiene acceso el elector, y cada vez más el elector adquiere conciencia de la importancia de no comerciar con su voto de cualquier manera.

 

Alguna vez, tratando de convencer a las personas del campo a que participaran en el proceso electoral, me encontré con una persona ya mayor. Se notaba que era un hombre de esos, de los de antes. Y mientras yo finalizaba mi perorata de promoción del voto, señalando que podrían votar por quien quisieran, pero que por favor votaran, se me acercó para decirme, de manera pausada y con las huellas del trabajo en el rostro: -“mire licenciadito, usté a mi no me va a decir que puedo votar por el que sea. L’otro día vino mi candidato y me estrechó la mano mientras me decía ‘cuento con su voto Don Lauro’, y pos yo le dije que sí. ‘Ora no me puedo echar pa’tras. Yo soy un hombre y un hombre de palabra”.

 

¿Cuántos Don Lauro habrá que no crean en la libertad de su decisión? ¿Cuántos candidatos no se aprovecharán de tales condiciones para apalabrar a esos votantes? ¿Cuántos no están en una posición de no poder elegir libremente? Mucho hemos avanzado y más habremos de avanzar entre tanta reforma política sobre temas que resultan torales para la construcción ciudadana en este país. Habremos de empezar por las bases y mostrar a todos aquellos que no conciben la libertad en el sufragio que es posible garantizarla como lo hacemos con las demás características, para luego adentrarnos en conceptos más elaborados y que requieren de una ciudadanía más activa y participativa.

 

Mientras ello ocurre, sigamos celebrando los primeros diez años de este Cafecito, porque esfuerzos como éste, que definitivamente valen la pena, vivan muchos años más. Feliz Cafecito a todas y todos.

 

 

Víctor Díaz de León Jr. es Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y Jefe de Construcción Ciudadana en el Instituto Estatal Electoral de Aguascalientes.

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No chille, agarre piedras, por Víctor Díaz de León Jr.

Desde que tengo mi credencial para votar con fotografía, he participado en los procesos electorales de mi municipio, de mi estado y mi país, pero nunca tuve un lugar tan privilegiado para observar el proceso como en el que culminó este dos de julio pasado cuando trabajé para el Instituto Federal Electoral.

El ser funcionario electoral no me impide (y al contrario me obliga moralmente) a cumplir con mi deber ciudadano de votar en la sección que me correspondía. En ese momento me pareció, no la mejor, sino la menos mala de las opciones la que encabezaba Andrés Manuel López Obrador. Como dato, mi voto fue diferenciado, voté por que el presidente fuera él, sin embargo, quería que en el congreso me representaran los candidatos de otra opción política.

Ahora, como votante de él, me declaro en mi derecho de cuestionar las acciones que está tomando y los argumentos que está ofreciendo, y por eso me atrevo a escribir estas líneas.

Voto por voto, casilla por casilla

Pequeña precisión André Manué… los votos fueron contados: voto por voto y casilla por casilla.

Para saber quien ganó (es decir si fuiste tú o Feli-pillo), lo único que tienes que hacer no es voltear al PREP o preguntar en los distritos… es más, ni siquiera necesitas abrir los paquetes porque tus representantes personales ante las casillas, primero, los vieron abiertos, y segundo, estuvieron en el momento en que se contaron los votos. Repito (burp!) voto por voto y casilla por casilla. Tus representantes (a los que tienes derecho como cualquier otro candidato de partido político registrado) tienen en su poder una copia (fiel) del acta que fue entregada al IFE.

Sólo suma. No es tan difícil.

Este es el momento en el que puede salir la voz perredista diciendo que no son confiables las actas por no contener datos reales y precisos. Perfecto, puede existir un error… digamos que se contaron 100 votos a favor tuyo y que en el acta al secretario de la casilla se le fueron las cabras al monte y anotó 10. Pequeña diferencia. Ante esto, los únicos responsables son tus representantes Señor López, ya que ellos debieron haberse percatado en ese instante. Las actas no se llenan en secrecía y además los representantes de partido firman un recibo de que el presidente de la casilla les ha entregado copias de todos los documentos a que se hacen acreedores por derecho.

Conoces las actas, Peje, sabes que los números necesariamente deben cuadrar y, seamos sinceros, para eso están los representantes ante casilla, para velar por tus intereses. Quienes velaban por mis intereses y los de los ciudadanos en general son los funcionarios de casilla, personas que merecen todos mis respetos por el trabajo desinteresado que tuvieron que realizar para estar ese día de siete y media de la mañana a media noche. Para mí es un insulto que ahora se insista en recontar, como si los ciudadanos (y los capacitadores del IFE) no hubieran hecho bien su trabajo.

Colofón. Quienes no hicieron bien su trabajo, fueron en todo caso los partidos políticos, pues por andar en conflictos interpartidistas y eventos sociales se les olvidó capacitar a la gente que los representaba en las casillas. En más de una de las casillas de que tuve conocimiento, los representantes no sabían ni siquiera el nombre del partido por el que iban a defender sus intereses.

Votos perdidos y votos hallados

Dijo André Manué en su primer argumento, que faltaban de computarse un bonche de votos que seguramente revertirían la tendencia a su favor. Insisto: la copia que el PREP captura, es una de las que se les da a los representantes de partido y a los consejos distritales del IFE.

Cuando entregamos el material a los presidentes de casilla, les entregábamos un block de actas. Una original sobre las que escribían los datos, mismos que se traspasaban a las demás hojas hechas de un papel sensible. Aún así, tenían papel carbón para que las actas fueran una misma, sin distingos, a excepción del orden en que se distribuyen: la original de las actas va por dentro del paquete, una de las copias va para el PREP, otras tantas van para los partidos políticos vía los representantes (el orden en que se entregan es en el orden en que se registraron ante el IFE)… si acaso la única distinción es que a la última hoja se le notan menos los datos… sin embargo la última acta es para Alternativa Socialdemócrata y Campesina (última opción política en obtener su registro del IFE) y hasta donde yo sé, no se han quejado por ello.

Es cierto que el PREP no computó todas las hojas, pero hay una explicación válida para ello: PREP son las siglas del Programa de Resultados Electorales Preliminares. Es decir, aunque son datos dados por la autoridad electoral, de ninguna manera pueden ser datos considerados como definitivos. ¿Por qué?, te preguntarás y te contestaré: ¿Qué tal que el presidente de casilla no dejó copias de las actas por fuera del paquete? ¿Qué tal que sellaron el paquete electoral (inviolable hasta el siguiente miércoles) de tal manera que no se pudieran extraer las actas de las bolsas laterales sin dañar el sello? Los presidentes (y en general los funcionarios de casilla) son ciudadanos como tú y como yo, que fueron reclutados mediante un sorteo y que además fueron convencidos por capacitadores del IFE. Son personas que, en un alto porcentaje, no creen en los partidos, que detestan la política o que simplemente les vale madre (es decir, son ciudadanos promedio). No les podemos exigir que hagan su trabajo con una perfección total. Sin embargo, el índice de error (o de inconsistencias) fue mínimo.

Aún así, no debemos alejarnos de la idea primordial del PREP. En caso de haber una clara tendencia para algún candidato, el resultado se daría (con una aproximación muy cercana al dato definitivo) a las once de la noche del día de la elección. ¿Tienen idea de lo que es eso? Personas que al cuarto para las seis acudieron a votar, se enteran del resultado cinco horas después. Sin embargo, ante una votación cerrada, sería una actitud irresponsable el declarar tendencia favorable hacia uno u otro candidato. Creo yo que se cumplió con el objetivo de dar un resultado preliminar: una votación muy pareja.

¿Por qué ahora la gente analiza con lupa al PREP y al cómputo distrital, eventos que se dan en las elecciones que organiza el IFE? ¿Por lo cerrado de la votación? Siempre se ha hecho el mismo ejercicio, en el cual se detectaba una tendencia hacia un candidato de manera tal que era irreversible. La gente se iba a dormir el domingo sabiendo que tal o cual candidato llevaba la ventaja, misma que no perdería. El cómputo distrital era un simple evento protocolario, no la sesión maratónica que vivimos en días pasados. El punto es que esto no es nuevo, y eso nadie mejor que Andrés Manuel lo sabe.

Principio de Incertidumbre

Para que una democracia funcione, es necesario trabajar con la premisa de un principio de incertidumbre: nadie sabe lo que puede pasar, nadie anticipa el resultado. Sí podemos analizar tendencias, sí podemos contratar encuestas, sí podemos creer que alguien (necesariamente) ganará. El punto es que si de antemano sabemos quién ganará, ¿para qué queremos democracia?

Creer como dice Andrés Manuel que hubo una elección de Estado, en donde el panismo operó alegremente la maquinaria de poder para dar el resultado a favor de su candidato manilimpio (y de paso creer que el IFE es cómplice) es atentar contra la inteligencia y el trabajo de miles de personas que, como funcionarios de casilla y a cambio de prácticamente nada, dedicaron aproximadamente veinticinco horas de su vida para dejar constancia de unas elecciones transparentes.

Tribunal

Ahora la elección pasa a la instancia jurídica. Pero no porque tú lo pidas, Peje. No por tu inconformidad, sino porque el procedimiento así lo indica. El IFE no califica de válida una elección. El IFE organiza la elección, y mira qué curioso, el día de la jornada electoral el IFE no mete las manos. La autoridad electoral recae en el ciudadano que es presidente de casilla y el poder es de la gente que acude a votar. El IFE no cuenta los votos: son los ciudadanos los que lo hacen. El IFE no vota, somos los ciudadanos los que lo hacemos.

Esperemos pues el fallo judicial. ¿Y luego qué, Andrés Manuel? ¿Te vas a inconformar?, ¿te irás a poner en huelga de hambre?, ¿te vas a amparar contra el fallo? (¡ja!), ¿acudirás al tribunal de La Haya?

¿No hubiera sido mejor que tu, Andrés Manuel, reconocieras que el voto no te fue favorable y te erigieras como el líder de oposición de este país con el poder y el reconocimiento que te dan el que tantas personas (casi las mismas que creyeron en Calderón) crean en ti? Eso de descalificar incluso a tus correligionarios te descalifica a ti mismo.

Yo ya no creo en ti. Yo lo que creo es que necesariamente todo volverá a la normalidad porque México — y los mexicanos — somos mucho más que dos.

Botarga perdida

Antes de terminar estas líneas. ¿Alguien sabe qué fue de una botarga que quería ser presidente? El candidato similar (lo mismo pero muy, muy barato) prácticamente desapareció. En una de las casillas de mi distrito, el Asistente Electoral que cubrió esa sección me dijo que los dos votos que tuvo el CP Víctor “Simi” González fueron insuficientes ante los tres votos que obtuvo Carlos Salcido, jugador de la devaluada Selección Nacional de Fútbol.

Ni modo, don Simi, no le funcionó el abasto de plumas, las despensas y la plantilla con su nombre que le daba a la gente que — sin más remedio — acudía a sus farmacias. Ni así la gente votó por usted. Creo que si fuera partido político no alcanzaba ni su registro. ¿Triunfo? ¿Derrota? ¿Era lo que se esperaba? Me parece, Simi-González, un mal chiste que en lugar de contribuir a la educación cívica provoca desconcierto entre la gente.

Víctor Díaz de León Jr. es Licenciado en Derecho, trabajó para el Instituto Federal Electoral en las elecciones más recientes.