El Cafecito


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Tiempos modernos, por Rocío Salas Arreola

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El Seminario de Historia del Cine Mexicano, ha resultado una experiencia formidable, al menos porque estamos unos cuantos en la casa de Humphrey y como él es el anfitrión no puede hacer el desaire de dejarnos a plena conferencia.

 

Somos en realidad diez personas las que pasamos la tarde con sendas cátedras de celuloide mexicano, todos ya veteranos realizadores, frustrados críticos de cine y corresponsales de medio pelo que se dedican al quehacer cinematográfico dentro y fuera del país.

 

La última conferencia fue intitulada: “El verdadero rostro del cine mexicano”.

 

Lleno de ambigüedades el título, ¿no? El caso es que no terminamos por hablar sobre el verdadero rostro del cine, sino más bien por el verdadero rostro de la burocracia cinematográfica mexicana, todo a relación como ya es bien sabido por los lectores de esta columna…

 

1. Sobre las declaraciones por parte del actor Daniel Giménez Cacho, a consecuencia de la, ¿qué?, ¿que no fue nominado para el premio Ariel?, ¿o que realmente le preocupa la estructura de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, AMAC?

 

No es nada del otro mundo lo que Giménez Cacho declaró, desde hace… para ser exactos…37 años. La Academia ha sufrido por su credibilidad al otorgar los premios, lo que sucede es que no tenemos una industria fuerte y esto pone entre dicho el dudoso valor de las producciones.

 

Está bien. Son entre 40 y 70 producciones las que se realizan al año, qué orgullo, sí, no lo niego, pero cuántas de esas películas realmente son exhibidas a nivel nacional, cuántas de esas películas son realmente buenas, no vengamos con la misma idea de siempre. Es que somos tan diversos que el cine mexicano debe de ser así…

 

2. Somos tan diversos… pero nos guste o no, una corriente o cierta narrativa deben seguir los realizadores; Hollywood ha entrado de lleno al quehacer cinematográfico y ni nos dimos cuenta, las coproducciones con Sony, Columbia, Warner son más que evidentes, estas películas son las que pueden ser estrenadas a nivel comercial y ya ni qué decir de sus contenidos.

 

Tal pareciera que el espíritu de Ismael Rodríguez sigue, pero en una manera chafa, chafísima, en los temas del cine mexicano. Las telenovelas. Y las que realmente tienen un contenido distinto… diría estúpidamente un imbécil corresponsal de pacotilla, “están hechas para festivales, la gente no va a ver películas de festival”.

 

“La gente se asusta cuando ve en el cartel que la película gano ciertos premios”, declaró hace poco Juan Carlos Rulfo.

 

¿Qué…”#$%&/()&$#… son esas declaraciones?

 

3. La industria mexicana está dividida, eso es una realidad.

La industria mexicana hace películas de ve y desecha. Tiene que vivir.

La industria mexicana no tiene actores exclusivos para cine.  Y los pocos que se dedican netamente al cine, no les dan trabajo tal vez porque ya están muy vistos.

La industria mexicana no es Gael García ni Diego Luna. Ni los “tres amigos”, ¡que idiotez!

La industria mexicana no está en Hollywood. Ni es Hollywood.

La industria mexicana no es un premio. Aunque debería representarlo.

La industria mexicana, ja… ¿qué creen? ¡No hay industria mexicana!

 

En fin, la situación no es buena en la elite del cine mexicano, y no lo va a estar por mucho tiempo.

 

Necesitamos más espacios donde se proyecte el cine mexicano, sea de la calidad que sea, no es posible que solo tengamos oportunidad de verlo algunos cuantos en festivales.

Es ahí el problema, es el centro de todo esto, con la desaparición de Operadora de Teatros en los noventa, se quebró todo esto. Ya no hay donde exhibir películas, los grandes Multicinemas no lo hacen en buena onda, sino va de por medio que se les garantice que será todo un éxito. Bueno, hay que recordar también que ellos no han bajado el costo de los boletos desde aquella fallida ley del peso en taquilla, al contrario se aferraron de esto para subir sus costos.

 

Entonces… diría un buen colega… “¿que jijos de la mañana estamos esperando o tenemos que esperar?”

 

Por un lado la elite acreditada de cine mexicano, está dividida, proponen una reestructuración de la Academia, y a demás la iniciativa de hacer un nuevo premio de cinematografía mexicana.

 

Los que se supondría hicieran algo, propusieran o reclamarían ante el gobierno, ante sus compañeros, ante la gente, pues no lo hacen; Hollywood es el último escalón para estos paisanos que ni voltean hacia acá y cuando lo hacen, realizan declaraciones fuera de proporción.

 

Por ello, aquellos que no estamos acreditados dentro de la elite cinematográfica nacional, hacemos nuestra labor desde nuestra trinchera, hacemos reuniones con jóvenes realizadores independientes, colaboramos en revistas y periódicos, hacemos nuestros propios colectivos y producimos nuestro propio programa radiofónico, ayudamos en la proyección de cortometrajes de personas independientes o que de alguna manera no encuentran algún lugar donde presentar su trabajo.

 

Tenemos que seguir poniendo el dedo en la llaga para que aquéllos que están frente a estas instancias y que son parte del glamour mexicano, se pongan a trabajar, se dejen de divisiones, es lo que menos necesita esto llamado cine mexicano; pongamos los pies en la tierra, si queremos tener alfombras rojas, verdes o azules y que destaquen nuevos talentos, tenemos que voltear y ver desde las bases, qué fue lo que salió mal para corregirlo.

 

Sí, bueno, sonó esto último muy bonito y hasta guerrillero; pero aceptémoslo, no habrá una solución inmediata al problema, quién quita y en próximos futuros o dimensiones, esté una sucursal de Hollywood en el DF; que por lo que se ve, eso es lo que quieren algunos pseudoartistas, nuevos hijos del cine mexicano.

 

 

 

Rocío Salas Arreola es pintora, cinéfila y gestora cultural.


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La desesperación a lo normal o cuando alcanzamos a la ciencia ficción, por Rocío Salas Arreola

Aunque uno está preparado para otro tipo de crisis es inevitable poner en práctica lo que Hollywood nos muestra en sus películas, entiéndase en cuestiones de epidemias, incendios, ataques de alienígenas o bien arrebatos de la naturaleza.

No es para menos que hoy en día el espectador se trague todo lo que le dicen los grandes estudios con sus diversas películas de destrucción masiva, ataques de una naturaleza enojada por su extinción, o de un fulano molesto que solo se dedica a fregar al prójimo.

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1.

A mí lo que me molesta de unos años para acá es ver a todos esos superhéroes como cualquier hijo de vecino, que sufre, llora, gime y ríe. ¿Dónde está pues la persona que nos salvará de nosotros mismos o del mundo?

¡Pobres humanos! Tan lejos y tan cerca de la inmortalidad, tan cerca de maquinas HAL a la Odisea 2001 de Kubrick la cual se revelaba contra aquellos seres de dos patas que lo crearon, ahora miro con recelo a mi computadora, IPOD, USB, cámara digital, mi TV de plasma esperando que un buen día despierte y me diga que este ha sido mi fin.

2.

Antes las epidemias tardaban en llegar y cuando lo hacían arrasaban con países enteros, ahora tenemos que esperar a que un portador “cero” viaje en tan solo minutos para poder contagiar a otro y se propague la enfermedad, mientras tanto muchos esperan que algún tipo con un gran complejo mesiánico nos salve mientras este se debate entre la existencia superficial y espiritual.

3.

La cinematografía es un escenario perfecto de las virtudes y las demoniacas intenciones de la humanidad, no de su realidad, la realidad en el cine pierde todo lo que pudiera tener de arte, el arte es complejo, abstracto y espiritual; y con esto no quiere decir que el espectador sea incapaz de comprenderlo.

El que lea que aprenda…

Vaya y rente dos películas; una de calamidades producida por el hombre y otra de fantasía, que bien ambas podría entrar en lo que es la ciencia ficción. Ahora disfrútelas, y después pregúntese que es a lo que le teme y a  lo que no le cree.

¿En que nos hemos convertido?

¿Qué es lo que quiere ser?

¿Quién tiene la culpa (siempre hay que tener un chivo expiatorio)

Respuestas:

Al lado oscuro, espectadores o depredadores.

Han Solo, Frodo, Wolverine o bien en el portador cero.

La televisión, Internet, los gringos, el gobierno, la naturaleza (quién le dijo que tenía que estar aquí) o algo llamado homo sapiens.

Rocío Salas Arreola es pintora, cinéfila y gestora cultural.


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Carta de un maldito, por Rocío Salas Arreola

Hace mucho que no asisto a la sala cinematográfica. Mi estado mental y físico me impiden moverme de mi casa y desde hace un par de meses mi asistente esta a mi cuidado, entiéndase solo se limita a traerme la correspondencia, películas, revistas y periódicos; por lo demás yo me encargo.

Humphrey por lo regular se sienta por un largo tiempo junto a la ventana a leer, después me comenta lo patético que estuvo cierto festival o bien que pésima esta la película del momento.

— ¡Todo es un asco! — se limita a decir.

Días posteriores se había marchado a España y yo me quede en casa analizando varias películas para el programa, cuando sonó el teléfono.

— Bueno.

— ¿?

— Sí, soy yo.

— ¿Cómo estás? Soy de la revista Cinecito, lo que pasa es que estoy buscando a Humphrey, queremos entrevistarlo con relación a sus declaraciones en cuanto a los desplegados que ha hecho circular en los diarios nacionales, en revistas culturales, por internet, hay cientos de sitios que hablan de su postura. Por cierto, ¿Qué opinas?

No supe que contestar. ¿Desplegados? ¿Postura? Sabía que él era hijo de un importante político de antaño y también sabía que nunca le intereso la política y por consecuencia se adentró al cine, a pesar de que seguía siendo un mantenido de su padre.

— Lo siento él no se encuentra por el momento, disculpa mi ignorancia, pero, ¿de qué se tratan las declaraciones de Humphrey?

— ¿Cómo no sabes? Deberías ser la primera en estar enterada — se quedó por un momento en silencio.

— Bueno.

— Disculpa, estaba buscando su carta, te la envió por fax — acto seguido tenía en la mano el susodicho papel.

— Espero para que me contestes.

Septiembre 2008

Eso que llamamos cine mexicano…

Provengo de una familia pos revolucionaria, mi padre ofreció sus servicios mucho tiempo a un régimen “autoritario”, “neoliberal”, cuna de todas las calamidades de este país tercermundista.

No estudie fuera del país, toda mi educación fue en escuelas de gobierno, porque mi progenitor creía que se debía dar el ejemplo a la clase trabajadora, que sus escuelas eran de primer nivel.

Tuve dos oficios, el de militar y el de cinéfilo, este último fue al cual me incliné. Mi padre no objetó; al contrario, me felicitó porque a él le encantaba el cine, decía que conoció al indio Fernández y se juntaban para matar cristianos…

Mi nombre se lo debo a los, padre y madre, a los cuales les fascinaba ese actor de cine negro.

Se ha comentado mucho acerca de las debilidades del cine mexicano. Sin embargo nadie de los que están involucrados dentro del cine hasta ahorita ha hecho algo que cambie el rumbo de manera definitiva, desde el gobierno pasando por la academia e instancias de cine y por consecuencia sus agremiados.

Por ejemplo los intentos de Gael García Bernal que hace su muestra de cine itinerante, es un puntito que pone para apoyar, pero creo que siendo tantas las personas que están involucradas en el cine nacional, pues no estaríamos para esos puntitos que están de ambulantes por el país.

Hoy en día el cine nacional es una puta que cobra muy caro cada cogida, cada rollo de película, si es que tienen la blasfemia de utilizar 35mm, es una enfermedad incurable, cada uno de sus pseudo productores, pseudo actores, pseudo guionistas, tienen el estandarte de la mediocridad, “provengo de la televisión pero ya hago películas”.

Las pocas producciones… cuatro, que existen de buen cine nacional, no se ven y no se conocerán, el cine mexicano es el que habla de problemas de mexicanos y no de pseudo burgueses venidos a menos, el cine mexicano es el que tiene dinero mexicano aunque sea la mitad de la inversión, el cine mexicano es el producido aquí.

Odio a los que declaran que el cine hay que hacerlo sin importar si es mexicano o no, con tal de que se cuente una historia.

Todo lo anterior es el resultado de mi flojera ya de ver “cine producido en el país”, con ínfulas de ser gringo.

Hago un atento llamado a Gibson, Spielberg o algún director famoso extranjero para que venga a dirigir lo que para ellos es este país, tal vez encuentren el punto neurálgico de esto llamado cine mexicano.

Como dice Felipe Cazals: “el cine mexicano actual vale para pura madre”.

Humphrey

— ¿Y bien?

— No es nada del otro mundo lo que dijo, es más que cierto, me parece que todos están haciendo un escándalo siendo que no van hacer nada por remediarlo.

— Lo sé, pero sabes perfectamente que a muchos no les gustó eso de ofrecer al cine nacional a los extranjeros, tú sabes cómo está ahorita la situación.

— No son las declaraciones, son quien las hace, tú sabes el peso que tienen sus críticas, además deberían estar preocupados por checar lo que hicieron la Unión Europea y los países del Mercosur que están fortaleciendo sus cinematografías al firmar próximamente un acuerdo de cooperación en diciembre, localiza a Piwowarski, para que la entrevistes y veas de lo que trata.

— Ya lo hice, es perfecto, están haciendo un bloque para hacerle frente al cine hollywoodense, están invirtiendo mucho dinero para la preservación del patrimonio audiovisual, capacitación y creación de salas digitales, eso sólo es el principio.

Por un rato seguí charlando con el editor del Cinecito, supe de inmediato el por qué del desplegado de Humphrey.

Él estaba en San Sebastián, donde se dio a conocer la alianza de la UE y Mercosur, horas después de que me enterara me llamó por teléfono y me comentó lo acontecido en el Festival de San Sebastián y su profunda indignación al ver que México se está quedando atrás en su quehacer cinematográfico.

Rocío Salas Arreola es pintora, cinéfila y gestora cultural.


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El vaticinio de Truffaut, por Rocío Salas Arreola

Humphrey tenía la mala costumbre de llevarme el correo tarde. Además siempre lo revisaba.

— ¿¡Esto fue lo único que no pudiste abrir…verdad!? Le grité.

Era una pequeña caja color rojo. Al abrir el grueso cartón, envuelto en plástico había un libro y una carta, abrí esta última y una grata sorpresa… era mi gran y muy estimado François Truffaut.

Mon ami de l’âme:

El problema con las nuevas propuestas de cine es que se hacen en la televisión, ya sabes mi postura sobre  eso; las nuevas generaciones creen que lo saben todo y su educación son los sets televisivos… la desaparición progresiva de todos los directores que han hecho cine mudo, y su sustitución por una generación que ha aprendido su trabajo en la televisión, que es un sitio horrible para aprender a trabajar. Los directores que se han formado en la televisión no saben expresarse más que por los diálogos, y esto es un desastre para el cine.

Hay que filmar otras cosas con otro espíritu. Hay que abandonar los estudios demasiado costosos (no son más que cuevas ensordecedoras, insalubres y mal equipadas) para invadir las playas soleadas donde ningún cineasta se ha atrevido a plantar sus cámaras. El sol cuesta mucho menos que los focos y los grupos electrógenos. Hay que rodar en las calles e incluso en apartamentos de verdad; en lugar de colocar cinco espías patibularios ante mugre artificial,  hay que filmar ante verdaderas paredes mugrientas historias más consistentes.

El existencialismo llegó a la pantalla grande de la mano de este cineasta sueco. Alejó al cine del mero entretenimiento y lo dotó  de una desnuda profundidad.

Su obra gira permanentemente alrededor de la muerte, el peso del tiempo y de la religión.

A veces realista y con una enorme carga de reflexión  filosófica. Creador de su Trilogía del silencio: Como en un espejo (1961), Los comulgantes (1962) y El silencio (1963). Ingmar Bergman no deja salida a sus personajes y los encierra en espacios asfixiantes que enfrentan a su propia soledad.

El manejo casi obsesivo del tiempo cinematográfico (la duración de los planos que parecen tener vida), la extraordinaria dirección de los actores y la excelente fotografía del maestro europeo, el también sueco Sven Nykvist.

Michelangelo Antonioni junto con Federico Fellini, el alocado Pier Paolo Passolini y Bernardo Bertolucci (al menos los primeros tres) fueron parte del nuevo cine italiano, el cual abarcó quince años: 1959-1974. Todos alumnos del neorrealismo italiano, de esa escuela que dejaron Rossellini, Visconti y De Sica.

Italia golpeó con fuerza el cambio de década a los sesentas y Antonioni inicio su celebre Trilogía de la incomunicación: La aventura (1959), La noche (1961) y El eclipse (1962). Moldeó sus obras con refinado sentido visual, en el tratamiento del espacio y tiempo fílmico.

La extrañeza de sus ambientes, el peso del silencio y los tiempos muertos, orillaron a que el público no lo aceptará e inclusive fuera abucheado como sucedió en el festival de Cannes en 1960, el presentar La aventura. La crudeza emocional de su trabajo desconcertó a muchos, ya que sus primeros trabajos en cortometrajes y su primer largometraje Crónica de un amor (1950), si bien tenían una narrativa singular y una velada adversidad, no llegaban a ser tan agobiantes como sus siguientes trabajos.

El maestro Rossellini salió a su defensa, con un desplegado firmado por otros cineastas en apoyo a su compatriota.

Las historias de distanciamiento, inconexas, lentas y sórdidas, acompañaron al cineasta italiano hasta el final de sus días.

Después de reflexionar y de reír con las anécdotas de Truffaut, termino su carta con esto.

Je crois que, dans une certaine manière, je vois la vie comme elle ils voient par les femmes, il est de dire, toutes les activités humaines me paraissent ridicules, dérisoires, l’ambition moi paraît une chose stupide, sans sens et sans intérêt. Par conséquent, dans ces aspects j’ai un regard un peu de femme-.

Creo que, en cierta manera, veo la vida como la ven las mujeres, es decir, todas las actividades humanas me parecen ridículas, irrisorias, la ambición me parece una cosa estúpida, sin sentido y sin interés. Por tanto, en estos aspectos tengo una mirada un poco de mujer

Truffaut ya tiene veintitrés años de muerto, pero yo había hecho contacto con él a finales de los setentas por medio de un amigo en común, nos habíamos escrito compartiendo impresiones, ¿sobre qué más?… claro, de cine.

La última misiva que le envié tardó en tener respuesta y la verdad ya no recuerdo lo que le escribí, pero con esta carta supe la interrogativa que le hice.

¿Nos estamos quedando huérfanos?

Rocío Salas Arreola es pintora, cinéfila y gestora cultural.