El Cafecito


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Una escritura productiva, por Ricardo Esquer

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Con Residuos de espanto (Ficticia, 2013), Liliana V. Blum (Durango, 1984) obtuvo una mención honorífica en el Premio Nacional de Novela Breve “Amado Nervo”, convocado por la Universidad Autónoma de Nayarit, y la publicación de la obra. Así, el libro, originalmente titulado Dios los hace, se convirtió en el séptimo título individual de una carrera literaria que empezó en 2002, con La maldición de Eva. Además de mantener una producción constante, la autora ha cosechado reconocimientos y premios como el Concurso Internacional de Narrativa en 2007 convocado por el Centro Israelí para las Comunidades Iberoamericanas, el Premio Nacional de cuento Beatriz Espejo en 2006, el concurso de la revista Literal: Latin American Voices en 2013 con el cuentario No me pases de largo.

Se trata por tanto de una autora con un prestigio creciente, sustentado en un trabajo serio, hecho con talento y madurez. La seriedad de esta escritura se refiere al compromiso que vincula a la autora con hechos históricos concretos y la lleva a tomar partido por las víctimas de las injusticias. Residuos de espanto no significa sólo otra novela sobre el Holocausto, sino una escritura que participa en la aventura de la construcción de la identidad femenina, registra la violencia ejercida sobre la abuela de Abigaíl, personaje narrador, y al final se permite una esperanza.

Desde el principio Abigaíl se define en relación con su abuela: “Soy la nieta de una sobreviviente. No hay referente mayor en mi vida.” Ella conoce a un hombre que también sobrevivió al exterminio el día que interna a su abuela, después de encontrarla inconsciente pero aún viva. El deseo de hablar con alguien la mueve a caminar por un pasillo del hospital y en ese recorrido le llama la atención el nombre de Jósef Pasternak en la puerta de una habitación, pues también ella tiene un apellido extranjero. Se acerca al viejo y durante varios días escucha sus historias, contadas con la intención de que a su vez se las cuente a su abuela. Pero Déborah muere sin haber despertado. Y Abigaíl entrelaza las historias de un hombre y una mujer que nunca se conocieron pero compartieron un dolor causado por las mayores pérdidas y el de haber sobrevivido al infierno, pues hay cosas peores que la muerte.

Abigaíl se sabe “protegida por un nuevo contexto histórico” y, por tanto, ajena a “esa trinidad tan íntima y terrible que forman el verdugo, la víctima y el testigo”. Pero también sabe que escapar de la maquinaria que acabó atrozmente con seis millones de vidas es peor que morir. La motivación del personaje narrador, alter ego de Liliana V. Blum, se relaciona con el deseo de arrebatarles a los nazis la victoria final sobre quienes salieron vivos de los campos. Logra esto acompañándolos en sus últimos momentos; así, el lector participa en una maniobra en la que la salida del mundo equivale a dejar por fin la prisión cuyas sombras siempre estuvieron presentes, de manera residual.

Puede presumirse la intención de que las palabras –escritas, se entiende–, tengan una utilidad más allá de nombrar el mundo. Esas palabras que “a veces (…) lo son todo, determinan cosas, deciden el rumbo de una vida y, en cambio, en otras ocasiones no son absolutamente nada”. La escritura constituye también la posibilidad que Abigaíl encuentra para inventarse reconstruyendo las historias de dos supervivientes de una época lejana en el tiempo pero íntimamente unida a la narradora. “Soy el libro de la abuela”, declara, identificándose con una escritura que al parecer la niega, pues solamente transmite lo que ella escucha, aunque en realidad cumple una función muy importante, porque gracias a sus palabras el lector puede participar en la liberación de su abuela y, a través de ella, de Jósef y de todos los supervivientes de este oscuro episodio de la historia de nuestra especie, que bien podría llamarse de la deshumanización reciente.

De acuerdo con las necesidades del relato, la narradora hilvana sus historias avanzando y retrocediendo en el tiempo, tal vez en busca de una libertad negada por la linealidad de una temporalidad degradante. Elaborado desde esa perspectiva, el tejido resultante muestra cómo en la íntima trabazón de miseria y esperanza, la segunda termina por imponerse, como débil señal de que a pesar de todo el espíritu permanece indestructible, encontrando maneras de superar el caos, expresándose, por ejemplo.

Esta breve e intensa novela expresa precisamente las luchas de un espíritu que termina por imponerse sobre lo que lo niega. Igual que Déborah es liberada por la negación de Abigaíl convertida en escritura, la nieta rompe el silencio asumido al narrar la historia de otros, la cual deviene su propia historia. Así, se trata de una escritura que produce una identidad.

Liliana V. Blum. Residuos de espanto, Tepic, Ficticia, 2013.

Ricardo Esquer (Cd. Obregón, Sonora, 1957). Poeta. Algunos de sus títulos son: Tejidos, Marchar, Desatino y Cabellos de un astro muerto. Es autor de la antología literaria Aguascalientes, estancias y senderos (poesía, novela, ensayo y teatro): 1847-1991, publicado por Conaculta en 1993.

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Los CECyTEA en el Festival de Poesía Palabra en el Mundo 2013, por Ricardo Esquer

ricardo

En Aguascalientes, la cuarta edición del Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo incluyó la participación de alumnos del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Aguascalientes (CECyTEA). Alumnos de los planteles en los municipios de Rincón de Romos, Jesús María y Aguascalientes, el viernes 17, el sábado 18 y el lunes 20 de mayo, respectivamente, presentaron diversas actividades relacionadas con la poesía. Esta participación fue posible gracias al apoyo de Pedro González Reynoso, director de Vinculación de CECyTEA, Óscar Malo Flores, jefe del Departamento de Promoción Cultural y Deportiva, el director teatral, actor y escritor José Domínguez, coordinador de Teatro y Fomento a la Lectura, el poeta, periodista y escritor Javier García Zapata, coordinador de Comunicación del Colegio, así como los profesores de cada escuela, quienes organizaron la parte correspondiente a su localidad, especialmente José Domínguez, quien cuenta con una larga y productiva trayectoria como actor, director teatral y dramaturgo; algunos de los textos presentados por los estudiantes son suyos, como el diálogo entre José Guadalupe Posada y la Catrina, que se presentó en las tres localidades, y un cuadro escénico en Rincón de Romos.

En Rincón de Romos, los jóvenes acudieron al Auditorio de la Casa de la Cultura local. Los profesores responsables de la actividad fueron Victoria Fabiola Muñoz Aguilar y Antonio Lomelí Zamarripa. La alumna Gabriela de las Nieves Buenrostro Guerrero, de segundo año A del plantel de ese lugar, declamó el poema “Ante la tumba de un maestro”. Además, un grupo de alumnos del plantel Asientos presentó el mencionado cuadro escénico; los responsables fueron Nora Edith Delgado López y Alejandro Guardado Castillo; participaron los siguientes alumnos: María Yasmín Castillo Castillo, Duvan Alejandro Castillo Dueñas, Karla Cecilia Cruz Saldívar, Juan Carlos Cruz Ubario, Olimpia Yatziri Espinoza Montoya, Carlos Alberto Gallegos, Vanessa Macías Castillo, María Guadalupe Mares Navarro, José Jaime Oliva Dávila, Alejandro Ortiz Ubario, Ulises Ricardo Terán Morales, Aldo Daniel Torres Valadez y Elvia Viviana Zapata Morales. Otro grupo participante fueron los alumnos Juan Ramón García Delgado, Jaqueline Ojeda Rodríguez y Lirio Guadalupe Cruz Rodríguez, del plantel San Francisco de los Romo. Finalmente, del plantel Morelos participaron los alumnos Jesús Andrés Jiménez y Arlette Gutiérrez, con Joanna Nayely García Romo y Amanda Berenice Muñoz como invitados especiales, con el diálogo entre Posada y la Catrina.

El sábado, el laboratorio de idiomas en el establecimiento de Jesús María fue el escenario donde Diego Martínez Navarro y Marisol Pasillas Casillas se presentaron como compositores de canciones que entonaron a capela ante los presentes. Posteriormente, Gustavo Velasco y Ricardo Esquer leyeron un par de poemas cada uno y, finalmente, se presentó el diálogo entre Posada y la Catrina.

Finalmente, el lunes se realizaron actividades en el plantel Aguascalientes, organizadas por la profesora Ma. Verónica Frías Medina, encargada de literatura; José Ernesto Gutiérrez Galván, responsable de Vinculación y Horacio Lara Moncada, director del Plantel. Participaron los alumnos: Juan Daniel Salas Díaz, Raymundo García Montoya, Manuel Urzúa López, Héctor Marmolejo Gil, Alejandro Mora Cruz, Graciela Edith Salas, María Guadalupe Lara Medellín, Rosa Imelda Hernández Moncibaez, Dulce Jaqueline Campos Mendoza y Fátima Soledad Aguiña Mauricio. También participaron los poetas Arlette Luévano, Rubén Chávez Ruiz Esparza, Francisco Javier García Zapata, Ricardo Esquer y (…), leyendo sus poemas ante los alumnos reunidos en un aula del establecimiento ubicado en la capital estatal. Finalmente, se presentó el diálogo entre la Catrina y su creador, José Guadalupe Posada.

Ricardo Esquer (Cd. Obregón, Sonora, 1957). Poeta. Algunos de sus títulos son: Tejidos, Marchar, Desatino y Cabellos de un astro muerto. Es autor de la antología literaria Aguascalientes, estancias y senderos (poesía, novela, ensayo y teatro): 1847-1991, publicado por Conaculta en 1993.


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Poemas, por Ricardo Esquer

CANCIÓN DEBIDA A LADISLAO JUÁREZ

Ahora sí le tengo envidia, maestro Juárez:

homenajes de las autoridades estatales y municipales,

artículos y fotos, entrevistas y reportajes por tele y radio

y hasta su nombre en un jardín público, justo en el centro de la ciudad,

donde queremos hacer cosas para tenerlo presente

cuando toquen los músicos y los teatreros actúen,

canten los poetas y los pintores atrapen la luz de aquí,

donde tanto se ríe celebrando la vida clara.

Siempre lo supo, maestro Ladislao: la mejor libertad es la que se ejerce

en lo más importante para el hombre libre; su secreto fue cómo hacer

para no darse importancia, estar en el ambiente con la ligereza de una nota,

corazón de la fiesta, impulso para la marcha y la danza, el espectáculo

del cuerpo en movimiento, de la imaginación alimentada de sí misma,

el sueño realizado, la realidad transformada por una ilusión

presentada en una imagen tal que sólo podemos agradecerle, Chato Juárez.

Porque siempre dejó una alegría en quien cruzaba su camino; era saludable

el desparpajo con que llevaba el agobio de cada jornada

como si nada malo sucediera y todo se pudiera resolver frente a un teclado,

porque usted es un jornalero de la música, alguien capaz de construir

con sonidos una casa de muros firmes y elevados techos, amplios corredores

y un patio donde la luz armonizada nos entrega la dosis justa de tranquilidad,

eso que brota en cada uno sólo con estar entre la fuente de azulejos

y las macetas de barro, las guitarras en las paredes y las ganas de cantar,

brindando por el gusto de estar juntos nuevamente, en el corazón.

Pero no hay trucos ni secretos en la claridad hermanada con la sombra,

la concordia entre sonidos y silencios y entre los sonidos mismos,

cómo se repiten y varían, crecen o se achaparran, si es que el volumen

puede medirse como la estatura; la clave está, como cualquiera sabe,

en la cotidianeidad, atender lo novedoso de cada momento del día

con la disposición al movimiento de quien camina por un cerro cada mañana,

incorporar el teclado al cuerpo músico, extender la voz en las manos

capaces de levantar las ruinas en que dejan el mundo los verdaderos muertos,

hacer una canción de vida –no por deberla, sino por el vuelo– donde es debido:

donde resuenan los gestos de cada día cuando nuestros días pasan

y sigue siendo la luz el único misterio de la dicha.

Ya no le tengo envidia, maestro Ladislao, Chato Juárez;

me perdería su enseñanza póstuma: cómo darle vida

a lo que debería ser la vida y se deshace al menor descuido;

el mundo es menos grato cuando el artista no sabe lo que hace,

la libertad se estrella contra el suelo, cuesta soñar pues todo es mercancía

y si seguimos distraídos podemos terminar completamente pobres,

llenos de envidia y de necesidades. Y qué caso tiene.

Mejor cantemos juntos; venga.

CONTRA TU ROSTRO

a Beto Béjar

La noche transita por caminos agrestes

haciendo de tu cama contigo a bordo una embarcación

víctima de la furiosa tormenta que retumba

en el mar de los asuntos pendientes, postergados

una y otra vez, la espuma por delante de la ola,

el basural a flote, lo verdaderamente útil hundido,

sueños y buenos propósitos, abrazos y risas.

Pasa la noche por tu intransitable dormitorio

deteniéndose a cada paso en cuanta minucia descubre

en la fatigosa cotidianeidad que honra al hombre

durante sus años más productivos, cuando puede

hacer que las horas tengan más de cien minutos,

y un breve reposo cubra la extensa fatiga,

el inmensurable territorio donde inútilmente

tus afanes agitan sus crines y el perfume de las flores

desaparece en el aire deshidratado, insípido, falaz.

Y cuando al fin aparece la faz nocturna

del espléndido universo que el sol escatima

proscribiendo la luz proveniente de lo más profundo,

la realidad antigua toca con finos dedos tu presente,

agudas aristas irrumpen y rompen agitadas tu descanso,

vidrios rotos en la barda que divide las cuestiones

y servía de puente al gato capaz de llegar al rincón más inaccesible

hasta que tu grito corta de pronto su travesía

y despiertas con el nombre de los asuntos pendientes

amargándote la boca, el puño de arena en qué consiste

lo que todavía no es, arrojado contra tu rostro.

 

 

Ricardo Esquer (Cd. Obregón, Sonora, 1957). Poeta. Algunos de sus títulos son: Tejidos, Marchar, Desatino y Cabellos de un astro muerto. Es autor de la antología literaria Aguascalientes, estancias y senderos (poesía, novela, ensayo y teatro): 1847-1991, publicado por Conaculta en 1993.


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Poemas, por Ricardo Esquer

DONDE YA NO PODEMOS TOCARTE

A Juan Pablo de Ávila

¿Qué quieres que te diga, Juan Pablo?

Empiezo a sentir el peso del silencio.

Saber que ya no escucharé la voz de los amigos.

Años atrás fue la separación natural de dos rumbos.

Dos mares unidos por la memoria –fueron muchos años–

de una comarca protegida por dos ríos antiguos, lentos.

Y todas esas imágenes de un mundo desaparecido, no sé si para siempre,

que tal vez en realidad jamás existió, al menos para nosotros.

Pero cómo impresionan sus estampas postales, ocasos magníficos,

majestuosos panoramas, ilustraciones fehacientes de lo tan mentado,

necesariamente valiosas en el mercado de las palabras

que intercambia la gente que se quiere. Tal vez –otra vez–

hasta que aprendamos a querernos mejor.

Sin recurrir a tantos arrumacos y baboseos para saberlo cierto.

Y una mirada de nerudiano recuerdo fuera bastante,

una palabra para sabernos vivos.

Hasta que decir orden establecido tenga un sentido verdadero.

No el desorden establecido al desnudo con la hoja de parra verbal.

Luego se anuncia tu separación en un diagnóstico jodido.

Pero el verdadero cáncer queda entre nosotros,

crece cada vez que renunciamos a creer en la voz,

el resplandor callado por la miseria en que nos obligan a vivir

los asesinos de siempre, a los que nunca rendiste tu corazón y tu palabra

impecables mientras estuviste aquí

y victoriosos ahora que nos hablas desde allá

donde ya no podemos tocarte.

CANCIÓN DEBIDA A LADISLAO JUÁREZ

Ahora sí le tengo envidia, maestro Juárez:

homenajes de las autoridades estatales y municipales,

artículos y fotos, entrevistas y reportajes por tele y radio

y hasta su nombre en un jardín público, justo en el centro de la ciudad,

donde queremos hacer cosas para tenerlo presente

cuando toquen los músicos y los teatreros actúen,

canten los poetas y los pintores atrapen la luz de aquí,

donde tanto se ríe celebrando la vida clara.

Siempre lo supo, maestro Ladislao: la mejor libertad es la que se ejerce

en lo más importante para el hombre libre; su secreto fue cómo hacer

para no darse importancia, estar en el ambiente con la ligereza de una nota,

corazón de la fiesta, impulso para la marcha y la danza, el espectáculo

del cuerpo en movimiento, de la imaginación alimentada de sí misma,

el sueño realizado, la realidad transformada por una ilusión

presentada en una imagen tal que sólo podemos agradecerle, Chato Juárez.

Porque siempre dejó una alegría en quien cruzaba su camino; era saludable

el desparpajo con que llevaba el agobio de cada jornada

como si nada malo sucediera y todo se pudiera resolver frente a un teclado,

porque usted es un jornalero de la música, alguien capaz de construir

con sonidos una casa de muros firmes y elevados techos, amplios corredores

y un patio donde la luz armonizada nos entrega la dosis justa de tranquilidad,

eso que brota en cada uno sólo con estar entre la fuente de azulejos

y las macetas de barro, las guitarras en las paredes y las ganas de cantar,

brindando por el gusto de estar juntos nuevamente, en el corazón.

Pero no hay trucos ni secretos en la claridad hermanada con la sombra,

la concordia entre sonidos y silencios y entre los sonidos mismos,

cómo se repiten y varían, crecen o se achaparran, si es que el volumen

puede medirse como la estatura; la clave está, como cualquiera sabe,

en la cotidianeidad, atender lo novedoso de cada momento del día

con la disposición al movimiento de quien camina por un cerro cada mañana,

incorporar el teclado al cuerpo músico, extender la voz en las manos

capaces de levantar las ruinas en que dejan el mundo los verdaderos muertos,

hacer una canción de vida –no por deberla, sino por el vuelo– donde es debido:

donde resuenan los gestos de cada día cuando nuestros días pasan

y sigue siendo la luz el único misterio de la dicha.

Ya no le tengo envidia, maestro Ladislao, Chato Juárez;

me perdería su enseñanza póstuma: cómo darle vida

a lo que debería ser la vida y se deshace al menor descuido;

el mundo es menos grato cuando el artista no sabe lo que hace,

la libertad se estrella contra el suelo, cuesta soñar pues todo es mercancía

y si seguimos distraídos podemos terminar completamente pobres,

llenos de envidia y de necesidades. Y qué caso tiene.

Mejor cantemos juntos; venga.

Ricardo Esquer (Cd. Obregón, Sonora, 1957). Poeta. Algunos de sus títulos son: Tejidos, Marchar, Desatino y Cabellos de un astro muerto. Es autor de la antología literaria Aguascalientes, estancias y senderos (poesía, novela, ensayo y teatro): 1847-1991, publicado por Conaculta en 1993.


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Cadáver exquisito, por los asistentes al VI Festival Palabra en el Mundo – Aguascalientes

Ya no puedes detenerte. Gira.

Eres tu centro y la tangente

el baile que aspira a viento

la magia de la música que surge de las venas

y derrama la fuerza heredada.

Que nadie se calle esta noche que es como el día

de saldos rojos, de simples deudas, a varias voces.

Que nadie olvide dónde comenzó el camino

cada paso un nuevo destino, cada visión un rumbo

nos delata a pie juntillas, nos señala signos, el norte-sur

nos enseña la memoria de la noche y su duelo.

No eres joven todavía ni habitas la huella de tu cuerpo.

Porque hay alguien más con nuestro mismo rostro

somos los otros aquí donde se juntan los senderos.

Hoy el infierno no son los otros

al menos hoy abolimos el infierno,

abrazar cada palabra como se abraza

el último sustento de la vida.

Trata. Sueña, Insomnia. Ve.

Ninguna falta sobrevive a tanta luz.

Y la luz, como el último respiro de Dios sobre la tierra,

nos abraza a la noche y su misterio.

Vamos con la mirada decidida

a descubrir lo nuevo en la luz cantante

y el sueño frustrado.

-He de confesar

es vagar como una esfera

sin que ningún punto

pregunte por su centro.

Podremos descansar cuando alguno

Nos llame por nuestro nombre.


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Cuesta de enero, por Ricardo Esquer

Esa mañana el hombre decide no pensar en el dinero

convencido de que es mejor ocupar su tiempo en otra cosa

y que la voz en el auricular pregunte si puede pagar hoy mismo

–del otro lado no hay una persona sino una voz–

un mecanismo accionado desde lejos por el hombre más rico del mundo

según suele creerlo –pero cuánta vanidad en el pobre sujeto

pues el dinero es un mecanismo que no reconoce propietario

busca tenazmente quedarse con toda nuestra sangre y siempre lo consigue–.

Esa mañana el deudor decide pensar en otra cosa que no sea dinero

el que debe a los señores banqueros aunque ya haya pagado varias veces.

El que le deben quienes se benefician con su trabajo y el de otros como él.

Vuela el dinero de nuestras manos y caudaloso se precipita en el mar revuelto.

Las aguas agitadas por el abrazo de un leviatán con un ángel caído

lanzan al cielo una espuma negra y ardiente formada con sangre y sudor.

Huyen las aguas dulces de nuestros labios áridos y mudos

hacia la oscuridad sin fondo que nos rocía para que tengamos sed.

Y mientras los banqueros sueñan con la sangre del hombre más rico del mundo

el hombre con deudas piensa que es mejor tratar de escribir unos versos.

Y por delgada que sea la capa de espuma que su intento arroja

desde muy lejos puede verse contra el fondo negro su blancura intacta.

Ricardo Esquer (Cd. Obregón, Sonora, 1957). Coordina un taller de poesía en el CIELA. Algunos de sus títulos de poesía son: Tejidos (1991), Marchar(1997), Desatino (2001) y Cabellos de un astro muerto (2009). Es autor de la antología literaria Aguascalientes, estancias y senderos (poesía, novela, ensayo y teatro): 1847-1991, publicado por Conaculta en 1993. Colabora en La Jornada Aguascalientes con una columna sobre temas culturales.


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Dos voces, dos visiones de la poesía —entrevistas con Odette Alonso e Iván Trejo—, por Ricardo Esquer

Como cada primavera, el pasado mes de abril se realizaron las VI Jornadas de Poesía, que culminaron con la entrega del Premio Aguascalientes al poeta zacatecano Javier Acosta por El libro del abandono y en las que importantes poetas nacionales y extranjeros leyeron parte de su obra al público reunido en el patio del Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes (CIELA). En este contexto festivo, el miércoles 21, Odette Alonso (Santiago de Cuba, 1964) e Iván Trejo (Tampico, Tamaulipas, 1978) conversaron, entre otros temas, sobre su relación con los lectores, su visión de la poesía y su trabajo literario.

La poesía siempre tiene un lugar: Odette Alonso

Esta poetisa y narradora ha colaborado en varias revistas culturales de Cuba, México, Estados Unidos y Canadá. Pertenece a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la Unión de Mujeres Escritoras de las Antillas (UMEDA) y la Red de Escritoras Latinoamericanas (RELAT). Editó Las cuatro puntas del pañuelo. Poetas cubanos de la diáspora, antología que obtuvo uno de los Premios 2003 de Cuban Artists Fund, con sede en Nueva York. Su obra ha sido incluida en antologías de poesía y narrativa, y en revistas de páginas de Internet. Vive en México desde 1992. Su obra incluye: Criterios al pie de la obra (Premio Nacional 13 de marzo de 1988); Enigma de la sed (1989); Historias para el desayuno (Premio de poesía Adelaida del Mármol, 1989); Palabra del que vuelve (Premio de poesía Pinos Nuevos, Cuba, 1996); Linternas (Nueva York, 1997); Onírica, última función (1999); Insomnios en la noche del espejo (Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, 1999); Visiones. Prosa poética (México, 2000); Antología cósmica de Odette Alonso (México, 2001); Cuando la lluvia cesa (Madrid, 2002); Diario del caminante (México, 2003); El levísimo ruido de sus pasos (Barcelona, 2006); Con la boca abierta (Madrid, 2006) cuentos; Espejo de tres cuerpos (México, 2009) novela. Su relato Animal Nocturno fue ganador del XII Concurso de Cuento Mujeres en Vida, convocado por el Centro de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

—¿Cuál crees que es actualmente el lugar de la poesía en la sociedad?

—La poesía siempre tiene un lugar. Empezando porque los poetas no sabemos vivir sin ella. Creo que es una especie de oxígeno que aunque uno no quiera lo tiene que respirar; si no, no hallas el sentido de la vida. Vamos caminando y empieza uno a ver la vida poéticamente en ciertos momentos; creo que mientras eso nos pase hay en nosotros un lugar para la poesía. Además, hay un lugar para la poesía en todas las personas que se acercan a ella buscando también el sentido de la vida, o de las incertidumbres; o se cuestiona cómo encontrar el camino, o cómo acompañarse en el camino de una presencia amable o a veces un poco agria. Y tan existe ese lugar para la poesía que estamos haciendo estas jornadas y otorgando este premio, y sigue presente en toda la sociedad en su marcha.

—¿Ayuda a vivir la poesía?

—Definitivamente.

—¿Cuál es tu relación en lo personal con los otros poetas de Cuba? ¿De quién te ves más cerca: Lezama o Fernández Retamar?

—Mira, empecé a escribir poesía en Cuba. Mis tres primeros libros se publicaron allá. Y forman parte de una generación, a la que se llamó la generación de los 80, donde había un cúmulo de creadores de todas las artes y un grupo importante de poetas. Me inserto en esa generación y me siento muy cerca de esa gente, aún cuando decido emigrar, y cuando salgo conozco otra cara de la literatura cubana que no conocía en Cuba. Fue como descubrir otro universo, otra parte del universo más bien, que hasta ese momento se me había mantenido oculta. Fue un descubrimiento muy importante, porque la poesía del exilio es la mitad de la poesía cubana actual. Entonces también me siento muy cercana, creo que por la circunstancia de la migración, a toda esa gente que tuvo que salir de Cuba y tiene una obra con mucha nostalgia hacia lo perdido o una intención de buscar las nuevas maneras de vivir fuera de la raíz, de la tierra. No te podría decir de cuál de los dos lados estoy más cerca. Tengo una especie de alma partida en dos; estoy tan cerca de mis colegas cubanos como de los colegas del exilio.

—¿Tienes relaciones con otras artes, músicos, pintores, cubanos o no cubanos?

—Sí. Siempre nos mantuvimos en contacto; como te digo, esta generación de los 80 tuvo todas las manifestaciones artísticas. Teníamos una organización que se llamaba la Asociación de Hermanos Saíz, donde nos juntábamos, hacíamos festivales y demás. Creo que también hay una especie de disciplina adquirida en mí, de buscar en las otras artes motivación, o necesidad de actualización, cercanía, complemento. Y sigo manteniéndola de algún modo. Hará unos dos años, Patricia Toledo, una pintora hondureña, y yo hicimos una exposición donde ella inventó una especie de arcadia femenina, todo un mundo de seres originales, y yo escribí algo así como la mitología de esos seres. Fue un proyecto muy interesante, muy intenso, como una especie de alumbramiento de un mundo entre los dos. Te menciono este caso específico para decir que sí hay diálogo entre todas las artes. Por ejemplo, siempre me dicen que mi narrativa es muy cinematográfica. Entonces, pues sí hay como mucha influencia de la impronta televisiva, del teatro incluso; toda una mezcla de géneros.

—¿Te preocupa acercarte al lector?

—Sé que el lector va a leer. Puede que no sepa exactamente quiénes son, cuántos son, o cuántos serán, pero sí hay una persona a la que yo escribo. Y al mismo tiempo escribimos para nosotros mismos. Más bien escribimos como buscándonos a nosotros mismos y queriendo contarle al otro cómo somos o lo que estamos sintiendo. Entonces, sí, el lector es fundamental en el acto de la creación, desde el momento mismo del acto de la creación.

—¿Y este lector podría ser ese otro creador, pintor, bailarín, músico?

—Sí, podría ser ése, pero podría ser cualquier persona común. Y podría esa persona rehacer la obra que yo he escrito y acomodarla a sus propias circunstancias, o a sus propias necesidades de interpretación. Y eso me parece también muy interesante. Cómo después la obra que uno ideó de una manera, con una intención, puede tener otras maneras, otras formas de manifestarse.

—En este sentido ¿qué opinas de la tradición oral o de la poesía hablada, que cambia para adecuarse a una circunstancia o a otra, o te apegas más a lo escrito?

—Por lo general leo lo escrito. Pero entre el momento de la lectura oral y el público hay una serie de puentes o de vínculos que hacen que cada lectura sea diferente, que incluso el poeta pueda en cada lectura leer con otro tono, con otra intención, a la mejor nada más alzas la vista y te encuentras con la mirada de alguna persona del auditorio y eso mismo te hace reencaminarte. Es una cosa muy intuitiva, que no necesariamente tienes planeada. Yo, por ejemplo, traía una serie de textos y algo que no sé si soy yo misma o es otra cosa que nos gobierna, me iba marcando la pauta de qué texto debía leer. E incluso me sorprendió el momento en que, al final, dije “gracias”, porque el que leí no era el poema que yo había pensado para terminar la lectura. Y sin embargo, en ese momento sentí que era el momento de hacerlo. Creo que el asunto de la poesía oral tiene mucho qué ver con esto, con el auditorio a quien le estás hablando y cómo lo veas; es una interacción, u intercambio, cómo veas que te están recibiendo, qué están necesitando de ti, la palabra que necesitan de ti.

—Esto implica estar abierto y no sólo arrojar lo que uno trae.

—Sí, definitivamente. Tiene uno que interactuar con la gente que te está oyendo, porque si no, eres un patán.

—¿Qué proyectos tienes? ¿Qué intentas hacer?

—Estoy en una especie de impasse, donde tengo un libro de cuentos inédito y un libro de poemas inéditos, pero no me decido a dar el paso hacia la divulgación de la obra. No sé, algo pasa; a lo mejor es la intuición de que no ha llegado el momento y esos dos libros están esperando su momento. Así, estoy recibiendo algunas cosas que después serán las que pueda escribir.

El poema se tiene que defender solo: Iván Trejo

Además de la lectura de su obra, Iván Trejo presentó su libro Los tantos días (Fondo Regional para la Cultura y las Artes, 2009), con el que obtuvo el Premio Carmen Alardín 2008. En su corta carrera literaria, el poeta, traductor y guionista también ha recibido el segundo lugar en el Certamen “Alfredo Gracia Vicente” (2002) y el Premio Nuevo León de Literatura (Silencios, Conarte, 2006). Fue becario del Centro de Escritores de Nuevo León (2006), participó como lector en el Festival Internacional de Poesía de Medellín (2002) y en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino 2008. Próximamente aparecerá Memorias colombianas, con el sello de la UASLP.

De su primer libro, Carmen Boullosa ha escrito: “Algunos escriben, otros poeman. Iván Trejo es de los segundos, él poema (…) en diálogo espontáneo con el silencio, la tradición literaria heredada de los Contemporáneos y sus revelaciones propias.” Y añade, refiriéndose a su poesía: “…es un silencio que se siente. Es la revelación, lo intransmitible, el centro esencial. Y la presencia de eso que se llama deseo o amor y que en el poeta se convierte en la encarnación física de silencio” (http://www.otraparte.org/actividades/literatura/ivan-trejo.html).

En una entrevista con Rubén Eduardo, para la revista Comala, de Guadalajara, el autor afirma que “El poeta existe en la conciencia de la gente” y niega la existencia de la inspiración; en la poesía busca “dejar de sobrevivir” y sólo aspira a su propia inexactitud, pues la poesía no se hace para ganar dinero, público o fama, sino como “una forma de reconstruir a aquellos que fuimos.” (http://www.revistacomala.com/ivantrejo.html).

—¿Qué significó para ti obtener el Premio Carmen Alardín?

—En realidad nada. Significó la publicación de un libro, nada más. Eso de los premios es una suerte de amor a primera vista entre el jurado y el libro. Y la mayoría de las veces no sucede, así es que el milagro es la publicación de un libro de poesía. Eso es todo.

—Y la lana…

—Sí. Porque es la única forma de que te paguen por un libro de poesía.

—En cuanto a tu formación, ¿has participado en talleres?

—Soy ingeniero en sistemas con especialidad en seguridad informática. A eso me dedico. He tomado talleres con mucha gente: con Juan Bañuelos, José Kozer, Héctor Carreto…, de quienes me acuerdo así de botepronto, que de alguna forma han contribuido a proporcionar técnica, pero también muchísimas horas de auto-estudio, que es lo que a final de cuentas da la disciplina.

—Tienes dos chambas.

—Sí, una es de ocho a seis y la otra de seis a las dos de la mañana.

—¿Ves algún porvenir a la poesía y a los poetas?, ¿crees que deban seguir en solitario, o los ves vinculados entre ellos?

—Es extraña la pregunta, pero nunca se ha trabajado la poesía en colectivo. No se puede escribir un libro de poesía a dos o tres manos. Sería un alebrije extraño, aunque hay casos. Hablando de mi generación, de los menores de 35 años, hay menos vinculación, menos grupos, menos talleres, precisamente por las becas y los premios. Ahora se vuelve un trabajo mucho más solitario, mucho más egoísta, por el sistema de competencia que se crea. Las becas han dado mucho apoyo, pero han quitado toda esa parte social del trabajo en equipo, sobre todo entre los jóvenes. Del futuro, obviamente la poesía nunca ha tenido futuro y sigue estando desde el principio de los tiempo y qué bueno que así sea.

—¿Qué opinas de la crítica de poesía?

—No hay, simplemente es inexistente. En Latinoamérica hace mucho tiempo que no tenemos crítica de poesía. Es increíble. A nivel nacional, si contamos los críticos de literatura con los dedos de la mano, te sobran. La crítica es un área que se ha venido perdiendo, es un mal endémico. No sólo en México, en todo Latinoamérica, la crítica la marca ahora el mercado editorial; si acaso habrá reseñistas, que no hacen crítica, sino más bien un pasaje complaciente para marcar un mercado editorial. La crítica de la poesía está agonizando.

—¿Sólo escribes poesía?

—Sí, señor: poesía y guiones de cortometraje. Ya he hecho varios. Unos han sido premiados también, se han realizado varios; y del largometraje, he participado en varios como revisor. Lo hago esporádicamente, pero también es una de mis pasiones.

—Además, es una industria al menos más rentable que la poesía.

—Sí, más allá del beneficio económico que te puede traer un guión, el cine tiene la ventaja de poder conjugar tanto la narrativa como la poesía. Al mismo tiempo puede manejar la poesía de las imágenes, las metáforas dentro de una buena fotografía, como el hilo narrativo dentro de una historia. Conjuga muchas partes de la literatura que los guionistas, que no tienen bases literarias, muchas veces no explotan.

—¿Dónde aprendiste esta técnica?

—El guionismo, en Monterrey y en algunas clases que tuve en Madrid, con gente de la Escuela de Letras. Se ha ido dando, sobre todo también con muchas horas de autoestudio. A final de cuentas eso es lo único que nos queda.

—Ayer decías que tu poesía era breve hasta este libro, ¿ahora haces una poesía más extensa?

—El libro que sale este año, que recién terminé el último trimestre del año pasado, es de medio aliento, un poco más extenso, buscando otro tipo de cosas. No experimentando pero sí tratando de juntar varios poemas breves. La cuestión del poema breve es que se vuelve artesanal, porque una articulación de más, de menos, te echa a perder el poema. Entonces tiene que ser preciso o no está. También hay que entender que poema y poesía no son la misma cosa. Pueden coexistir y nunca verse la cara. Intento que al menos los poemas que escribo, que no sé si tengan poesía, se acerquen a la precisión. Y conjuntar en los poemas de mediano aliento varios poemas breves para poder seguir con esa línea. A ver qué resulta.

—¿Te preocupa el lector, tener lectores?

—En el momento en que estás escribiendo, lo que menos te importa es el lector. Uno no escribe para un público, porque a final de cuentas es un trabajo egoísta; lo que estás haciendo es autocomplaciéndote. En el momento en que ya está la edición, obviamente a uno le importa ser leído. Pero en ese sentido a mí no me importa ser leído por los colegas. Me importa ser leído por la gente de a pie, por los lectores de poesía, no por los profesionales. Si me leen los colegas, qué bueno, bienvenidos. Lo que me importa son el resto de los lectores.

—¿Pero haces algo para llegar a estos lectores?

—No. Es algo extraño. Mi primer libro, Silencios, tuvo un tiraje de mil ejemplares y se agotó en seis meses, e hice tres presentaciones. Creo que en ese caso la mejor presentación fue de boca en boca, como en las obras de teatro. En ese sentido no puedo quejarme, se han movido bien los libros, pero no me interesa ser tampoco de lecturas de poesía populista, ni volverme el poeta chistoso para caerle bien a la gente, ni mucho menos. No. El poema se tiene que defender solo. Si no puede defenderse, uno no puede hacer nada, por más que digas.

—¿Tienes algunos proyectos?

—Sí, estoy con la beca de Jóvenes Creadores de Nuevo León, trabajando un libro que se llama Breves instrucciones para imaginar un barco, que es sobre un navegante que toma las teorías de Kant sobre la Crítica de la razón pura, tratando de entender un rollo más existencial; son poemas en prosa, algo muy distinto, con mucho más trabajado, pero apenas se está creando. A ver qué sucede en el futuro.

Finalmente, el autor se despide, contento de haber visitado una vez más esta ciudad, donde dice que siempre lo tratan de maravilla: “La gente aquí es encantadora”.

Ricardo Esquer (Cd. Obregón, Sonora, 1957). Coordina un taller de poesía en el CIELA. Algunos de sus títulos de poesía son: Tejidos (1991), Marchar (1997), Desatino (2001) y Cabellos de un astro muerto (2009). Es autor de la antología literaria Aguascalientes, estancias y senderos (poesía, novela, ensayo y teatro): 1847-1991, publicado por Conaculta en 1993. Colabora en La Jornada Aguascalientes con una columna sobre temas culturales.