El Cafecito


Deja un comentario

Poema, por Patricia Ortiz

AHORA YA NO QUEDA…

Desde que la quietud lanza sus redes de arena,

desde la densidad que nos hace sordos,

tiramos al abismo nuestras ropas falsas,

para quedar así,

para tocar de nuevo y devolver la piel.

Ahora ya no queda de nosotros sino la carne envuelta,

sino las aguas mansas y su legión de espectros,

sino la sangre que se derrama sola

y se disuelve entre los labios.

 

  • Este poema pertenece al  libro “Memoria de la Huida”.

Patricia Ortiz Lozano. (Aguascalientes). Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Tiene estudios de Diplomado en creación literaria en la SOGEM y en la Universidad de Guanajuato y el ICA. Actualmente cursa la Maestría en Arte Contemporáneo. Ha sido Becaria en poesía del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Aguascalientes en dos ocasiones. En 2010 obtuvo la beca como creadora con trayectoria por el Fondo para la Cultura y las Artes del Estado de México. Ha publicado los siguientes libros de Poesía: Sitio de Sombra, Casa de Lluvia, El Otro Mar y Memoria de la Huida.

 

Anuncios


Deja un comentario

Cadáver exquisito, por los asistentes al VI Festival Palabra en el Mundo – Aguascalientes

Ya no puedes detenerte. Gira.

Eres tu centro y la tangente

el baile que aspira a viento

la magia de la música que surge de las venas

y derrama la fuerza heredada.

Que nadie se calle esta noche que es como el día

de saldos rojos, de simples deudas, a varias voces.

Que nadie olvide dónde comenzó el camino

cada paso un nuevo destino, cada visión un rumbo

nos delata a pie juntillas, nos señala signos, el norte-sur

nos enseña la memoria de la noche y su duelo.

No eres joven todavía ni habitas la huella de tu cuerpo.

Porque hay alguien más con nuestro mismo rostro

somos los otros aquí donde se juntan los senderos.

Hoy el infierno no son los otros

al menos hoy abolimos el infierno,

abrazar cada palabra como se abraza

el último sustento de la vida.

Trata. Sueña, Insomnia. Ve.

Ninguna falta sobrevive a tanta luz.

Y la luz, como el último respiro de Dios sobre la tierra,

nos abraza a la noche y su misterio.

Vamos con la mirada decidida

a descubrir lo nuevo en la luz cantante

y el sueño frustrado.

-He de confesar

es vagar como una esfera

sin que ningún punto

pregunte por su centro.

Podremos descansar cuando alguno

Nos llame por nuestro nombre.


2 comentarios

“Perro semihundido” de Francisco de Goya y el palimpsesto que hace Antonio Saura, por Patricia Ortiz Lozano

Una de las pinturas que más me ha impresionado, ha sido “Perro semihundido” de Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 30 de marzo de 1746 – Burdeos, Francia, 15 de abril de 1828). Por ende, realizaré un análisis a partir de la obra de Goya, titulada “Perro semihundido”, comparándola con la obra “El perro de Goya 1” de Antonio de Saura, a fin de determinar que esta última, es un palimpsesto de la primera

Antes de describir el porqué siento especial fascinación por tal obra, diré que dentro de la Colección del Museo del Prado, son dos obras las que más me impresionan: La primera es el “Jardín de las Delicias” del Bosco quizá la primer pintura surrealista, antes de los surrealistas, que recrea un mundo onírico verdaderamente fascinante. La segunda es “Perro semihundido” de Goya.

Antes de ser parte de la colección permanente del Museo del Prado, esta obra estaba en la “Quinta del Sordo”, que fue la residencia del pintor  y era parte de los murales de la casa, que tiempo después fueron desprendidos y ahora se les conoce como las “pintura negras”, las cuales fueron realizadas por Goya en el período de 1819 a 1823, en técnica mixta sobre los murales de su residencia. Los murales luego fueron pasados a lienzo. Entre ellas encontramos pinturas realmente  inquietantes como “El aquelarre, “Saturno devorando a Venus”, “Duelo a garrotazos” y “Perro semihundido”. En todas resaltan los rasgos que las caracterizan como “pinturas negras” y que son los tonos oscuros, los motivos sombríos, los temas nocturnos en donde se muestra a personajes perturbadores. Considero que con tales pinturas, Goya llegó a la etapa culmen de su obra, no sólo porque fue realizada en la última parte de su vida, sino porque trabaja ya con total libertad, explorando temas y técnicas que lo acercan a la modernidad.

En concreto, “Perro semihundido” refleja,  a primera vista, dos cosas contradictorias: la primera es que pudiera parecer una pintura sencilla e intrascendente, la segunda es que es una pintura que te atrapa de inmediato, pues a través de representar la cabeza de un perro, que voltea para arriba y que no sabemos si está atrapado o simplemente se está asomando, Goya nos habla del gran vacío, de la soledad y la desesperanza, pues no sabemos si el perro cayó en el fango, si está atrapado o está mirando a alguien. En eso radica la magia de tal obra, pues no hay nada más que un perro, en un paisaje inexacto, que mira algo que no sabemos que es (aunque en recientes estudios realizados a partir de una fotografía del cuadro antes de ser pasado a lienzo, se ha considerado que lo que veía el perro era un par de aves que en el negativo aparecen como unos manchones), se está hundiendo o está saliendo,  lo cual nos permite interpretar a nuestro arbitrio qué pasa en la obra.

Considero que “Perro semihundido” trata sobre la soledad, el vacío y la inmensidad. Es decir, el ser ante la inmensidad que lo rodea. Esta obra puede representar, al mismo tiempo el todo y la nada. La nada, ya que representa únicamente la imagen de un perro en absoluta soledad y el todo porque en esa imagen, aparentemente tan simple, se representa el mundo en sí, es decir, la presencia de un ser vivo, en este caso, un perro, pero pudiera ser también un hombre, en el universo y todas las posibilidades que tiene el estar en ese universo, tales como experimentar las sensaciones humanas como el miedo, la soledad, el vacío, o bien, la libertad, la lucha, etcétera.

No hay en tal obra, ningún elemento artificioso, el paisaje es incluso borroso. No sabemos si el perro sale del lodo, o está atrás de una roca, tampoco sabemos si el fondo es un nubarrón de arena, o es el cielo, sin embargo lo que es clarísimo es la presencia de un ser vivo, el perro, en un paisaje desolador. El perro es representado figurativamente, con los ojos mirando al cielo, lo cual contrasta con lo abstracto e indefinido de paisaje.

Lo anterior, considero que definitivamente cautivó al también pintor español Antonio Saura (Huesca, 1930 – Cuenca, 1998), quien lo consideró “el cuadro más bello del mundo”, tan es así que realizó varias pinturas sobre ese tema, haciendo su propia interpretación y creando así un palimpsesto del “Perro semihundido” de Goya. Saura realizó varios palimpsestos, sin embargo en este caso, me ocuparé del análisis de la obra titulada “El perro de Goya 1” que fue realizada en 1985.

En el óleo de Saura, quien junto con Antoni Tapiès es uno de los representantes más connotados del informalismo español, observamos un fondo negro y en la parte superior derecha, podemos ver lo que pudiera ser “algo” (sabemos que es el perro por el título, pero también pudiera ser un rostro humano o un monstruo) que sale del negror que invade el cuadro, también como tratando de escapar o hundiéndose. Ese “algo” representado de manera abstracta, sin duda puede dar la sensación de ser un can, ya que podríamos ver los dientes, o incluso un ojo. Lo que es definitivo, es que ese ser es inquietante.

Sólo lo negro y ese ser que está ahí, casi forzadamente, es lo que nos muestra Antonio Saura. No hay espacio para nada más y nuevamente nos encontramos ante el todo y la nada, ante la inmensidad y el vacío.  Sin duda, el pintor también plasma  queriéndolo o no, la soledad del hombre moderno ante el mundo que lo rodea, que así como puede ser caótico, también puede estar vacío. Es por eso que quizá, muchos críticos han considerado al “Perro semihundido” una obra moderna, que se anticipó a su tiempo y que Saura supo interpretar y reescribir sobre ella, la misma historia, ahora aplicada a la modernidad.

En “El perro” de Saura, domina el negro, como indicador de una totalidad estremecedora en donde el ser apenas puede estar, sobrevivir. El horror vacui se apodera del lienzo, es decir, la pintura cubre todo, no hay espacio para el vacío, aunque esa totalidad sea la oscuridad.

Obviamente que al reescribir la obra de Goya, Saura lo hace a su modo, alejado totalmente del surrealismo que lo influyó en sus primeros años, interpreta la obra de Goya de manera abstracta y con su estilo personalísimo, del cual se ha dicho que es independiente de los movimientos y las tendencias de su generación. El cuadro de Goya es vertical y el de Saura es horizontal, varía la gama de colores aunque el color arena predomina en ambos. Por otro lado, en la obra de Goya podemos apreciar al perro como personaje principal, rodeado de un  paisaje difuminado, en tanto que en el lienzo de Saura, el perro está casi a la fuerza, a punto de ser expulsado del cuadro, y el tema principal es el vacío o la inmensidad representada en tono negro. En ambos se trata de la soledad del ser, siendo que en la obra de Goya es el ser como protagonista de esa inmensidad y en el de Saura, es la inmensidad la que parece devorar al ser. El perro de Goya se encuentra abajo, mirando arriba y el de Saura está arriba, tratando de salir del lugar en donde se hunde, sin que se pueda ver, al fondo, el espacio, como en el de Goya.

Sin duda que “El perro de Goya 1” de Antonio Saura, es un palimpsesto de “Perro semihundido” de Francisco de Goya, pues tomando en cuenta lo señalado por Gérard Genette, el palimpsesto es todo texto que muestra los ecos de uno anterior y en este caso, el cuadro de Saura, remite al de Goya que lo antecedió.

La obra de Saura, narra nuevamente la historia contada por Goya en su pintura negra de “Perro semihundido”, pero lo hace en otro época, con otros discursos, en otro contexto histórico, político, social y desde luego cultural y es por eso que su palimpsesto cuenta nuevamente la historia de la citada obra de Goya, que como lo he dicho, es a fin de cuentas la historia del hombre enfrentado a sí mismo, al vacío y a la soledad.

Patricia Ortiz Lozano, estudia la Maestría en Arte Contemporáneo en la Universidad de las Artes. Ha publicado, entre otros, los libros Sitio de sombra, Casa de lluvia, y Memoria de la huida.