El Cafecito


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Hitman, por Óscar Cruz

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Para hacer esta clase de trabajo se necesita, ciertamente, un corazón con tendencia a la ansiedad. Me explico: Un corazón ansioso provee de una mente despierta, actitud siempre alerta y un temperamento decidido. Me complace afirmar, con la mayor humildad que me es posible, que yo ostento tales características; particularidades necesarias para desempeñar el trabajo para el cual he sido designado. Algunos lo llamarían un don, un regalo, supongo que en alguna forma dios tiene manera de otorgar una gracia diferente a cada individuo, ya es trabajo de uno el descubrirla y darle uso. En ese aspecto creo tuve suerte ya que di con la mía hace mucho tiempo, siendo un muchacho apenas.

Cuando descubrí mi capacidad para esta clase de enfrentamientos no imaginé que llegaría a tener una carrera profesional con cierta fama, la suficiente para vivir con comodidad, pero no tanta como para brillar y llamar la atención externa. La mayoría de la veces mi capacidad es percibida más que nada por los expertos en la materia, ese grupo de especialistas que sabe que los talentos como yo son cada vez más escasos en este medio, que los últimos años,  ha sido  inundado por un grupo de advenedizos sin escrúpulos ni pasión, una partida de mercenarios sólo en búsqueda del dinero.  Debo confesar que en realidad me agrada no ser tan notado, creo firmemente que eso me ha llevado a ser más eficaz en mis ejecuciones. No es malo pasar desapercibido en el supermercado o en el lavado de autos. Es en extremo agradable saber que puedes hacer cualquier cosa sin la preocupación de ser enjuiciado por personas que no tienen la mínima idea de la presión a la que te sometes cada vez que sales a hacer lo tuyo.

A pesar de que actualmente me siento seguro de mi vocación, debo confesar que he tenido dudas sobre mi capacidad para este trabajo, sobre todo cuando era joven y mi especial talento fue notado por aquel viejo colombiano que tenia por vecino. Aquel hombre se convirtió en un mentor para mí, una especie desensei que no sólo se limitó a enseñarme los trucos de la profesión sino que además, me encauzó en el camino correcto cuando, aún en mi adolescencia, las dudas comenzaron a recorre mi cabeza y la idea de optar por una carrera militar era cada vez más frecuente en mis pensamientos; en aquel momento creía que esta forma de ser mía, parca y solitaria, haría de mi un excelente miembro de las fuerzas armadas. Durante esos atribulados años estaba convencido de que alguien como yo podía, fácilmente,  ocupar la posición de francotirador ya que además de este anhelo mío de pasar desapercibido, dentro de mi alma podía sentir  una fuerte frialdad y determinación extrema para cumplir con mis objetivos más cercanos  además de poseer una paciencia sólo comparable a la del venerable Matusalén. El colombiano sabía de mis tribulaciones juveniles y con la sabiduría propia de los mentores, me convenció de que había una mejor manera de servir a la personas y de alguna u otra forma lograr el bienestar de estas.  Lo explicó muchas veces y en un par de ocasiones, aunque ya retirado de la profesión, me hizo un par de demostraciones de su poder y capacidad. Al verlo en plena faena y ver su rostro de satisfacción después de haber terminado el trabajo supe que deseaba sentir lo mismo que aquel veterano. Al externárselo, sonrió con beneplácito: “Estás listo. Ahora lo sabes. Este trabajo es sólo para aquellos que tienen la seguridad y la certeza de sus actos. Este trabajo es sólo para los que piensan, los que se atreven, los que lo hacen y los que eventualmente tienen éxito”.

Han pasado muchos años de eso. Todavía ahora, al salir a ejecutar pienso en el viejo colombiano que me heredó su pasión. No importa el lugar donde me encuentre parado, porque siempre, antes de realizar el primer tiro mi primer pensamiento es para él. Mi mentor.  Así que heme aquí de nuevo, esperando por la señal que me indique que debo iniciar mi movimiento y terminar con este nuevo tipo de una vez por todas. El primer tiro siempre es el más difícil, es cuando debes mantener tu control y balance  no permitiendo que el chicoteo en el brazo sea tan intenso porque si eso pasa, recuperar el control será difícil y tus oportunidades no son muchas, no al menos para mí que sólo cuento con doce. Afortunadamente eso casi nunca me pasa. El colombiano me enseñó que con tres tiros deben bastar, no hay necesidad de desperdiciar munición porque ésta eventualmente se terminará y entonces es probable que no salgas vivo de la confrontación. “Con tres basta y sobra. Dos en medio y una arriba. No importa el orden mientras esa sea la posición de las tres”.

Cuando el tipo me ve venir sabe más o menos lo que le espera, sé que lo ve en mi mirada. Con el primer tiro se pregunta, ingenuamente, si la cosa va en serio. Para él, habrán pasado varios segundos entre cada disparo, para mí tan sólo unos instantes. Con el segundo le queda claro que sus opciones de salir limpio de esta situación son escasas. Entonces viene el tercer tiro,  en esta parte inevitablemente el tiempo parece detenerse y hasta juraría que veo la trayectoria del proyectil cortar el aire poco a poco. Este es el instante que más disfrutó. Cuando ese ingenuo que tengo frente a mí le queda claro el significado de quién soy y lo que represento. Soy Thecloser  Aquel que viene a ejecutar lo que otros han iniciado, un hombre que enfrenta los retos como si fuera su último día y que siente la victoria cada vez que se retira de la escena dejando tras de sí un cuerpo más mordiendo el polvo. Todo termina. El swing es prolongado pero mi slider lo evita con clase depositándose suavemente en el guante del cátcher apenas abajo para colocarse en los límites de la zona de strike, como dictan los cánones. Un tiro maravilloso, una victoria más. El estadio se cae a pedazos y mientras me alejo del montículo, el hombre del hit todavía no alcanza a entender qué fue lo que sucedió.

 

Óscar Cruz es de México D.F. y tiene 37 años de edad. Ganó el concurso de Cuento Policíaco y Género Negro del IPAX y el Instituto para la cultura y las artes de Xalapa en Veracruz en 2007 con el texto “Vania Rincón”. Conduce el programa de radio “Las Crónicas de Pony Blanco” y desde hace diez años se desempeña como narrador oral en la ciudad de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Su email: burn_in_the_spotlight@hotmail.com

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